dimecres, 17 de juny de 2020

Caballeros del Ideal: D. Esteban Isern Serret y su hijo D. Joaquín Isern Fabra

Vivió como ferviente católico y abnegado tradicionalista... Así entregaba su alma a Dios tal día como hoy, 17 de junio de 1930 con la serenidad de los escogidos, a los setenta y dos años de edad, nuestro entusiasta correligionario don Esteban Isern Serret.

Esteban Isern Serret (1858-1930)
Había nacido en Prullans (Lérida), enclavada en la Cerdaña española, el 10 de febrero de 1858.

A los diez años ingresó en el Seminario de Seo de Urgel, a la sazón bajo los auspicios del eximio Caixal, de tan gloriosa memoria para los Cruzados de la Tradición. Hallábase en el cuarto curso de sus estudios cuando estalló la guerra carlista en Cataluña.

Él —hijo y nieto de quienes habían luchado en la defensa de Puigcerdá contra el Ejército realista, durante la primera campaña— se abrazó con tanta fe y abnegación a la Bandera católico-monárquica que, dejándolo todo, se sumó a las fuerzas leales del Principado. Alistóse en febrero de 1872 como soldado en el primero de Lérida, siendo el más joven de su compañía, y fue destinado a la frontera con objeto de recibir a S. A. R. el Infante Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este cuando pasó a la Península en compañía de su augusta Esposa. Incorporóse al nuevo Batallón de Zuavos y en él militó hasta que se extinguió, llegando a obtener los galones de Sargento. Cuando el general Cabrinety lanzó el ultimátum a los Infantes, intimándoles a que repasasen la frontera, si no querían ser perseguidos a muerte, nuestro biografiado les siguió por el territorio, sufriendo con ellos todo género de calamidades, hasta que la victoria de Alpens disipó las bravatas enemigas; asistió al solemne acto de la jura de los Fueros de Olot; pasó el Ebro; tomó parte en el asalto de Cuenca, y luchó en las gloriosas jornadas de Vich, de Igualada, de Manresa, de Caserras, de Castellar, de Vendrell y de otras muchas reñidas acciones.

Retirados los Infantes de Cataluña, pasó al quinto de Lérida, en cuyas filas hizo el resto de la campaña. En los días aciagos de diciembre de 1875 penetró en Andorra y emigró a Francia con algunos compañeros de aquella epopeya que puede contar las victorias por el número de sus batallas. Como dato curioso, digno de mención, apuntaremos que mientras él sostenía tan valerosamente la Causa tradicionalista, un hermano suyo defendía ideas contrarias desde las filas de los cipayos.

En Francia, vivió recluido en lugar fronterizo a fin de no ser internado, pues, al presentarse al lar hogareño, no se le quiso recibir (*); mas, al fin, vuelto a los suyos, se dedicó a la vida del agro, cuando apenas contaba diecisiete años de edad, hasta que, al cumplir la del servicio de las armas, las tomó con entereza, no sin antes rogar a su familia que no le desviase del camino que la Providencia le señalaba. Terminado el servicio, obtuvo con extraordinario aprovechamiento y calificaciones de sobresaliente los títulos de Maestro superior y normal.

Fue maestro de Ribas de Freser a los veintiséis años y dos más tarde, tras reñidas oposiciones, de Barcelona, desde donde habiéndola ganado en brillante lid, pasó a la plaza de Regente de la Escuela Práctica de la Normal de Gerona en cuya ciudad contrajo nupcias con la virtuosísima dama doña Patrocinio Fabra. Fue también Profesor del Instituto de aquella población en las asignaturas de Caligrafía y Teoría práctica de Lectura.

Más adelante pasó, mediante concurso, a la Regencia de la Escuela Normal de Burgos, en donde se captó el aprecio de las primeras autoridades de la provincia con su caballerosidad, su virtud y su amor a la enseñanza; pero el cariño a su país natal le hizo volver a Barcelona, en cuya ciudad se jubiló a principios de 1930 después de cuarenta y cinco años consagrados por entero, con vocación de apóstol, a la enseñanza, en cuyo fecundo magisterio sembró la fe y la ciencia en la mente de numerosas generaciones.

Dios probó el temple de su espíritu varonilmente religiosa, privándole en su ancianidad de la vista para que así, con los ojos del alma, viese más claramente las eternas verdades y dándole una larga y penosa enfermedad para que, soportándola con heroísmo cristiano, hiciese méritos que le conquistasen la vida que no acaba.

La suya en el mundo fue ejemplar. Dejó aureola inextinguible de su bondad, de su virtud y de su competencia entre sus discípulos que, sin excepción, le querían. No conoció enemigos y recorrió el tránsito de esta fugaz existencia predicando la verdad y difundiendo el bien.

Su hijo Joaquín Isern Fabra (1902-1988), entregado carlista al igual que su padre, fue combatiente requeté en la Cruzada de Liberación y alcalde de Parets del Vallés entre 1962 y 1966. Farmacéutico de profesión y piadoso católico, fue además autor de los libros Jesucristo, su proceso ante el sanedrín judío y el tribunal romano (1956), publicado por la Editorial Católica Española de Sevilla (vinculada a la Comunión Tradicionalista), Ponç Pilat. Governador de provincies (1974) y de la tesis doctoral Tutela por los cetros de los Reyes que fueron de la Corona de Aragón y Castilla (1985), sobre la muerte de Fernando el Católico. En sus últimos años fue también impresor, poniendo su imprenta al servicio de la Causa.

¡Dichosos los que así viven! ¡¡Bienaventurados los que mueren así!!...


(*) Para comprender bien esto, debe tenerse muy presente que su comarca nativa fue rabiosamente liberal, sobre todo su capital Puigcerdá, en donde reinaba un odio terrible al Carlismo. Así ocurrió que de toda ella sólo salieron siete voluntarios de la Causa, los cuales fueron objeto de inexplicable hostilidad al regresar a su país y aun hubo pueblo en que se les recibió a pedradas.

Tomado en su mayor parte de El Cruzado Español (4/7/1930), pp. 5-6

divendres, 12 de juny de 2020

Nunca existió la "coalición carlo-progresista" en la Guerra dels Matiners

La Batalla del Pasteral en la guerra dels matiners o montemolinista
(26-27 de enero de 1849)

Los falsarios de la historia del carlismo han escrito hasta la saciedad acerca de una supuesta "coalición carlo-progresista" durante la Guerra dels Matiners o Segunda Guerra Carlista (1846-1849). Según esta teoría, carlistas y revolucionarios progresistas o republicanos habrían hecho una alianza para combatir a Isabel (II). Pensamos que esto no es cierto. Si bien hubo casos puntuales de revolucionarios acogidos en partidas carlistas (en las que aquellos debían obedecer al jefe carlista y no viceversa), dos autores de peso nos inducen a creer que jamás existió una coalición general de esas características.

El primero de ellos vivió los hechos y, como director del único diario declaradamente carlista de la época, LA ESPERANZA, estaba en contacto permanente con los dirigentes del partido montemolinista y hablaba con conocimiento de causa. Nos referimos al periodista Pedro de la Hoz, quien al concluir la guerra en 1849, escribió lo siguiente (destacamos en negrita las frases que demuestran la animadversión que los carlistas sentían por los progresistas):

Si de alguna manera pudo el ataque dado proporcionar el triunfo al Conde de Montemolín, fué concurriendo con él una de las dos circunstancias con que á juzgar por las proclamas de los primeros caudillos carlistas, contaron sin duda los consejeros del Príncipe, á saber: el pase de las tropas de la Reina Isabel al lado de los agresores, y una cooperacion directa ó indirecta, pero fuerte ó poderosa del bando revolucionario ó progresista. Pero ¿debieron de esperarse estos dos sucesos? Aun supuesta la voluntad de las tropas y de los progresistas, decimos redondamente que no. No el primero, porque, al principio, la repugnancia que naturalmente tienen tropas regladas para unirse á la bandera que llevan cuerpos poco numerosos, sin brillo esterior, y precisados á andar errantes, y después, el compromiso y el acaloramiento que nacen de los combates, le hacian de todo punto improbable: no el segundo, porque los progresistas serán, si se quiere, elocuentísimos, bizarros y virtuosos, pero si no ganaban el ejército, en cuyo caso podian hacer instantáneamente una revolucion completa no menos perjudicial á los carlistas que á la Situacion, eran para la cuenta una suma insignificante ó negativa: insignificante en cuanto, solos, no se sostendrían nada, por su corto número; negativa en cuanto, juntos con los partidarios del Conde de Montemolin, por cada auxiliar que dieran al príncipe proscrito, alejarian de sus filas dos ó diez.

El segundo autor es nada menos que el historiador Melchor Ferrer, quien compuso la magna obra de 30 tomos "Historia del Tradicionalismo Español" (1941-1979), y sobre este asunto arrojó las siguientes consideraciones (las negritas son nuevamente nuestras):

Los sucesos de Madrid y la persecución que sufrieron los progresistas exaltaron a éstos, dispuestos a combatir por todos los medios la Dictadura de Narváez. Tal fué el origen de la campaña, muy corta, que realizaron los republicanos en Cataluña a impulsos del coronel Atmeller (1). Los progresistas, aunque no republicanos, les favorecieron. En Londres, don Salustiano de Olózaga, donde habia llegado expatriado, se puso en contacto con los elementos carlistas. Don Patricio de la Escosura, refugiado en el Mediodía de Francia, buscó también relacionarse con los montemolinistas. Esto fué el origen de que se creyera que existia una coalición carlo-progresista. En efecto, en Londres hubo reuniones a las que asistieron Olózaga y representantes de Don Carlos Luis. En algunas de ellas asistió también el ex-representante inglés en Londres, H. Bulwer, que había sido pasaportado de Madrid, porque Narváez le acusó de ingerencias en la vida interior de España y protección de los progresistas sublevados, y, aunque no se diga, en represalias de la actitud tomada por Inglaterra, favorable a Carlos VI y a los montemolinistas. Pero nada de ello llegó a cuajar. Así dice bien un autor, que justamente en estos detalles demuestra que era progresista, que no existió la coalición carlo-progresista, aunque estos últimos "no esperaban del carlismo mayores persecuciones que los que les agobiaban entonces" (1), de los moderados. Más tarde sí que hubo un convenio tácito que autorizaba a los jefes carlistas el que auxiliaran y protegieran a los que mandaban partidas republicanas y progresistas, ya que al fin y al cabo, todos combatían al mismo enemigo.

Fuentes: 

dissabte, 30 de maig de 2020

Les guerres carlines foren guerres santes

En els nostres dies hi ha molta gent que, per interessos polítics bastards, per odi a la fe catòlica, per una anàlisi marxista o separatista de la història, o simplement per ignorància, consideren que la motivació religiosa no era la principal del carlisme del segle XIX, sinó que aquelles "masses de camperols" —com els agrada definir-los— van fer la guerra en tres ocasions per altres raons, ja fos per defensa dels seus interessos econòmics, per mantenir o recuperar uns privilegis forals o per conservar les seves "maneres de vida" preindustrials. 

Aquest plantejament contemporani és tan incomplet i allunyat del pensament d'aquells homes com el que els liberals solien exposar a finals del segle XIX, presentant l'assumpte com una mera qüestió dinàstica. Afortunadament, testimonis com el de Manel Roger de Llúria, redactor de LO MESTRE TITAS (i, per cert, pertanyent al sector més "catalanista" del carlisme), demostren amb nitidesa la veritable naturalesa de les guerres carlines. Si tants i tants braus catalans i espanyols van oferir generosos les seves vides i hisendes per aquesta causa, no va ser per res més que per un esperit de Croada.

Curiosament, els professionals o aficionats de la tergiversació històrica no solen emprar la mateixa anàlisi per a la Croada espanyola de 1936-1939, que titllen de revolta "feixista" i "reaccionària", quan, en realitat, va ser un alçament popular amb motivacions molt similars a les anteriors guerres carlines i que, de fet, va ser anticipat pels carlins, com ara veurem.

A continuación un fragment de l'article escrit per Roger de Llúria l'any 1900, que té avui més vigència que mai:



❝Las tres guerras civils espanyolas son guerras de Rel·ligió.❞

(…) ¿Eran solsament guerras políticas, purament humanas, las guerras sostingudas per lo may abatut partit carlí durant lo sigle dinou? ¿Eran sols pera destronar á Na Isabel y entronitzar á En Carles; eran sols pera substituhir ab la forma monárquica l'intolerant república, representada per quatre aventurers? ¿No eran més que pera implantar un dret, frente d'una legalitat constituida? ¿No eran més que aixó? ¿Res més? 

No; si las guerras civils espanyoles no haguessin tingut cap altre objecte que 'l de perseguir un fi purament politich, ab tot i ser molt noble tot quant se fassi pera salvar ó redimir un poble de las cadenas de l'esclavitut ab que l'empresonan los tirans que la dominan, declaro ab franquesa que casi trovaría malaguanyadas tanta sanch com se derramá, tant sacrifici com se feu, y tanta vida com s'oferí. Jo crech lealment que las guerras civils espanyolas, sostingudas ab l'or y la sanch carlista, foren guerras santas de Rel·ligió, ab tots los caràcters de tals y sens que ho pugui negar lo qui 's consideri home d'imparcial y recte criteri, il·lustrat ab l'historia verídica dels aconteixements que las precediren y las seguiren, y tenint en compte l'estat rel·ligiós, polítich y social d Espanya en aquells atzarosos moments histórichs.

No m'entretindré en dibuixar sisquera lo quadro trist de nostra patria infortunada en aquells dias de prova; tothom los sab de sobras y 'ls recorda ab horror tothom. Lo que sí diré, sens temor de veurem desmentit per cap persona de coneixement, es, que si 'ls carlistas no 'ns haguéssim mogut de casa, limitantnos á resar en un recó d'iglesia pera que Deu s'apiadés d'Espanya, la Rel·ligió haguera sigut perseguida, las iglesias derruhidas, lo clero assessinat, la fe vilipendiada, lo culto suprimit; l'Unitat Católica esbossinada, la revolució irreductible, l'impietat triunfant, y Espanya entregada, desamparada y sola, á desfeta tempestat, com bergantí abandonat á l inmensitat de las ayguas sens velas, ni pals, ni rems, ni timó.

Las iglesias que quedan en peu, están sostingudas per las bayonetas carlistas; las assignacions que 'l clero cobra, están amassadas ab sanch carlista y si l'Iglesia viu relativament esplendorosa, y la fe nia en los cors, y '1 culto 's conserva brillant, y l'Unitat Católica 's veu atacada sols de modo encubert y no descaradament, y la revolució viu acorralada dins de la gàbia de ferro de sa impotencia, y l'impietat fa companyia á la fera revolucionaria, després del favor de Deu, á nosaltres ens ho deuhen, á las armas carlistas, á las barricadas carlistas, als pits carlistas, á las tres guerras de Rel·ligió per nosaltres y per nostres sacrificis y ab nostra sanch mantingudas.

Be prou que ho saben los sectaris de la Masonería que sempre apuntan á nosaltres sos tiros y sos insults, que sempre 'ns senyalan ab lo dit en piregrinacions y romerías, fins al punt de dir carlistas més que no pas católichs als assistents als actes rel·ligiosos; be ho saben prou los rectors qui son los que omplen las llistas de las societats católicas y 'ls que socorren als pobres en las Conferencias de Sant Vicents de Paul; be ho sap prou tothom á Espanya lo que ferem, lo que hem fet, lo que fem y lo que estem disposats á fer per la causa de l'Iglesia; sols... sols alguns, alguns dels que més agrahits deurían estarnos son los que no ho volen veurer, potser perque 'l brill enlluherindor de las cosas de la terra els hi tapa ab boyras de pols d'or lo sol hermós de la veritat, y 'ns miran ab despreci perquè no repartim credencials ni nombraments, y vivim sols, en l'honrada pobresa de nostras conviccions... ¡Que Deu los ho pagui!

¡Deu los ho pagui! pro sentin aquets il·lusos una vegada més, que 'ls carlistas del any 33, y del 48, y del 72, lluytaren per Deu, moriren per Deu, y per Deu vessaren generosament sa sanch, pesi als transaccionistas y als católichs al ús, desde 'l més humil sagristà á la més alta birreta cardenalicia.

Manel M.ª Roger de Lluria. 

Font: Al cel sian (III): Lo Mestre Titas, 24 març 1900
Vegeu també: Al cel sian (I) i Al cel sian (II)

dijous, 28 de maig de 2020

Antonio Aparisi y Guijarro en el Palacio de Justicia de Barcelona

En el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio de Justicia de Barcelona hay un claustro con vidrieras en cuya base hay un damasquinado con los nombres de insignes juristas, catalanes o que desarrollaron parte de su trayectoria en Cataluña.

En las fotografías que reproducimos a continuación se puede ver el nombre del insigne abogado y diputado carlista Antonio Aparisi y Guijarro (Valencia, 1815 - Madrid, 1872).

Siendo de extracción muy humilde, pudo, becado por la Iglesia, sacar la carrera de Derecho y ser uno de los mejores abogados de su tiempo.



dilluns, 11 de maig de 2020

Fray José María Benito Serra, Obispo de Daulia, paladín de la Santa Causa

José María Benito Serra
(Mataró, 1810-Benicásim, 1886).
Se opuso al proyecto pidalino de la "Unión Católica"
y fue determinante para que Ramón Nocedal no
cerrara su periódico EL SIGLO FUTURO.
¡No os desanime, leales a una Comunión santa, el espectáculo de los calamitosos días actuales! Elevad el corazón a Dios: Él os dará consuelos y os infundirá energías para continuar la cruzada que nuestros mayores iniciaron por Él, por la Patria y el Derecho. Apartad vuestro amargado corazón de estos perturbados tiempos, en los que reina la confusión y la inconsecuencia domina, para hacerle palpitar, lleno de recuerdos jubilosos, en las páginas brillantes de nuestra Historia.

En ellas aparecen, con vigoroso relieve, las nobles e integérrimas figuras de Prelados insignes animándoos con su apostólica palabra y su ejemplar heroísmo. Hoy, cabalmente, se cumple el duocentésimo noveno aniversario del nacimiento de don José María Benito Serra, orgullo de España, gloria de la Orden de San Benito y celoso propulsor de las Misiones de Australia. Obispo de Puerto-Victoria y Auxiliar y Administrador apostólico de Perth con el título de Obispo de Daulia, perdió allí su salud por la salvación de las almas y regresó a su país, en donde, a impulsos de su fe inconmovible y de su encendida caridad, fundó el Instituto de Oblatas del Santísimo Redentor el 2 de febrero de 1870. Lleno de virtudes sublimes, falleció como un santo en el desierto de Las Palmas, cerca de Benicasim (Castellón) el 8 de septiembre de 1886.

Paladín ardoroso de la Bandera tradicionalista, cúpole en suerte administrar las aguas bautismales a nuestro Rey y Caudillo Don Jaime de Borbón.

Nació tradicionalista, vivió tradicionalista y tradicionalista cerró los ojos en la tierra para abrirlos a la radiosa e inextinguible luz de lo Alto. «En casa del Marqués del Busto, en Madrid —escribe uno de sus biógrafos— tuvimos el honor de conocer a aquel ilustre Prelado a poco de fallecer don Alfonso (XII). Fuimos a visitarle, cumpliendo encargo que el entendido y bravo General Marqués de Berriz, último Ministro de la Guerra de Carlos VII, nos dio para él: se trataba de ver si sería posible y oportuno combatir con las armas en la mano a la Regencia de Doña María Cristina, y nunca olvidaremos lo animoso del espíritu de aquel venerable anciano y el afecto con que nos bendecía en aquellos días en que hasta hubo quien soñó con que nos jugáramos la vida en las propias calles de Madrid.»

¡Oh. cruel mudanza de las cosas! ¡Oh, triste diferencia entre ayer y hoy !

Tomado y adaptado de El Cruzado Español (9 de mayo de 1930)