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dissabte, 2 de febrer de 2019

Luis Carlos Viada y Lluch (1863-1938), publicista carlista

Tal día como hoy, 2 de febrero del año 1938, moría el abnegado bibliófilo y publicista carlista catalán D. Luis Carlos Viada y Lluch, director de la revista católica La Hormiga de Oro que fundara el gran Luis María de Llauder. Detenido por las patrullas de control de los rojos, sus colaboradores y los obreros de la imprenta intercedieron en su favor y lograron que fuera puesto en libertad tras un duro forcejeo,​ pero falleció a los pocos días a causa de la paliza que le propinaron los milicianos. Los revolucionarios saquearon además su domicilio, destruyendo gran parte de su valiosa documentación, manuscritos originales y correspondencia.

En 1935 el bibliófilo Antonio Palau y Dulcet, gran amigo de Luis Carlos Viada, había recogido en su libro Memorias de un librero catalán: 1867-1935 una reseña biografica de este gran literato tradicionalista, tomada de un escrito del Rvdo. Jaime Barrera, que reproducimos a continuación:


Luis Carlos Viada Lluch leyendo una semblanza literaria de Jacinto Verdaguer
durante una fiesta dedicada a la memoria del gran poeta catalán. (La Hormiga de Oro, 27/2/1930)

El Reverendo Jaime Barrera dice de él :


Jovencito, pero sólidamente formado en el estudio de humanidades, Viada y Lluch fué excelente alumno del Colegio del Obispo, al cual venía incorporada la segunda enseñanza. Ese Colegio de Nobles o de Cordelles. se levantaba en la Rambla de los Estudios, junto a la Iglesia de Belén. Viada y Lluch habla visto y recorrido la Biblioteca Episcopal, sita en el primer piso de dicho Colegio, con sus dilatadas estanterías, barnizadas de azul obscuro y presididas por el busto de Gimbernat. También la Sala especial de Escritores Catalanes, con tanto amor enriquecida por Félix Amat y sus sobrinos Félix Torres Amat y el laborioso Ignacio Torres Amat.


Sigue diciendo que Viada y Lluch, buscando ambiente más propicio a sus vocaciones literarias, emigró a una ciudad ideal, que Saavedra Fajardo llama República Literaria:

Edificándose una casa de libros, que en ciertos casos, son materiales más duros que piedra viva. Dos gruesos y formidables muros forman el albergue y escondrijo de ese antiguo repúblico de las letras. Volúmenes de clásicos castellanos, ligados o alternando con los italianos... Otros de cosas o impresores de impresores de Barcelona, principalmente los productos salidos de las oficinas de Pedro y Pablo Malo y de Sebastián Cormellas.

Trazando un merecido elogio del amor del libro que mueve a Viada y Lluch, prosigue Mosén Barrera:


Durante sus descensos del Ensanche a la vieja ciudad, gusta de ver a los amigos y comprar libros. Con frecuencia deambula por las angostas calles del barrio del Call, en donde se complace en admirar los esgrafiados de la Casa Cormellas, la célebre oficina que tantos libros produjo entre 1592 a 1700. Y centenares de veces ha pasado por la antigua Riera del Pino para rememorar los fecundísimos bibliópolas, Pedro y Pablo Malo, los libros de los cuales, siempre interesantes, ostentan el pie de imprenta entre los años 1557 a 1592. 
Recogido en su ideal repúblico, Viada y Lluch reunía y daba a las cajas sus Ensayos poéticos, hacia 1882, al paso que nos traía de Italia numerosas versiones poéticas de una fidelidad sólo comparable al esposo cristiano. Y sin abandonar la lectura y consulta de sus queridos libros, sacaba a luz las ediciones de: "Pastores de Belén, prosa y versos divinos por Lope de Vega", Barcelona, 1905 ; "El libro de oro de la vida. Selección de pensamientos morales de los clásicos castellanos", Barcelona, 1906. Por medio de la Editorial Doménech: "Castillo interior, por Santa Teresa, con prólogo y variantes", y "La Galatea, por Cervantes". 
Tamaña tarea reclamaba momentos de distracción. Por esto el repúblico, con voz activa y pasiva de la idea bibliópolis, y con cien seudónimos desconcertantes, colaboraba con rimas inquietas o festivas, en aquellos semanarios que tan pintoresca hacen la hemeroteca catalana, L'Espurna, El Burinot, Lo Crit de la Patria,* L'Ingríngulis, Don Ramon, El Sarrianés, Lo Mestre Titas,* La Comarca Leal y otros. 
Con el poeta Verdaguer colabora en Lo Pensament Catalá,* y en La Creu del Montseny. Gratos recuerdos. Viada era el traductor castellano preferido por Verdaguer... Intervino asaz directamente en la impresión de algunas obras del gran poeta, Santa Eulalia y Montserrat, los autógrafos de los cuales conserva nuestro excelente amigo. Del propio Verdaguer aun podría publicar una obra inédita: Santa Maria del Socor.  
Colaborador de la edición políglota de Lo Gayter del Llobregat, se complace en trasladar versos de una a otra lengua. Para semejante tarea aporta una preparación admirable: sus grandes conocimientos lexicográficos del latín, italiano, castellano y catalán. La vulgarización de bellos libros fué continuada por él, preparando para la Editorial Ibérica, el Romancero del Cid, Entremeses, de Cervantes, y El Bandolero, de Tirso de Molina. 
Para la Casa Montaner y Simón, la más fuerte de las editoriales barcelonesas, ordenó, en 1915: Los Pecados Capitales, prosas clásicas y versiones de antiguos autores catalanes. En 1913 reproduce Los Lusiadas, versión castellana en verso por Luís Gómez de Tapia. En 1912 nos da una fiel y elegante versión castellana de Vita Nuova de Dante Aligheri (...) 
Al ser llamado a la Academia de Buenas Letras, Viada escogió un tema lexicográfico para su Discurso de recepción: De la limpieza, fijeza y esplendor de la lengua castellana en el Diccionario de la Real Academia Española, reforzando con esto, sus arraigadas aficiones al estudio critico del léxico, iniciadas en sus Observaciones y continuadas en el Apéndice II del Diccionario de Diccionarios, edición de Montaner.

El amigo Viada y Lluch, emplea actualmente sus actividades literarias, en La Hormiga de Oro, traduciendo, ordenando y glosando, textos dignos de ser publicados.


Memorias de un librero catalán: 1867-1935 (Antonio Palau y Dulcet, 1930), pp. 233-234.

*Hemos indicado los nombres correctos de estas publicaciones, que en el texto reproducido aparecían erróneamente con el artículo "El" en lugar del empleado en catalán de la época: "Lo".

diumenge, 17 de juny de 2018

Joaquín de Font y de Boter

Tal día como hoy, 17 de junio del año 1916, moría en Barcelona el insigne propagandista católico y carlista D. Joaquín de Font y de Boter. Con motivo de su muerte, que resultó en una imponente manifestación de duelo en la ciudad condal, la revista La Hormiga de Oro publicó la necrología que reproducimos a continuación:

Joaquín de Font y Boter (Barcelona, 1857-1916)
Fotografía de La Ilustració Catalana (2/7/1916)
Tras breve enfermedad, soportada con cristiana resignación, ha fallecido en esta ciudad nuestro antiguo amigo compañero el Dr. D. Joaquín de Font de Boter, doctor en le Facultad de Farmacia y uno de los primeros colaboradores del «Sentido católico en las Ciencias médicas».

Desde joven consagró su actividad la buena propaganda, desplegando sus relevantes y privilegiadas dotes. Como Secretario general de les Conferencias de San Vicente de Paúl, fundó el Almanaque de las mismas, que confeccionó siempre con gran cariño, consiguiendo que alcanzara en breve gran popularidad.

Desde le Presidencia de la Asociación de Católicos mostró su talento organizador en varias peregrinaciones a Roma, y mereció ser condecorado con la cruz «Pro Ecclesia et Pontífice».

Por su especial afición a la literatura, llegó ser un «orfebre» de la palabra escrita, como sabemos bien cuantos hemos saboreado las «Rápidas» que con el seudónimo de «Argos» publicaba en El Correo Catalán. Este año formaba parte del Jurado del Certamen literario de este Revista [La Hormiga de Oro].

El luctuoso acto del entierro del señor de Font de Boter resultó una imponente manifestación de duelo, que puso de manifiesto los innumerables afectos y simpatías que en vida supo captarse el ilustre finado. Ocupaban la presidencia del duelo el Rdo. Dr. D. Ramón Valls, Párroco de la Merced; el P. Piera, Escolapio; los hijos del difunto D. Miguel y D. Luis y el hermano del mismo D. Miguel; el abogado D. Alvaro M.ª Camín, y el procurador de los Tribunales Sr. Bergés. Otra presidencia la constituía el Consejo de Administración del «Fomento de la Prensa Tradicionalista», formado por los Sres. D. Gervasio Puiggrós, D. Amaro Pedra, D. José M.ª Dalmases y el gerente del mismo D. Bartolomé Trías, D. Luis Carlos Viada y Lluch y D. Enrique Laplana, del Consejo de Redacción, y el director de «El Correo Catalán», D. Miguel Junyent.

Figuraban en el triste cortejo los diputados provinciales tradicionalistas señores Juan M.ª Roma, Luis Argemí, Luis Pericas y Pío de Valls. El concejal del Ayuntamiento, Dr. Soler y Roig, el Rdo. D. Pedro Lisbona, D. Alfredo Germán de Bellver, subdirector y redactor jefe de «El Correo Catalán», respectivamente, con los redactores Sres. Rdo. Barrera, Riqué, Pedreny, Comas, Borrás de Palau (José y Juan), Trías y Portusach, el administrador de dicho periódico D. Jaime Trías, el regente de la imprenta D. Jaime Llopis y el maquinista D. José Montserrat, con el personal de las tres secciones respectivas.

También figuraban en el duelo la Junta Central de las Conferencias de San Vicente de Paúl, el Centro Obrero Tradicionalista de Santa Madrona, el reverendo Miguel Campañá, en representación de los Padres de la Sagrada Familia; D. Juan Bautista Roca, presidente de la Agrupación Escolar Tradicionalista y el director de «La Trinchera», D. Pedro Pascual Villamor, con el personal de Redacción de dicho semanario. Seguía numerosísimo acompañamiento, en el que figuraban representaciones de todas les clases sociales, políticas, de Órdenes religiosas, bancarias, literarias, artísticas, etc.

Las relevantes dotes y virtudes del ilustre finado permiten pensar piadosamente que habrá recibido el premio de su apostolado, esta idea ha de ser un poderoso lenitivo para la pena que aflige a la viuda y a los hijos del finado y en la que sinceramente les acompañamos. Bienaventurados los que mueren en el Señor.

— (R. I. P. A.) —

La Hormiga de Oro (24 de junio de 1916)

dijous, 15 de juny de 2017

La reconciliación entre carlistas e integristas y la unión de los católicos en Cataluña (1906)

En el año de 1906 los liberales decretaron la primera persecución contra la Iglesia en el siglo XX. El 5 de julio había caído el presidente del Consejo de ministros, Segismundo Moret, quien ya había hablado de reformar la Constitución de 1876 en su artículo 11 para convertir la tolerancia en libertad de cultos, lo que suponía un ataque contra la Iglesia, que defendía la unidad católica de España. Le sucedió el general José López Domínguez, cuyo ministerio lo primero que hizo fue alardear de «liberal», de «muy liberal», que en boca de esa gente significaba lo mismo que «anticatólico».

El ministro de Instrucción Pública, Amalio Gimeno, llegó a amenazar al señor Obispo de Córdoba por una sinagoga que el ministro recababa para sí; y el conde de Romanones, ministro de la Gobernación, se metió a legislar en los Seminarios y a darle a los Obispos instrucciones para que arreglasen según la mente romanonesca la carrera eclesiástica. Comenzaron a hablar de secularizar los cementerios y de apretar los tornillos a la enseñanza religiosa o «congregacionista», según su jerga. Moret, Canaleja, Romanones y demás prohombres del Partido Liberal combatían por ver quien era más anticlerical y «demócrata».

El conde de Romanones

El 27 de agosto Romanones sacó su Real Orden sobre el matrimonio, que desvirtuaba el Código civil, que prescribía como única forma de matrimonio entre católicos el canónico, y derogaba la circular de Vadillo sobre el matrimonio civil, en la cual se exigía a los que pretendían contraer matrimonio civil una declaración formal de que no profesaban el catolicismo. Alfonso (XIII) firmó el anticatólico decreto. Una amarga oleada de justa indignación inundó España y el espíritu de protesta conmovió los corazones católicos. Los Prelados fueron los primeros en contestar, especialmente el señor Obispo de Tuy, que en su circular del 1 de septiembre se opuso con apostólica firmeza a la Real Orden, por lo que fue blanco de las iras y las diatribas de la prensa izquierdista.

Pero el mayor ataque a la Iglesia fue el proyecto de ley de Asociaciones del ministro de la Gobernación, Bernabé Dávila. Enmascarada con mendaces pretextos y disposiciones, su verdadero fin era perseguir y suprimir a las Asociaciones católicas y a las Órdenes religiosas. Muchos católicos se forjaron la ilusión de que el usurpador Alfonso (XIII) jamás autorizaría su lectura. ¡Ilusión vana! El jefe de Estado firmaba el 25 de octubre el decreto autorizando al ministro de Gobernación la lectura en el Congreso del citado proyecto.

Debido a la férrea oposición católica, finalmente la ley de Asociaciones quedó sepultada, el Partido Liberal quedaba destrozado y el conservador Antonio Maura ascendía a la presidencia del gobierno, siendo derogada poco después la Real Orden de Romanones sobre el matrimonio por el marqués de Figueroa, ministro de Gracia y Justicia. El sectarismo de los liberales con el beneplácito del monarca usurpador había tenido además un efecto adverso para los fines anticlericales, pues logró unir a los católicos contra el gobierno, desapareciendo el enfrentamiento entre carlistas e integristas que había producido la separación de Ramón Nocedal de las filas legitimistas en 1888.

El 23 de diciembre de 1906 tuvieron lugar en Cataluña los numerosos y entusiastas mítines de San Andrés de Palomar, Cervera, Badalona y Vich. En esta última ciudad vibró una simpática nota de unión. Copiamos algunos párrafos interesantísimos de El Norte catalán, periódico católico de Vich:

Dr. José Torras y Bages, obispo de Vich.

«Terminado el acto del mitin, la Junta organizadora se dirigió al palacio episcopal para hacer entrega al reverendísimo Prelado de las conclusiones aprobadas. La inmensa mayoría de los concurrentes al acto acompañó á la comisión, estacionándose en las escaleras y patio del palacio. Con sumo agrado y paternal benevolencia acogió el ilustrísimo señor Obispo á los individuos de la comisión y á los oradores, aceptando con mucho gusto el encargo de telegrafiar á la Santidad de nuestro Padre el Papa Pío X.  
Luego, al saber el Ilmo. Sr. Dr. Torras y Bages que una multitud inmensa, á pesar de la lluvia, aguardaba al pie de su palacio, mostró deseos de dirigirle la palabra, y acompañado del Vicario general, Canónigo Sr. Corbella, secretario de Cámara, individuos de la comisión y oradores, se asomó al balcón principal, y en un discurso dió las gracias á todos por haber sabido cumplir con su deber de cristianos confesando públicamente á Cristo y con su deber de ciudadanos protestando contra las leyes atentatorias de nuestra santa fe. Al terminar nuestro venerable Pastor fué ovacionado por la multitud.  
Acto seguido la comisión organizadora se dirigió á las Casas Consistoriales para hacer entrega al excelentísimo señor alcalde de otro ejemplar de las conclusiones, á fin de que, por su conducto, fuesen transmitidas al Gobierno, pero no pudo cumplir su cometido por haber encontrado cerradas las puertas de la alcaldía.  
Al salir de las Casas Consistoriales la comisión organizadora, obsequió á los oradores con un espléndido banquete, que fué servido en la fonda de Colón.  
Unos veinte comensales se sentaron á la mesa, reinando durante la comida una franca cordialidad entre carlistas, integristas y catalanistas, cordialidad, que se acentuó y afianzó al pronunciarse los brindis, como vamos á ver.  
Iniciólos el director de El Correo Catalán, D. Miguel Junyent, y como quiera que aludiese en su elocuente brindis al partido integrista, levantóse, al terminar, el presidente de la Junta local de dicho partido y miembro de la provincial, D. Mariano de Rocafiguera, quien dijo en substancia estas palabras:  
«No he brindado jamás. No soy orador ni lo he sido nunca; la elocuencia y el bien decir han andado siempre lejos de mí; pero, obligado por las circunstancias (y bendigo á Dios que las ha deparado), no puedo, como representante del partido integrista, dejar de contestar al expresivo é intencionado brindis de mi caro amigo el Sr. Junyent; y lo hago con vivísima satisfacción de mi alma, porque se me ofrece una ocasión propicia para contribuir al logro de mi ideal de siempre, ocasión que sería para mí un cargo de conciencia desaprovechar.   
Diré dos palabras no más. ¡Quiera Dios que valgan por un discurso elocuente!  
Brindo para que el abrazo estrechísimo, afectuoso y sincero que se dieron en Tafalla, ante una multitud inmensa, los paladines del catolicismo Sres. Mella y Nocedal, sea imitado por todos los católicos españoles. Y no he de decir más.»  

Mariano de Rocafiguera
Foto de La Hormiga de Oro (7/6/1919)


Y luego, uniendo la acción á la palabra, levantáronse los Sres. Junyent y Rocafiguera y se dieron un abrazo sincero, afectuoso, estrechísimo; trasunto de aquel otro abrazo que unió á los católicos navarros, y que, como aquél, quiera Dios que una á los católicos catalanes.  
Pero no paró aquí la obra de la unión de los católicos vicenses. Alguien lanzó la idea de ir á tomar café en el Centro carlista, y aceptada al momento por todos, trasladáronse inmediatamente al expresado Centro.   
Mas, dejemos que nos cuente ese hermoso detalle El Correo Catalán, pues sus palabras, que hacemos nuestras, son de oro, y además prueban que nuestro colega abunda en los mismos sentimientos, lo cual no hay que ponderar cuanto nos satisface.   
Dice así nuestro compañero de Barcelona:   
«Una vez allí, el Sr. Junyent, á instancias de los numerosos concurrentes que llenaban por completo el local, y habían recibido con una salva de aplausos, vivas y aclamaciones á los oradores y delegados de las entidades católicas, hizo uso de la palabra, pronunciando un magnífico discurso abogando por la verdadera unión de los elementos católicos, al que contestaron los representantes de los integristas y de los regionalistas católicos abundando en la misma idea y terminando con un fraternal abrazo que se dieron el presidente del Círculo tradicionalista Sr. Vilaró, y los representantes de las otras fracciones aludidas, quedando de este modo sellada la unión entre los católicos vicenses.   
Luego se dirigieron á la Juventud católica y á Catalunya Vella, en donde fueron recibidos con mucha amabilidad por las respectivas juntas, reproduciéndose las pruebas de solidaridad católica.» 


Multitudinaria manifestación católica en la plaza de toros de las Arenas (Barcelona)
contra la anticatólica la Ley de Asociaciones, que contó con la presencia como
orador del diputado carlista Juan Vázquez de Mella.
Fotografía tomada de La Hormiga de Oro (26/1/1907)

Véase La voluntad nacional frente del jacobinismo afrancesado de Romanones y Canalejas (P. Antonio Viladevall, 1907), pp. 186-189.