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divendres, 22 de setembre de 2017

El carlismo contra el separatismo (octubre de 1934)

Una nota de la Minoría Tradicionalista

Lo que quiere ahora España

Nuestros diputados, en esta hora, expresan el sentir y la voluntad de la nación, harta de desastres y de desorientaciones

Esa nota es un programa completo de gobierno y salvación nacional

Ayer tarde se reunió la minoría tradicionalista y aprobó la siguiente nota que a continuación insertamos íntegra:

«La minoría tradicionalista se ha reunido en la mañana de hoy domingo, para examinar serenamente los gravísimos sucesos de estos días y fijar su posición ante el momento político actual, y ha adoptado los siguientes acuerdos:

Primero. Felicitarse de que haya sido dominado el movimiento marxista-separatista, gracias al espíritu y decisión con que han respondido a las órdenes del Gobierno, tanto el Ejército como los Cuerpos armados, encargados del mantenimiento del orden, y gracias también a la reacción del espíritu público, debiendo destacar, aunque no se haya apreciado debidamente por la Prensa, la actuación de Nuestras Juventudes y Requetés, que en todas partes, y muy singularmente en Madrid, han estado en todo momento en comunicación y a las órdenes de la autoridad, y que, dando ejemplo de ciudadanía, no sólo han vendido, sin protección alguna, nuestro periódico y otros de derecha, sino que han aceptado comisiones de verdadero riesgo, entre otras, las del transporte de obreros y la sustitución de la parte de personal que abandonó los servicios de la Compañía de Madrid a Zaragoza y Alicante; asistencia absoluta y decidida prestada a la acción del Gobierno en todas partes, y que se ha visto dolorosamente sellada en Guipúzcoa con la sangre de nuestro compañero don Marcelino Oreja y de otros correligionarios, como el jefe del Requeté de Eibar, don Carlos Larrañaga.

Segundo. Presentar al Congreso en la sesión del martes una proposición incidental, que defenderá el señor Lamamié de Clairac, en la que, dejando a un lado de momento toda otra cuestión, se afirme la asistencia de la minoría al Gobierno, en defensa de la sociedad y de la unidad patria, sobre las tesis siguientes:

a)  Aplicación inflexible de las leyes a cuantos hayan tomado parte en el movimiento como ejecutores, directores o inductores, sin acudir a nuevas disposiciones con efecto retroactivo, ni tampoco a procedimientos que pugnen con el derecho natural y con la propia legalidad vigente, cual ocurrió en agosto de 1932, pero sin degradación alguna en su eficacia, sin contemplaciones a la categoría de las personas y sin abrir para ellas el portillo de jurisdicciones especiales, antes aplicando la militar o la civil, según estrictamente proceda.

b)  Levantar la impunidad parlamentaria a todos los diputados para la depuración de las responsabilidades derivadas de la participación en el movimiento y su preparación.

c)  Nombramiento de una Comisión parlamentaria que investigue la actuación de los diputados en orden a los alijos de armas y al movimiento revolucionario, sin perjuicio de la actuación de los Tribunales, a los que se habrán de remitir las diligencias que se practiquen una vez terminada la investigación.

d)  Declarar las organizaciones socialistas y separatistas fuera de la ley, por haberse acreditado que persiguen la subversión del orden social y la ruptura de la unidad patria.

e)  La clausura definitiva de las llamadas Casas del Pueblo y disolución de todas las organizaciones afectas a las mismas o similares, con incautación transitoria de sus cajas, al efecto de investigar la responsabilidad por la aplicación de sus fondos a fines revolucionarios, y para entregarlos en su día a las entidades de pura sindicación o cooperación profesional, que, lejos de toda actuación subversiva, se conserven, y en las que, con arreglo a una nueva ley, puedan encontrar amparo y defensa los intereses obreros.

 f)  Promulgación de una ley que declare delito de sedición toda huelga política, con disolución de toda asociación que recurra a aquélla.

 g)  Suspensión del Estatuto de Cataluña, que ha hecho posible un movimiento de traición a la Patria de tanta gravedad, y afirmación rotunda del cumplimiento en sus propios términos de la sentencia del Tribunal de Garantías, sin mixtificación alguna.

Tercero. Hacer constar que a la minoría tradicionalista no le alcanza responsabilidad alguna en la situación por que atraviesa España, ya que ni tuvo pactos ni concomitancias con los partidos socialistas y separatistas, ni otorgó su aprobación al Estatuto de Cataluña, ni dio votos de confianza a un Gobierno cuya incapacidad para mantener los fueros del Poder público y para defender el nombre de España estaba acreditada por cerca de un mes de indecisión e inacción ante la rebeldía, tanto más cuanto que con anterioridad había intentado, junto con otra minoría monárquica, que las Cortes revistieran toda su autoridad a ese mismo Gobierno para actuar frente a los poderes rebeldes, con lo que no se habría dado tregua y respiro para la organización del movimiento, y en cambio se hubiera ahorrado toda la sangre que de una y otra parte se está derramando ahora.»

* * *

N. de la R.—El texto anterior es el que nos ha sido facilitado por la secretaría de los diputados tradicionalistas, debiéndose todos atener al mismo, pues el publicado por la «Hoja Oficial del Lunes» está truncado en su último párrafo.

Algunos de los diputados de la Comunión Tradicionalista
junto con otros de Renovación Española en 1934

OTRA NOTA DE LA SECRETARIA GENERAL A NUESTRAS ORGANIZACIONES

«La Secretaria general de la Comunión Tradicionalista recomienda a todas las organizaciones tradicionalistas que inmediatamente de recibir noticias de este acuerdo, si ya no lo hubieran hecho, se ofrezcan a las autoridades para cuantos servicios del orden público puedan ser útiles, desplegando en cumplir el cometido la mayor actividad, el más abnegado sacrificio y la más leal subordinación a las autoridades, atentos sólo a defender la sociedad española del criminal atentado que se le está infiriendo.—Madrid, 7 de octubre de 1934.—Manuel Fal Conde

El Siglo Futuro: «Una nota de la Minoría Tradicionalista: Lo que quiere ahora España» (8 de octubre de 1934). Página 1.

dijous, 3 de novembre de 2016

Los carlistas, las principales víctimas de la represión rojo-separatista en la Cataluña de Lluís Companys


«Las víctimas de la represión que fue responsabilidad de Companys fueron 2.441 religiosos, 1.199 carlistas, 281 miembros de la Liga Regionalista, 213 de la CEDA, 108 falangistas, 70 militantes de Renovación Española, 117 de Acción Ciudadana, 110 del Sindicato Libre, 117 de Acción Ciudadana, 18 de la Federación de Jóvenes Cristianos y 34 sin identificación política».

Si se tiene en cuenta que los de los Sindicatos Libres y muchos religiosos (y sacerdotes seculares, que aquí aparecen confundidos) eran también carlistas, resulta que los tradicionalistas constituyeron la mayoría abrumadora de las víctimas del separatismo catalán (anticatalán, en realidad).

8.000 asesinatos en la Cataluña republicana de Companys durante la Guerra Civil

Luis Companys es uno de los padres del separatismo político catalán. Su carrera política es muy dilatada, durante la época del pistolerismo en Cataluña, en la que los empresarios tuvieron que contratar a pistoleros armados para defenderse de los ataques de terroristas anarquistas ejerció como abogado defensor de los miembros de la anarcosindicalistas CNT que habían optado por lo que denominaban “acción directa”, basada en asesinar a quienes consideraban su enemigo. Eran los años 1917 a 1923.

Encontramos a un Companys con poder a partir del 31 de diciembre de 1933, cuando tras la muerte del presidente de la recien inaugurada autonomía de Cataluña, Francisco Maciá, fue nombrado su sucesor. Una de sus primeras medidas fue el nombramiento de José Dencàs como consejero de Gobernación. Le encargó la formación de los escamots. Una milicia armada, vinculada orgánicamente a la formación Estat Català, con la que pretendía imponer el separatismo cuando tuvieran la mínima oportunidad. Una oportunidad que perdieron con la proclamación del Estado Catalán el 6 de octubre de 1934 que a penas le duró unas horas pero que costó 110 muertos en las 10 horas escasas que duró.


Tras ser indultado con la llegada al poder del Frente Popular en febrero de 1936, el líder catalanista se había radicalizado todavía más. Tras el fracaso de la experiencia de los escamots, copió el modelo de milicia armada creando, en mayo de 1936 -meses antes del estallido de la Guerra Civil-, el Comité Militar Revolucionario. Estaba compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Català, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público. Tras el estallido de la Guerra, estas milicias serían el núcleo del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fundadas por un decreto del presidente Companys el 26 de julio de 1936 y que sembró el terror en la retaguardia durante la guerra.

Durente este periodo, bajo su mandato y responsabilidad directa fueron asesinadas 8.129 personas en Cataluña. Sin juicio ni garantías legales. En su mayor parte eran civiles pertenecientes a partidos de derechas, miembros del clero o empresarios. Ordenó la creación de campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia y autorizó a las diferentes formaciones del Frente Popular a constituir sus propias checas. Él mismo firmaría sentencias de muerte.


Las víctimas de la represión que fue responsabilidad de Companys fueron 2.441 religiosos,1.199 carlistas, 281 miembros de la Liga Regionalista: 281, 213 de la CEDA, 108 falangistas, 70 militantes de Renovación Española, 117 de Acción Ciudadana, 110 del Sindicato Libre, 117 de Acción Ciudadana, 18 de la Federación de Jóvenes Cristianos y 34 sin identificación política.

Juan E. Pfluger (La Gaceta, 2 de noviembre de 2016)