divendres, 3 d’abril de 2020

Josefina Comerford: Una heroína difamada de la Santa Causa

Tal día como hoy, un 3 de abril del año 1865, moría en Sevilla D.ª Josefina Comerford, condesa de Sales, una gran heroína realista, defensora del Altar y del Trono, que participó en la Regencia de Urgel (1822) y organizó, animó y financió después a los realistas apostólicos (precarlistas) en la Guerra dels malcontents (1827). Fracasada esta última insurrección contra el despotismo preliberal de la Década Ominosa (así llamada por los liberales, aunque fuesen éstos los mayores beneficiados durante la misma), Josefina Comerford fue apresada y recluida en un convento de Sevilla. No contentos con eso, los liberales lanzarían después contra ella, durante décadas, tipo de insidias y calumnias, encaminadas a desprestigiar la dignísima y heroica figura de esta mujer colosal.

En 1955 Pedro Sánchez Núñez defendió su memoria en un artículo publicado en ABC, que por su interés hemos querido reproducir a continuación:

                                                                 ⚜️ ⚜️ ⚜️

La reciente evocación, en estas mismas columnas, por don Federico Oliván y don Jorge Vigón, de la bella, intrigante y madura baronesa de Krüdener, inspiradora en 1815 de la Santa Alianza, en unión del mesmeriano Nicolás Bergasse, da ocasión para reivindicar la memoria de la heroína española doña Josefina Comerford, muy superior a ella en méritos y virtudes y relacionadas ambas seguramente en la Viena de aquellos días, con motivo del Congreso Diplomático que allí se celebró al ser derrotado Napoleón, y cuyo fastuoso ambiente, aunque idealizado, se reflejaba en la película “El Congreso se divierte”, hace algunos años proyectada con gran éxito.

Una afortunada investigación me ha proporcionado el hallazgo de documentos fidedignos e inéditos que rectifican y desmienten las afirmaciones erróneas y tendenciosas contenidas en la novela histórica y contemporánea de A. de Letamendi titulada “Josefina Comerford o el Fanatismo” (Madrid, 1849). Tanto este autor como don Francisco J. Orellana en la titulada “El Conde de España o la inquisición militar” (Madrid, 1856), a la que pertenece la ilustración que aquí se reproduce, dicen que nació en Tarifa en 1798. Su fe de bautismo, cuya copia autorizada poseo, prueba inequívocamente que vino al mundo en Ceuta cuatro años antes y nos da noticia clara de su filiación.

Su abuelo, padre y tíos eran jefes y oficiales del regimiento de Irlanda, integrado por descendientes de los católicos irlandeses expatriados para librarse de las sañudas y crueles persecuciones de que eran victimas por parte de los ingleses y especialmente en los tiempos de Cromwell. Su abuela paterna, doña Magdalena de Sales, marquesa de Sales, era natural de Annecy, ducado de Saboya, patria y solar de San Francisco de Sales, de quien ciertamente se sabía familiar nuestra heroína.

Este regimiento de Irlanda, del cual era coronel su abuelo paterno, y comandante o sargento mayor, como entonces se decía, su padre estaba constantemente de guarnición en las plazas cercanas al Peñón de Gibraltar, por ser la fuerza de choque que los Reyes de España tenían dispuesta para el siempre deseado ataque y rescate de esa espina clavada en el corazón de nuestra Patria. En el año 1798 fue trasladado el regimiento a Tarifa, y por esto Josefina se decía nacida aquí, quitándose cuatro años y porque le gustaba más esta ciudad legendaria y heroica, en cambio de Ceuta, que sólo era un presidio en aquella fecha. En 1805 presenció casi ante sus ojos el combate de Trafalgar.

En 1808 quedó huérfana y fue recogida, adoptada y prohijada, por su tío paterno Enrique de Comerford, conde de Bryas, quien, a consecuencia de la invasión francesa, dejó de prestar sus servicios en el Cuerpo de Guardias Walonas y marchó a Dublín con su ahijada.

En su casa-palacio fue educada esmeradísimante en un ambiente de exaltado y ardiente catolicismo, rodeada de sacerdotes, que le hablaban constantemente de la alta y transcendental misión a que estaba llamada por su linaje y situación social.

Todos prestan juramento en manos de Josefina.
Ilustración de la historia-novela contemporánea
"El conde de España o la Inquisición militar",
original de D. Francisco J. Orellana. Barcelona, 1856.

                                                                       * * *

Cuando en 1815 había ya florecido su espléndida belleza, fue con su tío a Viena con motivo del congreso Diplomático antes mencionado.

En aquel ambiente, fastuoso y mundano, triunfó plenamente por su belleza, juventud y educación exquisita, y se relacionó con las ilustres personalidades allí congregadas, entre ellas la citada baronesa de Krüdener.

Al morir su tío por entonces, marchó a Roma, aconsejada por sus amigos, españoles e irlandeses, quienes creían que el ambiente de la Ciudad Eterna sería un consuelo y un sedante para sus inquietudes espirituales.

Se encontraba entonces en plena juventud, bella, rica e independiente, y, aunque muy solicitada, no se sentía inclinada al matrimonio ni a sus consecuencias.

Como a Don Quijote se le secaron los sesos con la lectura de sus libros de Caballerías, a ella se le secó el corazón con la de las vidas de mujeres célebres y hasta ese niño dormido que, según el poeta indio, todas llevan en él porque así Dios lo ha querido.

Se sentía por su sangre irlandesa, inclinada a la acción y la aventura y decidió venir a España, su patria, en donde por entonces, 1820, se iniciaba la guerra civil entre absolutistas y constitucionales, atizada bajo cuerda por Fernando VII, su hermano Carlos María Isidro y la esposa de este infante, María Francisca de Braganza.

Así lo hizo, dejando Roma, donde, como un amigo mío, no encontró más que muchas columnas rotas y muchos obispos parados, cosas que a ella no le interesaban, como tampoco las disertaciones eruditas de los personajes que allí trató.

Si Santa Juana de Arco escuchaba sus voces interiores y los mandatos de Santa Catalina y Santa Margarita, a nuestra Josefina la impulsaba el espíritu aventurero y el amor al peligro y a la acción de su ascendencia irlandesa y la voz íntima, mística y familiar de San Francisco de Sales.

                                                                   * * *

Se estableció en Barcelona, en contacto con la Regencia de Urgel, defensora de los derechos y prerrogativas del Rey a quien creían secuestrado por liberales y masones y hasta sospechaban que se hubiese iniciado en la masonería.

También se relacionó con los principales guerrilleros y jefes de partidas realistas, entre los cuales se destacaba “El Trapense”, llamado así por haber sido lego de la Comunidad fundada en 1671 por Armaud de Rancé, como él, calavera arrepentido y penitente.

A éste, Antonio Marañón, como el más exaltado, fanático y genial energúmeno, lo tomó a su servicio como edecán o jefe de Estado Mayor de la partida que ella financiaba y de la que se titulaba generala.

Es absurda e inverosímil la idea de que una mujer de tan sólida formación moral y religiosa y de tan exquisita educación cayera en la flaqueza de enamorarse de este tosco y montaraz soldado. Más probable es que fuera él el seducido y enamorado, ya que ella era seductora y que su altivez y dignidad tuvieran a raya al guerrillero de tan azarosa vida anterior.

Juntos asistieron a diversas acciones guerreras, la principal entre ellas, la toma de Seo de Urgel en 21 de junio de 1822, donde por entonces se instaló la Regencia y concedió a Josefina el título de condesa de Sales, distinción refrendada por Fernando VII, en premio a sus servicios a la causa realista.

También unidos entraron en España en 1823 con el duque de Angulema y los llamados Cien Mil Hijos de San Luis.

En 1824 se concedió a “El Trapense” el mando de las fuerzas que operaban en la Rioja, Navarra y Aragón; en esta campana le siguió nuestra heroína en traje de amazona, hasta que fue destituido y recluso en un convento, donde, según el anuario Lesur para 1826, murió en noviembre de ese año. Aun privada de su compañero, siguió conspirando en sentido ultrarrealista y fue vigilada y obligada a residir en Barcelona, alejada de Cervera, donde radicaba el foco de la rebelión que se fraguaba.

Para conseguir el pasaporte del capitán general de Cataluña hace que una criada suya se instale en Cervera y después que los doctores del Claustro universitario la declaren posesa o endemoniada, y con el pretexto de cuidarla logra la autorización que desea, recurriendo siempre, como exige su fogosa imaginación, a medios novelescos.

Una vez en Cervera, organiza, anima y financia el Movimiento llamado de los “malcontents”, alentado en sus comienzos por la infanta doña María Francisca, esposa de don Carlos María Isidro, y acaso también por éste y por el propio Fernando VII.

Al fracasar y ser vencido este Movimiento fueron fusilados y ahorcados los principales jefes, Rafi, Vidal, Saperes, Bussóns, etcétera, y a doña Josefina se la condenó a reclusión perpetua en un convento de Sevilla y se propaló que entre sus papeles se habían hallado recetas que probaban que no era una mujer virtuosa.

La cosa es tan burda, que trasciende a la legua a maniobra policíaca para desprestigiar a esta heroica y quijotesca mujer, que todo, hasta su honor, hubo de sacrificarlo por sus ideales.

Esta insidiosa acusación de la policía fernandina es acogida casi con fruición y regodeo por los escritores del bando enemigo tales como Letamendi, Orellana y otros, pero sobre todo por Cristóbal de Castro, quien en una lamentable novela titulada “La inglesa y el trapense”, lo que hasta el titulo es mentira, puesto que ella era española y él sólo un lego, y acaso ni eso, al final de dicho papel se presenta a esta heroica y abnegada mujer, caída en la miseria y en la abyección, bo­rracha y explotada por chulillos de baja estofa. Este texto y otro del mismo autor titulado “La generala carlista”, o algo así, han sido los que más han contribuido por su baratura y difusión, a la difamación de tan digna y noble mujer, a quien me sien­to obligado a defender de tales acusaciones calumniosas.

En el convento donde fue recluida, en Sevilla, trató de imponer su voluntad, y la trasladaron de uno a otro, hasta que al morir Fernando VII, en 1833, y con mo­tivo de la exclaustración ordenada por Mendizábal, pudo recobrar su libertad y vivió casi oculta en el Corral del Conde, enorme caserón de vecindad que aun exis­te en la calle Santiago, donde intentó verla don Antonio Pirala, el historiador de la guerra civil en 1853. Le dijeron que no estaba en Sevilla (*), y debió por entonces viajar por Cataluña y acaso fue a Irlanda para ordenar y recoger su hacienda abandonada. No hay noticias de ella en esta época. Únicamente en un artículo del señor Mañé y Flaquer, inserto en el almanaque para 1881 de la “Ilustración Española y Americana”, se dice que murió en Montseny haciendo penitencia, sin precisar fecha. Esto no es cierto, ya que en 1863 otorgó testamento en Sevilla y murió en esta ciudad a consecuencia de una pulmonía el día 3 de abril de 1865, en una modesta casita de su propiedad, que he logrado identificar y se conserva en el mismo estado que cuando la vivió nuestra heroína y donde murió a los setenta y un años de edad.

El día de su muerte era Lunes de Pasión y fue enterrada en el cementerio de San Fernando, en la sepultura individual número 527, junto a la pared de la quinta cuartelada.

Así terminó, digna y piadosamente, la vida novelesca y heroica de esta quijotesca y magnífica mujer, que sacrificó abnegadamente toda su vida, hacienda y hasta el honor en servicio de su exaltada fe católica, con renuncia a cuanto por su nacimiento, belleza y fortuna pudo disfrutar en su larga vida.

Un deber de hidalguía y de conciencia me impulsa a publicar este resumen o avance de la biografía documentada que preparo y espero terminar y editar en plazo no lejano con el título de drama de Echegaray “O locura o santidad”.

P. S. N.

Sánchez Núñez, Pedro: «Una heroína difamada». ABC de Sevilla (25 de febrero de 1955), pp. 5-8.


(*) Al respecto, Antonio Pirala dejó escrito lo siguiente:

“No hace mucho tiempo que en un apartado barrio de Sevilla buscábamos la calle del Corral del Conde y en una humilde casa hacia el medio de la calle preguntábamos por Josefina Comerford. Estaba a la sazón ausente de Sevilla, no regresaría en algún tiempo. Nos entristeció esta noticia y hubimos de partir de la ciudad sin haber podido ver más que la habitación de esta mujer extraordinaria, que odia hasta el recuerdo de lo pasado pero que conserva el genio, la fortaleza del alma y el varonil aliento de su primera edad a pesar de sus achaques”

dijous, 21 de novembre de 2019

«Esa muralla no existe», fragmento de un texto del carlista Conde de Doña Marina contra el separatismo catalán (1917)

La autonomía, la autarquía, mejor dicho, de las regiones, es una restauración que no pueden darla ni Cortes liberales ni los autores de la semana trágica con los discípulos del Heterodoxo, cifra del centralismo y caciquismo hechos curial. (...)

Los caminos de redención son mera palabrería, impropia de pueblo tan sensato y tan práctico como el catalán, convencido de que los caminos de redención son los de la fe, la piedad, el trabajo, la disciplina, el orden. Cuando los catalanes, singularmente los barceloneses, oyen, escuchan la inspirada voz de su gran poeta, y trabajan, luchan y oran; cuando van á Montserrat á pedir la luz y la fortaleza que de tan libres y puras elevaciones desciende; cuando reconocen que en la Tradición, y no en revoluciones extranjeras, está el verdadero progreso; cuando rechazan, indignados, utopías como la del Ebro por frontera; cuando se proclaman españoles, como Peñafort, Margarit, Balmes, Milá, Durán, Rubió, Verdaguer..., entonces esa muralla no existe sino en libros de tan perversa intención y de tan escasa doctrina como El nacionalismo catalán.

¡No! Aquí, hoy, no hay más nacionalismo que el nacionalismo español. Afirmando nuestra unidad, que no es nuestra imposible, injusta, uniformidad, afirmamos nuestro poder, nuestra fuerza; y sólo por la fuerza, como escribió Menéndez y Pelayo, se vence en la literatura y en todas partes.

Lo que importa es recordar que la fuerza, para que sea eficaz entre seres racionales, ha de ser algo más, mucho más, que fuerza bruta.

EL CONDE DE DOÑA-MARINA

El Correo Español (28 de julio de 1917)


dissabte, 9 de novembre de 2019

El Carlisme davant les eleccions parlamentàries del 10 de novembre

Després de menys de set mesos des de les eleccions generals anteriors, el règim de facto i el seu Govern en funcions tornen a cridar els espanyols a les urnes. No ha canviat res; amb la nova convocatòria només augmenta el malbaratament de diners públics, al temps que disminueix el nombre d'il·lusos que esperen alguna cosa dels processos electorals.

Reproduïm, per tant, la part aplicable del nostre comunicat d'abril d'aquest any. A les eleccions generals de el 10 de novembre de 2019 no concorre cap candidatura a la qual els tradicionalistes puguin donar el seu suport. L'única opció que, per desgràcia, queda per al Carlisme és l'opció cristiana i patriòtica de l'abstenció, que posa de manifest el rebuig a aquest sistema corrupte i corruptor.

Com explicava el cap delegat de la Comunió Tradicionalista en un article de el maig passat: «si ens atenim a allò oficial, a la lliça de partits i als seus programes, qui vota a un partit favorable (més o menys) a l'avortament, a les lleis contra la família, a la degeneració sexual, a la corrupció a l'escola, a la dissolució de la Pàtria, a l'esclavitud pràctica de l'assalariat, al totalitarisme, a l'estatisme o tantes altres infàmies del sistema, peca. Peca, primer, per acatar la supèrbia satànica de sistema mateix, i peca per fer-se còmplice de tots els excessos que pugui cometre el partit votat. I a aquest votant no li val escudar-s'hi en el principi del mal menor, tret que el seu vot afavoreixi a un partit el programa coincideixi totalment amb els principis de l'ordre social cristià, la qual cosa suposaria la desaparició de sistema liberal mateix. I si això no existeix, sempre li queda abstenir-s'hi».

Madrid, novembre 2019.
Secretaria Política
Comunió Tradicionalista

⚜  ⚜  ⚜

Tras menos de siete meses desde las elecciones generales anteriores, el régimen de facto y su Gobierno en funciones vuelven a llamar a los españoles a las urnas. Nada ha cambiado; con la nueva convocatoria sólo aumenta el derroche de dineros públicos, al tiempo que disminuye el número de ilusos que esperan algo de los procesos electorales.

Reproducimos, por lo tanto, la parte aplicable de nuestro comunicado de abril de este año. A las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019 no concurre ninguna candidatura a la que los tradicionalistas puedan dar su apoyo. La única opción que, por desgracia, queda para el Carlismo es la opción cristiana y patriótica de la abstención, que pone de manifiesto el rechazo a este sistema corrupto y corruptor.

Como explicaba el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista en un artículo del pasado mayo: «si nos atenemos a lo oficial, a la liza de partidos y a sus programas, quien vota a un partido favorable (más o menos) al aborto, a las leyes contra la familia, a la degeneración sexual, a la corrupción en la escuela, a la disolución de la Patria, a la esclavitud práctica del asalariado, al totalitarismo, al estatismo o a tantas otras infamias del sistema, peca. Peca, primero, por acatar la soberbia satánica del sistema mismo, y peca por hacerse cómplice de cuantos desmanes pueda cometer el partido votado. Y a ese votante no le vale escudarse en el principio del mal menor, a no ser que su voto favorezca a un partido cuyo programa coincida totalmente con los principios del orden social cristiano, lo cual supondría la desaparición del sistema liberal mismo. Y si tal cosa no existe, siempre le queda abstenerse».

Madrid, noviembre 2019.
Secretaría Política
Comunión Tradicionalista

dissabte, 19 d’octubre de 2019

El separatismo catalán: un invento de la masonería de finales del siglo XIX

Los actuales alborotos separatistas en Cataluña, que, pese a lo que quisieran sus instigadores, no llegan a la categoría de verdadera revolución (lo cual no resta gravedad al asunto), han llevado a muchos periodistas a hacerse la conveniente pregunta «¿cómo hemos llegado hasta aquí?». Pero si formularse esta pregunta demuestra inteligencia, porque en la respuesta a la misma se halla la solución al problema, darse a sí mismos respuestas alocadas e intuitivas —«el campo contra la ciudad», «la falta de cosmopolitismo», «el carlismo»—, demuestra una ignorancia supina, por no decir una soberana estupidez. Para tratar de demostrar estas tesis suelen sacar a colación al clero modernista catalán; de lo que no parecen percatarse es de que este clero, hebrio de vaticanosegundismo e indiferentismo religioso, se parece tanto al catolicismo catalán del siglo XIX como un sapo a una trucha.

Lo cierto es que el separatismo (anti)catalán no procede ni remotamente del catolicismo social ni del carlismo, al que siempre tuvo enfrente (mucho antes incluso de la Cruzada de Liberación de 1936), sino del liberalismo, como hemos repetido mil veces y habremos de repetir otras tantas. Evidentemente el separatismo viene del nacionalismo burgués de finales del XIX, pero no es menos cierto que aquel nacionalismo procedía directamente del liberalismo (y de la masonería, como veremos más adelante). En un artículo en EL CORREO ESPAÑOL titulado «Catolicismo y catalanismo» (1918), el pensador y político tradicionalista Dalmacio Iglesias decía acertadamente al respecto:


La génesis del catalanismo, hijo directo del liberalismo moderado, que, por desintegración de la Jove Catalunya, apareció con la Unió Catalanista y después de ésta, y con sus residuos, amasados con republicanismo más ó menos moderado, liberalismo más ó menos democrático y anodinismo, mediante el fermento del indiferentismo religioso y espíritu progresivo autonómico independiente, se concretó en la Lliga Regionalista, que últimamente ha incorporado á sí, merced á un nuevo progreso en radicalismo, los elementos procedentes de la izquierda catalana, hasta hace poco tiempo representada por el sectarismo de El Poble Catalá.

Pero si vamos más allá veremos que aquel nacionalismo de la Lliga supuestamente "conservador" tenía su origen en un movimiento anticatólico y antitradicional, fraguado en las logias de Barcelona. Un ilustre y anciano sacerdote que residía en Barcelona escribió en 1919 una carta al periodista Jaime Torrubiano Ripoll (cuando este aún era tradicionalista y redactor de EL CORREO ESPAÑOL), en la que decía:

Andan los lligueros muy envanecidos con sus esperanzas de poder, y temo que no han de enviar paladín alguno que responda a la argumentación nervuda de los artículos tuyos. Además, quieren que “esa cuestión religiosa no mueva ruido”, que no amedrente las conciencias buenas de los catalanistas sanos, y así, es de temer que procuren que la voz de la verdad se pierda en el vacío. Son demasiado soberbios para atender á los voces que no salen de La Veu.  
Pero tiene el catalanismo lliguero un vicio de origen. A lo que alcanzan mis recuerdos, por los años de 1884 ó 1885, en unos artículos que nos leía el P. Girbau (q. d. D. g.), de un periódico que salía en Vich ó en Barcelona, decíase que era acuerdo de la masonería catalana y balear fomentar el movimiento catalanista y encauzarlo de manera que, aparentando engrandecer á Calaluña, quedase enflaquecida España y muerta la religión en estas provincias.  
Que el movimiento, en sus comienzos, fué “separatista é impío”, confiésanlo lligueros empedernidos y amigos íntimos de los primates de la Lliga. Mas dicen que todo lo malo del movimiento aquel se remedió con la levadura cristiana de Prat de la Riba, Musitu y otros que, dejada la bandera tradicionalista, entraron en las huestes lligueras.  
Que el remedio fué poco lo afirman tus artículos, pues no se ve por resquicio alguno la lumbre de la fe guiando la vida pública de la Lliga, y, en cambio, el “rescoldo separatista” abrasa, aunque lo quieran tapar con ceniza de disimulos y de palabras engañadores... 

Artículo en el que se desenmascaraba el origen masónico del
"catalanismo" (El Correo Español, 12-2-1919).

Buscaremos dichos artículos y si tenemos la fortuna de hallarlos, los reproduciremos en este mismo cuaderno de bitácora. Preciso es echar por tierra, de una vez por todas, el infundio de que el nacionalismo catalán provenga del carlismo, el único movimiento que ha defendido verdaderamente a Cataluña y España de quienes, atacando su historia y su religión, han pretendido acabar con su misma razón de existencia. Cataluña y España serán católicas o no serán.

divendres, 16 d’agost de 2019

Miquel Junyent i Rovira, insigne carlista català

Miquel Junyent
Tal dia com avui, el 16 d'agost de 1936, moria en Miquel Junyent i Rovira, poc abans que milicians armats d'Estat Català, Esquerra Republicana i la FAI entrassin al seu domicili per matar-lo.

Des de l'esclat de la Croada d'Alliberament, l'antic "jefe" carlí de Catalunya es trobava amagat, però, greument malalt i sense possibilitat de rebre atenció mèdica degut a la revolució, va decidir tornar a casa seva, éssent vist pels milicians hi feien vigilància. Els roigs van blasfemar quan la filla de Junyent els va comunicar que el seu pare acabava de morir, arribant un d'ells a proposar donar-li «el tir de gràcia».

Reproduïm a continuació unes notes biogràfiques que Víctor Saura va dedicar l'any 1998 a qui durant el primer terç del segle XX va ser director d'El Correo Catalán i un dels principals dirigents de la Comunió Tradicionalista a Catalunya:


MIQUEL JUNYENT 

«Un día me dijo el estimado Director, don Luis: Mañana vas a la Juventud Católica, para hacer la reseña de la velada literario-musical, y te fijas particularmente en el discurso de fondo que pronunciará un estudiante en Derecho, cuyo trabajo yo deseo que se publique algo extenso. Y en efecto; cuando llegó su turno ocupó la tribuna un apuesto jovencito, vestido de frac, que durante buen rato cautivó con su hábil dicción al auditorio, siendo muy aplaudido. ¡Era D. Miguel Junyent! 
¡Quién había de decirme a mí que aquel joven, imberbe, tenía que ser, con la ayuda del tiempo, el querido Director de El Correo Catalán y Jefe Regional del Partido Tradicionalista de Cataluña?». [8]


Miquel Junyent i Rovira va néixer a Piera (Anoia) l'any 1871 i va morir a Barcelona tot just començada la guerra civil, el 16 d'agost de 1936. Gairebé la meitat de la seva vida, 30 anys, la va passar dirigint El Correo Catalán, amb qui va haver d'amotllar-se a una monarquia massa liberal per a una mentalitat tradicionalista, a una dictadura que va decebre les expectatives que hi havien dipositat els car- Iins, i a una república que era a les antípodes del model d'Estat que ell i els seus proposaven. És, amb tot i les dificultats evidents, l'home que durant més temps va dirigir el «Correu», superant així al seu antecessor i, pel que sembla deduir-se del paràgraf anterior, descubridor.

El diari li va servir per fer carrera política, com aleshores era habitual, carrera que va començar representant els carlins catalans a la Solidaritat Catalana. En diversos moments de la seva vida, Junyent va ser regidor, tinent d'alcalde de l'ajuntament de Barcelona, diputat a Corts i senador. Dintre del carlisme, també va anar ascendint, primer dintre de l'executiva barcelonina i més tard a la catalana. Quan l'any 1919 es produeix l'escissió mellista, de la que parlarem més endavant, Junyent és el més ben situat per substituir Solferino (que s'alinia amb Vàzquez de Mella) en el càrrec de cap de la Junta Regional de Catalunya de la Comunió Tradicionalista. Com a insigne carlí que fou, Junyent va ser nomenat cavaller de l'Ordre de la Legitimitat Proscripta, i condecorat amb la Gran Creu de Carles III. [9]

Anys després de la seva mort, un home que al final de la seva vida el va tractar de ben aprop, Ricard Suné,[10] el va descriure en una de les seves comentades Estampas barcelonesas, amb les següents paraules:


«[...] Era el "director desconocido" porque su natural modestia le impedía concurrir a tertulias y espectáculos; pero también era el director de los grandes momentos, de los momentos decisivos. 
[...] Un articulo suyo [...] gravitaba sobre la opinión. Era reproducido por otros diarios que lo comentaban sabiendo lo que valía aquella expresión, que era mucho más que la de un partido. 
Su tacto, su buen sentido, le granjearon el respeto de sus propios adversarios, que aun hablan de él con admiración y elogio del barcelonísimo señor Junyent con aquella espontánea demostración de respeto paralela casi a aquella demostrada por los que nos iniciábamos —y aún algunos que ya estaban curtidos en el periodismo— levantándonos de nuestros asientos cuando entraba en la sala de redacción [...]». [11]


[8] ANÒNIM: «Memorias de un ex-reportero». A: Cincuentenario del... de diversos autors.

[9] PÉREZ DE OLAGUER, A.: «Junyent, Miguel». A: Enciclopedia Universal Ilustrada. Op. cit. Sulement 1936-1939, pàg. 457.

[10] Ricard Suñé (Barcelona 1913-1952) va entrar a treballar al «Correu» com a redactor de successos l'any 1930, i en poc temps va fer-se membre de la Joventut Carlista de Gràcia. Abans havia estat col·laborador de Las Noticias (1928) i redactor de Deportes (1929). Acabada la guerra civil, va continuar al «Correu», on durant força temps es va convertir en cronista de la ciutat a través de la seva columna diària que escrivia sota l'epígraf d'Estampas Barcelonesas. Va col·laborar amb nombroses publicacions carlines, on de vegades signava amb el pseudònim de Raül de Montcada.

[11] SUNÉ, R.: «El Barcelonismo de El Correo Catalán y Don Miguel Junyent i Rovira». A: El Correo Catalán (16 de desembre de 1951).


Saura, Víctor (1998): «Carlins, capellans, cotoners i convergents: història d'"El Correo Catalán" (1876-1985)», pp. 29-30.