Blog carlí català lleial a l'august cabdill de la Comunió Tradicionalista Don Sixt Enric de Borbó
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dilluns, 13 de febrer de 2017
Josep Mañá i Puig
Arran de la mort de Ferran VII, a qui servia com a Oficial de l'Estat Major i amb el grau de Comandant, es va separar de l'Exèrcit liberal i va oferir la seva espasa i la seva fortuna al senyor Don Carles Maria Isidre de Borbó, aixecant la seva bandera a Catalunya, on va reunir sis-cents homes, als qui mantenia de la seva butxaca particular.
El dia 13 de febrer de 1834, denunciat per un amic traïdor, va ser pres a casa Solé de Beró juntament amb alguns dels seus homes. Portats a Castelltersol, van ser afusellats el comandant Mañá, el Pare Tusquellas dels Agonitzants i altres companys de desgracia.
* Extret del «Vade-mecum del jaimista». Biblioteca Tradicionalista (VI): p. 36. Juny del 1914 i de l' «Álbum Histórico del Carlismo». 1935.
dilluns, 2 de gener de 2017
Monseñor Pedro Lisbona
Tal día como hoy, hace 61 años, fallecía Monseñor Pedro Lisbona Alonso. Melchor Ferrer, historiador de la Causa, nos dice de él que nació en Aragón, hijo de un oficial carlista de la Tercera Guerra. Vivió constantemente en Cataluña. Fue sacerdote, redactor y luego vicedirector del órgano de la Comunión Tradicionalista en Barcelona: El Correo Catalán. En 1922 le fue concedido el título de Camarero Secreto de Su Santidad con el tratamiento de Monseñor. Estuvo preso por los rojos, pero fue liberado al ser rescatada Cataluña por el ejército nacional. Era periodista de honor y profesor de la Escuela de Periodismo de Barcelona. Fue condecorado con las cruces de San Raimundo de Peñafort y de la Legitimidad Proscrita. Reproducimos a continuación el artículo que con motivo de su muerte le dedicara La Vanguardia Española.
Monseñor Pedro Lisbona Alonso nació [en 1881] en Argavieso (Huesca), y estudió en los Seminarios de Vich y Barcelona. Comenzó su vida periodística con el siglo, siendo seminarista en el Conciliar de nuestra ciudad, redactando, junto con el inolvidable canónigo barcelonés doctor Baranera y el doctor Soler, un semanario de combate que se titulaba El Rusinyol, que aparecía en Badalona. Más tarde empezó a colaborar en El Correo Catalán, usando el seudónimo de «Elias Sanpon Barbool», con cuya firma se publicaron infinidad de artículos. En 1908 le representó en la Asamblea Nacional de Buena Prensa de Zaragoza. Más tarde, fue nombrado Jefe de El Correo Catalán, en substitución de don Salvador Morales, que pasó a dirigir El Correo Español, de Madrid. Desde dicha fecha no perteneció a ningún otro periódico, figurando en su redacción —salvó los años de la Cruzada, en que el diario fue incautado por los rojos— hasta su muerte.
Hacia 1920 fue nombrado subdirector, cargo que ostentó hasta el mismo momento del Glorioso Movimiento Nacional. Sus campañas desde las columnas del viejo órgano del Tradicionalismo barcelonés fueron numerosísimas y algunas de ellas de gran resonancia. La primera que llevó a cabo fue a raíz de la liquidación, de la famosa Semana Trágica, que valió al periódico la rotativa «Albert», por subscripción popular.
Entre otros seudónimos, monseñor Lisbona usó el de «Wifredo», que empleaba para los editoriales; el de «Víctor» y «León de Padilla», para los artículos doctrinales y de orientación católica, así como también de «Plinio», para otra clase de trabajos.
Al estallar la revolución roja fue detenido, y el día de Navidad de 1936 fue juzgado, solicitando el fiscal del «tribunal popular» la pena de muerte, por su calidad de sacerdote y de periodista. Conmutada la pena, permaneció en la cárcel hasta febrero de 1939, en que fue liberado por las tropas nacionales en la cárcel de Figueras, reincorporándose pocos días después a la Redacción de El Correo Catalán.
Con motivo de la Exposición Internacional de 1929 fue nombrado presidente del Comité y Casa de la Prensa, recibiendo y atendiendo a más de mil personas españolas y extranjeras que visitaron el certamen. Fue varias veces directivo de la Asociación de la Prensa de Barcelona y lo era [en el momento de su fallecimiento] de su Montepío.
Realizó tres viajes a Roma y varios a Francia y Suiza. El último a la Ciudad Eterna tuvo efecto en mayo de 1953, con la peregrinación organizada por El Correo Catalán con motivo de cumplirse las bodas de platino del periódico. Por la Santidad de Benedicto XV le fue otorgada la dignidad de camarero secreto de S. S. (monseñor), ratificada por los posteriores Pontífices.
Durante medio siglo participó en todos los Congresos Nacionales de Buena Prensa, siendo miembro del Comité organizador del último, en Toledo, con el obispo de Málaga, eminentísimo doctor Herrera Oria, entonces director de El Debate.
Son numerosas las conferencias pronunciadas sobre temas periodísticos, siendo quizá la más importante la que pronunció en Vich, acerca de «El Criterio», de Balmes, al cumplirse su centenario, y que publicó La Gaceta de la Prensa. Monseñor Lisbona era capellán del colegio de San Gervasio del Instituto de Religiosas de Jesús-María; profesor del Instituto Montserrat de Segunda Enseñanza y profesor de la Escuela Oficial de Periodismo.
Una vida de consecuencia y apostolado
Nos será muy difícil a los periodistas de Barcelona y a cuantos amigos, numerosísimos, le trataron y amaron con ocasión de sus actividades, olvidar la bondad esencial de monseñor Pedro Lisbona, sacerdote extraordinario ante todo, que convirtió la llama de su vida en vocación y ejemplo, en apostolado incesante y permanente. Pero, después de sacerdote, y como la más noble de sus dedicaciones humanas, don Pedro Lisbona fue un periodista recio, íntegro y veterano; tanto, que hace ya tiempo cumplió simultáneamente, como se sabe, sus bodas de oro con el sacerdocio y con el periodismo.
Periodista de altísimos vuelos, maestro en la doctrina; apologista extraordinario como era también predicador meritorio. Y había de serlo quien, como él, gozaba de una preparación vastísima en las ciencias divinas y humanas, convertidas en su espíritu privilegiado en convicciones firmísimas, religiosas, sociales y políticas, intransigentes con el error, aunque su corazón, esencialmente bueno, Como decimos, estuviera siempre pronto a transigir con las personas; por esto se le quiso y por este motivo no le olvidaremos con facilidad.
Pero, no sólo era un periodista doctrinario y vocacional; el doctor Lisbona era también hombre de redacción y de taller. Conocía como pocos los entresijos del oficio periodístico y fue, en la práctica, un experto redactor-jefe, un buen confeccionador y, en todo instante, un titulista agudo, como era editorialista fácil y admirable articulista. Cuando el ministro de Información le discernió el título de Periodista de Honor realizó un acto de estricta justicia, que honró a toda la clase periodística barcelonesa, orgullosa de verse tan insuperablemente representada por tan ilustre compañero y maestro.
La extraordinaria obra dispersa del doctor Lisbona a lo largo de cincuenta años de intenso trabajo (sermones, homilías, cursillos, conferencias, retiros, editoriales, artículos, colaboraciones, explicaciones en el Instituto de Segunda Enseñanza y en la Escuela de Periodismo) constituye el máximo elogio y justificación de la vida fecunda de un ministro de Dios que convirtió su existencia entera en apostolado. Un apostolado multiforme y proteico, y por ello más meritorio a los ojos del Todopoderoso y de los hombres. Nosotros, que le conocimos, le tratamos y le admiramos, en el momento de hacer precipitado balance de la personalidad de monseñor Lisbona con explicable emoción, sacamos la impresión categórica de que será difícil aventar, humanamente hablando, los tesoros que sembró su activa existencia.
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| Mons. Pedro Lisbona Alonso (Argabieso, 5/7/1881 - Barcelona, 2/1/1955) |
Hacia 1920 fue nombrado subdirector, cargo que ostentó hasta el mismo momento del Glorioso Movimiento Nacional. Sus campañas desde las columnas del viejo órgano del Tradicionalismo barcelonés fueron numerosísimas y algunas de ellas de gran resonancia. La primera que llevó a cabo fue a raíz de la liquidación, de la famosa Semana Trágica, que valió al periódico la rotativa «Albert», por subscripción popular.
Entre otros seudónimos, monseñor Lisbona usó el de «Wifredo», que empleaba para los editoriales; el de «Víctor» y «León de Padilla», para los artículos doctrinales y de orientación católica, así como también de «Plinio», para otra clase de trabajos.
Al estallar la revolución roja fue detenido, y el día de Navidad de 1936 fue juzgado, solicitando el fiscal del «tribunal popular» la pena de muerte, por su calidad de sacerdote y de periodista. Conmutada la pena, permaneció en la cárcel hasta febrero de 1939, en que fue liberado por las tropas nacionales en la cárcel de Figueras, reincorporándose pocos días después a la Redacción de El Correo Catalán.
Con motivo de la Exposición Internacional de 1929 fue nombrado presidente del Comité y Casa de la Prensa, recibiendo y atendiendo a más de mil personas españolas y extranjeras que visitaron el certamen. Fue varias veces directivo de la Asociación de la Prensa de Barcelona y lo era [en el momento de su fallecimiento] de su Montepío.
Realizó tres viajes a Roma y varios a Francia y Suiza. El último a la Ciudad Eterna tuvo efecto en mayo de 1953, con la peregrinación organizada por El Correo Catalán con motivo de cumplirse las bodas de platino del periódico. Por la Santidad de Benedicto XV le fue otorgada la dignidad de camarero secreto de S. S. (monseñor), ratificada por los posteriores Pontífices.
Durante medio siglo participó en todos los Congresos Nacionales de Buena Prensa, siendo miembro del Comité organizador del último, en Toledo, con el obispo de Málaga, eminentísimo doctor Herrera Oria, entonces director de El Debate.
Son numerosas las conferencias pronunciadas sobre temas periodísticos, siendo quizá la más importante la que pronunció en Vich, acerca de «El Criterio», de Balmes, al cumplirse su centenario, y que publicó La Gaceta de la Prensa. Monseñor Lisbona era capellán del colegio de San Gervasio del Instituto de Religiosas de Jesús-María; profesor del Instituto Montserrat de Segunda Enseñanza y profesor de la Escuela Oficial de Periodismo.
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| El sacerdote y periodista D. Pedro Lisbona homenajeado por el ministro Antonio Iturmendi con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort (Hoja del lunes, 26/04/1954) |
Una vida de consecuencia y apostolado
Nos será muy difícil a los periodistas de Barcelona y a cuantos amigos, numerosísimos, le trataron y amaron con ocasión de sus actividades, olvidar la bondad esencial de monseñor Pedro Lisbona, sacerdote extraordinario ante todo, que convirtió la llama de su vida en vocación y ejemplo, en apostolado incesante y permanente. Pero, después de sacerdote, y como la más noble de sus dedicaciones humanas, don Pedro Lisbona fue un periodista recio, íntegro y veterano; tanto, que hace ya tiempo cumplió simultáneamente, como se sabe, sus bodas de oro con el sacerdocio y con el periodismo.
Periodista de altísimos vuelos, maestro en la doctrina; apologista extraordinario como era también predicador meritorio. Y había de serlo quien, como él, gozaba de una preparación vastísima en las ciencias divinas y humanas, convertidas en su espíritu privilegiado en convicciones firmísimas, religiosas, sociales y políticas, intransigentes con el error, aunque su corazón, esencialmente bueno, Como decimos, estuviera siempre pronto a transigir con las personas; por esto se le quiso y por este motivo no le olvidaremos con facilidad.
Pero, no sólo era un periodista doctrinario y vocacional; el doctor Lisbona era también hombre de redacción y de taller. Conocía como pocos los entresijos del oficio periodístico y fue, en la práctica, un experto redactor-jefe, un buen confeccionador y, en todo instante, un titulista agudo, como era editorialista fácil y admirable articulista. Cuando el ministro de Información le discernió el título de Periodista de Honor realizó un acto de estricta justicia, que honró a toda la clase periodística barcelonesa, orgullosa de verse tan insuperablemente representada por tan ilustre compañero y maestro.
La extraordinaria obra dispersa del doctor Lisbona a lo largo de cincuenta años de intenso trabajo (sermones, homilías, cursillos, conferencias, retiros, editoriales, artículos, colaboraciones, explicaciones en el Instituto de Segunda Enseñanza y en la Escuela de Periodismo) constituye el máximo elogio y justificación de la vida fecunda de un ministro de Dios que convirtió su existencia entera en apostolado. Un apostolado multiforme y proteico, y por ello más meritorio a los ojos del Todopoderoso y de los hombres. Nosotros, que le conocimos, le tratamos y le admiramos, en el momento de hacer precipitado balance de la personalidad de monseñor Lisbona con explicable emoción, sacamos la impresión categórica de que será difícil aventar, humanamente hablando, los tesoros que sembró su activa existencia.
dilluns, 19 de desembre de 2016
Inauguración del Círculo Tradicionalista de Molins de Rei (1913)
Los actos realizados ayer en la pintoresca población de Molins de Rey revistieron una importancia excepcional y acreditaron que aquella es tierra espléndidamente abonada para que eche raíces la semilla tradicionalista. La población vióse animadísima y sus habitantes mostráronse altamente hospitalarios con sus huéspedes. Los tradicionalistas de la localidad tuvieron una excelente jornada, de la que no se olvidarán fácilmente.
En Molins de Rey, a partir de ayer, contamos ya con una nueva entidad del partido, que viene a la lucha política con plétora de vida y ofrece fundadamente contribuir al engrandecimiento de nuestra Comunión en aquel distrito. Felicitamos cordialmente a los fundadores del Círculo y al felicitarles les deseamos una serie inacabable de aciertos en su gestión política, aciertos que redundarán en beneficio de su prestigio personal y a la mayor gloria de la Causa.
MISA DE COMUNIÓN
A las seis y media de la mañana, en la parroquial iglesia de San Miguel, hubo misa de Comunión cantada, con plática preparatoria, que pronunció el oficiante reverendo D. Juan Basañs, cura párroco de la población. La misa fue cantada por los señores Boig y Prats, acompañados al armonium por el Sr. Batlle.
El templo fue invadido por numerosos correligionarios de la localidad y de San Feliú de Llobregat. En lugar preferente estaban el jefe tradicionalista del distrito, nuestro querido amigo D. Eduardo de Batlle, el presidente de la Junta local, D. Miguel Martí, y el presidente del Círculo inaugurado D. José Canalíes.
El reverendo Basañs hizo una plática sentidísima, impresionando a los fieles con sus bellas imágenes, impregnadas de fervor religioso. Terminada la plática, se acercaron a las gradas del altar centenares de correligionarios que recibieron con gran piedad el Pan de los Ángeles.
NUESTROS JÓVENES
Los jóvenes jaimistas no tienen rival en todo lo que sea sacrificarse en aras de una idea, y esto lo prueban de continuo dando elocuentes muestras de su espíritu de sacrificio con las expediciones que emprenden. Ayer muchísimos hicieron a pie el viaje a Molins de Rey, fortaleciendo sus piernas como si estuviéramos en vísperas de acontecimientos definitivos.
Los primeros en llegar fueron los del Círculo de Sans y los del distrito segundo, mostrándose todos muy animosos y con alma para emprender otro trayecto mayor. Seguíanles correligionarios del Círculo de Barcelona, El Porvenir, Patronato de Santa Madrona y otros, llevando las banderas y banderines de la sección excursionista del Círculo Central, El Porvenir, distrito segundo, etc., etc.
El banderín del Requeté de Barcelona llegó en el tren de las diez, custodiado por varios jóvenes de la Junta directiva del mismo, a las órdenes del vocal primero de la Junta Central Tradicionalista, organizadora de los requetés de Cataluña. D. José Bermelló, prestigioso veterano.
BENDICIÓN DEL CÍRCULO. — EL BANQUETE
A las once tuvo lugar la bendición del local del nuevo Círculo Tradicionalista de Molins de Rey, presenciando la ceremonia religiosa centenares de amigos. Bendijo el inmueble el reverendo D. José Mas, acompañándole cuando recorrió el local las autoridades jaimistas del distrito.
A la una, en el amplio salón de actos del Círculo se efectuó el banquete, asistiendo numerosos correligionarios. Ocuparon la presidencia de las mesas los jefes tradicionalistas. La comida, que fue servida admirablemente, transcurrió en medio de una encantadora cordialidad. A la hora de los brindis levantaron la copa D. Germán de Bellver, D. Angel Marqués, D. Juan Aymat, D. Francisco Bermello y D. Esteban de Batlle, pronunciando todos calurosos y vibrantes párrafos y siendo muy aplaudidos.
LLEGADA DE LOS ÓRADORES
Poco antes de las cuatro de la tarde comenzaron a congregarse en las inmediaciones de la estación multitud de jaimistas, ansiosos de tributar un cariñoso y efusivo recibimiento a los oradores que eran esperados procedentes de Barcelona.
A las cuatro y minutos entró el tren en agujas, resonando a su vista un aplauso entusiasta. Del convoy descendieron el diputado provincial por Manresa-Berga, D. Juan María Roma, nuestro director D. Miguel Junyent, el presidente de la Junta organizadora de los requetés, D. Matías Llorens, y el secretario D. José L. Prat-Maignon.
Después de cambiar los saludos de rúbrica, dirigiéronse en ordenada manifestación al teatro de La Alhambra, donde tuvo lugar el mitin.
EL MEETING
En el teatro citado, capaz para contener muchísima gente, se efectuó el mitin, que resultó un acto importantísimo. Entre el gran número de jaimistas que había, so notaba la presencia de infinidad de vecinos de la población pertenecientes a la llamada clase neutra, que fueron allí a impregnarse de las sanas y redentoras doctrinas tradicionalistas.
Ocupó la presidencia D. José Ganalíes, quien tenía a su lado al jefe de la Junta local, don Miguel Martí, al de la de distrito, D. Eduardo de Batlle, al Sr. Puiggarí, y a los oradores que dirigieron la palabra a la concurrencia.
D. GERMÁN DE BELLVER
Después de excusar la ausencia de algunos de los oradores anunciados, que por ocupaciones ineludibles se veían privados de asistir al acto, felicita a los correligionarios de Molins de Rey, por haber fundado el Círculo, que será un poderoso auxiliar para hacer la revolución en las ideas, ya que sin operarse esta revolución no podríamos afianzar la redentora obra tradicionalista.
Encarece la necesidad de damos a conocer a España tal como somos, esto es: como el único partido capacitado para gobernar el Estado, frente a todas las demagogias, y termina con párrafos vibrantes dedicados a la juventud.
D. ÁNGEL MARQUÉS
Al levantarse este batallador propagandista de La Trinchera resonó una ovación cariñosísima.
Termina su elocuente discurso enalteciendo la figura de Llobet, al que llama moderno mártir del jaimismo, y pide que todos, con su óbolo, contribuyan a hacerle menos cruel su cautiverio. Al terminar fue ovacionado.
D. JUAN MARÍA ROMA
Al acercarse a las candilejas el infatigable diputado provincial por Manresa-Berga, prorrumpe en ruidosos aplausos la concurrencia.
Termina haciendo un concienzudo estudio de la cuestión social, cosechando frenéticos aplausos.
D. MIGUEL JUNYENT
Nuestro director, acallados los aplausos, dice:
Después de unas sentidas palabras del amigo D. Juan Aymat, palabras rebosantes de entusiasmo, la presidencia dio por terminado el acto, reinando un entusiasmo indescriptible, y entre aplausos y vivas. Poco después se inició el desfile, regresando a Barcelona los oradores y demás personalidades. En el ánimo de todos quedó la impresión de que habíamos efectuado una jornada gloriosa.
VARRON
(De El Correo Catalán)
Reproducido por EL CORREO ESPAÑOL (24 de mayo de 1913)
* Nota: En cuanto a las manifestaciones de J. M. Roma sobre el Ejército voluntario, debemos aclarar que Carlos VII reconoció la necesidad del servicio militar obligatorio, universal para los varones.
En Molins de Rey, a partir de ayer, contamos ya con una nueva entidad del partido, que viene a la lucha política con plétora de vida y ofrece fundadamente contribuir al engrandecimiento de nuestra Comunión en aquel distrito. Felicitamos cordialmente a los fundadores del Círculo y al felicitarles les deseamos una serie inacabable de aciertos en su gestión política, aciertos que redundarán en beneficio de su prestigio personal y a la mayor gloria de la Causa.
MISA DE COMUNIÓN
A las seis y media de la mañana, en la parroquial iglesia de San Miguel, hubo misa de Comunión cantada, con plática preparatoria, que pronunció el oficiante reverendo D. Juan Basañs, cura párroco de la población. La misa fue cantada por los señores Boig y Prats, acompañados al armonium por el Sr. Batlle.
El templo fue invadido por numerosos correligionarios de la localidad y de San Feliú de Llobregat. En lugar preferente estaban el jefe tradicionalista del distrito, nuestro querido amigo D. Eduardo de Batlle, el presidente de la Junta local, D. Miguel Martí, y el presidente del Círculo inaugurado D. José Canalíes.
El reverendo Basañs hizo una plática sentidísima, impresionando a los fieles con sus bellas imágenes, impregnadas de fervor religioso. Terminada la plática, se acercaron a las gradas del altar centenares de correligionarios que recibieron con gran piedad el Pan de los Ángeles.
NUESTROS JÓVENES
Los jóvenes jaimistas no tienen rival en todo lo que sea sacrificarse en aras de una idea, y esto lo prueban de continuo dando elocuentes muestras de su espíritu de sacrificio con las expediciones que emprenden. Ayer muchísimos hicieron a pie el viaje a Molins de Rey, fortaleciendo sus piernas como si estuviéramos en vísperas de acontecimientos definitivos.
Los primeros en llegar fueron los del Círculo de Sans y los del distrito segundo, mostrándose todos muy animosos y con alma para emprender otro trayecto mayor. Seguíanles correligionarios del Círculo de Barcelona, El Porvenir, Patronato de Santa Madrona y otros, llevando las banderas y banderines de la sección excursionista del Círculo Central, El Porvenir, distrito segundo, etc., etc.
El banderín del Requeté de Barcelona llegó en el tren de las diez, custodiado por varios jóvenes de la Junta directiva del mismo, a las órdenes del vocal primero de la Junta Central Tradicionalista, organizadora de los requetés de Cataluña. D. José Bermelló, prestigioso veterano.
BENDICIÓN DEL CÍRCULO. — EL BANQUETE
A las once tuvo lugar la bendición del local del nuevo Círculo Tradicionalista de Molins de Rey, presenciando la ceremonia religiosa centenares de amigos. Bendijo el inmueble el reverendo D. José Mas, acompañándole cuando recorrió el local las autoridades jaimistas del distrito.
A la una, en el amplio salón de actos del Círculo se efectuó el banquete, asistiendo numerosos correligionarios. Ocuparon la presidencia de las mesas los jefes tradicionalistas. La comida, que fue servida admirablemente, transcurrió en medio de una encantadora cordialidad. A la hora de los brindis levantaron la copa D. Germán de Bellver, D. Angel Marqués, D. Juan Aymat, D. Francisco Bermello y D. Esteban de Batlle, pronunciando todos calurosos y vibrantes párrafos y siendo muy aplaudidos.
LLEGADA DE LOS ÓRADORES
Poco antes de las cuatro de la tarde comenzaron a congregarse en las inmediaciones de la estación multitud de jaimistas, ansiosos de tributar un cariñoso y efusivo recibimiento a los oradores que eran esperados procedentes de Barcelona.
A las cuatro y minutos entró el tren en agujas, resonando a su vista un aplauso entusiasta. Del convoy descendieron el diputado provincial por Manresa-Berga, D. Juan María Roma, nuestro director D. Miguel Junyent, el presidente de la Junta organizadora de los requetés, D. Matías Llorens, y el secretario D. José L. Prat-Maignon.
Después de cambiar los saludos de rúbrica, dirigiéronse en ordenada manifestación al teatro de La Alhambra, donde tuvo lugar el mitin.
EL MEETING
En el teatro citado, capaz para contener muchísima gente, se efectuó el mitin, que resultó un acto importantísimo. Entre el gran número de jaimistas que había, so notaba la presencia de infinidad de vecinos de la población pertenecientes a la llamada clase neutra, que fueron allí a impregnarse de las sanas y redentoras doctrinas tradicionalistas.
Ocupó la presidencia D. José Ganalíes, quien tenía a su lado al jefe de la Junta local, don Miguel Martí, al de la de distrito, D. Eduardo de Batlle, al Sr. Puiggarí, y a los oradores que dirigieron la palabra a la concurrencia.
D. GERMÁN DE BELLVER
Después de excusar la ausencia de algunos de los oradores anunciados, que por ocupaciones ineludibles se veían privados de asistir al acto, felicita a los correligionarios de Molins de Rey, por haber fundado el Círculo, que será un poderoso auxiliar para hacer la revolución en las ideas, ya que sin operarse esta revolución no podríamos afianzar la redentora obra tradicionalista.
Encarece la necesidad de damos a conocer a España tal como somos, esto es: como el único partido capacitado para gobernar el Estado, frente a todas las demagogias, y termina con párrafos vibrantes dedicados a la juventud.
D. ÁNGEL MARQUÉS
Al levantarse este batallador propagandista de La Trinchera resonó una ovación cariñosísima.
Muchas, veces —dice— se nos ha extendido la papeleta de defunción, y por esto al dirigirme yo ahora a vosotros, tendría que decir: queridos cadáveres; pero un partido como el nuestro, que tiene en su historia moderna tantos héroes, es imposible que muera.
Se está pretendiendo modernizar a España; se la quiere hacer secuaz de Francia, y los Gobiernos que esto pretenden hacer, son los que continuamente hablan de dignidad y de honradez cuando no han hecho otra cosa en su vida que deshonrar y denigrar a España. (Aplausos.) Hablan de honradez, como pueden hablar los gitanos. (Más aplausos.)
Termina su elocuente discurso enalteciendo la figura de Llobet, al que llama moderno mártir del jaimismo, y pide que todos, con su óbolo, contribuyan a hacerle menos cruel su cautiverio. Al terminar fue ovacionado.
D. JUAN MARÍA ROMA
Al acercarse a las candilejas el infatigable diputado provincial por Manresa-Berga, prorrumpe en ruidosos aplausos la concurrencia.
Mi amigo el Sr. Marqués —comienza diciendo— ha manifestado que nuestros enemigos nos consideran muertos, y mirad, a pesar de esto, el pavor que les infundimos, que recientemente, al trasladar las cenizas de un héroe, tembló hasta el Gobierno liberal. (Aplausos.) El partido tradicionalista no puede morir, porque se asienta sobre la verdad, porque es algo consustancial con la Historia de España, y para morir fuera necesario quo ésta desapareciera.
Tenemos que quitarnos de encima el dictado de absolutistas con que pretenden difamarnos nuestros enemigos, y mostrar que somos más amantes de la libertad que ellos, pues ellos sólo llevan en sus labios esta palabra, y el concepto que enuncia no lo llevan en el corazón. (Aplausos.) El partido tradicionalista tiene soluciones para todo.
En lo tocante al sufragio, somos partidarios del sufragio orgánico. No es racional que tenga el mismo valor el voto de un gitano que el de un hombre consciente, capaz de comprender la importancia del sufragio.
En la cuestión religiosa queremos la libertad económica de la Iglesia, y que ésta tenga su supremacía en aquellas cuestiones que le competen, como son la moral y las costumbres. No queremos tampoco que los Gobiernos se entrometan en los asuntos particulares de la Iglesia, nombrando Canónigos y Obispos, nombramientos que son exclusivamente potestativos del Papado.
Nuestro Ejército será voluntario. La carrera militar es un sacerdocio, como la eclesiástica, y no hay derecho a hacer que cargue con el fusil un ciudadano que no tenga vocación para las armas. *
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| Juan María Roma (1870 - 1946) |
Termina haciendo un concienzudo estudio de la cuestión social, cosechando frenéticos aplausos.
D. MIGUEL JUNYENT
Nuestro director, acallados los aplausos, dice:
Mi primer aplauso y mi felicitación más entusiasta será para los correligionarios de Molins de Rey, por el esfuerzo que supone la formación de este Círculo, esfuerzo que nos obliga a que les abracemos como hermanos para trabajar juntos por el esplendor de la bandera jaimista.
Molins de Rey ha dado hoy pruebas de una gran civilidad que merece nuestra consideración y reconocimiento. Aquí hemos venido, por aquí hemos paseado nuestras banderas, y no hemos sido molestados por nadie, ni a nadie hemos molestado, dando una elocuente muestra de cómo se practica la libertad.
Habéis visto cómo se ha formado este Centro, cuyos comienzos son parecidos al que abrimos en San Feliu. Este ha crecido, éste ha prosperado, aunque para crecer y prosperar ha tenido que reñir batallas. Haced aquí lo mismo, y veréis como no pasan muchos meses sin que las listas de socios se nutran y éste alcance plétora de vida. Practicad vivamente los principios tradicionalistas, pues no basta con predicarlos. Si hoy en este Centro somos pocos, que en el año próximo podamos decir que el local social es pequeño y que la influencia de los ideales tradicionalistas se deja sentir en todas las esferas sociales.
Tenemos fuerzas para imponemos, y si no nos imponemos por la fuerza de la razón, demostraremos que somos hombres cuando se trate de entronizar los principios de nuestro Derecho. Tenemos un Caudillo que no lleva el cetro de caña, que lleva un manto de armiño impecable; y un partido que cuenta con un Caudillo así, no puede ser vencido.
Tenemos que ir siempre adelante en defensa de nuestros principios. Seremos caritativos con nuestros enemigos, siguiendo el ejemplo de Cristo, pero si alguien nos cierra el paso, entonces demostraremos que somos hombres. Jóvenes y veteranos, nos tenemos que unir en ramillete de amores para que con este ramillete y el que presenten las demás regiones, podamos tejer la corona que ofreceremos a Don Jaime.
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| Miguel Junyent (1871 - 1936) |
Después de unas sentidas palabras del amigo D. Juan Aymat, palabras rebosantes de entusiasmo, la presidencia dio por terminado el acto, reinando un entusiasmo indescriptible, y entre aplausos y vivas. Poco después se inició el desfile, regresando a Barcelona los oradores y demás personalidades. En el ánimo de todos quedó la impresión de que habíamos efectuado una jornada gloriosa.
VARRON
(De El Correo Catalán)
Reproducido por EL CORREO ESPAÑOL (24 de mayo de 1913)
* Nota: En cuanto a las manifestaciones de J. M. Roma sobre el Ejército voluntario, debemos aclarar que Carlos VII reconoció la necesidad del servicio militar obligatorio, universal para los varones.
dimarts, 15 de novembre de 2016
Benedicto Torralba de Damas
Reproducimos una entrada que el cuaderno de bitácora Reino de Granada publicó ayer 14 de noviembre, en el LXXX aniversario del martirio del periodista y escritor carlista Benedicto Torralba de Damas, asesinado por los rojo-separatistas en 1936, a los treinta y siete años de edad. Si bien era natural de Salobreña, la parte final de su trayectoria política y periodística la desarrolló en el Principado de Cataluña, donde encontró la muerte gloriosa por Dios, por la Patria, por los Fueros y por el Rey legítimo. Benedicto Torralba de Damas: escritor granadino y mártir de la Tradición.
El escritor Benedicto Torralba de Damas nació en Salobreña (Granada) el 10 de septiembre de 1899 y fue asesinado por los rojos en las cercanías de Ponts (Lérida) el 14 de noviembre de 1936.
Cursó sus primeros estudios en Navas de San Juan, donde su padre tenía acreditada notaría; los primeros años de bachillerato, en Úbeda; los últimos, en el colegio de la Compañía de Jesús, de Gijón, y aprobó la carrera de Derecho en Madrid, haciendo los estudios por correspondencia y examinándose en la capital de España. En Granada estudió, con gran provecho, Filosofía y Letras.
Torralba de Damas fue, por encima de todo, escritor. Como poeta ha dejado Las Infantinas, poema inspiradísimo; la comedia carlista Más leal que galante, e infinidad de sonetos, romances, odas, epitalamios y toda suerte de versos, distribuidos por las revistas y diarios de España. Como novelista obtuvo un premio con su obra En los nidos de antaño. Publicó, además, El legado; La ruina de una casa noble; El idilio inacabado y Filosofía del toreo, y gran número de cuentos y artículos, aparecidos en su mayoría —en los últimos años— en la revista católica de Barcelona La Familia, de la que era redactor jefe.
Fundó y dirigió, por mandato de altas jerarquías eclesiásticas, la lujosa revista de la Exposición Misional Española (1928-1930). También fundó y dirigió el semanario de lucha tradicionalista Don Fantasma, cuya publicación fue prohibida por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Fue asimismo el fundador de otro semanario tradicionalista, sucesor del anterior, titulado Guirigay. Colaboró en Reacción y en otras publicaciones de carácter político.
Era orador de fácil y brillante palabra. Sus conferencias contra la blasfemia, pronunciadas en Tarrasa y otras poblaciones de la comarca, dejaron beneficiosa huella. En política actuó intensamente dentro del carlismo ocupando altos cargos, y al estallar el Alzamiento Nacional ejercía el de secretario general de la Comunión Tradicionalista en Cataluña, desde cuyo puesto había contribuido celosamente a la preparación de la Cruzada. Al producirse ésta se hallaba con su familia en el pueblecito pirenaico de Bor, desde donde intentó infructuosamente pasar a la zona nacional. Detenido por los carabineros rojos, junto con otros fugitivos, fue encarcelado en Seo de Urgel, de cuya prisión fue arrancado violentamente el 14 de noviembre de 1936 para ser conducido a Lérida en unión de otros compañeros de cautiverio. Ninguno de ellos llegó a su destino, suponiéndose fueron fusilados en las cercanías de Ponts.
Información procedente de la biografía en la Enciclopedia Espasa (suplemento 1936-1939, 1r tomo) que escribió su amigo Antonio Pérez de Olaguer
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| Benedicto Torralba de Damas (1899-1936) |
El escritor Benedicto Torralba de Damas nació en Salobreña (Granada) el 10 de septiembre de 1899 y fue asesinado por los rojos en las cercanías de Ponts (Lérida) el 14 de noviembre de 1936.
Cursó sus primeros estudios en Navas de San Juan, donde su padre tenía acreditada notaría; los primeros años de bachillerato, en Úbeda; los últimos, en el colegio de la Compañía de Jesús, de Gijón, y aprobó la carrera de Derecho en Madrid, haciendo los estudios por correspondencia y examinándose en la capital de España. En Granada estudió, con gran provecho, Filosofía y Letras.
Torralba de Damas fue, por encima de todo, escritor. Como poeta ha dejado Las Infantinas, poema inspiradísimo; la comedia carlista Más leal que galante, e infinidad de sonetos, romances, odas, epitalamios y toda suerte de versos, distribuidos por las revistas y diarios de España. Como novelista obtuvo un premio con su obra En los nidos de antaño. Publicó, además, El legado; La ruina de una casa noble; El idilio inacabado y Filosofía del toreo, y gran número de cuentos y artículos, aparecidos en su mayoría —en los últimos años— en la revista católica de Barcelona La Familia, de la que era redactor jefe.
Fundó y dirigió, por mandato de altas jerarquías eclesiásticas, la lujosa revista de la Exposición Misional Española (1928-1930). También fundó y dirigió el semanario de lucha tradicionalista Don Fantasma, cuya publicación fue prohibida por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Fue asimismo el fundador de otro semanario tradicionalista, sucesor del anterior, titulado Guirigay. Colaboró en Reacción y en otras publicaciones de carácter político.
Era orador de fácil y brillante palabra. Sus conferencias contra la blasfemia, pronunciadas en Tarrasa y otras poblaciones de la comarca, dejaron beneficiosa huella. En política actuó intensamente dentro del carlismo ocupando altos cargos, y al estallar el Alzamiento Nacional ejercía el de secretario general de la Comunión Tradicionalista en Cataluña, desde cuyo puesto había contribuido celosamente a la preparación de la Cruzada. Al producirse ésta se hallaba con su familia en el pueblecito pirenaico de Bor, desde donde intentó infructuosamente pasar a la zona nacional. Detenido por los carabineros rojos, junto con otros fugitivos, fue encarcelado en Seo de Urgel, de cuya prisión fue arrancado violentamente el 14 de noviembre de 1936 para ser conducido a Lérida en unión de otros compañeros de cautiverio. Ninguno de ellos llegó a su destino, suponiéndose fueron fusilados en las cercanías de Ponts.
Información procedente de la biografía en la Enciclopedia Espasa (suplemento 1936-1939, 1r tomo) que escribió su amigo Antonio Pérez de Olaguer
diumenge, 18 de setembre de 2016
El General Juan Romagosa
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| (La Bisbal del Penedés, 1791 - Igualada, 1834) |
Don Juan Romagosa, Mariscal de Campo en 1820, entusiasta de la causa realista —que le llevó a ponerse a las órdenes de la célebre Regencia de Urgel en su campaña contra los liberales— y, por último, gobernador político-militar de Mataró y de Ciudad Rodrigo, marchó a la emigración, tan pronto como expiró Fernando VII, para ofrecer su espada a Carlos V.
Hallábase en Italia, cuando éste le nombró, en 1834, Comandante general de Cataluña, con el empleo de teniente general, a fin de que, de acuerdo con el Infante don Sebastián, dirigiese las operaciones de la guerra en el Principado.
Esclavo del deber, fletó en Génova un bergantín, a bordo del que arribó el 12 de septiembre de aquel año a las playas de San Salvador y punta de Bazá, burlando la vigilancia de los cruceros españoles y franceses.
Dictó las primeras disposiciones como General en Jefe y, oculto en la casa del párroco de Selmas, planeaba el levantamiento de los leales catalanes; mas, descubierto por los agentes de Llauder, comandante general cristino de la región, fue conducido a Igualada y pasado por las armas el [18 de septiembre de 1834].
Idéntico fin tuvo su secretario, como lo tuvo por aquellos días, en Lérida, D. Ramón Aldama. Los tres dieron pruebas de valor y de fe ejemplares en aquellos trágicos momentos y su sangre generosa regó las tierras del Principado, terreno fértil en heroicos soldados de la santa Causa.
EL CRUZADO ESPAÑOL (16 de agosto de 1929)
diumenge, 11 de setembre de 2016
Testimonio del requeté Juan Riera Bartra (1913-2013)
Nací en 1913, en el barrio de San Andrés de Palomar, en Barcelona. Fuimos diez hermanos, pero dos murieron de niños y otro hermano más siendo muy joven, así que solo quedamos siete. Éramos una familia era muy religiosa: mi hermano Ramón padecía una enfermedad rara que se llama atrofia muscular progresiva, y que en aquel momento no tenía curación. Todos los años iba de peregrinación a Lourdes acompañado de mis padres y de una hermana para pedir su curación, y el tercer año que iba, con 16 años, murió por el camino. Unos días antes, mi madre le dijo: «mira Ramón, me parece que este año no podrás ir porque tienes fiebre y no te encuentras bien», pero él le contestó: «no mamá, tengo que ir que este año seguramente la Virgen me curará». Montó en el tren, y durante el camino, entre Narbona y Carcasona, murió mientras le auxiliaba un jesuita que viajaba en el mismo vagón, y quedó enterrado allí, en Lourdes.
La familia nos habíamos dedicado de siempre a los curtidos; mi abuelo ha había montado a principios de siglo una fábrica de curtidos en San Andrés, que luego tuvo que vender mi padre por una crisis. Sin embargo, al cabo de un tiempo tuvo una oportunidad y alquiló otra fábrica de curtidos con la que continuamos en la misma actividad.
Mi padre en principio no era de ningún partido político, pero tenía un pariente que era muy carlista y después de acompañarle varias veces a mítines, aquello le gustó y se hizo carlista. Era un hombre muy conocido en el barrio, Presidente del Carlismo allí, en San Andrés, y durante varios años fue concejal carlista en Barcelona. En aquellos años los carlistas íbamos juntos con la Lliga Regionalista de Cambó, y en la lista del grupo dejaban dos puestos para concejales carlistas.
Luego, durante la República, el ambiente se fue caldeando, y aunque en el barrio no hubo una persecución religiosa abierta, sí había dificultades. Recuerdo que en una de las elecciones acompañé a mi padre a votar y en el colegio encontramos a un grupo de monjas a los que unos señores de izquierdas no les dejaban votar: «las monjas pues no tienen derecho a votar», decían, y mi padre se les enfrentó: «¿no son mujeres?, pues entonces pueden votar como el resto». No sé cómo acabó la cosa, pero había tensión en la calle.
Como carlistas, estábamos comprometidos con el Requeté de Barcelona, así que el 18 de julio, a la madrugada, nos dieron la orden de que los jóvenes nos concentráramos cerca de la plaza Universidad y los adultos acudieran a los cuarteles de San Andrés. Sin embargo, como yo iba con mi padre y un tío, y vivíamos allí, fuimos los tres al cuartel de San Andrés. Allí nos juntamos gente de Renovación Española y bastantes carlistas. Pasamos muchas horas allí en espera de noticias, sin hacer nada, hasta que pasó un avión y tiró una bomba contra el cuartel, aunque cayó fuera.
Entonces se decidió ya salir, y el capitán que debía conducirnos al interior de Barcelona, al arengarnos justo antes de salir, para contentar a la tropa, tuvo la idea de gritar “viva la República”, con lo que uno de nuestro grupo de requetés gritó al revés, “muera la República”. Los carlistas quedamos descontentos, dejaron los fusiles en el suelo y dijeron: «por eso nosotros no salimos. No hemos venido aquí a salvar la República». Vino entonces el coronel a intentar arreglar la situación, porque lo hicieron mal; sin hubieran empleado para arengarnos algo que nos contentara a todos, como “viva España”, se podía haber evitado.
A última hora de la tarde, el coronel nos comunicó la situación: «miren, el movimiento de momento está perdido, así que vayan de regreso a sus casas». Mi padre y yo fuimos andando a casa, mientras mi tío cogió andando la carretera porque tenía a la familia veraneando cerca de Barcelona.
Nosotros llegamos a casa, pero a mi tío, que por lo visto le debieron ver salir de los cuarteles, lo detuvieron a por la carretera y lo llevaron al ayuntamiento de Moncada, donde se juntó con otros detenidos, entre ellos al jefe del Requeté de Barcelona. Al día siguiente, a la madrugada, se los llevaron en un coche a las afueras del pueblo, entre Moncada y Mollet, muy cerca de Barcelona, les dijeron bajar y les fusilaron junto a la carretera. A mi tío le pegaron un tiro en la cabeza y cayó muerto, pero el Jefe del Requeté de Barcelona tuvo más suerte: una bala le rozó, se tiró al suelo y lo dejaron por muerto. Luego él llegó andando hasta Tarrasa, su pueblo, y después de que le curaran pudo preparar el paso por los Pirineos a la España nacional.
La persecución a los carlistas en Cataluña fue implacable: los que no fueron asesinados acabaron encarcelados o tuvieron que pasar a Francia para salvar el cuello. El caso de Tomás Caylá, el jefe de los carlistas de Cataluña, fue especialmente cruel: lo asesinaron en la plaza de Valls, su pueblo, dejaron el cadáver allí expuesto y avisaron a su madre «para que fuera a buscar a su hijo».
Cuando mi padre y yo llegamos a casa, unos vecinos pasaron a avisarnos de que los milicianos iban a venir a por nosotros, para que nos marcháramos si no queríamos que nos llevaran detenidos. Salimos para Barcelona, a casa de una hermana donde pasamos varios días, hasta que nos dimos cuenta de que tampoco aquél era un lugar seguro. Pasamos entonces a la casa del contable de la fábrica, que tenía doble nacionalidad, francesa y española, con la idea de que quizá por eso estaríamos allí más protegidos.
Aprovechando que mi cuñado era médico y tenía un pase para poder entrar y salir de Barcelona, nos fue sacando de la ciudad de uno a uno, como si fuéramos sus ayudantes, para llevarnos a Moncada, el pueblo donde solíamos pasar el verano. Una vez allí, le salió un trabajo como médico en Santa Pau, cerca de Olot, así que nos trasladamos toda la familia allí. Era un pueblo tranquilo, pacífico y había algún carlista que nos ayudó. Además, para no levantar sospechas nos distribuimos en diferentes casas del pueblo.
Después de estar un mes escondidos en el pueblo, tanto yo como mis dos hermanos, decidimos cruzar a Francia para a zona nacional y poder combatir por nuestras ideas. Buscamos un guía de confianza, cogimos un coche de línea y nos bajamos cerca de la frontera; luego descendimos por una pendiente que conocía el guía ya en dirección a Francia. Por el camino encontramos a unos payeses que, extrañados, nos preguntaron: «¿dónde vais por aquí?», a lo que respondimos: «a cazar». Anduvimos hasta pasar la frontera, y el guía regresó. Una vez allí, nos hicieron un pase para poder ir a Perpinyà, donde nos habían informado que un carlista había montado un punto de ayuda para los que nos pasábamos. Nos proporcionó billetes de tren a Irún y nos dio instrucciones.
Una vez que cruzamos a España por Irún los tres hermanos nos presentamos inmediatamente en la oficina de alistamiento de San Sebastián. Pedimos incorporarnos al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, como la mayoría de catalanes, pero no fue posible: «lo sentimos, pero ya está cubierto», dijeron. Entonces, mi hermano Ignacio y yo, como teníamos carné de conducir, pedimos ir en tanques de combate, mientras que Luis, al ser estudiante de Medicina, entró como sanitario en un batallón.
En cada compañía de nuestra unidad íbamos tres tanques Krupp y otro Maybach, en el que solía ir el capitán, y cada carro tenía una dotación de dos personas: el conductor y el tirador. Cada tanque estaba armado con un cañón o dos ametralladoras en la torreta giratoria, y nuestra función era ir siempre delante del batallón, hacer rutas antes de los ataques para descubrir si había mucha resistencia y a veces proteger a la infantería en los avances. En alguna ocasión oficiales alemanes nos dieron clases sobre cómo manejar los carros y nociones básicas sobre táctica de la guerra con tanques, pero como realmente se aprendía era andándolos.
El blindaje soportaba las balas, pero no las granadas de artillería. Recuerdo que en una ocasión impactó una granada encima de uno de los tanques de nuestra compañía, y la torreta saltó por los aires matando al tirador, un chico joven de Barcelona. Estalló la munición y el conductor también murió carbonizado; mi hermano y yo sacamos los cuerpos y los cubrimos con mantas. Luego los cargamos en una furgoneta camino de Zaragoza, donde debían tener parientes.
Sin embargo, lo más duro para nosotros era el calor. Allí dentro metidos, con el calor que desprendía el motor y el sol sobre la chapa, el ambiente se hacía insoportable.
Nos tocó operar en los frentes de Madrid, Toledo, Teruel y la parte del Ebro. En Teruel recuerdo que no lo pasamos tan mal como otros, porque el motor nos hacía de calefacción y con ese frío iba bien. Luego, a la noche, nos retirábamos a alguna casa y dormíamos entre la paja. A las afueras de Teruel tuvimos acciones fuertes; recuerdo un avance hacia las líneas rojas: crucé con el tanque la zanja de la trinchera de los rojos y entonces levantaron los brazos en señal de rendición.
La única vez que fui herido fue en Villalba de los Arcos, cerca de Gandesa. Aquellos días nos ordenaron apoyar al tercio de Montserrat, que sufrió cantidad de bajas, y como no había tanques operativos para todas las dotaciones nos turnábamos: un día salía yo con el tanque y al día siguiente mi hermano, y yo me quedaba en el pueblo de descanso. Estando en la entrada de una casa, cayó un obús de artillería, y me entró metralla en el pié. Una cosa de poca importancia, pero no me dejaba caminar. Me evacuaron a Zaragoza hasta que la metralla se movió de sitio y no me dio más molestias, tanto es así que todavía llevo aquella metralla en el pie.
También mis hermanos tuvieron suerte y terminaron bien la guerra, únicamente con pequeños sustos. A Ignacio, durante una ruta de inspección, le estalló cerca una bomba y le hizo una herida de poca importancia en la espalda.
Luis tuvo aún más suerte: una noche, mientras dormía con otros tres compañeros debajo de un árbol, comenzó de madrugada un ataque de la artillería roja; cayó una bomba matando a los otros tres, y el único que salvó la vida fue mi hermano.
De aquellos años tengo muchos recuerdos, incluso hice un pequeño librito de memorias sobre mi paso por los tanques. Todavía procuro asistir a todos los actos que organiza la Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, la unidad que mejor simboliza el espíritu y los motivos por los que combatimos muchos catalanes en aquella guerra, aunque la historia no se acuerde casi de nosotros.
Tomado de Juan Riera Bartra, Fundación Ignacio Larramendi
***
Uno de los hermanos, Luis Riera Bartra, fue doctor en ginecología. Lamentablemente la clínica médica de Barcelona que en su honor lleva el nombre de Institut Riera Bartra, dirigida por su sobrino, el Dr. Ramón Riera Rovira (hijo de Ignacio Riera Bartra), realiza todo tipo de prácticas inmorales, indignas del buen nombre de esta antigua familia carlista.
La familia nos habíamos dedicado de siempre a los curtidos; mi abuelo ha había montado a principios de siglo una fábrica de curtidos en San Andrés, que luego tuvo que vender mi padre por una crisis. Sin embargo, al cabo de un tiempo tuvo una oportunidad y alquiló otra fábrica de curtidos con la que continuamos en la misma actividad.
Mi padre en principio no era de ningún partido político, pero tenía un pariente que era muy carlista y después de acompañarle varias veces a mítines, aquello le gustó y se hizo carlista. Era un hombre muy conocido en el barrio, Presidente del Carlismo allí, en San Andrés, y durante varios años fue concejal carlista en Barcelona. En aquellos años los carlistas íbamos juntos con la Lliga Regionalista de Cambó, y en la lista del grupo dejaban dos puestos para concejales carlistas.
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| Ramón Riera Guardiola (San Andrés de Palomar, 1876 - 1955) Jefe de la Comunión Tradicionalista en la ciudad de Barcelona en 1936. |
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| Necrología del padre publicada en La Vanguardia Española |
Luego, durante la República, el ambiente se fue caldeando, y aunque en el barrio no hubo una persecución religiosa abierta, sí había dificultades. Recuerdo que en una de las elecciones acompañé a mi padre a votar y en el colegio encontramos a un grupo de monjas a los que unos señores de izquierdas no les dejaban votar: «las monjas pues no tienen derecho a votar», decían, y mi padre se les enfrentó: «¿no son mujeres?, pues entonces pueden votar como el resto». No sé cómo acabó la cosa, pero había tensión en la calle.
Como carlistas, estábamos comprometidos con el Requeté de Barcelona, así que el 18 de julio, a la madrugada, nos dieron la orden de que los jóvenes nos concentráramos cerca de la plaza Universidad y los adultos acudieran a los cuarteles de San Andrés. Sin embargo, como yo iba con mi padre y un tío, y vivíamos allí, fuimos los tres al cuartel de San Andrés. Allí nos juntamos gente de Renovación Española y bastantes carlistas. Pasamos muchas horas allí en espera de noticias, sin hacer nada, hasta que pasó un avión y tiró una bomba contra el cuartel, aunque cayó fuera.
Entonces se decidió ya salir, y el capitán que debía conducirnos al interior de Barcelona, al arengarnos justo antes de salir, para contentar a la tropa, tuvo la idea de gritar “viva la República”, con lo que uno de nuestro grupo de requetés gritó al revés, “muera la República”. Los carlistas quedamos descontentos, dejaron los fusiles en el suelo y dijeron: «por eso nosotros no salimos. No hemos venido aquí a salvar la República». Vino entonces el coronel a intentar arreglar la situación, porque lo hicieron mal; sin hubieran empleado para arengarnos algo que nos contentara a todos, como “viva España”, se podía haber evitado.
A última hora de la tarde, el coronel nos comunicó la situación: «miren, el movimiento de momento está perdido, así que vayan de regreso a sus casas». Mi padre y yo fuimos andando a casa, mientras mi tío cogió andando la carretera porque tenía a la familia veraneando cerca de Barcelona.
Nosotros llegamos a casa, pero a mi tío, que por lo visto le debieron ver salir de los cuarteles, lo detuvieron a por la carretera y lo llevaron al ayuntamiento de Moncada, donde se juntó con otros detenidos, entre ellos al jefe del Requeté de Barcelona. Al día siguiente, a la madrugada, se los llevaron en un coche a las afueras del pueblo, entre Moncada y Mollet, muy cerca de Barcelona, les dijeron bajar y les fusilaron junto a la carretera. A mi tío le pegaron un tiro en la cabeza y cayó muerto, pero el Jefe del Requeté de Barcelona tuvo más suerte: una bala le rozó, se tiró al suelo y lo dejaron por muerto. Luego él llegó andando hasta Tarrasa, su pueblo, y después de que le curaran pudo preparar el paso por los Pirineos a la España nacional.
La persecución a los carlistas en Cataluña fue implacable: los que no fueron asesinados acabaron encarcelados o tuvieron que pasar a Francia para salvar el cuello. El caso de Tomás Caylá, el jefe de los carlistas de Cataluña, fue especialmente cruel: lo asesinaron en la plaza de Valls, su pueblo, dejaron el cadáver allí expuesto y avisaron a su madre «para que fuera a buscar a su hijo».
Cuando mi padre y yo llegamos a casa, unos vecinos pasaron a avisarnos de que los milicianos iban a venir a por nosotros, para que nos marcháramos si no queríamos que nos llevaran detenidos. Salimos para Barcelona, a casa de una hermana donde pasamos varios días, hasta que nos dimos cuenta de que tampoco aquél era un lugar seguro. Pasamos entonces a la casa del contable de la fábrica, que tenía doble nacionalidad, francesa y española, con la idea de que quizá por eso estaríamos allí más protegidos.
Aprovechando que mi cuñado era médico y tenía un pase para poder entrar y salir de Barcelona, nos fue sacando de la ciudad de uno a uno, como si fuéramos sus ayudantes, para llevarnos a Moncada, el pueblo donde solíamos pasar el verano. Una vez allí, le salió un trabajo como médico en Santa Pau, cerca de Olot, así que nos trasladamos toda la familia allí. Era un pueblo tranquilo, pacífico y había algún carlista que nos ayudó. Además, para no levantar sospechas nos distribuimos en diferentes casas del pueblo.
Después de estar un mes escondidos en el pueblo, tanto yo como mis dos hermanos, decidimos cruzar a Francia para a zona nacional y poder combatir por nuestras ideas. Buscamos un guía de confianza, cogimos un coche de línea y nos bajamos cerca de la frontera; luego descendimos por una pendiente que conocía el guía ya en dirección a Francia. Por el camino encontramos a unos payeses que, extrañados, nos preguntaron: «¿dónde vais por aquí?», a lo que respondimos: «a cazar». Anduvimos hasta pasar la frontera, y el guía regresó. Una vez allí, nos hicieron un pase para poder ir a Perpinyà, donde nos habían informado que un carlista había montado un punto de ayuda para los que nos pasábamos. Nos proporcionó billetes de tren a Irún y nos dio instrucciones.
Una vez que cruzamos a España por Irún los tres hermanos nos presentamos inmediatamente en la oficina de alistamiento de San Sebastián. Pedimos incorporarnos al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, como la mayoría de catalanes, pero no fue posible: «lo sentimos, pero ya está cubierto», dijeron. Entonces, mi hermano Ignacio y yo, como teníamos carné de conducir, pedimos ir en tanques de combate, mientras que Luis, al ser estudiante de Medicina, entró como sanitario en un batallón.
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| Requetés en un blindado, en 1938 en el frente de Cataluña. Archivo Gastañazatorre Urizar. |
En cada compañía de nuestra unidad íbamos tres tanques Krupp y otro Maybach, en el que solía ir el capitán, y cada carro tenía una dotación de dos personas: el conductor y el tirador. Cada tanque estaba armado con un cañón o dos ametralladoras en la torreta giratoria, y nuestra función era ir siempre delante del batallón, hacer rutas antes de los ataques para descubrir si había mucha resistencia y a veces proteger a la infantería en los avances. En alguna ocasión oficiales alemanes nos dieron clases sobre cómo manejar los carros y nociones básicas sobre táctica de la guerra con tanques, pero como realmente se aprendía era andándolos.
El blindaje soportaba las balas, pero no las granadas de artillería. Recuerdo que en una ocasión impactó una granada encima de uno de los tanques de nuestra compañía, y la torreta saltó por los aires matando al tirador, un chico joven de Barcelona. Estalló la munición y el conductor también murió carbonizado; mi hermano y yo sacamos los cuerpos y los cubrimos con mantas. Luego los cargamos en una furgoneta camino de Zaragoza, donde debían tener parientes.
Sin embargo, lo más duro para nosotros era el calor. Allí dentro metidos, con el calor que desprendía el motor y el sol sobre la chapa, el ambiente se hacía insoportable.
Nos tocó operar en los frentes de Madrid, Toledo, Teruel y la parte del Ebro. En Teruel recuerdo que no lo pasamos tan mal como otros, porque el motor nos hacía de calefacción y con ese frío iba bien. Luego, a la noche, nos retirábamos a alguna casa y dormíamos entre la paja. A las afueras de Teruel tuvimos acciones fuertes; recuerdo un avance hacia las líneas rojas: crucé con el tanque la zanja de la trinchera de los rojos y entonces levantaron los brazos en señal de rendición.
La única vez que fui herido fue en Villalba de los Arcos, cerca de Gandesa. Aquellos días nos ordenaron apoyar al tercio de Montserrat, que sufrió cantidad de bajas, y como no había tanques operativos para todas las dotaciones nos turnábamos: un día salía yo con el tanque y al día siguiente mi hermano, y yo me quedaba en el pueblo de descanso. Estando en la entrada de una casa, cayó un obús de artillería, y me entró metralla en el pié. Una cosa de poca importancia, pero no me dejaba caminar. Me evacuaron a Zaragoza hasta que la metralla se movió de sitio y no me dio más molestias, tanto es así que todavía llevo aquella metralla en el pie.
También mis hermanos tuvieron suerte y terminaron bien la guerra, únicamente con pequeños sustos. A Ignacio, durante una ruta de inspección, le estalló cerca una bomba y le hizo una herida de poca importancia en la espalda.
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| Ignacio Riera Bartra, concejal de Barcelona entre 1961 y 1966 (revista de las fiestas de San Andrés de 1965) |
Luis tuvo aún más suerte: una noche, mientras dormía con otros tres compañeros debajo de un árbol, comenzó de madrugada un ataque de la artillería roja; cayó una bomba matando a los otros tres, y el único que salvó la vida fue mi hermano.
De aquellos años tengo muchos recuerdos, incluso hice un pequeño librito de memorias sobre mi paso por los tanques. Todavía procuro asistir a todos los actos que organiza la Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, la unidad que mejor simboliza el espíritu y los motivos por los que combatimos muchos catalanes en aquella guerra, aunque la historia no se acuerde casi de nosotros.
Tomado de Juan Riera Bartra, Fundación Ignacio Larramendi
***
Uno de los hermanos, Luis Riera Bartra, fue doctor en ginecología. Lamentablemente la clínica médica de Barcelona que en su honor lleva el nombre de Institut Riera Bartra, dirigida por su sobrino, el Dr. Ramón Riera Rovira (hijo de Ignacio Riera Bartra), realiza todo tipo de prácticas inmorales, indignas del buen nombre de esta antigua familia carlista.
dilluns, 5 de setembre de 2016
Entrevista a Josep Bru i Jardí (1893-1983), periodista i carlí català.
JOSEP BRU JARDÍ
«Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot»
«El Carlisme català va alçar-se el 19 de juliol de 1936 ni més ni menys que per a la salvació d'Espanya» acaba de dir-me, rotundament convençut de les seves paraules, el benvolgut company en la Premsa senyor Josep Bru Jardí, figura preeminent de la Comunió Tradicionalista a la nostra regió. Conversem al seu domicili de la barriada de Sant Gervasi, on he trobat cordial acollida, el 27 d'octubre de 1967.
Són molts els qui arreu d'Espanya no arriben a explicar-se el cas d'aquest respectable nucli —no pas organització política segons els seus militants, ans Comunió— que arrenglera, en les seves files, entusiastes de totes les condicions socials; els més, per tradició familiar, però sempre, això sí, per absoluta convicció pròpia. Tots ells entenen la doctrina tradicionalista igual que una solució per als problemes de tot ordre que pateix contínuament el país, tant perquè sol mirar enrera quan convé —molt fa semblar-ho llur executòria—, com també perquè sap guaitar endavant si es fa necessari, ja que els seus programes solen posar-se prudentment al dia, i així ho asseguren noblement.
El mateix Bru m'assenyala aquesta contradicció. «En el problema català som l'única solució viable. Nosaltres —afegeix— no ens conformem amb la incipient Mancomunitat del temps de la Monarquia, ni amb la Generalitat acceptada per la República. En això som i serem retrògrades. El nostre programa preveu el retorn de les coses d'aquesta regió al temps anterior a Felip V. Naturalment, alguna questió, posem per cas l'encunyació de moneda, ha periclitat. Llibertat autèntica dins l'autèntica unitat d'Espanya. Què et sembla? Mancomunitat i Generalitat són exponents de provincialisme, que és una creació artificiosa del pensament liberal del segle dinovè. Nosaltres postulem enfortir, vigoritzar les antigues regions amb el ple reconeixement dels drets històrics inherents, perquè, fruint novament de llurs furs i llibertats, ho entenem així, ens sentirem com el peix a l'aigua dins la unitat sagrada d'Espanya.
Ens inspirem, pots veure-ho, en la tradició. Volem pobles lliures dins una inconsútil vinculació i compenetració d'ideals i sentiments; que les nostres institucions no es vegin atropellades ni pertorbades. ¿Comprens, ara, per què hem parat el rellotge quant als nostres punts de vista? En l'afer català ens hem plantat, ni més ni menys, que en el segle XVIII i ningú no ens treurà d'ací. En d'altres, potser també.
»—No obstant —em permeto observar— s'acusa el Carlisme que accepta, veu amb bons ulls, l'hegemonia de Castella.
»—Mai! No és veritat! —refuta amb energia.
»—Sempre aneu del bracet amb aquests nuclis assimilistes del centre, dels partidaris de la por a vosaltres, monarquia usurpadora, com durant la passada guerra civil.
»—No. El que ens passa a nosaltres amb els correligionaris de les restants regions, ha ocorregut exactament a tots els partits polítics catalans. Guaita, per exemple, la Lliga, que sempre ha lluitat amb la incomprensió d'aquelles classes conservadores. Castella vol seguir dominant, no ho deixarà així com així. ¿És que si Catalunya es trobés en una tan privilegiada posició, renunciaria per les bones? ¿Vols que parlem de França i d'altres països on predomina un centralisme a ultrança igual que el de Castella? ¿Creus, potser, que els líders de la II República eren procatalans? Van concedir l'Estatut a contracor...
»—Però van concedir-lo.
»—Espera un moment. ¿Amic de Catalunya Indalecio Prieto, l'home que va ensorrar el Banc de Catalunya? Com ell, tampoc no ho eren Alcalá Zamora, Azaña, Miguel Maura, ni tants d'altres que diria.
»—Si nosaltres reeixim —continua l'amic Bru—, les organitzacions polítiques desapareixeran, perquè no hi haurà partits polítics. També li haurà arribat, a la nostra Comunió, el moment de dissoldre's. I els nostres correligionaris de signe centralista, potser alguns a contracor, hauran d'acceptar l'estructuració de l'Estat com la preveu el nostre programa. Federalisme, no menys —assenyala.
»—¿Vostè creu honestament, cas que el Carlisme succeeixi a Franco, que tot el que es refereixi a nosaltres anirà com una seda, vull dir que trobarem tanta generositat com insinua?
»—Costarà més o menys, però més aviat costarà poc. Els nostres principis són per a tot Espanya. No hi haurà regateig. Això seria fer política, i nosaltres no volem fer-ne. La repudiem. Que Déu ens doni vida i salut per a comprovar-ho. El problema català, plantejat com ho fem nosaltres, sempre trobarà escalf i audiència en la gran comunitat espanyola.
»—Els carlins —torno a la càrrega— van formar part de l'Acción Española. [...]
»—Només per als efectes de l'enderrocament de la República. Nosaltres no governem —continua dient. Som oposició en moltíssimes coses que ocorren en l'actual règim des del primer dia.
» El senyor Josep Bru Jardí procedeix d'una família carlista, que arranca políticament dels avis senyor Joaquim Bru, secretari que fou del municipi de Tivisa (Tarragona), mort l'any 1869, i senyor Tomàs Jardí Benages. El pare del il·lustre interlocutor resta orfe al tres anys d'edat. La mare accepta segones núpcies perquè el postulant, a més de les seves qualitats morals, lluïa l'uniforme de requetè, ço que va enlluernar-la. Set germans eren els Bru Jardí. El senyor Josep, el primogènit, és l'únic que resta de tots ells.
La biografia d'aquest entusiasta de la Tradició espanyola és d'una contínua i absoluta fidelitat al seu pensament. Nat a Tivisa el 1893, passa a Barcelona, on cursa la carrera del Magisteri. Comença a escriure articles i més articles, abrandat sols dels seus sentiments polítics que mai no renunciarà. Fa el servei militar a Lleida, interinant amb la direcció de El Correo de Lérida. Quan el llicencien passa com a redactor polític a El Correo Catalán de Barcelona, l'any 1918. Assambleista de la Dictadura. Més tard, redactor en cap del diari La Razón, que dirigeix el senyor Julià Clapera Roca. També director-propietari de El Correo de Tortosa. Cap de negociat de l'Institut Municipal d'Estadística a Barcelona. Cap provincial del Carlisme a Tarragona. Sempre, sempre, en el camp espanyolista, però, això sí, «mai assimilista», té molt interès de puntualitzar; demana que no deixi de recordar-ho en les respostes.
«—Els carlins —explica ara—, que estimen Catalunya com el qui més, rebutgen el terme "catalanisme", que ha estat polititzat en un sentit que es presta a equívocs. Nosaltres ni amb els qui criden "mori Espanya", infame renec, ni amb els que es neguen a vitorejar-la. Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot, perquè Espanya és la pàtria de tots i és Catalunya mateixa. Qui gosaria negar-ho? Tota idea o tendència de signe secessionista la frenem amb energia, perquè sentim Espanya intensament.
»Catalans a seques, molt orgullosos, i prou. ¿Cal demostrar-ho? Nosaltres arborem la bandera barrada juntament amb la del país en les nostres assemblees i aplecs. Oradors nostres s'expressen en català en els actes púlbics. Només caldria! Hi ha una hemeroteca tradicionalista molt nodrida i un cançoner català de la nostra gent que ho acredita. Venerem amb devoció la Moreneta. Als nostres cercles es ballen sardanes, es reciten poesies en aquesta llengua, es fa teatre català, es cultiva tot el que respira aquest sentiment tant nostre... Però, compte; desproveït d'accent nacionalista i de sentit polític. Algunes vegades ens hem vist involucrats en la política. Recorda que vam formar part de la Solidaritat Catalana, amb el beneplàcit de Vázquez Mella, que, en ple Congrés va alentar-nos en diverses ocasions. Durant la Mancomunitat de Prat de la Riba, una de les vice-presidències va ostentar-la el pròcer tradicionalista senyor Lluís Argemí de Martí. Recorda, també, que abans de la guerra civil, El Correo Catalán i d'altres periòdics nostres, publicaven articles i col·laboracions en llengua catalana. Del El Correo Catalán et diré, per si no ho sabessis, que, abans del 1936 s'havia projectat de convertir-lo en un periòdic bilingüe. La contesa no va donar-nos temps. Naturalment que cultivem, i amb molt d'honor, la llengua castellana, que és el vehicle indispensable per a entendre's totes les regions i amb els pobles germans d'Amèrica.»
—Tot això és innegable —li faig.
»Prossegueix el temari.
«—¿Quines possibilitats adverteix per al Carlisme en els moments actuals? —i recordem per segona vegada que aquest interviu és fet la tardor del 1967.
»—Totes més que cap. Correspon a nosaltres recollir el llegat, l'esperit del 18 de juliol. S'han de corregir errors que resten en peu, igual que tantes coses d'ací. Posar Espanya en ordre, restaurar la pau interior a totes les regions, mirar endavant i mirar endarrera. Volem amb la dinastia legítima, una Espanya tradicional i católica, encara que no som retrògrades.» *1
Demano per l'aportació brindada a la sublevació militar.
«—La República ha estat el que nosaltres suposàvem. No, mai, una solució per als problemes del país. Amb desori no es pot anar enlloc. La República la vam rebre amb les ungles. No ens va enganyar a nosaltres. I com que anava seguint camins tortuosos que prevèiem, hem lluitat per enderrocar-la. Tu compara els temps del Front Popular, per exemple, amb el temps d'ara que es pot sortir de casa tranquil·lament. La nostra aportació ha estat substancial arreu.
»—Quant a la nostra regió... —insisteixo.
»—Més de dos mil requetès ben preparats, vull dir amb perfecte instrucció militar, i uniformats vàrem posar a la disposició de l'Exèrcit.
»—¿Com funcionaven els òrgans superiors de la Comunió?
»— Hi havia una junta regional. Al seu davant el cap regional i delegat regional, Tomàs Caylà. La formàvem el senyor Ramon Riera, per Barcelona-ciutat; el senyor Josep Prat Prim, per Barcelona-província; el senyor Ramon Lavaquial, per Lleida; el representant de Girona, el nom del qual no recordo en aquests moments, i jo, per Tarragona. Cap regional dels requetès, ho era el senyor Ramon Cunill. Tots, noms catalaníssims, com pots veure.
»—El senyor Caylà tenia contactes amb la UME [Unión Militar Española]?
»—Evidentment.
»—Sabíeu la nit exacta per a llançar-vos al carrer?
»—Ell és clar que sí. Tot estava planejat. Ara bé. Els carlins no érem tan optimistes, i suggeríem una segona línia als afores per acudir en ajut de la capital. Els militars, però, ho veien molt segur, i regatejaven la nostra presència. Vam suggerir, també, un aixecament partint de la província.
»—¿Què va passar-los als membres de la junta regional, un cop fracassada la sublevació?
»—El senyor Tomàs Caylà és detingut i occit. El cadàver, portat al seu poble de Valls i exposat a la plaça pública. Soler Janer ha dedicat un llibre a aquesta important figura de la Comunió. Explica que els assassins acompanyen la mare de Caylà a veure el cadàver. Ella el despitrega i quan veu que encara du l'escapulari de la Verge del Carme, va sentir-se molt confortada. Lavaquial s'amaga, però com a represàlia perquè no el troben, li maten un fill. També assassinen un fill a Cunill. Certament, Cunill va ésser tirotejat pels afores de la caserna de Sant Andreu. El deixen per mort. Aconsegueix, ferit i tot, escapar. Passarà a l'altra banda un dels primers.
»Per ordre de Fal Conde es reconstitueix, a Burgos, la junta de guerra carlista de Catalunya. Assumeix la presidència el senyor Josep Maria Anglés. Jo en seré secretari. Els senyors Cunill i Sivatte organitzen el Terç de la Mare de Déu de Montserrat, que nodririen els fugitius de la zona d'obediència republicana...»
DOS GERMANS
Passats uns dies torno a casa de l'amic Bru. Vull que m'informi ara de la vicissitud de la seva sortida de Barcelona i arribada a l'altra zona, positivament ajudat pel seu germà Lluís, diputat de l'Esquerra Republicana de Catalunya. No hi posa cap inconvenient.
Anticiparé que per al cas que hagués triomfat el moviment militar, com tots els periodistes d'extrema dreta es troba la matinada del 19 de juliol en el Centre de Repòrters de la plaça de Catalunya amb el propòsit, que va malaguanyar-se, de fer sortir hores després un número extraordinari de la Hoja del Lunes. Deixem que ell mateix s'expliqui. Jo em limito a anotar a les quartilles.
«—Vivia aleshores a la barriada de periodistes de la plaça Sanllehí. Aviso a la muller. Em brinden asil uns amics de confiança. Torno, passats uns dies, a ocupar la meva plaça de funcionari municipal, per dissimular simplement. Passaré, més tard, al domicili d'un cunyat, Massagué Mateu, militant carlí, on procedeixo a cremar papers comprometedors. M'avisen que la Policia i les Patrulles de Control em cerquen arreu. Ara vaig a casa del meu germà Lluís, diputat de l'Esquerra al Parlament Català i president de "La Falç". [...]
Lluís, que té cura de tot, proporciona un document oficial a nom de Josep Rojals Pellicer, segons cognoms dels avis. Tot està previst. Utilitzant un cotxe oficial em porta Lluís, fins a Camprodon, on ens espera un amic d'absoluta confiança, Perramon, de l'Esquerra Republicana de Catalunya. Quan aquest diu que hauré de pujar a peu, i de nit, des de Molló fins a Prats de Molló, insinuo que potser l'asma que pateixo no m'ho permetrà. "Josep, jo no et deixo", fa el germà. Intervé Perramon: "Vostè, senyor Lluís, vagi-se'n tranquil. Deixa el seu amic —ignora que som germans— en les millors mans." Lluís —com li he agraït tota la vida!— decideix continuar amb mi. "No et deixo fins a l'altra banda." Després d'un sopar molt lleuger, el cotxe ens porta fins al poble de Molló on comencem la caminada. Lluís, sempre al meu costat, sol·lícit, animant-me contínuament —(li espurnegen els ulls al senyor Josep, quan ho recorda). Ens reunim en ple bosc amb un grup determinat. No eren ben bé roigs. Segons Perramon, la majoria són gent de l'Esquerra que fugen perquè hom diu que Companys ha decidit la incorporació dels cenetistes al Govern de la Generalitat. Uns altres pertanyen a l'Estat Català i van a adquirir armes per combatre els anarquistes.
»Continua la fatigosa ascensió. Em sembla que no podré arribar a la frontera. Lluís demana que em repengi al seu braç. "Va, Pepet —sento que em diu—. Ja hi som més a la vora". "Manca molt poc". "No et desanimis". Defalleixo un moment. "No puc més", clamo, llençat al sòl". Seu, descansem tots una mica". Mana que s'aturi l'expedició. Reprenem la caminada que a mi em sembla interminable, amb penes i fatics, i a la fi acabem el viatge a Prats de Molló. Ja som a França. Lluís m'abraça. "Estàs salvat — diu — . Però encara no estic content. Vull veure't a Perpinyà. Així me'n tornaré tranquil".
»Disposa bé Lluís. Perquè els gendarmes ens proporcionen un gros ensurt. Afigura't tu que pretenen que fem marxa enrera. Tot s'arranjarà. Portem uns papers no massa en regla. És clar que els meus... Però ningú no s'espanta, ningú no em coneix, ningú no va a delatar-me.
A Perpinyà autoritzen una breu estada per a recuperar-nos. Se'ns considera indocumentats en trànsit. Si no ens n'anem aviat, serem internats en un camp de concentració. Trobo a Lluís Ventalló. Passats tres dies em sento refet. Hem de marxar. Tot ho tinc disposat. Envio un telegrama al director de El Pensamiento Navarro, López Sanz, col·lega i correligionari, anunciant- li la meva arribada. Ve el moment de prendre comiat. "Gràcies, Lluís, mil gràcies per tot." "Pepet —em fa—. Tu mereixes això i molt més. ¿Què no hauries fet, tu, per mí?" Una forta, inacabable abraçada. També un petó.
Se separen els dos germans. L'un, Josep, vers Pamplona i Burgos, a servir els ideals de «Déu, Pàtria i Rei». L'altre, Lluís, els de «Catalunya i la República», a Barcelona. No es veuran mai més. Lluís Bru Jardí morirà exiliat a Xile, l'onze de maig de 1945.
LA PREMSA ACTUAL NO M'AGRADA GENS
Formulo al senyor Josep Bru Jardí la darrera pregunta, ara en la seva qualitat de periodista. Ha estat els darrers quinze anys de llur vida professional redactor en cap del Diario de Barcelona.
«—¿Quina opinió li mereix el periodisme actual a Espanya?
»—No m'agrada gens. Molt millor el de l'avantguerra. Hi havia més companyia, les idees restaven al marge. Et contaré un fet. Quan jo dirigia a Lleida el "Correo" sortien allí d'altres periòdics de partit. Un, El Ideal, republicà, que portava Antoni Puch Ferrer. Ell i jo fundem l'Associació de la Premsa de Lleida. Era l'any 1915. Nomenem primer president Sánchez, corresponsal de Las Noticias. Vicepresident passo a ésser-ho jo. Puch, secretari general. Hi havia molta amistat en el terreny professional i privat. Els periodistes ens respectàvem recíprocament la nostra manera de veure les coses. Diré ara que el meu Correo de Lérida era tan i tan pobre, que no podia ni abonar la informació nacional i estrangera de les agències. Doncs bé, Puch, director de El Ideal em facilitava tots els dies, gratuïtament, les principals notícies.»
*1. Aquests darrers temps sembla que s'han produït divergències carlistes, força sensibles, en el panorama polític espanyol. Per un cantó, sota el cabdillatge del príncep D. Carlos-Hugo de Borbón-Parma, s'ha posat en moviment un Partit Carlista, autoproclamant-se socialista i filomarxista, mentre per altra banda, el príncep D. Sixto, germà de l'indicat príncep Carlos-Hugo, ha celebrat a Pamplona conversacions, en el curs de les quals «resta perfectament clar» —segons recull una nota oficial— que aquell Partit Carlista, definint-se com ja hem dit, «és per essència enemic dels sagrats principis defensats amb la sang de Navarra en els terços de requetès».
Joan Sariol Badía, Petita història de la guerra civil: vinti-tres testimonis informen, pp. 103-112 (1977)
«Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot»
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| Josep Bru i Jardí (Tivissa, 1893 - Barcelona, 1983) |
«El Carlisme català va alçar-se el 19 de juliol de 1936 ni més ni menys que per a la salvació d'Espanya» acaba de dir-me, rotundament convençut de les seves paraules, el benvolgut company en la Premsa senyor Josep Bru Jardí, figura preeminent de la Comunió Tradicionalista a la nostra regió. Conversem al seu domicili de la barriada de Sant Gervasi, on he trobat cordial acollida, el 27 d'octubre de 1967.
Són molts els qui arreu d'Espanya no arriben a explicar-se el cas d'aquest respectable nucli —no pas organització política segons els seus militants, ans Comunió— que arrenglera, en les seves files, entusiastes de totes les condicions socials; els més, per tradició familiar, però sempre, això sí, per absoluta convicció pròpia. Tots ells entenen la doctrina tradicionalista igual que una solució per als problemes de tot ordre que pateix contínuament el país, tant perquè sol mirar enrera quan convé —molt fa semblar-ho llur executòria—, com també perquè sap guaitar endavant si es fa necessari, ja que els seus programes solen posar-se prudentment al dia, i així ho asseguren noblement.
El mateix Bru m'assenyala aquesta contradicció. «En el problema català som l'única solució viable. Nosaltres —afegeix— no ens conformem amb la incipient Mancomunitat del temps de la Monarquia, ni amb la Generalitat acceptada per la República. En això som i serem retrògrades. El nostre programa preveu el retorn de les coses d'aquesta regió al temps anterior a Felip V. Naturalment, alguna questió, posem per cas l'encunyació de moneda, ha periclitat. Llibertat autèntica dins l'autèntica unitat d'Espanya. Què et sembla? Mancomunitat i Generalitat són exponents de provincialisme, que és una creació artificiosa del pensament liberal del segle dinovè. Nosaltres postulem enfortir, vigoritzar les antigues regions amb el ple reconeixement dels drets històrics inherents, perquè, fruint novament de llurs furs i llibertats, ho entenem així, ens sentirem com el peix a l'aigua dins la unitat sagrada d'Espanya.
Ens inspirem, pots veure-ho, en la tradició. Volem pobles lliures dins una inconsútil vinculació i compenetració d'ideals i sentiments; que les nostres institucions no es vegin atropellades ni pertorbades. ¿Comprens, ara, per què hem parat el rellotge quant als nostres punts de vista? En l'afer català ens hem plantat, ni més ni menys, que en el segle XVIII i ningú no ens treurà d'ací. En d'altres, potser també.
»—No obstant —em permeto observar— s'acusa el Carlisme que accepta, veu amb bons ulls, l'hegemonia de Castella.
»—Mai! No és veritat! —refuta amb energia.
»—Sempre aneu del bracet amb aquests nuclis assimilistes del centre, dels partidaris de la por a vosaltres, monarquia usurpadora, com durant la passada guerra civil.
»—No. El que ens passa a nosaltres amb els correligionaris de les restants regions, ha ocorregut exactament a tots els partits polítics catalans. Guaita, per exemple, la Lliga, que sempre ha lluitat amb la incomprensió d'aquelles classes conservadores. Castella vol seguir dominant, no ho deixarà així com així. ¿És que si Catalunya es trobés en una tan privilegiada posició, renunciaria per les bones? ¿Vols que parlem de França i d'altres països on predomina un centralisme a ultrança igual que el de Castella? ¿Creus, potser, que els líders de la II República eren procatalans? Van concedir l'Estatut a contracor...
»—Però van concedir-lo.
»—Espera un moment. ¿Amic de Catalunya Indalecio Prieto, l'home que va ensorrar el Banc de Catalunya? Com ell, tampoc no ho eren Alcalá Zamora, Azaña, Miguel Maura, ni tants d'altres que diria.
»—Si nosaltres reeixim —continua l'amic Bru—, les organitzacions polítiques desapareixeran, perquè no hi haurà partits polítics. També li haurà arribat, a la nostra Comunió, el moment de dissoldre's. I els nostres correligionaris de signe centralista, potser alguns a contracor, hauran d'acceptar l'estructuració de l'Estat com la preveu el nostre programa. Federalisme, no menys —assenyala.
»—¿Vostè creu honestament, cas que el Carlisme succeeixi a Franco, que tot el que es refereixi a nosaltres anirà com una seda, vull dir que trobarem tanta generositat com insinua?
»—Costarà més o menys, però més aviat costarà poc. Els nostres principis són per a tot Espanya. No hi haurà regateig. Això seria fer política, i nosaltres no volem fer-ne. La repudiem. Que Déu ens doni vida i salut per a comprovar-ho. El problema català, plantejat com ho fem nosaltres, sempre trobarà escalf i audiència en la gran comunitat espanyola.
»—Els carlins —torno a la càrrega— van formar part de l'Acción Española. [...]
»—Només per als efectes de l'enderrocament de la República. Nosaltres no governem —continua dient. Som oposició en moltíssimes coses que ocorren en l'actual règim des del primer dia.
» El senyor Josep Bru Jardí procedeix d'una família carlista, que arranca políticament dels avis senyor Joaquim Bru, secretari que fou del municipi de Tivisa (Tarragona), mort l'any 1869, i senyor Tomàs Jardí Benages. El pare del il·lustre interlocutor resta orfe al tres anys d'edat. La mare accepta segones núpcies perquè el postulant, a més de les seves qualitats morals, lluïa l'uniforme de requetè, ço que va enlluernar-la. Set germans eren els Bru Jardí. El senyor Josep, el primogènit, és l'únic que resta de tots ells.
La biografia d'aquest entusiasta de la Tradició espanyola és d'una contínua i absoluta fidelitat al seu pensament. Nat a Tivisa el 1893, passa a Barcelona, on cursa la carrera del Magisteri. Comença a escriure articles i més articles, abrandat sols dels seus sentiments polítics que mai no renunciarà. Fa el servei militar a Lleida, interinant amb la direcció de El Correo de Lérida. Quan el llicencien passa com a redactor polític a El Correo Catalán de Barcelona, l'any 1918. Assambleista de la Dictadura. Més tard, redactor en cap del diari La Razón, que dirigeix el senyor Julià Clapera Roca. També director-propietari de El Correo de Tortosa. Cap de negociat de l'Institut Municipal d'Estadística a Barcelona. Cap provincial del Carlisme a Tarragona. Sempre, sempre, en el camp espanyolista, però, això sí, «mai assimilista», té molt interès de puntualitzar; demana que no deixi de recordar-ho en les respostes.
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| Capçalera d'El Correo de Tortosa (exemplars a la Premsa Digitalitzada) |
«—Els carlins —explica ara—, que estimen Catalunya com el qui més, rebutgen el terme "catalanisme", que ha estat polititzat en un sentit que es presta a equívocs. Nosaltres ni amb els qui criden "mori Espanya", infame renec, ni amb els que es neguen a vitorejar-la. Per a nosaltres, Espanya pel damunt de tot, perquè Espanya és la pàtria de tots i és Catalunya mateixa. Qui gosaria negar-ho? Tota idea o tendència de signe secessionista la frenem amb energia, perquè sentim Espanya intensament.
»Catalans a seques, molt orgullosos, i prou. ¿Cal demostrar-ho? Nosaltres arborem la bandera barrada juntament amb la del país en les nostres assemblees i aplecs. Oradors nostres s'expressen en català en els actes púlbics. Només caldria! Hi ha una hemeroteca tradicionalista molt nodrida i un cançoner català de la nostra gent que ho acredita. Venerem amb devoció la Moreneta. Als nostres cercles es ballen sardanes, es reciten poesies en aquesta llengua, es fa teatre català, es cultiva tot el que respira aquest sentiment tant nostre... Però, compte; desproveït d'accent nacionalista i de sentit polític. Algunes vegades ens hem vist involucrats en la política. Recorda que vam formar part de la Solidaritat Catalana, amb el beneplàcit de Vázquez Mella, que, en ple Congrés va alentar-nos en diverses ocasions. Durant la Mancomunitat de Prat de la Riba, una de les vice-presidències va ostentar-la el pròcer tradicionalista senyor Lluís Argemí de Martí. Recorda, també, que abans de la guerra civil, El Correo Catalán i d'altres periòdics nostres, publicaven articles i col·laboracions en llengua catalana. Del El Correo Catalán et diré, per si no ho sabessis, que, abans del 1936 s'havia projectat de convertir-lo en un periòdic bilingüe. La contesa no va donar-nos temps. Naturalment que cultivem, i amb molt d'honor, la llengua castellana, que és el vehicle indispensable per a entendre's totes les regions i amb els pobles germans d'Amèrica.»
—Tot això és innegable —li faig.
»Prossegueix el temari.
«—¿Quines possibilitats adverteix per al Carlisme en els moments actuals? —i recordem per segona vegada que aquest interviu és fet la tardor del 1967.
»—Totes més que cap. Correspon a nosaltres recollir el llegat, l'esperit del 18 de juliol. S'han de corregir errors que resten en peu, igual que tantes coses d'ací. Posar Espanya en ordre, restaurar la pau interior a totes les regions, mirar endavant i mirar endarrera. Volem amb la dinastia legítima, una Espanya tradicional i católica, encara que no som retrògrades.» *1
Demano per l'aportació brindada a la sublevació militar.
«—La República ha estat el que nosaltres suposàvem. No, mai, una solució per als problemes del país. Amb desori no es pot anar enlloc. La República la vam rebre amb les ungles. No ens va enganyar a nosaltres. I com que anava seguint camins tortuosos que prevèiem, hem lluitat per enderrocar-la. Tu compara els temps del Front Popular, per exemple, amb el temps d'ara que es pot sortir de casa tranquil·lament. La nostra aportació ha estat substancial arreu.
»—Quant a la nostra regió... —insisteixo.
»—Més de dos mil requetès ben preparats, vull dir amb perfecte instrucció militar, i uniformats vàrem posar a la disposició de l'Exèrcit.
»—¿Com funcionaven els òrgans superiors de la Comunió?
»— Hi havia una junta regional. Al seu davant el cap regional i delegat regional, Tomàs Caylà. La formàvem el senyor Ramon Riera, per Barcelona-ciutat; el senyor Josep Prat Prim, per Barcelona-província; el senyor Ramon Lavaquial, per Lleida; el representant de Girona, el nom del qual no recordo en aquests moments, i jo, per Tarragona. Cap regional dels requetès, ho era el senyor Ramon Cunill. Tots, noms catalaníssims, com pots veure.
»—El senyor Caylà tenia contactes amb la UME [Unión Militar Española]?
»—Evidentment.
»—Sabíeu la nit exacta per a llançar-vos al carrer?
»—Ell és clar que sí. Tot estava planejat. Ara bé. Els carlins no érem tan optimistes, i suggeríem una segona línia als afores per acudir en ajut de la capital. Els militars, però, ho veien molt segur, i regatejaven la nostra presència. Vam suggerir, també, un aixecament partint de la província.
»—¿Què va passar-los als membres de la junta regional, un cop fracassada la sublevació?
»—El senyor Tomàs Caylà és detingut i occit. El cadàver, portat al seu poble de Valls i exposat a la plaça pública. Soler Janer ha dedicat un llibre a aquesta important figura de la Comunió. Explica que els assassins acompanyen la mare de Caylà a veure el cadàver. Ella el despitrega i quan veu que encara du l'escapulari de la Verge del Carme, va sentir-se molt confortada. Lavaquial s'amaga, però com a represàlia perquè no el troben, li maten un fill. També assassinen un fill a Cunill. Certament, Cunill va ésser tirotejat pels afores de la caserna de Sant Andreu. El deixen per mort. Aconsegueix, ferit i tot, escapar. Passarà a l'altra banda un dels primers.
»Per ordre de Fal Conde es reconstitueix, a Burgos, la junta de guerra carlista de Catalunya. Assumeix la presidència el senyor Josep Maria Anglés. Jo en seré secretari. Els senyors Cunill i Sivatte organitzen el Terç de la Mare de Déu de Montserrat, que nodririen els fugitius de la zona d'obediència republicana...»
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| Bandera del Terç de Montserrat |
DOS GERMANS
Passats uns dies torno a casa de l'amic Bru. Vull que m'informi ara de la vicissitud de la seva sortida de Barcelona i arribada a l'altra zona, positivament ajudat pel seu germà Lluís, diputat de l'Esquerra Republicana de Catalunya. No hi posa cap inconvenient.
Anticiparé que per al cas que hagués triomfat el moviment militar, com tots els periodistes d'extrema dreta es troba la matinada del 19 de juliol en el Centre de Repòrters de la plaça de Catalunya amb el propòsit, que va malaguanyar-se, de fer sortir hores després un número extraordinari de la Hoja del Lunes. Deixem que ell mateix s'expliqui. Jo em limito a anotar a les quartilles.
«—Vivia aleshores a la barriada de periodistes de la plaça Sanllehí. Aviso a la muller. Em brinden asil uns amics de confiança. Torno, passats uns dies, a ocupar la meva plaça de funcionari municipal, per dissimular simplement. Passaré, més tard, al domicili d'un cunyat, Massagué Mateu, militant carlí, on procedeixo a cremar papers comprometedors. M'avisen que la Policia i les Patrulles de Control em cerquen arreu. Ara vaig a casa del meu germà Lluís, diputat de l'Esquerra al Parlament Català i president de "La Falç". [...]
Lluís, que té cura de tot, proporciona un document oficial a nom de Josep Rojals Pellicer, segons cognoms dels avis. Tot està previst. Utilitzant un cotxe oficial em porta Lluís, fins a Camprodon, on ens espera un amic d'absoluta confiança, Perramon, de l'Esquerra Republicana de Catalunya. Quan aquest diu que hauré de pujar a peu, i de nit, des de Molló fins a Prats de Molló, insinuo que potser l'asma que pateixo no m'ho permetrà. "Josep, jo no et deixo", fa el germà. Intervé Perramon: "Vostè, senyor Lluís, vagi-se'n tranquil. Deixa el seu amic —ignora que som germans— en les millors mans." Lluís —com li he agraït tota la vida!— decideix continuar amb mi. "No et deixo fins a l'altra banda." Després d'un sopar molt lleuger, el cotxe ens porta fins al poble de Molló on comencem la caminada. Lluís, sempre al meu costat, sol·lícit, animant-me contínuament —(li espurnegen els ulls al senyor Josep, quan ho recorda). Ens reunim en ple bosc amb un grup determinat. No eren ben bé roigs. Segons Perramon, la majoria són gent de l'Esquerra que fugen perquè hom diu que Companys ha decidit la incorporació dels cenetistes al Govern de la Generalitat. Uns altres pertanyen a l'Estat Català i van a adquirir armes per combatre els anarquistes.
»Continua la fatigosa ascensió. Em sembla que no podré arribar a la frontera. Lluís demana que em repengi al seu braç. "Va, Pepet —sento que em diu—. Ja hi som més a la vora". "Manca molt poc". "No et desanimis". Defalleixo un moment. "No puc més", clamo, llençat al sòl". Seu, descansem tots una mica". Mana que s'aturi l'expedició. Reprenem la caminada que a mi em sembla interminable, amb penes i fatics, i a la fi acabem el viatge a Prats de Molló. Ja som a França. Lluís m'abraça. "Estàs salvat — diu — . Però encara no estic content. Vull veure't a Perpinyà. Així me'n tornaré tranquil".
»Disposa bé Lluís. Perquè els gendarmes ens proporcionen un gros ensurt. Afigura't tu que pretenen que fem marxa enrera. Tot s'arranjarà. Portem uns papers no massa en regla. És clar que els meus... Però ningú no s'espanta, ningú no em coneix, ningú no va a delatar-me.
A Perpinyà autoritzen una breu estada per a recuperar-nos. Se'ns considera indocumentats en trànsit. Si no ens n'anem aviat, serem internats en un camp de concentració. Trobo a Lluís Ventalló. Passats tres dies em sento refet. Hem de marxar. Tot ho tinc disposat. Envio un telegrama al director de El Pensamiento Navarro, López Sanz, col·lega i correligionari, anunciant- li la meva arribada. Ve el moment de prendre comiat. "Gràcies, Lluís, mil gràcies per tot." "Pepet —em fa—. Tu mereixes això i molt més. ¿Què no hauries fet, tu, per mí?" Una forta, inacabable abraçada. També un petó.
Se separen els dos germans. L'un, Josep, vers Pamplona i Burgos, a servir els ideals de «Déu, Pàtria i Rei». L'altre, Lluís, els de «Catalunya i la República», a Barcelona. No es veuran mai més. Lluís Bru Jardí morirà exiliat a Xile, l'onze de maig de 1945.
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| Lluís Bru i Jardí (Tivissa, 1894 - Santiago de Xile, 1945) |
LA PREMSA ACTUAL NO M'AGRADA GENS
Formulo al senyor Josep Bru Jardí la darrera pregunta, ara en la seva qualitat de periodista. Ha estat els darrers quinze anys de llur vida professional redactor en cap del Diario de Barcelona.
«—¿Quina opinió li mereix el periodisme actual a Espanya?
»—No m'agrada gens. Molt millor el de l'avantguerra. Hi havia més companyia, les idees restaven al marge. Et contaré un fet. Quan jo dirigia a Lleida el "Correo" sortien allí d'altres periòdics de partit. Un, El Ideal, republicà, que portava Antoni Puch Ferrer. Ell i jo fundem l'Associació de la Premsa de Lleida. Era l'any 1915. Nomenem primer president Sánchez, corresponsal de Las Noticias. Vicepresident passo a ésser-ho jo. Puch, secretari general. Hi havia molta amistat en el terreny professional i privat. Els periodistes ens respectàvem recíprocament la nostra manera de veure les coses. Diré ara que el meu Correo de Lérida era tan i tan pobre, que no podia ni abonar la informació nacional i estrangera de les agències. Doncs bé, Puch, director de El Ideal em facilitava tots els dies, gratuïtament, les principals notícies.»
*1. Aquests darrers temps sembla que s'han produït divergències carlistes, força sensibles, en el panorama polític espanyol. Per un cantó, sota el cabdillatge del príncep D. Carlos-Hugo de Borbón-Parma, s'ha posat en moviment un Partit Carlista, autoproclamant-se socialista i filomarxista, mentre per altra banda, el príncep D. Sixto, germà de l'indicat príncep Carlos-Hugo, ha celebrat a Pamplona conversacions, en el curs de les quals «resta perfectament clar» —segons recull una nota oficial— que aquell Partit Carlista, definint-se com ja hem dit, «és per essència enemic dels sagrats principis defensats amb la sang de Navarra en els terços de requetès».
Joan Sariol Badía, Petita història de la guerra civil: vinti-tres testimonis informen, pp. 103-112 (1977)
dissabte, 6 d’agost de 2016
Tomás Caylá o la moral del Alzamiento
Por Jaime Tarrago (agosto de 1978)
Los que anduvimos en la preparación del Alzamiento, en Cataluña, conocemos muy bien la firmeza, y la intrepidez de cómo se vibraba en Tarragona. Misiones muy delicadas me llevaron a intimar con el teniente de Infantería, Gaspar Fortaleza, el capitán José González, el capitán médico Enrique Oregón y, particularmente, con el abogado Tomás Caylá Grau, jefe regional de la Comunión Tradicionalista de Cataluña. ¿Cómo olvidar la gesta de los carlistas en Solivella, el calvario de los que en el barco-prisión Cabo Cullera y en el vapor Río Segre sufrían horrible cautiverio y gran número de presos encontraron la muerte? Yo era amigo de Adolfo Bellés, de José Marín, de Manuel Canalda, de Luis de Cruells, de Aurelio Prada, de Fausto Muñoz, de Restituto González. Tengo un recuerdo inmejorable del entonces valiente capitán y siempre integérrimo José María Sentís.
Pero entre la galería de tantos recuerdos, para mí, el nombre de Tomás Caylá resplandece con auras únicas. ¿Quién era Tomás Caylá? Hijo de Valls, formado en una familia de católicos prácticos, su padre había sido ya asesinado por la subversión. Tomás Caylá cursó sus estudios de Derecho en la Universidad de Barcelona, en donde fuimos condiscípulos. Ejerció como abogado en Valls. Todavía corren anécdotas de la honradez y competencia con que asumía la defensa de sus clientes. En el periodismo destacó fundando el semanario Joventut, tribuna aguerrida contra la Esquerra y el ateísmo. También en El Correo Catalán. ¡Cuántas tertulias compartimos con Juan Soler Janer, entonces director de El Correo Catalán!
Caylá, con el impacto del asesinato de su padre, cuando él tenía diecinueve años, sin complejos se entregó a la actividad política y también religiosa en la Congregación Mariana, y en otras asociaciones de apostolado católico. Pero Caylá era esencialmente el gran luchador tradicionalista. Los gobernadores civiles de Tarragona le tenían marcado y él a ellos. No se amilanó ante ningún ataque. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue detenido y encarcelado en el castillo de Pilatos, en Tarragona, ya que el capitán-delegado gubernativo de Valls se excedía evidentemente. Caylá no temió los «escamots» de la Esquerra y de la Generalidad, y él, tan entero, en la noche de tremendas pesadillas del 6 de octubre de 1934, en que Companys se sublevó contra España, con José María Sentís aplastaron la sublevación en tierras tarraconenses. Nombrado jefe regional de Cataluña de la Comunión Tradicionalista, creo que fui de los primeros que se enteraron de la noticia. Me confió que sabía a lo que se arriesgaba, pero que aceptaba para que no recayera el nombramiento de jefe regional en otra persona, que después se ha distinguido por intrigar obsesivamente.
Caylá intervino eficazmente en la preparación del Alzamiento en Cataluña. No es el lugar para indagar las causas de las traiciones qué sufrió el Alzamiento en nuestra tierra. Caylá se quedó en Barcelona buscando un refugio que fuera seguro. El odio de los esbirros de la Generalidad era demasiado carnicero para que dejaran escapar a una víctima de tanto precio. Y el día 14 de agosto de 1936, en la casa donde se hospedaba, sita en la calle de Enrique Granados, seis milicianos de Valls lo detuvieron. Preguntaron por Tomás Caylá. El contestó: «Yo soy; os ruego que dejéis en paz a este muchacho.» Se refería a un niño de doce años que estaba en la casa.
Y Tomás Caylá, a las seis de la mañana del día 15 de agosto de 1936, fiesta de la Asunción de la Virgen, en la misma plaza de Valls, frente a su domicilio y casa en donde nació, fue fusilado y masacrado terriblemente. Los rojos hicieron tocar las campanas en señal de júbilo. Obligaron a todos los niños de Valls a desfilar ante su cadáver, celebraron un banquete para conmemorar su asesinato y restregaron con agua sucia su rostro para que pudiera ser reconocido. Más, llamaron a su madre, la venerable doña Teresa Grau, y le comunicaron que en la plaza estaba el cuerpo martirizado de su hijo. La madre bajó, besó aquel cuerpo destrozado, removió sus ropas para comprobar si llevaba el crucifijo y el escapulario, y dijo literalmente: «Ahora ya estoy tranquila». Había sucumbido un mártir de la fe, de Cataluña y de España.
Digamos que Tomás Caylá tenía cuarenta y un años y que no se había casado por entregarse totalmente a Dios sirviéndole a través del tradicionalismo. Su madre lo dijo textualmente: «Mucho me satisfaría que Tomás contrajera matrimonio, pero si, como él dice, manteniéndose soltero puede servir mejor a la causa, estoy muy contenta de que permanezca soltero». Los que convivimos con Caylá le comparamos a los santos que han gobernado los pueblos. Para mí Caylá es como Gabriel García Moreno, como Dollfuss, como los cristeros de Méjico. Caylá encontró el camino de su cristianismo de alto calibre sirviendo a Dios en la política, entendida como vocación, como un misionero o un cartujo lo encuentran en la selva o en la soledad. Tomás Caylá, en mi interior, es alguien a quien invoco con toda seguridad.
UNA CARTA IMPRESIONANTE
Tomás Caylá no obraba en política ni por pasiones, ni por personalismo, ni porque sí. Ante el hecho decisivo del Alzamiento Nacional él quiso asegurarse de la moralidad del mismo. Y el día 18 de julio de 1936, previendo ya lo qué sucedió, escribió una carta a su madre que reproducimos:
A LA MEVA MARE
Tinc el pressentiment de què no sortiré amb vida d'aquests dies de revolució. Quansevol dia, una acusació, una delació, uns trets i un altre mort anònim trobat a quansevol indret de Barcelona poden ésser la meva fi. Possiblement mai se sàpiga quina ha estat la meva fi. Consti que no em vindrà de nou i que és per a mi un cas previst. Tant si és aquesta la meva fi com si ha d'ésser altra més dolorosa, com sigui la que sigui la mort que m'esperi o la mort que la Providència em tingui reservada, des d'ara l'accepto amb plena conformitat repetint les paraules que sempre he desitjat tenir per lema: «faci's, Senyor, la vostra voluntat». Oidà que la mort pugui servir-me d'expiació de les meves grans culpes i que Déu nostre Senyor vulgui perdonar-me, com jo he perdonat sempre, perquè mai he cregut tenir-los, a tots els que es creguin deutors meus. Especialment si he de morir de mort violenta, Déu faci que la meva sang serveixi per a la conversió dels ofuscats que em occeixin.
Mare meva estimadíssima, molt més estimada del que sempre ha aparentat el meu caràcter fred, a qui dec quelcom que val més que la vida, o sigui les creències i la fe, si jo falto, si perdo la vida, accepti amb resignació cristiana la meva pèrdua, com va saber acceptar la del meu pare (a.C.s.). Jo ja sé que això serà per vostè un martiri, més si el mateix Déu i la seva santíssima Mare ens donaren l'exemple, no podem ni devem nosaltres queixar-nos.
Quan jo tenia 14 o 15 anys, després de la meva primera victòria moral sobre les passions que de joventut s'havien apoderat de mi, acostumava a resar diàriament una oració, que jo mateix havia compost i en la que hi havia una petició demanant al Senyor la gràcia de morir màrtir. Després han passat els anys i he deixat de fer aquella petició perquè m'he convençut que les meves culpes eren un obstacle perquè Déu em concedís una gràcia com aquella. No podia demanar allò que possiblement sabia no mereixia.
Ara moriré tal volta, víctima d'una passió política, d'un rabiós ofuscament de la fera humana. És una mort molt allunyada del martiri, però reconec que és la única que mereixo (alabat sigui Déu si així me l'envia).
Al menys la meva sang, si és vessada, junt amb la de tants ignocents com aquests dies han caigut, servís per salvar a Espanya.
Van molt equivocats els qui creuen que la salvació de la Pàtria es trobaria en un govern de força que permetés als poderosos gaudint amb quietud dels avantatges que la seva posició els dóna en una societat envilida, luxuriosa i egoïsta, materialista fins a l'extrem, que s'ha allunyat de Déu, encara que externament acudís als temples.
Beneïda sigui la Providència que permet que la mà revolucionària enderroqui tota la organització actual, com a merescut castig i com a medi perquè en unes noves catacombes es pasti una nova generació veritablement formada en les doctrines que sempre subsistiran del Cristianisme.
L'actual moviment, sigui el que sigui el resultat final que sembla decantar-se a favor dels revolucionaris, ha estat una equivocació, especialment de tàctica.
Déu sap que per la meva part havia fet el posible per a convèncer als que hi intervenien que no era aquest el moment oportú ja que devia esperar-se que prenguessin la iniciativa els extremistes de l'esquerra ço, que al meu entendre no hauria tardat a succeir més que dos o tres mesos. No ha estat aquest el procediment i estic plenament convençut de que tots els que ho han acordat ho han fet amb rectitud de conciència i creient que era el moment propici.
Confeso que em remordeix un xic la conciència el no haver en el moment del perill agafat un fusell i mort junt amb tants amics com han donat la vida. Em semblava i em sembla encara, que aquesta era la meva obligació, però vareig tenir la debilitat de escoltar el consell de diferents persones que em deien que el càrrec em privava la intervenció personal en una lluita que no es preveia es presentés a mort com ha succeit. Tingui, però, la seguritat de que el seu fill no és un covard i que no tem, amb la gràcia de Déu, mirar la mort cara a cara.
Jo no sé quin será l'esdevinor que Déu té reservat a Espanya. Sigui el que sigui no cal perdre l'optimisme, perquè per damunt de tot sabem que els poders i potestats de l'infern res podran en definitiva contra l'Església de Crist i pel que es refereix a Espanya, mai com ara hem de posar tanta confiança en el compliment de la promesa de que el Sagrat Cor regnarà a Espanya.
Quan aquests dies, en moments d'aplanament, humanament inevitables, em sento inclinat a sumar-me al clamor dels cristians semblant al dels apòstols en la barca en mig de la tempesta «Senyor, salveu-nos que anem a morí» em temo oir l'hora menys pensada la veu reptora del Diví Mestre amb la gran acusació: «Homes de poca fe». És ben cert que aquest mar tempestuós d'Espanya que sembla voler-nos engolir, es pot calmar instantàniament amb un simple gest del bon Jesús.
Un encàrrec vull fer-li, mare meva estimada, per tots i cada un d'aquests nombrosos amics (en la plentitud d'edat d'alguns, joves i jovenets altres, infants encara uns pocs) que jo tinc a Valls, a tots i cada un dels quals estimo més que a mi mateix. A tots aquests que han format a la Congregació i a l'Agrupació i han estat amics meus trasmete-lis l'encàrrec meu de que, per damunt de tot, passi el que passi, vingui el que vingui i costi el que costi no abandonin mai les creències del Catolicisme i no facin traició a la fe.
I V, mare meva estimada, per al cas de que es compleixin els pressentiments que tinc rebi l'última i estreta abraçada del seu fill que es despedeix amb la nostra cristiana i catalana frase de «al Cel ens poguem veure».
Tomàs Caylà
Pensamos que es un documento precioso. Tomás Caylá queda retratado de cuerpo entero. Mejor dicho, esta carta es un espejo de toda una vida, una espiritualidad y una ejecutoria política que sólo en las filas del carlismo llega a estas alturas.
UNAS ACLARACIONES EVIDENTES
La lectura de esta carta puede dar la impresión, superficial para el que no penetra el fondo del problema, de que Tomás Caylá pudiera sufrir alguna duda sobre la oportunidad táctica del Alzamiento. Pero no es así. Nadie como Caylá estaba convencido de la legitimidad, de la necesidad, de la urgencia del Alzamiento Nacional. ¿Cuáles son las razones que en la más recta ética justifican el Alzamiento Nacional? Sencillamente, la ilegitimidad del Gobierno republicano del Frente Popular. Fue ilegítima la elección de Azaña como presidente de la República, fue descarada la rapiña de actas de diputados en las últimas Cortes, la tiranía republicana era descaradísima, se habían agotado todos los recursos legales de negociación. Se habían dado todos los avisos requeridos para justificar la última razón de una guerra. Nadie como Gil Robles lo puso de manifiesto con las palabras pronunciadas el 16 de julio de 1936, en la Diputación permanente de las Cortes:
«Cuando la vida de los ciudadanos está a merced del primer pistolero; cuando el Gobierno es incapaz de poner fin a este estado de cosas, no pretendáis que las gentes crean ni en la legalidad ni en la democracia... Poco a poco las masas españolas se van desengañando de que por el camino de la democracia no se consigue nada».
Franco afirmaba:
«Una vacilación de pocos días hubiera perdido nuestra causa. Los comunistas preparaban un vasto movimiento. Estaba a cinco días de dar un golpe de fuerza y arrebatar el poder» (La Libre Belgique, 7 de octubre de 1936).
Y Fal Conde, en Le Temps declaraba:
«Nos ofrecimos a servir al movimiento militar, a dominar y prevenir la revolución roja, que estaba en perspectiva» (7 de octubre de 1936).
Y Largo Caballero lo confirmaba así:
«Nosotros declaramos en ese programa (el programa electoral) que el proletariado quiere la socialización de los medios de producción y de cambio, mediante la conquista del poder, haciendo la declaración terminante de que entre el régimen capitalista y el socialista, habrá un período de transición, que es la dictadura del proletariado» (El Debate, 18 de marzo de 1936).
O sea, el dominio comunista estaba programado para el asalto fatídico.
Lo que presumía Tomás Caylá se cumplió con toda rigurosidad. Pocas veces en la historia del mundo se habrá producido una insurrección moralmente más justificada que la del 18 de julio de 1936.
JOVENTUT DE L'ALT CAMP (Valls, 2 de setembre de 1978)
dimecres, 13 de juliol de 2016
Entrevista a Josep Maria Cusell i Mallol (1986)
Avui fa exactament 30 anys, la Comunió celebrava al santuari de Santa Maria del Cullell un aplec en què es va conmemorar el cinquantè aniversari del divuit de juliol. Una quarantena de carlins pujaren a peu al santuari des de Sant Miquel de Campmajor.
En Josep Maria Cusell fou entrevistat per periodistes de Punt Diari.
«Sóm antiliberals; el liberalisme porta per lògica al comunisme i a la revolució»
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| Josep Maria Cusell, secretari general de la Junta de govern de la Comunió (1986) |
Josep Maria Cusell i Mallol, de Calella, és el secretari nacional de la Junta de Govern de la Comunió Tradicionalista Carlista, que vol reunificar el moviment carlí dividit. Són vostès feixistes?
— És una etiqueta que portem al damunt des del decret d'unificació de 1937, però no som feixistes perquè els falangistes propugnaven el partit únic, el sindicat polititzat i l'Estat monolític; i nosaltres, no.
— Si arriben al poder, permetran l'existència d'altres partits?
— No estem d'acord amb els partits com a tal; són una realitat que no es pot negar, però cal una representació més perfecta, a través de la universitat, els ajuntaments, les professions... Persones, no partits.
— Això és la democràcia orgànica de Franco, no?
— Exacte, però que no es confongui el concepte amb el que tenia el règim anterior, que se l'apropià. Volem que l'elegit tingui un mandat imperatiu i que si no compleix se'l pugui fer fora.
— Va ser bona l'època franquista?
— Franco va ser un traïdor a la Croada, l'enemic número 1 del carlisme i, per tant, d'Espanya. No estructurà la societat després del sacrifici dels màrtirs.
— Els carlins tornaríeu a fer una guerra civil per «salvar» Espanya?
— S'ha de fer el que considerem lícit (no legal, perquè de vegades les dues coses no van lligades), i estem disposats a repetir la lluita per restaurar el dret natural creat per Déu. Si tornés la mateixa situació del 36, actuaríem com vam actuar. Preferim no haver-ho de fer...
— Què en pensa del monarca actual?
— Segur que qui és en el poder no és carlí, és d'una dinastia usurpadora, i posat pel dictador.
—Abans tampoc no era el poble qui triava el rei...
—Ja, però fins a Isabel II hi havia un pacte entre el poble i el rei, que jurava respectar els furs. Les guerres civils es poden justificar si es retallen els drets, tant del rei com del poble.
— Sembla que els carlins, quan una cosa no els agrada, se'n van «al monte» i organitzen una guerra. Per què?
— Catalunya, en dos segles, ha fet set guerres contra la Revolució i el centralisme, tres d'elles carlines. Fins i tot, aquí lluitàrem un any més, després de l'abraçada de Vergara, perquè s'havia produït una ofensa del centralisme.
— Una ofensa justifica una guerra. No seria lícita, doncs, la actuació d'ETA?
— ETA és marxisme. El País Basc té un sentiment foral molt fort, que ha estat apropiat pel materialisme. La licitud la decideix Déu, que dóna el dret a la rebel·lia, però ETA odia Espanya.
— El carlisme participarà en el sistema democràtic que refusa?
— S'ha de decidir, però suposo que ens presentarem a municipals i autonòmiques. Sols, si podem; si no, com a independents.
— Amb qui farien coalició?
— Socialistes i comunistes, descartats, perquè són anti-Déu. Tampoc no amb Fraga, perquè pacta amb liberals i demòcratacristians i no li podem donar suport perquè els fets de Montejurra van ser un muntatge del seu ministeri de l'interior per desprestigiar el carlisme.
— I Convergència?
— És massa nacionalista. Pujol, amb una compra d'accions, va ser president del Foment de la Premsa Tradicionalista, va treure la darrera paraula i el Correo Catalán, fet amb aportacions dels carlins, és tancat.
— Són vostès la dreta pura?
— Som antiliberals, perquè el liberalisme porta per lògica al comunisme, i la Revolució va contra l'ordre natural, tant és que sigui revolució comunista, socialista, anarquista o falangista. Fraga és conservador, o «conservador», però no dreta vertadera.
PUNT DIARI (Girona, 15 de juliol de 1986)
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dissabte, 9 de juliol de 2016
Antonio Pérez de Olaguer y Feliu
PÉREZ DE OLAGUER FELIU (ANTONIO)
Escritor, periodista y conferenciante español, n. en Barcelona el 16 de marzo de 1907 y m. en la misma ciudad el 29 de marzo de 1968. Perteneciente a una familia de altos funcionarios coloniales y con raíces en las Islas Filipinas, estudió comercio con los jesuitas y se dedicó a la literatura en el género periodístico, poético y teatral, llevado fundamentalmente por un sentido de amenidad y divulgación.
Fundó y dirigió varias revistas encaminadas a formar a los lectores en un espíritu caritativo y tradicionalmente católico. Así, en la revista de su propiedad titulada La Familia, donde se exaltan los vínculos cristianos que, a su entender, son base de cohesión y proyección de la célula primaria de la sociedad española. Otras revistas fundadas por él —Momento, El mirlo blanco, Don Fantasma, Guirigay— abundan en las mismas finalidades. Asimismo colaboró en la prensa española y filipina y fue redactor de las revistas El cruzado español, La hormiga de oro y Cristiandad.
Era un singular viajero, pues había dado siete veces la vuelta al mundo. Sus impresiones de viaje acostumbraba a exponerlas en conferencias y coloquios, así como en libros fundamentalmente amenos más que literarios (Mi vuelta al mundo). Hombre de sentimientos caritativos, había trabajado mucho en favor de la leprosería de Fontilles a fin de aliviar la desgracia de los allí acogidos y para terminar con el terrible mal, llamando la atención de los médicos y personas que pudieran paliarlo.
Era miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, presidente de la Asociación Literaria Iberoamericana, miembro del Instituto de Estudios Hispánicos de Barcelona, etc. Su obra está dispersa en innumerables artículos y en algunos libros, aparte del ya citado, y en varias obras de teatro.
José María Rodríguez Méndez
Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana. Suplemento anual, 1967-1968. Espasa-Calpe. p. 392.
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