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dissabte, 14 d’octubre de 2017

Luto en España por la muerte de Don Jaime. Los separatistas catalanes tratan de perturbar el funeral en Barcelona y lo pagan caro (1931)

Luto en España

La sorpresa que causó la defunción repentina de don Jaime no produjo deserciones en las filas legitimistas. Hubo, sí, el gran dolor de los carlistas de que su Rey muriera en el destierro y que sus huesos no reposaran en tierra de España. Por todas partes hubo solemnes funerales, lo mismo en ciudades que en pueblos y aldeas. También los hubo en el extranjero, siendo muy suntuosos los celebrados en Buenos Aires, y muy íntimamente emocionantes los que celebraron en Jerusalén los franciscanos españoles.

Por todas partes se respetaba el dolor de los carlistas. Sólo hubo una población en la que este respeto no se guardó. Caro les costó. Fue en Barcelona. Se celebraron los funerales en la Catedral, donde acudió una imponente multitud. Los muchachos del Requeté montaron el servicio de orden. Un grupo de nacionalistas, pertenecientes a los "escamots" del Estat Catalá, creyéndose amparados por las autoridades, intentaron perturbar el acto. Los requetés replicaron, y junto a la Canonja hubo un encuentro, y se dieron a la fuga los separatistas, llevándose unos cuantos heridos y dejando en el suelo el cadáver del Jefe que los mandaba. Hubo detenciones. Fue acusado un requeté llamado Ballés, más conocido por "El Tit", pero no pudo probársele nada, y la Audiencia de Barcelona lo absolvió.

Casa de la Canonja o Pia Almoina, junto a la Catedral de Barcelona,
donde los separatistas atacaron a los requetés jaimistas y fueron derrotados.


Melchor Ferrer Dalmau: Historia del Tradicionalismo Español (tomo XXIX), pp. 223-224

dimecres, 27 de setembre de 2017

Esperanzas (poema carlista de 1910)


La Revolución amaga
á nuestra Patria bendita
y con sus odios excita
la gran masa popular;
mas ¡vive Dios! que los buenos
frente á frente la miramos
y firmes nos preparamos
á combatir y á triunfar.

                  —

Tras la noche viene el día;
tras la tempestad la calma;
tras la tristeza del alma
la dulce consolación;
tras el invierno sombrío
la festiva primavera;
tras la muerte lastimera
el puerto de salvación.

                  —

Y tras el nuevo desorden
de fieras revoluciones,
que trastornan las naciones
con su hálito destructor,
viene la paz duradera,
el orden que consolida,
el progreso de la vida,
la firmeza y el vigor.

                  —

Por esto no la tememos
la revolución traidora,
que vino á herir en mal hora
la grandeza nacional;
ella nos pondrá en el caso
de luchar valientemente
y restaurar plenamente
nuestro ser tradicional.

                  —

Desde abajo y desde arriba
se encuentra hoy amenazado
el patrimonio sagrado
de la Santa Tradición.
Dios es hoy escarnecido,
la Patria vilipendiada,
la Monarquía ultrajada
y con ellos la Nación.

                  —

Pero... aquí estamos nosotros,
los monárquicos leales,
los patriotas racionales,
los cruzados de la fe,
que aguardamos solamente
la voz firme y vigorosa
de un gran R... que no reposa
ante los males que ve.

                  —

Aguardamos el mandato
de este R... tan generoso
que contempla cariñoso
el porvenir español...
y no piensa en otra cosa
que en la España del pasado,
religiosa en sumo grado,
que jamás vió puesto el sol.

                  —

Y esta España, floreciente,
volverá, pese á quien pese,
al brillo y al vigor ese
que ante el mundo tuvo ayer;
volverá, pues Dios lo quiere,
mientras aliente y exista
un sano pecho jaimista
con sangre para verter.

                  —

Volverá, mientras no acabe
la raza de los cruzados
que ante todo son soldados
de la Santa Religión;
volverá —porque no muere
ni envejece—, vigorosa
la descendencia gloriosa
de la Madre Tradición.

                  —

Yo, por mi parte, aunque débil,
me considero temible
y hasta me creo invencible
yendo del Caudillo en pos.
Y juro solemnemente
que mi latido postrero
será por Jaime Tercero,
por mi Patria y por mi Dios.


RUPERTO LLADÓ, mártir de la Tradición

La Bandera Regional (17 de diciembre de 1910)

dilluns, 15 de maig de 2017

Sindicatos Libres, carlismo y conflictividad social en Barcelona en los años 20

Luis Argemí (1873-1950),
político tradicionalista
El estado de anarquía social en Barcelona se va extendiendo paulatinamente por todos los ámbitos de la Península. Ya no hay confianza en el Estado y los patronos se organizan para defenderse: Primeramente a las huelgas incesantes imponen su lock-out, después buscan hombres que les defiendan como guardaespaldas. Había denunciado este estado de subversión y anarquía el Senador Argemí en la Cámara Alta. Era necesario algo más, y éste algo más era imponerse al Sindicato Único, como se imponía éste en la calle, por el terror. No era propio de una nación civilizada, pero estaba impuesto por la dejación del poder, el ambiente acobardado y debilitación de todos los poderes estatales.

Así fue como en el Círculo central Tradicionalista comenzaron a organizarse los Sindicatos Libres, compuesto de obreros que no admitían la tutela del Sindicato Único. Fueron los obreros jaimistas los primeros que se alistaron en la nueva organización, que durante mucho tiempo tuvo por Sede el Círculo Tradicionalista de la Calle de la Puertaferrisa de Barcelona.

Salvador Anglada (1878-1936)
Fue su principal animador el Concejal de Barcelona don Salvador Anglada (289), a quien prestaron su concurso los jóvenes de la Juventud de Barcelona. Había además otro que auxilio e influyó notablemente en los Sindicatos Libres, pues les aportó el concurso de su pluma, batalladora siempre, Rico Ariza (290), y, así con el concurso de todos, los Sindicatos Libres comenzaron su tarea respondiendo a las pistolas, aplicando la Ley del Talión.

Tengamos en cuenta que los jaimistas de Barcelona habían entrado en el Somatén, y que esto se sabía: el jaimismo, pues, reemprendía su historia de luchas en tales momentos críticos.

Ramón Sales (1893-1936)
Hubo, eso sí, un hombre que supo dirigir a los grupos de acción del Sindicato Libre, con firmeza y con desprecio de la muerte. Era el jaimista Ramón Sales, (291) cuyo nombre fue terror de los pistoleros anarco sindicalistas. Todo Barcelona sabia que los carlistas estaban en el Sindicato Libre, y en aquellos tiempos de congoja, eran la única esperanza de los burgueses y obreros honrados de la ciudad Condal. Se hizo entonces célebre aquella frase común, que se oía, proferida por bocas de no carlistas: "El día menos pensado nos encontraremos con don Jaime en Madrid". Desgraciadamente el partido jaimista no tenía la fuerza suficiente para ello y era muy difícil hallar las asistencias necesarias. Fuera de Barcelona, sólo tuvieron los Libres una realidad eficiente en Bilbao, gracias al entusiasmo y esfuerzo de Hermógenes Rojo. (292)

Más tarde, los Sindicatos Libres atravesaron un mal momento en que volvió a recuperar su preponderancia el Sindicato Único. Fue en 1923. Sin embargo supieron replicar y la consideración que les tenía el general Primo de Rivera, (291) y el general Martínez Anido (292) demuestra que no habían perdido nada de su valor. (...)

Aunque de momento los Sindicatos Libres se habían impuesto por el terror a los anarco-sindicalistas del Único, la situación en España era cada día más grave, cada día se veía mejor que no había solución definitiva a la descomposición de un Estado y a la anarquía en la nación. (...)

Presidentes de los Sindicatos Libres (1922)

La anarquía en España

La situación de España se iba agravando, y no eran las fórmulas políticas, remiendo a un sistema político carcomido e impotente, las que podían volver a enderezar el caos social. Tampoco bastaban las pistolas de los muchachos del Sindicato Libre, que, en realidad, como hemos escrito en otra parte:

«No diriemos que todos los que estuvieron afiliados en los Sindicatos Libres fueron jaimistas, pero sí que su centro de reunión y su recluta se hizo entre obreros jaimistas. Por esto si el carlismo no puede acoger los hechos de los Sindicatos Libres como propios, sí puede y debe recordar que fueron hijos que surgieron de sus centros y que muchos de ellos se mantuvieron fieles» (331).

Pero las luchas eran sangrientas y cuando el subcabo del somatén don José Franquesa fue asesinado, la indignación de los jaimistas auguraba un estallido que sería desesperado. La lenidad de los gobernadores había llegado al extremo que en el entierro de Franquesa el día 8 de junio, los incidentes «dejaron a Barber —que presidia el duelo— en situación verdaderamente insostenible. Grupos de patronos le abuchearon, le gritaron: ¡Fuera el representante del Sindicato Único!, le silbaron; alguno llegó a zarandearle materialmente, en contraste algo expresivo con la entusiasta acogida que mereció a los concurrentes la presencia del General Primo de Rivera» ( 332). Barber no fue zarandeado por los patronos, lo fue por los jaimistas, y si librose bien de la jornada, lo debió a la presencia de Primo de Rivera. Barber ( 333) acabó su vida política en aquel acto.

Era que la situación se había hecho imposible. Era que sólo podía esperarse de una reacción muy fuerte. Oigamos a un enemigo de la dictadura, pero monárquico alfonsino:

Gabriel Maura Gamazo (1879-1963),
autor de «Al servicio de la Historia.
Bosquejo histórico de la Dictadura»

«El terrorismo anarquista o sindicalista venía siendo ya antigua plaga endémica en Barcelona. La anemia cívica española, impidió por allí, a diferencia de lo acaecido en otras naciones europeas reaccionase el cuerpo social con energía suficiente para extirpar los gérmenes morbosos. La defensa orgánica, que es ley de la biología colectiva como de la individual, se operó contraponiendo a los malhechores del sindicalismo rojo, ya que no ciudadanos en armas, individuos de su misma ralea, que, con no mayores escrúpulos mantuvieron los principios contrarios. El animador de estos Sindicatos Libres, restaurador de la paz social barcelonesa, si no absoluta lo bastante sólida para permitir a la ciudad vida normal y próspera, fue, desde el gobierno civil de la provincia, el general Martínez Anido. Rudamente atacado por las Izquierdas, muy bien quiso, en cambio de las clases conservadoras, mantenerlo en su puesto o sustituirlo por funcionarios de significación más civil, no debió haber sido asunto baladí para ningún gobierno, puesto que tantos y tan considerables intereses pendían de la resolución. 
Pues fue cabalmente, el Jefe Conservador, quien, a poco de su advenimiento al poder, a espalda de los ministros (dos de los cuales dimitieron a causa de ello) despidió secamente a Martínez Anido y restableció inoportunamente en Cataluña las suspensas garantías constitucionales. Esta política continuada por el Gobierno Alhucemas, desencadenó nuevas rachas de crímenes, que, sobreensangrentaron casi a diario las calles de Barcelona, trascendió al resto de la Península...
Menudearon también los atracos a mano armada, cada vez más audaces y fructíferos, y la impunidad de los delincuentes llegó a ser tan normal porque los pocos de entre ellos que capturaba la política escapaban después a la justicia, por obra de jurados medrosos o venales.»

Y continúa el mismo autor:

«La vida económica. no estaba menos amenazada que la humana. El miedo, paralizador de los Gobiernos, no les movía a intervenir en los conflictos sociales sino cuando creían poder hacerlo en contra del capital... el separatismo campaba donde quiera a sus anchas» ( 334).

Dejemos en Maura poner en el mismo nivel al pistolero del Sindicato Único, que asesinaba a personas honradas y decentes, con el pistolero del Sindicato Libre que mataba a los pistoleros o a sus dirigentes en defensa social. Pero Maura hablaba como buen dinástico y como buen conservador. Dios no le había llamado por esos caminos y todavía no hemos sabido cual era el camino por el que le había llamado Dios. Pero recojamos un hecho, una confesión. En Barcelona se había restaurado la paz social y la vida normal y próspera se había reanudado gracias al esfuerzo, que buena sangre les costó, de los muchachos del Sindicato Libre, no nacidos de aquellas juventudes mauristas que se entretenían en fundar partidos como el Social Popular, sino de los obreros honrados de los círculos jaimistas. Y también había los ciudadanos armados en defensa de la sociedad, burlada, encarnecida, entregada por los Ministros de la Monarquía de Alfonso XIII a los anarcosindicalistas, y también estaban entre esta gente honrada, que empuñaba el fusil, los jaimistas, que morían a traición como Franquesa.

En aquel desbarajuste, el único partido de España que sabia reaccionar virilmente fue el partido carlista. Y si nos fijamos en aquellos magistrados que al día siguiente de proclamarse la República se quitaron las caretas, diremos que no solamente había jurados cobardes o vendidos, sino que también los había vistiendo toga.
Miguel Arlegui Bayonés (1858-1924)

Un partido que no se amilanaba, que había celebrado, sin miedo, en población tan industrial como Manresa una concentración de jaimistas catalanes en el Aplec dels Tres Roures, que había reunido otra gran masa valenciana en el aplec de Alfara del Patrarca, en agosto y que el 2 de septiembre en la Diada Jaimista de Haro, ocho mil riojanos aclamaban a don Jaime en la persona del Marqués de Villores, era, para muchas gente, una esperanza en el sombrío horizonte de la Patria. Así lo comprendió el coronel Arlegui (335) cuando de acuerdo con Martínez Anido se puso en contacto con don Jaime. Arlegui entendía que no debía darse una solución transitoria al grave problema de España. Y a ello coadyuvaron las autoridades carlistas y muy especialmente el Jefe Regioal de Cataluña don Miguel Junyent. Lo lógico no es lo que se sigue muchas veces en las historia, lo que es lógico es el desarrollo cuando no existe voluntad de rectificación.

Era tal el desconcierto en Cataluña que ya no fiaba el general Primo de Rivera de los resortes oficiales en vísperas del 13 de septiembre. Fiaba más en los jaimistas del Sindicato Libre, que en la policía, no por que en esta no hubiese personal digno, sino porque dependía de gobernadores de la ideología de los Raventós y los Barber. Así su escolta lo formaban los muchachos del Sindicato Libre, unos, jaimistas de siempre, otros entrados en el Sindicato, de otras procedencias como el hijo del anarquista Pallás, el que arrojó la bomba a Martínez Campos en 1893.

El 13 de septiembre de 1923

Se esperaba una Dictadura. Se había pensado en el general Aguilera (336) y el mismo Primo de Rivera estaba dispuesto a secundarle. Una maniobra política deshizo aquella combinación. También pensó en un golpe de Estado don Alfonso XIII, para asumir el poder personal, saltando por encima de la Constitución que había jurado, y que era la razón de ser de su propia dinastía. Consultó el caso a hombres de su contianza, entre ellos a Maura, quien en nota dada en agosto le decía:

«Desenlace funesto se debe pronosticar si el Rey tomase sobre si las funciones del Gobierno para ejercerlas diariamente, asumiendo día por día las responsabilidades personales. Ni la generosidad del móvil, ni los aciertos más constantes, evitarían la consumación del suicidio. Así se ha de llamar la conversión en dictadura, de suyo transitoria, del Instituto en que se encama y vive la unidad perenne de la nación» (337).

Como se ve Maura seguía en su doctrinarismo liberal, de los Reyes constitucionalmente irresponsables, aunque la historia después los haga responsables. Mientras tanto, era necesaria una actuación rápida, pues en aquella anarquía general, los separatismos hubieran llegado a ser salvavidas para los ciudadanos. Y fue Primo de Rivera quien en la noche del 12 al 13 de septiembre rompió el nudo gordiano, con la guarnición de Barcelona y con la seguridad de otras guarniciones, tal como la de Zaragoza, donde estaba entonces de Capitán general, don José Sanjurjo ( 338) todavía unido al partido jaimista y al Rey en el destierro.

Aquella noche, los que velaron las armas en Barcelona fueron los jaimistas, con su Junta Regional reunida en sesión permanente, y fueron los muchachos del Requeté y los muchachos de los Sindicatos Libres los únicos que estuvieron patrullando por las calles de la ciudad; los patronos, los industriales, los regionalistas, las clases conservadoras y los pocos alfonsinos catalanes surgieron al día siguiente para felicitar y aclamar a Primo de Rivera, pero en la noche aquella, los únicos que empuñaban un arma en defensa de la sociedad, fueron los carlistas. Advertido a tiempo don Jaime se había personado en San Juan de Luz para seguir los acontecimientos, y quizás si la opinión de Gotari y otros navarros se hubiera seguido, cuando aconsejaban a los carlistas de Pamplona que acompañaran los piquetes que proclamaban el Estado de Guerra, aclamando al Ejército y a don Jaime, se hubiera cambiado la historia de España.



(289) Salvador Anglada Llongueras. Presidente del Círculo Tradicionalista de Sans; Concejal jaimista de Barcelona. Candidato para diputado al Parlamento catalán en 1932. Murió asesinado por los rojos cerca de Prades, en 1936.
(290) Estanislao Rico Ariza. Nació en Barcelona en 1895. Empleado del Ayuntamiento. Director de "La Protesta", de Barcelona. Durante la Dictadura siguió la orientación del Sindicato Libre, pero reingresó en la actividad de la Comunión en 1931. Dirigió el semanario "Reacción". Murió asesinado por los rojos en Barcelona, en 1936.
(291) Ramón Sales. Murió asesinado por los rojos en 1936, después de horribles torturas.
(292) Hermógenes Rojo Barona. Obrero. Vocal de la Junta Señorial en 1935. Vocal de la Junta del Distrito de Bilbao. Presidente de la Sociedad Tradicionalista de Bilbao. Candidato a diputado a Cortes por la provincia de Vizcaya en 1933.
(293) Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Marqués de Estella. Nació en Cádiz en 1870. Ministro de Estado en 1927 y de Marina en 1929. Dictador de 1923 a 1930. Falleció en París en 1930.
(294) Severiano Martínez Anido. Gobernador de Barcelona Ministro de la Gobernación en 1925 a 1930 y de Orden Público en 1938. Falleció en Madrid.

(331) Ferrer: «Breve historia del Legitimismo Español».
(332) Fernández Almagro: «Historia del reinado de D. Alfonso XIII»
(333) Francisco Barber. Era periodista y diputado a Cortes liberal.
(334) Maura Gamazo: «Al servicio de la Historia. Bosquejo histórico de la Dictadura». Tomo I.
(335) Miguel Arlegui y Bayones. Nació en Navarra en 1868. Fue alférez en el Ejército liberal en la Tercera Guerra, pasando a Cuba e ingresando en la Guardia Civil. General de Brigada en 1919. Jefe Superior de Policía de Barcelona y cuando la Dictadura director general de Orden Público. Falleció en Madrid en 1924.
(336) Francisco Aguilera y Egea. Nació en 1857. Ascendió a teniente general del Ejército nacional. Ministro de la Guerra en 1917. Falleció en Madrid en 1931.
(337) Maura Gamazo: «Al servicio de la Historia. Bosquejo histórico de la Dictadura».
(338) José Sanjurjo y Sacanell. Nació en Pamplona en 1872. Sirvió en Cuba y en Marruecos. Ascendió a teniente general en 1925 y recibió el titulo de marqués del Rif. Director general de la Guardia Civil en 1931. pasó a la Dirección General de Carabineros en 1932. Se sublevó en Sevilla el 10 de agosto de 1932. Condenado a muerte e indultado. pasó al Penal del Dueso, de donde salió en 1934. Emigró a Portugal y dirigió los trabajos para el Alzamiento de 1936. Murió en accidente de aviación al intentar pasar a España en 1936. Fue carlista hasta el comienzo de la Dictadura y, por una cuestión personal con Don Jaime, se separó de la Comunión. Volvió al Carlismo estando ya en Portugal y había aceptado el mando de los carlistas si fracasaba el movimiento militar.

dimecres, 26 d’octubre de 2016

La Junta Magna de Biarritz de la Comunión Tradicionalista (1919)

Junta Magna de Biarritz que la Comunión Católico-Monárquica celebró el 30 de Noviembre de 1919 bajo la presidencia de su augusto Caudillo Don Jaime de Borbón.

Grupo de asistentes a la Junta Magna de Biarritz, que presidió el Señor Duque de Madrid

Por ser uno de los actos más solemnes de nuestra Comunión que presidió nuestro llorado Caudillo don Jaime de Borbón, queremos que sea constatada en este ALBUM la Magna Asamblea de Biarritz, con relación de los asistentes, las conclusiones votadas y la emocionante salutación de Don Jaime a la Asamblea en la cual pronunciaron notabilísimos discursos D. Luis H. de Larramendi, D. Lorenzo Sáenz Fernández y el muy Ilustre Sr. Magistral de Sevilla Dr. Roca y Ponsa.

ASISTENTES Y ADHERIDOS con los cargos que a la sazón ejercían.

Asistieron a la Junta, además del Excelentísimo Señor D. Luis Hernando de Larramendi, Secretario general político de S[u Majestad] en España, y de D. Lorenzo Sáenz Fernández, ex diputado a Cortes por Tudela y Tesorero general de la Comunión que lo eran entonces, los señores siguientes, que agrupamos por las Regiones que representaban:

ANDALUCIA

Presente: M. I. Sr. Dr. D. José Roca Ponsa, Canónigo Magistral de la Catedral de Sevilla.
Adheridos: Excmos. Sres. Marqués de San Martín, Jefe regional, Marqués de Valdeflores y Barón de Bretauville; M. I. Sres. Dr. D. Bartolomé Romero Cago y Dr. D. Jesús María Reyes, Canónigos, respectivamente, de Sevilla y Granada, y los señores D. Alfonso Porras Rubio y D. Fernando del Moral, Pbro.

ARAGON

Presentes: Excmo. Sr. D. Francisco Antonio Cavero, Jefe regional, y señores D. José María de Santa Pau, Jefe provincial de Teruel, y Don Pedro Legaz.
Adheridos: Excmo. Sr. D. Pascual Comín, ex Secretario General político del R[ey]; D. José María de Claver, Jefe provincial de Huesca; D. Jesús Comín, de Zaragoza, y D. Pedro Calvo, de Báguena.

CASTILLA LA NUEVA

Presentes: Excmo. Sr. Marqués de Tamarit, ex diputado a Cortes y Ayudante que fué de Carlos VII; don Melchor Ferrer Dalmau, Director de «El Correo Español»; D. Miguel de Torres Valls, Administrador-Director del mismo diario; D. G. Arsenio de Izaga y Ojembarrena, Director que fué de «Juventud Tradicionalista», y D. Emilio Deán Berro. vicepresidente de la «Unión Social Tradicionalista», de Madrid.
Adheridos: Excmos. Sres. D. Rodrigo de Medina, ex secretario de Carlos VII, y D. Juan Pérez de Nájera, generales de nuestro Ejército, y señores Conde de Casasola y del Pinar, y Rvdo. D. Isaac García Sanz, Párroco de San Pedro, de Sigüenza.

CASTILLA LA VIEJA

Presentes: M. I. Sr. Dr. D. Ricardo Jiménez, canónigo de Burgos, D. Lorenzo de Cura, ex diputado provincial, D. Virgilio Sanjuán, Jefe local de Haro, y D. Juan Pablo, Huerta, ambos tenientes de alcalde de esta población.
Adheridos: Rdo. D. Aurelio de Ibarzábal, Pbro.; D. Andrés Bengoa, de Santander; D. Robustiano Olea de Laredo; D. Federico Paternina, de Ollaurri, y D. Fernando de Diego, de Santander.

CATALUÑA

Presentes: Excmos. Sres. D. Miguel Junyent, Jefe regional entonces y Director de «El Correo Catalán», ex senactor y ex diputado a Cortes; D. Luis Argemí, senador del Reino por Barcelona; D. Narciso Batlle y don Bartolomé Trías, diputados a Cortes por Barcelona y Vich, respectivamente; señores D. Joaquín Avellá y D. Domingo Valls, ex diputados provinciales y Jefes provinciales de Tarragona y de Lérida, y D. Juan B. Viza.
Adheridos: Excmos. Sres. Marqués de la Torre de Mediñá y Barón de Vilagayá; D. Juan María Roma, diputado provincial y Director de «El Centinela Catalán»; D. José María Marqués, diputado provincial; D. Víctor José Olesa, ex diputado provincial, D. Francisco de P. Cambús.

EXTREMADURA

Adherido: Excmo Sr. Marqués de Matallana, Jefe provincial.

GALICIA

Adherido: D. Alberto Paredes, ex Director de «El Requeté».

LEON (Reino de)

Presentes: Excmo. Sr. D. Ildefonso Muñiz Blanco, Jefe Regional; Rdo. D. Antonio Alonso, Beneficiado de la Catedral de León; D. Luciano Esteban Polo, y D. Baltasar L. de Guevara.
Adheridos: D. José Maria Crajal, Jefe provincial de Palencia; D. Nicasio Sánchez Mata, Jefe provincial de Salamanca y Decano de su Universidad; don Pantaleón Gómez Casado; D. Eduardo Junco; don Miguel Díaz, y don José de Larrucea y Lambarri, de Valladolid.

NAVARRA

Presentes: Excmos. Sres. D. Ignacio Baleztena, Jefe regional y concejal de Pamplona; Marqués de Vessolla, ex senador del Reino; Barón de Oña, concejal de Pamplona, y señores D. Blas Morte, vicepresidente que fué de la Diputación foral; D. Francisco Martínez, ex jefe regional y ex diputado provincial; D. Francisco Errea, diputado provincial; D. Tomás Mata, teniente de alcalde de Pamplona; D. Justo Gortáriz, concejal de este mismo Ayuntamiento; D. Pedro Santa Cruz, Beneficiado; D. Basiliso Oteyza, y D. Martín Echarren.
Adheridos: D. Joaquín Baleztena, diputado a Cortes por Pamplona; D. Martín Larrayoz, concejal; RR. PP. Tomás Garrido y Fabián Linares; don Casildo Arostegui, D. Esteban Martínez Vélez, ex diputado foral, y D. Dámaso Munárriz.

VALENCIA

Presentes: Excmo. Sr. Marqués de Villores y don Enrique Adrién.
Adheridos: Excmo. Sr. D. Manuel Simó, ex Jefe regional y ex diputado a Cortes; D. Fernando de Rojas, ex diputado provincial; D. José Galán y Benítez, D. José Feliú, D. José Feo Cremades y don Francisco Aparisi.

VASCONGADAS

ALAVA
Presentes: D. Donato Nicolay, D. José Pérez de San Román y D. Luciano Salazar, Pbro.

GUIPUZCOA
Presente: Excmo. Sr. Marqués de las Hormazas.
Adherido: D. Juan Mocorrea.

VIZCAYA
Presentes: Excmos. Sres. Conde de Arana, Jefe señorial y ex senador del Reino, y D. Esteban de Bilbao y Eguía, ex diputado a Cortes por Tolosa y Senador del Reino por Vizcaya, y señores D. Domingo de Llona, diputado provincial; Don Ignacio María de Plazaola, concejal de Bilbao; D. Francisco de Santiago Marín, Notario de esta capital; D. Elías Luisa, y D. Pablo Ingunza.
Adherido: Excmo. Sr. D. Celestino de Alcocer, ex Jefe regional y ex diputado a Cortes por Laguardia y Vitoria.

DON JAIME DE BORBÓN EN BIARRITZ
De izquierda a derecha: D. Juan María Roma, D. Jaime de Borbón, 
D. Luis H. de Larramendi y D. Julio de Urquijo.

Después de la guerra europea y para resolver el conflicto planteado por dimisión de la Junta Nacional Tradicionalista en aquella época, son llamados por D. Jaime en Biarritz, los señores Larramendi, de Urquijo y Roma.


COMIENZA EL ACTO

Todos permanecían en pie.

El Caudillo de la Tradición, con grave continente, palabra reposada y claro acento alterado por la emoción, saludó a sus leales en estos sencillos y severos términos:

«Os manifiesto, antes que nada, mi más sincera gratitud por haber correspondido tan unánime y entusiastamente a mi convocatoria, inspirada en mi ferviente amor a la Bandera de la Tradición y a nuestra querida e infortunada España.

Todos, en mayor o menor grado, habéis hecho un verdadero sacrificio al venir hasta el destierro; pero todos debéis meditar en que esto, y mucho más, lo exige, con angustiosos clamores, la salvación de la Patria.

Ante obligación tan suprema e ineludible, ni vosotros ni Yo podíamos vacilar un instante. Por esto nos congregamos hoy aquí.

Ni por convicción ni por temperamento, soy aficionado a declaraciones utópicas y a discursos ampulosos; prefiero lo práctico a lo teórico, los hechos a las palabras, la verdadera sencillez al falso retoricismo.

Informado en este criterio, he procurado encerrar mi pensamiento en claras y ceñidas manifestaciones, que ahora os leerá mi Secretario político en España y que deseo que todos mis leales las reciban como sentida expresión de mis ideas y aspiraciones en los gravísimos y decisivos momentos actuales.

Quiera Dios que ellas sean fecundas para la restauración de la Patria.

Sentáos.»

Una formidable ovación con vítores y aclamaciones acogieron las palabras de S. M.

Apagada la ovación, Don Jaime entregó un documento al señor Larramendi, ordenándole que procediese a su lectura y que terminaba con las siguientes y alentadoras palabras:

«Preparémonos, trabajemos para ser útiles a la Religión y a la Patria. La intención preferente, al convocaros, ha sido intensificar mi personal intervención en la dirección de la Causa, y así estar en una mayor relación con vosotros.

Os doy mi palabra de honor en prenda de que, si puedo equivocarme, no cedo a nadie en elevación de miras, pureza de intención y amor a la Patria.

Me debo a España y a la Causa, y en su defensa estoy dispuesto a perder la vida.  
Creo que recojo exactamente con mi propio pensamiento el de todos los presentes; y dispuesto a que intervengamos con más actividad en la política española, como eficaz fuerza y con prácticos procedimientos, he redactado las siguientes manifestaciones, que deben pasar a la nota oficial de esta Junta y ser norma fecunda de todos nuestros actos.»

ACUERDOS

La Comunión católico-monárquica actuará con más radicalismo que nunca en la pureza e integridad de sus principios y soluciones, puesto que los postulados más felices del pensamiento contemporáneo, las corrientes más sanas de opinión, fruto de la experiencia y la realidad, las necesidades que claman exigiendo solución ineludiblemente, todo muestra hoy la virtual eficacia y constante utilidad de nuestro Programa fundamental.

En su virtud:

A. — Intensificará la política religiosa, teniendo presente el carácter especial de la Causa que defendemos, no olvidando que el R[ey] sostiene con todo el vigor de su brazo y el amor de su corazón la Bandera católica frente a la liberal y revolucionaria, como sus augustos Predecesores Carlos V y Carlos VI y su amadísimo Padre, el inolvidable Carlos VII. Sometido a la Iglesia, como hijo sumiso, quiere restituirla toda la independencia que la otorgó el Redentor, y en particular la relativa a su misión docente y aquella independencia económica a la que tiene perfecto derecho, tan menoscabada en el régimen constituído.

B. — Dará una actividad más constante e intensa al esfuerzo colectivo referente a los problemas llamados regionalistas, para conseguir como fin primordial, que armonice la unidad de la Patria española con las legítimas aspiraciones forales, lejos de una política apasionada, personal y voluble, y así llegar a la dirección de toda la corriente de opinión regionalista, y, finalmente, para restaurar en España la vida foral castiza, que es una base imprescindible de la sustentación del orden, de la estabilidad de la paz social y de la prosperidad del país.

C. — Definirá, al propio tiempo que aumentará, la actuación de política social, sobre el esencial fundamento de la pronta reconstitución de las clases y corporaciones profesionales, manteniendo el puro y cristiano concepto de la propiedad hasta contra los atentados que, con espíritu contaminado de errores y prejuicios, le dirigen los propios partidos afines, y defendiendo, al par, con la mayor actividad y energía cuanto representa verdaderamente la dignificación de la clase obrera, llamada a disfrutar de tiempos nuevos, más justos y cristianos, si al cabo, como es de esperar, la revolución universal es vencida.

D. — Propugnará la desaparición del parlamentarismo, régimen absurdo, funesto y desacreditado en todos los pueblos, establecido sobre la guerra civil de los partidos permanentes; restaurando las Cortes representativas de las clases organizadas y de los intereses reales de la nación, con mandato imperativo, que define los deberes y responsabilidades y asegura el buen servicio y las justas sanciones para los diputados.

E. — Defenderá con mayor interés que nunca el principio de autoridad, que es clave en los problemas de la época y que sólo ella —la Comunión legitimista— sustenta verdaderamente en España.

F. — Contribuirá, por todos los medios políticos a su disposición, al prestigio del Ejército español, víctima del régimen imperante.

G. — Instaurará la realidad de la Administración de Justicia, hoy desconocida hasta el sarcasmo, y que precisa como fundamento indispensable de la vida civil.

H. — Aprovechará la excepcional situación en que España ha quedado a consecuencia de la neutralidad durante la guerra, para plantear una base sólida de la futura política internacional, que, por el momento, no puede ser de alianzas ni de manifestación de inclinaciones comprometedoras, sino de cordialidad con todos los demás países, de juiciosa expectativa, mientras el horizonte universal de la política extranjera no se aclare y defina.

I. — Estudiará, propagará, defenderá y promoverá las obras públicas que España para su prosperidad necesita, y que en la palabrería de la política de los partidos jamás requieren seriamente inolvidable la atención nacional, ni llegan a realizarse, y, asimismo, prestará la consideración debida a la agricultura y a la industria; facilitándoles todos los elementos económicos para su completo desenvolvimiento y asegurándoles, con una absoluta estabilidad social, la consolidación de su desarrollo.

J. — Expondrá con claridad, en la propaganda, la armonía entre el sano pensamiento moderno y nuestra significación doctrinal, y hará ver que la situación crítica de España, insoluble con todos los procedimientos liberales, tiene forma sencilla de resolverse en la paz espiritual, en la organización tradicional foral y corporativa y en el principio de autoridad que expresa el lema de nuestra Bandera: DIOS, PATRIA, REY.

***

Después de tan importante asamblea, Don Jaime recibió a los grupos regionales, firmó nombramientos, y luego quiso obsequiar a sus leales con un banquete íntimo que sirviera de despedida a las representaciones del Legitimismo en el solemne acto celebrado y fuera, a la par, testimonio de su amor y de su gratitud hacia todos por haber tan diligentemente respondido a su convocatoria y cooperado con tanto entusiasmo a los fines de la asamblea descrita.

Por último, concedió audiencia privada a los Delegados de las diversas regiones a fin de tener exacto conocimiento de cada una de ellas.


Extraído del Álbum Histórico del Carlismo: 1833-1933-35 (pp. 284-288)
Reseña en El Correo Español, órgano oficial de la Comunión Tradicionalista (3 de diciembre de 1919)

diumenge, 19 de juny de 2016

Els reis legítims d'Espanya: Jaume III


Don Jaume de Borbó i Borbó Parma va néixer el dia 27 de juny de 1870 a Tour de Peilz (Suïssa), sent els seus padrins la seva augusta àvia paterna Donya Beatriu i el seu august oncle Don Enric V de França, Comte de Chambord. Li va batejar el Bisbe de Daulia.

Durant la tercera guerra carlina Don Jaume va estar diverses vegades a Espanya, presentant-lo en braços el seu pare, Carles VII, a l'Exèrcit del Nord, que el va aclamar amb deliri.

El 1888, quan les festes pontifícies de Lleó XIII, Don Jaume va ser l'encarregat de lliurar personalment al Papa el magnífic pectoral de brillants que Don Carles i Donya Margarida li van oferir amb tan faust motiu. Va fer els seus estudis militars a Àustria.

El 1896 va ingressar en l'Exèrcit de Rússia i en els seus camps de maniobres va perfeccionar la seva instrucció militar. Quan va sorgir la insurrecció dels bòxers a la Xina, Don Jaume va estar a l'Àsia agregat a l'Estat Major de les tropes internacionals, sent felicitat i premiat per l'Emperador pel seu brillant comportament. En 1901 va ser destinat al famós Regiment d'Hússars de la Guàrdia de guarnició a Varsòvia. Quan la guerra russojaponesa del 1904, a petició seva, va ser destinat a la Manxúria a les ordres del General Samsnof, realitzant repetits actes d'heroisme, per la qual cosa va ser condecorat. Acabada aquella guerra va compartir Don Jaume la seva existència entre França i Rússia, fent diversos viatges a Espanya.

El juliol de 1909, per defunció del seu august pare Carles VII, va prendre el cabdillatge de la Comunió Tradicionalista, sota la denominació de Jaume I de Castella i III d'Aragó i Catalunya, dirigint en el mes de novembre següent un magnífic manifest als seus lleials.

Don Jaume havia viatjat molt: les Índies, Filipines, Àfrica, Àsia i Amèrica li eren conegudes. Dominava a la perfecció diverses llengües, i el seu coneixement de la política internacional era notable. El seu brillant full de serveis militars i el seu heroisme en els camps de batalla honraven l'egrègia Casa de Borbó de què en va ser Cap. Com a cavaller i com a particular, conqueria generals simpaties amb els trets del seu bondadós caràcter.

Don Jaume va morir a París el dia 2 d'octubre de 1931. Els funerals a París i a Viareggio, on va ser trasladat el seu cadàver i dipositat a la tomba de la capella de la Tenuta Reial, al costat de la seva augusta mare, van ser solemníssims.

¡Don Jaume va morir quan semblava que la Providència anava a posar a les seves mans la corona de Rei de les Espanyes!