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dimecres, 24 d’octubre de 2018

Manifiesto de Rafael Tristany a los catalanes (1873)

Tal día como hoy, 24 de octubre, en 1873, el general carlista Rafael Tristany firmaba en su cuartel general de Igualada un manifiesto españolista dirigido a los catalanes con la intención de atraerlos a la Causa de la Tradición y la Legitimidad, que controlaba en esas fechas buena parte de Cataluña, alzada en armas contra el gobierno revolucionario. La proclama fue publicada en EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO, periódico carlista de Cataluña que dirigía Juan Vidal de Llobatera. Debido a su gran interés, nos hemos tomado la molestia de transcribirlo para nuestros lectores y lo reproducimos a continuación.

Rafael Tristany (Ardévol, 1814 - Lourdes, 1899)

NOBLES Y LEALES HABITANTES DE CATALUÑA:

Al dirigirme en esta ocasion à vosotros, con motivo del mando interino del Ejército de este Principado que S. A. R. se ha dignado confiarme, durante su ausencia, no pretendo en manera alguna cohibir en lo mas mínímo vuestros naturales derechos ni vuestras justas aspiraciones, en cuanto sepais conduciros como buenos y honrados ciudadanos españoles, ni mucho menos intento imponeros mi voluntad, como os imponen la suya los populacheros filosofastros quebrantando sus propios principios, despues de haberlos infinitas veces preconizado y exaltado en la prensa y en la tribuna, en el club y en las plazas, para ahora burlarse sarcàsticamente de sus crédulos admiradores, hollando con cinismo las doctrinas y las leyes que cuando necesitaban de vosotros propalaron y os prometieron. Quiero tan solo preveniros contra las asechanzas de esos demócratas aduladores que han sacrificado siempre y sacrifican cada día mas sus utópicas teorías à su bienestar y comodidades particulares, mofándose à todas horas y en todos sus actos del sencillo pueblo, siempre dócil à sus mentidas y falaces promesas, que nunca han cumplido, ni jamas podràn cumplir.

Tiempo habeis tenido de sobra para comparar nuestra heróica, noble y leal conducta con la observada por las hordas del liberalismo, con el proceder de los obcecados por esa aberracion del entendimiento inspirada por el demonio del orgullo que fué su progenitor. Si los que profesais ideas distintas à las nuestras, no estais ciegos y no quereis à la pasion y al egoismo políticos sacrificar la verdad y el sentido comun, decid con la franqueza que os es característica; ¿merece nuestro intachable comportamiento los intencionados epítetos ni las malvadas calumnias que en mil reuniones y papeluchos os han hecho oir y leer para concitaros contra la Monarquía tradicional, la antipatía y el ódio? ¿Es semejante conducta tan siquiera propia de personas que estimen en algo su dignidad y reputacion?

Los principios que con orgullosa constancia defendemos, jamàs han sido pisoteados por nuestras invictas huestes, como lo han sido uno por uno todos los hipócritamente inventados, sostenidos y proclamados por la revolucion. Dejariamos de ser católicos-realistas si llegàsemos por un momento à imitar à nuestros enemigos: harto lo sabeis y lo saben también los corifeos del liberalismo.

Nuestra gran comunion nacional, eterno símbolo y personificacion perpétua del leal y verdadero pueblo español, es la única, que representa las venerandas tradiciones, las imperecederas glorias, el caràcter y el sentimiento que hicieron inmortal à nuestra queridísima España. Observad, si no, y meditad sobre los viles, infames y rastreros medios que buscan infatigables y emplean los revolucionarios todos para destruir una idea que vivirà en España, mientras el Catolicismo y la Monarquía existan en el mundo y corra sangre en nuestras venas.

Si el verdadero pueblo español no se sintetizara en los defensores de las instituciones, cuyo conjunto vulgar y malamente se califica de partido, no se cubrirían ciertos bandos como se cubren con el manto de la hipocresia, titulándose realistas y católicos por grados y segun la verguenza que ruboriza sus megillas, ó mejor dicho, segun su talento, astucia ó malicia para engañar al pueblo, logrando a mansalva sus mas depravados intentos y cometiendo impunemente los mas horrendos crímenes. Esos hombres perniciosos y funestos, cien veces traidores y cien veces perjuros, son los que desde 1812 estàn consumando el triple parricidio de lesa-Religion, lesa-Patria y lesa-Majestad, invocando unas veces el ausilio del pueblo, otras el amparo de la corona y otras el socorro de la tiara, segun sus necesidades de momento, para despues de haber hecho su negocio, reirse de España, del Rey y de la Santa Sede. Esos son los villanos, eternos enemigos de nuestra patria, que, llamàndose liberales, quieren pasar por españoles, sin serlo, y por católico-monàrquicos, siendo así que no tienen ni fé, ni patriotismo, ni conciencia. Recuerda, pueblo catalan, recuerda que lo que no pudo alcanzar en España toda la ambicion y las bayonetas todas de Napoleon I, lo realizaron la hipocresía, la traicion, y la perfidia de esos miserables que, vendiéndose al extrangero, profanaron sacrílegos tu puro suelo, rasgando tus leyes, ridiculizando tus tradiciones y humillando tu grandeza para traerte una constitucion impia y estúpida tras de un extrangero rey beodo; en pos de este una reina niña, à quien despues han vendido, insultado ó abandonado y luego otro rey extrangero é imbécil, á quien han ridiculizado, y por último una tirànica y despótica dictadura que con el disfraz de república quieren les sirva de eslabon para coronar à un niño sin fuerzas, talento ni principios, que acepte y sancione las leyes extrangeras que hasta hoy han prodigado, a ellos comodidades y bienestar material, y à ti llanto, luto, miseria, deshonra y ruinas. Esos son los hombres que, invocando siempre la santa palabra libertad para seducirte, viven con tu trabajo, quitan el pan à tus mugeres y à tus hijos y han derramado mil veces inútil y bàrbaramente tu sangre, cada vez que les exigiste lo que te prometieron. Esos son los hombres, en fin, que estan también hoy al lado de tu tirano Castelar, que le aconsejan y te señalan con el dedo como su víctima espiatoria, llamàndote en su ayuda y en contra nuestra, ó mejor, en contra, de tus intereses, para comerciar una vez mas con tu sangre y engordarse, como las morenas de los antiguos estanques romanos, con los restos del esclavo pueblo español. Pero, ¡vive Dios! que haremos con los que à tanto se atreven un terrible y ejemplar escarmiento.

Se me han agolpado estas consideraciones al contemplar la indiferencia y menosprecio con que se miran las mas altas y sagradas cuestiones políticas y sociales, consintiendo impasible el pueblo español que al frente de esta mal llamada república figure y conduzca el timon del Estado el hombre mas insignificante, mas perturbador, populachero é inconsecuente, que pisa sus mismos principios y rompe sus mismas leves, sin dar razon de su mudanza ni de su conducta; el hombre que, estudiando y diciendo algunas frases de electo, aspiraba desde la oposicion al aplauso de las mugeres y de los hombres vulgares, introduciendo en las entrañas de la sociedad el veneno que él ahora no quiere probar; el demócrata que escribía sus discursos en gabinete aristocràtico y los pronunciaba con el guante blanco en una mano y el pañuelo de fina batista en la otra; el célebre Castelar, que sería por si solo capaz de desacreditar la forma republicana, si de descrédito fuese susceptible esa planta exótica en nuestra monàrquica Nacion.

CATALANES:

Nadie como el actual Dictador supo pintar las làgrimas de la madre, las angustias del padre, la aflixion de las hermanas, la desesperacion de las prometidas esposas, el quebranto de las familias, el abandono de los campos, la paralizacion de la industria, la muerte del comercio, el detrimento de las ciencias, cuando el jóven desventurado, víctima del azar, se despedía, tal vez para siempre, de sus mas predilectos objetos y de sus prendas mas queridas para ir à tejer la indigna corona de un déspota y desapiadado tirano: y sin embargo, ningun poder exigió de España una leva de OCHENTA MIL HOMBRES. Nadie como Castelar ha lamentado la inmoralidad de los cuarteles, la dura esclavitud del soldado, menos llevadera que la que sufren los negros en América; la pena de muerte; la mordaza de la imprenta etc. etc., y no obstante, el improvisado autócrata hace arrancar de sus casas y arrebatar á sus familias los mozos violentamente, hace fusilar traidora, vil y cobardemente à soldados españoles por haber puesto en práctica las teorías que él les enseñó y tanto les aconsejó; encadena, la prensa española de Una manera á que ningun gobierno de los que él llamaba reaccionarios se habia atrevido, y esto lo hace después de haberse encumbrado por medio de la imprenta à la fortuna y à la posicion que ocupa.

¿Y qué diremos de los medios à que el actual presidente de la república apela para recoger los mozos hasta completar los OCHENTA MIL HOMBRES que se propuso? Harto lo sabeis; no pudiendo llevarse otros, echa mano de los mozos inútiles, de los hijos de viudas pobres y padres sexagenarios, y si aquellós se ocultan para no servir á un gobierno que tantas veces habia proclamado la abolicion de las quintas, se venga inhumanamente de sus familias, reduciendo á prision á sus individuos ó embargándoles bienes por la exorbitante suma de MIL DUROS. No tiene bastante con esto todavía; trata ya de llamar á las armas otra reserva hasta formar un ejército de CIENTO CINCUENTA MIL HOMBRES y de armar forzadamente ademàs á todos los ciudadanos de DIEZ Y OCHO À CINCUENTA años. Esta es la libertad que tanto predicaba Castelar; ese es el ejército de voluntarios con que contaban los republicanos para sostener y defender el prestigio y la popularidad de un desdichado sistema, y con el cual, ¡Cobardes! pretendian insensatos acabar en tres dias con el ejército realista, que muy en breve dará al traste con todos los republicanos habidos y por haber.

Aun cuando el liberalismo no estuviera condenado à muerte y no luchara ya con los últimos estertores de su infernal agonía, el ejército que trata de organizar el llamado gobierno de la república, compuesto de soldados forzados de una parte y por otra de militares indignos y sin honor y hordas de barateros y asesinos, espuma de la sociedad; sería la mas evidente señal no ya de decadencia, sino de descomposicion de todas esas ridículas paródias de gobierno que llevan siempre consigo la mas monstruosa anarquia.

Levántase por otra parte la nueva sociedad española, que, llena de vida, se presenta imponente, siendo ya del todo imposible contrarestar el empuje de sus bravos soldados voluntarios que en número de mas de SETENTA MIL van al combate y á la victoria, guiados tan solo por su abnegacion y patriotismo sin igual, henchidos por el noble sentimiento de salvar á su patria del cataclismo que la amenaza. ¡Solo la gran comunion verdaderamente española era capaz de emprender tamaña empresa! Y, no lo dudeis, catalanes, Dios salvarà la España y pronto se veran coronados de gloria, nuestros heroicos esfuerzos.

Hoy los campos estan ya deslindados; por un lado los realistas que con desinterés y virtud defienden los sacrosantos principios simbolizados en la inmaculada bandera de DIOS, PATRIA Y REY; por otro los hijos espúreos de esta desventurada Nacion, que en su breve tiempo de existencia han roto y pisoteado todos los principios que constituían su credo político, destrozándose siempre entre sí para devorar los restos del exausto Erario. Elegid, pues, porque entre las dos soluciones no hay término medio. O las armonías de la benéfica Monarquia católica, ó los horrores del socialismo y la internacional.

Ha llegado para España la hora suprema en que todos los ciudadanos deben ser soldados; yo no quiero ni puedo atraerlos con violencia, pero tampoco consentiré que en las provincias de mi mando sean sacados de sus casas por la fuerza enemiga los que no tengan voluntad de alistarse en ella. Todos los que sintais el ardor de la fé, de la abnegacion y de la constancia y no querais ir à engrosar el bando de los enemigos de nuestra patria, venid à mi, que os protegeré y conduciré à un triunfo cercano, seguro y definitivo. Antes que someteros à la dura coyunda de un gobierno anti-español, sed voluntarios realistas, que, despues de la recompensa que como à soldados se os haya dado, sentireis la satisfaccion que embarga al hombre bueno, mereciendo bien de DIOS de la PATRIA y del REY. ¡A las armas! Catalanes, si no queréis ser tratados como esclavos.

¡A las armas! Catalanes, si no quereis ser tratados como esclavos. ¡A las armas! todos los que sintais inflamado vuestro pecho con la santa llama de puro españolismo. ¡A las armas! si no deseais seguir siendo viles instrumentos de cuatro farsantes y especuladores cuyo comercio es vuestra sangre!

Ya veis lo que puede esperarse y à donde puede conduciros el malhadado gobierno de la república, compuesto de sempiternos perturbadores, conspiradores, traidores y perjuros.

Y vosotros, republicanos de buena fé, (si es que hay alguno) mirad qué es lo que se ha hecho de la tan cacareada FEDERAL, de aquellos derechos naturales, ilegislables, inalienables, inprescriptibles, anteriores y posteriores, inherentes, inmanentes y permanentes y demàs gerga Salmeroniana con que os calentaban la cabeza, seducían vuestro corazon y esplotaban vuestra ignorancia, y como se protan aquellos republicanos de antaño que querían ahogar en libertad al pueblo español. Acordaos de sus promesas, ved lo que os han dado y adonde llegaron las cosas; decidíos..... Al vado ó à la puente; ó la Monarquía paternal de D. Càrlos VII, ó la tiranía de la Dictadura; ó la verdadera libertad, ó el servilismo de la esclavitud.

CATALANES:

¡Viva la Religion!

¡Viva la España Monàrquico-tradicional!

¡Viva Carlos VII, Rey de España!

¡Vivan los Fueros y Franquicias de Cataluña!

¡Muerte al liberalismo en todas sus formas!

Cuartel General de Igualada 24 octubre de 1873.

Vuestro General en Gefe interino,

       Rafael Tristany.


EL ESTANDARTE CATÓLICO-MONÁRQUICO (1 diciembre 1873)

dimarts, 21 de novembre de 2017

Joaquín Freixa y Fuster, primer marqués de la Palma

D. Joaquín Freixa y Fuster era hijo del general carlista del que hablamos en nuestra entrada anterior, D. Cayetano Freixa y Puig.

Lucía ya las insignias del grado de Capitán de la benemérita Guardia Civil cuando con su señor padre ingresó el año 1873 en el Ejército carlista de Cataluña, en el que llegó a ser Teniente Coronel.

Figurando en el Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este se distinguió por su pericia y arrojo en numerosos combates del Principado y del Centro. No es, pues, extraño que los Infantes, que tan de cerca pudieron apreciar las excelentes cualidades de que se hallaba adornado D. Joaquín Freixa, le considerasen y distinguieran siempre de un modo muy especial, así como Don Carlos, cuyo augusto señor quiso premiar los eminentes servicios prestados a la Causa Católico-Monárquica por el hijo y a la vez recompensar los méritos contraídos por el padre, y la lealtad y el sacrificio de ambos, concediendo al primero el título de Marqués de la Palma, en recuerdo del lugar en que el Coronel don Cayetano de Freixa proclamó a Don Carlos al frente de su Tercio de la Guardia Civil.

D. Joaquín de Freixa falleció cristianamente en Barcelona en diciembre de 1904; su entierro, presidido por su hijo D. Joaquín, fué una expléndida manifestación de duelo en la que figuraron la Junta Regional carlista de Cataluña, nutridas representaciones de varios Círculos y periódicos tradicionalistas y centenares de carlistas. *

La Palma de Cervelló, lugar en el que el coronel Cayetano de Freixa
proclamó a Don Carlos al frente de su Tercio de la Guardia Civil,
que da origen al título de Marqués de la Palma.

* Tomado de Argatan, barón de (1912): Príncipe heroico y soldados leales, pp. 194-195; y Roma, Juan María (1935): Álbum histórico del Carlismo, pp. 193-194

diumenge, 19 de novembre de 2017

El general Cayetano Freixa y Puig

En honor de un fiel seguidor de este cuaderno de bitácora que firma como Recared Bergistà, nos hemos propuesto transcribir en esta ocasión la biografía de uno de sus antepasados directos, nada menos que el general don Cayetano Freixa y Puig. El texto reproducido puede hallarse en el segundo tomo del Álbum de personajes carlistas, obra del abnegado propagandista de la Santa Causa —y compañero de armas de Freixa— don Francisco de Paula Oller (a quien Dios mediante hemos de dedicar también una entrada).

El ilustre bergadán que recordamos hoy, a pesar de haber combatido en su juventud al ejército legitimista durante la primera guerra carlista (probablemente engañado por las falacias del bando cristino, que decía defender la religión y el orden) y haber sido después oficial de la Guardia Civil nada más crearse este cuerpo militar en 1844, tras comprobar los desmanes de la Revolución durante el llamado «Sexenio Democrático», optó valientemente por poner su espada al servicio de Don Carlos VII, sacrificando con ello una prestigiosa carrera al servicio del gobierno para comandar las huestes de la Tradición española en la tercera carlistada.

Lamentablemente hoy, tal como nos informa Recared Bergistà, la gran mayoría de los habitantes de Berga desconocen absolutamente la historia de su heroico compatricio. Es preciso recordar que hasta la pasada centuria este pueblo —al igual que Vic y Olot— fue bastión carlista, aunque hoy dominen en él los elementos de izquierda radical y separatistas. Intuimos que este desconocimiento no es fortuito, sino que obedece a un plan de supresión de la historia de la Comarca Leal, a la que después de haberle sido arrebatada su identidad católica e hispánica, se le quiere arrebatar también una memoria histórica que «no interesa». Sirva esta entrada a modo de granito de arena contra tamaña iniquidad, y reciba nuestro simpático seguidor de tan ilustre prosapia nuestro más afectuoso saludo, que hacemos extensivo a su familia y a todos nuestros lectores.



DON CAYETANO FREIXA

Cayetano Freixa y Puig
(Berga, 1812 - Barcelona, 1897)

El señor Freixa nació en la villa de Berga, provincia de Barcelona, el día 12 de Diciembre de 1812. A primeros de 1834 se formó la Milicia Nacional Urbana de la que fué nombrado Sub-teniente, saliendo con parte de la misma en clase de movilizado á las órdenes del Coronel don Antonio Oliver. En 1835 operando en la misma provincia se encontró en las acciones de San Jaime de Frontañá, Castellar de Nuch, San Mauricio de la Cuart: en Mayo del referido año, pasó á la Compañía corregimental de Manresa y en Julio de 1836, previo examen, fué nombrado Sub-teniente del Regimiento de Infantería de Cazadores del Rey 1.º Ligero, que se hallaba de operaciones en la provincia de Lérida.

En la guerra de los siete años luchó en las filas de Isabel II, obteniendo poco antes de terminarse, el empleo de Capitán.

Del 1841 al 1843 se encontró de guarnición con su Regimiento en varios puntos del Principado de Cataluña y Aragón, habiendo obtenido por gracia general el grado de Comandante de Infantería.

En Octubre de 1844 fué nombrado segundo Capitán del 6.º Tercio de la Guardia Civil en su creación y destinado á la provincia de Teruel, en donde continuó hasta fin del año 1845. A mediados del año 1846 fué nombrado Jefe Instructor del Depósito de Contingentes, y disuelto éste, continuó prestando el servicio ordinario del Instituto hasta fin del año 1849 que pasó a Cataluña á prestar el servicio en el 3.er Tercio, y en 1851, á Valladolid á mandar la fuerza de la Capital como Comandante de aquella provincia del 8.º Tercio.

En 1853, por antigüedad fué ascendido á primer Capitán con categoría de Comandante de Infantería siendo destinado á prestar el servicio del Instituto al 2.º Tercio en Barcelona.

En el año 1856 se le dió el Grado de Coronel de Infantería: en 1858 ascendió á primer Comandante de Infantería por antigüedad y en Junio de 1863 á Teniente Coronel efectivo de la Guardia Civil destinado al 8.º Tercio de Granada. El 1869 ascendió á Coronel de la Guardia Civil, y desde esta fecha hasta Julio de 1873, fué destinado á mandar los Tercios de Granada, Valencia, Madrid y Barcelona.

Está condecorado con la Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; con las del Mérito Militar de 2.ª clase roja y blanca; con las de Caballero y Comendador de la Real y Militar Orden Española de Carlos III; con las de Caballero y Comendador de la Orden de Isabel la Católica, etc., etc.

El 22 de Julio del año 1873 salió de Barcelona á la una de la madrugada el Coronel don Cayetano Freixa con la fuerza de doscientos cincuenta infantes y cincuenta caballos, dirigiéndose á San Baudilio del Llobregat y desde allí a San Vicente dels Horts, atravesando la carretera de Valencia entre Vallirana y Molins de Rey en dirección á la Palma, donde llegaron á las cinco de la mañana, y después de un rato de descanso el Coronel mandó formar la fuerza en la plaza y les informó del motivo de la salida y objeto de la misma, que era el de unirse con el Sermo. Sr. Infante Don Alfonso de Borbón. La fuerza manifestó estar conforme, y llamados aparte los jefes y oficiales, asintieron también á la proposición de su superior. Emprendieron todos la marcha en dirección á Corbera dando una hora de descanso á la fuerza, y en aquel punto se presentó al Coronel Freixa un Capitán de su fuerza, dándole parte de que en el trecho que media entre el pueblo de la Palma y el de Corbera se le había desertado el sargento 1.º del Escuadron con un Guardia, pidiendo él y la mayor parte de los Oficiales el pase que anteriormente les había ofrecido y no admitieron. Atendida la especial situación topográfica de Corbera se dirigió á unas casas de campo distantes una hora escasa de la población, desertando en tanto en pequeños grupos casi todos los individuos de la fuerza, lo cual visto por el hijo del Coronel, mandó tocar llamada, y reunidos les afeó su comportamiento, recordándoles que por la mañana se podían haber marchado libremente con un pase del Jefe. Al anochecer emprendió el Sr. Freixa la marcha con unos treinta infantes y diez caballos, única fuerza que le quedaba de la que sacó de Barcelona, en dirección á Gelida, donde pensaba pernoctar, pero por un confidente supo que en dicha población estaba alojada una columna liberal, por cuyo motivo resolvió dirigirse á San Lorenzo de Hortons, atravesando la línea férrea entre San Sadurní y Noya. Al amanecer, rendidos de featiga llegaron al citado pueblo de San Lorenzo y después de quitar las bridas á los caballos se le presentaron dos oficiales á notificarle que acababa de llegar una columna republicana, lo que le obligó á salir precipitadamente de la población.

Por fin, el 29 de Julio tuvo el honor de presentarse en Centellas á SS. AA. RR., los cuales le prodigaron inequívocas muestras de afectuosa simpatía y cariño, así como también á los demás oficiales que le acompañaban, y le invitaron á almorzar, ordenándole que siguiera la marcha unido á su cuartel General con los cinco oficiales aludidos.

S. A. R. con la fuerza que tenía allí reunida se dirigió por Castelltersol á atacar el pueblo de Caldas de Montbuy, a cuyo hecho de armas se dió principio á la una de la madrugada del 30 de Julio de 1873, y continuó el día siguiente la acción contra las fuerzas enemigas republicanas que acudían en auxilio de aquella población, en cuyos hechos de armas tomó ya parte el Coronel Freixa.

El 31 de Julio de 1873 fué agraciado con el empleo de Brigadier.

El 14 de Agosto de 1873 tomó parte en el fuego de Balsareny contra una columna enemiga.

El 16 de Agosto de 1873 se halló en la acción de Caserras contra respetables fuerzas liberales.

El 23 de Agosto de 1873 tomó parte en el ataque y toma de Tortellá.

El 24 del mismo se encontró en el fuego de Argelaguer, acciones todas mandadas por S. A. R. Don Alfonso de Borbón, General en Jefe del Ejército Real de Cataluña.

El 12 de Setiembre de 1873 fué nombrado el Brigadier don Cayetano Freixa Inspector General del arma de Infantería del Principado catalán, Valencia y Murcia

En el mes de Octubre del año 1873 asuntos delicadísimos exigieron que SS. AA. RR. determinasen con aprobación de Don Carlos pasar al Norte á hacerle presente el estado de los asuntos carlistas en Cataluña, y para acompañarlos tuvo el honor de ser nombrado el Brigadier Freixa. En Estella fueron recibidos con los honores que su elevada jerarquía requería, permaneciendo en dicho punto los días 7, 8 y 9 de Noviembre del 73 con S. M., asistiendo todos á la batalla de Montejurra. Pocos días después pasó con SS. AA. RR. á Francia, hasta que en Abril del 74 penetró otra vez en Cataluña por la parte de Puigcerdá.

El 12 de Abril de 1874 el Brigadier don Cayetano Freixa recibió el despacho de Mariscal de Campo del Ejército carlista.

En el pueblo de Ribas, provincia de Gerona, se unió dicho General á SS. AA. RR. y el 21 de Abril del 74 fué nombrado Jefe de la División de Operaciones que seguiría siempre á su Cuartel General.

Habiendo acompañado á los Infantes en su expedición al Centro, en 15 de Junio en Alzaneta por encontrarse herido el General Jefe de E. M. G. del Ejército Real del Centro y Cataluña don Francisco Moya, fué nombrado interinamente General en Jefe del mismo el Sr. Freixa.

El 4 de Julio del 74 se halló en el ataque de la ciudad de Teruel, y en los días 13, 14 y 15 de Julio en el ataque y toma de la ciudad de Cuenca.

Su estado delicado de salud no le permitió continuar en operaciones, y al efecto S. A. R. el Infante á primeros de Setiembre le libró un pase para trasladarse á Francia con objeto de restablecerse.

A primeros de Febrero del 75 se presentó, restablecida ya su salud, en Vergara á Don Carlos.

Por Real Decreto del mes de Mayo del expresado año S. M. se dignó nombrar Vocal del Consejo Supremo de Guerra al Mariscal de Campo don Cayetano Freixa.

A mediados de Febrero de 1876 al concluirse la Campaña entró en Francia el General Freixa en compañía del Excmo. señor Teniente General Viñalet, Presidente del referido Consejo Supremo de la Guerra.

Continuó emigrado hasta mediados de 1879, en que regresó á España, y reside hoy en la capital del Principado catalán, dispuesto á sacrificarse nuevamente en los campos de batalla por la Causa á la que de manera tan cumplida hizo, como se ha visto, holocausto de su posición y carrera en el ejército liberal.

El General Freixa, considerado siempre por el Sr. Duque de Madrid y muy querido de los Infantes por las indudables pruebas de lealtad que de él tienen recibidas, ostenta también en su pecho la honrosísima Medalla de plata de Carlos VII.*

Oller, Francisco de P. (1888): Álbum de Personajes Carlistas, tomo II, pp. 104-112


* El heroico general don Cayetano Freixa y Puig entregó su alma a Dios en Barcelona el 7 de septiembre de 1897. A su muerte, su hijo don Joaquín Freixa recibió del augusto Duque de Madrid, el siguiente telegrama, fechado en Lucerna:

«Sinceramente afligido por muerte de tu buen padre, tomo vivísima parte en tu dolor y os acompaño de corazón en oraciones á ti, tu madre y familia toda.
CARLOS»

dijous, 16 de novembre de 2017

Juan Vidal de Llobatera, el tío tatarabuelo carlista de Xavier Trías

Es poco sabido que el padre del exalcalde de Barcelona Xavier Trías, Juan Trías Bertrán, combatió en el Bando nacional durante nuestra última guerra civil, y que su hermano había asesinado por los revolucionarios de Companys. Menos conocido aún es que, por línea materna, Xavier Trías y Vidal de Llobatera es sobrino tataranieto de Juan Vidal de Llobatera, diputado carlista en Cortes durante el Sexenio Revolucionario, cuya interesante biografía reseñamos a continuación.

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias
(Llagostera, 1840 - Santa Coloma de Farners, 1909)

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias nació en Llagostera el 4 de mayo de 1840. Era hijo de Juan de Vidal de Llobatera Reixach y de Antonia Iglesias Matllo. Estudió las carreras de Leyes y de Administración, llegando a ser doctor en la primera y licenciado en la segunda. Se estableció en Barcelona, ​​donde ejerció de abogado.

Tras la Revolución de 1868 hizo propaganda del carlismo en los periódicos y en otros escritos sueltos. Elegido por la junta provincial católico-monárquica de Gerona para dirigir la constitución de la junta local de Llagostera, abandonó sus tareas y su profesión en Barcelona para dedicarse a la política.

En la plaza pública de su ciudad natal, de mayoría republicana, llegó a sostener en una ocasión una polémica durante cuatro horas con un propagandista republicano ante los habitantes de la villa, y fue obsequiado por los concurrentes, incluso por sus enemigos políticos. Donde generalmente exponía sus ideas era en el Ateneo católico-monárquico de Barcelona.

Cuando recibió la investidura de doctor, suprimido el juramento por la legislación del Sexenio Revolucionario, hizo pública protesta de fe católica jurando «por Dios Trino y Uno, por la Santísima Virgen María y los santos evangelios, guardar, defender y observar toda la su vida la religión católica», y esta declaración tan espontánea como solemne fue objeto de entusiastas elogios, que aparecieron en muchos diarios de Madrid y provincias.

El 1871 fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Torroella de Montgrí. En el Congreso defendió la monarquía católica tradicional española y los derechos a la misma de Don Carlos de Borbón y Austria-Este.

Tomaremos algunos párrafos del notable manifiesto que dirigió a sus electores.

«Joven, sin experiencia —decía— y con más teoría que práctica, he meditado muchas veces sobre las grandes calamidades y terribles catástrofes de la desventurada España: siempre me ha deslumbrado la santa idea de libertad, y hasta dejeme seducir por un momento por el aparente brillo del falaz doctrinarismo, porque, a la verdad, desconfiaba de los hombres: mas al fin debí convencerme de que más que en los individuos, está el mal en las instituciones; de otro modo, debería creer que son malos todos los hombres que nos han gobernado y nos gobiernan.»

Después de esta declaración, exclamaba examinando el pasado y el presente:

«¿Qué ha sido la España desde que en ella puso la planta el parlamentarismo? ¿Qué es hoy todavía? Nada más que una fea y repugnante mascarada, en la que nadie se entiende: todo es confusión; se malgasta todo; los principios ceden a las personas, las leyes al capricho; la inmoralidad cunde por todas partes; la justicia ha muerto; los delitos no se castigan; la religión se pisotea y escarnece; la honra no se conoce; el decoro no existe; el pueblo se muere de hambre; el principio de autoridad se arrastra por el fango, y en espantosa algarabía todos quieren gobernar, todo son motines, y por asalto se arrebatan unos a otros la sangre del pueblo, que es el botín codiciado; y todo es enredo, y todo embrollo, y no hay orden, ni armonía, mi concierto. ¿Es eso así? Contesten todos los españoles de buena fé... 
¿Está la España, a pesar de todo, en un estado de desesperación? ¿Hay un remedio para los infinitos males que la aquejan? ¿Puede rehabilitarse y llegar a ser la España de antes? Sí: muchas veces la Divina Providencia envía males a las naciones, como a la familia, para probar su fé y acaso para aumentar después su esplendor y grandeza. Vistamos la España con sus ropas, que se hallan en el grandioso ropero de la monarquía tradicional: enarbolemos la bandera española de DIOS, PATRIA Y REY, y la España se salvará: sí, se salvará; y con las luces y progresos del día, acompañados de la buena fé y el patriotismo de antes, su gloria será más radiante y más duradera. 
Es un inconcuso principio de derecho constituyente que el gobierno de una nación debe acomodarse a la índole, a las tendencias, a la naturaleza y a las costumbres del pueblo para quien ha de regir; y la España, para volver a ser España, debe dejar de ser francesa; debe destruir lo obra de los falsos liberales; debe gobernarse por sus antiguas leyes: debe regirse por la monarquía legítimo-católica. 
Compárese si no la opulencia y esplendor de la España antigua, a pesar de haber vivido siempre una vida agitada, entre el fragor de los combates, y a pesar de haber estado siempre sujeta a los vaivenes y caprichos de la veleidosa fortuna, con la degradación y miseria de la España de hoy, a pesar de la era de paz por que ha atravesado durante casi todo el tiempo que llevamos de gabacho liberalismo... 
El partido legitimista no descuida un momento, aunque se llame tradicional y se calque sobre la historia, los adelantos y la corriente del siglo. Nuestra constante aspiración es la de conservar mejorando; y si bien nos extasiamos ante los gloriosos recuerdos del pasado, no dejamos de comprender que son necesarias grandes reformas que, teniendo nuestra vista fija en el porvenir, reconocemos como otras tantas exigencias del providencial progreso moral y material de nuestra edad.»

Por último, el Sr. Llobatera formulaba sus ideas en estos términos:

«Partiendo, pues, de estos principios, condenamos y combatiremos el socialismo antiguo, que es la absorción del individuo y su humillación; como rechazaremos y atacaremos sin tregua el individualismo moderno exagerado, que es la negación del principio de autoridad y la causa generatriz de la anarquía moral y la ruina de las naciones. 
La unidad católica, joya preciosa que nos legaron nuestros padres y ha conservado constantemente la España desde Recaredo; la libertad verdadera, la igualdad ante la ley, la familia, la seguridad individual, la propiedad y la protección a las artes, ciencias e industrias nacionales, son las bases morales de nuestro programa. 
La unidad nacional; la monarquía legítima representada por la augusta persona de D. Carlos de Borbon y Austria de Este; la verdadera representación por procuradores reunidos en Cortes generales que atiendan a los diferentes intereses y clases del Estado; la descentralización administrativa, con los respectivos fueros de cada provincia que, en Cataluña sobre todo, echará por tierra la detestable, funesta y odiada ley de quintas, quedando el pueblo libre y exento de esa contribución forzosa de sangre, y la promulgación de leyes sabias y justas que establezcan un salvador sistema de economías para atender a las imperiosas necesidades de la nación y ponerla a cubierto del descrédito que la oprime y de la bancarota que la amenaza, constituyen las bases políticas que prometemos defender y procuraremos realizar, porque son la letra y el espíritu del sabio y conciliador manifiesto que D. Carlos de Borbón dio a los españoles, dirigido en forma de carta a su augusto hermano D. Alfonso en 30 de Junio de 1869, al cual siempre y en todo caso nos sometemos y acatamos en todo y por todo.»

Poco antes de la Tercera guerra carlista, Juan Vidal de Llobatera dirigió en Barcelona los periódicos carlistas El Honor Catalán y El Estandarte Católico. Participó luego en la contienda como secretario de órdenes del general Francisco Savalls, formando parte de su Estado Mayor. Más adelante actuó como auditor del Ejército Real de Cataluña, y durante este periodo dirigió los periódicos carlistas que se publicaban en Cataluña en la zona de guerra.

Terminada la guerra, se trasladó a Gerona, donde ejerció de abogado durante más de tres décadas, hasta 1907. Durante algunos años fue magistrado suplente de la Audiencia Provincial. En 1888 dirigió en esta ciudad un periódico leal a Don Carlos. Murió en diciembre de 1909 en Santa Coloma de Farners, donde se había establecido después de su jubilación. Su mujer, Merceces Clarella Alibés, recibió el pésame de los infantes Don Alfonso de Borbón y Austria-Este y Doña María de las Nieves.


Información tomada en su mayor parte de La Bandera carlista en 1871 (Vizconde de la Esperanza), pp. 138-144.

dimarts, 28 de març de 2017

dijous, 29 de desembre de 2016

Proclama de Don Alfonso Carlos a los catalanes (1872)


CATALANES:

Desde estas nobles montañas de Cataluña; sobre esta tierra fecundizada por la sangre de tantos mártires de la santa causa de Dios de la Patria y del Rey; A la cabeza de los heroicos y sufridos voluntarios que componen el ejército que tengo el noble orgullo de mandar; con los ojos fijos en el cielo y henchido el corazón de ardiente entusiasmo, me dirijo a vosotros en este día para mí tan fausto, tan grande y tan deseado.

¡Catalanes! La religión de nuestros padres oprimida; la patria que tanto amamos ultrajada; la sociedad en que hemos nacido próxima á su disolución; la familia prostituida; nuestra independencia menoscabada; la Monarquía legitima, símbolo de la ley y de la salvaguardia del orden, vilipendiada y proscrita; la propiedad amenazada de muerte; en una palabra, todos los intereses legítimos, todas las grandes aspiraciones, todas las ideas generosas y todos los pensamientos honrados cohibidos en su desenvolvimieuto, reclaman hoy nuestro concurso, solicitan nuestro esfuerzo, esperan nuestra cooperación y exigen nuestros sacrificios.

Los que en estos supremos instantes no sepan hacer abstracción de una apatía censurable, de un recelo injustificado, de un egoísmo punible, de una susceptibilidad mal comprendida, de una desconfianza peor aconsejada, o de una pusilanimidad vergonzosa e indigna, no serán hijos de la arrogante y valerosa patria de los Almogávares, sino los frutos podridos de una raza decrépita y caducada, o los repugnantes engendros de una generación raquítica y miserable.

¡Catalanes! La hora decisiva ha sonado ya. Acudamos todos al puesto de honor que nuestra conciencia nos intima ocupar; luchemos con fe, con serenidad y con perseverancia; dirijamos nuestros corazones a lo alto; bendigamos el nombre del Señor como los Macabeos, y un éxito feliz coronará nuestra empresa, y los laureles de la victoria orlarán nuestras sienes.

¡Catalanes! Entre mis manos tremola ya enhiesta la santa bandera de la Religión y de la Legitimidad. Venid todos a defenderla conmigo.

Si alguno alimentara alguna prevención, abandónela; si sintiera algún temor, deséchelo; si le alejara algún agravio, olvídelo; que bajo los anchurosos pliegues del estandarte real pueden cobijarse todos los sentimientos magnánimos y vivir felices todos los hombres de bien.

¡Catalanes! Por Dios, por la Patria y por el Rey, haced todos vuestro deber, imitando el ejemplo de los valerosos voluntarios de este ejército, y veréis que con la ayuda de Dios y la intercesión de la Inmaculada Virgen, nuestra patrona, triunfaremos pronto al grito de

¡Viva la religión!
¡Viva España!
¡Vivan los fueros de Cataluña!
¡Viva Carlos VII!

Cuartel general, diciembre de 1872.— El infante general en jefe del Principado de Cataluña,

Alfonso de Borbón y Austria