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dijous, 18 d’octubre de 2018

Fray Magín Ferrer y Pons (1792-1853)


Hábito de un fraile mercedario
Tal día como hoy, 18 de octubre del año 1792, nacía en Barcelona Magín Ferrer y Pons, religioso de la Orden de la Merced, una de las primeras y más brillantes plumas con que contó el carlismo.

Tras el traicionero convenio de Vergara, Fray Magín Ferrer seguiría defendiendo la causa de la Religión y de la Patria durante un tiempo —el reinado de Isabel II— en que el legitimismo estuvo oficialmente proscrito. Su célebre obra La cuestión dinástica, demostración de los derechos al trono de Don Carlos, no vería la luz hasta 1869, tras la revolución de Septiembre del año anterior, que con todas su calamidades trajo también nuevos bríos para la Comunión Católico-Monárquica, que volvería a ondear bien alto su sacrosanta bandera de Dios, Patria y Rey.

Reproducimos la biografía que le dedicó la enciclopedia Espasa, no sin dejar de advertir que contiene un error de fecha, pues Fray Magín Ferrer falleció en Madrid el 16 de abril de 1853 (de lo que dio cuenta el diario La Esperanza) y no en 1862.


FERRER Y PONS (MAGÍN).

Biog. Escritor y religioso mercedario español, n. en Barcelona en 1791 y m. en Madrid en 1862. A los quince años abrazó la vida religiosa y por espacio de seis fué profesor de teología del convento de Barcelona. Más adelante fué rector del Colegio de San Pedro Nolasco de Tarragona, en el que enseñó teología hasta 1829. Desempeñó, además, los cargos de examinador sinodal de varios obispados, de secretario de cámara de los de Urgel, Burgos y Solsona, y de director de la librería religiosa de Barcelona. Según Mañé y Flaquer, durante la primera guerra carlista propuso á la Junta de Berga que pidiera á don Carlos el restablecimiento de los fueros y libertades de Cataluña.

Colaboró en varios periódicos y publicó: Historia de la última época de la vida política y militar del conde de España y su asesinato (Barcelona, 1840); La alocución del papa Gregorio XVI vindicada de las declaraciones hipócritas y calumniosas en el manifiesto publicado por don José Alonso, ministro de Gracia y Justicia (Tolosa, 1841); Las leyes fundamentales de la monarquía española según fueron antiguamente y según conviene que sean en la época actual (Barcelona, 1843); Impugnación critica de la obra titulada «Independencia constante de la Iglesia hispana y necesidad de un nuevo Concordato» (Barcelona, 1844); Historia del derecho de la Iglesia en España, segunda parte de la anterior (Barcelona, 1845); Compendio de esta última (Barcelona, 1849); Diccionario castellano-catalán (2.ª ed., Barcelona, 1847); Diccionario catalán-castellano (2.ª ed., Barcelona, 1854); La cuestión dinástica (Madrid, 1869), así como varias traducciones.


Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, tomo XXIII, 1924 (p. 931)

diumenge, 17 de juny de 2018

Joaquín de Font y de Boter

Tal día como hoy, 17 de junio del año 1916, moría en Barcelona el insigne propagandista católico y carlista D. Joaquín de Font y de Boter. Con motivo de su muerte, que resultó en una imponente manifestación de duelo en la ciudad condal, la revista La Hormiga de Oro publicó la necrología que reproducimos a continuación:

Joaquín de Font y Boter (Barcelona, 1857-1916)
Fotografía de La Ilustració Catalana (2/7/1916)
Tras breve enfermedad, soportada con cristiana resignación, ha fallecido en esta ciudad nuestro antiguo amigo compañero el Dr. D. Joaquín de Font de Boter, doctor en le Facultad de Farmacia y uno de los primeros colaboradores del «Sentido católico en las Ciencias médicas».

Desde joven consagró su actividad la buena propaganda, desplegando sus relevantes y privilegiadas dotes. Como Secretario general de les Conferencias de San Vicente de Paúl, fundó el Almanaque de las mismas, que confeccionó siempre con gran cariño, consiguiendo que alcanzara en breve gran popularidad.

Desde le Presidencia de la Asociación de Católicos mostró su talento organizador en varias peregrinaciones a Roma, y mereció ser condecorado con la cruz «Pro Ecclesia et Pontífice».

Por su especial afición a la literatura, llegó ser un «orfebre» de la palabra escrita, como sabemos bien cuantos hemos saboreado las «Rápidas» que con el seudónimo de «Argos» publicaba en El Correo Catalán. Este año formaba parte del Jurado del Certamen literario de este Revista [La Hormiga de Oro].

El luctuoso acto del entierro del señor de Font de Boter resultó una imponente manifestación de duelo, que puso de manifiesto los innumerables afectos y simpatías que en vida supo captarse el ilustre finado. Ocupaban la presidencia del duelo el Rdo. Dr. D. Ramón Valls, Párroco de la Merced; el P. Piera, Escolapio; los hijos del difunto D. Miguel y D. Luis y el hermano del mismo D. Miguel; el abogado D. Alvaro M.ª Camín, y el procurador de los Tribunales Sr. Bergés. Otra presidencia la constituía el Consejo de Administración del «Fomento de la Prensa Tradicionalista», formado por los Sres. D. Gervasio Puiggrós, D. Amaro Pedra, D. José M.ª Dalmases y el gerente del mismo D. Bartolomé Trías, D. Luis Carlos Viada y Lluch y D. Enrique Laplana, del Consejo de Redacción, y el director de «El Correo Catalán», D. Miguel Junyent.

Figuraban en el triste cortejo los diputados provinciales tradicionalistas señores Juan M.ª Roma, Luis Argemí, Luis Pericas y Pío de Valls. El concejal del Ayuntamiento, Dr. Soler y Roig, el Rdo. D. Pedro Lisbona, D. Alfredo Germán de Bellver, subdirector y redactor jefe de «El Correo Catalán», respectivamente, con los redactores Sres. Rdo. Barrera, Riqué, Pedreny, Comas, Borrás de Palau (José y Juan), Trías y Portusach, el administrador de dicho periódico D. Jaime Trías, el regente de la imprenta D. Jaime Llopis y el maquinista D. José Montserrat, con el personal de las tres secciones respectivas.

También figuraban en el duelo la Junta Central de las Conferencias de San Vicente de Paúl, el Centro Obrero Tradicionalista de Santa Madrona, el reverendo Miguel Campañá, en representación de los Padres de la Sagrada Familia; D. Juan Bautista Roca, presidente de la Agrupación Escolar Tradicionalista y el director de «La Trinchera», D. Pedro Pascual Villamor, con el personal de Redacción de dicho semanario. Seguía numerosísimo acompañamiento, en el que figuraban representaciones de todas les clases sociales, políticas, de Órdenes religiosas, bancarias, literarias, artísticas, etc.

Las relevantes dotes y virtudes del ilustre finado permiten pensar piadosamente que habrá recibido el premio de su apostolado, esta idea ha de ser un poderoso lenitivo para la pena que aflige a la viuda y a los hijos del finado y en la que sinceramente les acompañamos. Bienaventurados los que mueren en el Señor.

— (R. I. P. A.) —

La Hormiga de Oro (24 de junio de 1916)

dimarts, 15 de maig de 2018

Entrevista a Josep Cabaní Bassols (1895-1976), director d'El Correo Catalán abans de la Croada d'Alliberament

JOSEP CABANÍ BASSOLS *

«El càrrec de director significava, aleshores, un risc d'envergadura.»

Fotografia d'un homenatge a Josep Cabaní, gerent d'El Correo Catalán,
per les millores introduides en el diari (El Siglo Futuro, 10 de març 1936)

La nit del 18 de juliol de 1936 el senyor Josep Cabaní Bassols serà l'únic dels directors de la Premsa barcelonina que tindrà puntual coneixement, amb caràcter oficiós, que l'aixecament militar va a produir-se la matinada immediata. Allò que més o menys hom suposa, ell ho sap de font absolutament fidedigna. És ben clar: el seu diari, El Correo Catalán, és, aleshores, l'únic bel·ligerant dels de la banda dreta dels nostres medis informatius. La Comunió Tradicionalista, de la qual és òrgan, s'ha arrenglerat arreu d'Espanya al costat de l'Exèrcit. Els carlins de totes les edats, tres generacions compreses, es presenten a les casernes per prendre les armes, a Navarra amb Mola; a les Canàries i al Marroc amb Franco; a Barcelona, a les ordres de la UME. Lluitaran durant la contesa en tots els fronts en primera línia, i amb la «cinquena columna» de la reraguarda republicana. La contribució de sang del Carlisme serà realment elevada, impressionant, igual que el segle XIX.

La vinculació del senyor Cabaní amb El Correo Catalán comença ideològicament molt jove. Membre del seu consell d'administració; més tard, durant els anys 1933 i 1934 en serà gerent. El 1935 li és conferida, a més, la plaça de director, perquè el senyor Joan Soler Jané l'ha deixada per poder atendre millor les seves obligacions com a regidor de l'Ajuntament de Barcelona.

«—El càrrec significava en aquells moments —em diu— un risc d'envergadura. Equivalia a jugar-me la vida, a viure en continu sobressalt, totes les hores. Fitxat i vigilat per l'extrema esquerra, l'any llarg que l'exerceixo m'obligarà a canviar prudentment, dues vegades, de domicili. Persones d'absoluta confiança m'avisen renovadament que és una temeritat per a mi, circular sol pel carrer. Un mes abans del 18 de juliol, acompanyat pel redactor Ricard Suné, visito el delegat especial d'Ordre Públic coronel Caselles, que em facilita escorta de policia. Sóc l'únic director que la necessitaria.»

Demano l'ambient que es respirava, pel periòdic, aquell dissabte...

«—Vam treballar com tots els dies —evoca el senyor Cabaní—. Normalitat absoluta a la redacció i als tallers. Vull dir que era al seu lloc tothom qui havia d'ésser-hi. Molta precaució amb l'escassa informació nacional que ens arriba de les agències. Constant contacte amb Censura. Recordo ara que va fer-nos canviar els títols de primera plana.»

—Vostè sabia que la cosa era tant imminent?

» —Anem a pams. Coneixement del que es preparava, oficialment, no. Quan algú em consultava, fos dels nostres o simple simpatitzant amb el canvi que esperàvem, a tots deia el mateix: "No sé res. Jo dono la cara des del diari." No enganyava a ningú.»

«JO ERA AL PEU DEL CANÓ»

La nit del 18 de juliol el senyor Josep Cabaní ocupa, igualment, el seu despatx del diari.

«—Quan divendres coneixo per les emissores estrangeres l'alçament de l'Àfrica espanyola, es fa lògic suposar que aquest s'estendrà com un regueró de pólvora per la península. Els mateixos esquerrans ho temien. Com a director de El Correo Catalán no podia desertar del meu lloc. Matisaré. Jo era al peu del canó amb el pressentiment que "ho teníem damunt". Ara bé. El nostre cap regional i delegat regi Tomàs Caylà havia dit que "m'ho faria saber a temps". Com sigui que aquella tarda del dissabte no compareix pel carrer de Banys Nous, penso si s'haurà ajornat el moviment. Torno al periòdic després de sopar. Serien les onze quan Caylà entra a veure'm. "Aquesta matinada", fa quan estem sols i a cau d'orella. Sóc circumspecte i formula observacions. "No pots jugar-te l'organització el primer dia. Ho teniu tot ben articulat?" Caylà se'm mostra esperançat.
Fotografia de l'homenatge a Joan Cabaní el març de 1936

»Guardo la notícia per a mi. Cap a les dues de la matinada me'n vaig a casa. Em consta que el diari va tirar-es com de costum. Els carrers, força normals en la ruta que porta a l'avinguda del Marqués del Duero, on jo vivia. No dormo. Cap a les cinc, passa la tropa pel davant de casa. El 20, quan Goded anuncia la rendició, em procuro amagatall. Estableixo contacte amb tots els amics que se m'ocorren; cap no em brinda hospitalitat. Tothom està mort de por, excepte un, el comerciant de maquinària tèxtil senyor Jaume Castells, a qui havia tractat privadament, que m'ofereix el seu domicili del carrer de Girona. Hi romandré fins el 3 d'agost.»

EL PAS DE LA FRONTERA

Per eludir responsabilitats, el senyor Josep Cabaní es refugia a la zona de Torrellas del Llobregat
—ens explica— fins el mes de maig següent.

«Allí tindré oportunitat d'informar-me de la incautació del diari pels del POUM: de l'assassinat del meu germà Llorenç, absolutament apolític, el 9 d'agost, i que el meu pis ha estat ocupat per uns refugiats que, en acabar la guerra s'ho enduran tot, llevat dels mobles.»

«La primavera de 1937 aconsegueixo travessar la frontera per la comarca de la Garrotxa. Finida una fatigosa i inacabable caminada, arribo al primer poble francès de l'altra vessant, Lamanère, on sóc, certament, molt ben atès. L'endemà marxo a Sant Sebastià. A la frontera d'Irun ve a rebre'm l'amic Mataqué.

»A la zona nacional em dono a conèixer i se'm fa objecte d'una cordial recepció. El cap dels serveis de Premsa, Giménez Arnau, em proporciona carnet oficial datat a Burgos, i se'm reconeix la condició de director de El Correo Catalán. Ai las!, però. Passat un cert temps se'm comunica que per al mateix càrrec ha estat designada pel "mando" una persona distinta. Sabré qui és. Sorpresa majúscula. Ara ja és mort. Erem força amics. Puc assegurar que jo no ho hauria dit mai. Opto pel silenci més absolut. No em vull incomodar amb ningú, oi més quan he salvat miraculosament, en poc temps, per dues vegades seguides, la vida. Però vaig quedar escarmentat.

»Un cop finida la guerra, seré una altra vegada gerent del meu diari fins a 1942 i, més tard, conseller-delegat del 1950 al 1954.»


Josep Cabaní Bassols morí el 15 de maig de 1976. *



Joan Sariol Badía, Petita historia de la guerra civil: vint-i-tres testimonis informen, pp. 113-116.


Notes del blog La Tradició de Catalunya:

* Josep Cabaní i Bassols va néixer el 6 de febrer de 1895. (Vegeu: Índex alfabètic de defuncions de l'Ajuntament de Barcelona).

* L'autor del text que reproduïm escriu, erròniament, "Joan Cabaní Bassols". Hem canviat "Joan" per "Josep" en totes les referències al nom de l'entrevistat.

dissabte, 5 de maig de 2018

Héroes y mártires

Los héroes nos enseñan a escalar las páginas de la historia.
Los mártires nos adiestran en el sacrificio de la vida y los intereses.
Seamos dignos descendientes de estos y aquellos, conmemorando sus gloriosas hazañas; pero al evocar estos recuerdos no olvidemos que tenemos el deber de transmitir a nuestros sucesores las enseñanzas que los héroes y los mártires nos transmitieron a nosotros.

De escarnio, no de gloria, nos serviría el nobilísimo abolengo recibido, si no supiéramos conservarlo en toda su pureza y continuarlo en toda su integridad.

Salvador Morales                   
Redactor-Jefe de «El Correo Catalán»

Tomado del libro "Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho" (1908)




dimarts, 13 de març de 2018

Barcelona. Constituido el Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau


Barcelona, marzo 2018, mes de San José. (Corresponsal). El pasado sábado 3 de marzo tuvo lugar en la Ciudad Condal la fundación del Círcol Tradicionalista Ramón Parés i Vilasau (Círculo Tradicionalista Ramón Parés y Vilasau) por parte de un grupo de carlistas catalanes, leales al legítimo Abanderado, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. A lo largo de esta primera sesión se expuso la naturaleza y razón de ser de los círculos carlistas en general y del recién fundado en particular; se dieron algunas noticias sobre la vida del insigne carlista barcelonés que da nombre al círculo, a saber, Ramon Parés y Vilasau, de cuya obra quiere éste ser heredero y continuador.

A continuación, siguió un sucinto resumen de la historia del Carlismo, en particular de los hechos acaecidos en la segunda mitad del siglo XX, a fin de recordar la justeza y verdad de los derechos que abandera S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, y la mendaz perfidia de muchos de sus detractores. Finalmente, descritos algunos pormenores acerca del funcionamiento del círculo, se leyeron y comentaron algunos pasajes de Juan Vázquez de Mella —cuyo aniversario quería conmemorar la reunión— sobre las verdaderas libertades de los fueros y contra la corrupción y barbarie judeo-masónica llamada a sí misma catalanismo. Terminada la reunión, asistieron los presentes a los devotos actos de los cinco primeros sábados de mes, y a la subsiguiente Santa Misa, celebrada según el rito inmemorial romano.

No pueden terminarse estas líneas sin dejar de hacer mención al deseo expreso de Don Sixto Enrique de Borbón, Conde de Barcelona, de la fundación del círculo, así como al gran interés por el Principado de Cataluña de los miembros de su Secretaría Política, y a la ayuda y consejo de Elena Risco Donaire, del Círculo Isabel la Católica.


diumenge, 7 de gener de 2018

Entrevista a Claudi Colomer (1921-2015), l'últim director «carlista» d'El Correo Catalán

Avui fa tres anys de la mort de Claudi Colomer Marqués, últim director «carlista» de l'històric diari de Barcelona El Correo Catalán. Entrecomillem l'adjectiu «carlista» perquè dubtem que sigui adient per a una persona que defenia «els avantatges del pluralisme», que presumia d'haver tingut col·laboradors democristians i de l'antiga Lliga i que va acabar afiliat al partit joancarlista Unión Nacional Española i Alianza Popular.

El Correo s'havia fundat l'any 1876 com a successor de La Convicción —diari carlí de Barcelona durant el Sexenni Revolucionari— per a defensar els ideals de la Comunió Catòlico Monàrquica. Els seus fundadors foren Manuel Milà de la Roca —qui havia participat en la tercera guerra carlina i havia estat secretari personal de Carles VII— i el prevere Fèlix Sardà i Salvany, autor de la cèlebre obra «El liberalisme és pecat». Gràcies sobre tot al treball del seu segon director, l'abnegat publicista tradicionalista Lluís Maria de Llauder —qui abans havia dirigit La ConvicciónEl Correo aconseguiria consolidar-se com una de les principals capçaleres de la premsa barcelonina.

Després de la Croada d'Alliberament Nacional (1936-1939), durant la qual els roigs van tancar El Correo, Diego Ramírez Pastor (àlies «Jorge Claramunt»), carlí «unificat», se'n va fer càrrec de la direcció fins al 1946. La derrota de les potències de l'Eix impulsaren el règim franquista a abandonar el totalitarisme i tractar de modernitzar-se, admetent una certa pluralitat. En aquest context, Claudi Colomer, qui només tenia 25 anys, va accedir a la direcció d'El Correo Catalán. Quan Colomer marxà deu anys després, el 1957, El Correo, segons declaracions del propi Colomer, «es va despolitizar» i va deixar de reivindicar la raó per la qual havia nascut: el carlisme.

En l'entrevista que reproduïm, Colomer destaca com a mèrits propis haver portar com a col·laborador del diari el jesuita José María de Llanos, qui ja començava a destacar-se per la seva heterodòxia i que poc després esdevindria comunista; haver publicat pastorals contràries als ideals tradicionalistes del nefast prelat Tarancón, quan era bisbe de Solsona; o haver permès que els lliguers, que no tenien cap diari, fessin seu El Correo Catalán, la qual cosa no havia passat ni tan sols durant la direcció del pro-catalanista Miquel Junyent. El mateix Colomer, quan encara no havia abandonat el carlisme, s'havia vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, organització de tendència demòcrata-cristiana.

Sota la direcció del seu successor, Andreu Roselló Pàmies —qui havia estat nomenat sots-director per Colomer—, el diari passaria a defensar un catalanisme moderat i la democràcia cristiana, pel que sembla, amb el vist i plau de Fomento de la Prensa Tradicionalista, S.A., societat editora del diari, que va fer traició dels ideals fundadors de l'empresa. El diari esdevindria un dels preferits de l'oposició antifranquista i la societat acabaria sent comprada l'any 1974 per Jordi Pujol, qui li canvià el nom pel de Foment de la Premsa S.A., treient l'adjectiu «tradicionalista». El Correo, que havia perdut la seva raó de ser i ja no interessava ni feia falta a ningú, va quebrar pocs anys després, amb acusacions al posterior president de la Generalitat joancarlista d'actuacions fraudulentes.

Pel seu interès històric, hem volgut reproduir l'entrevista que li van fer a Claudi Colomer l'any 1995.



Claudi Colomer, el director més jove del franquisme

Amb només 25 anys va fer-se càrrec, el 1946, de la direcció d'El Correo Catalán


Claudi Colomer (fotos: Laura Guerrero) 
—Jaume Fabre—

Comencem en aquest número de Capçalera una sèrie d'entrevistes a periodistes veterans que han ocupat, en el passat, càrrecs directius en diaris de Barcelona. Part del material de les entrevistes ja realitzades ha estat utilitzada per al llibre La premsa uniformada, sobre els diaris barcelonins dels primers anys del franquisme, de publicació imminent dins la col·lecció Vaixells de Paper. Aquesta sèrie d'entrevistes, que podria titular-se perfectament "Els ex", és com un primer tast del llibre i una visió més detallista, i a la vegada més humana i lleugera, d'alguns dels temes que s'hi tracten. Comencem amb Claudio Colomer Marqués, únic director sobrevivent dels que ho van ser als anys quaranta.

* * * * *

Diego Ramírez Pastor, director d'El Correo Catalán des de la primera meitat dels anys quaranta, va ser acomiadat el 1946 amb males maneres: un dia es va trobar la porta del seu despatx tancada, amb fustes clavades per la banda de dins. Ramírez, tot i que era d'origen carlí, no havia estat mai un director a gust dels propietaris del diari, però en la primera meitat dels anys quaranta qui manava als mitjans de comunicació no era l'empresa, sinó el ministeri de Governació.

Va ser succeït en la direcció per Claudi Colomer Marqués, que va fer un salt professional espectacular des de la corresponsalía del diari a Madrid. Colomer, nascut el 18 d'abril de 1921 a Granollers, va començar la carrera periodística als setze anys a la seva vila natal, on va fundar i dirigir el setmanari local Estilo, després anomenat Vallés, que encara existeix.

Va fer la carrera d'advocat a Barcelona i, un cop acabada, va haver d'anar a fer el doctorat a Madrid. Aprofitant la seva estada a la capital, va matricular-se, als 22 anys, a l'Instituto de Estudios Políticos, que dirigia Fernando María Castiella, i a l'Escola Oficial de Periodisme, que dirigia Juan Aparicio.

La seva mare pertanyia a una família arreladament carlina, cosa que li va permetre agafar la corresponsalía d'El Correo Catalán a Madrid. La seva amistat amb l'editor Luis de Caralt li va permetre agafar també la corresponsalía de Radio España.

A Madrid, aquell jove que prometia va relacionar-se de seguida, en funció de la seva feina, amb alguns polítics que el van ajudar. Però no es va limitar al món carií que més directament havia de beneficiar amb les seves informacions, sinó que va saber diversificar el cercle de les seves relacions polítiques, que anaven des del tradicionalista ministre de Justícia Antonio Iturmendi fins al d'Afers Estrangers, vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Alberto Martín Artajo. Precisament l'arribada d'aquest al govern, el juliol de 1945, va ser decisiva per al nomenament de Colomer com a director d'El Correo. Acabada la guerra mundial, calien aires nous, anar arraconant les camises blaves i les boines vermelles i donar pas a gent jove amb ambició. Colomer era la personalitat ideal. El jonsista Juan Aparicio, que l'havia conegut bé a l'Escola de Periodisme, el va apadrinar també, per tenir un xicot de confiança a Barcelona. Així va desembarcar Colomer el 1946 a la direcció d'El Correo, amb només 25 anys, un cas insòlit de joventut en un càrrec de tanta confiança.

—En començar la guerra civil, jo tenia 15 anys i ja havia desfilat vestit de requetè en les concentracions que durant la República havíem fet a Montserrat i Poblet. Per part de la meva mare hi havia una gran vinculació amb el carlisme, però per part del pare més aviat eren gent no política, per bé que conservadora. 

—No el van allistar, ni en la quinta del biberó...

—Jo havia sofert un accident de caça i vaig perdre un peu. Era mutilat. Això va fer que passés la guerra a la reraguarda. Vaig veure desaparèixer els que havien estat els meus caps polítics, i companys meus del requetè, com el mestre de Parets i els seus dos fills, o el germà gran dels Riera Marsà, que tenia 22 anys... Per això, en acabar la guerra, jo tenia una visió molt maniquea de la realitat: havia vist matar companys meus, cremar esglésies, col·lectivitzar les fàbriques. La meva visió era molt elemental: els uns bons i els altres dolents. Després vaig anar veient que tot era molt més complex.

—La guerra li va interrompre els estudis en un moment clau de la seva vida...

—Així i tot vaig poder acabar la carrera de Dret a Barcelona, el 1942. Aleshores el doctorat no es podia fer aquí, calia anar a Madrid, i vaig haver-hi d'anar. Un cop allà, vaig aprofitar per matricularme també a l'Escola Oficial de Periodisme.

—De què li venia, l'afició al periodisme?

—Jo havia fundat, als 18 anys, a Granollers, un setmanari local, que encara existeix amb el nom de Vallés.

—Crear una publicació en la immediata postguerra no devia ser fàcil...

—Ho vaig fer perquè, un cop dins de la política, jo tenia unes limitacions evidents, per la meva invalidesa i perquè no era un gran orador. Així que vaig preferir manifestar-me políticament a través del periodisme... Jo no volia que aparegués com una publicació oficial de la Jefatura Oficial del Movimiento, sinó com una empresa privada, que és el que realment era. Però tampoc podia aparèixer com a publicació carlina, i vaig haver-me de camuflar amb el yugo y las flechas, cosa que va ser molt mal vista pels companys carlins. Però no tenia aleshores una dependència directa de la Jefatura del Movimiento: era veritablement una empresa privada, que fins i tot proporcionava alguns guanys, perquè jo sol m'ho feia tot i no hi havia despeses. Però jo no em volia quedar per sempre a Granollers només per mantenir-la, i els que la van agafar quan vaig marxar ho van fer amb uns altres plantejaments i van haver d'agafar una dependència més gran del Movimiento.

—El carlisme s'havia integrat amb Falange i les JONS en el partit únic....

—Mentre vaig ser a Granollers jo pensava que aquesta integració era bona, però quan vaig sortir de Granollers vaig veure que no hi havia tal integració, sinó un intent d'absorció i eliminació dels grups tradicionalistes, que si l'any 36 eren una minoria, l'any 40 havien crescut molt, perquè s'hi havien integrat gent que no volien tenir uns ideals totalitaris però que no podien expressar-se a través de cap altre partit, com la gent de la Lliga. El carlisme era molt fort com a esperança.

—L'únic jove carlí de Catalunya a l'Escola Oficial de Periodisme de Madrid, el 1943, era un fitxatge inevitable per a El Correo Catalán...

—La meva experiència com a periodista local va ser un argument de pes. Jo ja havia fet de corresponsal del diari a Granollers, i quan vaig marxar em van demanar que els busqués substitut: els vaig proposar en Josep Verde Aldea, l'actual eurodiputat socialista, que és efectivament qui va continuar la corresponsalía d'El Correo a Granollers. La crònica de Madrid la passava cada nit per telèfon, l'agafava el taquígraf a mà, ho passava a màquina i d'allà anava a la linotipia. Les meves cròniques eren evidentment político-tradicionalistes. També havia de parlar de temes de folklore local, però quan hi havia una ocasió —com ara una conferència o la presentació d'un llibre— per exaltar els nostres polítics, com en Joaquim Bau, o la gent més pròxima al tradicionalisme doctrinari, com en Pemán, ho feia, evidentment.

—Va tenir problemes amb la censura?

El Correo Catalán tenia una situació especial, vivien dintre d'una nebulosa. Els mèrits que havien fet tants combatents carlistes morint en la guerra civil li donava una certa patent de cors davant la censura. A més, estava vinculat molt fortament amb els bisbes, als quals feia continus favors publicant-los les cartes pastorals i exaltant la seva labor. La censura tenia la impressió que si ens tocaven a nosaltres, tocaven l'Església. Per això, el diari tenia un censor eclesiàstic propi, el canonge provisor doctor Baucells —que, per cert, era sord—, i la censura política donava per bo el que ell decidia. A més, tots ja sabíem en quin terreny ens movíem, i escrivíem en uns termes tan abstractes, que la censura poca cosa hi tenia a dir. Recordo que en un dels meus primers articles, per criticar la multiplicitat de jurisdiccions especials que va crear el franquisme —de responsabilitats polítiques, de contraban, de delictes monetaris...—, vaig haver de parlar de la feina dels advocats i dels juristes i citar sant Ramon de Penyafort. Un altre cop, per destacar els avantatges del pluralisme, vaig comparar el monoteisme tomista amb la visió del món de sant Agustí, que veia un Déu més plural, que contenia a la vegada Amor, Intel·ligència, Ordre i Legalitat. Va agradar molt als bisbes, que van veure que sabia molta teologia, però no sé si el lector va captar el que volia dir. Sempre podies colar alguna coseta, perquè hi havia censors que, amb tots els respectes personals, eren bastant..., com ho diré?: que no s'adonaven del que deies.

—La caiguda de Ramírez Pastor va ser la seva gran oportunitat...

—El Diego Ramírez Pastor va venir nomenat de Burgos. En els primers temps, amb Serrano Suñer, van voler fer una premsa més homogènia. En Ramírez Pastor procedia del carlisme i era una persona de tota honradesa, però havia vingut amb la prepotència característica dels que arribaven a Barcelona directament des de Burgos. Sempre va estar marcat pel fet que a ell no l'havia nomenat el president del consell d'administració, en Joaquim Gomis. Això va crear una mena d'incompatibilitat personal del director amb el consell de Fomento de la Prensa Tradicionalista. Per això, quan van poder fer-lo fora i nomenar-me a mi, va ser com un alliberament. Jo era amic seu...

—I el director més jove de Barcelona, amb 25 anys...

—Venia amb idees noves. A Madrid havia conegut el padre Llanos, que encara no era el comunista que va ser després, però que començava a despertar interès pel que deia. El vaig portar de col·laborador. També m'havia vinculat, sense deixar el carlisme, a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, on cabia des de la democràcia cristiana als catòlics autoritaris. Precisament un dels homes més representatius d'aquest grup, el Martín Artajo, quan va arribar a ministre d'Afers Estrangers va ser qui em va donar l'empenta definitiva per ser nomenat director d'El Correo. Ja era amic meu abans de ser nomenat ministre. Curiosament, el que ell va posar com el seu home de confiança a la premsa, el director general Cerro Corrachano, va ser el qui vaig tenir més conflictes com a director, especialment a causa de la publicació de les pastorals del Tarancón, que aleshores era bisbe de Solsona. Feia pastorals sobre el barraquisme o les titulava "Justicia, pan i trabajo" i jo en publicava el text íntegre com a fulletó colleccionable. El Cerro va amenaçar-me diverses vagades de destituir-me. Era una gran persona, però quan va arribar al càrrec va descobrir el poder de l'estat. Quan s'empipava amb mi perquè publicava les pastorals del Tarancón, jo li deia que si aquest havia estat presentat al cap de l'Estat i n'havia rebut el vist-i-plau, jo no podia tenir cap sospita sobre la seva lleialtat ni creure, com deia el Cerro, que les seves pastorals soscavaven els fonaments del règim. "Esto no quiere decir nada, porque también acabamos de nombrarte director de El Correo Catalán y podemos destituirte". "A mi sí", li vaig dir, "pero al obispo de Solsona, no".

—La relació d'un director d'un diari de Barcelona era més forta amb Madrid que amb el governador civil?

—La censura d'aquí tocava petites coses de detall: que si un regidor havia dit això, que si una crítica de teatre contra un dels autors preferits del règim... Però quan tocaves una cosa més de fons, en un editorial, per exemple, els d'aquí ja no sabien gaire com anava. Perquè encara que el règim semblés monolític, no ho era tant. El director general de Premsa podia ser demòcratacristià i el governador civil d'aquí, d'una línia completament diferent. Per això ens enteníem directament amb Madrid. A l'època del Juan Aparicio a la direcció general de Premsa, com que era gran amic meu, aquí els de censura ja podien dir el que volguessin, que jo sabia que tocaven d'oïda. Si m'obrien un expedient, em quedava tan el tranquil. Els falangistes sempre demanaven el meu cap, però jo tractava sempre de fer-los veure a Madrid que aquí de falangistes no n'hi havia hagut mai, i que si no es recolzaven en els quatre carlins que tenien, malament. M'havien e donar la raó.

—Però, de fet, els periodistes en què més es van recolzar van ser els lerrouxistes.

—Al Correo no n'hi havia pas...

—Quan vostè va arribar a la direcció, en ser tan jove, es devia crear una situació curiosa en les relacions amb els redactors del diari, que en general eren gent molt gran.

—És normal, quan arriba un director nou, que es recolzi en uns quants companys de confiança. Jo al principi estava una mica espantat, davant aquells sants barons: monsenyor Lisbona, el Junyent... Cada dia, abans d'anar al diari, passava per la Catedral a encomanar-me a Déu. N'hi havia que em duplicaven l'edat, i en general tots tenien més experiència que jo. Però alguns em van ajudar des del primer moment, com per exemple el Tarin. Vaig portar col·laboradors nous, com en Duran i Ventosa, de la Lliga, que signava "Oldest". Dels fitxatges de redactors que vaig fer, uns van sortir més bé i altres no tant. El primer que vaig portar va ser l'Esteve Molist, que era un escolà de Vic molt amic del Luis Santamarina, que volia imitar. Escrivia com ell una literatura de castellano viejo que no tenia res a veure amb la realitat. El vaig conèixer un cop que vaig anar a Vic a donar una conferència. Em va semblar un noi que prometia i li vaig aconseguir una beca perquè pogués estudiar a Madrid. Quan va acabar la carrera el vaig fer entrar al Correo. Com que també era jove, als vells no els va semblar gens bé. Un altre que vaig fer entrar era el Jaume Pol Girbal, empordanès, de qui es deia que escrivia quasi com en Pla, i també en Josep Pernau, i l'Ibáñez Escofet...

—Però també en van marxar bons periodistes, com Manuel del Arco.

—La seva marxa no va tenir res a veure amb la meva entrada. Va ser perquè al Diari de Barcelona li van oferir més diners que al Correo. En marxar, el vaig substituir pel Soler Serrano, que feia l'entrevista diària, i el Muntañola, que feia la caricatura. I després d'un any i mig fent-ho ells, ho va agafar el Pernau. El Pernau el vaig conèixer a l'Escola de Periodisme, que jo dirigia. Era mestre i parlava amb un accent lleidatà terrible. Li dèiem "Lo Pernau".

—A l'època que vostè va estudiar a l'Escola de Madrid, hi havia algun altre català?

—De català no en vaig conèixer cap. El que sí que hi havia era Horacio Sáenz Guerrero, que era de La Rioja, i quan va acabar el van enviar aquí a La Vanguardia.

—Com va anar la creació de l'Escola de Periodisme de Barcelona?

—Ens trobàvem que aquí hi havia molts bons periodistes que treballaven normalment però no estaven al Registre Oficial ni havien passat per l'Escola de Madrid, i calia regularitzar la seva situació. Acabada la guerra, quan el Serrano Suñer va crear el Registre Oficial de Periodistes, es va dir que podien inscriure-s'hi els que estiguessin treballant en una redacció el 1939 o els que a partir d'aquell moment sortissin titulats de l'Escola Oficial. La majoria van fer la sol·licitud, amb els avals i certificacions necessaris, i si van passar la depuració, van ingressar al ROP, que era requisit indispensable per treballar. Però alguns que havien treballat abans de la guerra no van voler demanar la inscripció, per por, i altres que van començar a treballar després no havien passat per l'Escola Oficial. Gent com l'Angel Zúñiga, el Sempronio, el Néstor Luján, el Llorenç Gomis, el Julio Manegat o el Julià Mir —que després va fundar el Dicen— estaven en fals; alguns perquè havien treballat en premsa catalana o havien estat inscrits en un sindicat i no podien legalitzar la seva situació, i d'altres perquè havien començat a treballar sense passar per l'Escola. Fins i tot alguns Pérez de Rozas estaven en una situació d'intrusisme, que van regularitzar amb aquell curset. Per això vaig convèncer l'Aparicio que, ja que la realitat no s'adaptava a la legislació, calia adaptar la legislació a la realitat. No els podíem enviar pas tres anys a Madrid, a gent que eren mestres del periodisme, i per això vam muntar un curset d'estiu. Primer pensàvem en una trentena, però al final n'hi vaig fer entrar setanta-sis. Alguns dels que vaig colar no tenien tants mèrits per entrar-hi com altres que van quedar-ne fora, en el sentit que feia molt poc temps que eren al periodisme, com l'lbáñez Escofet o el Llorenç Gomis, o bé que només eren nois que prometien, com el Luis Ezcurra. Això em va fer molt mal veure d'alguna gent que feia temps que publicaven coses en premsa i que no els vam deixar entrar al curset, com el Martí Farreras o la Llucieta Canyà. Deien que jo havia afavorit els que treballaven al Correo. Amb el curset d'estiu ja van tenir tots el títol de periodista i van poder-se inscriure al ROP.

—Però aquest curset d'estiu va ser una cosa diferent de l'Escola...

—Sí. Acabat el curset vam crear l'Escola de Periodisme de Barcelona. L'Aparicio va concedir que es poguessin fer dos cursos aquí i que només s'hagués d'anar a fer a Madrid el tercer, amb beca. Es va començar en unes sales de l'Ateneu, gràcies al fet que jo n'era directiu, i també el Gual Villalbí. Per pagar alguna cosa als professors, vam demanar als diaris que ens subvencionessin. La Vanguardia va ajudar força, i per agrair-li l'ajuda l'Aparicio va obtenir per al comte de Godó la gran creu del mèrit civil. A l'hora de fer-l'hi saber, no va voler que ho fes el delegat provincial del ministeri, sinó que em va demanar que ho fes jo. Al final vam haver de marxar de l'Ateneu, perquè protestaven molt, fins i tot a Madrid. El que més ens va perjudicar va ser l'organització dels col·loquis: cada setmana organitzaven uns debats públics, amb diversos ponents, en els quals els alumnes de l'escola feien preguntes, però era obert al públic. Hi havia cues al carrer, fins al punt que alguns debats vam haver-los de traslladar a la sala Mozart, i fins i tot al Price, perquè la gent no cabia a la sala de l'Ateneu. Era com els actuals debats a televisió, però l'any 1953, en una època que al nostre país no es feien coses d'aquestes. Sovint venia el mateix Aparicio a moderar-los, i si no, ho feia jo mateix. Els diaris en publicaven resums. He buscat a la premsa de l'època i n'he trobat, per exemple, un que es deia "¿Cómo conquistó usted la fama?", en el qual hi van participar Joan Miró, Hipólito Lázaro, el Samitier, el Josep Ciará, la Raquel Meller, en Josep Maria de Sagarra... O un altre quan hi va haver el cas Di Stefano, que va ser dels de més èxit. Tanta expectació despertaven, que fins i tot vam arribar a cobrar entrada, i d'aquesta manera obteníem recursos per a l'Escola, que n'anàvem molt mancats. Buscàvem patrocinadors per als viatges de fi de carrera, i per poder-nos finançar, un any fins i tot vam portar el Milà a jugar un partit amistós amb el Barça, que havia quedat campió de Lliga, i vaig aconseguir, després de parlar amb el general Moscardó, responsable polític de l'esport espanyol, que el Madrid ens deixés el Di Stefano per jugar també en aquest partit. El dia de l'aniversari de l'alliberament de Barcelona vam emplenar l'antic estadi del Barcelona i vam treure un milió de benefici. Aleshores vaig cometre un error de joventut, i com que amb quatre-centes cinquanta mil pessetes ja en teníem prou per eixugar els dèficits de l'escola, vaig anar a veure el governador civil, amb qui no mantenia gaire bones relacions, per lliurar-li la resta, i que ho destinés a beneficència. Carai! Quan el governador va veure que havíem obtingut un milió de pessetes, va dir que l'any següent ja l'organitzaria ell, "el partido benéfico". O sigui, que no en vam poder muntar mai més cap. Tot això, l'Ateneu no ho veia amb bons ulls, i el Florentino Pérez Embid, que era director general de Cultura, crec, i els Ateneus depenien d'ell, ell mateix, que m'havia nomenat a mi i el Gual Villabí directius de l'Ateneu, ens en va fer treure l'Escola de Periodisme. Va ser aleshores que vam anar a parar a Santa Mònica.

—On ara hi ha una sala d'exposicions de la Generalitat, al capdavall de la Rambla. Com hi van anar a parar?

—Aquell convent va passar a l'administració civil en les desamortitzacions del segle passat, però no sabien què fer-ne. Encara que estava vinculat a la parròquia del costat, era patrimoni de la Diputació. I ens ho van deixar per a l'Escola, a falta de res millor. I així vam continuar. Però després de l'Aparicio van posar a la direcció general un doctrinari sofista, el Muñoz Alonso, que va tancar l'escola de Barcelona. Era un que publicava llibres titulats José Antonio, un soñador para un pueblo, i coses així. Com que a l'Escola de Periodisme d'aquí ens movíem en un terreny molt tècnic, i no volíem adoctrinar els alumnes, ni políticament ni religiosament, em va sustituir per l'Ezcurra, després de cridar-me un dia per dir-me que hi havia una quantitat de denúncies en contra meu, perquè teníem molts alumnes que no eren de fiar, i que hi havia una llibertat entre nois i noies excessiva.

—N'hi havia gaires, de noies? Perquè a les redaccions no n'hi havia ni una...

—Es va posar de moda, entre les noies de la burgesia, estudiar periodisme. Però, naturalment, quan acabaven els estudis es casaven i no exercien la carrera. Per allà va passar, per exemple, la Bibí Salisachs, la Maria Marquès, filla d'una gran família d'industrials de Vilanova i la Geltrú, i la noia Giró, neboda del Godó, i que aleshores tenien l'empresa de motos Montesa. També hi venia la Carmen Trias de Bes, que va arribar a fer algunes cròniques de futbol per al Correo. També hi venien molts frares i capellans, perquè els ordes religiosos necessitaven gent titulada per dirigir les seves publicacions, molt abundants.

—A la seva època, El Correo fa el trasllat des de Banys Nous a la Rambla, als baixos de l'hotel Montecarlo, després de comprar la rotativa de Las Noticias...

—Vaig muntar una empresa a la qual vaig posar el nom de Gráficas Industriales, i aquesta empresa va comprar als Roldós la rotativa amb què havien fet Las Noticias fins al 1939. Amb ella imprimiríem El Correo i altres coses per a tercers. El primer client que vam tenir va ser el Dicen. Vam tractar amb el Roldós i al final li vam comprar la rotativa per dos milions i mig, quan el preu del mercat era de deu. Vam veure que ens sortia més a compte llogar als Roldós el local on hi havia la rotativa que no traslladar la rotativa a un altre lloc, que hauria costat una fortuna. Així es va traslladar tot el Correo, redacció, administració i tallers. A la inauguració hi van venir dos ministres: el tradicionalista Iturmendi, ministre de Justícia, i el monàrquic comte de Vallellano, ministre d'Obres Públiques.

—Perquè no van deixar publicar Las Noticias als Roldós, després de la guerra?

—El règim va fer un mapa de la premsa de Barcelona, i Las Noticias no hi entrava. Es van concedir només els necessaris per mantenir un equilibri polític: Falange, carlins, monàrquics joanistes, un diari esportiu i dos diguem-ne independents, un de matí, La Vanguardia, i l'altre de tarda, El Noticiero. I ja no en va deixar sortir cap més. L'argument que es donava oficialment és que no hi havia paper, cosa que a la postguerra era certa, però només fins a cert punt. Els cupos de paper era la nostra batalla contínua, perquè els diaris del Movimiento sempre estaven beneficiats pel cupo. Els donaven més paper del que necessitaven i ens el revenien a nosaltres al doble de preu. El sindicat vertical de premsa era el que distribuïa els cupos, i al sindicat hi tenien un fort predomini els falangistes.

—La seva tensa marxa d'El Correo contrasta amb l'entrada triomfal que hi havia fet.

—Amb el nou consell d'administració vam arribar a una situació insostenible, fruit d'un moment de crisi personal que jo travessava i de la prepotència amb què aleshores jo em movia. Vaig seguir una política de mantenir-los massa apartats de les grans decisions. La conseqüència va ser que finalment em vaig decidir a vendre les accions que tenia i a renunciar al contracte, sense cap indemnització. Ara penso que va ser un error.

—Però per què es van produir aquestes tensions amb el consell nou?

—Són coses rares. El consell nou potser trobava aleshores que jo feia massa coses: la direcció de Radio Nacional a Barcelona, la de l'Escola..., i trobaven que em dedicava poc al diari. Però crec que la crisi forta va esclatar per una bajanada, una cosa que no tenia res a veure amb el diari, però que revela molt bé com funcionen les coses a la vida, per camins molt diferents dels que la gent s'imagina. Sovint els problemes sorgeixen per banalitats i no per qüestions de fons. Per a mi va ser una gran lliçó. Ho explicaré: Hi havia al consell d'administració un capellà que a mi m'havia ajudat molt, mossèn Rossell, molt carií. Quan es va produir la vacant de capellà de la capella de Sant Jordi, a la Diputació, ell aspirava a ocupar-la. Però hi havia un altre aspirant, el doctor Roqué, menys tradicionalista que ell. Jo era diputat provincial i vaig haver d'intervenir en la decisió. I en lloc d'agrair a mossèn Rossell tot el que havia fet per mi, em vaig deixar portar per les meves inclinacions intel·lectuals i vaig donar suport a la candidatura del doctor Roqué. Mossèn Rossell no m'ho va perdonar mai, i a partir d'aquell moment va fer tot el possible per perjudicar-me. Ja passa, que de les grans amistats es va als grans odis. I l'odium theologicum ja no es para mai més. Tenir un enemic tan fort al consell d'administració del diari al final em va cansar, i vaig llançar l'esponja. Ja portava dotze anys al diari. Potser va ser un error, per a mi i per al diari, perquè, en seguir uns camins diferents, va començar a fer batzegades, en un moment de forta competència dels altres diaris, quan ja no hi havia manca de paper i podien començar a ser més brillants. En despolititzar-se, el diari va perdre el públic fidel. Jo crec que si no haguessin començat aquelles oscil·lacions encara tindríem Correo.

—Però quan vostè va marxar va ser precisament quan més van pujar les vendes...

—L'Andreu Roselló va ser un gran director. Havia començat fent rebuts a l'administració, i quan va poder passar a la redacció va destacar escrivint cròniques d'internacional, que eren bastant llegides, perquè tenia instint periodístic. És el que feia quan jo hi vaig arribar. El vaig nomenar sots-director. Però em sembla que quan va arribar a la direcció no li van deixar seguir gens la seva línia ideològica, que l'empresa el va arribar a interferir molt, imposant-li textos, sobretot al final.

—Abans ha parlat d'en Duran i Ventosa, de la Lliga, com a col·laborador del diari. Desapareguda La Veu de Catalunya, i sense possibilitat de reeditar-se, pel fet de ser en català, quins vehicles d'expressió en premsa va utilitzar la Lliga, després del 39?

—La gent de la Lliga havia mantingut sempre bones relacions amb els carlins, i en acabar la guerra es van acollir al Correo.

—A part de l'Esteve Molist i en Pernau, quins altres joves periodistes d'aleshores recorda?

—El Cadena, que vaig agafar per a la revista Paseo, que jo editava; en Faulí, que va començar al Correo Catalán. M'agradaria saber quin record conserven de l'Escola...

—Com es va vincular amb la ràdio?

—Per l'amistat amb l'editor Luis de Caralt. Quan era a Madrid vaig començar a fer de corresponsal de Radio España de Barcelona, on hi havia el Luis de Caralt. Sempre em va ajudar molt. Quan ell era diputat provincial de Cultura i jo estudiava a Madrid, em buscava de tant en tant cicles de conferències a les biblioteques populars. Jo venia uns dies i així guanyava uns diners. També em va donar la corresponsalía de Radio España. Després, a Radio Nacional, m'hi va fer entrar l'Aparicio, perquè va veure que era una manera d'intensificar la seva importància a Catalunya. Em va nomenar director de les dues emissores de Radio Nacional. Vaig intensificar els programes populars: "Fantasia", de l'Arandes i el Gallo, la campanya benèfica dels senyors Dalmau i Viñas... Amb ells vaig tenir alguns problemes, perquè jo creia que havíem d'ajudar el Cottolengo i ells eren més partidaris de l'Hospital Clínic. Jo vaig fer emetre per primer cop "La Santa Espina", primer només la música i després també amb la lletra. Vaig tenir una quantitat de denúncies dels de la Jefatura Provincial... Fins i tot em va cridar el ministre! Amb l'Arias Salgado no intimàvem gaire, però em tenia afecte, perquè quan venia a Barcelona i veia aquelles cues a l'Ateneu, als col·loquis de l'Escola, o al carrer Aragó, als programes de la campanya benèfica, que els fèiem a la Mutualitat de la Indústria Tèxtil, doncs allò li agradava molt. L'Arias Salgado era un dogmàtic que feia uns discursos molt llargs i ens els feia publicar a la premsa. Ocupaven dues pàgines! Mossèn Balart, que era confessor d'en Franco i molt amic meu, m'explicava un dia que li havia comentat al Generalísimo la llargada dels discursos de l'Arias Salgado. "¿Usted cree que habrá algún español que se los lea, excelencia?", diu que li va preguntar. "Quizás mejor así, quizás mejor que no lo lean!", li va contestar Franco.

—A la seva època, les relacions amb els altres directors com eren?

—Amb el que millor em vaig entendre va ser amb el de La Prensa, en Sánchez Gómez. Vaig viure amb ell l'aventura de l'IHola! També tenia una relació cordial amb el Castillo, del Diario de Barcelona, i amb el Santamarina, amb qui teníem amics comuns a Madrid. Ell no era periodista, anava per lliure; però era un home honrat. Amb el Manegat també molt bé. Però en Galinsoga es mantenia a part, es considerava més aristòcrata que els altres. Em va començar a fer cas i a tractar de tu a tu quan, a conseqüència d'una sèrie d'esdeveniments que van passar a Madrid i de la influència de l'Iturmendi, em van nomenar procurador en Corts al mateix temps que el Felipe Bertran Güell. Però als altres directors els tractava instal·lat des d'una certa superioritat. 

Mentre va ser director del diari va tenir una participació del 45% en les accions de l'empresa editora. En marxar, es va vendre aquest paquet d'accions, que va passar a engruixir la participació que la família Baygual tenia ja des del 1952 en el consell d'administració del diari. Els Baygual, empresaris tèxtils, van convertir-se a partir d'aquell moment en els homes forts de l'editora del diari. Van ser ells qui van promoure Roselló a la direcció, en substitució de Colomer. Un dels membres de la família Baygual va agafar la gerència. L'època dels Gomis i dels carlins passava a la història; començava la dels empresaris tèxtils, que anaven ocupant també altres llocs clau de la societat civil catalana, com la junta del Barça.

Els últims anys de director d'El Correo, Claudio Colomer va alternar (des del 1954) el càrrec amb la direcció de Radio Nacional de España a Barcelona. Va participar en la fundació de la revista catòlica progressista El Ciervo amb els germans Llorenç i Joan Gomis, Joaquim Xicoy i Paco Condominas. Però també enviava col·laboracions al setmanari ultradretà El Español, col·laboracions que va mantenir pràcticament fins a l'extinció de la revista, als anys setanta.

Va ser diputat provincial a Barcelona i procurador en Corts per designació directa de Franco a Madrid. Més tard va ocupar un temps els càrrecs de governador civil d'Àlaba i Santander i va participar el 1972 en la creació del Club Seny Nou, versió barcelonina del Club Tácito de Madrid. Actualment manté el seu despatx d'advocat a Barcelona i la vinculació amb diverses empreses familiars.

Claudi Colomer, el director més jove del franquisme (Capçalera, Octubre 1995)

Vegeu també: Palabras para la sesión de homenaje al académico Claudio Colomér Marqués

diumenge, 26 de novembre de 2017

Estanislao Rico Ariza

Tal día como hoy, un 26 de noviembre de 1936, era fusilado por los rojos el periodista tradicionalista y mártir de la Tradición Estanislao Rico Ariza. Había nacido en Barcelona en 1895 en el seno de una familia humilde originaria de Elda (Alicante). En 1944 el también carlista Antonio Pérez de Olaguer, que lo conoció personalmente, le dedicó en la Enciclopedia Espasa la biografía que reproducimos a continuación:



RICO ARIZA (ESTANISLAO).

Periodista español, n. en Barcelona el 13 de noviembre de 1896 y m. en la misma ciudad, fusilado por los rojos, el 2 de diciembre de 1936. De pluma acerada, combativa y temeraria, Rico Ariza nació y vivió para la campaña periodística valiente, dentro de sus ideales tradicionalistas, que profesaba desde la adolescencia.

Niño aún, en el colegio de los padres Jesuitas destacó ya como escritor. Ya su prosa era atrevida, por lo que mereció alguna reprimenda, la primera sin duda de las muchas que cosechó en su vida por su afán de exponer la verdad con toda su crudeza, siempre dentro de un recto espíritu de justicia.

Su amistad con Pedro Pascual Villamor y su acendrado y sincero carlismo le llevaron a combatir en las páginas de La Trinchera, popularísima hoja volandera de lucha, órgano de los requetés catalanes, en cuyas columnas se forjó su temperamento y su estilo. Estilo y temperamento que pueden resumirse en dos palabras: valor personal. No temía a nadie, ni con la pluma en la mano ni en la calle. Y así, cuando se suceden las etapas anárquicas en Barcelona y se dirimen en la calle los conflictos sociales, Rico Ariza está siempre en la palestra. En La Trinchera, primero; en La Protesta, después.

La Protesta, semanario tradicionalista del cual Rico Ariza era carne y vida, tuvo un positivo destacado influjo en el éxito del golpe de Estado del general Primo de Rivera. Desde sus columnas, Rico Ariza, con su propio nombre o con diversos seudónimos, llegó a todos los sectores de la sociedad barcelonesa, ensangrentada en aquella época por la lucha fratricida de clases, predisponiéndola al golpe de Estado.


«... cuando Barcelona está sumida en las tinieblas del Terror, un clarinazo retumba en el ambiente.»


Es una hoja vibrante, pletórica de valentía y de decisión cuyo título resume claramente su espíritu: La Protesta. Es el banderín de combate de Rico Ariza. Las campañas de aquel semanario tuvieron resonancia nacional y la gente lo consideró como un áncora de salvación.

Más tarde, desaparecida la Dictadura de Primo de Rivera, Rico Ariza, tradicionalista siempre, resurge con igual potencia, resucitando La Protesta. Popularizó su seudónimo de El Capitán Justicia y dió vida a varios intentos periodísticos, entre los cuales uno de los más destacados fue La Tarde.

Hubo en Rico Ariza un gran director de periódico, inédito. A su ímproba labor en La Protesta, alguno de cuyos números había escrito él solo, Rico Ariza añadió su brillante campaña periodística en El Correo Catalán, de cuya Redacción formó parte.

Creó en dicho diario la sección, muy leída y acotada con interesantes comentarios, titulada Revista de prensa. También cuidó con éxito de la sección de Extranjero, y todo ello alternándolo con sus crónicas de toros, donde hizo temida y célebre su firma de Don Erre.

El 24 de noviembre de 1936, en plena revolución en Barcelona, fue detenido por las llamadas patrullas de control, y encarcelado. Descubierta su personalidad, identificada su actuación periodística, pasó a la titulada cheka de San Elías, establecida por los rojos en el convento profanado del mismo nombre.

Parece que mantuvo su fe con singular entereza, y con valentía arengó al pelotón que iba a fusilarle, en términos tales, que llegaron a hacer vacilar a algunos de sus componentes y se trató de perdonarle la vida, prevaleciendo al fin el criterio de quienes conocían sin duda las campañas de su pluma, siendo fusilado.

Estanislao Rico Ariza, además de desempeñar los puestos periodísticos conquistados por su suelta y valiente pluma, fue vocal de la Junta Provincial de Trabajo, perteneció a la Compañía de Tranvías de Barcelona, a la Confederación Nacional de Sindicatos Libres y ostentó la presidencia de la Asociación de Funcionarios Municipales de Barcelona. Ocupó asimismo el cargo de tesorero de la Asociación de Periodistas.


Antonio Pérez de Olaguer (A. P. O.): Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa), suplemento 1936-1939, vol. 1 (1944), pp. 534-535.

dilluns, 16 d’octubre de 2017

Català, arrenca les estelades de la teva localitat!

Català, tu que t'estimes Catalunya i la vols rica, plena, catòlica i espanyola, arrenca les estelades del teu poble! Pensa que és molt més fàcil i ràpid arrencar-les que posar-les; es despengen només tirant d'elles. Per netejar el teu poble o barri de propaganda separatista, només cal una persona, una escala de mà (també tisores si vols treure pancartes) i ganes de fer alguna cosa per Espanya!

Així ho fem nosaltres amb les estelades que embruten els fanals. Fins i tot amb una escala petita (més o menys d'un metre) ens en sortim prou bé! Si tens una més gran és més còmode.


Quan hagis tret les estelades, recomanem retallar-ne el triangle maçó amb l'estel yankee o comunista, i purificar d'aquesta manera la gloriosa senyera de Catalunya i Aragó d'elements foranis i aliens a la nostra identitat. El triangle es pot cremar o llençar a les escombraries. Recomanem també no treure estelades de cases particulars, ja que no som lladres i encara no estem en guerra.

Visca Espanya i visca Catalunya lliure d'estelades i de traidors a Déu i a la Pàtria!

dissabte, 14 d’octubre de 2017

Luto en España por la muerte de Don Jaime. Los separatistas catalanes tratan de perturbar el funeral en Barcelona y lo pagan caro (1931)

Luto en España

La sorpresa que causó la defunción repentina de don Jaime no produjo deserciones en las filas legitimistas. Hubo, sí, el gran dolor de los carlistas de que su Rey muriera en el destierro y que sus huesos no reposaran en tierra de España. Por todas partes hubo solemnes funerales, lo mismo en ciudades que en pueblos y aldeas. También los hubo en el extranjero, siendo muy suntuosos los celebrados en Buenos Aires, y muy íntimamente emocionantes los que celebraron en Jerusalén los franciscanos españoles.

Por todas partes se respetaba el dolor de los carlistas. Sólo hubo una población en la que este respeto no se guardó. Caro les costó. Fue en Barcelona. Se celebraron los funerales en la Catedral, donde acudió una imponente multitud. Los muchachos del Requeté montaron el servicio de orden. Un grupo de nacionalistas, pertenecientes a los "escamots" del Estat Catalá, creyéndose amparados por las autoridades, intentaron perturbar el acto. Los requetés replicaron, y junto a la Canonja hubo un encuentro, y se dieron a la fuga los separatistas, llevándose unos cuantos heridos y dejando en el suelo el cadáver del Jefe que los mandaba. Hubo detenciones. Fue acusado un requeté llamado Ballés, más conocido por "El Tit", pero no pudo probársele nada, y la Audiencia de Barcelona lo absolvió.

Casa de la Canonja o Pia Almoina, junto a la Catedral de Barcelona,
donde los separatistas atacaron a los requetés jaimistas y fueron derrotados.


Melchor Ferrer Dalmau: Historia del Tradicionalismo Español (tomo XXIX), pp. 223-224

divendres, 29 de setembre de 2017

Manifest de Don Sixt: «La unitat d'Espanya s'ha de mantenir a tota costa»




Als carlins i a tots els espanyols de bona voluntat:
La unitat d'Espanya s'ha de mantenir a tota costa
Declaració de S.A.R. Don Sixt Enric de Borbó


A dos dies del referèndum separatista convocat a Catalunya per un Govern autonòmic sediciós i il·legítim, encara no sabem si el Govern de facto d'Espanya complirà el seu deure i n’impedirà la celebració.

Són hores greus. La propaganda proseparatista deslligada a l'estranger no ha estat contrarestada pels mitjans de què l'Estat disposa. El Govern de Mariano Rajoy sembla continuar la política suïcida de desconeixement de l'autèntica tradició catalana i de concessions al nacionalisme, que des de fa ja moltes dècades ha estat preparant l'explosiva situació que ara s'ha desencadenat. Catalunya és part fonamental i inseparable de la Corona d'Aragó, que integra la Monarquia espanyola. És una regió espanyolíssima. Qualsevol argumentació contrària ignora la realitat i contradiu la historia.

Dol veure com la regió que des del segle XVIII es va destacar com la més contrarevolucionària i antijacobina d'Espanya es troba avui en gran mesura controlada pels revolucionaris més extremistes i pels jacobins més radicals. Perquè tan jacobí o més que el centralisme liberal o autoritari és el nacionalisme català, i per això mateix, anticatalà.

El meu oncle avi Carles VII va restituir l’any 1872 la plenitud dels furs de la Corona d'Aragó, i entre ells els del Principat de Catalunya. La conspiració liberal, recolzada per les lògies i per les potències estrangeres, va impedir la victòria del Rei legítim d'Espanya, que hauria evitat els desastres posteriors.

Avui cal afanyar-se a defensar la unitat de les Espanyes, per sobre de qualsevol altra reivindicació, com sempre van fer els carlins quan era en perill la Pàtria. Demano als carlins i a tots els espanyols de bona voluntat que, si és necessari, col·laborin amb les forces de seguretat i les Forces Armades per aturar l'intent separatista i conservar la unitat i la independència de la Pàtria, sigui quina sigui l'actitud que finalment prengui l’actual Govern. Tinguem present el deure que molts de nosaltres vam jurar —jo també, com a cavaller legionari— davant la bandera roja i gualda.

En l'exili, a vint-i-nou de setembre de 2017.

DÉU, PÀTRIA, FURS, REI


                                         ⚜  ⚜  ⚜


A los carlistas y a todos los españoles de buena voluntad:
La unidad de España debe mantenerse a toda costa
Declaración de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón


A dos días del referéndum separatista convocado en Cataluña por un Gobierno autonómico sedicioso e ilegítimo, aún no sabemos si el Gobierno de facto de España va a cumplir su deber e impedir su celebración.

Son horas graves. La propaganda proseparatista desatada en el extranjero no ha sido contrarrestada por los medios de los que el Estado dispone. El Gobierno de Mariano Rajoy parece continuar la política suicida de desconocimiento de la auténtica tradición catalana y de concesiones al nacionalismo, que desde hace ya muchas décadas viene preparando la explosiva situación que ahora se ha desencadenado. Cataluña es parte fundamental e inseparable de la Corona de Aragón, que integra la Monarquía española. Es una región españolísima. Cualquier argumentación en contrario ignora la realidad y contradice la historia.

Duele ver cómo la región que desde el siglo XVIII se destacó como la más contrarrevolucionaria y antijacobina de España está hoy en gran medida controlada por los revolucionarios más extremistas y por los jacobinos más radicales. Pues tan jacobino o más que el centralismo liberal o autoritario es el nacionalismo catalán, por eso mismo anticatalán.

Mi tío abuelo Carlos VII restituyó en 1872 la plenitud de los fueros de la Corona de Aragón, y entre ellos los del Principado de Cataluña. La conspiración liberal, apoyada por las logias y por las potencias extranjeras, impidió la victoria del Rey legítimo de España, que habría evitado los desastres posteriores.

Hoy es necesario aprestarse a defender la unidad de las Españas, por encima de cualquier otra reivindicación, como siempre hicieron los carlistas cuando estaba en peligro la Patria. Pido a los carlistas y a todos los españoles de buena voluntad que, de ser necesario, colaboren con las fuerzas de seguridad y las Fuerzas Armadas para detener la intentona separatista y conservar la unidad e independencia de la Patria, cualquiera que sea la actitud finalmente tomada por el actual Gobierno. Tengamos presente el deber que muchos de nosotros juramos —yo también, como caballero legionario— ante la bandera roja y gualda.

En el exilio, a veintinueve de septiembre de 2017.

DIOS, PATRIA, FUEROS, REY





La Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón recomienda a los carlistas que se unan a las concentraciones convocadas para este sábado 30 de septiembre de 2017, a las doce del mediodía ante todos los ayuntamientos de España, por la unidad de nuestra Patria.

La convocatoria pide que se lleven sólo banderas de España. Se recuerda la conveniencia de que en ellas no figure el escudo legal vigente: es mejor optar por banderas rojigualdas sin escudo ni emblema alguno, o con el Sagrado Corazón de Jesús. Evítese cualquier exaltación «constitucionalista»: no se trata de defender régimen político alguno, sino la Patria común.

Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón
Comunión Tradicionalista
Apartado de Correos 50.571
E-28080 Madrid

diumenge, 28 de maig de 2017

El enfrentamiento entre carlistas y lerrouxistas de Sant Feliu de Llobregat en 1911

Tal día como hoy, el 28 de mayo de 1911, un nutrido grupo de lerrouxistas armados trató de reventar un mitin carlista en contra de la inmoralidad convocado en Sant Feliu de Llobregat, atacando a los tradicionalistas allí concentrados, los cuales supieron defenderse.

Estos sucesos revistieron grandísima importancia. Los carlistas catalanes habían organizado un aplec en la Ermita de la Salud, pero el mitin debía tener lugar en Sant Feliu de Llobregat. No era población carlista, y bastantes esfuerzos hacían los jaimistas locales para mantener un Círculo para su propaganda. Los radicales pidieron permiso para celebrar otro mitin en la localidad cuando ya estaba autorizada la concentración carlista, y el gobernador civil de la provincia, Manuel Portela Valladares, autorizó el segundo acto. Sant Feliu era una población pequeña, y así era de esperar que un choque entre carlistas y republicanos sería inevitable. «Confiaba el taimado, magüer tonto, gobernador en la valentía de los incendiarios de la Semana Trágica», escribiría más tarde un testigo.

Según las disposiciones oficiales, los carlistas debían tomar el tren a las cinco de la tarde y los republicanos a las seis. Para proteger la salida de los que habían asistido al mitin, las secciones del batallón de la Juventud de Barcelona, que ya todo el mundo conocía por el Requeté, se habían colocado estratégicamente sobre la avenida que conducía a la estación. Los radicales salieron en tromba, pero los carlistas los contuvieron, rompiendo el fuego la sección mandada por Alejandro Goberna, entablándose un vivo tiroteo entre ambos grupos.

El tiroteo se hizo general, y la desbandada de los radicales comenzó cuando el abanderado de la Juventud radical del Pueblo Seco, al que una bala había menguado su energía, «una segunda vino a darle en la frente, dando al mismo tiempo con el valiente y la bandera al suelo». Al comenzar la desbandada, la Guardia Civil, que tenía orden de no intervenir mientras los carlistas fueran atacados, se lanzó a la contienda y de hecho protegiendo a los derrotados republicanos, ya que para «no tomar como blanco al grupo lerrouxista, que ya era ametrallado, se abrió sable en mano los guardias de a caballo y con el fusil tendido y apuntado los de a pie». Se cruzaron algunos tiros más, y el cornetín del Requeté tocó alto el fuego. Sorprendidos los guardias civiles, sin saber quién había tocado, cesaron el suyo. Los carlistas se retiraban ordenadamente hacia la estación. En el suelo quedaban los muertos y heridos, y junto a ellos los guardias civiles.

La estación de Sant Feliu de Llobregat entre 1911 y 1913.

Pero grupos de republicanos fugitivos atacaron a los que estaban ya en la estación. Al la desbandada, llevando incluso a los heridos, ocupaban las vías, y afortunadamente que el maquinista de un tren descendente se percató de aquellos hombres acobardados, pues pudo frenar, impidiendo una mayor catástrofe. Otros republicanos más bravucones agredieron a los que iban a subir al tren, causando algunos heridos. Un obrero, Hilario Aldea, enardecido por el combate que se libraba, daba vivas al Rey y alentaba a los que luchaban desde una ventana de la estación. Traidoramente fue atacado y villanamente asesinado.

El regreso a Barcelona se hizo normalmente, atendiendo a los heridos de la estación, ya que en la refriega no los habían tenido los jaimistas. En el apeadero del Paseo de Gracia, de Barcelona, en previsión de que a su llegada los carlistas tuvieran algún choque, otra sección del Requeté esperaba situado estratégicamente en la calle de Aragón y Paseo de Gracia, pero las disposiciones gubernativas habían acumulado Policía y Guardia Civil, ésta con equipo de campaña, y la llegada de los carlistas se hizo tranquilamente.

En esta jornada, los radicales tuvieron cuatro muertos, y el número de los heridos, entre todos, incluso un guardía civil, ascendía a 17. En realidad éstos fueron muchos más, pues los radicales decían haber tenido más de cincuenta, y los heridos carlistas de la estación eran cuatro o cinco. Los sucesos de Sant Feliu demostraron que ni con la protección de los gobernadores los radicales podían medirse con la bravura y decisión de los carlistas. Desde entonces no hubo enemigo para el carlismo, cesando los lerrouxistas de atacar a los jaimistas.

Debido al número superior de muertos del lado republicano, la prensa liberal culpó a los carlistas de la tragedia. Sin embargo, tal y como expuso Dalmacio Iglesias los hechos —que reproducimos a continuación— los jaimistas tan sólo actuaron en legítima defensa, no teniendo la culpa de su capacidad superior de repeler el ataque que la de sus enemigos de llevarlo a cabo.

Véase Ferrer, Melchor: Historia del Tradicionalismo Español (volumen 29, pp. 46-47), 1960

Dalmacio Iglesias García

Discurso del diputado por Gerona D. Dalmacio Iglesias, sobre los sucesos de San Feliu de Llobregat (junio de 1911)

El Sr. IGLESIAS Y GARCIA: Señores Diputados, vengo á tratar de los tristes sucesos ocurridos en San Feliú de Llobregat con motivo del aplech tradicionalista y del meeting radical celebrados en aquella localidad el domingo 28 de Mayo; y yo os prometo desposeerme en esta tarde por completo de toda pasión política, limitándome á narrar los hechos tal como ocurrieron, según pude observar por mí mismo, ya que fuí testigo presencial de ellos; y tan decidido estaba y estoy á prescindir de toda pasión política que hubiera deseado que esta interpelación se aplazase algunos días al objeto de que, restablecida la calma en los espíritus, pudieran apreciarse aquellos hechos de una manera más tranquila y más serena.

Se dijo que yo había sido caudillo de los tradicionalistas que intervinieron en los sucesos; he de comenzar por declarar que no tuve la suerte de encontrarme en medio de aquellos mis correligionarios que repelieron la agresión contra ellos verificada; pero sí que tomé parte en el aplech y en el meeting, y que respecto á todo lo ocurrido en éste soy testigo, por tanto, de visu.

Para darse perfecta cuenta de cómo ocurrieron esos sucesos es necesario ante todo examinar los antecedentes de los mismos, explicar después los sucesos tal como ocurrieron, aduciendo aquellas pruebas que obran en mi poder, y, por fin, determinar hasta dónde alcanza la inmensa responsabilidad del gobernador civil y del Gobierno, en cuanto ese gobernador civil todavía continúa rigiendo los destinos de la provincia de Barcelona.

Todos los Sres. Diputados saben que en los últimos tiempos se ha desarrollado la inmoralidad en Barcelona como jamás se recuerda en aquella población, y saben también que por consecuencia de eso ha tenido lugar una activa campaña en contra de esa inmoralidad, campaña que ha molestado al actual gobernador civil, hasta el punto de que aquellos que le denunciaban hechos eran denunciados á su vez por el gobernador civil, llegándose hasta el secuestro de los ejemplares de El Correo Catalán depositados en la oficina de Correos antes de que hubieran sido denunciados por la autoridad judicial.

Aplech carlista en Manresa, pocos meses antes de los sucesos de San Feliu (1911)

En estas circunstancias, los tradicionalistas solicitaron permiso para celebrar un aplech en San Feliú de Llobregat, llevando, según es tradicional en los aplechs que se celebran en Cataluña, banderas y bandas de música. Concedió el alcalde de la localidad el permiso para celebrar el aplech incluso con banderas y con bandas; pero el gobernador civil revocó en parte ese permiso del alcalde, prohibiendo que figuraran banderas y bandas de música, cometiendo con esto una enorme desigualdad con los tradicionalistas.

Sé que el gobernador ha manifestado que no podía conceder permiso para que los tradicionalistas ostentaran banderas, por cuanto no se lo había concedido á los republicanos; pero esto, dicho sea con todos los respetos debidos, no es verdad, porque los republicanos en la manifestación que celebraron últimamente en Barcelona lucieron banderas hasta el número de 54. De modo que se comenzaba ya por cometer una desigualdad con los tradicionalistas. Así y todo acatamos las órdenes del gobernador, no sin antes protestar contra esa que nosotros juzgábamos una desigualdad, y pedir que se nos concediera el permiso tal como lo habíamos solicitado. No se accedió á ello, y así y todo acatamos la orden, fuimos al aplech sin banderas ó con las banderas plegadas y sin músicas.

Ya anunciado el aplech, sabiendo que se iba á celebrar, los lerrouxistas pidieron á su vez permiso para celebrar un meeting radical; y es necesario tener en cuenta y fijarse mucho en que ese permiso fué solicitado con posterioridad á la autorización del aplech carlista; y es necesario también tener en cuenta el carácter que á ese meeting radical se daba, meeting de protesta contra el aplech carlista y para el cual desde las columnas de El Progreso, de Barcelona, se venían haciendo excitaciones claras y terminantes á emplear los medios de la violencia contra los tradicionalistas que concurrieran al aplech.

Mitin de Lerroux pocos meses antes de los sucesos (1911)

En El Progreso correspondiente al viernes 26 de Mayo, en una proclama titulada «La excursión á San Feliú. Al pueblo radical», se decía, entre otras cosas:

«Radicales: el próximo domingo, en San Feliú de Llobregat, han de ser nuestras banderas las que ondeen á los cuatro vientos, y hemos de ser nosotros, por dignidad propia, los que, formando una muralla infranqueable, impidamos que los ciudadanos y compañeros de dicha población vean pasar en correcta formación á los discípulos de Savalls, que un día ensangrentaron el suelo con sangre de sus propios padres. Este es el sacrificio que hoy por hoy os piden, Las Juventudes radicales

De manera que la juventud radical en esta proclama manifestaba ya claramente su propósito de formar una barrera infranqueable, y de impedir que los tradicionalistas circularan por las calles de San Feliú.

Y en El Progreso correspondiente al mismo día, se decía también:

«Hay que decretar el silencio de los requetés, respondiendo con el palo al alarde de su bastón, al insulto con la bofetada, y si se exhibe el browing demostrarles que en sus manos puede salirles el tiro por la culata.»
«¿Quieren palos? Satisfagamos su necesidad. Todo antes que consentir que se renueven las vergonzosas escenas de ayer, etc.» (El Sr. Iglesias Ambrosio: Continúe leyendo S. S.)

Y el sábado 27 decía El Progreso:

«Todas las violencias han de parecernos pocas cuando de combatir al carlismo se trate.»

Estas eran las excitaciones que se hacían á los asistentes al meeting radical para que protestaran en contra del aplech tradicionalista de San Feliú:

«Todas las violencias han de parecernos pocas cuando de combatir al carlismo se trate... Hay que responder de un modo decisivo á la campaña para impedir que nos gobierne D. Dalmacio. Con el carlismo no se discute. Se le persigue, se le caza como animal dañino que invade nuestra sociedad

Y el domingo 28 se decía:

«Ya de baja esta campaña —habla de la campaña en favor de la moralidad—, acuden á los arrestos bélicos, y en la tierra republicana de San Feliú de Llobregat esta tarde las hordas carlistas pasearán sus boínas ultrajando á todos los consentidores y amparadores de que reverdezca la flor sangrienta abatida en los campos de batalla. El gobernador les ha privado de sus banderas y de sus músicas, pero la provocación no dejará de existir...»  
«¿Avergonzarnos? Eso no. Nuestros amigos irán también esta tarde á San Feliú de Llobregat para que no quede desamparada la bandera de la libertad, que en mal trance pusieron los que al crear la Solidaridad dieron vida al carlismo que estaba muerto. Allí iremos los radicales, acabando de una vez con la campaña carlista ú obligando á que no se oculte bajo pretextos, sino con el exclusivo objeto que tiene de someternos á los liberales. Como siempre, queremos constituir la avanzada del ejército progresivo.»

Por consiguiente, durante tres días vino excitando El Progreso á sus correligionarios para que emplearan la violencia, para que cazaran á los tradicionalistas, para que impidieran que circularan por las calles de San Feliú de Llobregat. Y en estas condiciones se concede y no se revoca el permiso para el meeting radical al mismo tiempo que el aplech, en el mismo pueblo, en lugares próximos y en una localidad de pequeño vecindario, donde era muy probable, si no inevitable, que las das partes contendientes se encontraran.

Mas no es esto solo; se cometió la falta de no adoptar precauciones; de que el gobernador se limitara á enviar 32 números de la guardia civil, para contener á 2.000 republicanos radicales, 500, 600, los que queráis, que estaban dispuestos á atacar, según ellos mismos venían manifestando desde tres días antes en las columnas de El Progreso, á los tradicionalistas que se congregaran en el aplech.

Se ha dicho en esta Cámara por el Sr. Miró ayer, que ambos bandos tenían el propósito de agredirse mutuamente. Nosotros, no; nosotros no tuvimos nunca el propósito de agredir; nosotros no hemos agredido á nadie nunca; pero sabiendo las excitaciones dirigidas contra los que concurrieran al aplech, tuvimos que prevenirnos, máxime cuando nos constaba que el gobernador no había de defendernos, y fuímos allí dispuestos á ejercitar el derecho de legítima defensa.

En estas condiciones llega el día del aplech; se celebra éste por parte de los tradicionalistas en completo orden durante toda la mañana; á las tres ó tres y media de la tarde llega el primer tren especial conduciendo á los republicanos radicales que venían de Barcelona, los cuales salían de los coches con banderas desplegadas, dando vivas á la República, al Sr. Lerroux y á Possá, y mueras á D. Jaime, y gritando ¡Abajo la reacción! Algunos de los tradicionalistas que habían venido también en el mismo tren protestaron, y entonces la guardia civil obligó á aquéllos á que plegaran las banderas.

Continuó la manifestación en dirección al Círculo radical de San Feliú de Llobregat, y poco antes de llegar á él, volvieron los radicales á desplegar sus banderas, y con ellas en esa forma entraron en su Círculo, observándose, por tanto, cómo los radicales violaban por completo desde el primer momento las prevenciones gubernativas.

A las cuatro de la tarde comenzó á celebrarse el meeting tradicionalista en el patio llamado «Can Fornaret» de San Feliú, y habían hablado la mayor parte de los oradores; estaba haciéndolo el Sr. Junyent, cuando, casi al final de su discurso, un grupo de individuos apostados á la puerta de la cerca, porque aquel patio está rodeado por una cerca, interrumpieron con gritos al orador. Algunos de los que se encontraban allí corrieron á la puerta á ver lo que ocurría, y á poco sentimos una descarga.

Los hechos tienen dos partes; aquí, por lo general, no se ha hablado más que de una, y es que de la otra, de lo ocurrido en el meeting tradicionalista y que tiene una capital importancia, no había más testigos que nosotros y el redactor de La Prensa de Barcelona, periódico de que no puede decirse que nos sea afecto ni que milite en nuestro partido. De cómo ocurrieran los sucesos, en la parte que yo vi, lo expondré con autoridad propia; en la parte que no vi, hablaré por referencias que he procurado compulsar y comprobar con la mayor escrupulosidad posible.

A las cinco y media de la tarde, los tradicionalistas, que habían venido de Granollers, hubieron de retirarse al objeto de poder coger el tren que les había de conducir á su pueblo y no tenerse que quedar toda la noche sin poder ir á sus casas; y los radicales, que tenían convenido con la autoridad gubernativa que cogerían el tren especial de las ocho de la noche, para ellos destinado, puesto que á los tradicionalistas se les había señalado el de las siete, salieron de su Círculo á las seis de la tarde, dirigiéndose á la estación en grupo de 200 ó 300, á banderas desplegadas. Ocurrió que algunos de los que habían ido á despedir á los tradicionalistas que se marchaban, como amigos y correligionarios, y en número de quince á veinte, salían á la estación, y se volvían al meeting con objeto de continuar asistiendo á él, cuando tropezaron con aquel batallón ó masa radical. Un niño llamado Isidro Casanova, de catorce años, fué entonces agredido por los radicales que le quitaron la boina de la cabeza, le pegaron un palo, le quitaron otra boína que llevaba en el bolsillo, el dinero que también llevaba y hasta una mantilla de su hermana, por el delito de llevar boína en la cabeza y ser carlista; eran 200 contra un niño de catorce años; me parece que es una verdadera valentía. A poco, según refiere el mismo niño, sintió tiros, y era que los tradicionalistas, que salían de despedir á las de Granollers, habían sido agredidos; formáronse en dos alas al objeto de no ser cogidos juntos, en grupo, puesto que la superioridad numérica de los radicales les obligaba á dividirse, y esa es la razón, como diré luego, de que los tradicionalistas, al defenderse disparando contra una masa de gente que iba compacta, hicieran las bajas que ocurrieron en las filas radicales, y en cambio no hubiera muerto ningún carlista, porque el único muerto, Hilario Aldea, no lo fué en la refriega, sino en la estación en el momento de coger el tren, estando dentro de la estación. Esto el mismo Progreso lo dice con fruición, porque Hilario Aldea, que era hombre inofensivo, que no llevaba armas sobre sí, que no había tomado parte en la refriega, dirigiéndose á la guardia civil, dijo: ¡Duro con los radicales! Fué cogido por dos individuos pertenecientes al partido radical, mientras otro le hundía un puñal en las entrañas. ¿Quienes son los asesinos?

Hilario Aldea, jaimista cobardemente asesinado en
San Feliu de Llobregat. Dejó viuda y huérfanos.
Fotografía tomada del periódico La Defensa (11/06/1911) 

Al mismo tiempo que esto ocurría, éramos atacados en pleno meeting á tiros por la parte izquierda de la cerca que rodea el patio de «Can Fornaret»; hicieron disparos contra la gente que estaba en el meeting, y tantos se hicieron, que cerca de mí cayó una bala y oí silbar otra; y no soy yo solo el que lo dice, sino es el redactor de La Prensa quien también lo atestigua, siendo de observar que este redactor de La Prensa era el único repórter de la prensa de Barcelona que se encontraba en el lugar del suceso.

«Hasta las mismas tapias del sitio donde se celebraba el meeting llegaron algunos lerrouxistas, cayendo tres balas entre la concurrencia, sin causar, afortunadamente, ni la más leve lesión.»

Y añade el redactor de La Prensa:

«Era temerario permanecer inmóvil, y aunque el fuego partía de la parte exterior, juzgué preferible afrontar las balas, que silbaban siniestras.»

Esto prueba, Sres. Diputados, de quién partió la agresión, porque los tradicionalistas no iban á disparar contra sus mismos correligionarios que en el meeting se encontraban.

Los relatos de los sucesos que ha publicado la Prensa hay forzosamente que ponerlos en cuarentena, porque excepto el redactor de La Prensa y el de Las Noticias, la Prensa de Barcelona no se encontraba representada en el aplech tradicionalista más que por el repórter ó redactor de El Correo Catalán; de modo que todos los que han hablado de esto han hablado de oídas, dejándose llevar de impresiones, pero no han sido testigos presenciales de los hechos, y, por lo tanto, carecen de autoridad para deponer en ellos, y ya aquellos dos únicos testigos presenciales deponen unánimemente en favor de los tradicionalistas.

Me extraña sobremanera que el Sr. Miró y Trenat haya manifestado que entre el relato de El Progreso y el relato de El Correo Catalán, él tiene que inclinarse á aceptar el relato del primero de dichos periódicos; porque vean el Sr. Miró y los Sres. Diputados lo que dice El Progreso en su número 1.689, donde relata los sucesos:

«Por cierto que al doblar los expedicionarios la calleja en que ocurrió el incidente más arriba descrito (habla de un suceso, de un encuentro, de una pequeña divergencia ocurrida entre algunos tradicionalistas que iban por la calle, y el grueso de la manifestación lerrouxista), vieron con asombro á numerosos carlistas asomados á un balcón donde se leía: Foment Autonomista Republicá. De manera que los carlistas, con sus boinas rojas, estaban en el Centro de los republicanos solidarios, que acaudilla Miró y Trepat. ¡Qué asco y qué vergüenza!»

Esto no es cierto, los tradicionalistas no estaban en los balcones del Foment Autonomista Republicá; y esto se dice en El Progreso, precisamente en el relato á que se inclina el Sr. Miró y Trepat. ¿Y á periódico que falta á la verdad de esta manera puede concedérsele crédito para reseñar los sucesos, siendo, además, una de las partes interesadas en los misrnos? ¡Pero, si ni el señor Miró, ni D. Emiliano Iglesias, ni el Sr. Lerronx, ni ninguno de los que acaudillan al partido radical se encontraban en esos sucesos! Esto ya sabemos que ocurre con frecuencia. (Rumores.)

Además, Sres. Diputados, no es verosímil que 15 individuos, 15 jóvenes fueran los que agrediesen á 300 lerrouxistas, que iban con banderas desplegadas y ya con pleno propósito, y prevenidos por las excitaciones de sus jefes, de atacar á los carlistas; esto es absurdo; la desproporción es tan grande que es imposible que por parte de los más débiles pudiera partir la agresión. Se dice que estaban apostados; eso no lo ha dicho nadie; eso no lo ha dicho más que el alcalde republicano de San Feliú de Llobregat; eso no la ha dicho el teniente de la guardia civil que presenció los sucesos; no lo ha dicho nadie en la Prensa de Barcelona más que El Progreso; si estaban apostados, como quiere suponerse, ¿es posible que á las primeras descargas no causaran muertos ni heridos, como el mismo Progreso reconoce al hacer la relación delos sucesos?

En cuanto al relato oficial de los hechos, El Progreso dice que ese relato oficial se acomoda en todo á lo que él había manifestado; mas no es así. El único que manifestó que había habido agresión por parte de los carlistas, fué el alcalde de San Feliu; pero es necesario tener en cuenta que este alcalde es republicano, que no se encontró tampoco en los sucesos y que, por tanto, su declaración carece de valor. El delegado de la autoridad tampoco estuvo en el sitio donde ocurrió el encuentro, sino que estuvo refugiado en la casa cuya parte posterior da al patio Fornaret. ¡Que lo dijo el gobernador! ¿Qué importa que lo diga el gobernador, si no hace más que reflejar lo que dijo el alcalde republicano de San Feliú y el délegado de la autoridad? Tenemos la declaración del parte oficial que da el teniente de la guardia civil, y ese teniente no dice que la agresión haya partido delos tradicionalistas, sino que manifiesta claramente que los primeros en disparar fueron los lerrouxistas, como vamos á ver en seguida al leer el parte.

Pero, en fin, supongamos, como mucha parte de la Prensa ha reconocido, que no fuera posible determinar de quién partió la agresión. Entonces, Sres. Diputados, es necesario buscar elementos para poder juzgar acerca de ese extremo; es necesario ver los antecedentes de uno y otro partido; es necesario ver los antecedentes de uno y otro bando, de los dos que concurrieron á San Feliú de Llobregat el domingo 28 de Mayo.

Respecto al partido lerrouxista, encontramos como antecedentes, en primer término, la orientación del mismo partido; todos vosotros sabéis que está orientado hacia las vías de la violencia; todos vosotros sabéis que sus jefes han hecho la apología del atentado; todos vosotros sabéis que sus jefes incitan constantemente á las masas á que procedan por la vía de la violencia. No quiero ya referirme á aquel artículo «Rebeldes, Rebeldes», no.

Quiero referirme á otra manifestación posterior, á un discurso pronunciado por el Sr. Lerroux en Mataró, después de los sucesos de la semana sangrienta, según relación que de este mismo discurso publicó El Progreso:

«Yo escribí un día un artículo —dijo entonces el Sr. Lerroux— titulado «Rebeldes». No he tenido ocasión de rectificar una sola letra; es más, he de declarar, aunque sea mío, que es un admirable compendio de la renovación, el convencimiento gráfico de que, sin rebeldías, no triunfan ni prosperan los pueblos, sino que se convierten en manadas de borregos, que van á los degolladeros de Cuba, de Filipinas y al Barranco del Lobo... Rebeldes, rebeldes, sí. Es un complemento con el espíritu de disciplina que emana de las ideas. Y esas ideas, permitidme la soberbia de que lo diga, yo las encarno... Uníos, organizaos. Sin organización, los gritos de rebeldía serán aspavientos de pobre histérica. Colectivamente, seríamos impotentes. Pensad que estáis haciendo obra revolucionaria. Yo, no prometo la República para mañana ó pasado; pero si nos organizamos, cada día tendremos un poco menos de Monarquía y un poco más de República.»

Claramente ve que el Sr. Lerroux se ratifica en sus procedimientos de violencia y rebeldía. Son los mismos individuos que hablando del atentado cometido contra el Sr. Maura por Posá en Barcelona, dicen desde las columnas de El Progreso que se trataba de «una respuesta, fuere en la forma que fuere. Fué una respuesta grandiosa. Fué Barcelona, que al asomarse Maura para deshonrarla nuevamente con su mirada, gritó, señalando al pueblo: ¡Aquí hay algo! Y surgió Manuel Posá».

Son los mismos individuos también, que en un artículo, tratando de la cuestión Posá, titulado «Cínicos y malvados», dicen: «Lo que indigna es que se horroricen ante lo que llaman un asesinato (se refiere al hecho Posá) los que tienen sobre su conciencia el remordimiento de haber precipitado la muerte de tantos inocentes. (Los autores de la semana sangrienta.) A la vez que malvados, resultan cínicos.» Es decir, que se trata de un partido que al relatar los hechos cometidos por la violencia, los ensalza, y todavía llama cínicos y malvados á los que tienen el valor de reprobar los excesos por los radicales cometidos.

Peró es necesario también tener en cuenta lo que pudiéramos llamar antecedentes penales del partido lerrouxista en Barcelona. Un ligero relato de ellos, una ligerísima enumeración, bastará para que los Sres. Diputados vean pasar delante de sí toda una serie de escenas negras, de desórdenes promovidos en Barcelona por el partido radical. Los tiros de San Feliú —dice á este respecto un periódico— nos han recordado los tiros dirigidos contra el colegio electoral de San Cayetano; los tiros disparados dentro del meeting del Condal y en el Paralelo; los tiros á la salida del meeting de las Arenas; los tiros en pleno día contra los balcones de nuestra redacción en la Rambla de las Flores; el asesinato frustrado de Hostafranchs; el escalamiento de los balcones de la redacción de Metralla; la semana trágica y las provocaciones y frases de matonismo que todos estos días han quedado estampadas en las planas de El Progreso. Y pudieran añadirse los tiros disparados por Posá cuando fué Maura á Barcelona.

D. Juan Vázquez de Mella en el multitudinario mitin de Las Arenas (1907)

Un partido que tiene todos estos antecedentes, es, indudablemente, terreno muy abonado para cometer la agresión que decimos y sostenemos que existió en San Feliú de Llobregat.

Pero hay más todavía, Sres. Diputados: ¿sabéis que hayan ido los tradicionalistas á perturbar algún meeting lerrouxista? ¿Tenéis noticias de que algún meeting republicano, de ideas completamente distintas á las nuestras, haya sido perturbado por los tradicionalistas? No. En cambio, ¡cuántos son los meetings tradicionalistas que han sido perturbados por los radicales! Con ellos podría formarse una lista, una enumeración muy larga.

Por otra parte, han de tenerse en cuenta también aquellas provocaciones, aquellas excitaciones de El Progreso á que antes me refería. El hecho mismo del meeting radical celebrado después de anunciado el aplech tradicionalista, ya demuestra la intención deliberada de perturbar el acto que los tradicionalistas querían celebrar. Y, sobre todo, para juzgar acerca de la veracidad del relato, es necesario tener en cuenta las contradicciones en que el mismo Progreso incurre al exponer los hechos.

Sabéis que sólo hubo un muerto por parte delos tradicionalistas, y refiriéndose á él dice El Progreso correspondiente al lunes 29 de Mayo: «agazapados como estaban nos hirieron á mansalva; pero ¡cuál no será el valor de los radicales cuando á las madrigueras carlistas llegó también la muerte!».

Es decir, que, según El Progreso, hubo un muerto en el sitio donde estaban apostados los carlistas; y el mismo Progreso reconoce después, en la primera plana del mismo número y en la quinta columna, que la muerte que ocurrió en las filas carlistas tuvo lugar dentro de la estación, porque dice: «En la estación un sujeto que se encontraba junto á una de las ventanas, la abrió, y empuñando un revóiver —(esto es falso)— gritó á la guardia civil: —¡Duro con los radicales! —Una bala le hizo vacilar y un certero golpe de puñal le obligó á caer muerto. Era el carlista Hilario Aldea.» Aquí tenéis una contradicción plena y palmaria; y tan verdad como que la muerte ocurrió en las madrigueras de los carlistas, es que éstos se hallaran ocultos ni en madrigueras ni en ninguna parte.

Continúa el mismo número del periódico citado: «La guardia civil, montada y de á pie, perseguía sin tregua á los carlistas; pero vióse obligada á disparar hacia todos lados. Fué entonces cuando, tratando de hacer callar á los carlistas, que parapetados la hostilizaban, cayó herido de una bala en el muslo y otra en la boca el guardia civil Antonio Vivar.» Si esto fuera cierto, el teniente de la guardia civil se hubiera cuidado muy bien de especificarlo en el parte que dió al gobernador narrándole los sucesos, y no lo especifica. Y El Progreso llega á decir que el relato que había hecho el gobernador de los sucesos, dijo éste que, según referencias del capitán de la guardia civil, los radicales habían sido víctimas de un asesinato alevoso.» Pues bien; el teniente de la guardia civil no dice absolutamente nada de lo que El Progreso manifiesta .(El Sr. Iglesias Ambrosio: El capitán, dice El Progreso, no el teniente; no es lo mismo.) El capitán de la guardia civil ; repito, no dice nada de lo que El Progreso manifiesta que el gobernador civil participó á D . Emiliano Iglesias. El capitán no dice absolutamente nada de que los guardias dispararan contra los carlistas y de que fueran los carlistas los que hiriesen al guardia Vivar.

El capitán lo que dice textualmente es que los primeros en disparar fueron los radicales. He aquí, transcrito á la letra, el parte que dió el capitán de la guardia civil:

«El día, hasta las diez y ocho menos cuarto, ha estado tranquilo; á dicha hora (es decir, dos horas antes de la señalada para que los radicales salieran de San Feliú) los radicales se disponían á ir en manifestación á la estación para su regreso á Barcelona, y cuando habían llegado parte de ellos á dicho punto, empezaron desde allí y sus inmediaciones á hacer un fuego muy nutrido.» (Rumores.)

Esto dice el capitán de la guardia civil, aunque luego añade:

«sin que sea posible precisar con exactitud quién inicíó la agresión, pues en aquellas inmediaciones existían grupos de carlistas».

El no dice que fueran los carlistas los primeros que dispararan, y, en cambio, poniendo en relación la primera parte de este relato con lo que inmediatamente sigue, hay que suponer no sólo que no afirma que los carlistas fueran los primeros en disparar, sino que parte de los que habían llegado á dicho punto empezaron desde allí y sus inmediaciones á hacer fuego nutrido y continuado, palabra esta de empezaron que tiene que referirse forzosamente á los radicales. (Rumores.) La sintaxis lo dice, y la interpretación gramatical es la primera que debe de emplearse.

La manipulación de los hechos por parte de la prensa republicana.

De todos modos, adóptese una ú otra interpretación, lo que de manera clara y explícita manifiesta el capitán es que no puede precisar de quién partió la agresión. (El Sr. Iglesias Ambrosio: El teniente.) El teniente fué el que dió el parte al capitán y el que se encontró en los sucesos, porque el capitán no estuvo allí ni apareció para nada. (El Sr. Iglesias Ambrosio: El teniente tampoco estaba.) El teniente estaba. Su señoría no lo vió porque no estaba en San Feliú, pero yo, que me encontraba allí y fuí á la sociedad Coral á ponerme de acuerdo con el teniente de la guardia civil para recibir órdenes suyas, al objeto de saber en qué tren partiríamos los tradicionalistas y la ruta que habíamos de seguir, dando con esto un alto ejemplo de civismo y de amor al orden; hablé con dicho teniente, quien estaba en San Feliú de Llobregat y presenció los sucesos. Lo único que hicieron los carlistas en San Feliú de Llobregat fue obrar en legítima defensa.

No importa que El Progreso nos llame cobardes, nos llame traidores, nos llame asesinos, esto lo dice porque el partido radical llevó la peor parte en la refriega; á buen seguro, Sres. Diputados, que si las víctimas hubieran sido de los tradicionalistas hubieran dicho los radicales que aquel era un día glorioso, á la manera que se dijo que era una semana gloriosa la terrible semana de Julio.

Se dice también que aquella fué obra de los requetés, se recrimina á los requetés, se dice que son un conjunto de bandidos y asesinos, y que hay que reducirlos al silencio por medio de la fuerza ó por medio del terror. Los requetés carlistas son nuestra juventud, y eso es lo que le duele al partido radical; ver que el partido tradicionalista se está nutriendo con la juventud procedente de todas las clases sociales de Barcelona (Rumores); ver cómo en las filas del partido tradicionalista forman jóvenes de todas las clases sociales, que aseguran al partido tradicionalista una existencia muy dilatada y muy próspera en Barcelona. Esos son los jóvenes que forman los requetés, los cuales no se negaron, ni se negarán nunca á dar su vida en defensa de la Patria, los cuales no se negaron á ir á Melilla, formando parte del ejército español, como se negaron los jóvenes que forman en la juventud radical.

Grupo de jóvenes del Requeté jaimista de Gerona (1911)
Fotografía tomada del periódico La Defensa (11/06/1911)

Se nos llama cobardes, porque nos defendimos; en cambio se nos llamó cobardes también porque dicen que no supimos defendernos cuando la semana trágica. ¿En qué quedamos? Si repelemos una agresión ¿somos cobardes ó traidores, ó somos valientes? Se nos dice que somos cobardes porque no nos defendimos entonces, y ahora también se nos llama cobardes porque nos hemos defendido. ¡Cobardes en la proporción de 15 á 200, señores Diputados! ¿De parte de quién está la cobardía?¿De parte de los que atacan en número de más de 200 á 15 jóvenes, ó de parte de los 15 jóvenes que viendo en peligro su vida saben defenderla? ¡Se nos llama traidores! Los tradicionalistas no han sido nunca traidores, no han cometido agresiones por la espalda; son los radicales lo que emboscados á la salida del meeting de las Arenas atacaron á las masas de tradicionalistas que salían, para escapar después; y lo mismo que hicieron allí pretendieron hacer en San Feliú de Llobregat; y el ataque y la agresión estaban perfectamente convenidos; por eso aparece un grupo de radicales á la puerta del meeting al objeto de llamar la atención á los que salían, mientras otro grupo atacaba la cerca por la parte de la izquierda. Son ellos, han sido siempre y serán los verdaderos traidores; los tradicionalistas cuando luchan, lo hacen cara á cara, como los demuestra el transcurso de su historia. (Rumores.)

El Sr. PRESIDENTE: ¡Orden, orden!, señores Diputados.

El Sr. IGLESIAS GARCIA: ¡Se nos llama asesinos! No nos importa; se está llamando asesinos constantemente á los Sres. Maura y Cierva desde las columnas de todos los periódicos republicanos y en los meetings que dan los radicales, porque creyeron cumplir con su deber é hicieron cumplir las leyes. ¿Qué nos importa que nos llamen asesinos, si los radicales en cambio dicen de Posá y de Ferrer que eran mártires y héroes? ¡Ah!, es que el partido radical tiene tan subvertidas las nociones de moral, está en él tan subvertida la noción de las cosas, que los individuos de ese partido vienen llamando constantemente asesinos á todos los que tienen el atrevimiento de no dejarse asesinar por ellos.

Esa situación del partido radical en Barcelona tiene que terminar, y ya comienza su término; si las autoridades no hacen que termine, habrán de hacerlo los buenos barceloneses que no pueden consentir el estar sometidos por medio de la violencia y el desorden. Los tradicionalistas no provocan jamás, pero están siempre dispuestos á defenderse y á defender la sociedad y las instituciones sociales si las autoridades las dejan abandonadas, máxime cuando esas autoridades no nos defienden á nosotros y aun nos ponen en manos de nuestros enemigos, como ocurrió el día 28 de Mayo en San Feliú de Llobregat.

Porque hay que considerar, Sres. Diputados, cuál fué la conducta del gobernador civil de Barcelona. El gobernador civil de Barcelona concede autorización para que se celebre el meeting radical después de haber autorizado el aplech tradicionalista, lo cual, ó demuestra ineptitud ó demuestra malicia. Decía el señor gobernador civil de Barcelona que él no podía prohibir la celebración de un meeting. ¿Es que no pudo prohibir el Sr. Presidente del Consejo de Ministros la celebración de los meetings y de los aplechs de Bilbao y de San Sebastián? ¿No está dentro de las atribuciones del gobernador civil de la provincia prohibir un meeting? Pues D. Buenaventura Muñoz prohibió una serie de meetings radicales que se habían de celebrar en Cataluña ó, al menos, dilató la fecha de su celebración, porque tenía noticias de que al mismo tiempo habían de celebrarse los aplechs tradicionalistas. Y una de dos: ó entonces faltó el Gobierno á sus obligaciones, ó no cumplió con sus deberes el entonces gobernador civil de Barcelona, ó el actual no ha cumplido ahora con los suyos. Entonces el Gobierno defendió al gobernador civil de Barcelona, y se defendió á sí mismo, diciendo que no había hecho más que cumplir con la ley. Según eso, ahora tiene que reconocer el Gobierno que el actual gobernador de Barcelona no ha cumplido con la ley y ha faltado á sus obligaciones.

Decíá el gobernador civil de Barcelona que para conceder el permiso se había asesorado. Asesorado ¿de quién? Del alcalde de San Feliú de Llobregat, que es republicano, que tenía que estar forzosamente al lado de los radicales y en contra de los tradicionalistas. Sin embargo, el gobernador civil de Barcelona debía de saber que existía peligro si se celebraba el meeting radical al mismo tiempo que el aplech tradicionalista, ¿qué digo debía de saber?, lo sabía, porque él mismo me manifestó el sábado por la noche que tenía conocimiento de que se iban á promover disturbios, que estaba intranquilo por lo que pudiera suceder al día siguiente; y á pesar de saber todo eso, autorizó el meeting radical, sin adoptar precauciones, limitándose á enviar 32 números de la guardia civil, no para guarnecer solamente á San Feliú, sino para guardar una gran extensión, puesto que el aplech comenzó á celebrarse en la Ermita de la Salud, que dista tres cuartos de hora de San Feliú de Llobregat. Y yo, que fuí por la manana allí desde la estación, pude observar que no había en todo el camino ni una sola pareja de la guardia civil, y al volver á las cuatro de la tarde, cuando ya los radicales se encontraban en San Feliú, en todo el camino no encontramos más que una sola pareja de la guardia civil debajo del puente.

Esto es abandonar por completo la defensa de la vida de los ciudadanos que fueron allí á ejercitar legítimos derechos. Pero, además, los radicales no cumplieron, como antes indiqué, con las prevenciones gubernativas. Ofrecieron no desplegar sus banderas y las desplegaron; ofrecieron salir en el tren de las ocho y salieron en el de las seis, y las autoridades se lo consintieron. Si los radicales hubieran cumplido su promesa, nada habría ocurrido en San Feliú, porque no se hubieran encontrado en el camino radicales y tradicionalistas. De manera que, por el hecho de consentir que los radicales salieran dos horas antes de lo prometido, siendo así que sólo llevaban dos horas en San Feliú, y sabiendo el peligro que se corría con ello, las autoridades, moralmente al menos, son cómplices de los sucesos ocurridos.

Se había señalado la hora de las ocho para que salieran los radicales, teniendo en cuenta que su meeting comenzaba á las cuatro, á cuya hora poco más ó menos llegaban á San Feliú; y en cambio los tradicionalistas estaban allí desde por la mañana, y les correspondía salir antes. Si así se hubiera hecho, si se hubiera cumplido lo convenido con las autoridades, los tradicionalistas hubieran cogido el tren de las siete, los radicales hubieran permanecido en su Círculo, y no se hubieran encontrado ambos bandos y no tendríamos que deplorar los sucesos que ahora deploramos. Véase, pues, cómo hubo ineptitud ó malicia por parte de la autoridad gubernativa; ineptitud ó malicia en autorizar el meeting radical, ineptitud ó malicia en no adoptar las precauciones necesarias, ineptitud ó malicia en no hacer cumplir las prevenciones y lo acordado para la autorización del meeting.

Manuel Portela Valladares (Pontevedra, 1877 - Bandol, Francia, 1952).
Abogado, Diputado a Cortes liberal, Gobernador civil de Barcelona.
Ministro de Fomento en 1923, Delegado del Gobierno en la Generalidad en 1935.
Presidente del Consejo en 1938. Por casarse con Isabel Llorach era conde de Brias.
Durante la Guerra de Liberación fue leal a la República masónica, pese
a lo cual fue perseguido por los rojos. Emigró y falleció en el extranjero.

Pero no soy yo, Sres. Diputados, no soy yo sólo, no somos sólo los tradicionalistas los que acusamos de ineptitud ó malicia al gobernador civil de Barcelona, es toda la Prensa de aquella población, incluso la Prensa republicana. Periódico tan poco afecto á nuestra comunión como La Tribuna, decía lo siguiente:

«No somos amigos, ni podemos serlo, de restar prestigios á la autoridad, pero estamos tan convencidos de que debe ser ella la firme garantía del orden y del público sosiego, que con amargura hemos de señalar hoy el origen de los sangrientos sucesos de ayer en la sobrada confianza ó en la falta de energía del gobernador.»

Y Las Noticias del mismo día 29, ocupándose de aquellos sucesos, dice:

«Los comentarios á estos tristes sucesos han sido en Barcelona, durante toda la noche, múltiples y apasionadísimos. Según la filiación política de las personas, así eran los juicios y así las referencias sobre el origen de la sangrienta lucha. Pero en medio de estas divergencias ha podido notarse una perfecta unanimidad en la carencia de elogios á la primera autoridad civil de la provincia. Esta, dejando al arbitrio del alcalde de San Feliú el conceder ó no permiso para el meeting radical, cuando tan anticipadamente se sabía que los carlistas tenían señalado aquel sitio y la fecha de ayer para su aplech, ó faltó á la más rudimentaria previsión ú opuso en el aseo de sus manos una pilatesca complacencia. 
De todas suertes Barcelona tiene poco que agradecer en tan triste jornada á las autoridades gubernativas.»

Y el Noticiero Universal, decía:

«Era opinión unánime entre los vecinos de San Feliú que si, como era de temer, la excitación de los ánimos traía aparejadas determinaciones violentas, eran de todo punto insuficientes los guardias concentrados, pues hasta se daba el caso de que los de la población habían marchado la noche anterior á Tarrasa. 
Personas sensatas, ajenas por completo á los dos bandos, no se ocultaban en decir que no debieron ser autorizados para un mismo día dos actos políticos organizados por elementos antagónicos, pero que si á pesar de todo lo que el buen sentido aconsejaba, se concedía la autorización solicitada, se debió reunir en aquella villa número de guardias civiles suficiente para impedir el choque, que de otro modo se consideraba inevitable.»

Lo mismo dice La Veu de Calalunya; lo mismo dicen los periódicos de Madríd, como España Libre, republicano, y La Mañana, órgano de filiación canalejista; lo mismo dice toda la Prensa de España afecta á nuestras ideas y la del ótro extremo de la política; es opinión unánime en Barcelona que el gobernador no cumplió con su deber, que el gobernador pecó por ineptitud ó por malicia, y si esto dice la Prensa, y si este es el común sentir del pueblo de Barcelona, ese gobernador se ha hecho incompatible con la provincia que gobierna, ese gobernador se ha hecho incompatible con la provincia que rige, y debe dimitir, y si él no dimite, el Gobierno debe exigirle su dimisión, por decoro del Gobierno mismo. ¿No se llama ese un Gobierno democrático? Pues si es Gobierno democrático debe aceptar lo que es opinión pública, revelada por sus órganos. ¿No reconocéis que los periódicos son los órganos que manifiestan la opinión pública? Pues pocos casos ocurrirán en nuestra historia en que la opinión pública con tan rara unanimidad culpe de ineptitud ó de malicia al gobernador en una provincia; y si ese Gobierno es democrático, si atiende á las palpitaciones de la opinión popular, reflejada por medio de los órganos de la Prensa, no tiene más remedio que exigir la dimisión de semejante gobernador civil. (El Sr. Peris Mencheta: De malicia no.) O ineptitud; á mí me basta con una sola de esas dos notas, me sobra con una de ellas para pedir, en nombre de las fuerzas dignas, de las clases dignas de Barcelona, la dimisión de ese gobernador.

Ya sé que se dice en Barcelona que no ha sido relevado porque el Gobierno está en crisis latente, y como ha de caer dentro de poco... (Rumores y risas que no permiten oir él resto de la frase.)

El Sr. PRESIDENTE: ¡A la cuestión, Sr. Iglesias!

El Sr. IGLESIAS Y GARCIA: No sin fundamento corren esas noticias por Barcelona, porque un Gobierno á quien en una Cámara le faltan cuarenta y ocho votos para poder aprobar una ley y tiene que requerir el concurso del adversario, seguramente no tiene mucha fuerza para continuar en el Poder. (Nuevos rumores. —El Sr. Mayner: ¡D. Dalmacio, que se pierde S. S!—Risas.)

El Sr. PRESIDENTE: ¡Orden, Sres. Diputados! A la cuestión, Sr. Iglesias.

El Sr. IGLESIAS Y GARCIA: Señor Presidente, esta es una apreciación general que está en toda la Prensa y de la cual participa toda la opinión pública, al menos en Barcelona es una creencia general, y no tendría nada de particular que sí esto fuera así no se hubiera relevado al gobernador de aquella provincia para evitar el nombramiento de un sustituto que había de durar muy poco tiempo. Pero, aun así, la seguridad de las personas exigiría que ese gobernador no continuara un solo día más al frente de la provincia, porque con su ineptitud, dado lo soliviantados que están los ánimos entre los partidos extremos y dada la indignación que existe en todas las clases sociales que representan orden en Barcelona, á consecuencia de la conducta seguida por ese gobernador respecto á la moralidad pública, ese gobernador tiene que salir de allí; de lo contrario puede ocurrir un serio conflicto, y si así no lo hace el Gobierno, la responsabilidad de lo que ha ocurrido y de lo que pueda ocurrir, caerá sobre el Gobierno mismo.

Por otra parte, la sangre derramada exige al menos una reparación de parte de la autoridad. Esa sangre derramada lo ha sido —y esto no creo que nadie lo niegue— por ineptitud de la autoridad, porque si no se hubiera permitido el meeting, insisto en ello, ó si después de autorizado se hubiesen adoptado las debidas precauciones, esa sangre no se hubiera derramado. Puede que la autoridad de la provincia creyera que esa sangre había de ser sangre carlista; mas á nosotros, para lo que ahora pedimos, nos da igual que fuera de carlistas ó de republicanos; para nosotros es lo mismo que fuera de unos ó de otros, porque para nosotros son hermanos. (Fuertes rumores.—El señor Soriano: ¡Cá! ¡Yo hermano de S. S.!— Varios Sres. Diputados pronuncian palabras que no se perciben.—El Sr. Presidente reclama orden.)

Para nosotros son hermanos, aunque para ellos no lo seamos nosotros, sin que lo impida su agresión y nuestra defensa ya que cuando un hermano se ve atacado por otro, la vida del agredido, dicen las nociones más estrictas de la justicia que es de mayor precio que la vida del agresor, aquel tiene perfecto derecho á defenderse.

Yo espero por tanto, que el Gobierno, haciéndose eco del unánime sentir de la prensa de Barcelona, incluso de aquella que es más desafecta á nosotros, aun la misma prensa radical, porque el mismo periódico El Progreso, correspondiente al día siguiente á los sucesos, manifestaba claramente que el gobernador no adoptó las precauciones necesarias, ni envió las fuerzas suficientes para garantizar el orden; espero, repito, que el Gobierno, teniendo en cuenta los antecedentes de esta cuestión y teniendo en cuenta que este gobernador se ha hecho incompatible con la opinión pública en Barcelona, lo releve para adquirir de esa manera la autoridad que de otro modo le faltaría, tendría que faltarle en Barcelona y en toda España.

He terminado.

Diario de Sesiones - Serie histórica.
Legislatura 1911-1914. 01-06-1911. Nº 48 (de 1187 a 1219).


Grupo de tradicionalistas valencianos con el diputado D. Dalmacio Iglesias en la
bendición de una bandera, durante una concentración jaimista celebrada en Valencia en 1911.
Foto de http://comunidadvalencianamemoriayarte.blogspot.com.es/2016_03_01_archive.html

Con motivo de los sangrientos sucesos ocurridos en San Feliú de Llobregat el 28 de mayo de 1911, el diario carlista de Barcelona, El Correo Catalán, escribía lo siguiente:

LA JORNADA DE AYER
DESENMASCAREMOS A LOS CULPABLES

A pesar del día triste de invierno y de la lluvia que amenazaba, á pesar de las tiranías del señor Portela y de los desahogos y provocaciones de unos explotadores del pueblo desde El Progreso, fuimos ayer al Aplech con frente alta, convicción, serenidad y entusiasmo, ávidos de exteriorizar legalmente nuestras creencias y de propagar en uso de perfecto derecho nuestros caros ideales.

Fuimos pues, serenamente, y atuvímonos á las órdenes de nuestros jefes, á la prudencia que desde estas columnas recomendábamos y aun pasamos por la tiranía y el despotismo de llevar plegadas nuestras banderas todas, para que jamás pudiera motejársenos ni de provocadores ni de rebeldes. Por eso el triunfo político alcanzado fue inmenso.

El pueblo recibió con singular aplauso nuestra presencia, nuestra corrección, nuestra seriedad y nuestra propaganda, perfectamente legal y en nada, absolutamente en nada, agresiva ó inoportuna. Nuestros amigos en representación nutrida, acudieron de todas partes para formar en la ingente hueste del Tradicionalismo catalán. Hombres convencidos y entusiastas damas, veteranos y jóvenes, todos acudieron al acto de propaganda. Y el Aplech de ayer en San Feliú de Llobregat es un éxito más que juntar á los que de tiempo venimos alcanzando en Cataluña, acreciendo esas multitudes de convencidos y entusiastas.

Estamos de enhorabuena completa, pero hubiéramos querido estarlo en paz absoluta y orden completo que nos proponíamos garantir con santa paciencia, á pesar de las arbitrariedades gubernativas y amenazas de unos fanáticos. El gobernador civil de Barcelona y El Progreso se empeñaron en que así no pudiéramos contarlo.

***

La jornada de ayer tuvo un tristísimo epílogo de sangre. Quienes así lo han querido y provocado estarán sin duda satisfechos...

Nosotros lo lamentemos con toda el alma.

¿Qué pasó ayer? Lo que previsto estaba. Y lo que á tener Barcelona y su provincia otro gobernador hubiérase podido evitar facilísimamente.

Y hagamos historia; que lo ayer sucedido, por criminales excitaciones de unos é infames complacencias de otros, es grave, gravísimo. Y hay que exigir responsabilidades para que caigan los verdaderos culpables. En efecto, hace tiempo pensaron amigos nuestros la celebración de un Aplech en San Feliú, como uno de tantos otros actos de propaganda que venimos celebrando en uso de indiscutible derecho que nadie, por Portela que se llame, puede regatearnos. Pero el gobernador civil de Barcelona quiso amilanarnos y deslucir el acto con arbitrarias disposiciones; ó con ellas se propulso, sin duda, hacernos desistir del mismo. No quiso fueran desplegadas las banderas, ni que hubiera banda alguna de música y de cornetas. Ya conoce la opinión pública á qué obedecen esos despotismos, verdaderas represalias, del señor Portela. Y á pesar de saberlo también nosotros, y aunque apelamos respetuosamente al ministro de la Gobernación, sin lograr vindicación alguna de derechos atropellados, nos resignamos serenamente y estuvimos desde el primer momento dispuestos á pasar por todas las tiranías. Lo que no quisimos jamás, ni pensamos siquiera en ello, fué suspender el Aplech.

El señor Portela nos vio impertérritos; y pensó quizá si lograría acobardarnos tolerando lo que jamás puede tolerar una autoridad digna, ni cualquiera que no esté en manifiesta complicidad con tales elementos; el matonismo vandálico desde El Progreso.

***

Y esgrimieron sus plumas cobardes aquellos que excitan al crimen desde las mesas de ciertas redacciones, acostumbradas á traficar con carne del pobre pueblo. Ellos no irán á ponerse al frente de hueste alguna, pero calentarán los cascos á un puñado de infelices; y esos periodistas ya escribirán después los “Crímenes del carlismo” empapando sus plumas en la sangre de las víctimas que cayeron obcecadas por sus excitaciones.

Queremos que conste la verdad histórica de ese crimen del periodismo revolucionario. Y como no tendríamos palabras fuertes bastante exactas para condensarlo, ahí van algunos textos criminales de las excitaciones que El Progreso hace tres días venía realizando y el gobernador civil consintiendo.

El pasado viernes, día 26, comienza El Progreso excitando á sus inconscientes masas con esta alocución bárbara:

LA EXCURSION A SAN FELIU 
AL PUEBLO RADICAL 
Después del reciente Aplech celebrado por les elementos carlistas en Montserrat, en cuyas pintorescas montañas y ante la presencia de los repugnantes frailes, dispararon repetidas veces sus browins contra los pinos creyendo sin duda que los mismos eran liberales, las juventudes radicales de Barcelona que en repetidas ocasiones han sabido demostrar prácticamente lo que valen siempre que de salir en defensa de la libertad se ha tratado, no pueden consentir ya por más tiempo que se celebren dichos actos, sin que enfrente de los mismos, como desagravio cuando menos de la libertad, no se levante airada la bandera tricolor. Celebrando los referidos elementos un nuevo Aplech el próximo domingo, día 28 del corriente, en la vecina población de San Feliú de Llobregat, convocamos al pueblo, verdaderamente radical, á la gran manifestación que tendrá lugar en dicha población el propio día por la tarde, y al gran mitin de propaganda republicana y anticlerical que con motivo de la inauguración oficial de la juventud y fraternidad se celebrará en el espacioso local de esta entidad y en el que tomarán parte los conocidos oradores Babra, R. Pich, J. Miguez, Palau, Calderón Fonte, el popular concejal Pedro Figueras y Cristóbal Litrán, que presidirá el acto. 
Los oradores y representantes de entidades á los cuales se recomienda que asistan con sus correspondientes banderas, así como á todos los correligionarios que deseen asistir, deberán estar en el apeadero á las dos y media de la tarde para salir en el tren de las tres menos cuarto.  
Precio del pasaje, 0,95 pesetas ida y vuelta. 
Radicales: el próximo domingo, en San Feliú de Llobregat, han de ser nuestras banderas las que ondeen á los cuatro vientos y hemos de ser nosotros por dignidad propia los que formando una muralla infranqueable impidamos que los ciudadanos y compañeros de dicha población vean pasar en correcta formación á los discípulos de Savalls, que un día ensangrentaron el suelo con sangre, de sus propios padres.  
Este es el sacrificio que hoy por hoy os piden.  
Las Juventudes Radicales.

En el editorial del propio que intitulaba á tres columnas, ponía estas textuales amenazas entre los más groseros insultos á los tradicionalistas catalanes y á nuestra campa­ña moralizadora:

Hay que decretar el silencio de los Requetés, respondiendo con el palo al alarde de su bastón, al insulto con la bofetada, y si se exhibe el browing demostrarles que en sus manos puede salirles el tiro por la culata.
*** 
Oigamos y atendamos el grito de ¡arriba las estacas! que dan los jaimistas. Que no se diga que á nosotros nos falta lo que ellos exhiben por estas calles.  
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¿Quieren palos? Satisfagamos su necesidad. Todo antes que consentir que se renueven las vergonzosas escenas de ayer..., etcétera.

Añadía el sábado 27 en su editorial á dos columnas:


«Todas las violencias han de parecernos pocas cuando de combatir al carlismo se trate, porque representa la página más negra de nuestra Historia, porque alienta todavía merced á la funesta traición de la Solidaridad, porque sus actos presentes no indican cambio de conducta, sino ratificación de la que siguieron siempre, buscando el reinado de las sombras, persiguiendo por el terror nuestra sumisión á principios vetustos é inquisitoriales, impeliendo á las autoridades, mediante campañas de difamación y de escándalo, á meternos en un puño á todos los barceloneses, restringiendo los espectáculos nocturnos para que nos acostemos á las ocho de la noche al sonar el toque de queda. 
Hay que responder de un modo decisivo á la campaña para impedir que nos gobierne D. Dalmacio. Con el carlismo no se discute. Se le persigue, se le caza como animal dañino que invade nuestra sociedad.»

Y ayer domingo remataba así su cobarde excitación al atropello de la libertad y al crimen vandálico:

«...Ya de baja esta campaña porque nadie cree en esa moralidad que pregonan, recurren á los arrestos bélicos y en la tierra republicana de San Feliú de Llobregat esta tarde las hordas carlistas pasearán sus boinas ultrajando á todos los consentidores y amparadores de que reverdezca la flor sangrienta abatida en los campos de batalla.  
El gobernador les ha privado de sus banderas y de sus músicas; pero la provocación no dejará de existir.  
¿Avergonzarnos? Eso no. Nuestros amigos irán también esta tarde á San Feliú de Llobregat para que no quede desamparada la bandera de la libertad, que en mal trance pusieron los que al crear la Solidaridad dieron vida al carlismo que estaba muerto. 
Allí iremos los radicales, acabando de una vez con la campaña carlista ú obligándola á que no se oculte bajo pretextos, sino con el exclusivo objeto que tiene de someternos á los liberales. Como siempre, queremos constituir la avanzada del ejército progresivo.»

¿Puede estar más claro lo que se nos preparaba si no nos acobardábamos y desistíamos del mitin? Pero esto, jamás; mil veces jamás. Que no han de ser los cobardes de la semana trágica quienes han de imponernos su matonismo desde la Redacción de El Progreso.

¿Está claro de parte de quién procedió la agresión?


SALVAJADA LERROUXISTA

Cinco muertos y seis heridos graves.

Un grupo formado por quince amigos nuestros se dirigió pacificamente á la estación con intención de adelantarse para tomar el tren, cuando les salieron al paso más de doscientos kabileños con banderas desplegadas y dando gritos ensordecedores de “¡Viva Posa! ¡Abajo la moralidad! ¡Muera D. Dalmacio!” Como los nuestros eran pocos en número, creyó la kabila llegado el momento de manifestarse con el matonismo más descarado y vergonzoso, lanzándose sobre nuestros correligionarios al mismo tiempo que sonaba un disparo. Este fué el principio de la desigual refriega. Por espacio de un cuarto de hora continuó la encarnizada lucha, logrando nuestros amigos hacer retroceder por tres veces consecutivas á los salvajes lerrouxistas que quedaban reducidos á unos 50, cuando interviniendo la Guardia civil logró imponerse á los combatientes; entre ambos bandos se cruzaron más de 500 disparos.

Del suelo, en el que se veían charcos de sangre, fueron recogidos cinco cadáveres y seis heridos graves. En una Sociedad coral fueron depositados los cadáveres de Jaime Major, Antonio Puel y Manuel Baltá. No pudimos averiguar los nombres de los otros dos, depositados en la jefatura de la estación. Los heridos fueron trasladados á Barcelona en el tren inmediato.

Créese, dado el gran número de disparos cruzados, que resultaron bastantes más heridos, de los que no se tiene conocimiento.

Entre el pacífico vecindario de San Feliú era duramente censurado el inicuo y salvaje proceder de la gentuza radical.

Regreso.

Terminado el tiroteo, logró hacerse oir D. Dalmacio Iglesias, recomendando calma y prudencia y teniendo enérgicas frases para los funestos gobernantes, culpables directos de lo sucedido.

Con perfecto orden dirigiéronse nuestros amigos al Centro Tradicionalista y de allí á la estación, regresando en el tren de las siete de la noche.

A las siete y media llegaba el tren al Apeadero del paseo de Gracia sin ningún incidente.

Los muertos.

Según los datos que pudimos adquirir á última hora los muertos son: Hilario Aldea Osés, de 42 años; Jaime Major Remisa, vigilante de San Feliú; Miguel Esteve Guasch, y uno que no ha podido ser identificado, que llevaba en sus bolsillos un número de “El Progreso”, una funda de revólver y un billete de ida y vuelta.


El Correo Catalán, 29 de mayo de 1911
(Tomado de El Correo Español, 30/05/1911)