Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Miquel Junyent. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Miquel Junyent. Mostrar tots els missatges

divendres, 16 d’agost de 2019

Miquel Junyent i Rovira, insigne carlista català

Miquel Junyent
Tal dia com avui, el 16 d'agost de 1936, moria en Miquel Junyent i Rovira, poc abans que milicians armats d'Estat Català, Esquerra Republicana i la FAI entrassin al seu domicili per matar-lo.

Des de l'esclat de la Croada d'Alliberament, l'antic "jefe" carlí de Catalunya es trobava amagat, però, greument malalt i sense possibilitat de rebre atenció mèdica degut a la revolució, va decidir tornar a casa seva, éssent vist pels milicians hi feien vigilància. Els roigs van blasfemar quan la filla de Junyent els va comunicar que el seu pare acabava de morir, arribant un d'ells a proposar donar-li «el tir de gràcia».

Reproduïm a continuació unes notes biogràfiques que Víctor Saura va dedicar l'any 1998 a qui durant el primer terç del segle XX va ser director d'El Correo Catalán i un dels principals dirigents de la Comunió Tradicionalista a Catalunya:


MIQUEL JUNYENT 

«Un día me dijo el estimado Director, don Luis: Mañana vas a la Juventud Católica, para hacer la reseña de la velada literario-musical, y te fijas particularmente en el discurso de fondo que pronunciará un estudiante en Derecho, cuyo trabajo yo deseo que se publique algo extenso. Y en efecto; cuando llegó su turno ocupó la tribuna un apuesto jovencito, vestido de frac, que durante buen rato cautivó con su hábil dicción al auditorio, siendo muy aplaudido. ¡Era D. Miguel Junyent! 
¡Quién había de decirme a mí que aquel joven, imberbe, tenía que ser, con la ayuda del tiempo, el querido Director de El Correo Catalán y Jefe Regional del Partido Tradicionalista de Cataluña?». [8]


Miquel Junyent i Rovira va néixer a Piera (Anoia) l'any 1871 i va morir a Barcelona tot just començada la guerra civil, el 16 d'agost de 1936. Gairebé la meitat de la seva vida, 30 anys, la va passar dirigint El Correo Catalán, amb qui va haver d'amotllar-se a una monarquia massa liberal per a una mentalitat tradicionalista, a una dictadura que va decebre les expectatives que hi havien dipositat els car- Iins, i a una república que era a les antípodes del model d'Estat que ell i els seus proposaven. És, amb tot i les dificultats evidents, l'home que durant més temps va dirigir el «Correu», superant així al seu antecessor i, pel que sembla deduir-se del paràgraf anterior, descubridor.

El diari li va servir per fer carrera política, com aleshores era habitual, carrera que va començar representant els carlins catalans a la Solidaritat Catalana. En diversos moments de la seva vida, Junyent va ser regidor, tinent d'alcalde de l'ajuntament de Barcelona, diputat a Corts i senador. Dintre del carlisme, també va anar ascendint, primer dintre de l'executiva barcelonina i més tard a la catalana. Quan l'any 1919 es produeix l'escissió mellista, de la que parlarem més endavant, Junyent és el més ben situat per substituir Solferino (que s'alinia amb Vàzquez de Mella) en el càrrec de cap de la Junta Regional de Catalunya de la Comunió Tradicionalista. Com a insigne carlí que fou, Junyent va ser nomenat cavaller de l'Ordre de la Legitimitat Proscripta, i condecorat amb la Gran Creu de Carles III. [9]

Anys després de la seva mort, un home que al final de la seva vida el va tractar de ben aprop, Ricard Suné,[10] el va descriure en una de les seves comentades Estampas barcelonesas, amb les següents paraules:


«[...] Era el "director desconocido" porque su natural modestia le impedía concurrir a tertulias y espectáculos; pero también era el director de los grandes momentos, de los momentos decisivos. 
[...] Un articulo suyo [...] gravitaba sobre la opinión. Era reproducido por otros diarios que lo comentaban sabiendo lo que valía aquella expresión, que era mucho más que la de un partido. 
Su tacto, su buen sentido, le granjearon el respeto de sus propios adversarios, que aun hablan de él con admiración y elogio del barcelonísimo señor Junyent con aquella espontánea demostración de respeto paralela casi a aquella demostrada por los que nos iniciábamos —y aún algunos que ya estaban curtidos en el periodismo— levantándonos de nuestros asientos cuando entraba en la sala de redacción [...]». [11]


[8] ANÒNIM: «Memorias de un ex-reportero». A: Cincuentenario del... de diversos autors.

[9] PÉREZ DE OLAGUER, A.: «Junyent, Miguel». A: Enciclopedia Universal Ilustrada. Op. cit. Sulement 1936-1939, pàg. 457.

[10] Ricard Suñé (Barcelona 1913-1952) va entrar a treballar al «Correu» com a redactor de successos l'any 1930, i en poc temps va fer-se membre de la Joventut Carlista de Gràcia. Abans havia estat col·laborador de Las Noticias (1928) i redactor de Deportes (1929). Acabada la guerra civil, va continuar al «Correu», on durant força temps es va convertir en cronista de la ciutat a través de la seva columna diària que escrivia sota l'epígraf d'Estampas Barcelonesas. Va col·laborar amb nombroses publicacions carlines, on de vegades signava amb el pseudònim de Raül de Montcada.

[11] SUNÉ, R.: «El Barcelonismo de El Correo Catalán y Don Miguel Junyent i Rovira». A: El Correo Catalán (16 de desembre de 1951).


Saura, Víctor (1998): «Carlins, capellans, cotoners i convergents: història d'"El Correo Catalán" (1876-1985)», pp. 29-30.

dijous, 15 de juny de 2017

La reconciliación entre carlistas e integristas y la unión de los católicos en Cataluña (1906)

En el año de 1906 los liberales decretaron la primera persecución contra la Iglesia en el siglo XX. El 5 de julio había caído el presidente del Consejo de ministros, Segismundo Moret, quien ya había hablado de reformar la Constitución de 1876 en su artículo 11 para convertir la tolerancia en libertad de cultos, lo que suponía un ataque contra la Iglesia, que defendía la unidad católica de España. Le sucedió el general José López Domínguez, cuyo ministerio lo primero que hizo fue alardear de «liberal», de «muy liberal», que en boca de esa gente significaba lo mismo que «anticatólico».

El ministro de Instrucción Pública, Amalio Gimeno, llegó a amenazar al señor Obispo de Córdoba por una sinagoga que el ministro recababa para sí; y el conde de Romanones, ministro de la Gobernación, se metió a legislar en los Seminarios y a darle a los Obispos instrucciones para que arreglasen según la mente romanonesca la carrera eclesiástica. Comenzaron a hablar de secularizar los cementerios y de apretar los tornillos a la enseñanza religiosa o «congregacionista», según su jerga. Moret, Canaleja, Romanones y demás prohombres del Partido Liberal combatían por ver quien era más anticlerical y «demócrata».

El conde de Romanones

El 27 de agosto Romanones sacó su Real Orden sobre el matrimonio, que desvirtuaba el Código civil, que prescribía como única forma de matrimonio entre católicos el canónico, y derogaba la circular de Vadillo sobre el matrimonio civil, en la cual se exigía a los que pretendían contraer matrimonio civil una declaración formal de que no profesaban el catolicismo. Alfonso (XIII) firmó el anticatólico decreto. Una amarga oleada de justa indignación inundó España y el espíritu de protesta conmovió los corazones católicos. Los Prelados fueron los primeros en contestar, especialmente el señor Obispo de Tuy, que en su circular del 1 de septiembre se opuso con apostólica firmeza a la Real Orden, por lo que fue blanco de las iras y las diatribas de la prensa izquierdista.

Pero el mayor ataque a la Iglesia fue el proyecto de ley de Asociaciones del ministro de la Gobernación, Bernabé Dávila. Enmascarada con mendaces pretextos y disposiciones, su verdadero fin era perseguir y suprimir a las Asociaciones católicas y a las Órdenes religiosas. Muchos católicos se forjaron la ilusión de que el usurpador Alfonso (XIII) jamás autorizaría su lectura. ¡Ilusión vana! El jefe de Estado firmaba el 25 de octubre el decreto autorizando al ministro de Gobernación la lectura en el Congreso del citado proyecto.

Debido a la férrea oposición católica, finalmente la ley de Asociaciones quedó sepultada, el Partido Liberal quedaba destrozado y el conservador Antonio Maura ascendía a la presidencia del gobierno, siendo derogada poco después la Real Orden de Romanones sobre el matrimonio por el marqués de Figueroa, ministro de Gracia y Justicia. El sectarismo de los liberales con el beneplácito del monarca usurpador había tenido además un efecto adverso para los fines anticlericales, pues logró unir a los católicos contra el gobierno, desapareciendo el enfrentamiento entre carlistas e integristas que había producido la separación de Ramón Nocedal de las filas legitimistas en 1888.

El 23 de diciembre de 1906 tuvieron lugar en Cataluña los numerosos y entusiastas mítines de San Andrés de Palomar, Cervera, Badalona y Vich. En esta última ciudad vibró una simpática nota de unión. Copiamos algunos párrafos interesantísimos de El Norte catalán, periódico católico de Vich:

Dr. José Torras y Bages, obispo de Vich.

«Terminado el acto del mitin, la Junta organizadora se dirigió al palacio episcopal para hacer entrega al reverendísimo Prelado de las conclusiones aprobadas. La inmensa mayoría de los concurrentes al acto acompañó á la comisión, estacionándose en las escaleras y patio del palacio. Con sumo agrado y paternal benevolencia acogió el ilustrísimo señor Obispo á los individuos de la comisión y á los oradores, aceptando con mucho gusto el encargo de telegrafiar á la Santidad de nuestro Padre el Papa Pío X.  
Luego, al saber el Ilmo. Sr. Dr. Torras y Bages que una multitud inmensa, á pesar de la lluvia, aguardaba al pie de su palacio, mostró deseos de dirigirle la palabra, y acompañado del Vicario general, Canónigo Sr. Corbella, secretario de Cámara, individuos de la comisión y oradores, se asomó al balcón principal, y en un discurso dió las gracias á todos por haber sabido cumplir con su deber de cristianos confesando públicamente á Cristo y con su deber de ciudadanos protestando contra las leyes atentatorias de nuestra santa fe. Al terminar nuestro venerable Pastor fué ovacionado por la multitud.  
Acto seguido la comisión organizadora se dirigió á las Casas Consistoriales para hacer entrega al excelentísimo señor alcalde de otro ejemplar de las conclusiones, á fin de que, por su conducto, fuesen transmitidas al Gobierno, pero no pudo cumplir su cometido por haber encontrado cerradas las puertas de la alcaldía.  
Al salir de las Casas Consistoriales la comisión organizadora, obsequió á los oradores con un espléndido banquete, que fué servido en la fonda de Colón.  
Unos veinte comensales se sentaron á la mesa, reinando durante la comida una franca cordialidad entre carlistas, integristas y catalanistas, cordialidad, que se acentuó y afianzó al pronunciarse los brindis, como vamos á ver.  
Iniciólos el director de El Correo Catalán, D. Miguel Junyent, y como quiera que aludiese en su elocuente brindis al partido integrista, levantóse, al terminar, el presidente de la Junta local de dicho partido y miembro de la provincial, D. Mariano de Rocafiguera, quien dijo en substancia estas palabras:  
«No he brindado jamás. No soy orador ni lo he sido nunca; la elocuencia y el bien decir han andado siempre lejos de mí; pero, obligado por las circunstancias (y bendigo á Dios que las ha deparado), no puedo, como representante del partido integrista, dejar de contestar al expresivo é intencionado brindis de mi caro amigo el Sr. Junyent; y lo hago con vivísima satisfacción de mi alma, porque se me ofrece una ocasión propicia para contribuir al logro de mi ideal de siempre, ocasión que sería para mí un cargo de conciencia desaprovechar.   
Diré dos palabras no más. ¡Quiera Dios que valgan por un discurso elocuente!  
Brindo para que el abrazo estrechísimo, afectuoso y sincero que se dieron en Tafalla, ante una multitud inmensa, los paladines del catolicismo Sres. Mella y Nocedal, sea imitado por todos los católicos españoles. Y no he de decir más.»  

Mariano de Rocafiguera
Foto de La Hormiga de Oro (7/6/1919)


Y luego, uniendo la acción á la palabra, levantáronse los Sres. Junyent y Rocafiguera y se dieron un abrazo sincero, afectuoso, estrechísimo; trasunto de aquel otro abrazo que unió á los católicos navarros, y que, como aquél, quiera Dios que una á los católicos catalanes.  
Pero no paró aquí la obra de la unión de los católicos vicenses. Alguien lanzó la idea de ir á tomar café en el Centro carlista, y aceptada al momento por todos, trasladáronse inmediatamente al expresado Centro.   
Mas, dejemos que nos cuente ese hermoso detalle El Correo Catalán, pues sus palabras, que hacemos nuestras, son de oro, y además prueban que nuestro colega abunda en los mismos sentimientos, lo cual no hay que ponderar cuanto nos satisface.   
Dice así nuestro compañero de Barcelona:   
«Una vez allí, el Sr. Junyent, á instancias de los numerosos concurrentes que llenaban por completo el local, y habían recibido con una salva de aplausos, vivas y aclamaciones á los oradores y delegados de las entidades católicas, hizo uso de la palabra, pronunciando un magnífico discurso abogando por la verdadera unión de los elementos católicos, al que contestaron los representantes de los integristas y de los regionalistas católicos abundando en la misma idea y terminando con un fraternal abrazo que se dieron el presidente del Círculo tradicionalista Sr. Vilaró, y los representantes de las otras fracciones aludidas, quedando de este modo sellada la unión entre los católicos vicenses.   
Luego se dirigieron á la Juventud católica y á Catalunya Vella, en donde fueron recibidos con mucha amabilidad por las respectivas juntas, reproduciéndose las pruebas de solidaridad católica.» 


Multitudinaria manifestación católica en la plaza de toros de las Arenas (Barcelona)
contra la anticatólica la Ley de Asociaciones, que contó con la presencia como
orador del diputado carlista Juan Vázquez de Mella.
Fotografía tomada de La Hormiga de Oro (26/1/1907)

Véase La voluntad nacional frente del jacobinismo afrancesado de Romanones y Canalejas (P. Antonio Viladevall, 1907), pp. 186-189.

dimecres, 22 de febrer de 2017

Visita de los carlistas catalanes al Palacio Loredán (1907)

EL PALACIO LOREDÁN

El palacio Loredán

[Los habitantes de Venecia], terminada la cotidiana labor, vuelven siempre junto a los suyos, mientras en el Gran Canal queda solitario y triste un Palacio que es una leyenda; morada de la egregia estirpe que hace ya más de medio siglo lleva la cruz del destierro con dignidad y grandiosa majestad.

A través de los muros del Palacio Loredán, mansión de las grandezas dignas, en quienes toda virtud tiene su asiento, vemos vagar por los espléndidos salones, tristeza y pesadumbre que, cual eterno llanto, lamentan la forzada inacción, que hace estériles para su patria energías poderosas que podrían salvarla cuando arrecie la tormenta. Pues en la apacible calma del Gran Canal veneciano se perciben puras en el antiguo Palacio de los Módenas las palpitaciones del gran pueblo tradicionalista, al que tanto se anhela salvar, y por el cual los descendientes de cien reyes, esclavos de altísimos deberes, aguardan allí la hora de Dios, que [...] les permita decir como Jesús a Lázaro: Levántate y anda.

Y viene la noche [...] Y en el Gran Palacio sigue reinando la soledad y el silencio, [...] porque el común hogar está muy lejos, y el pueblo amado no deja de sufrir [...].

Tanta inteligencia sin aplicación al país, tanta [bondad] sin cercana correspondencia, [...] y tanta majestad en el infortunio, son la admiración de la Comunión tradicionalista, que ostenta con orgullo esos sacrificios —sublimes pruebas que Dios le mandó— que pasarán á la posteridad como hermosos ejemplos [...] que será el asombro de otras edades.

Pero el Palacio Loredán se animará en día, y saldrán de él efluvios de nueva vida, que corriéndose á occidente irán formando la brillante aurora de un amanecer esplendoroso y sin fin, que vendrá á alumbrar la resurrección del gran pueblo cobijado por la bandera inmaculada de Dios, Patria y Rey.

Después, el Palacio Loredán quedará solitario y triste, pero su soledad no será la del vacío, ni de la muerte, sino la apacible calma del descanso después de una gran obra cumplida.

Y lo que es hoy Palacio del destierro, en el cual revive la dulce poesía del [...] hogar tradicionalista, será mañana la morada de los dulces recuerdos y de las encantadoras leyendas.

JOAQUIN DE FONT Y DE BOTER
Gerente del «Fomento de la Prensa Tradicionalista»

Joaquín de Font y Boter
(Barcelona, 1857 - 1916)

EL REY

Un rey de verdad, decía un día el Sr. Duque de Madrid, debe ser el primer obrero de la monarquía en la paz y el primer soldado en la guerra.

Y es que cuando así hablaba, tenía delante de sus ojos el espejo de la España gigante, de la invencible España, dilatada por todo el mundo y reverberante de poder, sabiduría y virtud.

Sí, vuestra gallardía majestuosa, el amor sin límites que profesáis a la patria y que sentís con una intensidad de tal naturaleza que constituye vuestro supremo ideal, vuestra alma llena de poesía y despojándose de toda clase de odios en aras de una santa fraternidad donde se funden todas las voluntades, todos los alientos, todas las virtudes de los españoles, como encarnación del espíritu nacional, libre del vejamen y de la opresión, la sangre augusta que circula por vuestras venas y hace latir un corazón profundamente español y virtuoso, y las prendas personales que os adornan y que se derraman sobre el estimado pueblo en forma de cascadas del más cristalino amor, son garantía firme e irrecusable de vuestra férrea voluntad, de vuestro invariable deseo en ser el primer ciudadano en la paz y el más esforzado soldado en la guerra, el primer obrero en el desarrollo y progreso de la civilización, el último combatiente en la defensa del sagrado interés de la patria.

Reyes hay que, aunque quieran dar esplendor y excelsitud a la majestad atrofiada, siempre han de quedar al nivel de los [comu]nes, sin esperanza de mejores días y con la seguridad de siniestras desventuras. Otra cosa no puede ser cuando se eleva á dogma al [...] de la autoridad, dándose un reino al monarca y negándosele el gobierno de la nación, como si se le sujetase a forzosa tutela, bajo el amparo de una serie de reyezuelos absolutos.

Per me reges regnant, había dicho el Señor, y efectivamente, los reyes cristianos, los reyes genuinamente españoles, buscan en la autoridad el sello de su divina procedencia, quedando así obligados en conciencia á Dios y á los gobernados, porque son sus hijos, por quienes debe el Rey constantemente velar.

Esta es la idea que de la realeza tiene nuestro augusto Caudillo, este es el concepto que de la soberanía tienen sus súbditos.

En la paz el rey es el padre de todos, procura el bienestar de todos, es el primer obrero de la monarquía. En la guerra es el capitán de sus ejércitos, sin que le asuste ni el estampido del cañón, ni el áspero crujir de las espadas, cuando se trata de salvar el honor de la patria, que es la honra y la gloria de sus hijos.

Ese es el Rey que ama un pueblo digno y honrado, sediento de libertad y de justicia.

MIGUEL JUNYENT Y ROVIRA
Director de «El Correo Catalán»

Miguel Junyent
(1871-1936)

EL SALÓN DE LAS BATALLAS

Cuando por primera vez se entra en el Palacio del destierro, cierta conmoción nerviosa recorre todo el cuerpo y á medida que se penetra en sus habitaciones, la emoción va en aumento; pero donde el efecto llega a su periodo álgido es al penetrar en el Salón de las Batallas, pues se acumulan en la mente tantos recuerdos, tantos sacrificios, tantos heroísmos, que la cabeza más serena y la voluntad más templada se sienten como sobrecogidas, hasta de espanto si fuera posible cupiera en el corazón carlista y cristiano.

Las acciones de Lácar y Lorca, la acción de Montejurra, la de Abárzuza donde murió el general liberal Marqués del Duero, Somorrostro donde estuvo detenido todo el ejército liberal por varios días, las batallas de Alpens donde pereció el brigadier liberal Cabrinetty y otros, etc., de nuestra época, pero ¿que diré de las otras guerras que hemos sostenido contra la Revolución y el liberalismo?

Dijo Tertuliano que la sangre de los mártires era semilla de cristianos y podemos decir que la sangre de los carlistas ha sido y es semilla de carlistas, pues se vé la gran diferencia que hay entre el partido, ó mejor dicho Comunión, de como está ahora, á cuando estalló la Revolución de Septiembre. Entonces no teníamos ni Diputados, ni Senadores, ni Círculos, ni Juventudes, ni periódicos apenas; y á los cuatro años, al grito magno de Dios, Patria y Rey, organizamos un ejército de ochenta mil hombres, que tuvo en jaque á la Revolución por más de cuatro años, y qué no haríamos ahora si la ocasión se presentase propicia para reverdecer laureles [...]cesibles?

La última guerra fué providencial, despertando en ella la Comunión tradicionalista; pues si se mira despacio y con serenidad lo que se ha hecho después de treinta años, el ánimo se levanta y se vé que Dios no abandona nunca á los suyos. Véase si no a lo que quedó reducida la Comunión desde su malhadado Convenio de Vergara á 1868, y véase como estamos ahora; no hay paridad, pues entonces no había apenas carlistas, y los que había lo callaban por prudencia, y hoy casi es un timbre de grandeza el ser carlista, pues hasta nuestros enemigos tienen que contar con nosotros para todo, pues somos, hay que decirlo muy alto para que todo el mundo lo sepa, un factor muy importante de la política española.

Sin la Comunión carlista la Iglesia católica de España estaría cien veces peor que en Francia; ¿á qué se debe eso? pues á Lácar, á Somorrostro, Montejurra, Alpens y otros cien combates, que han hecho que la Revolución obre de muy distinta manera en España que en otras naciones, pues sabe hay muchos miles de españoles dispuestos siempre á dar su vida por Dios, la Patria y el Rey.

EL DUQUE DE SOLFERINO
Presidente del Consejo de Administración del «Fomento de la Prensa Tradicionalista»

Manuel de Llanza y Pignatelli de Aragón,
Duque de Solferino (Barcelona, 1858-1927)

EL CUARTO DE BANDERAS

Nada pudiera ser más grato á mi corazón de soldado, que la honra inmerecida que me dispensan mis correligionarios del Fomento de la Prensa Tradicionalista, dejándome un hueco, al lado suyo, en este Álbum preciosísimo, en donde, á defecto de galas literarias, pueda demostrar una vez más el culto que profeso á nuestro inolvidable Desterrado del Loredán.

Conducido en alas de mi pensamiento, desaparecen las distancias, ábrense las puertas á mi paso y me encuentro arrobado en el mágico recinto donde la piadosa mano del Rey de nuestros ideales ha sabido acumular las glorias y las grandezas de aquel brillante Ejército que, formado porheroicos voluntarios, supo escribir tan alto su renombre á costa de su sangre generosa.

Banderas, espadas, monturas, condecoraciones, proyectiles, rodean en aquel salón encantador al retrato de nuestro gran Caudillo y todo allí nos recuerda el deber en que estamos de reverdecer nuestros antiguos lauros, siendo pródigos en los sacrificios y parcos, muy parcos, en las promesas ilusorias.

El ambiente que se respira en el Cuarto de Banderas anima y refriega el alma noble del soldado de la Fé; y á la presencia de tantos y tan gloriosos trofeos acuden sólo viriles sentimientos á los corazones esforzados de los héroes de la legitimidad que, al jurar una vez y para siempre su santo lema, no retrocederán jamás en su camino.

Mirando los sagrados lienzos de las enseñas españolas con sus distintos colores, con sus leyendas varias, con sus símbolos guerreros, aparece la visión de las bravas fuerzas que las tremolaron en los campos de Cataluña y Aragón; en las montañas Vascas y en Navarra, y en manos de valientes hijos de Castilla, que fueron á guerrear al lado de su Príncipe elegido, abandonando la tranquila paz de sus hogares, sus carreras y fortunas, sin otra finalidad que la de su nobilísimo entusiasmo.

Eraul, Udave, Montejurra, Somorrostro, Portugalete, Lácar, Alpens, Aviñó, Cuenca y cien otras victorias, están representadas en los muros de aquel precioso Cuarto por el vivísimo recuerdo que despiertan sus banderas; y allí también [están] las invictas sombras de Carlos V, de Zumalacárregui, de Santos Ladrón, de Sanz y de Guergué, de Gómez, de Eguía, de Elío, de Villarreal, de Dorregaray, de Ollo, de Radica, de Lizárraga, de Argonz, de Valdespina, de Velasco, de Mogrovejo, de Tristany, de Castells, de Vilageliu, de Calderón, de Sangarrén, de Cavero, de Francesch, de Díaz de la Cortina, de Balanzátegui y de Lozano, y de otros innumerables mártires ó caudillos que, parecen levantarse en medio de los trofeos, de [los lemas] y de los proyectiles, recordando su lealtad y sus inmortales hechos para enseñanza de las generaciones venideras.

Allí tenemos á nuestra bandera capitana, con la imagen de la Virgen dolorosa, reliquia venerada que fué entregada por su abuela al tierno Príncipe don Carlos, nacido en los do[lores] del destierro, y allí también se encierran las espadas que [usó en la] campaña para reivindicar sus derechos [...].


Palacio de Loredán. Cuarto de Banderas.


EL DESPACHO DE DON CARLOS

Todos los salones del Palacio Loredán, residencia del augusto señor Duque de Madrid, están adornados con recuerdos de nuestra querida Patria, á la que Él ama con inextinguible afecto, pero entre ellos descuella, en las impresiones que yo conservo de mi visita al egregio Desterrado, el salón Despacho.

Allí, rodeado de los retratos de sus fieles servidores, se dignó recibirme el descendiente de Carlos V, y durante aquellas inolvidables entrevistas pude comprender, o vislumbrar cuando menos, los altos pensamientos y el nobilísimo corazón del señor Duque de Madrid.

Allí pude ver su alma abierta a todas las más elevadas aspiraciones, allí escuché de sus augustos labios palabras de amargura en presencia de las amarguras de España, víctima del liberalismo; allí conocí el amor que siente por Cataluña y cuanto le interesa conocer el estado de esta noble y viril región; allí, por último, escuché estas palabras que conservo fielmente en mi memoria:


Cuando por la Divina Misericordia tenga la dicha de poder ir á cumplir, como Conde de Barcelona, la solemne promesa que hace más de treinta años hice a los pueblos de la antigua Corona de Aragón, de devolverles sus fueros venerados, adaptándolos de común acuerdo á las exigencias de nuestro tiempo, espero que al implantar el sistema que ha de levantar de su actual postración, á todas las regiones españolas, Dios nos concederá ser la aurora de una época feliz y gloriosa para nuestra hoy tan desgraciada patria.


Despacho de Don Carlos

En este Despacho también escribió un día el ilustre proscripto estas frases que nunca debemos olvidar:


Tampoco necesito hablarles especialmente del Regionalismo y de la cuestión obrera, cuyos problemas se desarrollan ahora en Cataluña, pues sé que se han de inspirar en nuestro programa, que encierra soluciones eficaces, y en mis manifiestos, en los cuales he afirmado mis propósitos y mis sentimientos que también son los vuestros. Defensores de la verdad en todos los órdenes, debemos practicarla siempre. 
Y ahora réstame tan solo manifestaros mi satisfacción por la energía desplegada y por la fuerza de voluntad que en esta ocasión como en tantas otras he admirado en el carácter catalán.


Necesitaría yo varias páginas para expresar con fidelidad los altos conceptos que he oído de labios de don Carlos en aquel hermoso Despacho y las hondas impresiones sentidas por mi al oírlo y que ahora renuevo vivamente al recordarlas.

Sólo sé decir, como síntesis de mis creencias y opiniones que Don Carlos es el nombre que España necesita.

JOSÉ ERASMO DE JANER
Delegado regional

José Erasmo de Janer y de Gironella
(Barcelona, 1833-1911)

Fotografías del Palacio Loredán realizadas por los corresponsales de El Correo Catalán (1907)

Palacio Loredán
Vestíbulo

Capilla del Palacio

Secretaría
Comedor

Gran Salón

Salón denominado de Ollo y Zumalacárregui

Biblioteca y Billar

Cuarto Indio

Cuarto de la Dama

Los Sres. Duques de Madrid. 1) En su automóvil.
2) Visita a su santa madre. 3) En su embarcadero

Los Sres. Duques de Madrid en su Lancha Automóvil (Ondárroa)

Tomado del álbum LOS SEÑORES DUQUES DE MADRID EN EL PALACIO LOREDÁN (1907)

dilluns, 19 de desembre de 2016

Inauguración del Círculo Tradicionalista de Molins de Rei (1913)

Los actos realizados ayer en la pintoresca población de Molins de Rey revistieron una importancia excepcional y acreditaron que aquella es tierra espléndidamente abonada para que eche raíces la semilla tradicionalista. La población vióse animadísima y sus habitantes mostráronse altamente hospitalarios con sus huéspedes. Los tradicionalistas de la localidad tuvieron una excelente jornada, de la que no se olvidarán fácilmente.

En Molins de Rey, a partir de ayer, contamos ya con una nueva entidad del partido, que viene a la lucha política con plétora de vida y ofrece fundadamente contribuir al engrandecimiento de nuestra Comunión en aquel distrito. Felicitamos cordialmente a los fundadores del Círculo y al felicitarles les deseamos una serie inacabable de aciertos en su gestión política, aciertos que redundarán en beneficio de su prestigio personal y a la mayor gloria de la Causa.


MISA DE COMUNIÓN

A las seis y media de la mañana, en la parroquial iglesia de San Miguel, hubo misa de Comunión cantada, con plática preparatoria, que pronunció el oficiante reverendo D. Juan Basañs, cura párroco de la población. La misa fue cantada por los señores Boig y Prats, acompañados al armonium por el Sr. Batlle.

El templo fue invadido por numerosos correligionarios de la localidad y de San Feliú de Llobregat. En lugar preferente estaban el jefe tradicionalista del distrito, nuestro querido amigo D. Eduardo de Batlle, el presidente de la Junta local, D. Miguel Martí, y el presidente del Círculo inaugurado D. José Canalíes.

El reverendo Basañs hizo una plática sentidísima, impresionando a los fieles con sus bellas imágenes, impregnadas de fervor religioso. Terminada la plática, se acercaron a las gradas del altar centenares de correligionarios que recibieron con gran piedad el Pan de los Ángeles.


NUESTROS JÓVENES

Los jóvenes jaimistas no tienen rival en todo lo que sea sacrificarse en aras de una idea, y esto lo prueban de continuo dando elocuentes muestras de su espíritu de sacrificio con las expediciones que emprenden. Ayer muchísimos hicieron a pie el viaje a Molins de Rey, fortaleciendo sus piernas como si estuviéramos en vísperas de acontecimientos definitivos.

Los primeros en llegar fueron los del Círculo de Sans y los del distrito segundo, mostrándose todos muy animosos y con alma para emprender otro trayecto mayor. Seguíanles correligionarios del Círculo de Barcelona, El Porvenir, Patronato de Santa Madrona y otros, llevando las banderas y banderines de la sección excursionista del Círculo Central, El Porvenir, distrito segundo, etc., etc.

El banderín del Requeté de Barcelona llegó en el tren de las diez, custodiado por varios jóvenes de la Junta directiva del mismo, a las órdenes del vocal primero de la Junta Central Tradicionalista, organizadora de los requetés de Cataluña. D. José Bermelló, prestigioso veterano.


BENDICIÓN DEL CÍRCULO. — EL BANQUETE

A las once tuvo lugar la bendición del local del nuevo Círculo Tradicionalista de Molins de Rey, presenciando la ceremonia religiosa centenares de amigos. Bendijo el inmueble el reverendo D. José Mas, acompañándole cuando recorrió el local las autoridades jaimistas del distrito.

A la una, en el amplio salón de actos del Círculo se efectuó el banquete, asistiendo numerosos correligionarios. Ocuparon la presidencia de las mesas los jefes tradicionalistas. La comida, que fue servida admirablemente, transcurrió en medio de una encantadora cordialidad. A la hora de los brindis levantaron la copa D. Germán de Bellver, D. Angel Marqués, D. Juan Aymat, D. Francisco Bermello y D. Esteban de Batlle, pronunciando todos calurosos y vibrantes párrafos y siendo muy aplaudidos.


LLEGADA DE LOS ÓRADORES

Poco antes de las cuatro de la tarde comenzaron a congregarse en las inmediaciones de la estación multitud de jaimistas, ansiosos de tributar un cariñoso y efusivo recibimiento a los oradores que eran esperados procedentes de Barcelona.

A las cuatro y minutos entró el tren en agujas, resonando a su vista un aplauso entusiasta. Del convoy descendieron el diputado provincial por Manresa-Berga, D. Juan María Roma, nuestro director D. Miguel Junyent, el presidente de la Junta organizadora de los requetés, D. Matías Llorens, y el secretario D. José L. Prat-Maignon.

Después de cambiar los saludos de rúbrica, dirigiéronse en ordenada manifestación al teatro de La Alhambra, donde tuvo lugar el mitin.


EL MEETING


En el teatro citado, capaz para contener muchísima gente, se efectuó el mitin, que resultó un acto importantísimo. Entre el gran número de jaimistas que había, so notaba la presencia de infinidad de vecinos de la población pertenecientes a la llamada clase neutra, que fueron allí a impregnarse de las sanas y redentoras doctrinas tradicionalistas.

Ocupó la presidencia D. José Ganalíes, quien tenía a su lado al jefe de la Junta local, don Miguel Martí, al de la de distrito, D. Eduardo de Batlle, al Sr. Puiggarí, y a los oradores que dirigieron la palabra a la concurrencia.


D. GERMÁN DE BELLVER

Después de excusar la ausencia de algunos de los oradores anunciados, que por ocupaciones ineludibles se veían privados de asistir al acto, felicita a los correligionarios de Molins de Rey, por haber fundado el Círculo, que será un poderoso auxiliar para hacer la revolución en las ideas, ya que sin operarse esta revolución no podríamos afianzar la redentora obra tradicionalista.

Encarece la necesidad de damos a conocer a España tal como somos, esto es: como el único partido capacitado para gobernar el Estado, frente a todas las demagogias, y termina con párrafos vibrantes dedicados a la juventud.

D. ÁNGEL MARQUÉS

Al levantarse este batallador propagandista de La Trinchera resonó una ovación cariñosísima.

Muchas, veces —dice— se nos ha extendido la papeleta de defunción, y por esto al dirigirme yo ahora a vosotros, tendría que decir: queridos cadáveres; pero un partido como el nuestro, que tiene en su historia moderna tantos héroes, es imposible que muera.

Se está pretendiendo modernizar a España; se la quiere hacer secuaz de Francia, y los Gobiernos que esto pretenden hacer, son los que continuamente hablan de dignidad y de honradez cuando no han hecho otra cosa en su vida que deshonrar y denigrar a España.
(Aplausos.) Hablan de honradez, como pueden hablar los gitanos. (Más aplausos.)


Termina su elocuente discurso enalteciendo la figura de Llobet, al que llama moderno mártir del jaimismo, y pide que todos, con su óbolo, contribuyan a hacerle menos cruel su cautiverio. Al terminar fue ovacionado.


D. JUAN MARÍA ROMA

Al acercarse a las candilejas el infatigable diputado provincial por Manresa-Berga, prorrumpe en ruidosos aplausos la concurrencia.


Mi amigo el Sr. Marqués —comienza diciendo— ha manifestado que nuestros enemigos nos consideran muertos, y mirad, a pesar de esto, el pavor que les infundimos, que recientemente, al trasladar las cenizas de un héroe, tembló hasta el Gobierno liberal. (Aplausos.) El partido tradicionalista no puede morir, porque se asienta sobre la verdad, porque es algo consustancial con la Historia de Espa­ña, y para morir fuera necesario quo ésta desapareciera.  
Tenemos que quitarnos de encima el dictado de absolutistas con que pretenden difamarnos nuestros enemigos, y mostrar que somos más amantes de la libertad que ellos, pues ellos sólo llevan en sus labios esta palabra, y el concepto que enuncia no lo llevan en el corazón. (Aplausos.) El partido tradicionalista tiene soluciones para todo.  
En lo tocante al sufragio, somos partidarios del sufragio orgánico. No es racional que tenga el mismo valor el voto de un gitano que el de un hombre consciente, capaz de comprender la importancia del sufragio. 
En la cuestión religiosa queremos la libertad económica de la Iglesia, y que ésta tenga su supremacía en aquellas cuestiones que le competen, como son la moral y las costumbres. No queremos tampoco que los Gobiernos se entrometan en los asuntos particulares de la Iglesia, nombrando Canónigos y Obispos, nombramientos que son exclusivamente potestativos del Papado.  
Nuestro Ejército será voluntario. La carrera militar es un sacerdocio, como la eclesiástica, y no hay derecho a hacer que cargue con el fusil un ciudadano que no tenga vocación para las armas. *

Juan María Roma (1870 - 1946)

Termina haciendo un concienzudo estudio de la cuestión social, cosechando frenéticos aplausos.

D. MIGUEL JUNYENT

Nuestro director, acallados los aplausos, dice:


Mi primer aplauso y mi felicitación más entusiasta será para los correligionarios de Molins de Rey, por el esfuerzo que supone la formación de este Círculo, esfuerzo que nos obliga a que les abracemos como hermanos para trabajar juntos por el esplendor de la bandera jaimista. 
Molins de Rey ha dado hoy pruebas de una gran civilidad que merece nuestra consideración y reconocimiento. Aquí hemos venido, por aquí hemos paseado nuestras banderas, y no hemos sido molestados por nadie, ni a nadie hemos molestado, dando una elocuente muestra de cómo se practica la libertad.

Habéis visto cómo se ha formado este Centro, cuyos comienzos son parecidos al que abrimos en San Feliu. Este ha crecido, éste ha prosperado, aunque para crecer y prosperar ha tenido que reñir batallas. Haced aquí lo mismo, y veréis como no pasan muchos meses sin que las listas de socios se nutran y éste alcance plétora de vida. Practicad vivamente los principios tradicionalistas, pues no basta con predicarlos. Si hoy en este Centro somos pocos, que en el año próximo podamos decir que el local social es pequeño y que la influencia de los ideales tradicionalistas se deja sentir en todas las esferas sociales.

Tenemos fuerzas para imponemos, y si no nos imponemos por la fuerza de la razón, demostraremos que somos hombres cuando se trate de entronizar los principios de nuestro Derecho. Tenemos un Caudillo que no lleva el cetro de caña, que lleva un manto de armiño impecable; y un partido que cuenta con un Caudillo así, no puede ser vencido.  
Tenemos que ir siempre adelante en defensa de nuestros principios. Seremos caritativos con nuestros enemigos, siguiendo el ejemplo de Cristo, pero si alguien nos cierra el paso, entonces demostraremos que somos hombres. Jóvenes y veteranos, nos tenemos que unir en ramillete de amores para que con este ramillete y el que presenten las demás regiones, podamos tejer la corona que ofreceremos a Don Jaime.

Miguel Junyent (1871 - 1936)

Después de unas sentidas palabras del amigo D. Juan Aymat, palabras rebosantes de entusiasmo, la presidencia dio por terminado el acto, reinando un entusiasmo indescriptible, y entre aplausos y vivas. Poco después se inició el desfile, regresando a Barcelona los oradores y demás personalidades. En el ánimo de todos quedó la impresión de que habíamos efectuado una jornada gloriosa.

VARRON

(De El Correo Catalán)

Reproducido por EL CORREO ESPAÑOL (24 de mayo de 1913)

* Nota: En cuanto a las manifestaciones de J. M. Roma sobre el Ejército voluntario, debemos aclarar que Carlos VII reconoció la necesidad del servicio militar obligatorio, universal para los varones.