diumenge, 11 de setembre de 2016

Testimonio del requeté Juan Riera Bartra (1913-2013)

Nací en 1913, en el barrio de San Andrés de Palomar, en Barcelona. Fuimos diez hermanos, pero dos murieron de niños y otro hermano más siendo muy joven, así que solo quedamos siete. Éramos una familia era muy religiosa: mi hermano Ramón padecía una enfermedad rara que se llama atrofia muscular progresiva, y que en aquel momento no tenía curación. Todos los años iba de peregrinación a Lourdes acompañado de mis padres y de una hermana para pedir su curación, y el tercer año que iba, con 16 años, murió por el camino. Unos días antes, mi madre le dijo: «mira Ramón, me parece que este año no podrás ir porque tienes fiebre y no te encuentras bien», pero él le contestó: «no mamá, tengo que ir que este año seguramente la Virgen me curará». Montó en el tren, y durante el camino, entre Narbona y Carcasona, murió mientras le auxiliaba un jesuita que viajaba en el mismo vagón, y quedó enterrado allí, en Lourdes.

La familia nos habíamos dedicado de siempre a los curtidos; mi abuelo ha había montado a principios de siglo una fábrica de curtidos en San Andrés, que luego tuvo que vender mi padre por una crisis. Sin embargo, al cabo de un tiempo tuvo una oportunidad y alquiló otra fábrica de curtidos con la que continuamos en la misma actividad.

Mi padre en principio no era de ningún partido político, pero tenía un pariente que era muy carlista y después de acompañarle varias veces a mítines, aquello le gustó y se hizo carlista. Era un hombre muy conocido en el barrio, Presidente del Carlismo allí, en San Andrés, y durante varios años fue concejal carlista en Barcelona. En aquellos años los carlistas íbamos juntos con la Lliga Regionalista de Cambó, y en la lista del grupo dejaban dos puestos para concejales carlistas.

Ramón Riera Guardiola (San Andrés de Palomar, 1876 - 1955)
Jefe de la Comunión Tradicionalista en la ciudad de Barcelona en 1936.
Necrología del padre publicada en La Vanguardia Española

Luego, durante la República, el ambiente se fue caldeando, y aunque en el barrio no hubo una persecución religiosa abierta, sí había dificultades. Recuerdo que en una de las elecciones acompañé a mi padre a votar y en el colegio encontramos a un grupo de monjas a los que unos señores de izquierdas no les dejaban votar: «las monjas pues no tienen derecho a votar», decían, y mi padre se les enfrentó: «¿no son mujeres?, pues entonces pueden votar como el resto». No sé cómo acabó la cosa, pero había tensión en la calle.

Como carlistas, estábamos comprometidos con el Requeté de Barcelona, así que el 18 de julio, a la madrugada, nos dieron la orden de que los jóvenes nos concentráramos cerca de la plaza Universidad y los adultos acudieran a los cuarteles de San Andrés. Sin embargo, como yo iba con mi padre y un tío, y vivíamos allí, fuimos los tres al cuartel de San Andrés. Allí nos juntamos gente de Renovación Española y bastantes carlistas. Pasamos muchas horas allí en espera de noticias, sin hacer nada, hasta que pasó un avión y tiró una bomba contra el cuartel, aunque cayó fuera.

Entonces se decidió ya salir, y el capitán que debía conducirnos al interior de Barcelona, al arengarnos justo antes de salir, para contentar a la tropa, tuvo la idea de gritar “viva la República”, con lo que uno de nuestro grupo de requetés gritó al revés, “muera la República”. Los carlistas quedamos descontentos, dejaron los fusiles en el suelo y dijeron: «por eso nosotros no salimos. No hemos venido aquí a salvar la República». Vino entonces el coronel a intentar arreglar la situación, porque lo hicieron mal; sin hubieran empleado para arengarnos algo que nos contentara a todos, como “viva España”, se podía haber evitado.

A última hora de la tarde, el coronel nos comunicó la situación: «miren, el movimiento de momento está perdido, así que vayan de regreso a sus casas». Mi padre y yo fuimos andando a casa, mientras mi tío cogió andando la carretera porque tenía a la familia veraneando cerca de Barcelona.

Nosotros llegamos a casa, pero a mi tío, que por lo visto le debieron ver salir de los cuarteles, lo detuvieron a por la carretera y lo llevaron al ayuntamiento de Moncada, donde se juntó con otros detenidos, entre ellos al jefe del Requeté de Barcelona. Al día siguiente, a la madrugada, se los llevaron en un coche a las afueras del pueblo, entre Moncada y Mollet, muy cerca de Barcelona, les dijeron bajar y les fusilaron junto a la carretera. A mi tío le pegaron un tiro en la cabeza y cayó muerto, pero el Jefe del Requeté de Barcelona tuvo más suerte: una bala le rozó, se tiró al suelo y lo dejaron por muerto. Luego él llegó andando hasta Tarrasa, su pueblo, y después de que le curaran pudo preparar el paso por los Pirineos a la España nacional.

La persecución a los carlistas en Cataluña fue implacable: los que no fueron asesinados acabaron encarcelados o tuvieron que pasar a Francia para salvar el cuello. El caso de Tomás Caylá, el jefe de los carlistas de Cataluña, fue especialmente cruel: lo asesinaron en la plaza de Valls, su pueblo, dejaron el cadáver allí expuesto y avisaron a su madre «para que fuera a buscar a su hijo».

Cuando mi padre y yo llegamos a casa, unos vecinos pasaron a avisarnos de que los milicianos iban a venir a por nosotros, para que nos marcháramos si no queríamos que nos llevaran detenidos. Salimos para Barcelona, a casa de una hermana donde pasamos varios días, hasta que nos dimos cuenta de que tampoco aquél era un lugar seguro. Pasamos entonces a la casa del contable de la fábrica, que tenía doble nacionalidad, francesa y española, con la idea de que quizá por eso estaríamos allí más protegidos.

Aprovechando que mi cuñado era médico y tenía un pase para poder entrar y salir de Barcelona, nos fue sacando de la ciudad de uno a uno, como si fuéramos sus ayudantes, para llevarnos a Moncada, el pueblo donde solíamos pasar el verano. Una vez allí, le salió un trabajo como médico en Santa Pau, cerca de Olot, así que nos trasladamos toda la familia allí. Era un pueblo tranquilo, pacífico y había algún carlista que nos ayudó. Además, para no levantar sospechas nos distribuimos en diferentes casas del pueblo.

Después de estar un mes escondidos en el pueblo, tanto yo como mis dos hermanos, decidimos cruzar a Francia para a zona nacional y poder combatir por nuestras ideas. Buscamos un guía de confianza, cogimos un coche de línea y nos bajamos cerca de la frontera; luego descendimos por una pendiente que conocía el guía ya en dirección a Francia. Por el camino encontramos a unos payeses que, extrañados, nos preguntaron: «¿dónde vais por aquí?», a lo que respondimos: «a cazar». Anduvimos hasta pasar la frontera, y el guía regresó. Una vez allí, nos hicieron un pase para poder ir a Perpinyà, donde nos habían informado que un carlista había montado un punto de ayuda para los que nos pasábamos. Nos proporcionó billetes de tren a Irún y nos dio instrucciones.

Una vez que cruzamos a España por Irún los tres hermanos nos presentamos inmediatamente en la oficina de alistamiento de San Sebastián. Pedimos incorporarnos al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, como la mayoría de catalanes, pero no fue posible: «lo sentimos, pero ya está cubierto», dijeron. Entonces, mi hermano Ignacio y yo, como teníamos carné de conducir, pedimos ir en tanques de combate, mientras que Luis, al ser estudiante de Medicina, entró como sanitario en un batallón.

Requetés en un blindado, en 1938 en el frente de Cataluña.
Archivo Gastañazatorre Urizar.

En cada compañía de nuestra unidad íbamos tres tanques Krupp y otro Maybach, en el que solía ir el capitán, y cada carro tenía una dotación de dos personas: el conductor y el tirador. Cada tanque estaba armado con un cañón o dos ametralladoras en la torreta giratoria, y nuestra función era ir siempre delante del batallón, hacer rutas antes de los ataques para descubrir si había mucha resistencia y a veces proteger a la infantería en los avances. En alguna ocasión oficiales alemanes nos dieron clases sobre cómo manejar los carros y nociones básicas sobre táctica de la guerra con tanques, pero como realmente se aprendía era andándolos.

El blindaje soportaba las balas, pero no las granadas de artillería. Recuerdo que en una ocasión impactó una granada encima de uno de los tanques de nuestra compañía, y la torreta saltó por los aires matando al tirador, un chico joven de Barcelona. Estalló la munición y el conductor también murió carbonizado; mi hermano y yo sacamos los cuerpos y los cubrimos con mantas. Luego los cargamos en una furgoneta camino de Zaragoza, donde debían tener parientes.

Sin embargo, lo más duro para nosotros era el calor. Allí dentro metidos, con el calor que desprendía el motor y el sol sobre la chapa, el ambiente se hacía insoportable.

Nos tocó operar en los frentes de Madrid, Toledo, Teruel y la parte del Ebro. En Teruel recuerdo que no lo pasamos tan mal como otros, porque el motor nos hacía de calefacción y con ese frío iba bien. Luego, a la noche, nos retirábamos a alguna casa y dormíamos entre la paja. A las afueras de Teruel tuvimos acciones fuertes; recuerdo un avance hacia las líneas rojas: crucé con el tanque la zanja de la trinchera de los rojos y entonces levantaron los brazos en señal de rendición.

La única vez que fui herido fue en Villalba de los Arcos, cerca de Gandesa. Aquellos días nos ordenaron apoyar al tercio de Montserrat, que sufrió cantidad de bajas, y como no había tanques operativos para todas las dotaciones nos turnábamos: un día salía yo con el tanque y al día siguiente mi hermano, y yo me quedaba en el pueblo de descanso. Estando en la entrada de una casa, cayó un obús de artillería, y me entró metralla en el pié. Una cosa de poca importancia, pero no me dejaba caminar. Me evacuaron a Zaragoza hasta que la metralla se movió de sitio y no me dio más molestias, tanto es así que todavía llevo aquella metralla en el pie.

También mis hermanos tuvieron suerte y terminaron bien la guerra, únicamente con pequeños sustos. A Ignacio, durante una ruta de inspección, le estalló cerca una bomba y le hizo una herida de poca importancia en la espalda.

Ignacio Riera Bartra, concejal de Barcelona entre 1961 y 1966
(revista de las fiestas de San Andrés de 1965)

Luis tuvo aún más suerte: una noche, mientras dormía con otros tres compañeros debajo de un árbol, comenzó de madrugada un ataque de la artillería roja; cayó una bomba matando a los otros tres, y el único que salvó la vida fue mi hermano.

De aquellos años tengo muchos recuerdos, incluso hice un pequeño librito de memorias sobre mi paso por los tanques. Todavía procuro asistir a todos los actos que organiza la Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, la unidad que mejor simboliza el espíritu y los motivos por los que combatimos muchos catalanes en aquella guerra, aunque la historia no se acuerde casi de nosotros.


Tomado de Juan Riera Bartra, Fundación Ignacio Larramendi

***

Uno de los hermanos, Luis Riera Bartra, fue doctor en ginecología. Lamentablemente la clínica médica de Barcelona que en su honor lleva el nombre de Institut Riera Bartra, dirigida por su sobrino, el Dr. Ramón Riera Rovira (hijo de Ignacio Riera Bartra), realiza todo tipo de prácticas inmorales, indignas del buen nombre de esta antigua familia carlista.

dilluns, 5 de setembre de 2016

Entrevista a Josep Bru i Jardí (1893-1983), periodista i carlí català.

JOSEP BRU JARDÍ

«Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot»

Josep Bru i Jardí
(Tivissa, 1893 - Barcelona, 1983)

«El Carlisme català va alçar-se el 19 de juliol de 1936 ni més ni menys que per a la salvació d'Espanya» acaba de dir-me, rotundament convençut de les seves paraules, el benvolgut company en la Premsa senyor Josep Bru Jardí, figura preeminent de la Comunió Tradicionalista a la nostra regió. Conversem al seu domicili de la barriada de Sant Gervasi, on he trobat cordial acollida, el 27 d'octubre de 1967.

Són molts els qui arreu d'Espanya no arriben a explicar-se el cas d'aquest respectable nucli —no pas organització política segons els seus militants, ans Comunió— que arrenglera, en les seves files, entusiastes de totes les condicions socials; els més, per tradició familiar, però sempre, això sí, per absoluta convicció pròpia. Tots ells entenen la doctrina tradicionalista igual que una solució per als problemes de tot ordre que pateix contínuament el país, tant perquè sol mirar enrera quan convé —molt fa semblar-ho llur executòria—, com també perquè sap guaitar endavant si es fa necessari, ja que els seus programes solen posar-se prudentment al dia, i així ho asseguren noblement.

El mateix Bru m'assenyala aquesta contradicció. «En el problema català som l'única solució viable. Nosaltres —afegeix— no ens conformem amb la incipient Mancomunitat del temps de la Monarquia, ni amb la Generalitat acceptada per la República. En això som i serem retrògrades. El nostre programa preveu el retorn de les coses d'aquesta regió al temps anterior a Felip V. Naturalment, alguna questió, posem per cas l'encunyació de moneda, ha periclitat. Llibertat autèntica dins l'autèntica unitat d'Espanya. Què et sembla? Mancomunitat i Generalitat són exponents de provincialisme, que és una creació artificiosa del pensament liberal del segle dinovè. Nosaltres postulem enfortir, vigoritzar les antigues regions amb el ple reconeixement dels drets històrics inherents, perquè, fruint novament de llurs furs i llibertats, ho entenem així, ens sentirem com el peix a l'aigua dins la unitat sagrada d'Espanya.

Ens inspirem, pots veure-ho, en la tradició. Volem pobles lliures dins una inconsútil vinculació i compenetració d'ideals i sentiments; que les nostres institucions no es vegin atropellades ni pertorbades. ¿Comprens, ara, per què hem parat el rellotge quant als nostres punts de vista? En l'afer català ens hem plantat, ni més ni menys, que en el segle XVIII i ningú no ens treu- rà d'ací. En d'altres, potser també.

»—No obstant —em permeto observar— s'acusa el Carlisme que accepta, veu amb bons ulls, l'hegemonia de Castella.

»—Mai! No és veritat! —refuta amb energia.

»—Sempre aneu del bracet amb aquests nuclis assimilistes del centre, dels partidaris de la por a vosaltres, monarquia usurpadora, com durant la passada guerra civil.

»—No. El que ens passa a nosaltres amb els correligionaris de les restants regions, ha ocorregut exactament a tots els partits polítics catalans. Guaita, per exemple, la Lliga, que sempre ha lluitat amb la incomprensió d'aquelles classes conservadores. Castella vol seguir dominant, no ho deixarà així com així. ¿És que si Catalunya es trobés en una tan privilegiada posició, renunciaria per les bones? ¿Vols que parlem de França i d'altres països on predomina un centralisme a ultrança igual que el de Castella? ¿Creus, potser, que els líders de la II República eren procatalans? Van concedir l'Estatut a contracor...

»—Però van concedir-lo.

»—Espera un moment. ¿Amic de Catalunya Indalecio Prieto, l'home que va ensorrar el Banc de Catalunya? Com ell, tampoc no ho eren Alcalá Zamora, Azaña, Miguel Maura, ni tants d'altres que diria.

»—Si nosaltres reeixim —continua l'amic Bru—, les organitzacions polítiques desapareixeran, perquè no hi haurà partits polítics. També li haurà arribat, a la nostra Comunió, el moment de dissoldre's. I els nostres correligionaris de signe centralista, potser alguns a contracor, hauran d'acceptar l'estructuració de l'Estat com la preveu el nostre programa. Federalisme, no menys —assenyala.

»—¿Vostè creu honestament, cas que el Carlisme succeeixi a Franco, que tot el que es refereixi a nosaltres anirà com una seda, vull dir que trobarem tanta generositat com insinua?

»—Costarà més o menys, però més aviat costarà poc. Els nostres principis són per a tot Espanya. No hi haurà regateig. Això seria fer política, i nosaltres no volem fer-ne. La repudiem. Que Déu ens doni vida i salut per a comprovar-ho. El problema català, plantejat com ho fem nosaltres, sempre trobarà escalf i audiència en la gran comunitat espanyola.

»—Els carlins —torno a la càrrega— van formar part de l'Acción Española. [...]

»—Només per als efectes de l'enderrocament de la República. Nosaltres no governem —continua dient. Som oposició en moltíssimes coses que ocorren en l'actual règim des del primer dia.

» El senyor Josep Bru Jardí procedeix d'una família carlista, que arranca políticament dels avis senyor Joaquim Bru, secretari que fou del municipi de Tivisa (Tarragona), mort l'any 1869, i senyor Tomàs Jardí Benages. El pare del il·lustre interlocutor resta orfe al tres anys d'edat. La mare accepta segones núpcies perquè el postulant, a més de les seves qualitats morals, lluïa l'uniforme de requetè, ço que va enlluernar-la. Set germans eren els Bru Jardí. El senyor Josep, el primogènit, és l'únic que resta de tots ells.

La biografia d'aquest entusiasta de la Tradició espanyola és d'una contínua i absoluta fidelitat al seu pensament. Nat a Tivisa el 1893, passa a Barcelona, on cursa la carrera del Magisteri. Comença a escriure articles i més articles, abrandat sols dels seus sentiments polítics que mai no renunciarà. Fa el servei militar a Lleida, interinant amb la direcció de El Correo de Lérida. Quan el llicencien passa com a redactor polític a El Correo Catalán de Barcelona, l'any 1918. Assambleista de la Dictadura. Més tard, redactor en cap del diari La Razón, que dirigeix el senyor Julià Clapera Roca. També director-propietari de El Correo de Tortosa. Cap de negociat de l'Institut Municipal d'Estadística a Barcelona. Cap provincial del Carlisme a Tarragona. Sempre, sempre, en el camp espanyolista, però, això sí, «mai assimilista», té molt interès de puntualitzar; demana que no deixi de recordar-ho en les respostes.

Capçalera d'El Correo de Tortosa (exemplars a la Premsa Digitalitzada)

«—Els carlins —explica ara—, que estimen Catalunya com el qui més, rebutgen el terme "catalanisme", que ha estat polititzat en un sentit que es presta a equívocs. Nosaltres ni amb els qui criden "mori Espanya", infame renec, ni amb els que es neguen a vitorejar-la. Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot, perquè Espanya és la pàtria de tots i és Catalunya mateixa. Qui gosaria negar-ho? Tota idea o tendència de signe secessionista la frenem amb energia, perquè sentim Espanya intensament.

»Catalans a seques, molt orgullosos, i prou. ¿Cal demostrar-ho? Nosaltres arborem la bandera barrada juntament amb la del país en les nostres assemblees i  aplecs. Oradors nostres s'expressen en català en els actes púlbics. Només caldria! Hi ha una hemeroteca tradicionalista molt nodrida i un cançoner català de la nostra gent que ho acredita. Venerem amb devoció la Moreneta. Als nostres cercles es ballen sardanes, es reciten poesies en aquesta llengua, es fa teatre català, es cultiva tot el que respira aquest sentiment tant nostre... Però, compte; desproveït d'accent nacionalista i de sentit polític. Algunes vegades ens hem vist involucrats en la política. Recorda que vam formar part de la Solidaritat Catalana, amb el beneplàcit de Vázquez Mella, que, en ple Congrés va alentar-nos en diverses ocasions. Durant la Mancomunitat de Prat de la Riba, una de les vice-presidències va ostentar-la el pròcer tradicionalista senyor Lluís Argemí de Martí. Recorda, també, que abans de la guerra civil, El Correo Catalán i d'altres periòdics nostres, publicaven articles i col·laboracions en llengua catalana. Del El Correo Catalán et diré, per si no ho sabessis, que, abans del 1936 s'havia projectat de convertir-lo en un periòdic bilingüe. La contesa no va donar-nos temps. Naturalment que cultivem, i amb molt d'honor, la llengua castellana, que és el vehicle indispensable per a entendre's totes les regions i amb els pobles germans d'Amèrica.»

—Tot això és innegable —li faig.

»Prossegueix el temari.

«—¿Quines possibilitats adverteix per al Carlisme en els moments actuals? —i recordem per segona vegada que aquest interviu és fet la tardor del 1967.

»—Totes més que cap. Correspon a nosaltres recollir el llegat, l'esperit del 18 de juliol. S'han de corregir errors que resten en peu, igual que tantes coses d'ací. Posar Espanya en ordre, restaurar la pau interior a totes les regions, mirar endavant i mirar endarrera. Volem amb la dinastia legítima, una Espanya tradicional i católica, encara que no som retrògrades.» *1

Demano per l'aportació brindada a la sublevació militar.

«—La República ha estat el que nosaltres suposàvem. No, mai, una solució per als problemes del país. Amb desori no es pot anar enlloc. La República la vam rebre amb les ungles. No ens va enganyar a nosaltres. I com que anava seguint camins tortuosos que prevèiem, hem lluitat per enderrocar-la. Tu compara els temps del Front Popular, per exemple, amb el temps d'ara que es pot sortir de casa tranquil·lament. La nostra aportació ha estat substancial arreu.

»—Quant a la nostra regió... —insisteixo.

»—Més de dos mil requetès ben preparats, vull dir amb perfecte instrucció militar, i uniformats vàrem posar a la disposició de l'Exèrcit.

»—¿Com funcionaven els òrgans superiors de la Comunió?

»— Hi havia una junta regional. Al seu davant el cap regional i delegat regional, Tomàs Caylà. La formàvem el senyor Ramon Riera, per Barcelona-ciutat; el senyor Josep Prat Prim, per Barcelona-província; el senyor Ramon Lavaquial, per Lleida; el representant de Girona, el nom del qual no recordo en aquests moments, i jo, per Tarragona. Cap regional dels requetès, ho era el senyor Ramon Cunill. Tots, noms catalaníssims, com pots veure.

»—El senyor Caylà tenia contactes amb la UME [Unión Militar Española]?

»—Evidentment.

»—Sabíeu la nit exacta per a llançar-vos al carrer?

»—Ell és clar que sí. Tot estava planejat. Ara bé. Els carlins no érem tan optimistes, i suggeríem una segona línia als afores per acudir en ajut de la capital. Els militars, però, ho veien molt segur, i regatejaven la nostra presència. Vam suggerir, també, un aixecament partint de la província.

»—¿Què va passar-los als membres de la junta regional, un cop fracassada la sublevació?

»—El senyor Tomàs Caylà és detingut i occit. El cadàver, portat al seu poble de Valls i exposat a la plaça pública. Soler Janer ha dedicat un llibre a aquesta important figura de la Comunió. Explica que els assassins acompanyen la mare de Caylà a veure el cadàver. Ella el despitrega i quan veu que encara du l'escapulari de la Verge del Carme, va sentir-se molt confortada. Lavaquial s'amaga, però com a represàlia perquè no el troben, li maten un fill. També assassinen un fill a Cunill. Certament, Cunill va ésser tirotejat pels afores de la caserna de Sant Andreu. El deixen per mort. Aconsegueix, ferit i tot, escapar. Passarà a l'altra banda un dels primers.

»Per ordre de Fal Conde es reconstitueix, a Burgos, la junta de guerra carlista de Catalunya. Assumeix la presidència el senyor Josep Maria Anglés. Jo en seré secretari. Els senyors Cunill i Sivatte organitzen el Terç de la Mare de Déu de Montserrat, que nodririen els fugitius de la zona d'obediència republicana...»

Bandera del Terç de Montserrat

DOS GERMANS

Passats uns dies torno a casa de l'amic Bru. Vull que m'informi ara de la vicissitud de la seva sortida de Barcelona i arribada a l'altra zona, positivament ajudat pel seu germà Lluís, diputat de l'Esquerra Republicana de Catalunya. No hi posa cap inconvenient.

Anticiparé que per al cas que hagués triomfat el moviment militar, com tots els periodistes d'extrema dreta es troba la matinada del 19 de juliol en el Centre de Repòrters de la plaça de Catalunya amb el propòsit, que va malaguanyar-se, de fer sortir hores després un número extraordinari de la Hoja del Lunes. Deixem que ell mateix s'expliqui. Jo em limito a anotar a les quartilles.

«—Vivia aleshores a la barriada de periodistes de la plaça Sanllehí. Aviso a la muller. Em brinden asil uns amics de confiança. Torno, passats uns dies, a ocupar la meva plaça de funcionari municipal, per dissimular simplement. Passaré, més tard, al domicili d'un cunyat, Massagué Mateu, militant carlí, on procedeixo a cremar papers comprometedors. M'avisen que la Policia i les Patrulles de Control em cerquen arreu. Ara vaig a casa del meu germà Lluís, diputat de l'Esquerra al Parlament Català i president de "La Falç". [...]

Lluís, que té cura de tot, proporciona un document oficial a nom de Josep Rojals Pellicer, segons cognoms dels avis. Tot està previst. Utilitzant un cotxe oficial em porta Lluís, fins a Camprodon, on ens espera un amic d'absoluta confiança, Perramon, de l'Esquerra Republicana de Catalunya. Quan aquest diu que hauré de pujar a peu, i de nit, des de Molló fins a Prats de Molló, insinuo que potser l'asma que pateixo no m'ho permetrà. "Josep, jo no et deixo", fa el germà. Intervé Perramon: "Vostè, senyor Lluís, vagi-se'n tranquil. Deixa el seu amic —ignora que som germans— en les millors mans." Lluís —com li he agraït tota la vida!— decideix continuar amb mi. "No et deixo fins a l'altra banda." Després d'un sopar molt lleuger, el cotxe ens porta fins al poble de Molló on comencem la caminada. Lluís, sempre al meu costat, sol·lícit, animant-me contínuament —(li espurnegen els ulls al senyor Josep, quan ho recorda). Ens reunim en ple bosc amb un grup determinat. No eren ben bé roigs. Segons Perramon, la majoria són gent de l'Esquerra que fugen perquè hom diu que Companys ha decidit la incorporació dels cenetistes al Govern de la Generalitat. Uns altres pertanyen a l'Estat Català i van a adquirir armes per combatre els anarquistes.

»Continua la fatigosa ascensió. Em sembla que no podré arribar a la frontera. Lluís demana que em repengi al seu braç. "Va, Pepet —sento que em diu—. Ja hi som més a la vora". "Manca molt poc". "No et desanimis". Defalleixo un moment. "No puc més", clamo, llençat al sòl". Seu, descansem tots una mica". Mana que s'aturi l'expedició. Reprenem la caminada que a mi em sembla interminable, amb penes i fatics, i a la fi acabem el viatge a Prats de Molló. Ja som a França. Lluís m'abraça. "Estàs salvat — diu — . Però encara no estic content. Vull veure't a Perpinyà. Així me'n tornaré tranquil".

»Disposa bé Lluís. Perquè els gendarmes ens proporcionen un gros ensurt. Afigura't tu que pretenen que fem marxa enrera. Tot s'arranjarà. Portem uns papers no massa en regla. És clar que els meus... Però ningú no s'espanta, ningú no em coneix, ningú no va a delatar-me.

A Perpinyà autoritzen una breu estada per a recuperar-nos. Se'ns considera indocumentats en trànsit. Si no ens n'anem aviat, serem internats en un camp de concentració. Trobo a Lluís Ventalló. Passats tres dies em sento refet. Hem de marxar. Tot ho tinc disposat. Envio un telegrama al director de El Pensamiento Navarro, López Sanz, col·lega i correligionari, anunciant- li la meva arribada. Ve el moment de prendre comiat. "Gràcies, Lluís, mil gràcies per tot." "Pepet —em fa—. Tu mereixes això i molt més. ¿Què no hauries fet, tu, per mí?" Una forta, inacabable abraçada. També un petó.

Se separen els dos germans. L'un, Josep, vers Pamplona i Burgos, a servir els ideals de «Déu, Pàtria i Rei». L'altre, Lluís, els de «Catalunya i la República», a Barcelona. No es veuran mai més. Lluís Bru Jardí morirà exiliat a Xile, l'onze de maig de 1945.

Lluís Bru i Jardí
(Tivissa, 1894 - Santiago de Xile, 1945)

LA PREMSA ACTUAL NO M'AGRADA GENS

Formulo al senyor Josep Bru Jardí la darrera pregunta, ara en la seva qualitat de periodista. Ha estat els darrers quinze anys de llur vida professional redactor en cap del Diario de Barcelona.

«—¿Quina opinió li mereix el periodisme actual a Espanya?

»—No m'agrada gens. Molt millor el de l'avantguerra. Hi havia més companyia, les idees restaven al marge. Et contaré un fet. Quan jo dirigia a Lleida el "Correo" sortien allí d'altres periòdics de partit. Un, El Ideal, republicà, que portava Antoni Puch Ferrer. Ell i jo fundem l'Associació de la Premsa de Lleida. Era l'any 1915. Nomenem primer president Sánchez, corresponsal de Las Noticias. Vicepresident passo a ésser-ho jo. Puch, secretari general. Hi havia molta amistat en el terreny professional i privat. Els periodistes ens respectàvem recíprocament la nostra manera de veure les coses. Diré ara que el meu Correo de Lérida era tan i tan pobre, que no podia ni abonar la informació nacional i estrangera de les agències. Doncs bé, Puch, director de El Ideal em facilitava tots els dies, gratuïtament, les principals notícies.»

*1. Aquests darrers temps sembla que s'han produït divergències carlistes, força sensibles, en el panorama polític espanyol. Per un cantó, sota el cabdillatge del príncep D. Carlos-Hugo de Borbón-Parma, s'ha posat en moviment un Partit Carlista, autoproclamant-se socialista i filomarxista, mentre per altra banda, el príncep D. Sixto, germà de l'indicat príncep Carlos-Hugo, ha celebrat a Pamplona conversacions, en el curs de les quals «resta perfectament clar» —segons recull una nota oficial— que aquell Partit Carlista, definint-se com ja hem dit, «és per essència enemic dels sagrats principis defensats amb la sang de Navarra en els terços de requetès».

Joan Sariol Badía, Petita història de la guerra civil: vinti-tres testimonis informen, pp. 103-112 (1977)