dimarts, 30 de gener de 2018

El brigadier Fernando Vázquez Orcall, patriarca de una familia de tradicionalistas manchegos

Tal día como hoy, 30 de enero, en el año de 1875, moría en el exilio el brigadier manresano D. Fernando Vázquez Orcall, combatiente de las tres guerras carlistas. Se había establecido en Ciudad Real y fue el patriarca de una ilustre familia de tradicionalistas manchegos, cuyas biografías reseñamos a continuación. El más conocido de ellos fue su nieto, el pintor D. Carlos Vázquez Úbeda.


FERNANDO VÁZQUEZ ORCALL

Fernando Vázquez Orcall
(Manresa, 1814 - Oporto, 1875)

Nació nuestro biografiado en Manresa (Cataluña) el 22 de Septiembre del año 1814, siendo sus padres el Teniente coronel don Fernando Vázquez y D.ª María del Carmen Orcall.

Por gracia especial, y en mérito á los servicios prestados por su señor padre, fué nombrado cadete á los seis años de edad.

Al poco tiempo tuvo la desgracia de quedar huérfano de padre y madre; en tan triste situación, y con aficiones desde muy niño á la carrera militar, sentó plaza á los catorce años, y bien pronto, por su aplicación y relevantes dotes, se le concedió el empleo de Sargento primero en el Batallón provincial de Ciudad Real, en donde sirvió hasta la muerte del Rey Don Fernando VII, en que el Sr. Vázquez, obedeciendo á los impulsos de su corazón y tradiciones de familia, apenas se levantaron en armas los partidarios de Don Carlos V, se incorporó á ellos, abandonando para siempre la causa de Doña Isabel II.

En el ejército carlista bien pronto se dió á conocer como un buen organizador, mereciendo de su Coronel entonces, el inolvidable General Arévalo, toda clase de distinciones, pues que supo apreciar en lo mucho que valían las dotes militares del Sr. Vázquez. tanto es así, que cuando por órdenes superiores se le mandó incorporar á las fuerzas de Cabrera, el Coronel Arévalo expidió al Sr. Vázquez una certificación que honrará siempre su memoria.

Con Cabrera hizo una brillante campaña, tomando parte en aquellas arriesgadas empresas que tanto distinguieron al célebre guerrillero entonces, y por su valor y pericia llegó al puesto de primer Comandante, siendo condecorado además con varias cruces, entre ellas la de San Fernando por una herida que le tuvo postrado en cama bastante tiempo en el hospital de Cantavieja.

Al organizarse la expedición de D. Basilio, cuyas fuerzas habían de operar en las provincias de Toledo, Extremadura y la Mancha, el señor Vázquez pidió un puesto en tan arriesgada empresa, bien á disgusto, por cierto, de sus Jefes, y accediendo á sus deseos, se le confió el mando como primer Comandante del 7.º Batallón de Castilla, á cuyo frente estuvo hasta que en la sorpresa de Béjar fué hecho prisionero por las fuerzas que mandaba el General Pardiñas, ingresando como prisionero de guerra en el castillo de Santa Catalina, de Cádiz, donde permaneció hasta un año después del convenio de Vergara, por no haberse querido adherir á él, á pesar de los reiterados ofrecimientos que se le hicieron y ver que muchos de sus compañeros de armas y de prisión salieron para ingresar en el ejército isabelino, donde se les reconocían todos sus grados y condecoraciones.

Puesto en libertad el Sr. Vázquez, se le expidió el pasaporte para la capital de Ciudad Real, residencia de su esposa é hijo, y allí se estableció lleno de privaciones, sabiendo arrostrar con dignidad y entereza su precaria situación, entrando á servir una plaza de escribiente con 6 reales diarios en el escritorio de D. Miguel Trujillo, representante por aquella época de la Casa Barbería; amante del trabajo, se agenció también algunos negocios, con lo que podía atender, aunque con modestia, á sus sagradas obligaciones.

En el año 1848, apenas apareció Cabrera en Cataluña, se puso de acuerdo con el Mariscal de campo Sr. Royo, nombrado por Don Carlos Comandante general de la Mancha, y en unión de éste y del Brigadier D. Mariano Peco, se levantó en armas en esta provincia, desempeñando el cargo de Intendente militar.

Indultados los Sres. Royo y Peco, encontrándose en el mayor abandono el Sr. Vázquez con algunos otros compañeros, y perdida toda esperanza de que aquel alzamiento carlista se generalizara en las demás provincias, regresó otra vez al hogar doméstico; á los pocos meses, y temiéndose que D. Fernando Vázquez pudiera volver á campaña, se le redujo á prisión en la cárcel pública de Ciudad Real, con algunos otros compañeros, en la noche del 1.º de Marzo de 1849, en donde se les tuvo hasta que Cabrera se internó en Francia.

Por aquel entonces se hicieron al Sr. Vázquez proposiciones para ingresar en el ejército de Doña Isabel, donde se le ofrecían reconocer todos sus grados y honores, proposiciones que rechazó siempre indignado, por más que vió también que algunos de sus compañeros de armas aceptaron en aquella época semejantes proposiciones.

Salido nuevamente de la prisión, estableció una agencia general de negocios, con tan buena suerte, que en pocos años adquirió una regular fortuna y un nombre respetabilísimo, por su honradez y laboriosidad, siendo en aquellas épocas concejal del excelentísimo Ayuntamiento de Ciudad Real y diputado provincial por el distrito de Almadén, de dicha provincia.

Al destronamiento de doña Isabel II, D. Fernando Vázquez fué uno de los primeros Jefes carlistas que se ofrecieron á nuestro Augusto Jefe el Señor Duque de Madrid, visitándolo en su palacio de Vevey, donde fué recibido por Don Carlos con el mayor afecto y consideración.

El 15 de Julio de 1871 fué nombrado el señor Vázquez Comandante general de la provincia y condecorado á la vez con la Gran Cruz de San Hermenegildo por su lealtad y consecuencia.

Nuestro querido Brigadier, cumpliendo las órdenes de D. Carlos VII, sin reparar en su avanzada edad, en sus padecimientos crónicos ni en ninguna otra clase de consideraciones, se alzó en armas con un puñado de valientes el 5 de Mayo de 1872 en las inmediaciones de Ciudad Real (acompañándole su señor hijo nuestro querido amigo y compañero director de El Manchego), logrando tener distraídas por algunos meses cinco ó seis columnas que componían un total de 3 ó 4.000 hombres, hasta que, siéndole adversa la fortuna y viéndose enfermo á consecuencia de una campaña tan activa hubo de retirarse á Oporto (Portugal), donde murió el 30 de Enero de 1875.

Durante el tiempo que allí vivió, supo captarse los respetos y simpatías de los legitimistas portugueses por su afable carácter y cariñoso trato.

Su muerte fué la del justo; y el reverendo Padre Cosgaya, su confesor, virtuoso sacerdote, emigrado también, escribió en el periódico legitimista El Direito un artículo necrológico muy sentido, elogiando las virtudes y valores de este veterano, modelo de católicos españoles y carlistas.

«Sus últimos suspiros —dice el Padre Cosgaya,— fueron para Carlos VII, y tan español era, que suplicó á su señora é hijo se diera sepultura á su cadáver en el suelo patrio.»

Acto que realizaron su afligida viuda D.ª Josefa Mergeliza y su querido hijo D. Antonio, después de no pocos gastos y disgustos, depositando el cadáver embalsamado en el cementerio de Ciudad Real, nicho núm. 141, galería segunda, el 10 de Junio de 1875.

Así terminó sus días este leal servidor de Carlos V, de Carlos VI y de Carlos VII.

Tomado de Oller, Francisco de P, «Álbum de personajes carlistas» (1890), tomo III, pp. 155-162.


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Antonio Z. Vázquez Mergeliza
(Ciudad Real, 1842 - 1913)
Antonio Zoilo Vázquez Mergeliza era hijo de Fernándo Vázquez Orcall y de Josefa Mergeliza Álvarez (1814-1893). Nació en Ciudad Real en 1842 y fue notario de profesión. En enero de 1872 fundó en su ciudad natal el periódico católico monárquico El Legitimista Manchego, que cesó en abril por un proceso. Poco después salió con su padre a operaciones, organizó una partida manchega de dieciséis jinetes y se distinguió en varias acciones de guerra. Emigró con su padre a Portugal, donde permaneció hasta el final de la guerra.

Tras la derrota militar de 1876, continuó defendiendo entusiastamente los ideales tradicionalistas, desempeñando la jefatura del partido en la provincia de Ciudad Real. Dirigió El Manchego (1886-1897) y fue asimismo autor de algunos folletos y discursos de controversia. A su muerte ejercía en Ciudad Real de agente de los ayuntamientos de Manzanares, Almodóvar del Campo y otras localidades.


Tomado en parte de «Vázquez y Mergeliza (Antonio)» en la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Espasa Calpe (1929), p. 390.


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Carlos Vázquez Úbeda
(Ciudad Real, 1869 - Barcelona, 1844)
Carlos Vázquez Úbeda, hijo de Antonio Vázquez Mergeliza y de Matilde Úbeda, fue un destacado pintor. Nació en Ciudad Real en 1869. Tradicionalista como sus mayores, en 1898 viajó a Venecia y fue nombrado pintor de cámara de Carlos VII, realizando en el palacio Loredan retratos del Duque de Madrid, del príncipe Don Jaime y de Doña Berta. Se estableció después en Barcelona, donde se casó con Matilde Garriga Coronas, de reconocida familia barcelonesa.

Durante la Cruzada de Liberación los rojos saquearon su estudio y rompieron el pergamino carlista por el que Don Jaime le declaraba su pintor de cámara. Logró escapar a Francia y pasar a la zona nacional. Al acabar la guerra regresó a Barcelona, donde falleció en 1944.

Página web monográfica: carlosvazquezubeda.com


Fernado Vázquez Úbeda, hermano del anterior, fue procurador de los tribunales en Ciudad Real. Durante su juventud colaboró en el periódico El Manchego (1886-1897) que dirigía su padre. A principios del siglo XX presidía el Centro Católico Obrero Benéfico de la Sagrada Familia y era concejal del Ayuntamiento de Ciudad Real. Por iniciativa suya en 1911 el Ayuntamiento presidido por Ceferino Saúco Díez convocó un concurso de proyectos que debía erigir en Ciudad Real un monumento al cardenal Monescillo, ilustre prelado y destacado tradicionalista manchego, si bien lamentablemente no llegó a erigirse dicho monumento.

D. Fernando fue jefe jaimista de la provincia de Ciudad Real. En 1919 se adhirió al partido de D. Juan Vázquez de Mella, del cual ejerció también como jefe provincial. Durante la Segunda República presidió en Ciudad Real la junta de la Comunión Tradicionalista reunificada. Murió por Dios y por España —asesinado por los rojos— en el verano de 1936.

Tenía en Ciudad Real una casa de labor, situada en la calle de la Jara n.º 2, que heredaron sus sobrinos Carlos y Matilde Vázquez Garriga (hijos de Carlos Vázquez Úbeda), quienes la vendieron en 1953.


Matilde Vázquez Úbeda, hermana de ambos, se casó con el ingeniero jefe de Obras públicas de la provincia de Ciudad Real, D. Ezequiel Naranjo.


Matilde Vázquez Garriga (1911-2004) fue pintora como su padre. Carlos Vázquez Garriga (1904-1973) se casó con María Dolores Fernández Victorio y Sáenz de Hermua (1911-1997) y tuvieron nutrida descendencia. Sus hijos, nietos y biznietos residen actualmente en Barcelona.

dilluns, 22 de gener de 2018

Rvdo. Teodoro Magriñá

Mosén Teodoro Magriñá (1838-1922)
durante la Tercera Guerra Carlista
Tal día como hoy, 22 de enero de 1922, entregaba su alma a Dios el reverendo cura párroco de Bráfim D. Teodoro Magriñá y Molins, a los 83 años de edad.

El Rvdo. Magriñá, ante los desastres que la República sectaria ocasionaba a la Patria y como entusiasta tradicionalista, luchó denodadamente en las filas carlistas, alcanzando en ellas por su valor y denuedo el grado de comandante.

Terminada la guerra se dedicó a la carrera parroquial, siendo párroco de Bráfim a los 39 años, cargo que desempeñó por espacio de 44 años. Varón de clara inteligencia e indomable energía, acabó con las rencillas locales, logrando con su celo verdaderamente apostólico volver al redil de la Iglesia a la mayoría del pueblo que de ella estaba distanciado.

Por los arzobispos Vallmitjana y Costa y Borrás, que le tenían en gran estima, le ofrecieron sillas en sus Cabildos y cargos cerca de sus personas, que declinó en aras de su cariño a sus feligreses.

En su entierro se patentizaron las simpatías de sus feligreses en que ni un sólo vecino trabajó, para asistir a la inhumación de su cadáver.

El Norte (Gerona, 12 de febrero de 1922)

diumenge, 7 de gener de 2018

Entrevista a Claudi Colomer (1921-2015), l'últim director «carlista» d'El Correo Catalán

Avui fa tres anys de la mort de Claudi Colomer Marqués, últim director «carlista» de l'històric diari de Barcelona El Correo Catalán. Entrecomillem l'adjectiu «carlista» perquè dubtem que sigui adient per a una persona que defenia «els avantatges del pluralisme», que presumia d'haver tingut col·laboradors democristians i de l'antiga Lliga i que va acabar afiliat al partit joancarlista Unión Nacional Española i Alianza Popular.

El Correo s'havia fundat l'any 1876 com a successor de La Convicción —diari carlí de Barcelona durant el Sexenni Revolucionari— per a defensar els ideals de la Comunió Catòlico Monàrquica. Els seus fundadors foren Manuel Milà de la Roca —qui havia participat en la tercera guerra carlina i havia estat secretari personal de Carles VII— i el prevere Fèlix Sardà i Salvany, autor de la cèlebre obra «El liberalisme és pecat». Gràcies sobre tot al treball del seu segon director, l'abnegat publicista tradicionalista Lluís Maria de Llauder —qui abans havia dirigit La ConvicciónEl Correo aconseguiria consolidar-se com una de les principals capçaleres de la premsa barcelonina.

Després de la Croada d'Alliberament Nacional (1936-1939), durant la qual els roigs van tancar El Correo, Diego Ramírez Pastor (àlies «Jorge Claramunt»), carlí «unificat», se'n va fer càrrec de la direcció fins al 1946. La derrota de les potències de l'Eix impulsaren el règim franquista a abandonar el totalitarisme i tractar de modernitzar-se, admetent una certa pluralitat. En aquest context, Claudi Colomer, qui només tenia 25 anys, va accedir a la direcció d'El Correo Catalán. Quan Colomer marxà deu anys després, el 1957, El Correo, segons declaracions del propi Colomer, «es va despolitizar» i va deixar de reivindicar la raó per la qual havia nascut: el carlisme.

En l'entrevista que reproduïm, Colomer destaca com a mèrits propis haver portar com a col·laborador del diari el jesuita José María de Llanos, qui ja començava a destacar-se per la seva heterodòxia i que poc després esdevindria comunista; haver publicat pastorals contràries als ideals tradicionalistes del nefast prelat Tarancón, quan era bisbe de Solsona; o haver permès que els lliguers, que no tenien cap diari, fessin seu El Correo Catalán, la qual cosa no havia passat ni tan sols durant la direcció del pro-catalanista Miquel Junyent. El mateix Colomer, quan encara no havia abandonat el carlisme, s'havia vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, organització de tendència demòcrata-cristiana.

Sota la direcció del seu successor, Andreu Roselló Pàmies —qui havia estat nomenat sots-director per Colomer—, el diari passaria a defensar un catalanisme moderat i la democràcia cristiana, pel que sembla, amb el vist i plau de Fomento de la Prensa Tradicionalista, S.A., societat editora del diari, que va fer traició dels ideals fundadors de l'empresa. El diari esdevindria un dels preferits de l'oposició antifranquista i la societat acabaria sent comprada l'any 1974 per Jordi Pujol, qui li canvià el nom pel de Foment de la Premsa S.A., treient l'adjectiu «tradicionalista». El Correo, que havia perdut la seva raó de ser i ja no interessava ni feia falta a ningú, va quebrar pocs anys després, amb acusacions al posterior president de la Generalitat joancarlista d'actuacions fraudulentes.

Pel seu interès històric, hem volgut reproduir l'entrevista que li van fer a Claudi Colomer l'any 1995.



Claudi Colomer, el director més jove del franquisme

Amb només 25 anys va fer-se càrrec, el 1946, de la direcció d'El Correo Catalán


Claudi Colomer (fotos: Laura Guerrero) 
—Jaume Fabre—

Comencem en aquest número de Capçalera una sèrie d'entrevistes a periodistes veterans que han ocupat, en el passat, càrrecs directius en diaris de Barcelona. Part del material de les entrevistes ja realitzades ha estat utilitzada per al llibre La premsa uniformada, sobre els diaris barcelonins dels primers anys del franquisme, de publicació imminent dins la col·lecció Vaixells de Paper. Aquesta sèrie d'entrevistes, que podria titular-se perfectament "Els ex", és com un primer tast del llibre i una visió més detallista, i a la vegada més humana i lleugera, d'alguns dels temes que s'hi tracten. Comencem amb Claudio Colomer Marqués, únic director sobrevivent dels que ho van ser als anys quaranta.

* * * * *

Diego Ramírez Pastor, director d'El Correo Catalán des de la primera meitat dels anys quaranta, va ser acomiadat el 1946 amb males maneres: un dia es va trobar la porta del seu despatx tancada, amb fustes clavades per la banda de dins. Ramírez, tot i que era d'origen carlí, no havia estat mai un director a gust dels propietaris del diari, però en la primera meitat dels anys quaranta qui manava als mitjans de comunicació no era l'empresa, sinó el ministeri de Governació.

Va ser succeït en la direcció per Claudi Colomer Marqués, que va fer un salt professional espectacular des de la corresponsalía del diari a Madrid. Colomer, nascut el 18 d'abril de 1921 a Granollers, va començar la carrera periodística als setze anys a la seva vila natal, on va fundar i dirigir el setmanari local Estilo, després anomenat Vallés, que encara existeix.

Va fer la carrera d'advocat a Barcelona i, un cop acabada, va haver d'anar a fer el doctorat a Madrid. Aprofitant la seva estada a la capital, va matricular-se, als 22 anys, a l'Instituto de Estudios Políticos, que dirigia Fernando María Castiella, i a l'Escola Oficial de Periodisme, que dirigia Juan Aparicio.

La seva mare pertanyia a una família arreladament carlina, cosa que li va permetre agafar la corresponsalía d'El Correo Catalán a Madrid. La seva amistat amb l'editor Luis de Caralt li va permetre agafar també la corresponsalía de Radio España.

A Madrid, aquell jove que prometia va relacionar-se de seguida, en funció de la seva feina, amb alguns polítics que el van ajudar. Però no es va limitar al món carií que més directament havia de beneficiar amb les seves informacions, sinó que va saber diversificar el cercle de les seves relacions polítiques, que anaven des del tradicionalista ministre de Justícia Antonio Iturmendi fins al d'Afers Estrangers, vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Alberto Martín Artajo. Precisament l'arribada d'aquest al govern, el juliol de 1945, va ser decisiva per al nomenament de Colomer com a director d'El Correo. Acabada la guerra mundial, calien aires nous, anar arraconant les camises blaves i les boines vermelles i donar pas a gent jove amb ambició. Colomer era la personalitat ideal. El jonsista Juan Aparicio, que l'havia conegut bé a l'Escola de Periodisme, el va apadrinar també, per tenir un xicot de confiança a Barcelona. Així va desembarcar Colomer el 1946 a la direcció d'El Correo, amb només 25 anys, un cas insòlit de joventut en un càrrec de tanta confiança.

—En començar la guerra civil, jo tenia 15 anys i ja havia desfilat vestit de requetè en les concentracions que durant la República havíem fet a Montserrat i Poblet. Per part de la meva mare hi havia una gran vinculació amb el carlisme, però per part del pare més aviat eren gent no política, per bé que conservadora. 

—No el van allistar, ni en la quinta del biberó...

—Jo havia sofert un accident de caça i vaig perdre un peu. Era mutilat. Això va fer que passés la guerra a la reraguarda. Vaig veure desaparèixer els que havien estat els meus caps polítics, i companys meus del requetè, com el mestre de Parets i els seus dos fills, o el germà gran dels Riera Marsà, que tenia 22 anys... Per això, en acabar la guerra, jo tenia una visió molt maniquea de la realitat: havia vist matar companys meus, cremar esglésies, col·lectivitzar les fàbriques. La meva visió era molt elemental: els uns bons i els altres dolents. Després vaig anar veient que tot era molt més complex.

—La guerra li va interrompre els estudis en un moment clau de la seva vida...

—Així i tot vaig poder acabar la carrera de Dret a Barcelona, el 1942. Aleshores el doctorat no es podia fer aquí, calia anar a Madrid, i vaig haver-hi d'anar. Un cop allà, vaig aprofitar per matricularme també a l'Escola Oficial de Periodisme.

—De què li venia, l'afició al periodisme?

—Jo havia fundat, als 18 anys, a Granollers, un setmanari local, que encara existeix amb el nom de Vallés.

—Crear una publicació en la immediata postguerra no devia ser fàcil...

—Ho vaig fer perquè, un cop dins de la política, jo tenia unes limitacions evidents, per la meva invalidesa i perquè no era un gran orador. Així que vaig preferir manifestar-me políticament a través del periodisme... Jo no volia que aparegués com una publicació oficial de la Jefatura Oficial del Movimiento, sinó com una empresa privada, que és el que realment era. Però tampoc podia aparèixer com a publicació carlina, i vaig haver-me de camuflar amb el yugo y las flechas, cosa que va ser molt mal vista pels companys carlins. Però no tenia aleshores una dependència directa de la Jefatura del Movimiento: era veritablement una empresa privada, que fins i tot proporcionava alguns guanys, perquè jo sol m'ho feia tot i no hi havia despeses. Però jo no em volia quedar per sempre a Granollers només per mantenir-la, i els que la van agafar quan vaig marxar ho van fer amb uns altres plantejaments i van haver d'agafar una dependència més gran del Movimiento.

—El carlisme s'havia integrat amb Falange i les JONS en el partit únic....

—Mentre vaig ser a Granollers jo pensava que aquesta integració era bona, però quan vaig sortir de Granollers vaig veure que no hi havia tal integració, sinó un intent d'absorció i eliminació dels grups tradicionalistes, que si l'any 36 eren una minoria, l'any 40 havien crescut molt, perquè s'hi havien integrat gent que no volien tenir uns ideals totalitaris però que no podien expressar-se a través de cap altre partit, com la gent de la Lliga. El carlisme era molt fort com a esperança.

—L'únic jove carlí de Catalunya a l'Escola Oficial de Periodisme de Madrid, el 1943, era un fitxatge inevitable per a El Correo Catalán...

—La meva experiència com a periodista local va ser un argument de pes. Jo ja havia fet de corresponsal del diari a Granollers, i quan vaig marxar em van demanar que els busqués substitut: els vaig proposar en Josep Verde Aldea, l'actual eurodiputat socialista, que és efectivament qui va continuar la corresponsalía d'El Correo a Granollers. La crònica de Madrid la passava cada nit per telèfon, l'agafava el taquígraf a mà, ho passava a màquina i d'allà anava a la linotipia. Les meves cròniques eren evidentment político-tradicionalistes. També havia de parlar de temes de folklore local, però quan hi havia una ocasió —com ara una conferència o la presentació d'un llibre— per exaltar els nostres polítics, com en Joaquim Bau, o la gent més pròxima al tradicionalisme doctrinari, com en Pemán, ho feia, evidentment.

—Va tenir problemes amb la censura?

El Correo Catalán tenia una situació especial, vivien dintre d'una nebulosa. Els mèrits que havien fet tants combatents carlistes morint en la guerra civil li donava una certa patent de cors davant la censura. A més, estava vinculat molt fortament amb els bisbes, als quals feia continus favors publicant-los les cartes pastorals i exaltant la seva labor. La censura tenia la impressió que si ens tocaven a nosaltres, tocaven l'Església. Per això, el diari tenia un censor eclesiàstic propi, el canonge provisor doctor Baucells —que, per cert, era sord—, i la censura política donava per bo el que ell decidia. A més, tots ja sabíem en quin terreny ens movíem, i escrivíem en uns termes tan abstractes, que la censura poca cosa hi tenia a dir. Recordo que en un dels meus primers articles, per criticar la multiplicitat de jurisdiccions especials que va crear el franquisme —de responsabilitats polítiques, de contraban, de delictes monetaris...—, vaig haver de parlar de la feina dels advocats i dels juristes i citar sant Ramon de Penyafort. Un altre cop, per destacar els avantatges del pluralisme, vaig comparar el monoteisme tomista amb la visió del món de sant Agustí, que veia un Déu més plural, que contenia a la vegada Amor, Intel·ligència, Ordre i Legalitat. Va agradar molt als bisbes, que van veure que sabia molta teologia, però no sé si el lector va captar el que volia dir. Sempre podies colar alguna coseta, perquè hi havia censors que, amb tots els respectes personals, eren bastant..., com ho diré?: que no s'adonaven del que deies.

—La caiguda de Ramírez Pastor va ser la seva gran oportunitat...

—El Diego Ramírez Pastor va venir nomenat de Burgos. En els primers temps, amb Serrano Suñer, van voler fer una premsa més homogènia. En Ramírez Pastor procedia del carlisme i era una persona de tota honradesa, però havia vingut amb la prepotència característica dels que arribaven a Barcelona directament des de Burgos. Sempre va estar marcat pel fet que a ell no l'havia nomenat el president del consell d'administració, en Joaquim Gomis. Això va crear una mena d'incompatibilitat personal del director amb el consell de Fomento de la Prensa Tradicionalista. Per això, quan van poder fer-lo fora i nomenar-me a mi, va ser com un alliberament. Jo era amic seu...

—I el director més jove de Barcelona, amb 25 anys...

—Venia amb idees noves. A Madrid havia conegut el padre Llanos, que encara no era el comunista que va ser després, però que començava a despertar interès pel que deia. El vaig portar de col·laborador. També m'havia vinculat, sense deixar el carlisme, a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, on cabia des de la democràcia cristiana als catòlics autoritaris. Precisament un dels homes més representatius d'aquest grup, el Martín Artajo, quan va arribar a ministre d'Afers Estrangers va ser qui em va donar l'empenta definitiva per ser nomenat director d'El Correo. Ja era amic meu abans de ser nomenat ministre. Curiosament, el que ell va posar com el seu home de confiança a la premsa, el director general Cerro Corrachano, va ser el qui vaig tenir més conflictes com a director, especialment a causa de la publicació de les pastorals del Tarancón, que aleshores era bisbe de Solsona. Feia pastorals sobre el barraquisme o les titulava "Justicia, pan i trabajo" i jo en publicava el text íntegre com a fulletó colleccionable. El Cerro va amenaçar-me diverses vagades de destituir-me. Era una gran persona, però quan va arribar al càrrec va descobrir el poder de l'estat. Quan s'empipava amb mi perquè publicava les pastorals del Tarancón, jo li deia que si aquest havia estat presentat al cap de l'Estat i n'havia rebut el vist-i-plau, jo no podia tenir cap sospita sobre la seva lleialtat ni creure, com deia el Cerro, que les seves pastorals soscavaven els fonaments del règim. "Esto no quiere decir nada, porque también acabamos de nombrarte director de El Correo Catalán y podemos destituirte". "A mi sí", li vaig dir, "pero al obispo de Solsona, no".

—La relació d'un director d'un diari de Barcelona era més forta amb Madrid que amb el governador civil?

—La censura d'aquí tocava petites coses de detall: que si un regidor havia dit això, que si una crítica de teatre contra un dels autors preferits del règim... Però quan tocaves una cosa més de fons, en un editorial, per exemple, els d'aquí ja no sabien gaire com anava. Perquè encara que el règim semblés monolític, no ho era tant. El director general de Premsa podia ser demòcratacristià i el governador civil d'aquí, d'una línia completament diferent. Per això ens enteníem directament amb Madrid. A l'època del Juan Aparicio a la direcció general de Premsa, com que era gran amic meu, aquí els de censura ja podien dir el que volguessin, que jo sabia que tocaven d'oïda. Si m'obrien un expedient, em quedava tan el tranquil. Els falangistes sempre demanaven el meu cap, però jo tractava sempre de fer-los veure a Madrid que aquí de falangistes no n'hi havia hagut mai, i que si no es recolzaven en els quatre carlins que tenien, malament. M'havien e donar la raó.

—Però, de fet, els periodistes en què més es van recolzar van ser els lerrouxistes.

—Al Correo no n'hi havia pas...

—Quan vostè va arribar a la direcció, en ser tan jove, es devia crear una situació curiosa en les relacions amb els redactors del diari, que en general eren gent molt gran.

—És normal, quan arriba un director nou, que es recolzi en uns quants companys de confiança. Jo al principi estava una mica espantat, davant aquells sants barons: monsenyor Lisbona, el Junyent... Cada dia, abans d'anar al diari, passava per la Catedral a encomanar-me a Déu. N'hi havia que em duplicaven l'edat, i en general tots tenien més experiència que jo. Però alguns em van ajudar des del primer moment, com per exemple el Tarin. Vaig portar col·laboradors nous, com en Duran i Ventosa, de la Lliga, que signava "Oldest". Dels fitxatges de redactors que vaig fer, uns van sortir més bé i altres no tant. El primer que vaig portar va ser l'Esteve Molist, que era un escolà de Vic molt amic del Luis Santamarina, que volia imitar. Escrivia com ell una literatura de castellano viejo que no tenia res a veure amb la realitat. El vaig conèixer un cop que vaig anar a Vic a donar una conferència. Em va semblar un noi que prometia i li vaig aconseguir una beca perquè pogués estudiar a Madrid. Quan va acabar la carrera el vaig fer entrar al Correo. Com que també era jove, als vells no els va semblar gens bé. Un altre que vaig fer entrar era el Jaume Pol Girbal, empordanès, de qui es deia que escrivia quasi com en Pla, i també en Josep Pernau, i l'Ibáñez Escofet...

—Però també en van marxar bons periodistes, com Manuel del Arco.

—La seva marxa no va tenir res a veure amb la meva entrada. Va ser perquè al Diari de Barcelona li van oferir més diners que al Correo. En marxar, el vaig substituir pel Soler Serrano, que feia l'entrevista diària, i el Muntañola, que feia la caricatura. I després d'un any i mig fent-ho ells, ho va agafar el Pernau. El Pernau el vaig conèixer a l'Escola de Periodisme, que jo dirigia. Era mestre i parlava amb un accent lleidatà terrible. Li dèiem "Lo Pernau".

—A l'època que vostè va estudiar a l'Escola de Madrid, hi havia algun altre català?

—De català no en vaig conèixer cap. El que sí que hi havia era Horacio Sáenz Guerrero, que era de La Rioja, i quan va acabar el van enviar aquí a La Vanguardia.

—Com va anar la creació de l'Escola de Periodisme de Barcelona?

—Ens trobàvem que aquí hi havia molts bons periodistes que treballaven normalment però no estaven al Registre Oficial ni havien passat per l'Escola de Madrid, i calia regularitzar la seva situació. Acabada la guerra, quan el Serrano Suñer va crear el Registre Oficial de Periodistes, es va dir que podien inscriure-s'hi els que estiguessin treballant en una redacció el 1939 o els que a partir d'aquell moment sortissin titulats de l'Escola Oficial. La majoria van fer la sol·licitud, amb els avals i certificacions necessaris, i si van passar la depuració, van ingressar al ROP, que era requisit indispensable per treballar. Però alguns que havien treballat abans de la guerra no van voler demanar la inscripció, per por, i altres que van començar a treballar després no havien passat per l'Escola Oficial. Gent com l'Angel Zúñiga, el Sempronio, el Néstor Luján, el Llorenç Gomis, el Julio Manegat o el Julià Mir —que després va fundar el Dicen— estaven en fals; alguns perquè havien treballat en premsa catalana o havien estat inscrits en un sindicat i no podien legalitzar la seva situació, i d'altres perquè havien començat a treballar sense passar per l'Escola. Fins i tot alguns Pérez de Rozas estaven en una situació d'intrusisme, que van regularitzar amb aquell curset. Per això vaig convèncer l'Aparicio que, ja que la realitat no s'adaptava a la legislació, calia adaptar la legislació a la realitat. No els podíem enviar pas tres anys a Madrid, a gent que eren mestres del periodisme, i per això vam muntar un curset d'estiu. Primer pensàvem en una trentena, però al final n'hi vaig fer entrar setanta-sis. Alguns dels que vaig colar no tenien tants mèrits per entrar-hi com altres que van quedar-ne fora, en el sentit que feia molt poc temps que eren al periodisme, com l'lbáñez Escofet o el Llorenç Gomis, o bé que només eren nois que prometien, com el Luis Ezcurra. Això em va fer molt mal veure d'alguna gent que feia temps que publicaven coses en premsa i que no els vam deixar entrar al curset, com el Martí Farreras o la Llucieta Canyà. Deien que jo havia afavorit els que treballaven al Correo. Amb el curset d'estiu ja van tenir tots el títol de periodista i van poder-se inscriure al ROP.

—Però aquest curset d'estiu va ser una cosa diferent de l'Escola...

—Sí. Acabat el curset vam crear l'Escola de Periodisme de Barcelona. L'Aparicio va concedir que es poguessin fer dos cursos aquí i que només s'hagués d'anar a fer a Madrid el tercer, amb beca. Es va començar en unes sales de l'Ateneu, gràcies al fet que jo n'era directiu, i també el Gual Villalbí. Per pagar alguna cosa als professors, vam demanar als diaris que ens subvencionessin. La Vanguardia va ajudar força, i per agrair-li l'ajuda l'Aparicio va obtenir per al comte de Godó la gran creu del mèrit civil. A l'hora de fer-l'hi saber, no va voler que ho fes el delegat provincial del ministeri, sinó que em va demanar que ho fes jo. Al final vam haver de marxar de l'Ateneu, perquè protestaven molt, fins i tot a Madrid. El que més ens va perjudicar va ser l'organització dels col·loquis: cada setmana organitzaven uns debats públics, amb diversos ponents, en els quals els alumnes de l'escola feien preguntes, però era obert al públic. Hi havia cues al carrer, fins al punt que alguns debats vam haver-los de traslladar a la sala Mozart, i fins i tot al Price, perquè la gent no cabia a la sala de l'Ateneu. Era com els actuals debats a televisió, però l'any 1953, en una època que al nostre país no es feien coses d'aquestes. Sovint venia el mateix Aparicio a moderar-los, i si no, ho feia jo mateix. Els diaris en publicaven resums. He buscat a la premsa de l'època i n'he trobat, per exemple, un que es deia "¿Cómo conquistó usted la fama?", en el qual hi van participar Joan Miró, Hipólito Lázaro, el Samitier, el Josep Ciará, la Raquel Meller, en Josep Maria de Sagarra... O un altre quan hi va haver el cas Di Stefano, que va ser dels de més èxit. Tanta expectació despertaven, que fins i tot vam arribar a cobrar entrada, i d'aquesta manera obteníem recursos per a l'Escola, que n'anàvem molt mancats. Buscàvem patrocinadors per als viatges de fi de carrera, i per poder-nos finançar, un any fins i tot vam portar el Milà a jugar un partit amistós amb el Barça, que havia quedat campió de Lliga, i vaig aconseguir, després de parlar amb el general Moscardó, responsable polític de l'esport espanyol, que el Madrid ens deixés el Di Stefano per jugar també en aquest partit. El dia de l'aniversari de l'alliberament de Barcelona vam emplenar l'antic estadi del Barcelona i vam treure un milió de benefici. Aleshores vaig cometre un error de joventut, i com que amb quatre-centes cinquanta mil pessetes ja en teníem prou per eixugar els dèficits de l'escola, vaig anar a veure el governador civil, amb qui no mantenia gaire bones relacions, per lliurar-li la resta, i que ho destinés a beneficència. Carai! Quan el governador va veure que havíem obtingut un milió de pessetes, va dir que l'any següent ja l'organitzaria ell, "el partido benéfico". O sigui, que no en vam poder muntar mai més cap. Tot això, l'Ateneu no ho veia amb bons ulls, i el Florentino Pérez Embid, que era director general de Cultura, crec, i els Ateneus depenien d'ell, ell mateix, que m'havia nomenat a mi i el Gual Villabí directius de l'Ateneu, ens en va fer treure l'Escola de Periodisme. Va ser aleshores que vam anar a parar a Santa Mònica.

—On ara hi ha una sala d'exposicions de la Generalitat, al capdavall de la Rambla. Com hi van anar a parar?

—Aquell convent va passar a l'administració civil en les desamortitzacions del segle passat, però no sabien què fer-ne. Encara que estava vinculat a la parròquia del costat, era patrimoni de la Diputació. I ens ho van deixar per a l'Escola, a falta de res millor. I així vam continuar. Però després de l'Aparicio van posar a la direcció general un doctrinari sofista, el Muñoz Alonso, que va tancar l'escola de Barcelona. Era un que publicava llibres titulats José Antonio, un soñador para un pueblo, i coses així. Com que a l'Escola de Periodisme d'aquí ens movíem en un terreny molt tècnic, i no volíem adoctrinar els alumnes, ni políticament ni religiosament, em va sustituir per l'Ezcurra, després de cridar-me un dia per dir-me que hi havia una quantitat de denúncies en contra meu, perquè teníem molts alumnes que no eren de fiar, i que hi havia una llibertat entre nois i noies excessiva.

—N'hi havia gaires, de noies? Perquè a les redaccions no n'hi havia ni una...

—Es va posar de moda, entre les noies de la burgesia, estudiar periodisme. Però, naturalment, quan acabaven els estudis es casaven i no exercien la carrera. Per allà va passar, per exemple, la Bibí Salisachs, la Maria Marquès, filla d'una gran família d'industrials de Vilanova i la Geltrú, i la noia Giró, neboda del Godó, i que aleshores tenien l'empresa de motos Montesa. També hi venia la Carmen Trias de Bes, que va arribar a fer algunes cròniques de futbol per al Correo. També hi venien molts frares i capellans, perquè els ordes religiosos necessitaven gent titulada per dirigir les seves publicacions, molt abundants.

—A la seva època, El Correo fa el trasllat des de Banys Nous a la Rambla, als baixos de l'hotel Montecarlo, després de comprar la rotativa de Las Noticias...

—Vaig muntar una empresa a la qual vaig posar el nom de Gráficas Industriales, i aquesta empresa va comprar als Roldós la rotativa amb què havien fet Las Noticias fins al 1939. Amb ella imprimiríem El Correo i altres coses per a tercers. El primer client que vam tenir va ser el Dicen. Vam tractar amb el Roldós i al final li vam comprar la rotativa per dos milions i mig, quan el preu del mercat era de deu. Vam veure que ens sortia més a compte llogar als Roldós el local on hi havia la rotativa que no traslladar la rotativa a un altre lloc, que hauria costat una fortuna. Així es va traslladar tot el Correo, redacció, administració i tallers. A la inauguració hi van venir dos ministres: el tradicionalista Iturmendi, ministre de Justícia, i el monàrquic comte de Vallellano, ministre d'Obres Públiques.

—Perquè no van deixar publicar Las Noticias als Roldós, després de la guerra?

—El règim va fer un mapa de la premsa de Barcelona, i Las Noticias no hi entrava. Es van concedir només els necessaris per mantenir un equilibri polític: Falange, carlins, monàrquics joanistes, un diari esportiu i dos diguem-ne independents, un de matí, La Vanguardia, i l'altre de tarda, El Noticiero. I ja no en va deixar sortir cap més. L'argument que es donava oficialment és que no hi havia paper, cosa que a la postguerra era certa, però només fins a cert punt. Els cupos de paper era la nostra batalla contínua, perquè els diaris del Movimiento sempre estaven beneficiats pel cupo. Els donaven més paper del que necessitaven i ens el revenien a nosaltres al doble de preu. El sindicat vertical de premsa era el que distribuïa els cupos, i al sindicat hi tenien un fort predomini els falangistes.

—La seva tensa marxa d'El Correo contrasta amb l'entrada triomfal que hi havia fet.

—Amb el nou consell d'administració vam arribar a una situació insostenible, fruit d'un moment de crisi personal que jo travessava i de la prepotència amb què aleshores jo em movia. Vaig seguir una política de mantenir-los massa apartats de les grans decisions. La conseqüència va ser que finalment em vaig decidir a vendre les accions que tenia i a renunciar al contracte, sense cap indemnització. Ara penso que va ser un error.

—Però per què es van produir aquestes tensions amb el consell nou?

—Són coses rares. El consell nou potser trobava aleshores que jo feia massa coses: la direcció de Radio Nacional a Barcelona, la de l'Escola..., i trobaven que em dedicava poc al diari. Però crec que la crisi forta va esclatar per una bajanada, una cosa que no tenia res a veure amb el diari, però que revela molt bé com funcionen les coses a la vida, per camins molt diferents dels que la gent s'imagina. Sovint els problemes sorgeixen per banalitats i no per qüestions de fons. Per a mi va ser una gran lliçó. Ho explicaré: Hi havia al consell d'administració un capellà que a mi m'havia ajudat molt, mossèn Rossell, molt carií. Quan es va produir la vacant de capellà de la capella de Sant Jordi, a la Diputació, ell aspirava a ocupar-la. Però hi havia un altre aspirant, el doctor Roqué, menys tradicionalista que ell. Jo era diputat provincial i vaig haver d'intervenir en la decisió. I en lloc d'agrair a mossèn Rossell tot el que havia fet per mi, em vaig deixar portar per les meves inclinacions intel·lectuals i vaig donar suport a la candidatura del doctor Roqué. Mossèn Rossell no m'ho va perdonar mai, i a partir d'aquell moment va fer tot el possible per perjudicar-me. Ja passa, que de les grans amistats es va als grans odis. I l'odium theologicum ja no es para mai més. Tenir un enemic tan fort al consell d'administració del diari al final em va cansar, i vaig llançar l'esponja. Ja portava dotze anys al diari. Potser va ser un error, per a mi i per al diari, perquè, en seguir uns camins diferents, va començar a fer batzegades, en un moment de forta competència dels altres diaris, quan ja no hi havia manca de paper i podien començar a ser més brillants. En despolititzar-se, el diari va perdre el públic fidel. Jo crec que si no haguessin començat aquelles oscil·lacions encara tindríem Correo.

—Però quan vostè va marxar va ser precisament quan més van pujar les vendes...

—L'Andreu Roselló va ser un gran director. Havia començat fent rebuts a l'administració, i quan va poder passar a la redacció va destacar escrivint cròniques d'internacional, que eren bastant llegides, perquè tenia instint periodístic. És el que feia quan jo hi vaig arribar. El vaig nomenar sots-director. Però em sembla que quan va arribar a la direcció no li van deixar seguir gens la seva línia ideològica, que l'empresa el va arribar a interferir molt, imposant-li textos, sobretot al final.

—Abans ha parlat d'en Duran i Ventosa, de la Lliga, com a col·laborador del diari. Desapareguda La Veu de Catalunya, i sense possibilitat de reeditar-se, pel fet de ser en català, quins vehicles d'expressió en premsa va utilitzar la Lliga, després del 39?

—La gent de la Lliga havia mantingut sempre bones relacions amb els carlins, i en acabar la guerra es van acollir al Correo.

—A part de l'Esteve Molist i en Pernau, quins altres joves periodistes d'aleshores recorda?

—El Cadena, que vaig agafar per a la revista Paseo, que jo editava; en Faulí, que va començar al Correo Catalán. M'agradaria saber quin record conserven de l'Escola...

—Com es va vincular amb la ràdio?

—Per l'amistat amb l'editor Luis de Caralt. Quan era a Madrid vaig començar a fer de corresponsal de Radio España de Barcelona, on hi havia el Luis de Caralt. Sempre em va ajudar molt. Quan ell era diputat provincial de Cultura i jo estudiava a Madrid, em buscava de tant en tant cicles de conferències a les biblioteques populars. Jo venia uns dies i així guanyava uns diners. També em va donar la corresponsalía de Radio España. Després, a Radio Nacional, m'hi va fer entrar l'Aparicio, perquè va veure que era una manera d'intensificar la seva importància a Catalunya. Em va nomenar director de les dues emissores de Radio Nacional. Vaig intensificar els programes populars: "Fantasia", de l'Arandes i el Gallo, la campanya benèfica dels senyors Dalmau i Viñas... Amb ells vaig tenir alguns problemes, perquè jo creia que havíem d'ajudar el Cottolengo i ells eren més partidaris de l'Hospital Clínic. Jo vaig fer emetre per primer cop "La Santa Espina", primer només la música i després també amb la lletra. Vaig tenir una quantitat de denúncies dels de la Jefatura Provincial... Fins i tot em va cridar el ministre! Amb l'Arias Salgado no intimàvem gaire, però em tenia afecte, perquè quan venia a Barcelona i veia aquelles cues a l'Ateneu, als col·loquis de l'Escola, o al carrer Aragó, als programes de la campanya benèfica, que els fèiem a la Mutualitat de la Indústria Tèxtil, doncs allò li agradava molt. L'Arias Salgado era un dogmàtic que feia uns discursos molt llargs i ens els feia publicar a la premsa. Ocupaven dues pàgines! Mossèn Balart, que era confessor d'en Franco i molt amic meu, m'explicava un dia que li havia comentat al Generalísimo la llargada dels discursos de l'Arias Salgado. "¿Usted cree que habrá algún español que se los lea, excelencia?", diu que li va preguntar. "Quizás mejor así, quizás mejor que no lo lean!", li va contestar Franco.

—A la seva època, les relacions amb els altres directors com eren?

—Amb el que millor em vaig entendre va ser amb el de La Prensa, en Sánchez Gómez. Vaig viure amb ell l'aventura de l'IHola! També tenia una relació cordial amb el Castillo, del Diario de Barcelona, i amb el Santamarina, amb qui teníem amics comuns a Madrid. Ell no era periodista, anava per lliure; però era un home honrat. Amb el Manegat també molt bé. Però en Galinsoga es mantenia a part, es considerava més aristòcrata que els altres. Em va començar a fer cas i a tractar de tu a tu quan, a conseqüència d'una sèrie d'esdeveniments que van passar a Madrid i de la influència de l'Iturmendi, em van nomenar procurador en Corts al mateix temps que el Felipe Bertran Güell. Però als altres directors els tractava instal·lat des d'una certa superioritat. 

Mentre va ser director del diari va tenir una participació del 45% en les accions de l'empresa editora. En marxar, es va vendre aquest paquet d'accions, que va passar a engruixir la participació que la família Baygual tenia ja des del 1952 en el consell d'administració del diari. Els Baygual, empresaris tèxtils, van convertir-se a partir d'aquell moment en els homes forts de l'editora del diari. Van ser ells qui van promoure Roselló a la direcció, en substitució de Colomer. Un dels membres de la família Baygual va agafar la gerència. L'època dels Gomis i dels carlins passava a la història; començava la dels empresaris tèxtils, que anaven ocupant també altres llocs clau de la societat civil catalana, com la junta del Barça.

Els últims anys de director d'El Correo, Claudio Colomer va alternar (des del 1954) el càrrec amb la direcció de Radio Nacional de España a Barcelona. Va participar en la fundació de la revista catòlica progressista El Ciervo amb els germans Llorenç i Joan Gomis, Joaquim Xicoy i Paco Condominas. Però també enviava col·laboracions al setmanari ultradretà El Español, col·laboracions que va mantenir pràcticament fins a l'extinció de la revista, als anys setanta.

Va ser diputat provincial a Barcelona i procurador en Corts per designació directa de Franco a Madrid. Més tard va ocupar un temps els càrrecs de governador civil d'Àlaba i Santander i va participar el 1972 en la creació del Club Seny Nou, versió barcelonina del Club Tácito de Madrid. Actualment manté el seu despatx d'advocat a Barcelona i la vinculació amb diverses empreses familiars.

Claudi Colomer, el director més jove del franquisme (Capçalera, Octubre 1995)

Vegeu també: Palabras para la sesión de homenaje al académico Claudio Colomér Marqués

diumenge, 26 de novembre de 2017

Estanislao Rico Ariza

Tal día como hoy, un 26 de noviembre de 1936, era fusilado por los rojos el periodista tradicionalista y mártir de la Tradición Estanislao Rico Ariza. Había nacido en Barcelona en 1895 en el seno de una familia humilde originaria de Elda (Alicante). En 1944 el también carlista Antonio Pérez de Olaguer, que lo conoció personalmente, le dedicó en la Enciclopedia Espasa la biografía que reproducimos a continuación:



RICO ARIZA (ESTANISLAO).

Periodista español, n. en Barcelona el 13 de noviembre de 1896 y m. en la misma ciudad, fusilado por los rojos, el 2 de diciembre de 1936. De pluma acerada, combativa y temeraria, Rico Ariza nació y vivió para la campaña periodística valiente, dentro de sus ideales tradicionalistas, que profesaba desde la adolescencia.

Niño aún, en el colegio de los padres Jesuitas destacó ya como escritor. Ya su prosa era atrevida, por lo que mereció alguna reprimenda, la primera sin duda de las muchas que cosechó en su vida por su afán de exponer la verdad con toda su crudeza, siempre dentro de un recto espíritu de justicia.

Su amistad con Pedro Pascual Villamor y su acendrado y sincero carlismo le llevaron a combatir en las páginas de La Trinchera, popularísima hoja volandera de lucha, órgano de los requetés catalanes, en cuyas columnas se forjó su temperamento y su estilo. Estilo y temperamento que pueden resumirse en dos palabras: valor personal. No temía a nadie, ni con la pluma en la mano ni en la calle. Y así, cuando se suceden las etapas anárquicas en Barcelona y se dirimen en la calle los conflictos sociales, Rico Ariza está siempre en la palestra. En La Trinchera, primero; en La Protesta, después.

La Protesta, semanario tradicionalista del cual Rico Ariza era carne y vida, tuvo un positivo destacado influjo en el éxito del golpe de Estado del general Primo de Rivera. Desde sus columnas, Rico Ariza, con su propio nombre o con diversos seudónimos, llegó a todos los sectores de la sociedad barcelonesa, ensangrentada en aquella época por la lucha fratricida de clases, predisponiéndola al golpe de Estado.


«... cuando Barcelona está sumida en las tinieblas del Terror, un clarinazo retumba en el ambiente.»


Es una hoja vibrante, pletórica de valentía y de decisión cuyo título resume claramente su espíritu: La Protesta. Es el banderín de combate de Rico Ariza. Las campañas de aquel semanario tuvieron resonancia nacional y la gente lo consideró como un áncora de salvación.

Más tarde, desaparecida la Dictadura de Primo de Rivera, Rico Ariza, tradicionalista siempre, resurge con igual potencia, resucitando La Protesta. Popularizó su seudónimo de El Capitán Justicia y dió vida a varios intentos periodísticos, entre los cuales uno de los más destacados fue La Tarde.

Hubo en Rico Ariza un gran director de periódico, inédito. A su ímproba labor en La Protesta, alguno de cuyos números había escrito él solo, Rico Ariza añadió su brillante campaña periodística en El Correo Catalán, de cuya Redacción formó parte.

Creó en dicho diario la sección, muy leída y acotada con interesantes comentarios, titulada Revista de prensa. También cuidó con éxito de la sección de Extranjero, y todo ello alternándolo con sus crónicas de toros, donde hizo temida y célebre su firma de Don Erre.

El 24 de noviembre de 1936, en plena revolución en Barcelona, fue detenido por las llamadas patrullas de control, y encarcelado. Descubierta su personalidad, identificada su actuación periodística, pasó a la titulada cheka de San Elías, establecida por los rojos en el convento profanado del mismo nombre.

Parece que mantuvo su fe con singular entereza, y con valentía arengó al pelotón que iba a fusilarle, en términos tales, que llegaron a hacer vacilar a algunos de sus componentes y se trató de perdonarle la vida, prevaleciendo al fin el criterio de quienes conocían sin duda las campañas de su pluma, siendo fusilado.

Estanislao Rico Ariza, además de desempeñar los puestos periodísticos conquistados por su suelta y valiente pluma, fue vocal de la Junta Provincial de Trabajo, perteneció a la Compañía de Tranvías de Barcelona, a la Confederación Nacional de Sindicatos Libres y ostentó la presidencia de la Asociación de Funcionarios Municipales de Barcelona. Ocupó asimismo el cargo de tesorero de la Asociación de Periodistas.


Antonio Pérez de Olaguer (A. P. O.): Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa), suplemento 1936-1939, vol. 1 (1944), pp. 534-535.

dijous, 23 de novembre de 2017

José María de Freixa y de Hansay, segundo marqués de la Palma

Concluimos nuestra serie de entradas sobre la familia Freixa con la transcripción de unos documentos mecanografiados que se hallaban entre la correspondencia de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, en concreto una reseña biográfica de José María de Freixa y de Hansay, II marqués de la Palma, importante dirigente de la Comunión Tradicionalista, que era hijo de Joaquín Freixa y Fuster y nieto del general Cayetano Freixa y Puig, de quienes ya dimos cuenta en nuestras entradas anteriores. Este texto fue escrito en 1932 por F. García Luna. A continuación del mismo incluimos dos cartas que el propio José María de Freixa envió en 1934 al augusto caudillo del tradicionalismo y rey legítimo de España, Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.

Estos papeles se encuentran actualmente en el Archivo Histórico Nacional (fondo del archivo de la Familia Borbón Parma), digitalizados y disponibles en el Portal de Archivos Españoles (código de referencia ES.28079.AHN/4.2.32.1.2, imágenes 288-299).

Para mayor comodidad lectora, hemos corregido las erratas y faltas de ortografía, sin hacer ningún cambio en los textos en cuanto a su contenido.


[Manuscrito:] Apuntes de la familia de Freixa

EL CARLISMO Y SUS HOMBRES

Recuerdos y efemérides

Apuntes biográficos de un carlista


La vida del Carlismo, así como la gloriosa tradición que se cobija bajo la bandera sacrosanta de nuestra muy amada España en sus refulgentes rayos bicolor y al grito redentor del más bello de los lemas concebidos cual es «Dios - Patria y Rey», cuenta en su seno desde los comicios de su historia, hasta nuestros días, una pléyade de hombres, de valor, de mártires e ilustres que es el más bello bouquet de flores siempre vivas que los verdaderos españoles, los enamorados de nuestras grandezas, los amantes de nuestras epopeyas y sobre todo los verdaderos católicos, podemos ofrecer como florón preciado de nuestro pasado y nuestro presente a todos los historiadores del mundo; y dicho sea con hasta pena también, a las inteligencias medicores y semidifusas que ignoran la Historia de España, desconocen a sus Reyes, olvidan a sus leales y héroes y arrancan de las manos de nuestra santa Isabel Reina querida y amada la unidad nacional.

Es tarea árdua y difícil y más que difícil imposible, destacar del carlismo un nombre, un apellido, un hecho, un relato, una acción para ponerla como ejemplar entre aquellos hombres que firmes a sus ideas y arraigados a sus convicciones dieron la vida muchos de ellos en los campos de batalla en holocausto a la tradición y amor a su lema.

No, no es posible; todos fueron uno y en uno se compendiaban a todos. El invocar uno solo de aquellos nombres era una vibración del alma nacional; todos se batían como leales a su Rey y así, y solo así, pudo ser el carlismo la joya inapreciable de valor y el dique de contención contra el cual se estrellaban las vilezas, las calumnias y las hojarescas malsanas y pagadas de sus adversarios.

Un apellido cojo al azar de aquel jardín de bellos nombres y que quisiera recordarlo ahora.

El apellido «FREIXA»

Freixa. Linaje catalán, de Tarragona (según Atienza)
Don Carlos de Borbón (Carlos VII) concedió el título de
Marqués de Palma a su teniente coronel don Joaquín de Freixa.
Sus armas: En campo de plata, un árbol arrancado,
de sinople, y un león de gules empinado al tronco.
Nobiliario Español de don Julio de Atienza
Barón de Cobos de Belchite, pág. 381, Madrid, 1959.
Tomado de Heraldica Sairaf

Entre escudos y cuarteles, armas y blasones se agrupan y entrelazan como en un bello collar muchos de los servidores del carlismo y de la tradición.

En nuestra sociedad vive y brilla un Freixa y un Carlista.

Don José Mª de Freixa y de Hansay, Marqués de la Palma e Ilustre Señor.

La labor de este culto y caballeroso Marqués, dentro del tradicionalismo, es labor subyugante, avasalladora y titánica.

Parece, que al recordar la historia de sus antepasados, vio como el poeta en las almenas de un castillo viejo convertido en un montón de ruinas descarnadas por la mano del tiempo; y observó en su parte superior un escudo destrozado y cubierto por el jaramago. Este escudo —se dijo a sí mismo— no es una lápida funeraria; es, un timbre de mi apellido y una página de la historia para mi vida; y al recuerdo de aquellos que fueron mis ascendentes parece que les oigo decir: Si contemplas estos blasones, no olvides que no los hemos conquistado para ti, con el solo objeto de que los ostentes en las postezuelas de tus automóviles. Y, Don José María de Freixa y de Hansay, haciendo honor a la gloriosa tradición de la cual previene dice ufano:

Yo bien sé, que todos los cristianos tenemos dos escudos; uno el que hemos conquistado la tarde de la crucificación de Cristo en el Gólgota, y el otro el que conquistó Don Juan de Austria para la humanidad, la cual enamorada de su gloria ha estampado sobre ese escudo un nombre: «Sacrificio y Amor».

Esa es su obra en sociedad como caballero; de católico como buen cristiano y de tradicionalista como carlista insuperable.

El árbol genealógico de Don José María de Freixa y de Hansay se pierde en las inmensidades del tiempo pasado; pero encontramos una pista y un hilo de conducción remontándonos allá por el año 1812, época en que nace en Berga Don Cayetano de Freixa, abuelo del biografiado.

El historial militar y carlista de Don Cayetano es como un poema en flor de lis saturado de las más bellas emociones. Leemos en la Biblioteca de la Bandera Regional la obra publicada en el año 1912 por R. de Brea titulada «Príncipe heroico y soldados leales» donde se destaca la hoja de servicios de este valiente en la defensa del carlismo. Llegó a ostentar el honoroso y delicado cargo de vocal del Consejo superior carlista de la guerra en 1875 y 1876.

Ascendió a Brigadier y agregado al Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón que actuaba como General en Jefe carlista, asistió con este a los combates de Caldas de Montbuy, Balsareny, Caserras, Tortellá, Balaguer, Montejurra, Teruel y Cuenca, obteniendo entonces y sucesivamente la Cruz Roja de la Real Orden del Mérito Militar y el ascenso a Mariscal de Campo el día 18 de Abril del año 1874.

Falleció en Barcelona en el año [1897]. Honraba su pecho con las placas de las Reales y Militares Órdenes de San Hermenegildo y del Mérito Militar; con las encomiendas de la Real y distinguida Orden de Carlos III y con la Real y Americana Orden de Isabel la Católica.

Es una hoja de servicios digna del glorioso nombre carlista.

«Dichosa la rama que al tronco sale», dice uno de nuestros antiguos y castizos proverbios castellanos; y de Don Cayetano de Freixa no podía salir otro más que Don Joaquín de Freixa digno sucesor de aquel, el cual supo hacer honor a su glorioso apellido y vínculo —si esto puede decirse— en un más allá de gloria, la gloria que alcanzó su antepasado.

En pocas palabras puede condensarse la vida militar de Don Joaquín de Freixa. Es tan grande y compleja la visión de los hechos heroicos de este carlista, que el detallar con detenimiento actos y acciones en que intervino sería narración prolija y abrumadora y aun así se caería en defectos; baste decir que era la hidalguía personificada, bravo y pundoroso militar, amigo fiel y consejero del Rey. Tantos y tantos tiene anotados a su favor por la causa católico-monárquica que Don Carlos, su Augusto Señor, que de un modo especial le consideraba y distinguía, quisó premiar sus muchos servicios, concediéndole en 6 de enero de 1900 el grado de Brigadier de los ejércitos Carlistas, cuya recompensa se la otorgó en un Real despacho manuscrito y firmado por el mismo monarca, haciéndolo llegar a manos del Sr. Freixa de un modo particular, lo que denota de un modo evidente la delicadeza de S. M. y el afecto que guardaba a su general.

Más tarde, en 2 de Mayo de 1903 quiso el Augusto Monarca testimoniar nuevamente al Brigadier Don Joaquín de Freixa su más distinguida consideración, y le hizo nuevamente objeto de una concesión.

Es de todos sabido que cuando Don Cayetano de Freixa, Coronel de la Guardia Civil, se encontraba mandando su tercio en La Palma [de Cervelló], proclamó en aquel lugar a Don Carlos VII como único Rey de España. Y en recuerdo de este hecho y en la fecha antes indicada, Don Carlos se dirigió en carta particular a Don Joaquín de Freixa concediéndole el título de Marqués de la Palma para él y sus descendientes. Carta también auténtica del Augusto Señor y que revela en su redacción una entrañable consideración a quien se dirige.

Con lo reseñado solamente pudiéramos dar por terminada la vida de Don Joaquín de Freixa y su situación en el carlismo, pero nos resistimos a dejar sin anotación un hecho también altamente significativo que viene a corroborar [que] no es pasión la extensión de este trabajo.

En los primeros días del mes de Diciembre del año 1914, Don José María de Freixa y de Hansay, actual Marqués de la Palma, pasó por el rudo y doloroso trance de ver fallecer a su madre, y en 26 del mismo mes y año se vio sorprendido por una carta autógrafa de S. M. Doña María de las Nieves de Braganza, asociándose a su dolor, pidiéndole resignación y comunicándole que S. M. pedía a Dios por la difunta en sus oraciones y que en todo momento la tenía presente.

Este y muchos documentos afines los conserva el actual Marqués de la Palma como joyas de inapreciable valor que son, puede decirse, páginas del evangelio de la vida de sus antepasados.

Don Joaquín de Freixa se distinguió en numerosos combates del Principado y del centro, figurando en el Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este.

Falleció cristianamente en Barcelona en año [1904], siendo una irreparable pérdida para el carlismo, la cual no se llorará jamás lo suficiente, y habiendo legado al tradicionalismo con su vida y su conducta una de las más bellas páginas de su historia.

Y, de esta rama de caballerosos cristianos, bravos y heroicos militares, fieles y leales carlistas, viene en sucesión directa Don José María de Freixa y de Hansay.

Engendrado con sangre Carlista, nació envuelto en las glorias de la tradición; en cuyo regazo vive, del que jamás desertó, constituyendo este devoción por su ideal uno de los más grandes amores de su vida.

Conducta ejemplar y valerosa llevada hasta el sacrificio es la de esta nueva figura del tradicionalismo. Dentro de la brillantez de su posición social por constituir su apellido un blasón del abolengo conquistado por sus anteriores, lleva su vida en el más profundo de los silencios y sujeta a una modestia que le hacen acreedor por parte de sus muchas y buenas amistades objeto a cada momento de las más grandes pruebas de simpatía y afecto.

En unión de la virtuosa dama Doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala —su amantísima esposa— otra rama ilustre del carlismo, hija del que fue general de estos ejércitos Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany y Barón de Montesquiu, lleva su vida llena de providad, reflejo exacto de los buenos principios recibidos y costumbres cristianas y católicas atesoradas como un Don divino, y han convertido su apacible hogar en una verdadera institución catequística en favor de los principios de su verdadera advocación y en apoyo y defensa de los fueros y de la tradición.

De esta venerable señora que unió su vida a Don José Mª de Freixa y que es una rama de aquellas reliquias antiguas de la estirpe goda, cuyo origen se debe al solar cántabro y astur, nos ocuparemos más adelante; de momento diremos que es digna sucesora de su apellido, digna compañera del que con ella comparte las dulzuras y encantos de su hogar, dignísima madre de sus hijos; mujer española católica y carlista, y es una verdadera margarita en loor de santidad, con cuyo perfume santo y grandes ejemplos, embriaga el alma de aquellas personas de su íntima amistad y de cuantas tienen el honor y la dicha de compartir con ella solo varios momentos de animada conversación.

Don José María de Freixa y d'Hansay «Marqués de la Palma», nació en la ciudad de Barcelona el día 25 de Marzo del año 1888. Tiene por consiguiente en la actualidad 44 años. Tanto por la línea paterna como por la materna pertenece a familia de rancio abolengo, abolengo que como queda dicho no ha sido heredado ni comprado sino conquistado en el recinto español en los campos de batalla en defensa de la trilogía del corazón carlista, Dios—Patria—Rey, traducido por el filósofo en Patria—Fides—Amor.

Sus primeros estudios, así como más tarde el Bachillerato, los cursó en el entonces importante pensionado de San Juan Berchmans. En los años de su adolescencia ya empezó a destacarse por su afición a los estudios, la comprensión de las cosas y por su carácter serio, bondadoso y apacible pero enérgico que hacían presagiar durante el curso de su vida.

Una vez licenciado en Bachiller, cursó las carreras de Comercio y Mercantil adquiriendo los títulos de profesor en ambas materias; pues aunque su vocación eran las armas para seguir las huellas de los suyos, no quería ser defensor de otra corona que la de su ideal encarnada en el muy Augusto Señor Don Carlos VII que representaba las glorias del tradicionalismo.

Por este hecho, y antes que jurar una monarquía que no era la suya, la que él tenía infiltrada en su sangre, monarquía a la cual juraba respeto y obediencia como súbdito, pero no amor como cortesano, prefiriendo nadar en el mundo comercial y cursó los estudios de las dos carreras que antes anotamos.

Y, efectivamente Don José Mª de Freixa hizo su aprendizaje en el Banco Popular de Barcelona, donde por sus aptitudes y condiciones se captó las simpatías de sus Jefes que le distinguían constantemente con pruebas de inequívocos afectos, hasta tal extremo que en una carrera rápida y feliz donde se ponían de manifiesto a cada paso las cualidades de este joven funcionario, llegó en poco tiempo a desempeñar en dicha entidad cargos de delicada misión y de excesiva confianza.

Ya en ruta ascendiente se estableció por sí solo, fundando la importante razón social Ferixa y Cía, Sdad. en Cta. de la que fue su Director Gerente.

La obra realizada por el Sr. Freixa durante el tiempo de su gerencia al frente de esta razón social, queda patente y de manifiesto en los diversos homenajes que a él ofrecieron los obreros de su fábrica y todo el personal a sus órdenes.

Reveses de fortuna, acometidas del personal subalterno, ideas exaltadas en el obrero manual, imposiciones de estos, propagandas absurdas, parsimonia de las autoridades, poca o ninguna garantía para el ejercicio libre de una industria y tantas y tantas cosas como desde hace cinco lustros a esta parte han sucedido en España, hicieron que esta razón social se disolviera; y Don José Mª de Freixa, que desde los primeros años de su juventud empezó a sufrir los rudos latigazos del destino y que estaba acostumbrado a los embates de la vida, puso la vista en la inmensidad de los espacios y con una resignación sin límites siguió navegando por el ancho mar de las ilusiones.

Era difícil que pudiera tenerle miedo al destino; el valor era uno de los patrimonios que recogió como herencia al nacer al pie de cuya cuna depositaron con anterioridad sus padres y abuelos; este era un nuevo encontronazo con la vida. El Dante vio grabadas en las puertas de su infierno esta terrible inscripción: «Lasciate ogui esperanza». Perdida toda esperanza: pero él ante esa terrible visión del porvenir, no quería rendirse, era muy duro perder las esperanzas en plena flor de juventud y recordó que allá en medio de campos de Salamanca hay una cruz ante la cual los viajeros se detienen.

La cruz tiene a sus pies esta otra inscripción: «Viajero: mira atrás, mira adelante, sigue tu largo o corto camino pero reza».

Pero Freixa a pesar de las adversidades no podía dejar de ser quien era; estaba forjado su temple a grandes calorías; era su corazón acero puro sin mezcla de maleabilidad alguna; tenía en sus venas sangre cristiana, católica y carlista, se educó en el tradicionalismo guiado por la luz esplendorosa de aquella santa mujer que lo amamantó y de aquel caballeroso y bravo militar que fue de creador después de Dios; en su cerebro no tenían cabida las bajas pasiones, su inteligencia marchaba siempre hacia el bien y Freixa, que aprendió de sus padres a rezar y que en unión de ellos rezaba a diario el Santo Rosario, siguió rezando, rezó mucho... bendita tradición; ¡qué bella eres! invocó el dulce nombre de Jesús y solo con su ayuda y proyección, se vio libre de maldades; comenzó una nueva vida caminando por senderos indecisos sembrando espinas, que es el camino que recorren los buenos para llegar a la edad que hoy ostenta, querido, respetado y admirado de cuantos le conocen y tratan y comparten con él el dulce nombre de la amistad.

A los 23 años de edad, en 5 de Julio de 1911 se unió con el indisoluble lazo del matrimonio con la muy linda señorita Blanca de Sabater Gaytán de Ayala, hija como antes hemos dicho del que fue general carlista Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany; ceremonia que tuvo lugar en el aristocrático templo de Nuestra Señora de las Mercedes y en el propio Camarín de esta imagen.

Apadrinaron esta unión SS. AA. RR. los serenísimos señores Don Alfonso Carlos de Borbón y Doña María de las Nieves de Braganza y de Borbón, dando con ello al señor Freixa la más patente prueba de cuanta consideración le profesan estas augustas y reales personas, en méritos de la inolvidable memoria y recuerdo de sus antepasados.

Los serenísimos infantes estuvieron representados por los Muy Ilustres señores Don Alejandro de Lacour y Moreno de Souza; Don Ramón María de Segarra y de Siscar; y Doña Carmen de raurés vda. de Hansay.

Los dos primeros señores citados actuaron también como testigos del novio; siendo los de la novia el Marqués de Oliver y Don Andrés de rocha.

Huelga decir por consiguiente la amistad que une al Sr. Freixa con SS. MM. Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves, de cuyos honorables señores recibe con frecuencia testimonios de ello, siendo en acto antes mencionado el botón preciado de esta amistad.

Indudablemente el Sr. Freixa, hombre culto e inteligente, de cultura nada común adquirida en sus constantes desvelos por el estudio, y los largos viajes realizados por el extranjero que le han proporcionado grandes conocimientos, es una figura indiscutible y un valor positivo en el tradicionalismo.

La devoción de muchos de los llamados hoy tradicionalistas es devoción de ayer, y más que devoción carlista podíamos llamarlos sin temor a equivocarnos devoción católica; del mismo modo que a muchas de las personas que frecuentan nuestros sagrados templos en vez de llamarles católicos perfectos podríamos designarlos con el nombre de católicos honorarios o clientes de Cristo.

Así sucede en el tradicionalismo; muchos jóvenes de los que integran sus filas y que se llaman monárquicos desconocen en absoluto la vida del Carlismo, su historia, sus hombres y sus hechos; son una juventud dispuesta a la lucha, una juventud emprendedora de grandes reconquistas, una juventud que como dijo el gran Sandoval, ¡con la fe quieren anticipar la aurora y con la ilusión dignificar la vida! Hermosa juventud, ¡Dios te guíe y te bendiga!; pero el caso de Freixa es otro en su origen y en sus efectos; Freixa tiene en su sangre la tercera generación carlista y evita por lo tanto decir servidor de una dinastía, hombre católico, hombre leal y honrado puesto que el solo nombre de carlista es el compendio de todas las bondades y de todas las dulcuras.

Por esto siempre ha sido y sigue siendo muy difícil ser carlista.

Monárquicos hay muchos, católicos hay más, leales ya hay menos; carlistas hay muy pocos.

Don José Mª de Freixa es una de las rocas actuales sobre las cuales se sostiene el tradicionalismo, lo que ocurre es que el Sr. Freixa no puede destacarse. Su figura no puede verse en el ateneo ni en el míting ni en las propagandas públicas, porque Freixa no es independiente.

Vive honrada, modesta y noblemente de un sueldo, de un destino. Es oficial administrativo del Ayuntamiento de Barcelona, con cuyo cargo ha desempeñado la Jefatura de la Policía de Abastos con tal celo y delicadeza que repetidas veces ha sido felicitado por sus Jefes.

Y en esta situación: ante un gobierno laico, un régimen republicano; unas cortes sectarias; una opinión pública extraviada; unos partidos políticos heterodoxos y un ambiente malsano de injusticia e impiedad, Freixa, que no recibió de sus padres y abuelos otro patrimonio que una acrisolada honradez y una limpia ejecutoria, tiene hoy que resignarse, sufrir en silencio, trabajar en la sombra y reducir el círculo de sus propagandas.

Como ya se ha dicho tiene mujer e hijos, obligación moral y terrena que jamás abandona puesto que es un amante esposo y un padre ejemplar.

Si Freixa fuera independiente, si las alas de su pensamiento y los latidos de su corazón pudieran volar libremente a los espacios estelares, otra cosa sería hoy el tradicionalismo y otros muy distintos los resultados que se obtendrían.

¡Qué duda cabe que al frente del tradicionalismo hay figuras eminentes! pero el sillón que debía ocupar Freixa está vacío, porque este sitial es el que ocupa en esos bellos juegos llamados florales el poeta premiado con la flor natural.

A Don José Mª Freixa le conocen muchos, le tratan pocos y lo comprenden menos. Los que le conocemos, tratamos y comprendemos, solo decimos de él una cosa: «Es, un carlista».


A mi querido e ilustre amigo Don José María de Freixa y d'Hansay - Marqués de la Palma. 
En un momento de divagación de mi atormentado cerebro, empecé a pensar el porqué de mis sufrimientos. Como traído de la mano de la Providencia llegó Vd. hasta mi musa y recordé los amargos ratos de su vida. Como lo creo a Vd. digno de mejor suerte, sin saber por qué comencé a escribirle. No sé, si en prosa o en verso —no conozco ese lenguaje, quédese ello para los hombres leídos y escribidos—, solo sé que le escribo en el lenguaje del corazón. 
Acepte Vd. como una sinceridad suprema de mi vida este pequeño trabajo que le envío y sepa que para Vd. y los suyos pide al Eterno Padre dichas sin fin su affmo. y buen amigo. 
firmado — F. García Luna.

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En 1934 el Marqués de la Palma envió a Don Alfonso Carlos las siguiente cartas (imágenes 256-260 del mismo expediente del PARES).

Carta firmada en Barcelona con fecha de 14 de septiembre de 1934 y membrete de la Jefatura Regional Tradicionalista de Cataluña (Secretaría: Rambla Cataluña, 8, pral. teléfono 24929):

Señor:
Con el mayor respeto escribo hoy a V.M. y acuso recibo a la última carta que el Señor se dignó escribirme, la que agradezco como todas, así como las noticias que en la misma se digna comunicarme.
Como consecuencia de los últimos y tristísimos acontecimientos ocurridos en Olesa de Montserrat con ocasión de un Aplech organizado por nuestros valientes requetés, en el que la mayor parte, en número de 95, fueron detenidos ignominiosamente apaleados y maltratados de palabra y de obra, me honro en comunicar a V.M. que entre los muchachos detenidos reina el mayor entusiasmo y a pesar de las grandes penalidades por que han tenido que pasar se encuentran más animosos que nunca y por mi mediación trasmiten a V.M. su más entusiasta adhesión a Vuestra Real Persona y la Causa tres veces Santa de la Tradición Española encarnada en la persona de V.M. Dispuestos siempre a seguir luchando y a los mayores sacrificios por Dios, por la Patria y por el Rey. Todos ellos junto con todos los Carlistas catalanes gritamos en estos momentos con toda la fuerza de nuestros pulmones ¡VIVA EL REY! ¡VIVA ESPAÑA CARLISTA!
Desde el primer momento, Señor, estuve trabajando en favor de los detenidos de acuerdo siempre con nuestro Jefe Sr. Alier, y puedo asegurar a V.M. que todos los elementos del partido sin excepción estuvieron a nuestro lado. Nada les falta y si bien se encuentran privados de libertad, están muy bien atendidos, pues rápidamente se han cubierto las listas con donativos que han sido enormes, para atender todos cuantos gastos ocasionen. Sería faltar a un deber de compañerismo si enumerara nombres de amigos correligionarios que han prestado todo su apoyo; basta decir que todos, absolutamente todos, sin distinción de clases ni de categorías, se están portando admirablemente bien.
Por lo demás, Señor, la reacción experimentada como consecuencia de este hecho es algo admirable, Cataluña entera está a nuestro lado y hasta enemigos nuestros han patentizado su protesta ante un acto tan vandálico y tan poco natural entre gente civilizada.
Prefiero no explicar detalles a V.M. del trato que se les dio por no amargar al Señor; ya pasó, y puede V.M. tener la seguridad absoluta de que ahora se encuentran muy bien y debidamente atendidos.
Creo así mismo que de no sobrevenir ninguna complicación, muy pronto los tendremos a todos en libertad; esta es la impresión que tenemos en estos momentos.
Señor, a la protesta general uno la mía, indignadísimo ante lo que me veo en el caso de calificar de canallada, la más ignominiosa registrada en los anales del Carlismo.
Todos los compañeros de Junta, Abogados defensores, amigos y correligionarios me encargan trasmita a V.M. el sentimiento del dolor que han experimentado ante este hecho incalificable, y al enviar a V.M. su más respetuoso saludo, envían así mismo su inquebrantable adhesión a Vuestra Real Persona, así como a su Majestad la Reina. Y hacen votos, Señor, para que V.M. se persone cuanto antes en tierra Española para salvar a España de tanta ignominia. Así lo deseamos todos los buenos Españoles.
Señor, ruego a V.M. se digne saludar respetuosamente a su Majestad la Reina.
Como siempre, Señor, quedo a las Reales Órdenes de V.M.

A los R.P. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


Carta firmada en Barcelona con fecha de 12 de octubre de 1934:

Señor
A su debido tiempo recibí la carta del día 5 con que se ha dignado honrarme V.M. y dejo cumplimentados los encargos con que V.M. me ha distinguido.
A raíz de mi detención y en vista de la persecución sistemática de que era objeto, salí para S. Sebastián, donde estuve refugiado ocho días, pero regresé a ésta precisamente cuando empezaba el peor peligro que gradias a Dios parece conjurado por el momento, aunque tememos que lenidades y compromisos de la naturaleza de los que por aquí se estilan con la gente que manda vuelvan a darle a no tardar nuevos ánimos y empuje. 
En realidad continúo en el Ayuntamiento, pero como no he de tener secretos para V.M., debo manifestarle que es un cargo muy inferior al que desempeñaba, con emolumentos sobradamente insuficientes y con el peligro constante de un cese por mi significación sobradamente conocida, todo lo cual me obliga a buscar otra situación que me permita vivir en los dos sentidos de la palabra, es decir, con suficiente sueldo para nuestras necesidades y con una mayor aunque relativa seguridad personal, pues hemos descubierto que en el último complot éramos muchos los condenados a muerte y a no haber sido por la gracia de Dios que les dio el fracaso, a buen seguro a estas horas seríamos no pocos los ejecutados.
Esta necesidad hace que con mayor gratitud si cabe mire yo el alto interés que por mí se toma V.M.
Con relación a lo que me dice V.M. relativo a nuestros presos he de hacer constar de una manera especial, por haberlo vivido constantemente, que el éxito se debe en su mayor parte a los incansables trabajos y especial táctica desplegada por el abogado y capitán de Marina Sr. Laplana, devoto súbdito de V.M., que ha consagrado por durante dos meses todas sus actividades sin reparar ni siquiera en horas de descanso a asunto de tanto interés para nuestra causa.
Y lo que digo de Laplana respecto al asunto de los presos debo decirlo también de Torralba respecto a todos los asuntos de nuestra comunión en los que se ha mostrado inteligentísimo, súmamente hábil, de una actividad pasmosa y lealtad jamás superada, culminando en el hecho de formar con las tropas en la lucha contra los separatistas durante los últimos sucesos. En su consecuencia me permito rogar a V.M. se digne honrar estos amigos (Enrique Laplana y Benedicto Torralba) enviándoles unos retratos de VV.MM. que estimarán como especialísimo favor y recompensa para ellos insospechada.
Nuevamente se encuentra Cataluña con crisis de Jefatura y nuevamente vuelven a despertarse ansias de mando en quienes menos lo merecen; pero, en fin, bien sabe V.M. que siempre estoy a sus órdenes para lo que se digne mandar.
Ruego a V.M. se digne presentar mis rendidos saludos a S.M. la Reina y aceptar la reiteración de incondicional lealtad que a V.M. debo.
Señor
A los RR.PP. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


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Como indica la biografía que hemos reproducido, don José María de Freixa y Hansay se casó con doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala. Según consta en la revista Cuadernos de Ayala, n. 50, abril-junio 2012, fueron padres de:

A) Doña Mercedes de Freixa y de Sabater, casada con don Pedro González Calvo; padres de doña Blanca y doña Esperanza González Freixa. 
B) Doña Blanca de Freixa y de Sabater, casada con don José de Aguirre y Viladomat; padres de doña Pilar, don José Luis, don Ignacio, doña Blanca, don Pedro y don Carlos de Aguirre y Freixa.

Durante la guerra de Liberación, don José María de Freixa y Hansay no se hallaba en su domicilio cuando fueron a buscarlo, según informó la Gaseta Municipal de Barcelona de junio de 1937. Ignoramos la fecha de su muerte, pero sabemos que vivía aún en 1958, cuando contaba con 70 años de edad, según consta en un número de la Gaceta Municipal de Barcelona de ese año.

El título de marqués de la Palma debió quedar vacante a la muerte de don José María. Al menos en dos ocasiones (en 1993 y 1999) Óscar de Freixas y Sánchez (residente en Miami, según parece) ha solicitado este título al Estado, aunque no tenemos noticia de que el Estado se lo haya otorgado. Ignoramos la relación que pueda tener el Sr. (de) Freixas con el último marqués de la Palma o con el general Cayetano Freixa, aunque no deja de llamarnos la atención la diferencia del apellido (Freixas en lugar de Freixa) así como la ascendencia cubana que parece tener el linaje de este caballero. Pensamos que los descendientes de Cayetano Freixa por cualquier rama tendrían más derechos a este título nobiliario, aunque en honor al General Freixa y a Don Carlos VII —que fue quien creó el título— les recomendaríamos que si tienen interés en el mismo lo solicitasen a la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, antes que a una jefatura del Estado que nada tiene que ver con el carlismo, por mucho que oficialice títulos nobiliarios carlistas (costumbre heredada de la anterior jefatura del General Franco).