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dimarts, 23 d’octubre de 2018

La Cataluña realista: Manifiesto de la Regencia de Urgel de 23 de octubre de 1822

Hace casi dos siglos los realistas catalanes establecían una regencia en Seo de Urgel para defender el trono de Don Fernando VII y oponerse a los «constitucionales anarquistas», como acertadamente llamaban a los saqueadores de conventos aupados en el poder por el golpista y traidor coronel Riego. Este es el manifiesto que publicaron los leales, hijos de la Cataluña católica y monárquica, tal día como hoy, 23 de octubre de 1822.




DEL MIERCOLES 23 DE OCTUBRE DE 1822.

San Pedro Pascual O. y M. del orden de la Merced.


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MANIFIESTO

á la España y á todas las Naciones de Europa, para desvanecer las falsas impresiones que pueden haber producido los pestíferos é incendiarios escritos de los constitucionales anarquistas españoles.

Es un principio constante, demostrado por las historias de todos los siglos, que el puñal, la seduccion y la mentira han sido siempre las armas de los tiranos. No es necesario citar ejemplos de siglos remotos y de pueblos borrados del mapa de la tierra, cuando los Reynos mas civilizados, mas cultos y mas opulentos de Europa nos recuerdan todos los instantes con dolor esta amarga verdad: existen todavia en Francia millares de testigos, que la comprueban con los bienes que perdieron, con las pérdidas que sufrieron y con los sufrimientos que les condujeron hasta el borde del sepulcro. Y aun cuando no existieran, sus frias cenizas y sus huesos carcomidos, unidos á los de un inocente Rey decapitado, y con los de tantos fieles franceses, victimas de la tiránica segúr, publicarian á la faz de todo el mundo los infames triunfos de la ambicion y despotismo.

Vosotros, infelices españoles, que mas ha de dos años estais llorando la triste situacion que os aflige, decidnos ¿quien os ha labrado las cadenas de la dura esclavitud en que gemís, sino la fuerza y superchería de esa cruel pandilla de hombres inmorales, que han trastornado las máximas de vuestra santa Religion, se han arrogado los derechos de vuestro Rey, y os han robado el dulce sosiego que disfrutabais en vuestros hogares y en el seno de vuestras familias? ¿Quien sino ellos ha usurpado vuestros bienes, ha introducido la miseria hasta el ultimo rincon de vuestras casas, y ha sembrado la discordia entre vuestros mas cercanos parientes y mas intimos amigos? ¿Quien sino ellos ha apurado vuestro sufrimiento, hasta el punto de exasperaros con tantos desordenes y maldades?

La fuerza y la seduccion os hizo jurar una ley, que, por ser fundamental, debía ser la espresion de vuestra voluntad general, y de la de cada uno de vosotros: decretó la pena de vuestro total exterminio, sino consentíais en la mayor de las injusticias; y os obligó á la observancia de una constitución que no entendíais, para haceros tragar la venenosa pildora de la impiedad, dorada con el atractivo metal de la licencia. La repugnancia en un gran numero, y el silencio en la mayor parte de vosotros demostró sin poderse dudar, que os sujetabais por un momento al imperio de esta ley destructora, para evitar derramamiento de sangre inocente; asi como la débil caña se dobla á la violencia del impetuoso huracán, para no ser arrancada de raiz de la tierra que la alimenta: esperabais que tal vez el tiempo corregiria los desordenes del acíago marzo de 1820, y que la sabiduria y fidelidad de algunos de vuestros compatricios trabajaria, sin cesar, para que días de serenidad y alegria sucediesen á los de tinieblas, y amargura , que os preparaban los perfidos opresores de la desgraciada humanidad.

Entretanto vosotros gemíais ahogados del dolor, que os causaba tanto desorden y trastorno: vuestras lagrimas y suspiros no podian salir del centro de vuestros corazones, porque ni solamente os era permitido dar la menor señal de sentimiento: cada dia pesaban mas y mas sobre vosotros las duras cadenas del despotismo feroz: las tiranas providencias de un gobierno anárquico y revoltoso apuraban todos los momentos vuestro sufrimiento sin igual: la maldad había llegado al colmo, y vosotros no vacilabais sino en quien sería el primero que levantase el estandarte para defender la Religion y el Rey, para asegurar vuestra propiedad y seguridad individual, y para restituir la paz y tranquilidad á los pueblos, que eran el ludibrio de un corto numero de audaces y desvergonzados libertinos.


Salieron por fin españoles impávidos y valientes, bajo cuya direccion y mando se alistaron numerosas legiones de intrépidos paisanos y de soldados aguerridos, para combatir el mal cimentado edificio de la irreligion y licencia. Desde el cabo de Creus hasta el de Finisterre, desde el Vidasoa al Guadalete, se oyeron resonar á un mismo tiempo los vivas á la Religion y al Rey, y los mueras á la ley destructora de los estados. Divisiones imperterritas de realistas se levantaron por todas las provincias, buscando, persiguiendo, atacando, destruyendo esas bandas facciosas; y en menos de tres meses las armas del Rey, por do quiera vencedoras, llenaron de asombro y de pavor á los constitucionales feroces y descorazonados.

Una cosa faltaba para poner el orden en vuestro justo alzamiento, para fortificar la obra comenzada, y por la que clamabais todos. Si: todos, clamabais por la instalacion de una cabeza, de un supremo gobierno, que reuniendo los animos, y dictando providencias acertadas en nombre de vuestro Rey, restituyese á este la soberania y derechos que le jurasteis conservar; y á vosotros el sosiego y felicidad perdida, por cuyos dulces y caros objetos derramáis vuestra sangre. Aun haciais mas, pues designabais las personas que se habian de poner al frente de vosotros, para gobernaros durante el cautiverio de S. M. ¿Podian estos hacerse sordos á vuestros clamores? ¿podian mirar con indiferencia las desgracias de que empezabais á servictimas infelices? No: abandonaron (ya que asi lo exigiais) ó el sosiego que disfrutaban en sus casas y en seno de sus familias, ó la seguridad de que gozaban en países estrangeros. No fue la ambicion, sino vuestros deseos; no la rebelion, sino la fidelidad; no el egoísmo, sino el amor á la Religon y al Rey quien estableció la Regencia del Reyno.

¡Que perspectiva tan halagueña ofreció á los buenos españoles la instalacion de esta! ¡que venturoso porvenir les, anunció desde el momento! ¡que cuadro tan imponente presentó á los rebeldes novadores del año 20! Viose desde luego á los comandantes de las varias divisiones de Cataluña Badals, Romagosa, Mirales, Costa y Coll; al general Quesada en nombre del ejército y Reyno de Navarra; y al coronel Don Manuel Aranguren y al comisario de guerra Don Manuel Telleria como diputados de la Provincia de Guipúzcoa, comparecer á esta ciudad, para prestar el juramento de fidelidad y obediencia al Gobierno, que hace las veces de su Rey cautivo. Los primeros desvelos y cuidados de la Regencia fueron arreglar los varios ramos del Estado para cimentar el orden, y conferir los principales empleos á personas sabias y esperimentadas, que fuesen capaces de desempeñarlos con exactitud. El Esmo. Sr. Baron de Eroles Capitan general de los ejércitos realistas. ¡Y con que entusiasmo fue recibida del pueblo esta acertada eleccion! El pueblo, que con tan vivas ansias esperaba que este hombre singuar se colocase á su frente, vió por fin amanecer el suspirado dia y se entregó á las mas lisongeras esperanzas. El brigadier Don Antonio Gispert fue nombrado Secretario de estado y de negocios estrangeros; el brigadier Don Fernando de Ortaffá para el despacho de la guerra; y para los demas ramos Don Domingo Maria Barrafon. Se nombró Mariscal de campo al brigadier Don Felipe de Fleyres, y luego Inspector y mayor General del ejército. El 8 de setiembre se nombró Comandante general interino del alto Aragon á Don Jose Benito Valonga. El 17 lo fue del Reyno de Navarra el Coronel Don Santos Ladron, y de las tres provincias Vascongadas el de igual clase Don Fernando Zavala. El 9 de octubre fue nombrado igualmente Comandante general del bajo Aragon, Don Juan Adan Trujillo, y en 1o del mismo lo fue del partido de Siguenza el coronel Don Jose Mondedeu. Otros varios grados de ejercito, y empleos se han dado á distintos sujetos bien conocidos por sus luces y valor, por su fidelidad y patriotismo. Increible pareciera á los estrangeros que un gobierno naciente, y que ha tenido y tiene inmensos ostaculos que superar, hubiese podido progresar con tanta rapidez, si una multitud de hechos veridicos y patentes no lo demostrasen hasta la evidencia.

Mil veces las divisiones realistas se han batido con las constitucionales, y siempre con ventajas por parte de aquellas. En Cataluña, teatro de la guerra mas cruda y sangrienta, no tienen esos infames revoltosos mas terreno que el que ocupan sus fortalezas, y el que pisan sus barbaras legiones, que llevan el terror, el saqueo y la muerte por los infelices pueblos por donde pasan. Nuestras divisiones del Ampurdán llegan hasta las murallas de Figueras y Gerona: las de la marina y Vallés ocupan la cordillera de montañas que corren del oriente, por el norte, al poniente de Barcelona: los anarquistas de Tarragona vén á los defensores de la Religion y del Rey tocar las paredes de sus muros: la guarnicion de Cardona vá á ser victima del hambre en poco tiempo sino rinde sus armas rebeldes á las banderas de la fidelidad: la ciudad de Balaguer sirve de una barrera impenetrable, que no podrán traspasar los republicanos de Lerida.

Si entramos en el examen de las acciones de guerra, que merecen el nombre de tales, no se pueden oir sin asombro las victorias de las armas realistas. El sitio del Convento de S. Ramon formará epoca en las historias. 300 soldados del Rey, escasos, que se encerraron en un edificio, facil por mil entradas que tiene, de penetrarse, y no dificil de ser derribado, resistieron los ataques de 2500 anarquistas, que por espacio de 8 dias no cogieron otro frutó que el saqueo y el robo de cuantos efectos de aquellos infelices y pacificos religiosos encontraron en las casas de los arrabales de la Manresana, y por fin se retiraron con pérdida de 600 hombres, una multitud de heridos y dos piezas desmontadas. El Brigadier D. Antonio Coll derrotó completamente al republicano Milans, que antes de entrar en accion era llamado el Cid de Cataluña, y dos horas despues se vió precisado á encerrarse vergonzosamente en el castillo de Hostalrich, sin equipage, sin caballos, sin municiones, sin armas, sin cañones, con solos 20 soldados. El comandante Romagosa en el Priorato solo dejó escapar una corta porcion de milicianos para que al llegar á Reus dijesen en alta voz: Ya no existe la brillante division que visteis salir de esta Villa : nosotros somos los unicos que hemos escapado..... que hemos escapado por nuestra cobardia. El comandante Saperas se ha mantenido siempre fijo en las inmediaciones de San Feliu de Codinas, rodeado de divisiones y de fortalezas enemigas, y en 6 acciones generales que ha dado ha causado al enemigo la pérdida de mas de 600 hombres. Los comandantes Badals, Miralles, Costa, todos los de Cataluña, todos los de todas las provincias de España... sería nunca acabar si quisieramos referir sus hazañas memorables.

¿Que diremos de la famosa y singular batalla de Benavarre, cuyo pueblo fue testigo de que el Baron de Eroles no hizo mas que llegar, ver y vencer? Ya no existe aquel tigre feroz, aquel impio Tahuenca que con sus atrocidades inauditas llenó de horror, y sembró el estrago, y el asesinato por toda la Navarra y por los desgraciados pueblos del alto Aragon. Los miserables restos de su division, esos 400 fugitivos, podrán asegurar (si capaces son de confesar la verdad) que mas de mil de sus compañeros quedaron en el campo de la batalla. ¡O heroe de Cataluña! con razon se celebró por todo el Principado con las mas vivas demostraciones de placer y de contento tu primera accion y tu primera victoria: tu mereciste la corona de laurel sembrada de flores, con que ciñó tus sienes la Regencia del Reyno por mano del Esmo. Sr. Arzobispo preconizado de Tarragona: justos fueron los aplausos y aclamaciones de un gentío inmenso que te condujo en triunfo dentro los muros de esta ciudad en el memorable 22 de setiembre. Tu modestia reusaba recibir el premio debido á tu valor; pero la fidelidad y entusiasmo de un pueblo que te adora te obligó á aceptar las pruebas del aprecio que le mereces.

Entretanto el gobierno anárquico y destructor, que obliga con el puñal al Rey cautivo á firmar lo que su voluntad reúsa, no cesa de inventar medios infernales para contener la rapida carrera del verdadero pueblo español, que á pasos agigantados se dirige á la cumbre de la felicidad. Cataluña, este Principado fiel, que una vez que ha jurado á su legitimo Rey, sostendrá el primer juramento mientras la sangre corra por las venas de sus hijos, Cataluña es el objeto del odio mortal y ominoso de los opresores de la humanidad. Contra ella se han enviado desde el mes de mayo todos los regimientos de linea disponibles, que hubieran sin duda vencido y sujetado á otro pueblo, que no estuviese marcado con el sello de la fidelidad. Numerosos y completos batallones de milicias provinciales marchando vienen para plantar el arbol de la libertad en una provincia, que desde los primeros siglos de la Iglesia enarboló, para jamás derribarlo, el madero de la cruz. ¡Que! ¿sucumbirá Cataluña á la vista de un corto ejército de soldados engañados, cuyo valor (tan poco como tenian ) quedó anegado en las aguas del Cinca, del Segre y del Noguera? Cuando todo el Reyno amenaza á la faccion republicana, ¿sucumbirá Cataluña, que se levantó cuando precisamente confiaba solo en el valor de su brazo? ¿Sucumbirá Cataluña cuando vé yertos á sus plantas millares de cadaveres, que seis meses antes eran el terror de una Nacion que yacía sumida en el mas vergonzoso letargo? Asperas montañas de los bajos pirinéos, que en 21 de junio fuistes testigos de la intrepidez catalana, que os llenasteis de asombro al presenciar el asalto y la conquista de los fuertes de Urgel; no vereis ya jamás la bandera de la rebelion, que tremóle sobre la hasta de este castillo.

A pesar de todo no nos avergonzarémos de confesar que lo impios constitucionales aventajan en algo á los fieles realistas. Si, aventajan á estos en la audacia en los atropellamientos, en el robo y en la seduccion. Hemos dicho y lo repetirémos, sin temor de que se nos pruebe lo contrario, que el puñal y la mentira han sido y son las armas de estos tiranos fratricidas. El puñal y la mentira hicieron jurar al Rey una constitucion, que por fin le conduciria al cadalso: el puñal hizo aceptarla á la parte mas sana y numerosa del pueblo español; y la mentira hizo que la pidiese una porcion de incautos, seducidos con el lisongero idioma de libertad y igualdad: el puñal dió el poder á los diputados de cortes de representar una Nacion tanto mas virtuosa cuanto mas esclavizada; la mentira hizo creer á los sencillos españoles, que en la eleccion de sus procuradores habian ejercido el acto mas solemne de su decantada soberania: el puñal arrancó la firma de Fernando para sancionar tantos decretos de injusticia, depresores de los derechos de la Iglesia, que juraron conservar, y opresores de la virtud de que se jactaban zelosos amantes; la mentira hizo creer que solo la voluntad y deseos de hacer la felicidad o de la Nacion dirigia la pluma del Rey tan bueno en su corazon como forzado en sus acciones.

¿Quereislo ver con mas evidencia, fieles españoles? observad la conducta de los gefes politicos de esos despotas bajáes; seguid los pasos de los comandantes y oficiales del ejército destructor, de esos barbaros arraces: ya no hay Dios, no hay Rey, no hay ley: ni aun la misma constitucion existe para marcar las sendas de sus deberes. A aquellos les vereis dictar sanguinarios decretos de muerte, de saqueos de bienes, de incendios de casas, de ruina de familias enteras, firmados por su orgulloso capricho, en el ardiente volcán de su colera rabiosa; á estos les vereis empuñar la espada para atravesar el corazon de tantos eclesiasticos venerables, de ancianos decrépitos, de mugeres recatadas y de niños inocentes. Padres que habeis quedado sin apoyo, esposas desoladas, infantes huerfanos, levantad la voz hasta que os oigan los helados moradores de Laponia, pues los españoles que hemos sacudido el yugo del mas asombroso despotismo, estamos viendo con dolor vuestras desgracias, levantad la voz para que sepan las amarguras amarguisimas que traspasan vuestros corazones, y conozcan que la audacia y el puñal son las armas de los tiranos, que os han abismado en el insondable pielago de angustias y aflicciones.

La supercheria y el engaño son los compañeros favoritos del puñal. Con fabulas ridiculas, con absurdas patrañas, con falsedades infamantes, con mentiras manifiestas zurcen sus pestiferos y abominables escritos para seducir azaynadamente á los incautos, victimas de la ambición y tirania, y para engañar á las naciones estrangeras, que por otra parte es imposible puedan formarse una idea justa y cabal de tantas atrocidades inauditas. En esa multidad de periodicos alarmantes, en ese numero copioso de romances y comedias parástias que derraman por el suelo español, y con que inundan los pueblos de mas allá de los pirineos, del mediterraneo y del oceano, solo tiene lugar el dolo, la mentira y desverguenza. Segun ellos los ejércitos realistas mil veces han sido perseguidos, derrotados, esterminados, aniquilados: ¿quien pues les hace tan cruda guerra? ¿contra quien se dirigen esos pocos traidores voluntarios, y esos tantos infelices forzados, satelites todos del perfido despotismo? Segun ellos la Regencia del Reyno ha tenido que fugarse de Urgél, y buscar asilo en otro pais: ¿quien la ha visto interrumpir un solo instante sus continuas tareas? ¿que republicano ha tenido valor para adelantar un paso ácia el corazon de las montañas? Por ultimo esfuerzo apelan á la satira con la mas insolente desfachatez. ¡Almas viles! ¡seres despreciables! Las injurias, y los sarcasmos, y los insultos, y las calumnias que habeis vomitado contra los mas virtuosos prelados, contra los venerables ministros del santuario, contra lo mas honrado de la nobleza y contra la parte mas numerosa y sana del pueblo español, son el mayor elogio que puede formarse de los amantes de la Religion y del Rey, y vuestro eterno padron que os acompañará hasta el sepulcro.

Catalanes, Españoles, pueblos de Europa y de todo el mundo civilizado: abrid los ojos, y conoced de una vez los resortes de la perfidia y iniquidad que han apurado los verdugos de la humanidad. A los que trabajamos por la justa causa nos sobra el honor y la fidelidad para combatirlos con firmeza; pero á ellos no les faltan puñales, y engaños para sostener algun tiempo su causa descaeciente. Vuestro silencio seria vergonzoso, vuestra indolencia culpable, vuestra apatía criminal. Únanse de una vez los hombres de bien que pisan el globo de la tierra, para purgarlo en un momento de todos los infames monstruos de la doliente humanidad.

Urgel: En la imprenta del gobierno.

divendres, 3 de novembre de 2017

La Cataluña realista: Primer Manifiesto de la Regencia de Urgel (15 de agosto de 1822)

Seo de Urgel, Palacio Episcopal

Españoles: Desde el 9 de Marzo de 1820, vuestro Rey Fernando VII está cautivo, impedido de hacer el bien de vuestro pueblo y regirlo por las antiguas leyes, Constitución, fueros y costumbres de la Península, dictadas por Cortes sabias, libres e imparciales. Esta novedad es obra de algunos que, anteponiendo sus intereses al honor español, se han prestado a ser instrumento para trastornar el altar, los tronos, el orden y la paz de Europa entera. Para haberos hecho con tal mudanza el escándalo del orbe, no tienen otro derecho que la fuerza adquirida por medios criminales, con la que, no contentos con los daños que hasta ahora os han causado, os van conduciendo en letargos, a fines más espantosos. Las reales órdenes que se os comunican a nombre de Su Majestad, son sin su libertad ni consentimiento; su Real persona vive entre insultos y amarguras desde que, sublevada una parte de su ejército y amenazado de mayores males, se vio forzado a jurar una Constitución hecha durante su anterior cautiverio (contra el voto de la España), que despojaba a ésta de su antiguo sistema, y a los llamados a la sucesión del trono, de unos títulos de que S.M. no podía disponer, ni cabía en sus justos sentimientos sujetar esta preciosa parte de la Europa a la cadena de males que hoy arrastra, y del que al fin ha de ser la triste víctima, como lo fue su vecina Francia, por iguales pasos.

D. Bernardo Mozo de Rosales,
marqués de Mataflorida
Habéis experimentado el deseo de innovar en todo con fines siniestros: cotejad las ofertas con las obras y las hallaréis en contradicción; si aquéllos pudieron un momento alucinaros, éstas deben ya teneros desengañados: la religión de vuestros padres, que os ofreció conservar intacta, se halla despojada de sus templos, sus ministros vilipendiados, reducidos a mendicidad, privados de su autoridad y jurisdicción, y tolerados cuantos medios puede abrir la puerta a la desmoralización y al ateísmo; los pueblos en anarquía, sin posibilidad de fomento y sin esperanza de sacar fruto de su sudor e industria; vuestra ruina es cierta si para el remedio no armáis vuestro brazo, en lo que usaréis del derecho que con razón nadie podrá negaros. Sorprendidos del ataque que ha sufrido vuestro orden, paz, costumbres e intereses, mirad insensibles a vuestro Rey arrancado de su trono, a esa porción de novadores apoderados de vuestros caudales, ocupando los destinos públicos, haciendo arbitraria la administración de justicia para que sirva al complemento de sus fines, poblando las cárceles y los cadalsos de víctimas porque se propusieron impugnar esta violencia, cuyos autores, por más que declamen y aparenten, no tienen derecho para haberla causado, primero como tumultos, y después con los electos a virtud de sobornos y amenazas se han apropiado el nombre de Cortes, y suponen la representación nacional con la nulidad más notoria. Os halláis huérfanos, envueltos en partidos, sin libertad y sumergidos en un caos. Las contribuciones que se os exigen, superiores a vuestras fuerzas, no sirven para sostener las cargas del Estado; los préstamos que ya pesan sobre vosotros, han servido sólo para buscar socios y agentes de vuestra ruina; no estáis seguros en vuestras casas, y la paz ha sido arrancada de entre vosotros para despojaros de vuestros bienes.

Excmo. e Ilmo. Sr. D. Jaime Creus y Martí,
arzobispo de Tarragona
Entre los daños que ya habéis sufrido, es la pérdida de unidad de vuestro territorio: las Américas se han hecho independientes, y este mal desde el año 12 en Cádiz ha causado y causará desgracias de trascendentales resultas. Vuestro suelo, amagado de ser teatro de nuevas guerras, presenta aún las ruinas de las pasadas. Todo es consecuencia de haber sacudido el gobierno monárquico que mantuvo la paz de vuestros padres, y al que, como el mejor que han hallado los hombres, han vuelto los pueblos cansados de luchar con ilusiones; las empleadas hasta hoy para seducir son las mismas usadas siempre para tales movimientos, y sólo han producido la destrucción de los Estados.

Vuestras antiguas leyes son fruto de la sabiduría y de la experiencia de los siglos: en reclamar su observancia tenéis razón; las reformas que dicta el tiempo deben ser muy meditadas, y con esta conducta os serán concedidas; ellas curaban vuestros males, ellas proporcionaban vuestra riqueza y felicidad, y con ellas podéis gozar de la libertad que es posible en las sociedades, aun para expresar vuestros pensamientos. Si conjuraciones continuas contra la vida de S.M. desde el año 14, si satélites ocultos de la novedad desde entonces han impedido la ejecución de felices medidas, que el Rey había ofrecido y tenía meditadas, y si una fermentación sorda, enemiga de las antiguas Cortes españolas, todo lo traía en convulsión, esperando el momento en que se convocasen para hacer la explosión que se manifestó el año 20, a pesar de haber mandado S.M. se convocasen antes de que se le obligase a jurar esa Constitución de Cádiz que estableció la soberanía popular, ayudándonos hoy con vuestra fidelidad y energía para que juntas, libres y legítimamente congregadas, sean examinados vuestros deseos, y atendidas las medidas en que creáis descansar vuestra felicidad sobre todo ramo, en las que tendréis un seguro garante de vuestro reposo, según vuestra antigua Constitución, fueros y privilegios. Todo español debe concurrir a parar este torrente de males; la unión es necesaria; mejor es morir con honor, que sucumbir a un martirio que pronto os ha de llevar al mismo término, pero cubiertos de ignominia. La nación tiene aún en su seno militares fieles que, sin haber olvidado sus primeros juramentos, sabrán ayudarnos a poner en su trono al Rey, a restituir la paz a las familias y volverlas al camino que las enseñaron sus mayores, apagando tales novedades, que son quimeras de la ambición; en fin, una resolución firme nos sacará del oprobio; la Iglesia lo reclama, el estado del Rey lo pide, el honor nacional lo dicta, el interés de la patria os invoca a su defensa.

D. Joaquín Ibáñez Cuevas y de Valonga,
barón de Eroles
Conocida, pues, esta verdad por varios pueblos y particulares de todos estados de la península, nos han reiterado las súplicas para que, hasta hallarse el señor don Fernando VII en verdadera libertad, nos pongamos en su Real nombre al frente de las armas de los defensores de objetos tan caros, proporcionando al gobierno la marcha que pide la felicidad de la nación, poniendo término a los males de la anarquía en que se halla sumergida; y convencidos de la razón de su solicitud, deseando corresponder a los votos de los españoles, amantes de su altar, trono y patria, hemos aceptado este encargo, confiando para el acierto en los auxilios de la Divina Providencia, resueltos a emplear cuantos medios estén a nuestro alcance para salvar la nación que pide nuestro socorro en la crisis quizá más peligrosa que ha sufrido desde el primer momento de la fundación de su Monarquía: A su virtud, constituyéndonos en gobierno supremo de este reino, a nombre de S.M. el señor don Fernando VII (durante su cautiverio) y en el de su augusta dinastía (en su respectivo caso), al solo fin de preservar los legítimos derechos y los de la nación española, proporcionándole su seguridad y el bienestar de que carece, removiendo cuantos pretextos han servido a seducirla, mandamos:

1º. Se haga saber a todos los habitantes de España la instalación del presente gobierno para el cumplimiento de las órdenes que de él dimanen, persuadidos de que por su desobediencia serán tenidos por enemigos de su legítimo Rey y de su Patria. A su virtud, las cosas serán restituidas por ahora, bajo la puntual observancia de las órdenes militares y leyes que regían hasta dicho día 9 de Marzo de 1820.

2º. Se declara que desde este día, en que por la fuerza y amenazas fue obligado el señor don Fernando VII a jurar la Constitución que en su ausencia y sin su consentimiento se había hecho en Cádiz en el año 1812, se halla S.M. en un riguroso cautiverio. Por lo mismo, las órdenes comunicadas en su Real nombre serán tenidas por de ningún valor ni efecto, y no se cumplirán hasta que S.M., restituido a verdadera libertad, pueda ratificarlas o expedirlas de nuevo.

3º. Los que han atentado contra la libertad de S.M. y los que continúen manteniéndole en el mismo cautiverio públicamente por la fuerza o con auxilio cooperativo, serán juzgados con arreglo a las leyes, y sufrirán las penas que las mismas imponen a tan atroz delito.

4º. Se declara que las Cortes que en Cádiz dictaron la Constitución, no tuvieron la representación nacional, ni libertad algunos de los congregados en ellas para expresas y mantener sus sentimientos. Que las Cortes sucesivas, compuestas en gran parte de individuos electos por sobornos y amenazas, y marcada la fórmula de sus poderes en un estado de violencia y anarquía, tampoco han podido representar la nación ni acordar sólidamente providencia alguna que pueda obligar a los habitantes de esta Península y sus Américas.

5º. Persuadidos de la fidelidad de gran parte del ejército que servía bajo las banderas de la Religión, del Rey y de la Patria, dicho día 9 de Marzo; que unos han tenido que sucumbir a la fuerza, otros han creído hasta ahora inútil manifestar sus sentimientos, otros no fueron instruidos de la violencia con que S.M. sucumbió a prestar dicho juramento, ni de la falta de libertad y consentimiento en las órdenes comunicadas en su Real nombre; y convencidos de que éstos, para que no se aumenten los males, desean evitar la ocasión (precisa en otro caso) de que las tropas extranjeras pisen la Península, en las que había de echar de menos la benignidad que pueden hallar hoy en S.M. restituido a su trono; invitamos a todos los militares amantes y fieles a los referidos objetos que forman su deber, que se reúnan a estas banderas, las cuales gobernaremos durante el cautiverio de S.M. A su virtud, a todos los soldados que se nos presenten les serán abonados dos años de servicio, un real de plus; se les darán dos duros a los que se presenten con armamento y una onza de oro a los de caballería que se presenten con caballo. A los sargentos y cabos, a más de gratificarlos, se les tendrá presentes para los inmediatos. Y como gran parte del cuerpo de oficiales desea dar testimonio de su verdadera fidelidad sin alternar con criminales, examinada que sea su conducta y colocados en el lugar que a cada uno corresponda, según su mérito y graduación, se les concederá el ascenso al empleo inmediato, y aún mayores gracias si vienen a nuestras banderas con alguna tropa. Se advierte que estas ventajas sólo se concederán a los que se presenten dentro de dos meses.

6º. Para impedir que la distancia a que se hallen algunos militares de los que trata el artículo anterior, de las banderas de S.M. que están a nuestro cargo no les sirva de obstáculo para ser partícipes de las gracias contenidas en el mismo, declaramos que, para gozar de ellas, bastará en la Corte y en cualquier otro sitio donde se encuentren al llegar a su noticia esta resolución, se declaren manifiestamente en defensa de la augusta persona de S.M. y de sus derechos, poniéndose en correspondencia directa con este gobierno supremo o con los comandantes sujetos a nuestras órdenes en los puntos más inmediatos, entendidos de que cualquier servicio con que se distingan en favor de la Real persona será recompensado con la mayor amplitud.

7º. Los fueros y privilegios que algunos pueblos mantenían a la época de esta novedad, confirmados por S.M., serán restituidos a su entera observancia; la que se tendrá presente en las primeras Cortes legítimamente congregadas.

8º. Las contribuciones serán reducidas al mínimo posible, recaudadas por el menor número de empleados y con la mayor prudencia y moderación; lo que rectificará al oír la voz libre de la nación, según su Constitución antigua.

9º. Para lograr que el acierto y la voz sensata de la nación sea la que guíe nuestros pasos, serán convocados, con arreglo a antiguos fueros y costumbres de la Península, representantes de los pueblos y provincias que nos propongan los auxilios que deban ser exigidos, los medios de conseguirlos con igualdad, sin ruina de los vecinos; los males que se sientan afligidos y crean haber padecido en las revoluciones que desgraciadamente se han experimentado, para que a nombre de S.M., y durante su cautiverio, podamos proporcionarles con medidas que les asegure en lo sucesivo su bien y su tranquilidad.

10º. Considerando el mérito que contrae esta Provincia en ser la primera que con heroico esfuerzo repite a su Rey los más vivos sentimientos de su antigua fidelidad, y que gran parte de su subsistencia depende de su industria y comercio, la proporcionaremos, y a sus vecinos en particular, cuantas gracias y privilegios estén a nuestro alcance para su fomento, las que se harán extensivas a otras, según se las hallare acreedoras por igual energía, exceptuando sólo los pueblos que se manifiesten desobedientes a este gobierno.

11º. Deseando este gobierno supremo dar un testimonio a la Europa entera de ser el único deseo que le anima restablecer la paz y el orden, apagando ideas subversivas contra la Religión y los tronos, encargamos a todas las autoridades sujetas a nuestra jurisdicción celen, con la mayor actividad, que en toda la extensión de ella no abrigue ningún sujeto, sea de la clase y jerarquía que fuese, que en público o en secreto, directa o indirectamente, haya intentado o intente trastornar cualquiera de los tronos de la Europa y sus gobiernos legítimos; que si algún reo de esta clase fuese aprehendido, se le asegure a disposición de este gobierno supremo para ulteriores providencias.

12º. Siendo harto notorio el escándalo con que se insulta la respetable persona de S.M. y la repetición de conatos contra su apreciable vida que es el más seguro garante de la felicidad de España, se declara que, de repetirse iguales excesos, a pesar del encargo de este gobierno, que expresa la voluntad de la nación, no omitiremos medida hasta que se realice en sus autores un castigo que sirva de escarmiento a las sucesivas generaciones; por el contrario, serán concedidos premios a los que contribuyan a su defensa.—Dado en Urgel, a 15 de Agosto de 1822.—E1 marqués de Mataflorida.—El arzobispo preconizado de Tarragona.—El barón de Eroles.


FUENTE: Melchor FERRER, Domingo TEJERA y José F. ACEDO: Historia del Tradicionalismo Español, tomo II, pp. 244-247.