dijous, 28 de maig de 2020

Antonio Aparisi y Guijarro en el Palacio de Justicia de Barcelona

En el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio de Justicia de Barcelona hay un claustro con vidrieras en cuya base hay un damasquinado con los nombres de insignes juristas, catalanes o que desarrollaron parte de su trayectoria en Cataluña.

En las fotografías que reproducimos a continuación se puede ver el nombre del insigne abogado y diputado carlista Antonio Aparisi y Guijarro (Valencia, 1815 - Madrid, 1872).

Siendo de extracción muy humilde, pudo, becado por la Iglesia, sacar la carrera de Derecho y ser uno de los mejores abogados de su tiempo.



dilluns, 11 de maig de 2020

Fray José María Benito Serra, Obispo de Daulia, paladín de la Santa Causa

José María Benito Serra
(Mataró, 1810-Benicásim, 1886).
Se opuso al proyecto pidalino de la "Unión Católica"
y fue determinante para que Ramón Nocedal no
cerrara su periódico EL SIGLO FUTURO.
¡No os desanime, leales a una Comunión santa, el espectáculo de los calamitosos días actuales! Elevad el corazón a Dios: Él os dará consuelos y os infundirá energías para continuar la cruzada que nuestros mayores iniciaron por Él, por la Patria y el Derecho. Apartad vuestro amargado corazón de estos perturbados tiempos, en los que reina la confusión y la inconsecuencia domina, para hacerle palpitar, lleno de recuerdos jubilosos, en las páginas brillantes de nuestra Historia.

En ellas aparecen, con vigoroso relieve, las nobles e integérrimas figuras de Prelados insignes animándoos con su apostólica palabra y su ejemplar heroísmo. Hoy, cabalmente, se cumple el duocentésimo noveno aniversario del nacimiento de don José María Benito Serra, orgullo de España, gloria de la Orden de San Benito y celoso propulsor de las Misiones de Australia. Obispo de Puerto-Victoria y Auxiliar y Administrador apostólico de Perth con el título de Obispo de Daulia, perdió allí su salud por la salvación de las almas y regresó a su país, en donde, a impulsos de su fe inconmovible y de su encendida caridad, fundó el Instituto de Oblatas del Santísimo Redentor el 2 de febrero de 1870. Lleno de virtudes sublimes, falleció como un santo en el desierto de Las Palmas, cerca de Benicasim (Castellón) el 8 de septiembre de 1886.

Paladín ardoroso de la Bandera tradicionalista, cúpole en suerte administrar las aguas bautismales a nuestro Rey y Caudillo Don Jaime de Borbón.

Nació tradicionalista, vivió tradicionalista y tradicionalista cerró los ojos en la tierra para abrirlos a la radiosa e inextinguible luz de lo Alto. «En casa del Marqués del Busto, en Madrid —escribe uno de sus biógrafos— tuvimos el honor de conocer a aquel ilustre Prelado a poco de fallecer don Alfonso (XII). Fuimos a visitarle, cumpliendo encargo que el entendido y bravo General Marqués de Berriz, último Ministro de la Guerra de Carlos VII, nos dio para él: se trataba de ver si sería posible y oportuno combatir con las armas en la mano a la Regencia de Doña María Cristina, y nunca olvidaremos lo animoso del espíritu de aquel venerable anciano y el afecto con que nos bendecía en aquellos días en que hasta hubo quien soñó con que nos jugáramos la vida en las propias calles de Madrid.»

¡Oh. cruel mudanza de las cosas! ¡Oh, triste diferencia entre ayer y hoy !

Tomado y adaptado de El Cruzado Español (9 de mayo de 1930)

divendres, 3 d’abril de 2020

Josefina Comerford: Una heroína difamada de la Santa Causa

Tal día como hoy, un 3 de abril del año 1865, moría en Sevilla D.ª Josefina Comerford, condesa de Sales, una gran heroína realista, defensora del Altar y del Trono, que participó en la Regencia de Urgel (1822) y organizó, animó y financió después a los realistas apostólicos (precarlistas) en la Guerra dels malcontents (1827). Fracasada esta última insurrección contra el despotismo preliberal de la Década Ominosa (así llamada por los liberales, aunque fuesen éstos los mayores beneficiados durante la misma), Josefina Comerford fue apresada y recluida en un convento de Sevilla. No contentos con eso, los liberales lanzarían después contra ella, durante décadas, tipo de insidias y calumnias, encaminadas a desprestigiar la dignísima y heroica figura de esta mujer colosal.

En 1955 Pedro Sánchez Núñez defendió su memoria en un artículo publicado en ABC, que por su interés hemos querido reproducir a continuación:

                                                                 ⚜️ ⚜️ ⚜️

La reciente evocación, en estas mismas columnas, por don Federico Oliván y don Jorge Vigón, de la bella, intrigante y madura baronesa de Krüdener, inspiradora en 1815 de la Santa Alianza, en unión del mesmeriano Nicolás Bergasse, da ocasión para reivindicar la memoria de la heroína española doña Josefina Comerford, muy superior a ella en méritos y virtudes y relacionadas ambas seguramente en la Viena de aquellos días, con motivo del Congreso Diplomático que allí se celebró al ser derrotado Napoleón, y cuyo fastuoso ambiente, aunque idealizado, se reflejaba en la película “El Congreso se divierte”, hace algunos años proyectada con gran éxito.

Una afortunada investigación me ha proporcionado el hallazgo de documentos fidedignos e inéditos que rectifican y desmienten las afirmaciones erróneas y tendenciosas contenidas en la novela histórica y contemporánea de A. de Letamendi titulada “Josefina Comerford o el Fanatismo” (Madrid, 1849). Tanto este autor como don Francisco J. Orellana en la titulada “El Conde de España o la inquisición militar” (Madrid, 1856), a la que pertenece la ilustración que aquí se reproduce, dicen que nació en Tarifa en 1798. Su fe de bautismo, cuya copia autorizada poseo, prueba inequívocamente que vino al mundo en Ceuta cuatro años antes y nos da noticia clara de su filiación.

Su abuelo, padre y tíos eran jefes y oficiales del regimiento de Irlanda, integrado por descendientes de los católicos irlandeses expatriados para librarse de las sañudas y crueles persecuciones de que eran victimas por parte de los ingleses y especialmente en los tiempos de Cromwell. Su abuela paterna, doña Magdalena de Sales, marquesa de Sales, era natural de Annecy, ducado de Saboya, patria y solar de San Francisco de Sales, de quien ciertamente se sabía familiar nuestra heroína.

Este regimiento de Irlanda, del cual era coronel su abuelo paterno, y comandante o sargento mayor, como entonces se decía, su padre estaba constantemente de guarnición en las plazas cercanas al Peñón de Gibraltar, por ser la fuerza de choque que los Reyes de España tenían dispuesta para el siempre deseado ataque y rescate de esa espina clavada en el corazón de nuestra Patria. En el año 1798 fue trasladado el regimiento a Tarifa, y por esto Josefina se decía nacida aquí, quitándose cuatro años y porque le gustaba más esta ciudad legendaria y heroica, en cambio de Ceuta, que sólo era un presidio en aquella fecha. En 1805 presenció casi ante sus ojos el combate de Trafalgar.

En 1808 quedó huérfana y fue recogida, adoptada y prohijada, por su tío paterno Enrique de Comerford, conde de Bryas, quien, a consecuencia de la invasión francesa, dejó de prestar sus servicios en el Cuerpo de Guardias Walonas y marchó a Dublín con su ahijada.

En su casa-palacio fue educada esmeradísimante en un ambiente de exaltado y ardiente catolicismo, rodeada de sacerdotes, que le hablaban constantemente de la alta y transcendental misión a que estaba llamada por su linaje y situación social.

Todos prestan juramento en manos de Josefina.
Ilustración de la historia-novela contemporánea
"El conde de España o la Inquisición militar",
original de D. Francisco J. Orellana. Barcelona, 1856.

                                                                       * * *

Cuando en 1815 había ya florecido su espléndida belleza, fue con su tío a Viena con motivo del congreso Diplomático antes mencionado.

En aquel ambiente, fastuoso y mundano, triunfó plenamente por su belleza, juventud y educación exquisita, y se relacionó con las ilustres personalidades allí congregadas, entre ellas la citada baronesa de Krüdener.

Al morir su tío por entonces, marchó a Roma, aconsejada por sus amigos, españoles e irlandeses, quienes creían que el ambiente de la Ciudad Eterna sería un consuelo y un sedante para sus inquietudes espirituales.

Se encontraba entonces en plena juventud, bella, rica e independiente, y, aunque muy solicitada, no se sentía inclinada al matrimonio ni a sus consecuencias.

Como a Don Quijote se le secaron los sesos con la lectura de sus libros de Caballerías, a ella se le secó el corazón con la de las vidas de mujeres célebres y hasta ese niño dormido que, según el poeta indio, todas llevan en él porque así Dios lo ha querido.

Se sentía por su sangre irlandesa, inclinada a la acción y la aventura y decidió venir a España, su patria, en donde por entonces, 1820, se iniciaba la guerra civil entre absolutistas y constitucionales, atizada bajo cuerda por Fernando VII, su hermano Carlos María Isidro y la esposa de este infante, María Francisca de Braganza.

Así lo hizo, dejando Roma, donde, como un amigo mío, no encontró más que muchas columnas rotas y muchos obispos parados, cosas que a ella no le interesaban, como tampoco las disertaciones eruditas de los personajes que allí trató.

Si Santa Juana de Arco escuchaba sus voces interiores y los mandatos de Santa Catalina y Santa Margarita, a nuestra Josefina la impulsaba el espíritu aventurero y el amor al peligro y a la acción de su ascendencia irlandesa y la voz íntima, mística y familiar de San Francisco de Sales.

                                                                   * * *

Se estableció en Barcelona, en contacto con la Regencia de Urgel, defensora de los derechos y prerrogativas del Rey a quien creían secuestrado por liberales y masones y hasta sospechaban que se hubiese iniciado en la masonería.

También se relacionó con los principales guerrilleros y jefes de partidas realistas, entre los cuales se destacaba “El Trapense”, llamado así por haber sido lego de la Comunidad fundada en 1671 por Armaud de Rancé, como él, calavera arrepentido y penitente.

A éste, Antonio Marañón, como el más exaltado, fanático y genial energúmeno, lo tomó a su servicio como edecán o jefe de Estado Mayor de la partida que ella financiaba y de la que se titulaba generala.

Es absurda e inverosímil la idea de que una mujer de tan sólida formación moral y religiosa y de tan exquisita educación cayera en la flaqueza de enamorarse de este tosco y montaraz soldado. Más probable es que fuera él el seducido y enamorado, ya que ella era seductora y que su altivez y dignidad tuvieran a raya al guerrillero de tan azarosa vida anterior.

Juntos asistieron a diversas acciones guerreras, la principal entre ellas, la toma de Seo de Urgel en 21 de junio de 1822, donde por entonces se instaló la Regencia y concedió a Josefina el título de condesa de Sales, distinción refrendada por Fernando VII, en premio a sus servicios a la causa realista.

También unidos entraron en España en 1823 con el duque de Angulema y los llamados Cien Mil Hijos de San Luis.

En 1824 se concedió a “El Trapense” el mando de las fuerzas que operaban en la Rioja, Navarra y Aragón; en esta campana le siguió nuestra heroína en traje de amazona, hasta que fue destituido y recluso en un convento, donde, según el anuario Lesur para 1826, murió en noviembre de ese año. Aun privada de su compañero, siguió conspirando en sentido ultrarrealista y fue vigilada y obligada a residir en Barcelona, alejada de Cervera, donde radicaba el foco de la rebelión que se fraguaba.

Para conseguir el pasaporte del capitán general de Cataluña hace que una criada suya se instale en Cervera y después que los doctores del Claustro universitario la declaren posesa o endemoniada, y con el pretexto de cuidarla logra la autorización que desea, recurriendo siempre, como exige su fogosa imaginación, a medios novelescos.

Una vez en Cervera, organiza, anima y financia el Movimiento llamado de los “malcontents”, alentado en sus comienzos por la infanta doña María Francisca, esposa de don Carlos María Isidro, y acaso también por éste y por el propio Fernando VII.

Al fracasar y ser vencido este Movimiento fueron fusilados y ahorcados los principales jefes, Rafi, Vidal, Saperes, Bussóns, etcétera, y a doña Josefina se la condenó a reclusión perpetua en un convento de Sevilla y se propaló que entre sus papeles se habían hallado recetas que probaban que no era una mujer virtuosa.

La cosa es tan burda, que trasciende a la legua a maniobra policíaca para desprestigiar a esta heroica y quijotesca mujer, que todo, hasta su honor, hubo de sacrificarlo por sus ideales.

Esta insidiosa acusación de la policía fernandina es acogida casi con fruición y regodeo por los escritores del bando enemigo tales como Letamendi, Orellana y otros, pero sobre todo por Cristóbal de Castro, quien en una lamentable novela titulada “La inglesa y el trapense”, lo que hasta el titulo es mentira, puesto que ella era española y él sólo un lego, y acaso ni eso, al final de dicho papel se presenta a esta heroica y abnegada mujer, caída en la miseria y en la abyección, bo­rracha y explotada por chulillos de baja estofa. Este texto y otro del mismo autor titulado “La generala carlista”, o algo así, han sido los que más han contribuido por su baratura y difusión, a la difamación de tan digna y noble mujer, a quien me sien­to obligado a defender de tales acusaciones calumniosas.

En el convento donde fue recluida, en Sevilla, trató de imponer su voluntad, y la trasladaron de uno a otro, hasta que al morir Fernando VII, en 1833, y con mo­tivo de la exclaustración ordenada por Mendizábal, pudo recobrar su libertad y vivió casi oculta en el Corral del Conde, enorme caserón de vecindad que aun exis­te en la calle Santiago, donde intentó verla don Antonio Pirala, el historiador de la guerra civil en 1853. Le dijeron que no estaba en Sevilla (*), y debió por entonces viajar por Cataluña y acaso fue a Irlanda para ordenar y recoger su hacienda abandonada. No hay noticias de ella en esta época. Únicamente en un artículo del señor Mañé y Flaquer, inserto en el almanaque para 1881 de la “Ilustración Española y Americana”, se dice que murió en Montseny haciendo penitencia, sin precisar fecha. Esto no es cierto, ya que en 1863 otorgó testamento en Sevilla y murió en esta ciudad a consecuencia de una pulmonía el día 3 de abril de 1865, en una modesta casita de su propiedad, que he logrado identificar y se conserva en el mismo estado que cuando la vivió nuestra heroína y donde murió a los setenta y un años de edad.

El día de su muerte era Lunes de Pasión y fue enterrada en el cementerio de San Fernando, en la sepultura individual número 527, junto a la pared de la quinta cuartelada.

Así terminó, digna y piadosamente, la vida novelesca y heroica de esta quijotesca y magnífica mujer, que sacrificó abnegadamente toda su vida, hacienda y hasta el honor en servicio de su exaltada fe católica, con renuncia a cuanto por su nacimiento, belleza y fortuna pudo disfrutar en su larga vida.

Un deber de hidalguía y de conciencia me impulsa a publicar este resumen o avance de la biografía documentada que preparo y espero terminar y editar en plazo no lejano con el título de drama de Echegaray “O locura o santidad”.

P. S. N.

Sánchez Núñez, Pedro: «Una heroína difamada». ABC de Sevilla (25 de febrero de 1955), pp. 5-8.


(*) Al respecto, Antonio Pirala dejó escrito lo siguiente:

“No hace mucho tiempo que en un apartado barrio de Sevilla buscábamos la calle del Corral del Conde y en una humilde casa hacia el medio de la calle preguntábamos por Josefina Comerford. Estaba a la sazón ausente de Sevilla, no regresaría en algún tiempo. Nos entristeció esta noticia y hubimos de partir de la ciudad sin haber podido ver más que la habitación de esta mujer extraordinaria, que odia hasta el recuerdo de lo pasado pero que conserva el genio, la fortaleza del alma y el varonil aliento de su primera edad a pesar de sus achaques”

dijous, 21 de novembre de 2019

«Esa muralla no existe», fragmento de un texto del carlista Conde de Doña Marina contra el separatismo catalán (1917)

La autonomía, la autarquía, mejor dicho, de las regiones, es una restauración que no pueden darla ni Cortes liberales ni los autores de la semana trágica con los discípulos del Heterodoxo, cifra del centralismo y caciquismo hechos curial. (...)

Los caminos de redención son mera palabrería, impropia de pueblo tan sensato y tan práctico como el catalán, convencido de que los caminos de redención son los de la fe, la piedad, el trabajo, la disciplina, el orden. Cuando los catalanes, singularmente los barceloneses, oyen, escuchan la inspirada voz de su gran poeta, y trabajan, luchan y oran; cuando van á Montserrat á pedir la luz y la fortaleza que de tan libres y puras elevaciones desciende; cuando reconocen que en la Tradición, y no en revoluciones extranjeras, está el verdadero progreso; cuando rechazan, indignados, utopías como la del Ebro por frontera; cuando se proclaman españoles, como Peñafort, Margarit, Balmes, Milá, Durán, Rubió, Verdaguer..., entonces esa muralla no existe sino en libros de tan perversa intención y de tan escasa doctrina como El nacionalismo catalán.

¡No! Aquí, hoy, no hay más nacionalismo que el nacionalismo español. Afirmando nuestra unidad, que no es nuestra imposible, injusta, uniformidad, afirmamos nuestro poder, nuestra fuerza; y sólo por la fuerza, como escribió Menéndez y Pelayo, se vence en la literatura y en todas partes.

Lo que importa es recordar que la fuerza, para que sea eficaz entre seres racionales, ha de ser algo más, mucho más, que fuerza bruta.

EL CONDE DE DOÑA-MARINA

El Correo Español (28 de julio de 1917)


dissabte, 9 de novembre de 2019

El Carlisme davant les eleccions parlamentàries del 10 de novembre

Després de menys de set mesos des de les eleccions generals anteriors, el règim de facto i el seu Govern en funcions tornen a cridar els espanyols a les urnes. No ha canviat res; amb la nova convocatòria només augmenta el malbaratament de diners públics, al temps que disminueix el nombre d'il·lusos que esperen alguna cosa dels processos electorals.

Reproduïm, per tant, la part aplicable del nostre comunicat d'abril d'aquest any. A les eleccions generals de el 10 de novembre de 2019 no concorre cap candidatura a la qual els tradicionalistes puguin donar el seu suport. L'única opció que, per desgràcia, queda per al Carlisme és l'opció cristiana i patriòtica de l'abstenció, que posa de manifest el rebuig a aquest sistema corrupte i corruptor.

Com explicava el cap delegat de la Comunió Tradicionalista en un article de el maig passat: «si ens atenim a allò oficial, a la lliça de partits i als seus programes, qui vota a un partit favorable (més o menys) a l'avortament, a les lleis contra la família, a la degeneració sexual, a la corrupció a l'escola, a la dissolució de la Pàtria, a l'esclavitud pràctica de l'assalariat, al totalitarisme, a l'estatisme o tantes altres infàmies del sistema, peca. Peca, primer, per acatar la supèrbia satànica de sistema mateix, i peca per fer-se còmplice de tots els excessos que pugui cometre el partit votat. I a aquest votant no li val escudar-s'hi en el principi del mal menor, tret que el seu vot afavoreixi a un partit el programa coincideixi totalment amb els principis de l'ordre social cristià, la qual cosa suposaria la desaparició de sistema liberal mateix. I si això no existeix, sempre li queda abstenir-s'hi».

Madrid, novembre 2019.
Secretaria Política
Comunió Tradicionalista

⚜  ⚜  ⚜

Tras menos de siete meses desde las elecciones generales anteriores, el régimen de facto y su Gobierno en funciones vuelven a llamar a los españoles a las urnas. Nada ha cambiado; con la nueva convocatoria sólo aumenta el derroche de dineros públicos, al tiempo que disminuye el número de ilusos que esperan algo de los procesos electorales.

Reproducimos, por lo tanto, la parte aplicable de nuestro comunicado de abril de este año. A las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019 no concurre ninguna candidatura a la que los tradicionalistas puedan dar su apoyo. La única opción que, por desgracia, queda para el Carlismo es la opción cristiana y patriótica de la abstención, que pone de manifiesto el rechazo a este sistema corrupto y corruptor.

Como explicaba el Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista en un artículo del pasado mayo: «si nos atenemos a lo oficial, a la liza de partidos y a sus programas, quien vota a un partido favorable (más o menos) al aborto, a las leyes contra la familia, a la degeneración sexual, a la corrupción en la escuela, a la disolución de la Patria, a la esclavitud práctica del asalariado, al totalitarismo, al estatismo o a tantas otras infamias del sistema, peca. Peca, primero, por acatar la soberbia satánica del sistema mismo, y peca por hacerse cómplice de cuantos desmanes pueda cometer el partido votado. Y a ese votante no le vale escudarse en el principio del mal menor, a no ser que su voto favorezca a un partido cuyo programa coincida totalmente con los principios del orden social cristiano, lo cual supondría la desaparición del sistema liberal mismo. Y si tal cosa no existe, siempre le queda abstenerse».

Madrid, noviembre 2019.
Secretaría Política
Comunión Tradicionalista