Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Josep Tobella Galceran. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Josep Tobella Galceran. Mostrar tots els missatges

dimecres, 21 de març de 2018

Homenaje a los mártires carlistas de Olesa de Montserrat




El pasado domingo 18 de marzo de 2018, en el mes de la fiesta de los Mártires de la Tradición, tuvieron lugar en Montcada los actos en memoria de los que dieron sus vidas por Dios, por la Patria y la Tradición, este año con un recuerdo especial a 18 mártires carlistas de Olesa de Montserrat cobardemente asesinados por los rojos en 1936 en connivencia con la Generalidad presidida por Lluís Companys. El profesor universitario y abnegado tradicionalista Javier Barraycoa pronunció el siguiente discurso ante los numerosos carlistas catalanes congregados:


Al iniciarse el Alzamiento Nacional, Olesa de Montserrat tenía una población de 6.658 vecinos. Era una villa industrial. Entre muchos locales sociales y políticos se encontraba un nutrido círculo tradicionalista. Tras el 19 de julio del 36 pronto estalló la violencia. Los empresarios industriales huyeron y dejaron en manos de una fuerte organización cenetista la colectivización de las fábricas. Como en toda Cataluña, la Guardia Civil recibió orden de concentrarse en Barcelona y la población quedó a merced de los revolucionarios. Las listas negras fueron rápidamente configuradas y los sospechosos de reaccionarios eran espiados continuamente. Pronto se preparó un camión incautado a una fábrica que se le conoció como el coche fantasma o de la muerte. En total, serían asesinados 38 vecinos de la localidad catalana.

El primer asesinato se comete el 21 de julio. Era un propietario agricultor tradicionalista, de 71 años de edad, llamado Jaume Duran Duran, incapaz de hacer daño a nadie. El 24 de julio era martirizado el padre Juan Masana Rovira, queridísimo sacerdote de Olesa; tras tres días de estar detenido, segundos antes de ser asesinado, le dijo a su verdugo: «No te ofrezco pedir a Dios por ti, sino que te pido que tú ruegues a Dios por mí». Dos días más tarde, el 26 de julio, ejecutarían a seis vecinos en la carretera de Tarrasa-Martorell. Entre ellos se encontraban cuatro carlistas: Ignacio Ribas Durán, industrial de 56 años; al que se le suma otro industrial: Benito Margarit Font, de 60 años; y a su hijo, José Margarit Durán, de 30 años, también técnico industrial. Por último, muere asesinado uno de los prohombres del carlismo catalán, José Tobella Galcerán, con 39 años. Este último era farmacéutico, profesor y escritor, colaborador de El Siglo Futuro y de la revista tradicionalista de Tarrasa Renovació. Fue todo un personaje implicado en la vida de la sociedad catalana y del carlismo. Empezando como presidente de la Juventud Tradicionalista de la población, colaboró con el Orfeón Catalán y fue uno de los primeros renovadores de la Pasión de Olesa de Montserrat, tal y como se conoce con el esplendor de hoy en día, donde el Círculo Tradicionalista tuvo un papel muy destacado para su puesta en marcha.

El 2 de agosto caerían tres vecinos más en Castellví de Rosanes, entre ellos, dos significativos tradicionalistas: Leandro Gassó Montserrat, de 40 años de edad, y Joan Rovira Capdevila, de 57 años e industrial. El terror era tal que en Olesa se recibían los asesinatos en absoluto silencio. El mismo día 2 de agosto queman la iglesia parroquial, los conventos del pueblo, las ermitas de alrededor y todas las imágenes religiosas de las residencias particulares que los milicianos van a buscar casa por casa.

Pero lo peor estaba por llegar. En el mes de agosto fueron asesinadas 21 personas por sus convicciones políticas, patrióticas y religiosas. El 6 de agosto serían ejecutados seis vecinos: tres de la Lliga y tres carlistas. Los carlistas son asesinados en Castellví de Rosanes. Se trata del requeté Fidel Riba Bisbal, de 23 años y obrero textil, y de los también obreros los hermanos Antonio y Mariano Cuevas Bayona, de 38 y 41 años respectivamente. Al día siguiente, 7 de agosto, era asesinado el padre Pedro Moncunill, apóstol de la obra catequística de obreras y activísimo sacerdote de la Acción Católica. El 12 de agosto moriría asesinado en Barcelona el industrial carlista Benito Margarit Vilalta, de 40 años.

Otro día especialmente trágico fue el 23 de agosto,  siendo esta vez martirizados diez vecinos, de los cuales seis eran carlistas. El lugar del martirio fue Castellbell y el Vilar. Los nombres de los tradicionalistas asesinados fueron el presidente del Círculo Tradicionalista de Olesa, Arturo Font Pujabet, técnico industrial de 32 años; Joan Gibert Figueras, requeté y obrero de 23 años; Miguel Jané Pujol, barbero, 48 años; los hermanos Jaume y Joan Pascual Font, obrero el primero y contable el segundo, de 25 y 19 años respectivamente; y Ernesto Rosías Febrés, pastelero, de 49 años.

El mes de septiembre fue un periodo de relativa tranquilidad, pero ello no quitó que fueran asesinados tres vecinos más. Uno de ellos era el campesino tradicionalista José Pascual Batallé, martirizado el 24 de septiembre en Rellinars a los 39 años de edad. El último carlista asesinado fue Juan García Bernades, el 11 de noviembre en Tarrasa, a los 38 años de edad.

Pedimos que el testimonio martirial de estos olesanos, hombres de toda condición social y edad, no quede nunca olvidado, porque ante Dios nunca serán héroes anónimos. Hoy no estamos aquí para acordarnos de ellos; son ellos los que nos han llamado aquí para que recordemos nuestros deberes para con Dios y la Patria. Se acercan momentos como los que ellos vivieron. Encomendémonos a nuestros mártires y que se cumpla la voluntad de Dios.

¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España foral y católica!
¡Visca Catalunya sempre espanyola!
¡Gloria y honor a los mártires!

divendres, 8 de setembre de 2017

La detenció dels tradicionalistes d'Olesa de Montserrat a Can Tobella l'any 1934

Tal dia com avui, un 8 de setembre de l'any 1934, es va produïr a Can Tobella, Olesa de Montserrat, l'arrest, escarni i empresonament arbitrari de 94 carlins per ordre del Comissari General d'Ordre Públic de la Generalitat Miquel Badia.

Així ho recordava l'any següent a les columnes del diari tradicionalista El Siglo Futuro en Josep Tobella Galceran, qui un any després seria assassinat pels roigs al començament de la guerra civil:


Aniversario del atropello y detención de los tradicionalistas de Olesa de Montserrat

En el Círculo de Olesa de Montserrat, el día 8 se celebrará el aniversario del atropello de sus socios por los «escamots» de Dencás y Badia.

La escena tuvo lugar en la antiquísima casa de Can Tobella del Cairat, situada al pie mismo de Montserrat, de cuya montaña sólo la separa la corriente del Llobregat.

El origen de la casa data del siglo XI; desde aquel tiempo inmemorial sus moradores, practicando aquel «ora et labora» benedictino, han prosperado al calor de la fe bajo la mirada de la Patrona de Cataluña, la Virgen de Montserrat, al amor de las nativas tradiciones. Su aceite en el siglo XIII servía de alimento a la lámpara del Santuario de Montserrat, y los monjes y escolanía, al devastar en 1811 el general Suchet el Monasterio, se acogieron a sus puertas.

Las continuadas molestias que los liberales infligieron a sus moradores fueron causa de que en la guerra de los siete años la casa estuviera cerrada. No así en la última guerra, en la que a la sombra de sus pinos descansaron muchas veces los carlistas; también los liberales, mientras la oficialidad era obsequiada en la mesa, sentándose los jefes en el sillón frailuno que ocupó un día el Beato P. Claret, y desde el que prometió a los familiares de la casa, hasta la quinta generación, la liberación de las penas del purgatorio.

Cabrinety, pocos días antes de morir, descansó en Can Tobella con los suyos.

Jamás pobre ni peregrino, tal como lo significan los cipreses plantados a su puerta, ha marchado con las manos vacías.

Desde hace un regular número de años los tradicionalistas de Olesa celebraban un «aplec», reuniéndose allí miles de personas, muchas ajenas a nuestro idearlo.

Se cantaba la Misa en la capilla de la casa por el orfeón del Círculo de Olesa y, terminada ésta, los concurrentes, de cara a la cueva de la Virgen de Montserrat, entonaban la Salve gregoriana.

El día se pasaba en juegos diversos: recitación de poesías, etc., y por la tarde se bailaban sardanas en las eras de la casa.


Así, pues, fueron sorprendidos, maniatados y conducidos a Barcelona, donde les esperaba una turba de «sans culottes», que les agredieron a pedradas, puñetazos, salivazos, etcétera, mientras sus bocas de infierno vomitaban los más brutales insultos y las más horribles blasfemias.

El venerable sacerdote M. J. Fartuny, un verdadero padre de los pobres, era objeto de las más soeces burlas.

Desde los tiempos en que Jesús, cargado con la pesada Cruz, andaba vacilante entre la gritería de los judíos por las tortuosas calles de Jerusalén, no se había visto nada semejante.

A medianoche el dueño de la finca de Can Tobella, apreciado primo nuestro, fué obligado a levantarse a la llamada de la Policía de la Generalitat, que venía a registrarle la casa para buscar armas.

Por suerte, el jefe, persona de corrección, le trató con todo miramiento. Naturalmente, que nada encontraron.

Después del atropello, la cárcel.

El maestro «Fabio» escribió un precioso artículo, «Per crucem ad lucem»; es verdad, no hay gloria sin cruz.

La Virgen de Montserrat, la Providencia Divina, que lo veía todo, no podía menos de ampararles.

Personas de toda clase social, España toda, estuvo a nuestro lado; la Prensa de todos los matices combatió la salvajada, y el edificio que era todo fachada, todo apariencia, y en realidad un castillo de naipes, cayó pocos días más tarde al leve empuje del Ejército español. Otro aniversario, 6 de octubre.

Y aquel «mozo crúo» que dictaba órdenes a los ejércitos de escamots, compuestos de lo «mejor» de «cada casa», tenía que escapar con su a látere Badía, cubierto de heces pestilentes de cloaca, único camino de la gente de su ralea.

A todos los que se interesaron y nos ayudaron con la oración o con la limosna, gracias y que Dios se lo pague; que Él nos ayude para el trabajo que queda por hacer y que no terminará hasta ver el triunfo del reinado de Jesús en España. Al león español, no como un manso cordero, sino atemorizando a la anti-España con su rugido para que un día vuelva a ser realidad espiritual aquella leyenda que campea en nuestro escudo: «A solis ortu usque ad occasum».

JOSÉ TOBELLA GALCERÁN

Olesa de Montserrat.

El Siglo Futuro (04/09/1935)