dimarts, 19 de juliol de 2016

El terror rojo en Cataluña I - Pórtico

por Antonio Pérez de Olaguer (carlista de Barcelona)

PÓRTICO
I

Asesinado Calvo Sotelo, todo el mundo comprendió en Barcelona, como en las demás ciudades españolas, que se acercaba el instante decisivo en que chocaría el comunismo con las reservas de la Tradición; pero en Barcelona el nerviosismo era mayor, debido a múltiples factores y acontecimientos.

La fiesta del Primero de Mayo había constituido un alarde imponente de fuerza comunista. Centenares de millares de obreros inundaron los campos y coronaron las alturas, tremolando banderas rojas, como sin darle importancia al hecho. Desde aquella fecha el ambiente se enrareció. Los sacerdotes no podían transitar por los barrios humildes sin exponerse a groseros insultos de palabra y de obra. En la semana que siguió al asesinato de Calvo Sotelo, las ramblas hervían, todas las noches, de un verdadero ejército rojo, bien armado y avizor. Y bajo el pretexto de celebrar una «Olimpíada Popular», que compitiese con la de Alemania, la Esquerra acumulaba en Barcelona algunos millares de ex combatientes franceses, rusos y checoeslovacos y buen número de bandoleros mejicanos. Los trenes circulaban con enormes letreros que insultaban soezmente al Ejército y al Sacerdocio. Y las autoridades se complacían en tolerarlo y se dedicaban a repartir armas por millares, sirviéndose de camiones, en los barrios extremos de la ciudad, en los que no ser comunista era una rara excepción.

También las derechas daban muestras de actividad. La oficialidad se mostraba dispuesta a sacrificarlo todo, a arriesgar su porvenir y su misma vida, con tal de salvar la Religión y la dignidad y unidad de España. Y miles de ciudadanos se aprestaban para tomar las armas y echarse a la calle, en cuanto lo ordenase el Ejército salvador. Carlistas, falangistas, militares retirados, juventudes de Renovación Española y de la CEDA, se fundieron en una sola organización, distribuida en centurias y decurias y provista de distintivos e incluso de armas. No recuerdo que formasen parte de este frente único las juventudes de la Lliga. Recuerdo que estaban contra él los jóvenes de Unión Democrática y los Jóvenes Cristianos Catalanistas.

El Movimiento salvador nació con mala estrella. Dos días antes fue detenido un enlace que llevaba encima importantes documentos. Por otra parte, la Guardia Civil adoptó una actitud desconcertante. La Generalidad la empleó en una guardia permanente que impedía la salida de la guarnición fuera de la capital y cortaba una posible retirada en caso de vernos derrotados. La captura del enlace permitió a la Generalidad tomar sus medidas, orientadas por el General Llano de la Encomienda. La noche del sábado, grupos de escamots y de faístas montaron nidos de ametralladoras en las azoteas y torrecillas del trayecto que debían seguir las tropas. Además, nuestros adversarios se incautaron, aquella misma noche, de millares de autos, y en cada auto se acomodaron tres faístas y un técnico —guardia de Asalto, o ex combatiente ruso— armados de pistolas ametralladoras.

Mientras la Generalidad tomaba las precauciones antedichas, unos quinientos jóvenes de nuestra organización se distribuyeron por los cuarteles, para animar a las tropas. La consigna era que la Guardia Civil tomaría la emisora de radio y lanzaría a las ocho de la mañana una orden terminante, para que se echase a la calle y cooperase con la tropa toda nuestra organización ciudadana.

Mozos de Escuadra defienden el palacio de la Generalidad

II

A las cuatro de la madrugada, las tropas se dirigieron a sus objetivos, quedando en los cuarteles la fuerza indispensable para defenderlos y proteger la retirada. No falló más que un cuartel, en el cual habían sido previamente encarcelados los oficiales afectos al movimiento. Falló también, casi en absoluto, la Guardia Civil, muy trabajada por la propaganda comunista y seducida por los discursos, garantías y promesas de Aranguren, Pozas y demás traidores. Terrible fue la lucha. Los aeroplanos de la Generalidad ametrallaban sin piedad a los soldados y a los ciudadanos que les acompañaban. Hora y media estuvo cargando el regimiento de Santiago, con su Coronel al frente, para abrirse camino por el paseo de Gracia, y lo hubiesen logrado sin la intervención de los aviones separatistas. Otras tropas, más afortunadas, aunque no más heroicas, conquistaron preciados objetivos, entre ellos la Telefónica, situada en la plaza de Cataluña, y la Universidad, en cuya toma colaboraron los requetés y los estudiantes monárquicos y falangistas.

Pero, en su conjunto, el Movimiento presentaba mal cariz. La Guardia Civil no atacó la radio, y ésta, en vez de lanzar la anhelada consigna, daba noticias favorables a la Generalidad. A las once, la Guardia Civil atacó por la espalda a nuestros artilleros que estaban a punto de conquistar la Consejería de Gobernación. Al mediodía, la misma Guardia Civil, lanzando gritos estentóreos de «¡Arriba España», era recibida como un auxilio providencial en la Universidad y a traición se posesionaba del edificio. A las tres de la tarde, la Guardia Civil y los de Asalto, provistos de morteros y secundados por la hez del pueblo, vomitada por las bocas del Metropolitano de la plaza de Cataluña, asaltaron la Telefónica. Nuestros aviones, que no actuaron por la mañana porque el General Goded extremó el respeto a la ciudad y a sus obras de arte, no pudieron actuar por la tarde, ya que la tropa se insubordinó y detuvo a la oficialidad leal. Los refuerzos prometidos no llegaban, porque la inesperada defección de una parte de la Escuadra imposibilitaba su traslado. En varias calles y plazoletas yacían montones de oficiales, soldados y ciudadanos, en torno de una pieza de artillería, entre caballos agónicos o muertos.

Caía la tarde. La Guardia Civil, la FAI y algunos guardias de Asalto, se encaminaron hacia la Capitanía general arrastrando tres cañones. No se necesitaba mucha técnica para batir un edificio absolutamente desprovisto de condiciones estratégicas. El General Goded procuró salvar a cuantos oficiales pudo y les dio oportunas instrucciones. No se rindió. Los atacantes derribaron las puertas y entraron como un alud. Y hallaron al General, muy sereno. Como era cristiano, no se pegó un tiro. Uno de aquellos miserables disparó contra él y le hirió levemente. Le apresaron y le condujeron a la Generalidad. El General babia ordenado que siguiesen resistiendo los cuarteles de la línea del Llobregat, por si llegaban refuerzos. Mandó a los demás que se rindiesen, porque era baldía la resistencia contra la masa imponente del sindicalismo y aun era posible salvar la vida de los soldados.


Milicianos celebran el fracaso del Alzamiento en Barcelona el 19 de julio de 1936.

III

Uno tras otro se rindieron los cuarteles. Los oficiales recabaron para sí toda la responsabilidad, con lo que salvaron a la tropa. El lunes, cuando se supo con certeza que no llegarían refuerzos, se entregaron los que guarnecían la línea del Llobregat, o sea Pedralbes y Atarazanas.

Pero de estas últimas rendiciones apenas se enteró Barcelona. El Terror Rojo ya se había iniciado. Rotos los diques, desarmados los nuestros, se desbordaba el populacho azuzado y controlado por rusos, franceses y mejicanos, por comunistas, judíos y masones. Ardían los templos. Ardían por tres veces, hasta que se derrumbaba la techumbre. Una turba soez desfilaba ante las momias de las religiosas, a cuyo lado los masones de El Diluvio colocaron huesecitos de niño, con la más siniestra y grosera intención. Se allanaba los domicilios. Caían por centenares las víctimas. Los camiones y automóviles de la Generalidad y de la Confederación Nacional del Trabajo irrumpían en los paseos, transitando por el andén reservado a los peatones, y en ellos se hacinaban gavillas de criminales, con los ojos encendidos en odio satánico, el cuchillo entre los dientes y la star en la mano crispada. Se inauguraba el Terror Rojo. Miles de seres inocentes iban a caer bajo el rodillo montado por el soviet y la masonería.

El terror tuvo un pórtico. Voy a describirlo para que sirva de introducción a mis cuadros, tan cruentos como objetivos. Fue el domingo, a las seis y cuarto de la tarde. La turba que había conquistado la Telefónica, se apoderó de uno de esos carros de artillería, con baranda campesina, que recuerdan el que condujo al cadalso a Luis XVI. Le engancharon dos caballos, enjaezados con arreos muy parecidos a los que se empleaba en tiempo de la Revolución francesa. Yo no sé de dónde los sacaron. Yo ignoro qué obscuro antro, qué logia diabólica se los proporcionó. Subieron al carro dos hombres, con un pistolón en cada mano. Lo custodiaban, a cierta distancia, tres parejas de guardias marinos, muy parecidos también a la guardia revolucionaria de los viejos grabados franceses.

Esta lúgubre comitiva tomó por el arroyo central del paseo de Gracia. Los pistoleros del carro gritaban de vez en cuando: «¡Viva la República comunista!» Y levantaban el puño en alto. Las familias del paseo cerraban atemorizadas los postigos. No querían ver la realidad. Se negaban a creer en ella. Una muchachita no levantó el puño. Quizá por valentía, quizá porque el miedo le arrebató la serenidad. Los pistoleros obligaron a los guardias a subirla al carro. ¿Fue asesinada más tarde? Esta fue la cabalgata simbólica que abrió, en Barcelona, las puertas dantescas del Terror Rojo.

No me propongo trazar un cuadro completo. No alegaré estadísticas. Unas pinceladas, nada más. Hay cosas que no pueden escribirse. No he sabido encontrar todavía la paz necesaria para describir el asesinato de mi padre, herido de cinco balazos, en las manos, pies y muy cerca del corazón, como para reproducir la crucifixión del Señor. Yo recogí su bendito cadáver ensangrentado y besé su venerable frente destrozada por el golpe de gracia. No voy a describir tampoco el asesinato de mi hermano Manuel, acribillado a tiros. Yo no puedo, ni quiero, ser completo. Pero sí pretendo mostrar a España algunas de estas horrendas escenas, para que den gracias a Dios los que no han sufrido la Dictadura roja y nos animemos a acabar pronto con ella, y a la vez que execramos las salvajes crueldades de los culpables y delatamos la responsabilidad de los cómplices, sintamos una piedad, infinita y eficaz, por tantos inocentes que se asfixian en vapores de sangre y de cloaca.

El Terror Rojo en Cataluña (Antonio Pérez de Olaguer, 1937)

I - Pórtico
II - Horda sacrílega
III - La fobia antimilitarista
IV - Gestas del vandalismo

dimecres, 13 de juliol de 2016

Entrevista a Josep Maria Cusell i Mallol (1986)

Avui fa exactament 30 anys, la Comunió celebrava al santuari de Santa Maria del Cullell un aplec en què es va conmemorar el cinquantè aniversari del divuit de juliol. Una quarantena de carlins pujaren a peu al santuari des de Sant Miquel de Campmajor.
En Josep Maria Cusell fou entrevistat per periodistes de Punt Diari.


«Sóm antiliberals; el liberalisme porta per lògica al comunisme i a la revolució»

Josep Maria Cusell, secretari general de
la Junta de govern de la Comunió (1986)

Josep Maria Cusell i Mallol, de Calella, és el secretari nacional de la Junta de Govern de la Comunió Tradicionalista Carlista, que vol reunificar el moviment carlí dividit. Són vostès feixistes?

— És una etiqueta que portem al damunt des del decret d'unificació de 1937, però no som feixistes perquè els falangistes propugnaven el partit únic, el sindicat polititzat i l'Estat monolític; i nosaltres, no.

— Si arriben al poder, permetran l'existència d'altres partits?

— No estem d'acord amb els partits com a tal; són una realitat que no es pot negar, però cal una representació més perfecta, a través de la universitat, els ajuntaments, les professions... Persones, no partits.

— Això és la democràcia orgànica de Franco, no?

— Exacte, però que no es confongui el concepte amb el que tenia el règim anterior, que se l'apropià. Volem que l'elegit tingui un mandat imperatiu i que si no compleix se'l pugui fer fora.

— Va ser bona l'època franquista?

— Franco va ser un traïdor a la Croada, l'enemic número 1 del carlisme i, per tant, d'Espanya. No estructurà la societat després del sacrifici dels màrtirs.

— Els carlins tornaríeu a fer una guerra civil per «salvar» Espanya?

— S'ha de fer el que considerem lícit (no legal, perquè de vegades les dues coses no van lligades), i estem disposats a repetir la lluita per restaurar el dret natural creat per Déu. Si tornés la mateixa situació del 36, actuaríem com vam actuar. Preferim no haver-ho de fer...

— Què en pensa del monarca actual?

— Segur que qui és en el poder no és carlí, és d'una dinastia usurpadora, i posat pel dictador.

—Abans tampoc no era el poble qui triava el rei...

—Ja, però fins a Isabel II hi havia un pacte entre el poble i el rei, que jurava respectar els furs. Les guerres civils es poden justificar si es retallen els drets, tant del rei com del poble.

— Sembla que els carlins, quan una cosa no els agrada, se'n van «al monte» i organitzen una guerra. Per què?

— Catalunya, en dos segles, ha fet set guerres contra la Revolució i el centralisme, tres d'elles carlines. Fins i tot, aquí lluitàrem un any més, després de l'abraçada de Vergara, perquè s'havia produït una ofensa del centralisme.

— Una ofensa justifica una guerra. No seria lícita, doncs, la actuació d'ETA?

— ETA és marxisme. El País Basc té un sentiment foral molt fort, que ha estat apropiat pel materialisme. La licitud la decideix Déu, que dóna el dret a la rebel·lia, però ETA odia Espanya.

— El carlisme participarà en el sistema democràtic que refusa?

— S'ha de decidir, però suposo que ens presentarem a municipals i autonòmiques. Sols, si podem; si no, com a independents.

— Amb qui farien coalició?

— Socialistes i comunistes, descartats, perquè són anti-Déu. Tampoc no amb Fraga, perquè pacta amb liberals i demòcratacristians i no li podem donar suport perquè els fets de Montejurra van ser un muntatge del seu ministeri de l'interior per desprestigiar el carlisme.

— I Convergència?

— És massa nacionalista. Pujol, amb una compra d'accions, va ser president del Foment de la Premsa Tradicionalista, va treure la darrera paraula i el Correo Catalán, fet amb aportacions dels carlins, és tancat.

— Són vostès la dreta pura?

— Som antiliberals, perquè el liberalisme porta per lògica al comunisme, i la Revolució va contra l'ordre natural, tant és que sigui revolució comunista, socialista, anarquista o falangista. Fraga és conservador, o «conservador», però no dreta vertadera.

PUNT DIARI (Girona, 15 de juliol de 1986)

dissabte, 9 de juliol de 2016

Antonio Pérez de Olaguer y Feliu


PÉREZ DE OLAGUER FELIU (ANTONIO)

Escritor, periodista y conferenciante español, n. en Barcelona el 16 de marzo de 1907 y m. en la misma ciudad el 29 de marzo de 1968. Perteneciente a una familia de altos funcionarios coloniales y con raíces en las Islas Filipinas, estudió comercio con los jesuitas y se dedicó a la literatura en el género periodístico, poético y teatral, llevado fundamentalmente por un sentido de amenidad y divulgación.

Fundó y dirigió varias revistas encaminadas a formar a los lectores en un espíritu caritativo y tradicionalmente católico. Así, en la revista de su propiedad titulada La Familia, donde se exaltan los vínculos cristianos que, a su entender, son base de cohesión y proyección de la célula primaria de la sociedad española. Otras revistas fundadas por él —Momento, El mirlo blanco, Don Fantasma, Guirigay— abundan en las mismas finalidades. Asimismo colaboró en la prensa española y filipina y fue redactor de las revistas El cruzado español, La hormiga de oro y Cristiandad.

Era un singular viajero, pues había dado siete veces la vuelta al mundo. Sus impresiones de viaje acostumbraba a exponerlas en conferencias y coloquios, así como en libros fundamentalmente amenos más que literarios (Mi vuelta al mundo). Hombre de sentimientos caritativos, había trabajado mucho en favor de la leprosería de Fontilles a fin de aliviar la desgracia de los allí acogidos y para terminar con el terrible mal, llamando la atención de los médicos y personas que pudieran paliarlo.

Era miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, presidente de la Asociación Literaria Iberoamericana, miembro del Instituto de Estudios Hispánicos de Barcelona, etc. Su obra está dispersa en innumerables artículos y en algunos libros, aparte del ya citado, y en varias obras de teatro.

José María Rodríguez Méndez

Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana. Suplemento anual, 1967-1968. Espasa-Calpe. p. 392.

dissabte, 25 de juny de 2016

Els reis legítims d'Espanya: Xavier I


Don Francesc Xavier de Borbó Parma i Bragança va néixer a Vila Pianore, prop de Viareggio, el 25 de maig de 1889. Era el segon fill de Don Robert de Borbó Parma, Infant d'Espanya i últim duc de Parma regnant —qui va participar en la tercera guerra carlina a les ordres del seu cunyat Carles VII— i de Donya Maria Antonia de Bragança.

Va estudiar a París, on va obtenir el títol d'enginyer agrònom i la llicenciatura en Ciències Polítiques, acabant els seus estudis el 1914.

Quan va esclatar la I Guerra Mundial, hi va participar com a oficial d'Artilleria de l'Exèrcit de Bèlgica, i va combatre en els fronts belga, francès i anglès. Com a cunyats de l'emperador d'Àustria, el seu germà Don Sixte i ell van intercedir —a petició del Papa Benet XV— per a tractar d'aconseguir la pau amb l'Imperi austrohongarès.

Esgotada la principal dinastia carlina per via agnada —ja que ni el seu cosí Don Jaume ni el seu oncle Don Alfons Carles van tindre fills— Don Xavier va ser nomenat el successor com a regent per Don Alfons Carles el 23 de gener de 1936, havent d'ajustar-se —respectant-los intangibles— als fonaments de la legitimitat espanyola, es a dir: a la Unitat Catòlica, la constitució natural i orgànica dels Estats i cossos de la societat tradicional, la federació històrica de les diferents regions de la Pàtria espanyola, l'autèntica Monarquia tradicional i als principis, esperit i mateix estat de dret i legislatiu anterior al mal anomenat dret nou.

El juliol de 1936 Don Xavier va negociar amb el general Mola la fonamental participació dels requetès a l'Alçament Nacional i va participar activament en els preparatius de la revolta contra la República marxista, presidint una Junta Suprema militar que va proporcionar un gran nombre d'armes als sublevats carlins i militars.

En morir Don Alfons Carles, Don Xavier va ratificar Manuel Fal Conde com a cap delegat de la Comunió Tradicionalista, càrrec que mantindria durant la Croada d'Alliberament i fins el seu cessament el 1955.

Al començament de la II Guerra Mundial es va tornar a allistar en l'exèrcit belga com a coronel d'Artilleria. Posteriorment es va traslladar a França i va participar en la resistència francesa contra els alemanys. El juliol de 1944 va ser detingut i reclòs en diversos camps de concentració nazis fins que va ser alliberat al maig de 1945.

Don Xavier i els carlins s'oposaren al Decret d'Unificació de la Comunió Tradicionalista amb la Falange i al nou règim feixista del General Franco, qui es va aprofitar de la rebel·lió del 18 de Juliol contra la República revolucionària, planejada fonamentalment entre els carlins i el General Sanjurjo, per a implantar-ne una dictadura de partit únic, per la qual cosa van patir el tancament dels cercles i la incautació dels diaris carlins. Tot i així, quan el 1946 les nacions vencedores de la II Guerra Mundial van iniciar una campanya contra Espanya, negant-li l'ingrés a l'ONU i els ajuts del Pla Marshall, Don Xavier i tots els carlins, oblidant greuges passats, van moderar la seva oposició al règim per a evitar-ne el retorn dels roigs amb l'ajut de les potències aliades.

El 1950 Don Xavier va jurar els furs bascos davant l'arbre de Guernica i un any després els catalans a Montserrat. El 31 gener 1952 davant el Consell Nacional de la Comunió Tradicionalista, reunit a Barcelona, va declarar que assumia el dret reial vacant i es va proclamar rei de dret. Poc després el govern el va expulsar d'Espanya.

El 1955 va nomenar cap del secretariat, i després cap delegat, en José María Valiente, qui va tractar de col·laborar amb el règim del General Franco per a aconseguir-ne la seva evolució cap a una monarquia catòlica, tradicional, social i representativa, tot i que alguns carlins eren contraris a aquesta nova estratègia de Valiente. El 1957 Don Xavier va presentar en la concentració de Montejurra el seu fill Carles Hug com a Príncep d'Astúries, qui es va manifestar defensor dels principis del 18 de Juliol.

També va ajudar ocasionalment als legitimistes portuguesos i als legitimistes francesos mentre en van existir. Va ser, a més, lloctinent de l'Ordre del Sant Sepulcre i era considerat com a l'últim príncep cristià de l'Antic Règim.

El 1968 la familia Borbó Parma va ser expulsada d'Espanya. L'any següent, quan Franco va establir definitivament la monarquia electiva nomenant com el seu successor el nét d'Alfons (XIII), el príncep Carles Hug es va unir a l'oposició comunista i va voler transformar el carlisme en un partit d'esquerres amb l'ajut d'uns joves —aliens als principis carlistes tradicionals i influenciats pel Concili Vaticà II— que van voler reinterpretar de manera grotesca la història del carlisme en clau progressista.

Durant els últims anys de la seva vida, amb una salut molt minvada —especialment després de patir un greu accident d'automòbil el 1972— Don Xavier va ser maltractat pel seu fill Carles Hug, qui el març de 1977 va arribar a treure'l forçadament de l'hospital de París on es trobava, en contra de les indicacions dels metges, per a obligar-lo amb amenaces a signar un document contrari a les seves idees i on es feien acusacions absurdes al seu segon fill, Don Sixte.

Don Francesc Xavier va morir a la localitat suïssa de Coira el 7 de maig de 1977. Abans de morir havia reafirmat l'ideari tradicionalista del carlisme, que va defensar sempre i pel qual va arriscar la seva pròpia vida en amor a Déu i a Espanya.

Tremendament indignada per la lamentable i indigna actitud de la qual Carles Hug no va mostrar signes de penediment, Donya Magdalena de Borbó-Busset, esposa de Don Xavier, va arribar a prohibir en el seu testament que el seu fill Carles Hug hi assistís al seu funeral.

El segon fill de Don Xavier, Don Sixte Enric de Borbó, a qui Déu guardi, va salvar l'honor de la família Borbó Parma i va recollir la bandera immaculada de Déu, la Pàtria i el Rei, que havia estat trepitjada pel seu germà. És l'actual regent i cabdill de la Comunió Tradicionalista.

dimecres, 22 de juny de 2016

Els reis legítims d'Espanya: Alfons Carles


Don Alfons Carles de Borbó i Àustria-Este era fill de Don Joan de Borbó i de Bragança i de Donya Beatriu d'Àustria-Este. Va néixer a Londres el 12 de setembre de 1849. Els primers anys de la seva joventut els va passar a Mòdena; després va viure sempre a Viena.

Als 19 anys va anar a Roma per a allistar-se a l'Exèrcit del Papa Pius IX, entrant en el brillant Cos de Zuaus pontificis, i va ser un dels més valents defensors de la Porta Pia.

El 26 d'abril de 1871 es va casar amb Donya Maria de les Neus de Bragança, filla del Rei Don Miquel de Portugal.

Quan la tercera guerra carlina, el seu august germà Carles VII el va nomenar General en Cap de les tropes carlistes de Catalunya, reunint sota el seu comandament aquestes i les del Centre.

A la mort del seu nebot Don Jaume, amb la denominació d'Alfons Carles, va heretar els drets a la corona d'Espanya i va ser proclamat cap de la Comunió Tradicionalista. Durant el seu cabdillatge es va produir un gran ressorgiment del tradicionalisme a tota Espanya. El 1936 va manar l'alçament dels requetès contra la República revolucionària juntament amb l'Exèrcit espanyol, anteposant-hi —com va fer el seu august germà el 1875 i el 1898 davant la guerra de Cuba— el suprem interès de la Pàtria a qualsevol plantejament de dret dinàstic. En una carta a Manuel Fal Conde, li escrigué:

«Agradezco en el alma a ti y a nuestros heroicos requetés por haberse unido a las tropas de España para batir al comunismo, y te doy infinitas gracias, querido Fal, por haber, siguiendo mis indicaciones, ordenado en el momento decisivo que nuestros requetés apoyen al movimiento salvador.  
En momentos como los actuales no debe mirarse a cuestiones personales de partidos, sino tratar de salvar todos juntos la Religión y la Patria.»

Esgotada la principal branca de la dinastía carlina, com a regent i cap de la Comunió Tradicionalista quan morís, va nomenar Don Francesc Xavier de Borbó Parma, Infant d'Espanya i Duc de Parma.

Don Alfons Carles va morir a Viena als 87 anys d'edat, el 29 de setembre de 1936, després de ser atropellat per un camió militar. Va poder viure els primers mesos de la Croada d'Alliberament contra el comunisme, que va afegir noves gestes a la gloriosa història de la Comunió Catòlico-Monàrquica. Està enterrat amb la seva augusta esposa a Àustria, a la capella del castell de Puchheim.