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divendres, 16 d’agost de 2019

Els nostres màrtirs: Francesc Baygual i Bas

Tal dia com avui, l'any 1936, era assassinat el destacat militant tradicionalista sabadellenc Francesc Baygual i Bas.
Francesc Baygual i Bas
(Sabadell, 2/3/1899-Granollers, 16/8/1936).
Industrial tèxtil i militant tradicionalista.

En Francesc Baygual cursà estudis als Escolapis de Sabadell i de molt jove s'incorporà a l'empresa del seu pare, la raó social Baygual i Llonch, en què feien companyia Miquel Baygual Casanovas i Antoni Llonch Roca. Francesc s'ocupà de feines administratives. Més tard, i encarregat dels viatges comercials, recorregué tota la geografia peninsular amb el mostrari a la maleta.

Carrer de Baygual a Sabadell
El 1921, en retirar-se el seu pare del negoci, Francesc i el seu germà Joan compartiren la gerència amb Antoni Llonch. Durant els anys anteriors a la Guerra Civil l'empresa havia prosperat i projectaren la construcció d'una gran fàbrica en terrenys de Can Feu adquirits al marquès de Montsolís. Acabada de construir el 1936, la fàbrica fou confiscada per la República en esclatar la guerra i la convertiren en factoria per a la indústria de guerra, on es fabricà tota mena de material bèl·lic; fins i tot s'hi construïren avions, raó per la qual fou coneguda com a Tallers de l'Aviació.

Al marge de la indústria tèxtil, Francesc Baygual destacà dins el món social catòlic de Sabadell. Va ser president de l'Apostolat de l'Oració de la parròquia de Sant Fèlix; membre del consell d'administració d'El Siglo Futuro, òrgan de la Comunión Tradicionalista; promotor del Patronato Social Católico de Sabadell i membre del consell d'administració del diari El Correo Catalán.

Durant la Croada d'Alliberament, la nit del 15 al 16 d'agost de 1936, una patrulla de control el va detenir i va ser assassinat a la rodalia de Granollers, pel sol fet de ser catòlic i tradicionalista.

Al lloc on va ser assassinat, al km 5 de la BV-5151, hi havia una làpida amb una
creu que
va ser retirada per l'Ajuntament de les Franqueses del Vallès l'any 2016.

Una vegada finalitzada la guerra, els seus familiar van aixecar un monòlit amb una creu per rendir tribut a la seva memòria. Aquesta creu va ser eliminada per l'Ajuntament de les Franqueses del Vallès en compliment d'una moció, aprobada amb el vot favorable del regidor del PP, que definia histèricament el monument a una persona salvatgement assassinada per revolucionaris marxistes com un intent d'«aniquilació de les institucions legítimes de Catalunya per acabar amb la identitat dels Països Catalans».

La làpida deia:
«Caminante ruega a Dios por Francisco Baygual Bas de 45 años 

casado vecino de Sabadell asesinado en este sitio por la barbarie 
marxista el 16 de agosto de 1936. Murió por Dios y por España.»

dimecres, 7 d’agost de 2019

Nuestros mártires: el alcalde de Vic Juan Travería Pubill (1902-1936)

Dediquem un piadós record als Màrtirs de la Tradició més oblidats. Tal dia com avui, l'any 1936, era assassinat pels revolucionaris de Companys l'exalcalde tradicionalista de Vic Joan Traveria i Pubill, a l'edat de 34 anys. Fou martiritzat juntament amb el seu sogre, el veterà de la tercera guerra carlina Teodor de Mas i Nadal. Es tractava de dos dels carlins més importants de la comarca d'Osona. Reproduïm amb aquesta ocasió la ressenya biogràfica que se li va fer en el setmanari Ausona l'any 1947.

⚜ ⚜ ⚜

Carrer de Joan Traveria a Vic
Nació el día 18 de junio de 1902 de familia humilde y sumamente ejemplar y edificante. Desde su niñez cultivó con gran esmero en su alma las virtudes cristianas que más tarde habían de producir óptimos frutos de celo para la gloria de Dios. Formado su espíritu en la escuela sobrenatural de las Congregaciones Marianas —de la Asunta en su niñez, de la Inmaculada en su juventud y en su edad viril en la de la Purificación— de cuyas Juntas formó parte varias veces, bajo el mandato del gran filipense P. Huix, y vigorizado en la Obra de los Ejercicios Espirituales, conservó toda su vida, como sus más grandes amores, los de Jesús Sacramentado y de María Inmaculada, inculcándolos a cuantos trataba, y especialmente a sus queridos compañeros de Congregación.

Favorecido por Dios Nuestro Señor con el don inapreciable de privilegiado talento y feliz memoria, estudió privadamente Bachillerato y la carrera de Derecho, licenciándose en el año 1929.

Tarea difícil bosquejar la recia personalidad de Travería. Su profunda cultura y su vasta erudición hacían de él un auténtico polígrafo. Delicadísimo poeta, escribió inspiradas composiciones que revelaban un alma acariciada por las musas; escritor fecundo, ágil y elegante, llenó muchas páginas de revistas y periódicos tratando sobre las materias más diversas, ocultando siempre, modestamente, su nombre. Pero, por encima de todo, fue un orador completísimo, de una elocuencia arrebatadora. Su oratoria —cimentada en sólidos conocimientos filosóficos y teológicos— brilló de un modo extraordinario en todos los campos del apostolado seglar, desde el primer discurso público que pronunció a los 17 años, en el Centro Católico de Taradell. Se contaban por triunfos sus peroraciones en innumerables mítines de propaganda católico-social, organizados por la antigua Federación de Propagandistas Católicos, de la que fue miembro destacado. No había velada ni acto de afirmación católica en los que no fuese obligada la intervención de Travería para garantía del éxito. En la oratoria política —discípulo de Vázquez de Mella— se hicieron famosos sus discursos pronunciados, cuando la República, en la plaza de toros de Vich y en Madrid, revelándose como uno de los más elocuentes oradores españoles.

En el ejercicio de abogacía gozaba de un sólido prestigio por su honradez y competencia, haciendo de su cargo profesional un verdadero sacerdocio.

Su gran afición a las letras, cultivadas con apasionante cariño, le llevó al conocimiento de todas las obras de toda la literatura regional y castellana, familiarizándose con las mejores producciones de los ingenios españoles de todos los tiempos, sobre todo, de nuestros autores ascéticos y místicos, y en particular de S. Juan de la Cruz, cuyas doctrinas admiraba y cuyas poesías sabía de memoria.

Educado en la escuela tradicionalista, había estudiado a fondo las doctrinas de los maestros de la Tradición, siendo uno de los hombres mejor formados en sus enseñanzas políticas.

Nada de extraño que, pese a su juventud, fuese llamado pronto al desempeño de cargos públicos. Fue Delegado del Ministerio Fiscal del Juzgado de Primera Instancia de esta ciudad. En las elecciones del 14 de enero de 1934 fue elegido concejal tradicionalista y el primero de febrero votado Alcalde por los consejeros municipales, ostentando el cargo hasta el 2 de mayo de 1935. Durante su mandato al frente del gobierno de la ciudad, púsose de relieve su recio temple religioso y patriótico, su profundo talento y exquisito tacto, en su afán de defender los intereses ciudadanos. A él cabe la gloria de la reposición de la Cruz del Cementerio, en plena República, y fue él quien, en lucha contra la oposición, hizo posible la celebración pública de las solemnidades de la Beatificación del P. Claret.

Posteriormente fue proclamado candidato para las elecciones de diputados a Cortes en febrero de 1936, por la Provincia de Barcelona, siendo el que obtuvo mayor número de votos en el distrito de Vich.

Al estallar la revolución, dióse perfecta cuenta de los inminentes peligros que se cernían, y dijo a un amigo: «La situación es grave: yo me preparo para bien morir».

En la hora del crimen triunfante, Juan Travería Pubill había de ser una víctima, mortal de necesidad, revolucionaria. Y lo fue para honor de España y gloria de la Religión ultrajadas, cayendo el día 7 de agosto de 1936 —primer viernes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, devoción de la cual era extremadamente devoto— en compañía de su señor padre político Don Teodoro de Mas, en Vilanova de Sau. Los restos mortales de ambos fueron conducidos en grandiosa manifestación de duelo, al Cementerio de Vich el día 10 de mayo de 1939.


Extraído de: «Galería de vicenses caídos por Dios y por España. (85) D. Teodoro de Mas», Ausona (4/10/1947), 299, p. 2.

dissabte, 11 de maig de 2019

El Obispo de Daulia, misionero en Australia y defensor del Carlismo

Tal día como hoy, 11 de mayo del año 1810, nacía en Mataró D. José María Benito Serra y Juliá, futuro obispo de Daulia.

La Comunión Tradicionalista se honró contándole entre sus más entusiastas y decididos afiliados, encontrando siempre sus partidarios un sabio consejo y palabras de alentamiento en el inolvidable Obispo de Daulia, en quien concurría también una circunstancia gratísima y de feliz recordación para todos los buenos jaimistas: el fue quien administró las Santas Aguas del bautismo a Don Jaime de Borbón.

Cuando en 1880 Alejandro Pidal quiso integrar a los carlistas en el régimen alfonsino mediante su proyecto de «Unión Católica», al que se oponía ferozmente El Siglo Futuro, el obispo de Daulia se pronunció a favor de las tesis siglofuturistas en una una carta al conde de Orgaz el 29 de enero de 1881, mientras buena parte del episcopado español se mostraban partidarios del proyecto pidalino. El apoyo que prestaron el obispo de Daulia y Mateos Gago a Nocedal sería determinante para que éste continuase editando su periódico, que se había planteado cerrar.

Poco después de fallecer Alfonso (XII), en casa del marqués del Busto, en Madrid, el obispo de Daulia recibió la visita de unos carlistas interesados por conocer si sería posible y oportuno combatir con las armas a la regencia de María Cristina, ante lo cual el anciano obispo se mostró animoso y les bendijo.

Reproducimos a continuación una biografía suya que fue publicada al morir este venerable obispo y leal carlista.



Biografía del Excmo. e Ilmo. Fr. D. José María Benito Serra

Este venerable Prelado nació el 11 de Mayo de 1810, en Mataró, donde para sustraerse de los desastres de la guerra de la Independencia que asolaba al país, se habían refugiado sus padres, habitantes ordinariamente en Barcelona. Concluida la guerra, volvieron a esta ciudad.

Apenas llegado a los diez años de edad, ya acababa los estudios de latinidad, y al mismo tiempo que se dedicaba a los de humanidades, fue obligado por sus maestros á convertirse en profesor de otros niños menos adelantados que él.

La vocación para el estado religioso se manifestó desde sus primeros años, pero las novedades políticas que agitaron a esta nación y la persecución suscitada contra los regulares, no le permitieron hasta en 1827 tomar el hábito de benedictino en el monasterio de San Martin de Compostela. La revolución había estallado de nuevo en España y un decreto del gobierno ordenó la clausura de todas las casas religiosas y su supresión. Dispuesto a todo sacrificio, incluso el de su vida, antes que faltar a sus votos, el Padre Serra abandonó España en diciembre del mismo año, y fue a buscar un asilo en el monasterio de la Cava en el reino de Nápoles, donde se entregó completamente a los estudios literarios. Habiéndole conferido el Capítulo de la Congregación de Monte Casino el título de Lector, enseñó durante varios años la teología dogmática y la moral, el derecho canónico, las lenguas griega y hebrea, y fue Rector del Seminario Conciliar hasta que, deseoso de emprender mayores trabajos para la gloria de Dios, se agregó en 1845 a la Congregación de la Propaganda, que le envió a evangelizar a los habitantes, poco menos que salvajes, de la Australia occidental.

Monseñor Juan Brady, Obispo de Perth, le nombró Vicario general y Prefecto de la Misión Central, y el Padre Serra, seguido tan solo de cuatro compañeros, se internó en los inmensos bosques del país, y a ejemplo de los Apóstoles, fundó con sus propias manos, a cien millas de la ciudad de Perth, un monasterio benedictino que denominó la Nueva Nurcia, en recuerdo de la patria del santo fundador de la Orden. Este monasterio adquirió pronto una importancia considerable, así por la extensión y grandeza de sus edificios, como por la numerosa familia benedictina que fue a refugiarse en sus claustros y a cultivar con el sudor de su frente las tierras inmensas que le rodeaban. La Propaganda Fide erigió en 1859 esta fundación en Prefectura Apostólica, confiando su administración al ilustrísimo Sr. D. Rosendo Salvado, Obispo ahora de Puerto-Victoria. Al principio de 1848 el Obispo de Perth celebró un Sínodo diocesano y quiso que el Padre Serra, su Vicario general, llevara los decretos a Roma. Él debía además exponer las necesidades de esta Iglesia naciente, a los Eminentísimos Cardenales de Propaganda, y elevarlas al conocimiento del Sumo, Pontífice Pío IX. ¡Cuál no fue su sorpresa al llegar a la ciudad eterna, saber que hacia 14 meses que el Papa se había dignado (proprio motu) elevarlo a la dignidad episcopal, preconizándole en el Consistorio de 11 de 1859 primer Obispo de Puerto-Victoria en la Australia Septentrional!

La carga del episcopado parecióle demasiado grave al Padre Serra e intentó rehusarla en su modestia, pero sus escusas no fueron aceptadas y debió doblar la cabeza ante la voluntad expresa del Papa. El 15 de Agosto de 1848 el Cardenal Franconi, Prefecto de Propaganda, le consagró.

La nueva diócesis, no sólo estaba falta de escuelas y de iglesias, sino que también se encontraba desprovista de las cosas que en toda sociedad son indispensables. La misión del Obispo consistía a la vez en convertir al catolicismo a aquellos hombres acostumbrados a vivir casi en el estado salvaje y atraerles al camino de la civilización. Necesitado de todo, so dirigió a Nápoles y España para allegar los recursos indispensables. Difícil es explicar el entusiasmo y ovaciones de que fue objeto el Prelado en su país natal. Doña Isabel dio ejemplo, y gran número de almas caritativas le proveyeron de todo lo necesario a su lejana misión, poniendo á su disposición un buque, el Ferrol, que cruzaba las costas de Italia, para conducirle a Puerto Victoria con 40 misioneros que habían reclutado.

El P. José María Benito Serra (imagen
tomada de Cultura - Espiritualidad - Carmelo)
Este buque estaba en el puerto de Cádiz para hacerse a la vela, cuando un despacho de la Propaganda hizo saber al ilustrísimo Sr. Serra que Su Santidad, en virtud de autoridad apostólica, le había desligado de los lazos que le unían a la iglesia de Puerto-Victoria, nombrándole Coadjutor del Obispo de Perth, bajo el título de Obispo de Daulia. Los misioneros debían dedicarse a aquella misión. Nombrado desde luego administrador temporal, fue hecho poco después administrador apostólico con todos los poderes de su ordinario, y el derecho a la futura sucesión de M. Brady.

La solicitud del nuevo Prelado se extendió a todo, él restableció el orden y la economía en toda la diócesis, procuró la obediencia á los decretos de la Santa Sede, especialmente en la iglesia de Perth; fundó bajo el nombre de Nuevo Subiaco un monasterio de benedictinos; aumentó considerablemente el de la Nueva Nurcia, y so mostró enérgico defensor de la enseñanza católica contra los actos de los gobiernos de Australia e Inglaterra. Obligó a estos dos gobiernos a prestarle su concurso, tanto para la erección de iglesias como de escuelas y habitaciones para los sacerdotes que ejercían el santo ministerio en casi todas las poblaciones de la Australia Occidental. Obtuvo para ellos y para los maestros de escuela subvenciones anuales.

En fin, estableció la misión sobre un pie de prosperidad tan notable como nunca se había conocido.

Todo esto no pudo obtenerse sin enormes fatigas, que más que el peso de la edad, habían gastado su cuerpo y alterado profundamente su salud.

E1 Ilmo. Sr. Serra creyó que debía dejar la carga de la administración apostólica de Perth e ir a buscar en el aire puro de su país natal el restablecimiento de su salud. Se dirigió al Papa, pero sólo al cabo de tres años, en 1862, accedió a sus reiteradas instancias.

Apenas regresó a España, volvió a emprender su vida activa en Madrid y se entregó por entero a la visita de los hospitales y a la administración de los Sacramentos a los enfermos. Esta ocupación le descubrió una necesidad social de esta época. Presidía una vez los ejercicios del mes de María, y tuvo el consuelo de volver a Dios y a la práctica del bien a gran número de jóvenes hasta entonces sepultadas en los horrores de la disolución. El mundo las había lanzado en el abismo del mal, y había aplaudido su caída; pero cuando vio a las mismas arrepentidas, no quiso reconocerlas y las arrojó de su seno; para evitarlas una recaída segura, resolvió fundar una casa abierta al arrepentimiento donde fueran recogidas estas jóvenes infortunadas. Hizo construir a este efecto una gran casa en Ciempozuelos, lugar cerca de Madrid, y mientras él trabajaba en la consolidación de esta obra de caridad, recibió las Letras del Papa que le invitaba a asistir al Concilio del Vaticano.

El Ilmo. Sr. Serra era Prelado asistente al Trono Pontificio desde el 23 de Mayo de […] En la Administración apostólica de Perth, le sucedió el Ilmo. fray Martín Grisber.

El Obispo de Daulia se ha distinguido también por la decisión y noble independencia con que se pone del lado de los defensores de la pureza de la verdad en aquellos momentos de confusión política en que éstos se vieron casi por completo abandonados de los que carecieron del valor o de la perspicacia del ilustrísimo Padre Serra.

A medida que va trascurriendo el tiempo y las faltas de los hombres vayan produciendo sus consecuencias, se pondrá más de relieve la entereza y el sentido práctico del señor Obispo de Daulia, demostrado no sólo en el apoyo que dio siempre a los principios tradicionalistas, únicos que hoy pueden favorecer a la Iglesia, sino en una célebre carta que escribió en apoyo de la actitud de los Sres. Nocedal, fieles interpretes y ejecutores de los deseos del Papa León XIII al encargarles motu proprio la gran peregrinación que deseaba reunir en torno de su Trono Pontificio.

Tristes resultados ha dado para la fe de España y para el prestigio de elevadas instituciones, los errores que entonces se cometieron; pero de aquellos lamentables recuerdos surgirá siempre glorioso el nombre de Ser  eterno, que atacado y menospreciado entonces por su actitud, vio justificada su conducta, y lloraba los males que entonces previo claramente.

Tomado de: El Siglo Futuro, 11 de septiembre 1886

Biografía breve en: Álbum histórico del Carlismo (1935)

diumenge, 10 de març de 2019

Liber scriptus proferetur...

Y a la faz de las generaciones abierto estará el libro de la vida; y en columna de honor ante el Dios de los ejércitos desfilarán, tremolando en sus manos las palmas del triunfo, los soldados de la Gran Comunión, pues ellos fueron los que derramaron su sangre y los que sacrificaron sus bienes en holocausto de nuestra invicta bandera, y mártires fueron y mártires serán los valientes atletas que firmes en las trincheras de la prensa e impertérritos, en el baluarte de la tribuna, defendieron, defienden y defenderán la causa por antonomasia sacrosanta, que es la causa de Dios, de la Patria y del Rey.


Carlos Forcada.                   
Director de «Ausetania» (Vich).

Tomado del libro "Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho" (1908)



dissabte, 10 de novembre de 2018

Así entró Carlos VII en España por primera vez, en 1869

Don Carlos (grabado de 1869)
Son curiosos y completan lo que manifestamos en el capítulo XLIV, pág. 510, los siguientes párrafos de una memoria inédita del marqués de Benaven. Después de ocuparse de la frustrada o simulada conspiración de Figueras y de Barcelona, que hacía inútil el viaje de D. Carlos a la frontera, cuya contrariedad sintió el señor, que deseaba pisar tierra española, y al ver que le disuadían de ello y le pintaban los peligros, dijo resueltamente:


«Quiero ir a España; os lo mando», dice:—En vista de tan firme resolución se constituyeron aquella noche en junta el general Tristany, el Dr. Vicente, Vallecerrato y Benaven; deliberaron a la vista del mapa, señalóse el punto, asumiendo juntos la responsabilidad de la empresa y derramar hasta la última gota desangre en defensa de S. M.  
Salió la comitiva real de la montaña Canigó y casa nombrada Lallan, donde estuvo parte de tres días, en cuya casa quiso el rey consignar un recuerdo antes de su salida, dejando oculto dentro de un libro que había sobre la mesa de su cuarto, su nombre, manifestando que en aquella fecha había pernoctado en aquel cuarto el rey de España.


Refiere la ida a los baños de Ameli, establecimiento de Monsieur Puyades, quedando en Lallan enfermo el Dr. Vicente, llegando indispuestos por el mucho calor Tristany y Vallecerrato, y mostrando D. Carlos su gran vigor y excelente naturaleza, pues ni se resintió de la jornada a pie, ni dejó de bañarse en el rio Tech; que se aprestó todo para ir al día siguiente a España, hacia donde marcharon en la mañana del 11 de julio de 1869, hospedándose en la pobre rectoría de Montalba, en cuyo pueblo oyeron misa por ser día festivo, y continúa:


Durante la misa no dejó la comitiva de llamar la atención de aquellos honrados labriegos; pero sobre todo, debió de ser grande la sorpresa del sacristán que, como de costumbre, pidió por las almas del purgatorio, al ver caer en el platillo una moneda de 20 francos que el señor había soltado, queriendo el sacristán devolvérsela por creer la había dado por un sueldo.  
El pobre cura al salir de la iglesia se desharía en obsequios que, por el tan elevado rasgo de caridad del rey, sospechaba el cura que debía ser alguna persona muy distinguida. Aprovechando esta ocasión pidióle el marqués un guía, invitándole a la romería; ofrecióse el rector a serlo; mostró el rey deseos de adquirir el gorro del sacristán que por ser domingo era nuevo, y le había chocado al señor, teniendo mayor empeño cuando supo que era un gorro catalán, a lo que se resistía el buen sacristán por costarle dos pesetas, mas al ver que se le daban dos duros, lo soltó con la mayor ligereza. 
Massanet de Cabrenys, primer pueblo español que visitó Don Carlos
Para demostrar el rey sus simpatías por los catalanes, se puso el gorro del sacristán, y con la faja de seda del marqués de Benaven que usa para sujetarse el pantalón y ceñirse el cuerpo, parecía el señor un voluntario catalán.   
La expedición emprendió, pues, su marcha a eso de las nueve, compuesta del rey, Tristany, Vallecerrato, Benaven, cura de Montalba y el mozo de Ameli con las caballerías, teniendo que andar casi siempre a pie por ser el terreno sumamente escabroso. 
Durante este camino, impresionado el rey preguntaba a cada momento si se llegaba a territorio español; cada minuto le parecía un siglo. Por fin llegó el instante deseado a las doce del día, y diciendo el cura, allí está España, señalando a unos 40 pasos, echó a correr el señor con la mayor velocidad, y todos tras él; y parándose de repente en su territorio, y desde donde se descubría un magnífico e impresionable panorama, tira al aire con toda su fuerza el gorro catalán para saludar a sus queridos catalanes, dando un grito aterrador de ¡viva España! sobre cuyo suelo se postró de rodillas besándolo como si lo hiciera con una reliquia la más sagrada. A su grito de ¡viva España! contestaron todos con el de ¡viva el rey D. Carlos VII! y aquí fue la escena conmovedora con el cura de Montalba, guía de la expedición, que apercibiéndose de que había tenido el honor de acompañar al rey de España D. Carlos VII, se postró de rodillas bañando con lágrimas de gozo las manos de S. M., del cual no sabia desasirse, y diciendo que Dios le había concedido la mayor dicha que podía esperar.
Desde este punto contemplaba el rey impresionado centenares de pueblos y caseríos españoles, teniendo a la vista el famoso castillo de Figueras y la muy liberal villa de Maconet (*), donde residía el famoso comandante Roge, caudillo republicano de toda aquella comarca, en la cual para mayor burla suya pudo el rey hacer su entrada. 
Allí comieron todos con la mayor alegría y tranquilidad bajo unas pequeñas encinas, donde por cierto debería levantarse un monumento conmemorativo en cuanto el rey esté en posesión de sus dominios. Concluida la comida, en la que hubo brindis, el rey saludó a su querida España, de la que con tanto sentimiento se despedía, disparando los seis tiros de su revolver, contestando con los suyos Tristany, Benaven y Vallecerrato. 
Levantóse acta de aquel suceso, firmándole sobre una roca que servia de mesa, y los nombramientos de comandante para D. Alfonso, que servia en Roma, de ayudantes de campo y de órdenes, para Tristany, Vallecerrato y Benaven, y de mariscal de campo para Plandolit. Antes de salir de España recogió el rey una porción de piedrecilas de mármol y plantas silvestres, en las que veía una preciosidad y un tesoro por ser de su querida España, y se llevó multitud de margaritas para la reina. Regresaron a los baños de Ameli, donde se despidió el buen cura de Montalba, a quien el rey dio mil francos para los pobres, y en Ameli, al pasar la comitiva cerca de un grupo de bañistas, fija uno de ellos, catalán, la vista en S. M., y aunque sólo conocía su retrato, se postró de rodillas, bañándole las manos en lágrimas. 
Por la noche regresó a París.

Historia contemporánea : anales desde 1843 hasta la conclusión de la actual guerra civil, vol. VI (Antonio Pirala, 1880)

* Debe referirse a la villa de Massanet de Cabrenys.
(La negrita es nuestra.)

dimecres, 24 d’octubre de 2018

Manifiesto de Rafael Tristany a los catalanes (1873)

Tal día como hoy, 24 de octubre, en 1873, el general carlista Rafael Tristany firmaba en su cuartel general de Igualada un manifiesto españolista dirigido a los catalanes con la intención de atraerlos a la Causa de la Tradición y la Legitimidad, que controlaba en esas fechas buena parte de Cataluña, alzada en armas contra el gobierno revolucionario. La proclama fue publicada en EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO, periódico carlista de Cataluña que dirigía Juan Vidal de Llobatera. Debido a su gran interés, nos hemos tomado la molestia de transcribirlo para nuestros lectores y lo reproducimos a continuación.

Rafael Tristany (Ardévol, 1814 - Lourdes, 1899)

NOBLES Y LEALES HABITANTES DE CATALUÑA:

Al dirigirme en esta ocasion à vosotros, con motivo del mando interino del Ejército de este Principado que S. A. R. se ha dignado confiarme, durante su ausencia, no pretendo en manera alguna cohibir en lo mas mínímo vuestros naturales derechos ni vuestras justas aspiraciones, en cuanto sepais conduciros como buenos y honrados ciudadanos españoles, ni mucho menos intento imponeros mi voluntad, como os imponen la suya los populacheros filosofastros quebrantando sus propios principios, despues de haberlos infinitas veces preconizado y exaltado en la prensa y en la tribuna, en el club y en las plazas, para ahora burlarse sarcàsticamente de sus crédulos admiradores, hollando con cinismo las doctrinas y las leyes que cuando necesitaban de vosotros propalaron y os prometieron. Quiero tan solo preveniros contra las asechanzas de esos demócratas aduladores que han sacrificado siempre y sacrifican cada día mas sus utópicas teorías à su bienestar y comodidades particulares, mofándose à todas horas y en todos sus actos del sencillo pueblo, siempre dócil à sus mentidas y falaces promesas, que nunca han cumplido, ni jamas podràn cumplir.

Tiempo habeis tenido de sobra para comparar nuestra heróica, noble y leal conducta con la observada por las hordas del liberalismo, con el proceder de los obcecados por esa aberracion del entendimiento inspirada por el demonio del orgullo que fué su progenitor. Si los que profesais ideas distintas à las nuestras, no estais ciegos y no quereis à la pasion y al egoismo políticos sacrificar la verdad y el sentido comun, decid con la franqueza que os es característica; ¿merece nuestro intachable comportamiento los intencionados epítetos ni las malvadas calumnias que en mil reuniones y papeluchos os han hecho oir y leer para concitaros contra la Monarquía tradicional, la antipatía y el ódio? ¿Es semejante conducta tan siquiera propia de personas que estimen en algo su dignidad y reputacion?

Los principios que con orgullosa constancia defendemos, jamàs han sido pisoteados por nuestras invictas huestes, como lo han sido uno por uno todos los hipócritamente inventados, sostenidos y proclamados por la revolucion. Dejariamos de ser católicos-realistas si llegàsemos por un momento à imitar à nuestros enemigos: harto lo sabeis y lo saben también los corifeos del liberalismo.

Nuestra gran comunion nacional, eterno símbolo y personificacion perpétua del leal y verdadero pueblo español, es la única, que representa las venerandas tradiciones, las imperecederas glorias, el caràcter y el sentimiento que hicieron inmortal à nuestra queridísima España. Observad, si no, y meditad sobre los viles, infames y rastreros medios que buscan infatigables y emplean los revolucionarios todos para destruir una idea que vivirà en España, mientras el Catolicismo y la Monarquía existan en el mundo y corra sangre en nuestras venas.

Si el verdadero pueblo español no se sintetizara en los defensores de las instituciones, cuyo conjunto vulgar y malamente se califica de partido, no se cubrirían ciertos bandos como se cubren con el manto de la hipocresia, titulándose realistas y católicos por grados y segun la verguenza que ruboriza sus megillas, ó mejor dicho, segun su talento, astucia ó malicia para engañar al pueblo, logrando a mansalva sus mas depravados intentos y cometiendo impunemente los mas horrendos crímenes. Esos hombres perniciosos y funestos, cien veces traidores y cien veces perjuros, son los que desde 1812 estàn consumando el triple parricidio de lesa-Religion, lesa-Patria y lesa-Majestad, invocando unas veces el ausilio del pueblo, otras el amparo de la corona y otras el socorro de la tiara, segun sus necesidades de momento, para despues de haber hecho su negocio, reirse de España, del Rey y de la Santa Sede. Esos son los villanos, eternos enemigos de nuestra patria, que, llamàndose liberales, quieren pasar por españoles, sin serlo, y por católico-monàrquicos, siendo así que no tienen ni fé, ni patriotismo, ni conciencia. Recuerda, pueblo catalan, recuerda que lo que no pudo alcanzar en España toda la ambicion y las bayonetas todas de Napoleon I, lo realizaron la hipocresía, la traicion, y la perfidia de esos miserables que, vendiéndose al extrangero, profanaron sacrílegos tu puro suelo, rasgando tus leyes, ridiculizando tus tradiciones y humillando tu grandeza para traerte una constitucion impia y estúpida tras de un extrangero rey beodo; en pos de este una reina niña, à quien despues han vendido, insultado ó abandonado y luego otro rey extrangero é imbécil, á quien han ridiculizado, y por último una tirànica y despótica dictadura que con el disfraz de república quieren les sirva de eslabon para coronar à un niño sin fuerzas, talento ni principios, que acepte y sancione las leyes extrangeras que hasta hoy han prodigado, a ellos comodidades y bienestar material, y à ti llanto, luto, miseria, deshonra y ruinas. Esos son los hombres que, invocando siempre la santa palabra libertad para seducirte, viven con tu trabajo, quitan el pan à tus mugeres y à tus hijos y han derramado mil veces inútil y bàrbaramente tu sangre, cada vez que les exigiste lo que te prometieron. Esos son los hombres, en fin, que estan también hoy al lado de tu tirano Castelar, que le aconsejan y te señalan con el dedo como su víctima espiatoria, llamàndote en su ayuda y en contra nuestra, ó mejor, en contra, de tus intereses, para comerciar una vez mas con tu sangre y engordarse, como las morenas de los antiguos estanques romanos, con los restos del esclavo pueblo español. Pero, ¡vive Dios! que haremos con los que à tanto se atreven un terrible y ejemplar escarmiento.

Se me han agolpado estas consideraciones al contemplar la indiferencia y menosprecio con que se miran las mas altas y sagradas cuestiones políticas y sociales, consintiendo impasible el pueblo español que al frente de esta mal llamada república figure y conduzca el timon del Estado el hombre mas insignificante, mas perturbador, populachero é inconsecuente, que pisa sus mismos principios y rompe sus mismas leves, sin dar razon de su mudanza ni de su conducta; el hombre que, estudiando y diciendo algunas frases de electo, aspiraba desde la oposicion al aplauso de las mugeres y de los hombres vulgares, introduciendo en las entrañas de la sociedad el veneno que él ahora no quiere probar; el demócrata que escribía sus discursos en gabinete aristocràtico y los pronunciaba con el guante blanco en una mano y el pañuelo de fina batista en la otra; el célebre Castelar, que sería por si solo capaz de desacreditar la forma republicana, si de descrédito fuese susceptible esa planta exótica en nuestra monàrquica Nacion.

CATALANES:

Nadie como el actual Dictador supo pintar las làgrimas de la madre, las angustias del padre, la aflixion de las hermanas, la desesperacion de las prometidas esposas, el quebranto de las familias, el abandono de los campos, la paralizacion de la industria, la muerte del comercio, el detrimento de las ciencias, cuando el jóven desventurado, víctima del azar, se despedía, tal vez para siempre, de sus mas predilectos objetos y de sus prendas mas queridas para ir à tejer la indigna corona de un déspota y desapiadado tirano: y sin embargo, ningun poder exigió de España una leva de OCHENTA MIL HOMBRES. Nadie como Castelar ha lamentado la inmoralidad de los cuarteles, la dura esclavitud del soldado, menos llevadera que la que sufren los negros en América; la pena de muerte; la mordaza de la imprenta etc. etc., y no obstante, el improvisado autócrata hace arrancar de sus casas y arrebatar á sus familias los mozos violentamente, hace fusilar traidora, vil y cobardemente à soldados españoles por haber puesto en práctica las teorías que él les enseñó y tanto les aconsejó; encadena, la prensa española de Una manera á que ningun gobierno de los que él llamaba reaccionarios se habia atrevido, y esto lo hace después de haberse encumbrado por medio de la imprenta à la fortuna y à la posicion que ocupa.

¿Y qué diremos de los medios à que el actual presidente de la república apela para recoger los mozos hasta completar los OCHENTA MIL HOMBRES que se propuso? Harto lo sabeis; no pudiendo llevarse otros, echa mano de los mozos inútiles, de los hijos de viudas pobres y padres sexagenarios, y si aquellós se ocultan para no servir á un gobierno que tantas veces habia proclamado la abolicion de las quintas, se venga inhumanamente de sus familias, reduciendo á prision á sus individuos ó embargándoles bienes por la exorbitante suma de MIL DUROS. No tiene bastante con esto todavía; trata ya de llamar á las armas otra reserva hasta formar un ejército de CIENTO CINCUENTA MIL HOMBRES y de armar forzadamente ademàs á todos los ciudadanos de DIEZ Y OCHO À CINCUENTA años. Esta es la libertad que tanto predicaba Castelar; ese es el ejército de voluntarios con que contaban los republicanos para sostener y defender el prestigio y la popularidad de un desdichado sistema, y con el cual, ¡Cobardes! pretendian insensatos acabar en tres dias con el ejército realista, que muy en breve dará al traste con todos los republicanos habidos y por haber.

Aun cuando el liberalismo no estuviera condenado à muerte y no luchara ya con los últimos estertores de su infernal agonía, el ejército que trata de organizar el llamado gobierno de la república, compuesto de soldados forzados de una parte y por otra de militares indignos y sin honor y hordas de barateros y asesinos, espuma de la sociedad; sería la mas evidente señal no ya de decadencia, sino de descomposicion de todas esas ridículas paródias de gobierno que llevan siempre consigo la mas monstruosa anarquia.

Levántase por otra parte la nueva sociedad española, que, llena de vida, se presenta imponente, siendo ya del todo imposible contrarestar el empuje de sus bravos soldados voluntarios que en número de mas de SETENTA MIL van al combate y á la victoria, guiados tan solo por su abnegacion y patriotismo sin igual, henchidos por el noble sentimiento de salvar á su patria del cataclismo que la amenaza. ¡Solo la gran comunion verdaderamente española era capaz de emprender tamaña empresa! Y, no lo dudeis, catalanes, Dios salvarà la España y pronto se veran coronados de gloria, nuestros heroicos esfuerzos.

Hoy los campos estan ya deslindados; por un lado los realistas que con desinterés y virtud defienden los sacrosantos principios simbolizados en la inmaculada bandera de DIOS, PATRIA Y REY; por otro los hijos espúreos de esta desventurada Nacion, que en su breve tiempo de existencia han roto y pisoteado todos los principios que constituían su credo político, destrozándose siempre entre sí para devorar los restos del exausto Erario. Elegid, pues, porque entre las dos soluciones no hay término medio. O las armonías de la benéfica Monarquia católica, ó los horrores del socialismo y la internacional.

Ha llegado para España la hora suprema en que todos los ciudadanos deben ser soldados; yo no quiero ni puedo atraerlos con violencia, pero tampoco consentiré que en las provincias de mi mando sean sacados de sus casas por la fuerza enemiga los que no tengan voluntad de alistarse en ella. Todos los que sintais el ardor de la fé, de la abnegacion y de la constancia y no querais ir à engrosar el bando de los enemigos de nuestra patria, venid à mi, que os protegeré y conduciré à un triunfo cercano, seguro y definitivo. Antes que someteros à la dura coyunda de un gobierno anti-español, sed voluntarios realistas, que, despues de la recompensa que como à soldados se os haya dado, sentireis la satisfaccion que embarga al hombre bueno, mereciendo bien de DIOS de la PATRIA y del REY. ¡A las armas! Catalanes, si no queréis ser tratados como esclavos.

¡A las armas! Catalanes, si no quereis ser tratados como esclavos. ¡A las armas! todos los que sintais inflamado vuestro pecho con la santa llama de puro españolismo. ¡A las armas! si no deseais seguir siendo viles instrumentos de cuatro farsantes y especuladores cuyo comercio es vuestra sangre!

Ya veis lo que puede esperarse y à donde puede conduciros el malhadado gobierno de la república, compuesto de sempiternos perturbadores, conspiradores, traidores y perjuros.

Y vosotros, republicanos de buena fé, (si es que hay alguno) mirad qué es lo que se ha hecho de la tan cacareada FEDERAL, de aquellos derechos naturales, ilegislables, inalienables, inprescriptibles, anteriores y posteriores, inherentes, inmanentes y permanentes y demàs gerga Salmeroniana con que os calentaban la cabeza, seducían vuestro corazon y esplotaban vuestra ignorancia, y como se protan aquellos republicanos de antaño que querían ahogar en libertad al pueblo español. Acordaos de sus promesas, ved lo que os han dado y adonde llegaron las cosas; decidíos..... Al vado ó à la puente; ó la Monarquía paternal de D. Càrlos VII, ó la tiranía de la Dictadura; ó la verdadera libertad, ó el servilismo de la esclavitud.

CATALANES:

¡Viva la Religion!

¡Viva la España Monàrquico-tradicional!

¡Viva Carlos VII, Rey de España!

¡Vivan los Fueros y Franquicias de Cataluña!

¡Muerte al liberalismo en todas sus formas!

Cuartel General de Igualada 24 octubre de 1873.

Vuestro General en Gefe interino,

       Rafael Tristany.


EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO (1 diciembre 1873)

dijous, 18 d’octubre de 2018

Fray Magín Ferrer y Pons (1792-1853)


Hábito de un fraile mercedario
Tal día como hoy, 18 de octubre del año 1792, nacía en Barcelona Magín Ferrer y Pons, religioso de la Orden de la Merced, una de las primeras y más brillantes plumas con que contó el carlismo.

Tras el traicionero convenio de Vergara, Fray Magín Ferrer seguiría defendiendo la causa de la Religión y de la Patria durante un tiempo —el reinado de Isabel II— en que el legitimismo estuvo oficialmente proscrito. Su célebre obra La cuestión dinástica, demostración de los derechos al trono de Don Carlos, no vería la luz hasta 1869, tras la revolución de Septiembre del año anterior, que con todas su calamidades trajo también nuevos bríos para la Comunión Católico-Monárquica, que volvería a ondear bien alto su sacrosanta bandera de Dios, Patria y Rey.

Reproducimos la biografía que le dedicó la enciclopedia Espasa, no sin dejar de advertir que contiene un error de fecha, pues Fray Magín Ferrer falleció en Madrid el 16 de abril de 1853 (de lo que dio cuenta el diario La Esperanza) y no en 1862.


FERRER Y PONS (MAGÍN).

Biog. Escritor y religioso mercedario español, n. en Barcelona en 1791 y m. en Madrid en 1862. A los quince años abrazó la vida religiosa y por espacio de seis fué profesor de teología del convento de Barcelona. Más adelante fué rector del Colegio de San Pedro Nolasco de Tarragona, en el que enseñó teología hasta 1829. Desempeñó, además, los cargos de examinador sinodal de varios obispados, de secretario de cámara de los de Urgel, Burgos y Solsona, y de director de la librería religiosa de Barcelona. Según Mañé y Flaquer, durante la primera guerra carlista propuso á la Junta de Berga que pidiera á don Carlos el restablecimiento de los fueros y libertades de Cataluña.

Colaboró en varios periódicos y publicó: Historia de la última época de la vida política y militar del conde de España y su asesinato (Barcelona, 1840); La alocución del papa Gregorio XVI vindicada de las declaraciones hipócritas y calumniosas en el manifiesto publicado por don José Alonso, ministro de Gracia y Justicia (Tolosa, 1841); Las leyes fundamentales de la monarquía española según fueron antiguamente y según conviene que sean en la época actual (Barcelona, 1843); Impugnación critica de la obra titulada «Independencia constante de la Iglesia hispana y necesidad de un nuevo Concordato» (Barcelona, 1844); Historia del derecho de la Iglesia en España, segunda parte de la anterior (Barcelona, 1845); Compendio de esta última (Barcelona, 1849); Diccionario castellano-catalán (2.ª ed., Barcelona, 1847); Diccionario catalán-castellano (2.ª ed., Barcelona, 1854); La cuestión dinástica (Madrid, 1869), así como varias traducciones.


Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, tomo XXIII, 1924 (p. 931)

dimecres, 17 d’octubre de 2018

El periodista carlista Juan Bautista Falcó (1865-1901)

Tal día como hoy, 17 de octubre del año 1901, fallecía en Barcelona, víctima de una rápida enfermedad, D. Juan Bautista Falcó y Cisterna, abnegado periodista tradicionalista que por su intensa actividad informativa fue apodado el «Mencheta carlista». Con motivo de esta efemérides, reproducimos la biografía que el barón de Artagan (Reynaldo Brea) le dedicó en 1912:

Juan B. Falcó Cisterna (Gerona, 1865-Barcelona, 1901)

Nació en Gerona el día 23 de Enero de 1865; á los catorce años de edad empezó ya á distinguirse como escritor colaborando en el semanario católico-monárquico titulado Lo Rossinyol, lo cual dió lugar á que se le encarcelase y á que más adelante fuese desterrado.

En la Universidad de Barcelona se hizo Abogado; fue uno de los principales redactores de El Correo Catalán; ejerció el cargo de Secretario del Marqués de Cerralbo durante el viaje de propaganda carlista que aquel ilustre prócer realizó tan brillantemente por Cataluña en el primer trimestre del año 1900.

Dirigió después el Sr. de Falcó los periódicos católico-monárquicos titulados El Correo de la Provincia, en la capital de Tarragona, La Comarca Leal, de Vich, y El Nuevo Cruzado, de Barcelona.

Fundó y dirigió en la capital del Principado, desde mediados del año 1895 hasta principios del de 1898, la importantísima Biblioteca popular carlista, excelente revista mensual de la que fueron colaboradores los principales escritores tradicionalistas: el Marqués de Cerralbo, los generales de Artillería carlista D. Antonio de Brea y D. Joaquín de Llorens; los de Infantería D. R. Cesáreo Sanz, D. Leoncio González de Granda y D. José B. Moore; los diputados á Cortes D. Juan V. de Mella, D. Bartolomé Feliú, D. Manuel Polo Peyrolón y D. Miguel Yrigaray; los directores de periódicos Conde de D.ª Marina (de El Basco), D. Salvador Morales (de El Correo Catalán), D. Benigno Bolaños (de El Correo Español), D. E. de Echave-Sustaeta (de El Pensamiento Navarro), D. Manuel Roger de Lluria (de El Loredán) y D. José Rodríguez (de El Centro); el Barón de Albi, el Conde de Melgar y los antiguos oficiales carlistas D. Joaquín Aranda (de Caballería), D. Reynaldo de Brea (de Estado-Mayor) y D. Carlos Cruz Rodríguez (de Administración Militar).

También se distinguió mucho nuestro querido é inolvidable amigo D. Juan Bautista Falcó como activo é ilustradísimo colaborador de El Correo Español, de Madrid, así como de la ilustración católica La Hormiga de Oro, de Barcelona, y falleció cristianamente en la capital del Principado el día 17 de Octubre del año de 1901.


Tomado de Bocetos tradicionalistas (Barón de Artagan, 1912), pp. 261-262.

dimarts, 11 de setembre de 2018

Nuestros mártires: Miguel Rafart Roma (☩1936)

Dediquem un piadós record als Màrtirs de la Tradició més oblidats. Tal dia com avui, l'any 1936, era assassinat pels revolucionaris de Companys el jove Miquel Rafart Roma. S'havia casat pocs mesos abans, al maig de 1936, amb Àngela Piella Hom. Reproduïm amb aquesta ocasió l'homenatge que se li va retre a la premsa local de Manlleu l'any 1949.


Miquel Rafart Roma (☩1936)


Al evocar un caído del temple del biografiado, sentimos renacer en nosotros el valor de los defensores patrios, y emerge en nuestro interior un clamor de odio y desprecio contra los cobardes y traidores, dominados por el sadismo más repugnante. Odio y desprecio que sólo pueden acallarse con el espíritu cristiano de perdón.

Por esto, plácidamente como la muerte del justo; con valentía como la muerte del heroico, escribimos estos apuntes del que triunfó sucumbiendo.

Aunque Miguel Rafart no ero hijo de Manlleu, su residencia en nuestra población y, sobretodo, sus actividades le habían vinculado con la vida manlleuense desde muchos años. Estaba afiliado entre los defensores del ideal tradicionalista cuyo trilema era su divisa; perteneciendo también a la incipiente asociación «Federación de Jóvenes Cristianos», cuyo anagrama fué el centro donde, en nuestra localidad, descargaron su furia los desalmados asesinos iconoclastas, con mayor encono y rabia.

Cerca del mediodía del 11 de Septiembre de 1936, cuando entre los buenos manlleuenses todo era zozobra; cuando el terror había lacrado con sangre de los mejores los caminos y carreteras de alrededor, se personó una patrulla en la fábrica donde Miguel trabajaba, preguntando precisamente a él: ¿Dónde estaba Miguel Rafart?

En aquel momento iba a deshacerse uno familia recientemente constituida, con un hijo póstumo, en aquellos días nefastos y terribles en que atreverse a dar consuelo y ayuda al deudo de un caído, era signar la sentencia; el que lamentaba una de estas desgracias incubadas por satánicos instintos, ero una presunta víctima del furor de la mesnada del crimen.

En su puesto de trabajo murió acribillado.

Nuestra evocación ha de ser un pío recuerdo, una lección. Evocación contra la frialdad del olvido; lección ante la frivolidad de nuestra juventud.

El epíteto de "Caído por Dios y por España" suena vigorosamente al dedicarlo a nuestro amigo, presente en nuestro recuerdo y en nuestras oraciones.



diumenge, 2 de setembre de 2018

Nuestros mártires: Miguel S. Costa Canals (1893-1936)

Dediquem un piadós record als Màrtirs de la Tradició més oblidats. Tal dia com avui, l'any 1936, era assassinat pels revolucionaris de Companys l'obrer tradicionalista vigatà Miquel Costa Canals. Reproduïm amb aquesta ocasió la ressenya biogràfica que se li va fer en el setmanari Ausona l'any 1946.



Nacido en Vich el día 7 de noviembre de 1893, recibió en el Colegio de los Hnos. Maristas formación religiosa y cultural.

Fue obrero curtidor, solidarizado siempre con entusiasmo y sinceridad con las peticiones que formulaban sus compañeros de trabajo, encaminadas a obtener un mejoramiento social.

Desde muy joven fue decidido requeté, asistiendo con la boina roja a los «aplechs» celebrados por la Comunión Tradicionalista en Cataluña. En períodos electorales siempre fue designado para ocupar los lugares donde la contienda electoral era más enconada y peligrosa, no amedrentándole las amenazas del adversario, pues estaba convencido que luchar bajo la trilogía Tradicionalista era colaborar para alcanzar el triunfo de aquellos ideales que el liberalismo procuró adormecer en la conciencia nacional con el beleño de la mentira y calumnia.

Obvio es mencionar que fue asiduo concurrente al Círculo Tradicionalista de la Alta Montaña y completamente identificado con la integridad del mencionado programa.

Al advenimiento del Glorioso Movimiento Nacional hallábase preparado con un puñado de valientes compañeros suyos, para defender, en la forma que las circunstancias exigieran y las jerarquías ordenaran, aquellos principios que son sinónimos de respeto y veneración a las enseñanzas del Divino Maestro. Al igual que sus compañeros sentía verdaderas ansias de lucha y ¡no le importaba la vida! que al decir del P. Lacordaire «si no sirve para perderla por algo grande, no sirve para nada». Pero no pudo satisfacer plenamente su ideal de morir luchando.

Detenido en su domicilio por una patrulla de milicianos rojos en la noche del 1 al 2 de septiembre de 1936, fue llevado al empalme de la carretera de Manresa para ser asesinado juntamente con el propagandista católico Jaime Pujals Busoms. El buen temple de su alma cristiana y su Fe en Dios le dieron la fortaleza de espíritu necesaria para poder morir perdonando, que según manifestaciones de un testigo ocular del hecho, suyas son estas palabras que pronunció delante de aquellos profesionales del crimen al momento de ser asesinado: «Us perdono, no sou vosaltres qui em porteu a la mort; us ho fan fer».

Al caer, contaba 42 años de edad y su cadáver recibió sepultura en el cementerio de Tona, de donde fueron trasladados sus restos mortales a Vich el 26 de abril de 1939, siendo hallada en la nuca al practicar la exhumación de su cadáver, la bala que cambió su vida terrena por otra ciertamente más feliz e imperecedera. (1)

Tras su asesinato, Antoni Bassas anotó lo siguiente:

«Aquest matí [dimecres 2 de setembre] han estat trobats molts cadàvers de persones assassinades a diversos llocs de les carreteres d’entrada a la ciutat, entre ells el de Miquel Costa, company de treball a can Baumann i home acèrrim al Partit Tradicionalista. El dia abans encara va venir a treballar» (Bassas i Cuní, op. cit., p. 45). (2)

(1) Extraído de: «Galería de vicenses caídos por Dios y por España (29) Miguel Costa Canals», Ausona (1/6/1946), 229, p. 2.

(2) Tomado de: Puigferrat i Oliva, Carles «Vicenç Coma Cruells, el coix del carrer de Gurb (Tona, 1911 - Santiago de Xile, 2002). Notícies sobre la seva actuació durant la Guerra Civil». Ausa (2007), 160, p. 236.

dimecres, 1 d’agost de 2018

Nuestros mártires: Jaime Aguilar Font (1890-1936)

Dediquem un piadós record als Màrtirs de la Tradició més oblidats. Tal dia com avui, l'any 1936, era assassinat pels revolucionaris de Companys l'agricultor manlleuenc Jaume Aguilar i Font, pare de cinc fills. Reproduïm amb aquesta ocasió l'homenatge que li va retre a la premsa local el seu correligionari Josep Arqués Grané.

Jaume Aguilar Font (1890-1936)

Como un voto impuesto en las duras jornadas del destierro, como un deber hacia el amigo, debí rendirle tributo aquella tarde en que se cumplía el tercer aniversario del sacrificio.

Sobre lo tierra que se empopó de sangre, sobre la húmeda hierba que acarició su rostro y sintió su último aliento, me postré en aquella hora en que el astro del día va al ocaso y reflectante tiñe de fuego los nubes que se agolpan sobre las conocidas siluetas de Santa Lucía.

Tarde de calma... Cielo de azul intenso. Suavidad del aire que mece dulcemente las hojas del chopal. Soplo de flores silvestres. Conto de aves y grillos... De puntillas se acerca la noche. Hora sublime en que el alma se templa y la mente se nutre de recuerdos y se revive a rasgos lo historia aprendida...


Nacido en la cuna de los nobles Arnaldos manlleuenses, nuestro mártir vivía apacible en el Manso Corcó, fijo en los alrededores de nuestra villa.

Su vida correteaba entre los deberes y cuidados de su hogar con las obligaciones propias de su temperamento idóneo.

Amaba su hogar, su familia, sus semejantes.

A los suyos les deseaba con el viril sentido de hombre; quería a su mansión como el colono que resta pegado al terruño y era uncido a sus semejantes por el gran ideal cristiano.

Cuantos llamaron a la puerta del Manso Corcó no se volvieron jamás con las talegas vacías ni el corazón amargo.

Cuantos amadrigados se sentaron cerca la lumbre de aquella casa tuvieron siempre el consejo y el amparo del padre y del amigo.

Hombre de arraigado espíritu religioso pertenecía a cuantas asociaciones católicas estaban constituidas y era fervorosísimo devoto y protector de la Ermita de San Jaime, nuestro Apóstol, a quién encomendaba su vida y su hacienda.

Su intervención en las luchas políticas y ciudadanas obedecía únicamente a su auténtico pensar tradicionalista, pues es una verdad que entonces el ser tradicionalista equivalía a vivir y luchar por todo aquello que él sentía.

En los tiempos difíciles, durante las camparías electorales, en los días indecisos o amargos y en el fraguar del bien, nuestro hombre ocupaba siempre su peligroso puesto en la refriega.

Y por todo esto, un día, en los primeros tiempos de la revolución unos villanos irrumpieron en el recinto del Manso Corcó y entre insultos y violencias arrebataron al mártir de los brazos de su esposa enfermiza, que rodeada de sus nueve hijos, inútil clamaba misericordia... y él con la frente erguida y el mirar iluminado abandonó su hogar y sus cariños con aquella serenidad marcial con que los caballeros cristianos marchaban a las Cruzadas.

Jaime de Corcó, después de hollado por el insulto, en el lugar llamado «Font de Sanayás» fué batido por las armas de aquellos malnacidos, a los que ahora unos quieren perdonar, otros olvidar y nosotros intolerantes confiamos a la justicia de Franco...

El mártir inclinó resignado la cabeza, encogió su cuerpo, dobló las rodillas y cayó sobre la tierra acogedora.

Adivino sus últimas palabras que indudables fueron para ofrecer el sacrificio de su sangre a los que tanto había amado: Dios y España.

Eran las once de la noche del día primero de agosto de 1936... La luna refulgente plateaba el paisaje. Se oía únicamente el correcto murmullo de la fuente y la sombra de los chopos acariciaba el cuerpo del mártir mientras su alma radiante llegaba a la Aurora de la Eternidad.

JOSÉ ARQUÉS GRANÉ
Manlleu (febrero 1942)

dijous, 23 de novembre de 2017

José María de Freixa y de Hansay, segundo marqués de la Palma

Concluimos nuestra serie de entradas sobre la familia Freixa con la transcripción de unos documentos mecanografiados que se hallaban entre la correspondencia de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, en concreto una reseña biográfica de José María de Freixa y de Hansay, II marqués de la Palma, importante dirigente de la Comunión Tradicionalista, que era hijo de Joaquín Freixa y Fuster y nieto del general Cayetano Freixa y Puig, de quienes ya dimos cuenta en nuestras entradas anteriores. Este texto fue escrito en 1932 por F. García Luna. A continuación del mismo incluimos dos cartas que el propio José María de Freixa envió en 1934 al augusto caudillo del tradicionalismo y rey legítimo de España, Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.

Estos papeles se encuentran actualmente en el Archivo Histórico Nacional (fondo del archivo de la Familia Borbón Parma), digitalizados y disponibles en el Portal de Archivos Españoles (código de referencia ES.28079.AHN/4.2.32.1.2, imágenes 288-299).

Para mayor comodidad lectora, hemos corregido las erratas y faltas de ortografía, sin hacer ningún cambio en los textos en cuanto a su contenido.


[Manuscrito:] Apuntes de la familia de Freixa

EL CARLISMO Y SUS HOMBRES

Recuerdos y efemérides

Apuntes biográficos de un carlista


La vida del Carlismo, así como la gloriosa tradición que se cobija bajo la bandera sacrosanta de nuestra muy amada España en sus refulgentes rayos bicolor y al grito redentor del más bello de los lemas concebidos cual es «Dios - Patria y Rey», cuenta en su seno desde los comicios de su historia, hasta nuestros días, una pléyade de hombres, de valor, de mártires e ilustres que es el más bello bouquet de flores siempre vivas que los verdaderos españoles, los enamorados de nuestras grandezas, los amantes de nuestras epopeyas y sobre todo los verdaderos católicos, podemos ofrecer como florón preciado de nuestro pasado y nuestro presente a todos los historiadores del mundo; y dicho sea con hasta pena también, a las inteligencias medicores y semidifusas que ignoran la Historia de España, desconocen a sus Reyes, olvidan a sus leales y héroes y arrancan de las manos de nuestra santa Isabel Reina querida y amada la unidad nacional.

Es tarea árdua y difícil y más que difícil imposible, destacar del carlismo un nombre, un apellido, un hecho, un relato, una acción para ponerla como ejemplar entre aquellos hombres que firmes a sus ideas y arraigados a sus convicciones dieron la vida muchos de ellos en los campos de batalla en holocausto a la tradición y amor a su lema.

No, no es posible; todos fueron uno y en uno se compendiaban a todos. El invocar uno solo de aquellos nombres era una vibración del alma nacional; todos se batían como leales a su Rey y así, y solo así, pudo ser el carlismo la joya inapreciable de valor y el dique de contención contra el cual se estrellaban las vilezas, las calumnias y las hojarescas malsanas y pagadas de sus adversarios.

Un apellido cojo al azar de aquel jardín de bellos nombres y que quisiera recordarlo ahora.

El apellido «FREIXA»

Freixa. Linaje catalán, de Tarragona (según Atienza)
Don Carlos de Borbón (Carlos VII) concedió el título de
Marqués de Palma a su teniente coronel don Joaquín de Freixa.
Sus armas: En campo de plata, un árbol arrancado,
de sinople, y un león de gules empinado al tronco.
Nobiliario Español de don Julio de Atienza
Barón de Cobos de Belchite, pág. 381, Madrid, 1959.
Tomado de Heraldica Sairaf

Entre escudos y cuarteles, armas y blasones se agrupan y entrelazan como en un bello collar muchos de los servidores del carlismo y de la tradición.

En nuestra sociedad vive y brilla un Freixa y un Carlista.

Don José Mª de Freixa y de Hansay, Marqués de la Palma e Ilustre Señor.

La labor de este culto y caballeroso Marqués, dentro del tradicionalismo, es labor subyugante, avasalladora y titánica.

Parece, que al recordar la historia de sus antepasados, vio como el poeta en las almenas de un castillo viejo convertido en un montón de ruinas descarnadas por la mano del tiempo; y observó en su parte superior un escudo destrozado y cubierto por el jaramago. Este escudo —se dijo a sí mismo— no es una lápida funeraria; es, un timbre de mi apellido y una página de la historia para mi vida; y al recuerdo de aquellos que fueron mis ascendentes parece que les oigo decir: Si contemplas estos blasones, no olvides que no los hemos conquistado para ti, con el solo objeto de que los ostentes en las postezuelas de tus automóviles. Y, Don José María de Freixa y de Hansay, haciendo honor a la gloriosa tradición de la cual previene dice ufano:

Yo bien sé, que todos los cristianos tenemos dos escudos; uno el que hemos conquistado la tarde de la crucificación de Cristo en el Gólgota, y el otro el que conquistó Don Juan de Austria para la humanidad, la cual enamorada de su gloria ha estampado sobre ese escudo un nombre: «Sacrificio y Amor».

Esa es su obra en sociedad como caballero; de católico como buen cristiano y de tradicionalista como carlista insuperable.

El árbol genealógico de Don José María de Freixa y de Hansay se pierde en las inmensidades del tiempo pasado; pero encontramos una pista y un hilo de conducción remontándonos allá por el año 1812, época en que nace en Berga Don Cayetano de Freixa, abuelo del biografiado.

El historial militar y carlista de Don Cayetano es como un poema en flor de lis saturado de las más bellas emociones. Leemos en la Biblioteca de la Bandera Regional la obra publicada en el año 1912 por R. de Brea titulada «Príncipe heroico y soldados leales» donde se destaca la hoja de servicios de este valiente en la defensa del carlismo. Llegó a ostentar el honoroso y delicado cargo de vocal del Consejo superior carlista de la guerra en 1875 y 1876.

Ascendió a Brigadier y agregado al Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón que actuaba como General en Jefe carlista, asistió con este a los combates de Caldas de Montbuy, Balsareny, Caserras, Tortellá, Balaguer, Montejurra, Teruel y Cuenca, obteniendo entonces y sucesivamente la Cruz Roja de la Real Orden del Mérito Militar y el ascenso a Mariscal de Campo el día 18 de Abril del año 1874.

Falleció en Barcelona en el año [1897]. Honraba su pecho con las placas de las Reales y Militares Órdenes de San Hermenegildo y del Mérito Militar; con las encomiendas de la Real y distinguida Orden de Carlos III y con la Real y Americana Orden de Isabel la Católica.

Es una hoja de servicios digna del glorioso nombre carlista.

«Dichosa la rama que al tronco sale», dice uno de nuestros antiguos y castizos proverbios castellanos; y de Don Cayetano de Freixa no podía salir otro más que Don Joaquín de Freixa digno sucesor de aquel, el cual supo hacer honor a su glorioso apellido y vínculo —si esto puede decirse— en un más allá de gloria, la gloria que alcanzó su antepasado.

En pocas palabras puede condensarse la vida militar de Don Joaquín de Freixa. Es tan grande y compleja la visión de los hechos heroicos de este carlista, que el detallar con detenimiento actos y acciones en que intervino sería narración prolija y abrumadora y aun así se caería en defectos; baste decir que era la hidalguía personificada, bravo y pundoroso militar, amigo fiel y consejero del Rey. Tantos y tantos tiene anotados a su favor por la causa católico-monárquica que Don Carlos, su Augusto Señor, que de un modo especial le consideraba y distinguía, quisó premiar sus muchos servicios, concediéndole en 6 de enero de 1900 el grado de Brigadier de los ejércitos Carlistas, cuya recompensa se la otorgó en un Real despacho manuscrito y firmado por el mismo monarca, haciéndolo llegar a manos del Sr. Freixa de un modo particular, lo que denota de un modo evidente la delicadeza de S. M. y el afecto que guardaba a su general.

Más tarde, en 2 de Mayo de 1903 quiso el Augusto Monarca testimoniar nuevamente al Brigadier Don Joaquín de Freixa su más distinguida consideración, y le hizo nuevamente objeto de una concesión.

Es de todos sabido que cuando Don Cayetano de Freixa, Coronel de la Guardia Civil, se encontraba mandando su tercio en La Palma [de Cervelló], proclamó en aquel lugar a Don Carlos VII como único Rey de España. Y en recuerdo de este hecho y en la fecha antes indicada, Don Carlos se dirigió en carta particular a Don Joaquín de Freixa concediéndole el título de Marqués de la Palma para él y sus descendientes. Carta también auténtica del Augusto Señor y que revela en su redacción una entrañable consideración a quien se dirige.

Con lo reseñado solamente pudiéramos dar por terminada la vida de Don Joaquín de Freixa y su situación en el carlismo, pero nos resistimos a dejar sin anotación un hecho también altamente significativo que viene a corroborar [que] no es pasión la extensión de este trabajo.

En los primeros días del mes de Diciembre del año 1914, Don José María de Freixa y de Hansay, actual Marqués de la Palma, pasó por el rudo y doloroso trance de ver fallecer a su madre, y en 26 del mismo mes y año se vio sorprendido por una carta autógrafa de S. M. Doña María de las Nieves de Braganza, asociándose a su dolor, pidiéndole resignación y comunicándole que S. M. pedía a Dios por la difunta en sus oraciones y que en todo momento la tenía presente.

Este y muchos documentos afines los conserva el actual Marqués de la Palma como joyas de inapreciable valor que son, puede decirse, páginas del evangelio de la vida de sus antepasados.

Don Joaquín de Freixa se distinguió en numerosos combates del Principado y del centro, figurando en el Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este.

Falleció cristianamente en Barcelona en año [1904], siendo una irreparable pérdida para el carlismo, la cual no se llorará jamás lo suficiente, y habiendo legado al tradicionalismo con su vida y su conducta una de las más bellas páginas de su historia.

Y, de esta rama de caballerosos cristianos, bravos y heroicos militares, fieles y leales carlistas, viene en sucesión directa Don José María de Freixa y de Hansay.

Engendrado con sangre Carlista, nació envuelto en las glorias de la tradición; en cuyo regazo vive, del que jamás desertó, constituyendo este devoción por su ideal uno de los más grandes amores de su vida.

Conducta ejemplar y valerosa llevada hasta el sacrificio es la de esta nueva figura del tradicionalismo. Dentro de la brillantez de su posición social por constituir su apellido un blasón del abolengo conquistado por sus anteriores, lleva su vida en el más profundo de los silencios y sujeta a una modestia que le hacen acreedor por parte de sus muchas y buenas amistades objeto a cada momento de las más grandes pruebas de simpatía y afecto.

En unión de la virtuosa dama Doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala —su amantísima esposa— otra rama ilustre del carlismo, hija del que fue general de estos ejércitos Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany y Barón de Montesquiu, lleva su vida llena de providad, reflejo exacto de los buenos principios recibidos y costumbres cristianas y católicas atesoradas como un Don divino, y han convertido su apacible hogar en una verdadera institución catequística en favor de los principios de su verdadera advocación y en apoyo y defensa de los fueros y de la tradición.

De esta venerable señora que unió su vida a Don José Mª de Freixa y que es una rama de aquellas reliquias antiguas de la estirpe goda, cuyo origen se debe al solar cántabro y astur, nos ocuparemos más adelante; de momento diremos que es digna sucesora de su apellido, digna compañera del que con ella comparte las dulzuras y encantos de su hogar, dignísima madre de sus hijos; mujer española católica y carlista, y es una verdadera margarita en loor de santidad, con cuyo perfume santo y grandes ejemplos, embriaga el alma de aquellas personas de su íntima amistad y de cuantas tienen el honor y la dicha de compartir con ella solo varios momentos de animada conversación.

Don José María de Freixa y d'Hansay «Marqués de la Palma», nació en la ciudad de Barcelona el día 25 de Marzo del año 1888. Tiene por consiguiente en la actualidad 44 años. Tanto por la línea paterna como por la materna pertenece a familia de rancio abolengo, abolengo que como queda dicho no ha sido heredado ni comprado sino conquistado en el recinto español en los campos de batalla en defensa de la trilogía del corazón carlista, Dios—Patria—Rey, traducido por el filósofo en Patria—Fides—Amor.

Sus primeros estudios, así como más tarde el Bachillerato, los cursó en el entonces importante pensionado de San Juan Berchmans. En los años de su adolescencia ya empezó a destacarse por su afición a los estudios, la comprensión de las cosas y por su carácter serio, bondadoso y apacible pero enérgico que hacían presagiar durante el curso de su vida.

Una vez licenciado en Bachiller, cursó las carreras de Comercio y Mercantil adquiriendo los títulos de profesor en ambas materias; pues aunque su vocación eran las armas para seguir las huellas de los suyos, no quería ser defensor de otra corona que la de su ideal encarnada en el muy Augusto Señor Don Carlos VII que representaba las glorias del tradicionalismo.

Por este hecho, y antes que jurar una monarquía que no era la suya, la que él tenía infiltrada en su sangre, monarquía a la cual juraba respeto y obediencia como súbdito, pero no amor como cortesano, prefiriendo nadar en el mundo comercial y cursó los estudios de las dos carreras que antes anotamos.

Y, efectivamente Don José Mª de Freixa hizo su aprendizaje en el Banco Popular de Barcelona, donde por sus aptitudes y condiciones se captó las simpatías de sus Jefes que le distinguían constantemente con pruebas de inequívocos afectos, hasta tal extremo que en una carrera rápida y feliz donde se ponían de manifiesto a cada paso las cualidades de este joven funcionario, llegó en poco tiempo a desempeñar en dicha entidad cargos de delicada misión y de excesiva confianza.

Ya en ruta ascendiente se estableció por sí solo, fundando la importante razón social Ferixa y Cía, Sdad. en Cta. de la que fue su Director Gerente.

La obra realizada por el Sr. Freixa durante el tiempo de su gerencia al frente de esta razón social, queda patente y de manifiesto en los diversos homenajes que a él ofrecieron los obreros de su fábrica y todo el personal a sus órdenes.

Reveses de fortuna, acometidas del personal subalterno, ideas exaltadas en el obrero manual, imposiciones de estos, propagandas absurdas, parsimonia de las autoridades, poca o ninguna garantía para el ejercicio libre de una industria y tantas y tantas cosas como desde hace cinco lustros a esta parte han sucedido en España, hicieron que esta razón social se disolviera; y Don José Mª de Freixa, que desde los primeros años de su juventud empezó a sufrir los rudos latigazos del destino y que estaba acostumbrado a los embates de la vida, puso la vista en la inmensidad de los espacios y con una resignación sin límites siguió navegando por el ancho mar de las ilusiones.

Era difícil que pudiera tenerle miedo al destino; el valor era uno de los patrimonios que recogió como herencia al nacer al pie de cuya cuna depositaron con anterioridad sus padres y abuelos; este era un nuevo encontronazo con la vida. El Dante vio grabadas en las puertas de su infierno esta terrible inscripción: «Lasciate ogui esperanza». Perdida toda esperanza: pero él ante esa terrible visión del porvenir, no quería rendirse, era muy duro perder las esperanzas en plena flor de juventud y recordó que allá en medio de campos de Salamanca hay una cruz ante la cual los viajeros se detienen.

La cruz tiene a sus pies esta otra inscripción: «Viajero: mira atrás, mira adelante, sigue tu largo o corto camino pero reza».

Pero Freixa a pesar de las adversidades no podía dejar de ser quien era; estaba forjado su temple a grandes calorías; era su corazón acero puro sin mezcla de maleabilidad alguna; tenía en sus venas sangre cristiana, católica y carlista, se educó en el tradicionalismo guiado por la luz esplendorosa de aquella santa mujer que lo amamantó y de aquel caballeroso y bravo militar que fue de creador después de Dios; en su cerebro no tenían cabida las bajas pasiones, su inteligencia marchaba siempre hacia el bien y Freixa, que aprendió de sus padres a rezar y que en unión de ellos rezaba a diario el Santo Rosario, siguió rezando, rezó mucho... bendita tradición; ¡qué bella eres! invocó el dulce nombre de Jesús y solo con su ayuda y proyección, se vio libre de maldades; comenzó una nueva vida caminando por senderos indecisos sembrando espinas, que es el camino que recorren los buenos para llegar a la edad que hoy ostenta, querido, respetado y admirado de cuantos le conocen y tratan y comparten con él el dulce nombre de la amistad.

A los 23 años de edad, en 5 de Julio de 1911 se unió con el indisoluble lazo del matrimonio con la muy linda señorita Blanca de Sabater Gaytán de Ayala, hija como antes hemos dicho del que fue general carlista Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany; ceremonia que tuvo lugar en el aristocrático templo de Nuestra Señora de las Mercedes y en el propio Camarín de esta imagen.

Apadrinaron esta unión SS. AA. RR. los serenísimos señores Don Alfonso Carlos de Borbón y Doña María de las Nieves de Braganza y de Borbón, dando con ello al señor Freixa la más patente prueba de cuanta consideración le profesan estas augustas y reales personas, en méritos de la inolvidable memoria y recuerdo de sus antepasados.

Los serenísimos infantes estuvieron representados por los Muy Ilustres señores Don Alejandro de Lacour y Moreno de Souza; Don Ramón María de Segarra y de Siscar; y Doña Carmen de raurés vda. de Hansay.

Los dos primeros señores citados actuaron también como testigos del novio; siendo los de la novia el Marqués de Oliver y Don Andrés de rocha.

Huelga decir por consiguiente la amistad que une al Sr. Freixa con SS. MM. Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves, de cuyos honorables señores recibe con frecuencia testimonios de ello, siendo en acto antes mencionado el botón preciado de esta amistad.

Indudablemente el Sr. Freixa, hombre culto e inteligente, de cultura nada común adquirida en sus constantes desvelos por el estudio, y los largos viajes realizados por el extranjero que le han proporcionado grandes conocimientos, es una figura indiscutible y un valor positivo en el tradicionalismo.

La devoción de muchos de los llamados hoy tradicionalistas es devoción de ayer, y más que devoción carlista podíamos llamarlos sin temor a equivocarnos devoción católica; del mismo modo que a muchas de las personas que frecuentan nuestros sagrados templos en vez de llamarles católicos perfectos podríamos designarlos con el nombre de católicos honorarios o clientes de Cristo.

Así sucede en el tradicionalismo; muchos jóvenes de los que integran sus filas y que se llaman monárquicos desconocen en absoluto la vida del Carlismo, su historia, sus hombres y sus hechos; son una juventud dispuesta a la lucha, una juventud emprendedora de grandes reconquistas, una juventud que como dijo el gran Sandoval, ¡con la fe quieren anticipar la aurora y con la ilusión dignificar la vida! Hermosa juventud, ¡Dios te guíe y te bendiga!; pero el caso de Freixa es otro en su origen y en sus efectos; Freixa tiene en su sangre la tercera generación carlista y evita por lo tanto decir servidor de una dinastía, hombre católico, hombre leal y honrado puesto que el solo nombre de carlista es el compendio de todas las bondades y de todas las dulcuras.

Por esto siempre ha sido y sigue siendo muy difícil ser carlista.

Monárquicos hay muchos, católicos hay más, leales ya hay menos; carlistas hay muy pocos.

Don José Mª de Freixa es una de las rocas actuales sobre las cuales se sostiene el tradicionalismo, lo que ocurre es que el Sr. Freixa no puede destacarse. Su figura no puede verse en el ateneo ni en el míting ni en las propagandas públicas, porque Freixa no es independiente.

Vive honrada, modesta y noblemente de un sueldo, de un destino. Es oficial administrativo del Ayuntamiento de Barcelona, con cuyo cargo ha desempeñado la Jefatura de la Policía de Abastos con tal celo y delicadeza que repetidas veces ha sido felicitado por sus Jefes.

Y en esta situación: ante un gobierno laico, un régimen republicano; unas cortes sectarias; una opinión pública extraviada; unos partidos políticos heterodoxos y un ambiente malsano de injusticia e impiedad, Freixa, que no recibió de sus padres y abuelos otro patrimonio que una acrisolada honradez y una limpia ejecutoria, tiene hoy que resignarse, sufrir en silencio, trabajar en la sombra y reducir el círculo de sus propagandas.

Como ya se ha dicho tiene mujer e hijos, obligación moral y terrena que jamás abandona puesto que es un amante esposo y un padre ejemplar.

Si Freixa fuera independiente, si las alas de su pensamiento y los latidos de su corazón pudieran volar libremente a los espacios estelares, otra cosa sería hoy el tradicionalismo y otros muy distintos los resultados que se obtendrían.

¡Qué duda cabe que al frente del tradicionalismo hay figuras eminentes! pero el sillón que debía ocupar Freixa está vacío, porque este sitial es el que ocupa en esos bellos juegos llamados florales el poeta premiado con la flor natural.

A Don José Mª Freixa le conocen muchos, le tratan pocos y lo comprenden menos. Los que le conocemos, tratamos y comprendemos, solo decimos de él una cosa: «Es, un carlista».


A mi querido e ilustre amigo Don José María de Freixa y d'Hansay - Marqués de la Palma. 
En un momento de divagación de mi atormentado cerebro, empecé a pensar el porqué de mis sufrimientos. Como traído de la mano de la Providencia llegó Vd. hasta mi musa y recordé los amargos ratos de su vida. Como lo creo a Vd. digno de mejor suerte, sin saber por qué comencé a escribirle. No sé, si en prosa o en verso —no conozco ese lenguaje, quédese ello para los hombres leídos y escribidos—, solo sé que le escribo en el lenguaje del corazón. 
Acepte Vd. como una sinceridad suprema de mi vida este pequeño trabajo que le envío y sepa que para Vd. y los suyos pide al Eterno Padre dichas sin fin su affmo. y buen amigo. 
firmado — F. García Luna.

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En 1934 el Marqués de la Palma envió a Don Alfonso Carlos las siguiente cartas (imágenes 256-260 del mismo expediente del PARES).

Carta firmada en Barcelona con fecha de 14 de septiembre de 1934 y membrete de la Jefatura Regional Tradicionalista de Cataluña (Secretaría: Rambla Cataluña, 8, pral. teléfono 24929):

Señor:
Con el mayor respeto escribo hoy a V.M. y acuso recibo a la última carta que el Señor se dignó escribirme, la que agradezco como todas, así como las noticias que en la misma se digna comunicarme.
Como consecuencia de los últimos y tristísimos acontecimientos ocurridos en Olesa de Montserrat con ocasión de un Aplech organizado por nuestros valientes requetés, en el que la mayor parte, en número de 95, fueron detenidos ignominiosamente apaleados y maltratados de palabra y de obra, me honro en comunicar a V.M. que entre los muchachos detenidos reina el mayor entusiasmo y a pesar de las grandes penalidades por que han tenido que pasar se encuentran más animosos que nunca y por mi mediación trasmiten a V.M. su más entusiasta adhesión a Vuestra Real Persona y la Causa tres veces Santa de la Tradición Española encarnada en la persona de V.M. Dispuestos siempre a seguir luchando y a los mayores sacrificios por Dios, por la Patria y por el Rey. Todos ellos junto con todos los Carlistas catalanes gritamos en estos momentos con toda la fuerza de nuestros pulmones ¡VIVA EL REY! ¡VIVA ESPAÑA CARLISTA!
Desde el primer momento, Señor, estuve trabajando en favor de los detenidos de acuerdo siempre con nuestro Jefe Sr. Alier, y puedo asegurar a V.M. que todos los elementos del partido sin excepción estuvieron a nuestro lado. Nada les falta y si bien se encuentran privados de libertad, están muy bien atendidos, pues rápidamente se han cubierto las listas con donativos que han sido enormes, para atender todos cuantos gastos ocasionen. Sería faltar a un deber de compañerismo si enumerara nombres de amigos correligionarios que han prestado todo su apoyo; basta decir que todos, absolutamente todos, sin distinción de clases ni de categorías, se están portando admirablemente bien.
Por lo demás, Señor, la reacción experimentada como consecuencia de este hecho es algo admirable, Cataluña entera está a nuestro lado y hasta enemigos nuestros han patentizado su protesta ante un acto tan vandálico y tan poco natural entre gente civilizada.
Prefiero no explicar detalles a V.M. del trato que se les dio por no amargar al Señor; ya pasó, y puede V.M. tener la seguridad absoluta de que ahora se encuentran muy bien y debidamente atendidos.
Creo así mismo que de no sobrevenir ninguna complicación, muy pronto los tendremos a todos en libertad; esta es la impresión que tenemos en estos momentos.
Señor, a la protesta general uno la mía, indignadísimo ante lo que me veo en el caso de calificar de canallada, la más ignominiosa registrada en los anales del Carlismo.
Todos los compañeros de Junta, Abogados defensores, amigos y correligionarios me encargan trasmita a V.M. el sentimiento del dolor que han experimentado ante este hecho incalificable, y al enviar a V.M. su más respetuoso saludo, envían así mismo su inquebrantable adhesión a Vuestra Real Persona, así como a su Majestad la Reina. Y hacen votos, Señor, para que V.M. se persone cuanto antes en tierra Española para salvar a España de tanta ignominia. Así lo deseamos todos los buenos Españoles.
Señor, ruego a V.M. se digne saludar respetuosamente a su Majestad la Reina.
Como siempre, Señor, quedo a las Reales Órdenes de V.M.

A los R.P. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


Carta firmada en Barcelona con fecha de 12 de octubre de 1934:

Señor
A su debido tiempo recibí la carta del día 5 con que se ha dignado honrarme V.M. y dejo cumplimentados los encargos con que V.M. me ha distinguido.
A raíz de mi detención y en vista de la persecución sistemática de que era objeto, salí para S. Sebastián, donde estuve refugiado ocho días, pero regresé a ésta precisamente cuando empezaba el peor peligro que gradias a Dios parece conjurado por el momento, aunque tememos que lenidades y compromisos de la naturaleza de los que por aquí se estilan con la gente que manda vuelvan a darle a no tardar nuevos ánimos y empuje. 
En realidad continúo en el Ayuntamiento, pero como no he de tener secretos para V.M., debo manifestarle que es un cargo muy inferior al que desempeñaba, con emolumentos sobradamente insuficientes y con el peligro constante de un cese por mi significación sobradamente conocida, todo lo cual me obliga a buscar otra situación que me permita vivir en los dos sentidos de la palabra, es decir, con suficiente sueldo para nuestras necesidades y con una mayor aunque relativa seguridad personal, pues hemos descubierto que en el último complot éramos muchos los condenados a muerte y a no haber sido por la gracia de Dios que les dio el fracaso, a buen seguro a estas horas seríamos no pocos los ejecutados.
Esta necesidad hace que con mayor gratitud si cabe mire yo el alto interés que por mí se toma V.M.
Con relación a lo que me dice V.M. relativo a nuestros presos he de hacer constar de una manera especial, por haberlo vivido constantemente, que el éxito se debe en su mayor parte a los incansables trabajos y especial táctica desplegada por el abogado y capitán de Marina Sr. Laplana, devoto súbdito de V.M., que ha consagrado por durante dos meses todas sus actividades sin reparar ni siquiera en horas de descanso a asunto de tanto interés para nuestra causa.
Y lo que digo de Laplana respecto al asunto de los presos debo decirlo también de Torralba respecto a todos los asuntos de nuestra comunión en los que se ha mostrado inteligentísimo, súmamente hábil, de una actividad pasmosa y lealtad jamás superada, culminando en el hecho de formar con las tropas en la lucha contra los separatistas durante los últimos sucesos. En su consecuencia me permito rogar a V.M. se digne honrar estos amigos (Enrique Laplana y Benedicto Torralba) enviándoles unos retratos de VV.MM. que estimarán como especialísimo favor y recompensa para ellos insospechada.
Nuevamente se encuentra Cataluña con crisis de Jefatura y nuevamente vuelven a despertarse ansias de mando en quienes menos lo merecen; pero, en fin, bien sabe V.M. que siempre estoy a sus órdenes para lo que se digne mandar.
Ruego a V.M. se digne presentar mis rendidos saludos a S.M. la Reina y aceptar la reiteración de incondicional lealtad que a V.M. debo.
Señor
A los RR.PP. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


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Como indica la biografía que hemos reproducido, don José María de Freixa y Hansay se casó con doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala. Según consta en la revista Cuadernos de Ayala, n. 50, abril-junio 2012, fueron padres de:

A) Doña Mercedes de Freixa y de Sabater, casada con don Pedro González Calvo; padres de doña Blanca y doña Esperanza González Freixa. 
B) Doña Blanca de Freixa y de Sabater, casada con don José de Aguirre y Viladomat; padres de doña Pilar, don José Luis, don Ignacio, doña Blanca, don Pedro y don Carlos de Aguirre y Freixa.

Durante la guerra de Liberación, don José María de Freixa y Hansay no se hallaba en su domicilio cuando fueron a buscarlo, según informó la Gaseta Municipal de Barcelona de junio de 1937. Ignoramos la fecha de su muerte, pero sabemos que vivía aún en 1958, cuando contaba con 70 años de edad, según consta en un número de la Gaceta Municipal de Barcelona de ese año.

El título de marqués de la Palma debió quedar vacante a la muerte de don José María. Al menos en dos ocasiones (en 1993 y 1999) Óscar de Freixas y Sánchez (residente en Miami, según parece) ha solicitado este título al Estado, aunque no tenemos noticia de que el Estado se lo haya otorgado. Ignoramos la relación que pueda tener el Sr. (de) Freixas con el último marqués de la Palma o con el general Cayetano Freixa, aunque no deja de llamarnos la atención la diferencia del apellido (Freixas en lugar de Freixa) así como la ascendencia cubana que parece tener el linaje de este caballero. Pensamos que los descendientes de Cayetano Freixa por cualquier rama tendrían más derechos a este título nobiliario, aunque en honor al General Freixa y a Don Carlos VII —que fue quien creó el título— les recomendaríamos que si tienen interés en el mismo lo solicitasen a la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, antes que a una jefatura del Estado que nada tiene que ver con el carlismo, por mucho que oficialice títulos nobiliarios carlistas (costumbre heredada de la anterior jefatura del General Franco).