Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Carlins de Catalunya. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Carlins de Catalunya. Mostrar tots els missatges

dissabte, 11 de maig de 2019

El Obispo de Daulia, misionero en Australia y defensor del Carlismo

Tal día como hoy, 11 de mayo del año 1810, nacía en Mataró D. José María Benito Serra y Juliá, futuro obispo de Daulia.

La Comunión Tradicionalista se honró contándole entre sus más entusiastas y decididos afiliados, encontrando siempre sus partidarios un sabio consejo y palabras de alentamiento en el inolvidable Obispo de Daulia, en quien concurría también una circunstancia gratísima y de feliz recordación para todos los buenos jaimistas: el fue quien administró las Santas Aguas del bautismo a Don Jaime de Borbón.

Cuando en 1880 Alejandro Pidal quiso integrar a los carlistas en el régimen alfonsino mediante su proyecto de «Unión Católica», al que se oponía ferozmente El Siglo Futuro, el obispo de Daulia se pronunció a favor de las tesis siglofuturistas en una una carta al conde de Orgaz el 29 de enero de 1881, mientras buena parte del episcopado español se mostraban partidarios del proyecto pidalino. El apoyo que prestaron el obispo de Daulia y Mateos Gago a Nocedal sería determinante para que éste continuase editando su periódico, que se había planteado cerrar.

Poco después de fallecer Alfonso (XII), en casa del marqués del Busto, en Madrid, el obispo de Daulia recibió la visita de unos carlistas interesados por conocer si sería posible y oportuno combatir con las armas a la regencia de María Cristina, ante lo cual el anciano obispo se mostró animoso y les bendijo.

Reproducimos a continuación una biografía suya que fue publicada al morir este venerable obispo y leal carlista.



Biografía del Excmo. e Ilmo. Fr. D. José María Benito Serra

Este venerable Prelado nació el 11 de Mayo de 1810, en Mataró, donde para sustraerse de los desastres de la guerra de la Independencia que asolaba al país, se habían refugiado sus padres, habitantes ordinariamente en Barcelona. Concluida la guerra, volvieron a esta ciudad.

Apenas llegado a los diez años de edad, ya acababa los estudios de latinidad, y al mismo tiempo que se dedicaba a los de humanidades, fue obligado por sus maestros á convertirse en profesor de otros niños menos adelantados que él.

La vocación para el estado religioso se manifestó desde sus primeros años, pero las novedades políticas que agitaron a esta nación y la persecución suscitada contra los regulares, no le permitieron hasta en 1827 tomar el hábito de benedictino en el monasterio de San Martin de Compostela. La revolución había estallado de nuevo en España y un decreto del gobierno ordenó la clausura de todas las casas religiosas y su supresión. Dispuesto a todo sacrificio, incluso el de su vida, antes que faltar a sus votos, el Padre Serra abandonó España en diciembre del mismo año, y fue a buscar un asilo en el monasterio de la Cava en el reino de Nápoles, donde se entregó completamente a los estudios literarios. Habiéndole conferido el Capítulo de la Congregación de Monte Casino el título de Lector, enseñó durante varios años la teología dogmática y la moral, el derecho canónico, las lenguas griega y hebrea, y fue Rector del Seminario Conciliar hasta que, deseoso de emprender mayores trabajos para la gloria de Dios, se agregó en 1845 a la Congregación de la Propaganda, que le envió a evangelizar a los habitantes, poco menos que salvajes, de la Australia occidental.

Monseñor Juan Brady, Obispo de Perth, le nombró Vicario general y Prefecto de la Misión Central, y el Padre Serra, seguido tan solo de cuatro compañeros, se internó en los inmensos bosques del país, y a ejemplo de los Apóstoles, fundó con sus propias manos, a cien millas de la ciudad de Perth, un monasterio benedictino que denominó la Nueva Nurcia, en recuerdo de la patria del santo fundador de la Orden. Este monasterio adquirió pronto una importancia considerable, así por la extensión y grandeza de sus edificios, como por la numerosa familia benedictina que fue a refugiarse en sus claustros y a cultivar con el sudor de su frente las tierras inmensas que le rodeaban. La Propaganda Fide erigió en 1859 esta fundación en Prefectura Apostólica, confiando su administración al ilustrísimo Sr. D. Rosendo Salvado, Obispo ahora de Puerto-Victoria. Al principio de 1848 el Obispo de Perth celebró un Sínodo diocesano y quiso que el Padre Serra, su Vicario general, llevara los decretos a Roma. Él debía además exponer las necesidades de esta Iglesia naciente, a los Eminentísimos Cardenales de Propaganda, y elevarlas al conocimiento del Sumo, Pontífice Pío IX. ¡Cuál no fue su sorpresa al llegar a la ciudad eterna, saber que hacia 14 meses que el Papa se había dignado (proprio motu) elevarlo a la dignidad episcopal, preconizándole en el Consistorio de 11 de 1859 primer Obispo de Puerto-Victoria en la Australia Septentrional!

La carga del episcopado parecióle demasiado grave al Padre Serra e intentó rehusarla en su modestia, pero sus escusas no fueron aceptadas y debió doblar la cabeza ante la voluntad expresa del Papa. El 15 de Agosto de 1848 el Cardenal Franconi, Prefecto de Propaganda, le consagró.

La nueva diócesis, no sólo estaba falta de escuelas y de iglesias, sino que también se encontraba desprovista de las cosas que en toda sociedad son indispensables. La misión del Obispo consistía a la vez en convertir al catolicismo a aquellos hombres acostumbrados a vivir casi en el estado salvaje y atraerles al camino de la civilización. Necesitado de todo, so dirigió a Nápoles y España para allegar los recursos indispensables. Difícil es explicar el entusiasmo y ovaciones de que fue objeto el Prelado en su país natal. Doña Isabel dio ejemplo, y gran número de almas caritativas le proveyeron de todo lo necesario a su lejana misión, poniendo á su disposición un buque, el Ferrol, que cruzaba las costas de Italia, para conducirle a Puerto Victoria con 40 misioneros que habían reclutado.

El P. José María Benito Serra (imagen
tomada de Cultura - Espiritualidad - Carmelo)
Este buque estaba en el puerto de Cádiz para hacerse a la vela, cuando un despacho de la Propaganda hizo saber al ilustrísimo Sr. Serra que Su Santidad, en virtud de autoridad apostólica, le había desligado de los lazos que le unían a la iglesia de Puerto-Victoria, nombrándole Coadjutor del Obispo de Perth, bajo el título de Obispo de Daulia. Los misioneros debían dedicarse a aquella misión. Nombrado desde luego administrador temporal, fue hecho poco después administrador apostólico con todos los poderes de su ordinario, y el derecho a la futura sucesión de M. Brady.

La solicitud del nuevo Prelado se extendió a todo, él restableció el orden y la economía en toda la diócesis, procuró la obediencia á los decretos de la Santa Sede, especialmente en la iglesia de Perth; fundó bajo el nombre de Nuevo Subiaco un monasterio de benedictinos; aumentó considerablemente el de la Nueva Nurcia, y so mostró enérgico defensor de la enseñanza católica contra los actos de los gobiernos de Australia e Inglaterra. Obligó a estos dos gobiernos a prestarle su concurso, tanto para la erección de iglesias como de escuelas y habitaciones para los sacerdotes que ejercían el santo ministerio en casi todas las poblaciones de la Australia Occidental. Obtuvo para ellos y para los maestros de escuela subvenciones anuales.

En fin, estableció la misión sobre un pie de prosperidad tan notable como nunca se había conocido.

Todo esto no pudo obtenerse sin enormes fatigas, que más que el peso de la edad, habían gastado su cuerpo y alterado profundamente su salud.

E1 Ilmo. Sr. Serra creyó que debía dejar la carga de la administración apostólica de Perth e ir a buscar en el aire puro de su país natal el restablecimiento de su salud. Se dirigió al Papa, pero sólo al cabo de tres años, en 1862, accedió a sus reiteradas instancias.

Apenas regresó a España, volvió a emprender su vida activa en Madrid y se entregó por entero a la visita de los hospitales y a la administración de los Sacramentos a los enfermos. Esta ocupación le descubrió una necesidad social de esta época. Presidía una vez los ejercicios del mes de María, y tuvo el consuelo de volver a Dios y a la práctica del bien a gran número de jóvenes hasta entonces sepultadas en los horrores de la disolución. El mundo las había lanzado en el abismo del mal, y había aplaudido su caída; pero cuando vio a las mismas arrepentidas, no quiso reconocerlas y las arrojó de su seno; para evitarlas una recaída segura, resolvió fundar una casa abierta al arrepentimiento donde fueran recogidas estas jóvenes infortunadas. Hizo construir a este efecto una gran casa en Ciempozuelos, lugar cerca de Madrid, y mientras él trabajaba en la consolidación de esta obra de caridad, recibió las Letras del Papa que le invitaba a asistir al Concilio del Vaticano.

El Ilmo. Sr. Serra era Prelado asistente al Trono Pontificio desde el 23 de Mayo de […] En la Administración apostólica de Perth, le sucedió el Ilmo. fray Martín Grisber.

El Obispo de Daulia se ha distinguido también por la decisión y noble independencia con que se pone del lado de los defensores de la pureza de la verdad en aquellos momentos de confusión política en que éstos se vieron casi por completo abandonados de los que carecieron del valor o de la perspicacia del ilustrísimo Padre Serra.

A medida que va trascurriendo el tiempo y las faltas de los hombres vayan produciendo sus consecuencias, se pondrá más de relieve la entereza y el sentido práctico del señor Obispo de Daulia, demostrado no sólo en el apoyo que dio siempre a los principios tradicionalistas, únicos que hoy pueden favorecer a la Iglesia, sino en una célebre carta que escribió en apoyo de la actitud de los Sres. Nocedal, fieles interpretes y ejecutores de los deseos del Papa León XIII al encargarles motu proprio la gran peregrinación que deseaba reunir en torno de su Trono Pontificio.

Tristes resultados ha dado para la fe de España y para el prestigio de elevadas instituciones, los errores que entonces se cometieron; pero de aquellos lamentables recuerdos surgirá siempre glorioso el nombre de Ser  eterno, que atacado y menospreciado entonces por su actitud, vio justificada su conducta, y lloraba los males que entonces previo claramente.

Tomado de: El Siglo Futuro, 11 de septiembre 1886

Biografía breve en: Álbum histórico del Carlismo (1935)

dissabte, 2 de febrer de 2019

Luis Carlos Viada y Lluch (1863-1938), publicista carlista

Tal día como hoy, 2 de febrero del año 1938, moría el abnegado bibliófilo y publicista carlista catalán D. Luis Carlos Viada y Lluch, director de la revista católica La Hormiga de Oro que fundara el gran Luis María de Llauder. Detenido por las patrullas de control de los rojos, sus colaboradores y los obreros de la imprenta intercedieron en su favor y lograron que fuera puesto en libertad tras un duro forcejeo,​ pero falleció a los pocos días a causa de la paliza que le propinaron los milicianos. Los revolucionarios saquearon además su domicilio, destruyendo gran parte de su valiosa documentación, manuscritos originales y correspondencia.

En 1935 el bibliófilo Antonio Palau y Dulcet, gran amigo de Luis Carlos Viada, había recogido en su libro Memorias de un librero catalán: 1867-1935 una reseña biografica de este gran literato tradicionalista, tomada de un escrito del Rvdo. Jaime Barrera, que reproducimos a continuación:


Luis Carlos Viada Lluch leyendo una semblanza literaria de Jacinto Verdaguer
durante una fiesta dedicada a la memoria del gran poeta catalán. (La Hormiga de Oro, 27/2/1930)

El Reverendo Jaime Barrera dice de él :


Jovencito, pero sólidamente formado en el estudio de humanidades, Viada y Lluch fué excelente alumno del Colegio del Obispo, al cual venía incorporada la segunda enseñanza. Ese Colegio de Nobles o de Cordelles. se levantaba en la Rambla de los Estudios, junto a la Iglesia de Belén. Viada y Lluch habla visto y recorrido la Biblioteca Episcopal, sita en el primer piso de dicho Colegio, con sus dilatadas estanterías, barnizadas de azul obscuro y presididas por el busto de Gimbernat. También la Sala especial de Escritores Catalanes, con tanto amor enriquecida por Félix Amat y sus sobrinos Félix Torres Amat y el laborioso Ignacio Torres Amat.


Sigue diciendo que Viada y Lluch, buscando ambiente más propicio a sus vocaciones literarias, emigró a una ciudad ideal, que Saavedra Fajardo llama República Literaria:

Edificándose una casa de libros, que en ciertos casos, son materiales más duros que piedra viva. Dos gruesos y formidables muros forman el albergue y escondrijo de ese antiguo repúblico de las letras. Volúmenes de clásicos castellanos, ligados o alternando con los italianos... Otros de cosas o impresores de impresores de Barcelona, principalmente los productos salidos de las oficinas de Pedro y Pablo Malo y de Sebastián Cormellas.

Trazando un merecido elogio del amor del libro que mueve a Viada y Lluch, prosigue Mosén Barrera:


Durante sus descensos del Ensanche a la vieja ciudad, gusta de ver a los amigos y comprar libros. Con frecuencia deambula por las angostas calles del barrio del Call, en donde se complace en admirar los esgrafiados de la Casa Cormellas, la célebre oficina que tantos libros produjo entre 1592 a 1700. Y centenares de veces ha pasado por la antigua Riera del Pino para rememorar los fecundísimos bibliópolas, Pedro y Pablo Malo, los libros de los cuales, siempre interesantes, ostentan el pie de imprenta entre los años 1557 a 1592. 
Recogido en su ideal repúblico, Viada y Lluch reunía y daba a las cajas sus Ensayos poéticos, hacia 1882, al paso que nos traía de Italia numerosas versiones poéticas de una fidelidad sólo comparable al esposo cristiano. Y sin abandonar la lectura y consulta de sus queridos libros, sacaba a luz las ediciones de: "Pastores de Belén, prosa y versos divinos por Lope de Vega", Barcelona, 1905 ; "El libro de oro de la vida. Selección de pensamientos morales de los clásicos castellanos", Barcelona, 1906. Por medio de la Editorial Doménech: "Castillo interior, por Santa Teresa, con prólogo y variantes", y "La Galatea, por Cervantes". 
Tamaña tarea reclamaba momentos de distracción. Por esto el repúblico, con voz activa y pasiva de la idea bibliópolis, y con cien seudónimos desconcertantes, colaboraba con rimas inquietas o festivas, en aquellos semanarios que tan pintoresca hacen la hemeroteca catalana, L'Espurna, El Burinot, Lo Crit de la Patria,* L'Ingríngulis, Don Ramon, El Sarrianés, Lo Mestre Titas,* La Comarca Leal y otros. 
Con el poeta Verdaguer colabora en Lo Pensament Catalá,* y en La Creu del Montseny. Gratos recuerdos. Viada era el traductor castellano preferido por Verdaguer... Intervino asaz directamente en la impresión de algunas obras del gran poeta, Santa Eulalia y Montserrat, los autógrafos de los cuales conserva nuestro excelente amigo. Del propio Verdaguer aun podría publicar una obra inédita: Santa Maria del Socor.  
Colaborador de la edición políglota de Lo Gayter del Llobregat, se complace en trasladar versos de una a otra lengua. Para semejante tarea aporta una preparación admirable: sus grandes conocimientos lexicográficos del latín, italiano, castellano y catalán. La vulgarización de bellos libros fué continuada por él, preparando para la Editorial Ibérica, el Romancero del Cid, Entremeses, de Cervantes, y El Bandolero, de Tirso de Molina. 
Para la Casa Montaner y Simón, la más fuerte de las editoriales barcelonesas, ordenó, en 1915: Los Pecados Capitales, prosas clásicas y versiones de antiguos autores catalanes. En 1913 reproduce Los Lusiadas, versión castellana en verso por Luís Gómez de Tapia. En 1912 nos da una fiel y elegante versión castellana de Vita Nuova de Dante Aligheri (...) 
Al ser llamado a la Academia de Buenas Letras, Viada escogió un tema lexicográfico para su Discurso de recepción: De la limpieza, fijeza y esplendor de la lengua castellana en el Diccionario de la Real Academia Española, reforzando con esto, sus arraigadas aficiones al estudio critico del léxico, iniciadas en sus Observaciones y continuadas en el Apéndice II del Diccionario de Diccionarios, edición de Montaner.

El amigo Viada y Lluch, emplea actualmente sus actividades literarias, en La Hormiga de Oro, traduciendo, ordenando y glosando, textos dignos de ser publicados.


Memorias de un librero catalán: 1867-1935 (Antonio Palau y Dulcet, 1930), pp. 233-234.

*Hemos indicado los nombres correctos de estas publicaciones, que en el texto reproducido aparecían erróneamente con el artículo "El" en lugar del empleado en catalán de la época: "Lo".

dissabte, 10 de novembre de 2018

Así entró Carlos VII en España por primera vez, en 1869

Don Carlos (grabado de 1869)
Son curiosos y completan lo que manifestamos en el capítulo XLIV, pág. 510, los siguientes párrafos de una memoria inédita del marqués de Benaven. Después de ocuparse de la frustrada o simulada conspiración de Figueras y de Barcelona, que hacía inútil el viaje de D. Carlos a la frontera, cuya contrariedad sintió el señor, que deseaba pisar tierra española, y al ver que le disuadían de ello y le pintaban los peligros, dijo resueltamente:


«Quiero ir a España; os lo mando», dice:—En vista de tan firme resolución se constituyeron aquella noche en junta el general Tristany, el Dr. Vicente, Vallecerrato y Benaven; deliberaron a la vista del mapa, señalóse el punto, asumiendo juntos la responsabilidad de la empresa y derramar hasta la última gota desangre en defensa de S. M.  
Salió la comitiva real de la montaña Canigó y casa nombrada Lallan, donde estuvo parte de tres días, en cuya casa quiso el rey consignar un recuerdo antes de su salida, dejando oculto dentro de un libro que había sobre la mesa de su cuarto, su nombre, manifestando que en aquella fecha había pernoctado en aquel cuarto el rey de España.


Refiere la ida a los baños de Ameli, establecimiento de Monsieur Puyades, quedando en Lallan enfermo el Dr. Vicente, llegando indispuestos por el mucho calor Tristany y Vallecerrato, y mostrando D. Carlos su gran vigor y excelente naturaleza, pues ni se resintió de la jornada a pie, ni dejó de bañarse en el rio Tech; que se aprestó todo para ir al día siguiente a España, hacia donde marcharon en la mañana del 11 de julio de 1869, hospedándose en la pobre rectoría de Montalba, en cuyo pueblo oyeron misa por ser día festivo, y continúa:


Durante la misa no dejó la comitiva de llamar la atención de aquellos honrados labriegos; pero sobre todo, debió de ser grande la sorpresa del sacristán que, como de costumbre, pidió por las almas del purgatorio, al ver caer en el platillo una moneda de 20 francos que el señor había soltado, queriendo el sacristán devolvérsela por creer la había dado por un sueldo.  
El pobre cura al salir de la iglesia se desharía en obsequios que, por el tan elevado rasgo de caridad del rey, sospechaba el cura que debía ser alguna persona muy distinguida. Aprovechando esta ocasión pidióle el marqués un guía, invitándole a la romería; ofrecióse el rector a serlo; mostró el rey deseos de adquirir el gorro del sacristán que por ser domingo era nuevo, y le había chocado al señor, teniendo mayor empeño cuando supo que era un gorro catalán, a lo que se resistía el buen sacristán por costarle dos pesetas, mas al ver que se le daban dos duros, lo soltó con la mayor ligereza. 
Massanet de Cabrenys, primer pueblo español que visitó Don Carlos
Para demostrar el rey sus simpatías por los catalanes, se puso el gorro del sacristán, y con la faja de seda del marqués de Benaven que usa para sujetarse el pantalón y ceñirse el cuerpo, parecía el señor un voluntario catalán.   
La expedición emprendió, pues, su marcha a eso de las nueve, compuesta del rey, Tristany, Vallecerrato, Benaven, cura de Montalba y el mozo de Ameli con las caballerías, teniendo que andar casi siempre a pie por ser el terreno sumamente escabroso. 
Durante este camino, impresionado el rey preguntaba a cada momento si se llegaba a territorio español; cada minuto le parecía un siglo. Por fin llegó el instante deseado a las doce del día, y diciendo el cura, allí está España, señalando a unos 40 pasos, echó a correr el señor con la mayor velocidad, y todos tras él; y parándose de repente en su territorio, y desde donde se descubría un magnífico e impresionable panorama, tira al aire con toda su fuerza el gorro catalán para saludar a sus queridos catalanes, dando un grito aterrador de ¡viva España! sobre cuyo suelo se postró de rodillas besándolo como si lo hiciera con una reliquia la más sagrada. A su grito de ¡viva España! contestaron todos con el de ¡viva el rey D. Carlos VII! y aquí fue la escena conmovedora con el cura de Montalba, guía de la expedición, que apercibiéndose de que había tenido el honor de acompañar al rey de España D. Carlos VII, se postró de rodillas bañando con lágrimas de gozo las manos de S. M., del cual no sabia desasirse, y diciendo que Dios le había concedido la mayor dicha que podía esperar.
Desde este punto contemplaba el rey impresionado centenares de pueblos y caseríos españoles, teniendo a la vista el famoso castillo de Figueras y la muy liberal villa de Maconet (*), donde residía el famoso comandante Roge, caudillo republicano de toda aquella comarca, en la cual para mayor burla suya pudo el rey hacer su entrada. 
Allí comieron todos con la mayor alegría y tranquilidad bajo unas pequeñas encinas, donde por cierto debería levantarse un monumento conmemorativo en cuanto el rey esté en posesión de sus dominios. Concluida la comida, en la que hubo brindis, el rey saludó a su querida España, de la que con tanto sentimiento se despedía, disparando los seis tiros de su revolver, contestando con los suyos Tristany, Benaven y Vallecerrato. 
Levantóse acta de aquel suceso, firmándole sobre una roca que servia de mesa, y los nombramientos de comandante para D. Alfonso, que servia en Roma, de ayudantes de campo y de órdenes, para Tristany, Vallecerrato y Benaven, y de mariscal de campo para Plandolit. Antes de salir de España recogió el rey una porción de piedrecilas de mármol y plantas silvestres, en las que veía una preciosidad y un tesoro por ser de su querida España, y se llevó multitud de margaritas para la reina. Regresaron a los baños de Ameli, donde se despidió el buen cura de Montalba, a quien el rey dio mil francos para los pobres, y en Ameli, al pasar la comitiva cerca de un grupo de bañistas, fija uno de ellos, catalán, la vista en S. M., y aunque sólo conocía su retrato, se postró de rodillas, bañándole las manos en lágrimas. 
Por la noche regresó a París.

Historia contemporánea : anales desde 1843 hasta la conclusión de la actual guerra civil, vol. VI (Antonio Pirala, 1880)

* Debe referirse a la villa de Massanet de Cabrenys.
(La negrita es nuestra.)

dimecres, 24 d’octubre de 2018

Manifiesto de Rafael Tristany a los catalanes (1873)

Tal día como hoy, 24 de octubre, en 1873, el general carlista Rafael Tristany firmaba en su cuartel general de Igualada un manifiesto españolista dirigido a los catalanes con la intención de atraerlos a la Causa de la Tradición y la Legitimidad, que controlaba en esas fechas buena parte de Cataluña, alzada en armas contra el gobierno revolucionario. La proclama fue publicada en EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO, periódico carlista de Cataluña que dirigía Juan Vidal de Llobatera. Debido a su gran interés, nos hemos tomado la molestia de transcribirlo para nuestros lectores y lo reproducimos a continuación.

Rafael Tristany (Ardévol, 1814 - Lourdes, 1899)

NOBLES Y LEALES HABITANTES DE CATALUÑA:

Al dirigirme en esta ocasion à vosotros, con motivo del mando interino del Ejército de este Principado que S. A. R. se ha dignado confiarme, durante su ausencia, no pretendo en manera alguna cohibir en lo mas mínímo vuestros naturales derechos ni vuestras justas aspiraciones, en cuanto sepais conduciros como buenos y honrados ciudadanos españoles, ni mucho menos intento imponeros mi voluntad, como os imponen la suya los populacheros filosofastros quebrantando sus propios principios, despues de haberlos infinitas veces preconizado y exaltado en la prensa y en la tribuna, en el club y en las plazas, para ahora burlarse sarcàsticamente de sus crédulos admiradores, hollando con cinismo las doctrinas y las leyes que cuando necesitaban de vosotros propalaron y os prometieron. Quiero tan solo preveniros contra las asechanzas de esos demócratas aduladores que han sacrificado siempre y sacrifican cada día mas sus utópicas teorías à su bienestar y comodidades particulares, mofándose à todas horas y en todos sus actos del sencillo pueblo, siempre dócil à sus mentidas y falaces promesas, que nunca han cumplido, ni jamas podràn cumplir.

Tiempo habeis tenido de sobra para comparar nuestra heróica, noble y leal conducta con la observada por las hordas del liberalismo, con el proceder de los obcecados por esa aberracion del entendimiento inspirada por el demonio del orgullo que fué su progenitor. Si los que profesais ideas distintas à las nuestras, no estais ciegos y no quereis à la pasion y al egoismo políticos sacrificar la verdad y el sentido comun, decid con la franqueza que os es característica; ¿merece nuestro intachable comportamiento los intencionados epítetos ni las malvadas calumnias que en mil reuniones y papeluchos os han hecho oir y leer para concitaros contra la Monarquía tradicional, la antipatía y el ódio? ¿Es semejante conducta tan siquiera propia de personas que estimen en algo su dignidad y reputacion?

Los principios que con orgullosa constancia defendemos, jamàs han sido pisoteados por nuestras invictas huestes, como lo han sido uno por uno todos los hipócritamente inventados, sostenidos y proclamados por la revolucion. Dejariamos de ser católicos-realistas si llegàsemos por un momento à imitar à nuestros enemigos: harto lo sabeis y lo saben también los corifeos del liberalismo.

Nuestra gran comunion nacional, eterno símbolo y personificacion perpétua del leal y verdadero pueblo español, es la única, que representa las venerandas tradiciones, las imperecederas glorias, el caràcter y el sentimiento que hicieron inmortal à nuestra queridísima España. Observad, si no, y meditad sobre los viles, infames y rastreros medios que buscan infatigables y emplean los revolucionarios todos para destruir una idea que vivirà en España, mientras el Catolicismo y la Monarquía existan en el mundo y corra sangre en nuestras venas.

Si el verdadero pueblo español no se sintetizara en los defensores de las instituciones, cuyo conjunto vulgar y malamente se califica de partido, no se cubrirían ciertos bandos como se cubren con el manto de la hipocresia, titulándose realistas y católicos por grados y segun la verguenza que ruboriza sus megillas, ó mejor dicho, segun su talento, astucia ó malicia para engañar al pueblo, logrando a mansalva sus mas depravados intentos y cometiendo impunemente los mas horrendos crímenes. Esos hombres perniciosos y funestos, cien veces traidores y cien veces perjuros, son los que desde 1812 estàn consumando el triple parricidio de lesa-Religion, lesa-Patria y lesa-Majestad, invocando unas veces el ausilio del pueblo, otras el amparo de la corona y otras el socorro de la tiara, segun sus necesidades de momento, para despues de haber hecho su negocio, reirse de España, del Rey y de la Santa Sede. Esos son los villanos, eternos enemigos de nuestra patria, que, llamàndose liberales, quieren pasar por españoles, sin serlo, y por católico-monàrquicos, siendo así que no tienen ni fé, ni patriotismo, ni conciencia. Recuerda, pueblo catalan, recuerda que lo que no pudo alcanzar en España toda la ambicion y las bayonetas todas de Napoleon I, lo realizaron la hipocresía, la traicion, y la perfidia de esos miserables que, vendiéndose al extrangero, profanaron sacrílegos tu puro suelo, rasgando tus leyes, ridiculizando tus tradiciones y humillando tu grandeza para traerte una constitucion impia y estúpida tras de un extrangero rey beodo; en pos de este una reina niña, à quien despues han vendido, insultado ó abandonado y luego otro rey extrangero é imbécil, á quien han ridiculizado, y por último una tirànica y despótica dictadura que con el disfraz de república quieren les sirva de eslabon para coronar à un niño sin fuerzas, talento ni principios, que acepte y sancione las leyes extrangeras que hasta hoy han prodigado, a ellos comodidades y bienestar material, y à ti llanto, luto, miseria, deshonra y ruinas. Esos son los hombres que, invocando siempre la santa palabra libertad para seducirte, viven con tu trabajo, quitan el pan à tus mugeres y à tus hijos y han derramado mil veces inútil y bàrbaramente tu sangre, cada vez que les exigiste lo que te prometieron. Esos son los hombres, en fin, que estan también hoy al lado de tu tirano Castelar, que le aconsejan y te señalan con el dedo como su víctima espiatoria, llamàndote en su ayuda y en contra nuestra, ó mejor, en contra, de tus intereses, para comerciar una vez mas con tu sangre y engordarse, como las morenas de los antiguos estanques romanos, con los restos del esclavo pueblo español. Pero, ¡vive Dios! que haremos con los que à tanto se atreven un terrible y ejemplar escarmiento.

Se me han agolpado estas consideraciones al contemplar la indiferencia y menosprecio con que se miran las mas altas y sagradas cuestiones políticas y sociales, consintiendo impasible el pueblo español que al frente de esta mal llamada república figure y conduzca el timon del Estado el hombre mas insignificante, mas perturbador, populachero é inconsecuente, que pisa sus mismos principios y rompe sus mismas leves, sin dar razon de su mudanza ni de su conducta; el hombre que, estudiando y diciendo algunas frases de electo, aspiraba desde la oposicion al aplauso de las mugeres y de los hombres vulgares, introduciendo en las entrañas de la sociedad el veneno que él ahora no quiere probar; el demócrata que escribía sus discursos en gabinete aristocràtico y los pronunciaba con el guante blanco en una mano y el pañuelo de fina batista en la otra; el célebre Castelar, que sería por si solo capaz de desacreditar la forma republicana, si de descrédito fuese susceptible esa planta exótica en nuestra monàrquica Nacion.

CATALANES:

Nadie como el actual Dictador supo pintar las làgrimas de la madre, las angustias del padre, la aflixion de las hermanas, la desesperacion de las prometidas esposas, el quebranto de las familias, el abandono de los campos, la paralizacion de la industria, la muerte del comercio, el detrimento de las ciencias, cuando el jóven desventurado, víctima del azar, se despedía, tal vez para siempre, de sus mas predilectos objetos y de sus prendas mas queridas para ir à tejer la indigna corona de un déspota y desapiadado tirano: y sin embargo, ningun poder exigió de España una leva de OCHENTA MIL HOMBRES. Nadie como Castelar ha lamentado la inmoralidad de los cuarteles, la dura esclavitud del soldado, menos llevadera que la que sufren los negros en América; la pena de muerte; la mordaza de la imprenta etc. etc., y no obstante, el improvisado autócrata hace arrancar de sus casas y arrebatar á sus familias los mozos violentamente, hace fusilar traidora, vil y cobardemente à soldados españoles por haber puesto en práctica las teorías que él les enseñó y tanto les aconsejó; encadena, la prensa española de Una manera á que ningun gobierno de los que él llamaba reaccionarios se habia atrevido, y esto lo hace después de haberse encumbrado por medio de la imprenta à la fortuna y à la posicion que ocupa.

¿Y qué diremos de los medios à que el actual presidente de la república apela para recoger los mozos hasta completar los OCHENTA MIL HOMBRES que se propuso? Harto lo sabeis; no pudiendo llevarse otros, echa mano de los mozos inútiles, de los hijos de viudas pobres y padres sexagenarios, y si aquellós se ocultan para no servir á un gobierno que tantas veces habia proclamado la abolicion de las quintas, se venga inhumanamente de sus familias, reduciendo á prision á sus individuos ó embargándoles bienes por la exorbitante suma de MIL DUROS. No tiene bastante con esto todavía; trata ya de llamar á las armas otra reserva hasta formar un ejército de CIENTO CINCUENTA MIL HOMBRES y de armar forzadamente ademàs á todos los ciudadanos de DIEZ Y OCHO À CINCUENTA años. Esta es la libertad que tanto predicaba Castelar; ese es el ejército de voluntarios con que contaban los republicanos para sostener y defender el prestigio y la popularidad de un desdichado sistema, y con el cual, ¡Cobardes! pretendian insensatos acabar en tres dias con el ejército realista, que muy en breve dará al traste con todos los republicanos habidos y por haber.

Aun cuando el liberalismo no estuviera condenado à muerte y no luchara ya con los últimos estertores de su infernal agonía, el ejército que trata de organizar el llamado gobierno de la república, compuesto de soldados forzados de una parte y por otra de militares indignos y sin honor y hordas de barateros y asesinos, espuma de la sociedad; sería la mas evidente señal no ya de decadencia, sino de descomposicion de todas esas ridículas paródias de gobierno que llevan siempre consigo la mas monstruosa anarquia.

Levántase por otra parte la nueva sociedad española, que, llena de vida, se presenta imponente, siendo ya del todo imposible contrarestar el empuje de sus bravos soldados voluntarios que en número de mas de SETENTA MIL van al combate y á la victoria, guiados tan solo por su abnegacion y patriotismo sin igual, henchidos por el noble sentimiento de salvar á su patria del cataclismo que la amenaza. ¡Solo la gran comunion verdaderamente española era capaz de emprender tamaña empresa! Y, no lo dudeis, catalanes, Dios salvarà la España y pronto se veran coronados de gloria, nuestros heroicos esfuerzos.

Hoy los campos estan ya deslindados; por un lado los realistas que con desinterés y virtud defienden los sacrosantos principios simbolizados en la inmaculada bandera de DIOS, PATRIA Y REY; por otro los hijos espúreos de esta desventurada Nacion, que en su breve tiempo de existencia han roto y pisoteado todos los principios que constituían su credo político, destrozándose siempre entre sí para devorar los restos del exausto Erario. Elegid, pues, porque entre las dos soluciones no hay término medio. O las armonías de la benéfica Monarquia católica, ó los horrores del socialismo y la internacional.

Ha llegado para España la hora suprema en que todos los ciudadanos deben ser soldados; yo no quiero ni puedo atraerlos con violencia, pero tampoco consentiré que en las provincias de mi mando sean sacados de sus casas por la fuerza enemiga los que no tengan voluntad de alistarse en ella. Todos los que sintais el ardor de la fé, de la abnegacion y de la constancia y no querais ir à engrosar el bando de los enemigos de nuestra patria, venid à mi, que os protegeré y conduciré à un triunfo cercano, seguro y definitivo. Antes que someteros à la dura coyunda de un gobierno anti-español, sed voluntarios realistas, que, despues de la recompensa que como à soldados se os haya dado, sentireis la satisfaccion que embarga al hombre bueno, mereciendo bien de DIOS de la PATRIA y del REY. ¡A las armas! Catalanes, si no queréis ser tratados como esclavos.

¡A las armas! Catalanes, si no quereis ser tratados como esclavos. ¡A las armas! todos los que sintais inflamado vuestro pecho con la santa llama de puro españolismo. ¡A las armas! si no deseais seguir siendo viles instrumentos de cuatro farsantes y especuladores cuyo comercio es vuestra sangre!

Ya veis lo que puede esperarse y à donde puede conduciros el malhadado gobierno de la república, compuesto de sempiternos perturbadores, conspiradores, traidores y perjuros.

Y vosotros, republicanos de buena fé, (si es que hay alguno) mirad qué es lo que se ha hecho de la tan cacareada FEDERAL, de aquellos derechos naturales, ilegislables, inalienables, inprescriptibles, anteriores y posteriores, inherentes, inmanentes y permanentes y demàs gerga Salmeroniana con que os calentaban la cabeza, seducían vuestro corazon y esplotaban vuestra ignorancia, y como se protan aquellos republicanos de antaño que querían ahogar en libertad al pueblo español. Acordaos de sus promesas, ved lo que os han dado y adonde llegaron las cosas; decidíos..... Al vado ó à la puente; ó la Monarquía paternal de D. Càrlos VII, ó la tiranía de la Dictadura; ó la verdadera libertad, ó el servilismo de la esclavitud.

CATALANES:

¡Viva la Religion!

¡Viva la España Monàrquico-tradicional!

¡Viva Carlos VII, Rey de España!

¡Vivan los Fueros y Franquicias de Cataluña!

¡Muerte al liberalismo en todas sus formas!

Cuartel General de Igualada 24 octubre de 1873.

Vuestro General en Gefe interino,

       Rafael Tristany.


EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO (1 diciembre 1873)

dimecres, 17 d’octubre de 2018

El periodista carlista Juan Bautista Falcó (1865-1901)

Tal día como hoy, 17 de octubre del año 1901, fallecía en Barcelona, víctima de una rápida enfermedad, D. Juan Bautista Falcó y Cisterna, abnegado periodista tradicionalista que por su intensa actividad informativa fue apodado el «Mencheta carlista». Con motivo de esta efemérides, reproducimos la biografía que el barón de Artagan (Reynaldo Brea) le dedicó en 1912:

Juan B. Falcó Cisterna (Gerona, 1865-Barcelona, 1901)

Nació en Gerona el día 23 de Enero de 1865; á los catorce años de edad empezó ya á distinguirse como escritor colaborando en el semanario católico-monárquico titulado Lo Rossinyol, lo cual dió lugar á que se le encarcelase y á que más adelante fuese desterrado.

En la Universidad de Barcelona se hizo Abogado; fue uno de los principales redactores de El Correo Catalán; ejerció el cargo de Secretario del Marqués de Cerralbo durante el viaje de propaganda carlista que aquel ilustre prócer realizó tan brillantemente por Cataluña en el primer trimestre del año 1900.

Dirigió después el Sr. de Falcó los periódicos católico-monárquicos titulados El Correo de la Provincia, en la capital de Tarragona, La Comarca Leal, de Vich, y El Nuevo Cruzado, de Barcelona.

Fundó y dirigió en la capital del Principado, desde mediados del año 1895 hasta principios del de 1898, la importantísima Biblioteca popular carlista, excelente revista mensual de la que fueron colaboradores los principales escritores tradicionalistas: el Marqués de Cerralbo, los generales de Artillería carlista D. Antonio de Brea y D. Joaquín de Llorens; los de Infantería D. R. Cesáreo Sanz, D. Leoncio González de Granda y D. José B. Moore; los diputados á Cortes D. Juan V. de Mella, D. Bartolomé Feliú, D. Manuel Polo Peyrolón y D. Miguel Yrigaray; los directores de periódicos Conde de D.ª Marina (de El Basco), D. Salvador Morales (de El Correo Catalán), D. Benigno Bolaños (de El Correo Español), D. E. de Echave-Sustaeta (de El Pensamiento Navarro), D. Manuel Roger de Lluria (de El Loredán) y D. José Rodríguez (de El Centro); el Barón de Albi, el Conde de Melgar y los antiguos oficiales carlistas D. Joaquín Aranda (de Caballería), D. Reynaldo de Brea (de Estado-Mayor) y D. Carlos Cruz Rodríguez (de Administración Militar).

También se distinguió mucho nuestro querido é inolvidable amigo D. Juan Bautista Falcó como activo é ilustradísimo colaborador de El Correo Español, de Madrid, así como de la ilustración católica La Hormiga de Oro, de Barcelona, y falleció cristianamente en la capital del Principado el día 17 de Octubre del año de 1901.


Tomado de Bocetos tradicionalistas (Barón de Artagan, 1912), pp. 261-262.

dimarts, 15 de maig de 2018

Entrevista a Josep Cabaní Bassols (1895-1976), director d'El Correo Catalán abans de la Croada d'Alliberament

JOSEP CABANÍ BASSOLS *

«El càrrec de director significava, aleshores, un risc d'envergadura.»

Fotografia d'un homenatge a Josep Cabaní, gerent d'El Correo Catalán,
per les millores introduides en el diari (El Siglo Futuro, 10 de març 1936)

La nit del 18 de juliol de 1936 el senyor Josep Cabaní Bassols serà l'únic dels directors de la Premsa barcelonina que tindrà puntual coneixement, amb caràcter oficiós, que l'aixecament militar va a produir-se la matinada immediata. Allò que més o menys hom suposa, ell ho sap de font absolutament fidedigna. És ben clar: el seu diari, El Correo Catalán, és, aleshores, l'únic bel·ligerant dels de la banda dreta dels nostres medis informatius. La Comunió Tradicionalista, de la qual és òrgan, s'ha arrenglerat arreu d'Espanya al costat de l'Exèrcit. Els carlins de totes les edats, tres generacions compreses, es presenten a les casernes per prendre les armes, a Navarra amb Mola; a les Canàries i al Marroc amb Franco; a Barcelona, a les ordres de la UME. Lluitaran durant la contesa en tots els fronts en primera línia, i amb la «cinquena columna» de la reraguarda republicana. La contribució de sang del Carlisme serà realment elevada, impressionant, igual que el segle XIX.

La vinculació del senyor Cabaní amb El Correo Catalán comença ideològicament molt jove. Membre del seu consell d'administració; més tard, durant els anys 1933 i 1934 en serà gerent. El 1935 li és conferida, a més, la plaça de director, perquè el senyor Joan Soler Jané l'ha deixada per poder atendre millor les seves obligacions com a regidor de l'Ajuntament de Barcelona.

«—El càrrec significava en aquells moments —em diu— un risc d'envergadura. Equivalia a jugar-me la vida, a viure en continu sobressalt, totes les hores. Fitxat i vigilat per l'extrema esquerra, l'any llarg que l'exerceixo m'obligarà a canviar prudentment, dues vegades, de domicili. Persones d'absoluta confiança m'avisen renovadament que és una temeritat per a mi, circular sol pel carrer. Un mes abans del 18 de juliol, acompanyat pel redactor Ricard Suné, visito el delegat especial d'Ordre Públic coronel Caselles, que em facilita escorta de policia. Sóc l'únic director que la necessitaria.»

Demano l'ambient que es respirava, pel periòdic, aquell dissabte...

«—Vam treballar com tots els dies —evoca el senyor Cabaní—. Normalitat absoluta a la redacció i als tallers. Vull dir que era al seu lloc tothom qui havia d'ésser-hi. Molta precaució amb l'escassa informació nacional que ens arriba de les agències. Constant contacte amb Censura. Recordo ara que va fer-nos canviar els títols de primera plana.»

—Vostè sabia que la cosa era tant imminent?

» —Anem a pams. Coneixement del que es preparava, oficialment, no. Quan algú em consultava, fos dels nostres o simple simpatitzant amb el canvi que esperàvem, a tots deia el mateix: "No sé res. Jo dono la cara des del diari." No enganyava a ningú.»

«JO ERA AL PEU DEL CANÓ»

La nit del 18 de juliol el senyor Josep Cabaní ocupa, igualment, el seu despatx del diari.

«—Quan divendres coneixo per les emissores estrangeres l'alçament de l'Àfrica espanyola, es fa lògic suposar que aquest s'estendrà com un regueró de pólvora per la península. Els mateixos esquerrans ho temien. Com a director de El Correo Catalán no podia desertar del meu lloc. Matisaré. Jo era al peu del canó amb el pressentiment que "ho teníem damunt". Ara bé. El nostre cap regional i delegat regi Tomàs Caylà havia dit que "m'ho faria saber a temps". Com sigui que aquella tarda del dissabte no compareix pel carrer de Banys Nous, penso si s'haurà ajornat el moviment. Torno al periòdic després de sopar. Serien les onze quan Caylà entra a veure'm. "Aquesta matinada", fa quan estem sols i a cau d'orella. Sóc circumspecte i formula observacions. "No pots jugar-te l'organització el primer dia. Ho teniu tot ben articulat?" Caylà se'm mostra esperançat.
Fotografia de l'homenatge a Joan Cabaní el març de 1936

»Guardo la notícia per a mi. Cap a les dues de la matinada me'n vaig a casa. Em consta que el diari va tirar-es com de costum. Els carrers, força normals en la ruta que porta a l'avinguda del Marqués del Duero, on jo vivia. No dormo. Cap a les cinc, passa la tropa pel davant de casa. El 20, quan Goded anuncia la rendició, em procuro amagatall. Estableixo contacte amb tots els amics que se m'ocorren; cap no em brinda hospitalitat. Tothom està mort de por, excepte un, el comerciant de maquinària tèxtil senyor Jaume Castells, a qui havia tractat privadament, que m'ofereix el seu domicili del carrer de Girona. Hi romandré fins el 3 d'agost.»

EL PAS DE LA FRONTERA

Per eludir responsabilitats, el senyor Josep Cabaní es refugia a la zona de Torrellas del Llobregat
—ens explica— fins el mes de maig següent.

«Allí tindré oportunitat d'informar-me de la incautació del diari pels del POUM: de l'assassinat del meu germà Llorenç, absolutament apolític, el 9 d'agost, i que el meu pis ha estat ocupat per uns refugiats que, en acabar la guerra s'ho enduran tot, llevat dels mobles.»

«La primavera de 1937 aconsegueixo travessar la frontera per la comarca de la Garrotxa. Finida una fatigosa i inacabable caminada, arribo al primer poble francès de l'altra vessant, Lamanère, on sóc, certament, molt ben atès. L'endemà marxo a Sant Sebastià. A la frontera d'Irun ve a rebre'm l'amic Mataqué.

»A la zona nacional em dono a conèixer i se'm fa objecte d'una cordial recepció. El cap dels serveis de Premsa, Giménez Arnau, em proporciona carnet oficial datat a Burgos, i se'm reconeix la condició de director de El Correo Catalán. Ai las!, però. Passat un cert temps se'm comunica que per al mateix càrrec ha estat designada pel "mando" una persona distinta. Sabré qui és. Sorpresa majúscula. Ara ja és mort. Erem força amics. Puc assegurar que jo no ho hauria dit mai. Opto pel silenci més absolut. No em vull incomodar amb ningú, oi més quan he salvat miraculosament, en poc temps, per dues vegades seguides, la vida. Però vaig quedar escarmentat.

»Un cop finida la guerra, seré una altra vegada gerent del meu diari fins a 1942 i, més tard, conseller-delegat del 1950 al 1954.»


Josep Cabaní Bassols morí el 15 de maig de 1976. *



Joan Sariol Badía, Petita historia de la guerra civil: vint-i-tres testimonis informen, pp. 113-116.


Notes del blog La Tradició de Catalunya:

* Josep Cabaní i Bassols va néixer el 6 de febrer de 1895. (Vegeu: Índex alfabètic de defuncions de l'Ajuntament de Barcelona).

* L'autor del text que reproduïm escriu, erròniament, "Joan Cabaní Bassols". Hem canviat "Joan" per "Josep" en totes les referències al nom de l'entrevistat.

dimarts, 13 de març de 2018

Barcelona. Constituido el Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau


Barcelona, marzo 2018, mes de San José. (Corresponsal). El pasado sábado 3 de marzo tuvo lugar en la Ciudad Condal la fundación del Círcol Tradicionalista Ramón Parés i Vilasau (Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau) por parte de un grupo de carlistas catalanes, leales al legítimo Abanderado, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. A lo largo de esta primera sesión se expuso la naturaleza y razón de ser de los círculos carlistas en general y del recién fundado en particular; se dieron algunas noticias sobre la vida del insigne carlista barcelonés que da nombre al círculo, a saber, Ramon Parés y Vilasau, de cuya obra quiere éste ser heredero y continuador.

A continuación, siguió un sucinto resumen de la historia del Carlismo, en particular de los hechos acaecidos en la segunda mitad del siglo XX, a fin de recordar la justeza y verdad de los derechos que abandera S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, y la mendaz perfidia de muchos de sus detractores. Finalmente, descritos algunos pormenores acerca del funcionamiento del círculo, se leyeron y comentaron algunos pasajes de Juan Vázquez de Mella —cuyo aniversario quería conmemorar la reunión— sobre las verdaderas libertades de los fueros y contra la corrupción y barbarie judeo-masónica llamada a sí misma catalanismo. Terminada la reunión, asistieron los presentes a los devotos actos de los cinco primeros sábados de mes, y a la subsiguiente Santa Misa, celebrada según el rito inmemorial romano.

No pueden terminarse estas líneas sin dejar de hacer mención al deseo expreso de Don Sixto Enrique de Borbón, Conde de Barcelona, de la fundación del círculo, así como al gran interés por el Principado de Cataluña de los miembros de su Secretaría Política, y a la ayuda y consejo de Elena Risco Donaire, del Círculo Isabel la Católica.


dilluns, 22 de gener de 2018

Rvdo. Teodoro Magriñá

Mosén Teodoro Magriñá (1838-1922)
durante la Tercera Guerra Carlista
Tal día como hoy, 22 de enero de 1922, entregaba su alma a Dios el reverendo cura párroco de Bráfim D. Teodoro Magriñá y Molins, a los 83 años de edad.

El Rvdo. Magriñá, ante los desastres que la República sectaria ocasionaba a la Patria y como entusiasta tradicionalista, luchó denodadamente en las filas carlistas, alcanzando en ellas por su valor y denuedo el grado de comandante.

Terminada la guerra se dedicó a la carrera parroquial, siendo párroco de Bráfim a los 39 años, cargo que desempeñó por espacio de 44 años. Varón de clara inteligencia e indomable energía, acabó con las rencillas locales, logrando con su celo verdaderamente apostólico volver al redil de la Iglesia a la mayoría del pueblo que de ella estaba distanciado.

Por los arzobispos Vallmitjana y Costa y Borrás, que le tenían en gran estima, le ofrecieron sillas en sus Cabildos y cargos cerca de sus personas, que declinó en aras de su cariño a sus feligreses.

En su entierro se patentizaron las simpatías de sus feligreses en que ni un sólo vecino trabajó, para asistir a la inhumación de su cadáver.

El Norte (Gerona, 12 de febrero de 1922)

diumenge, 7 de gener de 2018

Entrevista a Claudi Colomer (1921-2015), l'últim director «carlista» d'El Correo Catalán

Avui fa tres anys de la mort de Claudi Colomer Marqués, últim director «carlista» de l'històric diari de Barcelona El Correo Catalán. Entrecomillem l'adjectiu «carlista» perquè dubtem que sigui adient per a una persona que defenia «els avantatges del pluralisme», que presumia d'haver tingut col·laboradors democristians i de l'antiga Lliga i que va acabar afiliat al partit joancarlista Unión Nacional Española i Alianza Popular.

El Correo s'havia fundat l'any 1876 com a successor de La Convicción —diari carlí de Barcelona durant el Sexenni Revolucionari— per a defensar els ideals de la Comunió Catòlico Monàrquica. Els seus fundadors foren Manuel Milà de la Roca —qui havia participat en la tercera guerra carlina i havia estat secretari personal de Carles VII— i el prevere Fèlix Sardà i Salvany, autor de la cèlebre obra «El liberalisme és pecat». Gràcies sobre tot al treball del seu segon director, l'abnegat publicista tradicionalista Lluís Maria de Llauder —qui abans havia dirigit La ConvicciónEl Correo aconseguiria consolidar-se com una de les principals capçaleres de la premsa barcelonina.

Després de la Croada d'Alliberament Nacional (1936-1939), durant la qual els roigs van tancar El Correo, Diego Ramírez Pastor (àlies «Jorge Claramunt»), carlí «unificat», se'n va fer càrrec de la direcció fins al 1946. La derrota de les potències de l'Eix impulsaren el règim franquista a abandonar el totalitarisme i tractar de modernitzar-se, admetent una certa pluralitat. En aquest context, Claudi Colomer, qui només tenia 25 anys, va accedir a la direcció d'El Correo Catalán. Quan Colomer marxà deu anys després, el 1957, El Correo, segons declaracions del propi Colomer, «es va despolitizar» i va deixar de reivindicar la raó per la qual havia nascut: el carlisme.

En l'entrevista que reproduïm, Colomer destaca com a mèrits propis haver portar com a col·laborador del diari el jesuita José María de Llanos, qui ja començava a destacar-se per la seva heterodòxia i que poc després esdevindria comunista; haver publicat pastorals contràries als ideals tradicionalistes del nefast prelat Tarancón, quan era bisbe de Solsona; o haver permès que els lliguers, que no tenien cap diari, fessin seu El Correo Catalán, la qual cosa no havia passat ni tan sols durant la direcció del pro-catalanista Miquel Junyent. El mateix Colomer, quan encara no havia abandonat el carlisme, s'havia vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, organització de tendència demòcrata-cristiana.

Sota la direcció del seu successor, Andreu Roselló Pàmies —qui havia estat nomenat sots-director per Colomer—, el diari passaria a defensar un catalanisme moderat i la democràcia cristiana, pel que sembla, amb el vist i plau de Fomento de la Prensa Tradicionalista, S.A., societat editora del diari, que va fer traició dels ideals fundadors de l'empresa. El diari esdevindria un dels preferits de l'oposició antifranquista i la societat acabaria sent comprada l'any 1974 per Jordi Pujol, qui li canvià el nom pel de Foment de la Premsa S.A., treient l'adjectiu «tradicionalista». El Correo, que havia perdut la seva raó de ser i ja no interessava ni feia falta a ningú, va quebrar pocs anys després, amb acusacions al posterior president de la Generalitat joancarlista d'actuacions fraudulentes.

Pel seu interès històric, hem volgut reproduir l'entrevista que li van fer a Claudi Colomer l'any 1995.



Claudi Colomer, el director més jove del franquisme

Amb només 25 anys va fer-se càrrec, el 1946, de la direcció d'El Correo Catalán


Claudi Colomer (fotos: Laura Guerrero) 
—Jaume Fabre—

Comencem en aquest número de Capçalera una sèrie d'entrevistes a periodistes veterans que han ocupat, en el passat, càrrecs directius en diaris de Barcelona. Part del material de les entrevistes ja realitzades ha estat utilitzada per al llibre La premsa uniformada, sobre els diaris barcelonins dels primers anys del franquisme, de publicació imminent dins la col·lecció Vaixells de Paper. Aquesta sèrie d'entrevistes, que podria titular-se perfectament "Els ex", és com un primer tast del llibre i una visió més detallista, i a la vegada més humana i lleugera, d'alguns dels temes que s'hi tracten. Comencem amb Claudio Colomer Marqués, únic director sobrevivent dels que ho van ser als anys quaranta.

* * * * *

Diego Ramírez Pastor, director d'El Correo Catalán des de la primera meitat dels anys quaranta, va ser acomiadat el 1946 amb males maneres: un dia es va trobar la porta del seu despatx tancada, amb fustes clavades per la banda de dins. Ramírez, tot i que era d'origen carlí, no havia estat mai un director a gust dels propietaris del diari, però en la primera meitat dels anys quaranta qui manava als mitjans de comunicació no era l'empresa, sinó el ministeri de Governació.

Va ser succeït en la direcció per Claudi Colomer Marqués, que va fer un salt professional espectacular des de la corresponsalía del diari a Madrid. Colomer, nascut el 18 d'abril de 1921 a Granollers, va començar la carrera periodística als setze anys a la seva vila natal, on va fundar i dirigir el setmanari local Estilo, després anomenat Vallés, que encara existeix.

Va fer la carrera d'advocat a Barcelona i, un cop acabada, va haver d'anar a fer el doctorat a Madrid. Aprofitant la seva estada a la capital, va matricular-se, als 22 anys, a l'Instituto de Estudios Políticos, que dirigia Fernando María Castiella, i a l'Escola Oficial de Periodisme, que dirigia Juan Aparicio.

La seva mare pertanyia a una família arreladament carlina, cosa que li va permetre agafar la corresponsalía d'El Correo Catalán a Madrid. La seva amistat amb l'editor Luis de Caralt li va permetre agafar també la corresponsalía de Radio España.

A Madrid, aquell jove que prometia va relacionar-se de seguida, en funció de la seva feina, amb alguns polítics que el van ajudar. Però no es va limitar al món carií que més directament havia de beneficiar amb les seves informacions, sinó que va saber diversificar el cercle de les seves relacions polítiques, que anaven des del tradicionalista ministre de Justícia Antonio Iturmendi fins al d'Afers Estrangers, vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Alberto Martín Artajo. Precisament l'arribada d'aquest al govern, el juliol de 1945, va ser decisiva per al nomenament de Colomer com a director d'El Correo. Acabada la guerra mundial, calien aires nous, anar arraconant les camises blaves i les boines vermelles i donar pas a gent jove amb ambició. Colomer era la personalitat ideal. El jonsista Juan Aparicio, que l'havia conegut bé a l'Escola de Periodisme, el va apadrinar també, per tenir un xicot de confiança a Barcelona. Així va desembarcar Colomer el 1946 a la direcció d'El Correo, amb només 25 anys, un cas insòlit de joventut en un càrrec de tanta confiança.

—En començar la guerra civil, jo tenia 15 anys i ja havia desfilat vestit de requetè en les concentracions que durant la República havíem fet a Montserrat i Poblet. Per part de la meva mare hi havia una gran vinculació amb el carlisme, però per part del pare més aviat eren gent no política, per bé que conservadora. 

—No el van allistar, ni en la quinta del biberó...

—Jo havia sofert un accident de caça i vaig perdre un peu. Era mutilat. Això va fer que passés la guerra a la reraguarda. Vaig veure desaparèixer els que havien estat els meus caps polítics, i companys meus del requetè, com el mestre de Parets i els seus dos fills, o el germà gran dels Riera Marsà, que tenia 22 anys... Per això, en acabar la guerra, jo tenia una visió molt maniquea de la realitat: havia vist matar companys meus, cremar esglésies, col·lectivitzar les fàbriques. La meva visió era molt elemental: els uns bons i els altres dolents. Després vaig anar veient que tot era molt més complex.

—La guerra li va interrompre els estudis en un moment clau de la seva vida...

—Així i tot vaig poder acabar la carrera de Dret a Barcelona, el 1942. Aleshores el doctorat no es podia fer aquí, calia anar a Madrid, i vaig haver-hi d'anar. Un cop allà, vaig aprofitar per matricularme també a l'Escola Oficial de Periodisme.

—De què li venia, l'afició al periodisme?

—Jo havia fundat, als 18 anys, a Granollers, un setmanari local, que encara existeix amb el nom de Vallés.

—Crear una publicació en la immediata postguerra no devia ser fàcil...

—Ho vaig fer perquè, un cop dins de la política, jo tenia unes limitacions evidents, per la meva invalidesa i perquè no era un gran orador. Així que vaig preferir manifestar-me políticament a través del periodisme... Jo no volia que aparegués com una publicació oficial de la Jefatura Oficial del Movimiento, sinó com una empresa privada, que és el que realment era. Però tampoc podia aparèixer com a publicació carlina, i vaig haver-me de camuflar amb el yugo y las flechas, cosa que va ser molt mal vista pels companys carlins. Però no tenia aleshores una dependència directa de la Jefatura del Movimiento: era veritablement una empresa privada, que fins i tot proporcionava alguns guanys, perquè jo sol m'ho feia tot i no hi havia despeses. Però jo no em volia quedar per sempre a Granollers només per mantenir-la, i els que la van agafar quan vaig marxar ho van fer amb uns altres plantejaments i van haver d'agafar una dependència més gran del Movimiento.

—El carlisme s'havia integrat amb Falange i les JONS en el partit únic....

—Mentre vaig ser a Granollers jo pensava que aquesta integració era bona, però quan vaig sortir de Granollers vaig veure que no hi havia tal integració, sinó un intent d'absorció i eliminació dels grups tradicionalistes, que si l'any 36 eren una minoria, l'any 40 havien crescut molt, perquè s'hi havien integrat gent que no volien tenir uns ideals totalitaris però que no podien expressar-se a través de cap altre partit, com la gent de la Lliga. El carlisme era molt fort com a esperança.

—L'únic jove carlí de Catalunya a l'Escola Oficial de Periodisme de Madrid, el 1943, era un fitxatge inevitable per a El Correo Catalán...

—La meva experiència com a periodista local va ser un argument de pes. Jo ja havia fet de corresponsal del diari a Granollers, i quan vaig marxar em van demanar que els busqués substitut: els vaig proposar en Josep Verde Aldea, l'actual eurodiputat socialista, que és efectivament qui va continuar la corresponsalía d'El Correo a Granollers. La crònica de Madrid la passava cada nit per telèfon, l'agafava el taquígraf a mà, ho passava a màquina i d'allà anava a la linotipia. Les meves cròniques eren evidentment político-tradicionalistes. També havia de parlar de temes de folklore local, però quan hi havia una ocasió —com ara una conferència o la presentació d'un llibre— per exaltar els nostres polítics, com en Joaquim Bau, o la gent més pròxima al tradicionalisme doctrinari, com en Pemán, ho feia, evidentment.

—Va tenir problemes amb la censura?

El Correo Catalán tenia una situació especial, vivien dintre d'una nebulosa. Els mèrits que havien fet tants combatents carlistes morint en la guerra civil li donava una certa patent de cors davant la censura. A més, estava vinculat molt fortament amb els bisbes, als quals feia continus favors publicant-los les cartes pastorals i exaltant la seva labor. La censura tenia la impressió que si ens tocaven a nosaltres, tocaven l'Església. Per això, el diari tenia un censor eclesiàstic propi, el canonge provisor doctor Baucells —que, per cert, era sord—, i la censura política donava per bo el que ell decidia. A més, tots ja sabíem en quin terreny ens movíem, i escrivíem en uns termes tan abstractes, que la censura poca cosa hi tenia a dir. Recordo que en un dels meus primers articles, per criticar la multiplicitat de jurisdiccions especials que va crear el franquisme —de responsabilitats polítiques, de contraban, de delictes monetaris...—, vaig haver de parlar de la feina dels advocats i dels juristes i citar sant Ramon de Penyafort. Un altre cop, per destacar els avantatges del pluralisme, vaig comparar el monoteisme tomista amb la visió del món de sant Agustí, que veia un Déu més plural, que contenia a la vegada Amor, Intel·ligència, Ordre i Legalitat. Va agradar molt als bisbes, que van veure que sabia molta teologia, però no sé si el lector va captar el que volia dir. Sempre podies colar alguna coseta, perquè hi havia censors que, amb tots els respectes personals, eren bastant..., com ho diré?: que no s'adonaven del que deies.

—La caiguda de Ramírez Pastor va ser la seva gran oportunitat...

—El Diego Ramírez Pastor va venir nomenat de Burgos. En els primers temps, amb Serrano Suñer, van voler fer una premsa més homogènia. En Ramírez Pastor procedia del carlisme i era una persona de tota honradesa, però havia vingut amb la prepotència característica dels que arribaven a Barcelona directament des de Burgos. Sempre va estar marcat pel fet que a ell no l'havia nomenat el president del consell d'administració, en Joaquim Gomis. Això va crear una mena d'incompatibilitat personal del director amb el consell de Fomento de la Prensa Tradicionalista. Per això, quan van poder fer-lo fora i nomenar-me a mi, va ser com un alliberament. Jo era amic seu...

—I el director més jove de Barcelona, amb 25 anys...

—Venia amb idees noves. A Madrid havia conegut el padre Llanos, que encara no era el comunista que va ser després, però que començava a despertar interès pel que deia. El vaig portar de col·laborador. També m'havia vinculat, sense deixar el carlisme, a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, on cabia des de la democràcia cristiana als catòlics autoritaris. Precisament un dels homes més representatius d'aquest grup, el Martín Artajo, quan va arribar a ministre d'Afers Estrangers va ser qui em va donar l'empenta definitiva per ser nomenat director d'El Correo. Ja era amic meu abans de ser nomenat ministre. Curiosament, el que ell va posar com el seu home de confiança a la premsa, el director general Cerro Corrachano, va ser el qui vaig tenir més conflictes com a director, especialment a causa de la publicació de les pastorals del Tarancón, que aleshores era bisbe de Solsona. Feia pastorals sobre el barraquisme o les titulava "Justicia, pan i trabajo" i jo en publicava el text íntegre com a fulletó colleccionable. El Cerro va amenaçar-me diverses vagades de destituir-me. Era una gran persona, però quan va arribar al càrrec va descobrir el poder de l'estat. Quan s'empipava amb mi perquè publicava les pastorals del Tarancón, jo li deia que si aquest havia estat presentat al cap de l'Estat i n'havia rebut el vist-i-plau, jo no podia tenir cap sospita sobre la seva lleialtat ni creure, com deia el Cerro, que les seves pastorals soscavaven els fonaments del règim. "Esto no quiere decir nada, porque también acabamos de nombrarte director de El Correo Catalán y podemos destituirte". "A mi sí", li vaig dir, "pero al obispo de Solsona, no".

—La relació d'un director d'un diari de Barcelona era més forta amb Madrid que amb el governador civil?

—La censura d'aquí tocava petites coses de detall: que si un regidor havia dit això, que si una crítica de teatre contra un dels autors preferits del règim... Però quan tocaves una cosa més de fons, en un editorial, per exemple, els d'aquí ja no sabien gaire com anava. Perquè encara que el règim semblés monolític, no ho era tant. El director general de Premsa podia ser demòcratacristià i el governador civil d'aquí, d'una línia completament diferent. Per això ens enteníem directament amb Madrid. A l'època del Juan Aparicio a la direcció general de Premsa, com que era gran amic meu, aquí els de censura ja podien dir el que volguessin, que jo sabia que tocaven d'oïda. Si m'obrien un expedient, em quedava tan el tranquil. Els falangistes sempre demanaven el meu cap, però jo tractava sempre de fer-los veure a Madrid que aquí de falangistes no n'hi havia hagut mai, i que si no es recolzaven en els quatre carlins que tenien, malament. M'havien e donar la raó.

—Però, de fet, els periodistes en què més es van recolzar van ser els lerrouxistes.

—Al Correo no n'hi havia pas...

—Quan vostè va arribar a la direcció, en ser tan jove, es devia crear una situació curiosa en les relacions amb els redactors del diari, que en general eren gent molt gran.

—És normal, quan arriba un director nou, que es recolzi en uns quants companys de confiança. Jo al principi estava una mica espantat, davant aquells sants barons: monsenyor Lisbona, el Junyent... Cada dia, abans d'anar al diari, passava per la Catedral a encomanar-me a Déu. N'hi havia que em duplicaven l'edat, i en general tots tenien més experiència que jo. Però alguns em van ajudar des del primer moment, com per exemple el Tarin. Vaig portar col·laboradors nous, com en Duran i Ventosa, de la Lliga, que signava "Oldest". Dels fitxatges de redactors que vaig fer, uns van sortir més bé i altres no tant. El primer que vaig portar va ser l'Esteve Molist, que era un escolà de Vic molt amic del Luis Santamarina, que volia imitar. Escrivia com ell una literatura de castellano viejo que no tenia res a veure amb la realitat. El vaig conèixer un cop que vaig anar a Vic a donar una conferència. Em va semblar un noi que prometia i li vaig aconseguir una beca perquè pogués estudiar a Madrid. Quan va acabar la carrera el vaig fer entrar al Correo. Com que també era jove, als vells no els va semblar gens bé. Un altre que vaig fer entrar era el Jaume Pol Girbal, empordanès, de qui es deia que escrivia quasi com en Pla, i també en Josep Pernau, i l'Ibáñez Escofet...

—Però també en van marxar bons periodistes, com Manuel del Arco.

—La seva marxa no va tenir res a veure amb la meva entrada. Va ser perquè al Diari de Barcelona li van oferir més diners que al Correo. En marxar, el vaig substituir pel Soler Serrano, que feia l'entrevista diària, i el Muntañola, que feia la caricatura. I després d'un any i mig fent-ho ells, ho va agafar el Pernau. El Pernau el vaig conèixer a l'Escola de Periodisme, que jo dirigia. Era mestre i parlava amb un accent lleidatà terrible. Li dèiem "Lo Pernau".

—A l'època que vostè va estudiar a l'Escola de Madrid, hi havia algun altre català?

—De català no en vaig conèixer cap. El que sí que hi havia era Horacio Sáenz Guerrero, que era de La Rioja, i quan va acabar el van enviar aquí a La Vanguardia.

—Com va anar la creació de l'Escola de Periodisme de Barcelona?

—Ens trobàvem que aquí hi havia molts bons periodistes que treballaven normalment però no estaven al Registre Oficial ni havien passat per l'Escola de Madrid, i calia regularitzar la seva situació. Acabada la guerra, quan el Serrano Suñer va crear el Registre Oficial de Periodistes, es va dir que podien inscriure-s'hi els que estiguessin treballant en una redacció el 1939 o els que a partir d'aquell moment sortissin titulats de l'Escola Oficial. La majoria van fer la sol·licitud, amb els avals i certificacions necessaris, i si van passar la depuració, van ingressar al ROP, que era requisit indispensable per treballar. Però alguns que havien treballat abans de la guerra no van voler demanar la inscripció, per por, i altres que van començar a treballar després no havien passat per l'Escola Oficial. Gent com l'Angel Zúñiga, el Sempronio, el Néstor Luján, el Llorenç Gomis, el Julio Manegat o el Julià Mir —que després va fundar el Dicen— estaven en fals; alguns perquè havien treballat en premsa catalana o havien estat inscrits en un sindicat i no podien legalitzar la seva situació, i d'altres perquè havien començat a treballar sense passar per l'Escola. Fins i tot alguns Pérez de Rozas estaven en una situació d'intrusisme, que van regularitzar amb aquell curset. Per això vaig convèncer l'Aparicio que, ja que la realitat no s'adaptava a la legislació, calia adaptar la legislació a la realitat. No els podíem enviar pas tres anys a Madrid, a gent que eren mestres del periodisme, i per això vam muntar un curset d'estiu. Primer pensàvem en una trentena, però al final n'hi vaig fer entrar setanta-sis. Alguns dels que vaig colar no tenien tants mèrits per entrar-hi com altres que van quedar-ne fora, en el sentit que feia molt poc temps que eren al periodisme, com l'lbáñez Escofet o el Llorenç Gomis, o bé que només eren nois que prometien, com el Luis Ezcurra. Això em va fer molt mal veure d'alguna gent que feia temps que publicaven coses en premsa i que no els vam deixar entrar al curset, com el Martí Farreras o la Llucieta Canyà. Deien que jo havia afavorit els que treballaven al Correo. Amb el curset d'estiu ja van tenir tots el títol de periodista i van poder-se inscriure al ROP.

—Però aquest curset d'estiu va ser una cosa diferent de l'Escola...

—Sí. Acabat el curset vam crear l'Escola de Periodisme de Barcelona. L'Aparicio va concedir que es poguessin fer dos cursos aquí i que només s'hagués d'anar a fer a Madrid el tercer, amb beca. Es va començar en unes sales de l'Ateneu, gràcies al fet que jo n'era directiu, i també el Gual Villalbí. Per pagar alguna cosa als professors, vam demanar als diaris que ens subvencionessin. La Vanguardia va ajudar força, i per agrair-li l'ajuda l'Aparicio va obtenir per al comte de Godó la gran creu del mèrit civil. A l'hora de fer-l'hi saber, no va voler que ho fes el delegat provincial del ministeri, sinó que em va demanar que ho fes jo. Al final vam haver de marxar de l'Ateneu, perquè protestaven molt, fins i tot a Madrid. El que més ens va perjudicar va ser l'organització dels col·loquis: cada setmana organitzaven uns debats públics, amb diversos ponents, en els quals els alumnes de l'escola feien preguntes, però era obert al públic. Hi havia cues al carrer, fins al punt que alguns debats vam haver-los de traslladar a la sala Mozart, i fins i tot al Price, perquè la gent no cabia a la sala de l'Ateneu. Era com els actuals debats a televisió, però l'any 1953, en una època que al nostre país no es feien coses d'aquestes. Sovint venia el mateix Aparicio a moderar-los, i si no, ho feia jo mateix. Els diaris en publicaven resums. He buscat a la premsa de l'època i n'he trobat, per exemple, un que es deia "¿Cómo conquistó usted la fama?", en el qual hi van participar Joan Miró, Hipólito Lázaro, el Samitier, el Josep Ciará, la Raquel Meller, en Josep Maria de Sagarra... O un altre quan hi va haver el cas Di Stefano, que va ser dels de més èxit. Tanta expectació despertaven, que fins i tot vam arribar a cobrar entrada, i d'aquesta manera obteníem recursos per a l'Escola, que n'anàvem molt mancats. Buscàvem patrocinadors per als viatges de fi de carrera, i per poder-nos finançar, un any fins i tot vam portar el Milà a jugar un partit amistós amb el Barça, que havia quedat campió de Lliga, i vaig aconseguir, després de parlar amb el general Moscardó, responsable polític de l'esport espanyol, que el Madrid ens deixés el Di Stefano per jugar també en aquest partit. El dia de l'aniversari de l'alliberament de Barcelona vam emplenar l'antic estadi del Barcelona i vam treure un milió de benefici. Aleshores vaig cometre un error de joventut, i com que amb quatre-centes cinquanta mil pessetes ja en teníem prou per eixugar els dèficits de l'escola, vaig anar a veure el governador civil, amb qui no mantenia gaire bones relacions, per lliurar-li la resta, i que ho destinés a beneficència. Carai! Quan el governador va veure que havíem obtingut un milió de pessetes, va dir que l'any següent ja l'organitzaria ell, "el partido benéfico". O sigui, que no en vam poder muntar mai més cap. Tot això, l'Ateneu no ho veia amb bons ulls, i el Florentino Pérez Embid, que era director general de Cultura, crec, i els Ateneus depenien d'ell, ell mateix, que m'havia nomenat a mi i el Gual Villabí directius de l'Ateneu, ens en va fer treure l'Escola de Periodisme. Va ser aleshores que vam anar a parar a Santa Mònica.

—On ara hi ha una sala d'exposicions de la Generalitat, al capdavall de la Rambla. Com hi van anar a parar?

—Aquell convent va passar a l'administració civil en les desamortitzacions del segle passat, però no sabien què fer-ne. Encara que estava vinculat a la parròquia del costat, era patrimoni de la Diputació. I ens ho van deixar per a l'Escola, a falta de res millor. I així vam continuar. Però després de l'Aparicio van posar a la direcció general un doctrinari sofista, el Muñoz Alonso, que va tancar l'escola de Barcelona. Era un que publicava llibres titulats José Antonio, un soñador para un pueblo, i coses així. Com que a l'Escola de Periodisme d'aquí ens movíem en un terreny molt tècnic, i no volíem adoctrinar els alumnes, ni políticament ni religiosament, em va sustituir per l'Ezcurra, després de cridar-me un dia per dir-me que hi havia una quantitat de denúncies en contra meu, perquè teníem molts alumnes que no eren de fiar, i que hi havia una llibertat entre nois i noies excessiva.

—N'hi havia gaires, de noies? Perquè a les redaccions no n'hi havia ni una...

—Es va posar de moda, entre les noies de la burgesia, estudiar periodisme. Però, naturalment, quan acabaven els estudis es casaven i no exercien la carrera. Per allà va passar, per exemple, la Bibí Salisachs, la Maria Marquès, filla d'una gran família d'industrials de Vilanova i la Geltrú, i la noia Giró, neboda del Godó, i que aleshores tenien l'empresa de motos Montesa. També hi venia la Carmen Trias de Bes, que va arribar a fer algunes cròniques de futbol per al Correo. També hi venien molts frares i capellans, perquè els ordes religiosos necessitaven gent titulada per dirigir les seves publicacions, molt abundants.

—A la seva època, El Correo fa el trasllat des de Banys Nous a la Rambla, als baixos de l'hotel Montecarlo, després de comprar la rotativa de Las Noticias...

—Vaig muntar una empresa a la qual vaig posar el nom de Gráficas Industriales, i aquesta empresa va comprar als Roldós la rotativa amb què havien fet Las Noticias fins al 1939. Amb ella imprimiríem El Correo i altres coses per a tercers. El primer client que vam tenir va ser el Dicen. Vam tractar amb el Roldós i al final li vam comprar la rotativa per dos milions i mig, quan el preu del mercat era de deu. Vam veure que ens sortia més a compte llogar als Roldós el local on hi havia la rotativa que no traslladar la rotativa a un altre lloc, que hauria costat una fortuna. Així es va traslladar tot el Correo, redacció, administració i tallers. A la inauguració hi van venir dos ministres: el tradicionalista Iturmendi, ministre de Justícia, i el monàrquic comte de Vallellano, ministre d'Obres Públiques.

—Perquè no van deixar publicar Las Noticias als Roldós, després de la guerra?

—El règim va fer un mapa de la premsa de Barcelona, i Las Noticias no hi entrava. Es van concedir només els necessaris per mantenir un equilibri polític: Falange, carlins, monàrquics joanistes, un diari esportiu i dos diguem-ne independents, un de matí, La Vanguardia, i l'altre de tarda, El Noticiero. I ja no en va deixar sortir cap més. L'argument que es donava oficialment és que no hi havia paper, cosa que a la postguerra era certa, però només fins a cert punt. Els cupos de paper era la nostra batalla contínua, perquè els diaris del Movimiento sempre estaven beneficiats pel cupo. Els donaven més paper del que necessitaven i ens el revenien a nosaltres al doble de preu. El sindicat vertical de premsa era el que distribuïa els cupos, i al sindicat hi tenien un fort predomini els falangistes.

—La seva tensa marxa d'El Correo contrasta amb l'entrada triomfal que hi havia fet.

—Amb el nou consell d'administració vam arribar a una situació insostenible, fruit d'un moment de crisi personal que jo travessava i de la prepotència amb què aleshores jo em movia. Vaig seguir una política de mantenir-los massa apartats de les grans decisions. La conseqüència va ser que finalment em vaig decidir a vendre les accions que tenia i a renunciar al contracte, sense cap indemnització. Ara penso que va ser un error.

—Però per què es van produir aquestes tensions amb el consell nou?

—Són coses rares. El consell nou potser trobava aleshores que jo feia massa coses: la direcció de Radio Nacional a Barcelona, la de l'Escola..., i trobaven que em dedicava poc al diari. Però crec que la crisi forta va esclatar per una bajanada, una cosa que no tenia res a veure amb el diari, però que revela molt bé com funcionen les coses a la vida, per camins molt diferents dels que la gent s'imagina. Sovint els problemes sorgeixen per banalitats i no per qüestions de fons. Per a mi va ser una gran lliçó. Ho explicaré: Hi havia al consell d'administració un capellà que a mi m'havia ajudat molt, mossèn Rossell, molt carií. Quan es va produir la vacant de capellà de la capella de Sant Jordi, a la Diputació, ell aspirava a ocupar-la. Però hi havia un altre aspirant, el doctor Roqué, menys tradicionalista que ell. Jo era diputat provincial i vaig haver d'intervenir en la decisió. I en lloc d'agrair a mossèn Rossell tot el que havia fet per mi, em vaig deixar portar per les meves inclinacions intel·lectuals i vaig donar suport a la candidatura del doctor Roqué. Mossèn Rossell no m'ho va perdonar mai, i a partir d'aquell moment va fer tot el possible per perjudicar-me. Ja passa, que de les grans amistats es va als grans odis. I l'odium theologicum ja no es para mai més. Tenir un enemic tan fort al consell d'administració del diari al final em va cansar, i vaig llançar l'esponja. Ja portava dotze anys al diari. Potser va ser un error, per a mi i per al diari, perquè, en seguir uns camins diferents, va començar a fer batzegades, en un moment de forta competència dels altres diaris, quan ja no hi havia manca de paper i podien començar a ser més brillants. En despolititzar-se, el diari va perdre el públic fidel. Jo crec que si no haguessin començat aquelles oscil·lacions encara tindríem Correo.

—Però quan vostè va marxar va ser precisament quan més van pujar les vendes...

—L'Andreu Roselló va ser un gran director. Havia començat fent rebuts a l'administració, i quan va poder passar a la redacció va destacar escrivint cròniques d'internacional, que eren bastant llegides, perquè tenia instint periodístic. És el que feia quan jo hi vaig arribar. El vaig nomenar sots-director. Però em sembla que quan va arribar a la direcció no li van deixar seguir gens la seva línia ideològica, que l'empresa el va arribar a interferir molt, imposant-li textos, sobretot al final.

—Abans ha parlat d'en Duran i Ventosa, de la Lliga, com a col·laborador del diari. Desapareguda La Veu de Catalunya, i sense possibilitat de reeditar-se, pel fet de ser en català, quins vehicles d'expressió en premsa va utilitzar la Lliga, després del 39?

—La gent de la Lliga havia mantingut sempre bones relacions amb els carlins, i en acabar la guerra es van acollir al Correo.

—A part de l'Esteve Molist i en Pernau, quins altres joves periodistes d'aleshores recorda?

—El Cadena, que vaig agafar per a la revista Paseo, que jo editava; en Faulí, que va començar al Correo Catalán. M'agradaria saber quin record conserven de l'Escola...

—Com es va vincular amb la ràdio?

—Per l'amistat amb l'editor Luis de Caralt. Quan era a Madrid vaig començar a fer de corresponsal de Radio España de Barcelona, on hi havia el Luis de Caralt. Sempre em va ajudar molt. Quan ell era diputat provincial de Cultura i jo estudiava a Madrid, em buscava de tant en tant cicles de conferències a les biblioteques populars. Jo venia uns dies i així guanyava uns diners. També em va donar la corresponsalía de Radio España. Després, a Radio Nacional, m'hi va fer entrar l'Aparicio, perquè va veure que era una manera d'intensificar la seva importància a Catalunya. Em va nomenar director de les dues emissores de Radio Nacional. Vaig intensificar els programes populars: "Fantasia", de l'Arandes i el Gallo, la campanya benèfica dels senyors Dalmau i Viñas... Amb ells vaig tenir alguns problemes, perquè jo creia que havíem d'ajudar el Cottolengo i ells eren més partidaris de l'Hospital Clínic. Jo vaig fer emetre per primer cop "La Santa Espina", primer només la música i després també amb la lletra. Vaig tenir una quantitat de denúncies dels de la Jefatura Provincial... Fins i tot em va cridar el ministre! Amb l'Arias Salgado no intimàvem gaire, però em tenia afecte, perquè quan venia a Barcelona i veia aquelles cues a l'Ateneu, als col·loquis de l'Escola, o al carrer Aragó, als programes de la campanya benèfica, que els fèiem a la Mutualitat de la Indústria Tèxtil, doncs allò li agradava molt. L'Arias Salgado era un dogmàtic que feia uns discursos molt llargs i ens els feia publicar a la premsa. Ocupaven dues pàgines! Mossèn Balart, que era confessor d'en Franco i molt amic meu, m'explicava un dia que li havia comentat al Generalísimo la llargada dels discursos de l'Arias Salgado. "¿Usted cree que habrá algún español que se los lea, excelencia?", diu que li va preguntar. "Quizás mejor así, quizás mejor que no lo lean!", li va contestar Franco.

—A la seva època, les relacions amb els altres directors com eren?

—Amb el que millor em vaig entendre va ser amb el de La Prensa, en Sánchez Gómez. Vaig viure amb ell l'aventura de l'IHola! També tenia una relació cordial amb el Castillo, del Diario de Barcelona, i amb el Santamarina, amb qui teníem amics comuns a Madrid. Ell no era periodista, anava per lliure; però era un home honrat. Amb el Manegat també molt bé. Però en Galinsoga es mantenia a part, es considerava més aristòcrata que els altres. Em va començar a fer cas i a tractar de tu a tu quan, a conseqüència d'una sèrie d'esdeveniments que van passar a Madrid i de la influència de l'Iturmendi, em van nomenar procurador en Corts al mateix temps que el Felipe Bertran Güell. Però als altres directors els tractava instal·lat des d'una certa superioritat. 

Mentre va ser director del diari va tenir una participació del 45% en les accions de l'empresa editora. En marxar, es va vendre aquest paquet d'accions, que va passar a engruixir la participació que la família Baygual tenia ja des del 1952 en el consell d'administració del diari. Els Baygual, empresaris tèxtils, van convertir-se a partir d'aquell moment en els homes forts de l'editora del diari. Van ser ells qui van promoure Roselló a la direcció, en substitució de Colomer. Un dels membres de la família Baygual va agafar la gerència. L'època dels Gomis i dels carlins passava a la història; començava la dels empresaris tèxtils, que anaven ocupant també altres llocs clau de la societat civil catalana, com la junta del Barça.

Els últims anys de director d'El Correo, Claudio Colomer va alternar (des del 1954) el càrrec amb la direcció de Radio Nacional de España a Barcelona. Va participar en la fundació de la revista catòlica progressista El Ciervo amb els germans Llorenç i Joan Gomis, Joaquim Xicoy i Paco Condominas. Però també enviava col·laboracions al setmanari ultradretà El Español, col·laboracions que va mantenir pràcticament fins a l'extinció de la revista, als anys setanta.

Va ser diputat provincial a Barcelona i procurador en Corts per designació directa de Franco a Madrid. Més tard va ocupar un temps els càrrecs de governador civil d'Àlaba i Santander i va participar el 1972 en la creació del Club Seny Nou, versió barcelonina del Club Tácito de Madrid. Actualment manté el seu despatx d'advocat a Barcelona i la vinculació amb diverses empreses familiars.

Claudi Colomer, el director més jove del franquisme (Capçalera, Octubre 1995)

Vegeu també: Palabras para la sesión de homenaje al académico Claudio Colomér Marqués