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dimecres, 27 de setembre de 2017

Esperanzas (poema carlista de 1910)


La Revolución amaga
á nuestra Patria bendita
y con sus odios excita
la gran masa popular;
mas ¡vive Dios! que los buenos
frente á frente la miramos
y firmes nos preparamos
á combatir y á triunfar.

                  —

Tras la noche viene el día;
tras la tempestad la calma;
tras la tristeza del alma
la dulce consolación;
tras el invierno sombrío
la festiva primavera;
tras la muerte lastimera
el puerto de salvación.

                  —

Y tras el nuevo desorden
de fieras revoluciones,
que trastornan las naciones
con su hálito destructor,
viene la paz duradera,
el orden que consolida,
el progreso de la vida,
la firmeza y el vigor.

                  —

Por esto no la tememos
la revolución traidora,
que vino á herir en mal hora
la grandeza nacional;
ella nos pondrá en el caso
de luchar valientemente
y restaurar plenamente
nuestro ser tradicional.

                  —

Desde abajo y desde arriba
se encuentra hoy amenazado
el patrimonio sagrado
de la Santa Tradición.
Dios es hoy escarnecido,
la Patria vilipendiada,
la Monarquía ultrajada
y con ellos la Nación.

                  —

Pero... aquí estamos nosotros,
los monárquicos leales,
los patriotas racionales,
los cruzados de la fe,
que aguardamos solamente
la voz firme y vigorosa
de un gran R... que no reposa
ante los males que ve.

                  —

Aguardamos el mandato
de este R... tan generoso
que contempla cariñoso
el porvenir español...
y no piensa en otra cosa
que en la España del pasado,
religiosa en sumo grado,
que jamás vió puesto el sol.

                  —

Y esta España, floreciente,
volverá, pese á quien pese,
al brillo y al vigor ese
que ante el mundo tuvo ayer;
volverá, pues Dios lo quiere,
mientras aliente y exista
un sano pecho jaimista
con sangre para verter.

                  —

Volverá, mientras no acabe
la raza de los cruzados
que ante todo son soldados
de la Santa Religión;
volverá —porque no muere
ni envejece—, vigorosa
la descendencia gloriosa
de la Madre Tradición.

                  —

Yo, por mi parte, aunque débil,
me considero temible
y hasta me creo invencible
yendo del Caudillo en pos.
Y juro solemnemente
que mi latido postrero
será por Jaime Tercero,
por mi Patria y por mi Dios.


RUPERTO LLADÓ, mártir de la Tradición

La Bandera Regional (17 de diciembre de 1910)