dimarts, 15 de novembre de 2016

Benedicto Torralba de Damas

Reproducimos una entrada que el cuaderno de bitácora Reino de Granada publicó ayer 14 de noviembre, en el LXXX aniversario del martirio del periodista y escritor carlista Benedicto Torralba de Damas, asesinado por los rojo-separatistas en 1936, a los treinta y siete años de edad. Si bien era natural de Salobreña, la parte final de su trayectoria política y periodística la desarrolló en el Principado de Cataluña, donde encontró la muerte gloriosa por Dios, por la Patria, por los Fueros y por el Rey legítimo. Benedicto Torralba de Damas: escritor granadino y mártir de la Tradición.

Benedicto Torralba de Damas (1899-1936)

El escritor Benedicto Torralba de Damas nació en Salobreña (Granada) el 10 de septiembre de 1899 y fue asesinado por los rojos en las cercanías de Ponts (Lérida) el 14 de noviembre de 1936.

Cursó sus primeros estudios en Navas de San Juan, donde su padre tenía acreditada notaría; los primeros años de bachillerato, en Úbeda; los últimos, en el colegio de la Compañía de Jesús, de Gijón, y aprobó la carrera de Derecho en Madrid, haciendo los estudios por correspondencia y examinándose en la capital de España. En Granada estudió, con gran provecho, Filosofía y Letras.

Torralba de Damas fue, por encima de todo, escritor. Como poeta ha dejado Las Infantinas, poema inspiradísimo; la comedia carlista Más leal que galante, e infinidad de sonetos, romances, odas, epitalamios y toda suerte de versos, distribuidos por las revistas y diarios de España. Como novelista obtuvo un premio con su obra En los nidos de antaño. Publicó, además, El legado; La ruina de una casa noble; El idilio inacabado y Filosofía del toreo, y gran número de cuentos y artículos, aparecidos en su mayoría —en los últimos años— en la revista católica de Barcelona La Familia, de la que era redactor jefe.

Fundó y dirigió, por mandato de altas jerarquías eclesiásticas, la lujosa revista de la Exposición Misional Española (1928-1930). También fundó y dirigió el semanario de lucha tradicionalista Don Fantasma, cuya publicación fue prohibida por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Fue asimismo el fundador de otro semanario tradicionalista, sucesor del anterior, titulado Guirigay. Colaboró en Reacción y en otras publicaciones de carácter político.

Era orador de fácil y brillante palabra. Sus conferencias contra la blasfemia, pronunciadas en Tarrasa y otras poblaciones de la comarca, dejaron beneficiosa huella. En política actuó intensamente dentro del carlismo ocupando altos cargos, y al estallar el Alzamiento Nacional ejercía el de secretario general de la Comunión Tradicionalista en Cataluña, desde cuyo puesto había contribuido celosamente a la preparación de la Cruzada. Al producirse ésta se hallaba con su familia en el pueblecito pirenaico de Bor, desde donde intentó infructuosamente pasar a la zona nacional. Detenido por los carabineros rojos, junto con otros fugitivos, fue encarcelado en Seo de Urgel, de cuya prisión fue arrancado violentamente el 14 de noviembre de 1936 para ser conducido a Lérida en unión de otros compañeros de cautiverio. Ninguno de ellos llegó a su destino, suponiéndose fueron fusilados en las cercanías de Ponts.

Información procedente de la biografía en la Enciclopedia Espasa (suplemento 1936-1939, 1r tomo) que escribió su amigo Antonio Pérez de Olaguer

dijous, 3 de novembre de 2016

Los carlistas, las principales víctimas de la represión rojo-separatista en la Cataluña de Lluís Companys


«Las víctimas de la represión que fue responsabilidad de Companys fueron 2.441 religiosos, 1.199 carlistas, 281 miembros de la Liga Regionalista, 213 de la CEDA, 108 falangistas, 70 militantes de Renovación Española, 117 de Acción Ciudadana, 110 del Sindicato Libre, 117 de Acción Ciudadana, 18 de la Federación de Jóvenes Cristianos y 34 sin identificación política».

Si se tiene en cuenta que los de los Sindicatos Libres y muchos religiosos (y sacerdotes seculares, que aquí aparecen confundidos) eran también carlistas, resulta que los tradicionalistas constituyeron la mayoría abrumadora de las víctimas del separatismo catalán (anticatalán, en realidad).

8.000 asesinatos en la Cataluña republicana de Companys durante la Guerra Civil

Luis Companys es uno de los padres del separatismo político catalán. Su carrera política es muy dilatada, durante la época del pistolerismo en Cataluña, en la que los empresarios tuvieron que contratar a pistoleros armados para defenderse de los ataques de terroristas anarquistas ejerció como abogado defensor de los miembros de la anarcosindicalistas CNT que habían optado por lo que denominaban “acción directa”, basada en asesinar a quienes consideraban su enemigo. Eran los años 1917 a 1923.

Encontramos a un Companys con poder a partir del 31 de diciembre de 1933, cuando tras la muerte del presidente de la recien inaugurada autonomía de Cataluña, Francisco Maciá, fue nombrado su sucesor. Una de sus primeras medidas fue el nombramiento de José Dencàs como consejero de Gobernación. Le encargó la formación de los escamots. Una milicia armada, vinculada orgánicamente a la formación Estat Català, con la que pretendía imponer el separatismo cuando tuvieran la mínima oportunidad. Una oportunidad que perdieron con la proclamación del Estado Catalán el 6 de octubre de 1934 que a penas le duró unas horas pero que costó 110 muertos en las 10 horas escasas que duró.


Tras ser indultado con la llegada al poder del Frente Popular en febrero de 1936, el líder catalanista se había radicalizado todavía más. Tras el fracaso de la experiencia de los escamots, copió el modelo de milicia armada creando, en mayo de 1936 -meses antes del estallido de la Guerra Civil-, el Comité Militar Revolucionario. Estaba compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Català, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público. Tras el estallido de la Guerra, estas milicias serían el núcleo del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fundadas por un decreto del presidente Companys el 26 de julio de 1936 y que sembró el terror en la retaguardia durante la guerra.

Durente este periodo, bajo su mandato y responsabilidad directa fueron asesinadas 8.129 personas en Cataluña. Sin juicio ni garantías legales. En su mayor parte eran civiles pertenecientes a partidos de derechas, miembros del clero o empresarios. Ordenó la creación de campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia y autorizó a las diferentes formaciones del Frente Popular a constituir sus propias checas. Él mismo firmaría sentencias de muerte.


Las víctimas de la represión que fue responsabilidad de Companys fueron 2.441 religiosos,1.199 carlistas, 281 miembros de la Liga Regionalista: 281, 213 de la CEDA, 108 falangistas, 70 militantes de Renovación Española, 117 de Acción Ciudadana, 110 del Sindicato Libre, 117 de Acción Ciudadana, 18 de la Federación de Jóvenes Cristianos y 34 sin identificación política.

Juan E. Pfluger (La Gaceta, 2 de noviembre de 2016)

dimecres, 26 d’octubre de 2016

La Junta Magna de Biarritz de la Comunión Tradicionalista (1919)

Junta Magna de Biarritz que la Comunión Católico-Monárquica celebró el 30 de Noviembre de 1919 bajo la presidencia de su augusto Caudillo Don Jaime de Borbón.

Grupo de asistentes a la Junta Magna de Biarritz, que presidió el Señor Duque de Madrid

Por ser uno de los actos más solemnes de nuestra Comunión que presidió nuestro llorado Caudillo don Jaime de Borbón, queremos que sea constatada en este ALBUM la Magna Asamblea de Biarritz, con relación de los asistentes, las conclusiones votadas y la emocionante salutación de Don Jaime a la Asamblea en la cual pronunciaron notabilísimos discursos D. Luis H. de Larramendi, D. Lorenzo Sáenz Fernández y el muy Ilustre Sr. Magistral de Sevilla Dr. Roca y Ponsa.

ASISTENTES Y ADHERIDOS con los cargos que a la sazón ejercían.

Asistieron a la Junta, además del Excelentísimo Señor D. Luis Hernando de Larramendi, Secretario general político de S[u Majestad] en España, y de D. Lorenzo Sáenz Fernández, ex diputado a Cortes por Tudela y Tesorero general de la Comunión que lo eran entonces, los señores siguientes, que agrupamos por las Regiones que representaban:

ANDALUCIA

Presente: M. I. Sr. Dr. D. José Roca Ponsa, Canónigo Magistral de la Catedral de Sevilla.
Adheridos: Excmos. Sres. Marqués de San Martín, Jefe regional, Marqués de Valdeflores y Barón de Bretauville; M. I. Sres. Dr. D. Bartolomé Romero Cago y Dr. D. Jesús María Reyes, Canónigos, respectivamente, de Sevilla y Granada, y los señores D. Alfonso Porras Rubio y D. Fernando del Moral, Pbro.

ARAGON

Presentes: Excmo. Sr. D. Francisco Antonio Cavero, Jefe regional, y señores D. José María de Santa Pau, Jefe provincial de Teruel, y Don Pedro Legaz.
Adheridos: Excmo. Sr. D. Pascual Comín, ex Secretario General político del R[ey]; D. José María de Claver, Jefe provincial de Huesca; D. Jesús Comín, de Zaragoza, y D. Pedro Calvo, de Báguena.

CASTILLA LA NUEVA

Presentes: Excmo. Sr. Marqués de Tamarit, ex diputado a Cortes y Ayudante que fué de Carlos VII; don Melchor Ferrer Dalmau, Director de «El Correo Español»; D. Miguel de Torres Valls, Administrador-Director del mismo diario; D. G. Arsenio de Izaga y Ojembarrena, Director que fué de «Juventud Tradicionalista», y D. Emilio Deán Berro. vicepresidente de la «Unión Social Tradicionalista», de Madrid.
Adheridos: Excmos. Sres. D. Rodrigo de Medina, ex secretario de Carlos VII, y D. Juan Pérez de Nájera, generales de nuestro Ejército, y señores Conde de Casasola y del Pinar, y Rvdo. D. Isaac García Sanz, Párroco de San Pedro, de Sigüenza.

CASTILLA LA VIEJA

Presentes: M. I. Sr. Dr. D. Ricardo Jiménez, canónigo de Burgos, D. Lorenzo de Cura, ex diputado provincial, D. Virgilio Sanjuán, Jefe local de Haro, y D. Juan Pablo, Huerta, ambos tenientes de alcalde de esta población.
Adheridos: Rdo. D. Aurelio de Ibarzábal, Pbro.; D. Andrés Bengoa, de Santander; D. Robustiano Olea de Laredo; D. Federico Paternina, de Ollaurri, y D. Fernando de Diego, de Santander.

CATALUÑA

Presentes: Excmos. Sres. D. Miguel Junyent, Jefe regional entonces y Director de «El Correo Catalán», ex senactor y ex diputado a Cortes; D. Luis Argemí, senador del Reino por Barcelona; D. Narciso Batlle y don Bartolomé Trías, diputados a Cortes por Barcelona y Vich, respectivamente; señores D. Joaquín Avellá y D. Domingo Valls, ex diputados provinciales y Jefes provinciales de Tarragona y de Lérida, y D. Juan B. Viza.
Adheridos: Excmos. Sres. Marqués de la Torre de Mediñá y Barón de Vilagayá; D. Juan María Roma, diputado provincial y Director de «El Centinela Catalán»; D. José María Marqués, diputado provincial; D. Víctor José Olesa, ex diputado provincial, D. Francisco de P. Cambús.

EXTREMADURA

Adherido: Excmo Sr. Marqués de Matallana, Jefe provincial.

GALICIA

Adherido: D. Alberto Paredes, ex Director de «El Requeté».

LEON (Reino de)

Presentes: Excmo. Sr. D. Ildefonso Muñiz Blanco, Jefe Regional; Rdo. D. Antonio Alonso, Beneficiado de la Catedral de León; D. Luciano Esteban Polo, y D. Baltasar L. de Guevara.
Adheridos: D. José Maria Crajal, Jefe provincial de Palencia; D. Nicasio Sánchez Mata, Jefe provincial de Salamanca y Decano de su Universidad; don Pantaleón Gómez Casado; D. Eduardo Junco; don Miguel Díaz, y don José de Larrucea y Lambarri, de Valladolid.

NAVARRA

Presentes: Excmos. Sres. D. Ignacio Baleztena, Jefe regional y concejal de Pamplona; Marqués de Vessolla, ex senador del Reino; Barón de Oña, concejal de Pamplona, y señores D. Blas Morte, vicepresidente que fué de la Diputación foral; D. Francisco Martínez, ex jefe regional y ex diputado provincial; D. Francisco Errea, diputado provincial; D. Tomás Mata, teniente de alcalde de Pamplona; D. Justo Gortáriz, concejal de este mismo Ayuntamiento; D. Pedro Santa Cruz, Beneficiado; D. Basiliso Oteyza, y D. Martín Echarren.
Adheridos: D. Joaquín Baleztena, diputado a Cortes por Pamplona; D. Martín Larrayoz, concejal; RR. PP. Tomás Garrido y Fabián Linares; don Casildo Arostegui, D. Esteban Martínez Vélez, ex diputado foral, y D. Dámaso Munárriz.

VALENCIA

Presentes: Excmo. Sr. Marqués de Villores y don Enrique Adrién.
Adheridos: Excmo. Sr. D. Manuel Simó, ex Jefe regional y ex diputado a Cortes; D. Fernando de Rojas, ex diputado provincial; D. José Galán y Benítez, D. José Feliú, D. José Feo Cremades y don Francisco Aparisi.

VASCONGADAS

ALAVA
Presentes: D. Donato Nicolay, D. José Pérez de San Román y D. Luciano Salazar, Pbro.

GUIPUZCOA
Presente: Excmo. Sr. Marqués de las Hormazas.
Adherido: D. Juan Mocorrea.

VIZCAYA
Presentes: Excmos. Sres. Conde de Arana, Jefe señorial y ex senador del Reino, y D. Esteban de Bilbao y Eguía, ex diputado a Cortes por Tolosa y Senador del Reino por Vizcaya, y señores D. Domingo de Llona, diputado provincial; Don Ignacio María de Plazaola, concejal de Bilbao; D. Francisco de Santiago Marín, Notario de esta capital; D. Elías Luisa, y D. Pablo Ingunza.
Adherido: Excmo. Sr. D. Celestino de Alcocer, ex Jefe regional y ex diputado a Cortes por Laguardia y Vitoria.

DON JAIME DE BORBÓN EN BIARRITZ
De izquierda a derecha: D. Juan María Roma, D. Jaime de Borbón, 
D. Luis H. de Larramendi y D. Julio de Urquijo.

Después de la guerra europea y para resolver el conflicto planteado por dimisión de la Junta Nacional Tradicionalista en aquella época, son llamados por D. Jaime en Biarritz, los señores Larramendi, de Urquijo y Roma.


COMIENZA EL ACTO

Todos permanecían en pie.

El Caudillo de la Tradición, con grave continente, palabra reposada y claro acento alterado por la emoción, saludó a sus leales en estos sencillos y severos términos:

«Os manifiesto, antes que nada, mi más sincera gratitud por haber correspondido tan unánime y entusiastamente a mi convocatoria, inspirada en mi ferviente amor a la Bandera de la Tradición y a nuestra querida e infortunada España.

Todos, en mayor o menor grado, habéis hecho un verdadero sacrificio al venir hasta el destierro; pero todos debéis meditar en que esto, y mucho más, lo exige, con angustiosos clamores, la salvación de la Patria.

Ante obligación tan suprema e ineludible, ni vosotros ni Yo podíamos vacilar un instante. Por esto nos congregamos hoy aquí.

Ni por convicción ni por temperamento, soy aficionado a declaraciones utópicas y a discursos ampulosos; prefiero lo práctico a lo teórico, los hechos a las palabras, la verdadera sencillez al falso retoricismo.

Informado en este criterio, he procurado encerrar mi pensamiento en claras y ceñidas manifestaciones, que ahora os leerá mi Secretario político en España y que deseo que todos mis leales las reciban como sentida expresión de mis ideas y aspiraciones en los gravísimos y decisivos momentos actuales.

Quiera Dios que ellas sean fecundas para la restauración de la Patria.

Sentáos.»

Una formidable ovación con vítores y aclamaciones acogieron las palabras de S. M.

Apagada la ovación, Don Jaime entregó un documento al señor Larramendi, ordenándole que procediese a su lectura y que terminaba con las siguientes y alentadoras palabras:

«Preparémonos, trabajemos para ser útiles a la Religión y a la Patria. La intención preferente, al convocaros, ha sido intensificar mi personal intervención en la dirección de la Causa, y así estar en una mayor relación con vosotros.

Os doy mi palabra de honor en prenda de que, si puedo equivocarme, no cedo a nadie en elevación de miras, pureza de intención y amor a la Patria.

Me debo a España y a la Causa, y en su defensa estoy dispuesto a perder la vida.  
Creo que recojo exactamente con mi propio pensamiento el de todos los presentes; y dispuesto a que intervengamos con más actividad en la política española, como eficaz fuerza y con prácticos procedimientos, he redactado las siguientes manifestaciones, que deben pasar a la nota oficial de esta Junta y ser norma fecunda de todos nuestros actos.»

ACUERDOS

La Comunión católico-monárquica actuará con más radicalismo que nunca en la pureza e integridad de sus principios y soluciones, puesto que los postulados más felices del pensamiento contemporáneo, las corrientes más sanas de opinión, fruto de la experiencia y la realidad, las necesidades que claman exigiendo solución ineludiblemente, todo muestra hoy la virtual eficacia y constante utilidad de nuestro Programa fundamental.

En su virtud:

A. — Intensificará la política religiosa, teniendo presente el carácter especial de la Causa que defendemos, no olvidando que el R[ey] sostiene con todo el vigor de su brazo y el amor de su corazón la Bandera católica frente a la liberal y revolucionaria, como sus augustos Predecesores Carlos V y Carlos VI y su amadísimo Padre, el inolvidable Carlos VII. Sometido a la Iglesia, como hijo sumiso, quiere restituirla toda la independencia que la otorgó el Redentor, y en particular la relativa a su misión docente y aquella independencia económica a la que tiene perfecto derecho, tan menoscabada en el régimen constituído.

B. — Dará una actividad más constante e intensa al esfuerzo colectivo referente a los problemas llamados regionalistas, para conseguir como fin primordial, que armonice la unidad de la Patria española con las legítimas aspiraciones forales, lejos de una política apasionada, personal y voluble, y así llegar a la dirección de toda la corriente de opinión regionalista, y, finalmente, para restaurar en España la vida foral castiza, que es una base imprescindible de la sustentación del orden, de la estabilidad de la paz social y de la prosperidad del país.

C. — Definirá, al propio tiempo que aumentará, la actuación de política social, sobre el esencial fundamento de la pronta reconstitución de las clases y corporaciones profesionales, manteniendo el puro y cristiano concepto de la propiedad hasta contra los atentados que, con espíritu contaminado de errores y prejuicios, le dirigen los propios partidos afines, y defendiendo, al par, con la mayor actividad y energía cuanto representa verdaderamente la dignificación de la clase obrera, llamada a disfrutar de tiempos nuevos, más justos y cristianos, si al cabo, como es de esperar, la revolución universal es vencida.

D. — Propugnará la desaparición del parlamentarismo, régimen absurdo, funesto y desacreditado en todos los pueblos, establecido sobre la guerra civil de los partidos permanentes; restaurando las Cortes representativas de las clases organizadas y de los intereses reales de la nación, con mandato imperativo, que define los deberes y responsabilidades y asegura el buen servicio y las justas sanciones para los diputados.

E. — Defenderá con mayor interés que nunca el principio de autoridad, que es clave en los problemas de la época y que sólo ella —la Comunión legitimista— sustenta verdaderamente en España.

F. — Contribuirá, por todos los medios políticos a su disposición, al prestigio del Ejército español, víctima del régimen imperante.

G. — Instaurará la realidad de la Administración de Justicia, hoy desconocida hasta el sarcasmo, y que precisa como fundamento indispensable de la vida civil.

H. — Aprovechará la excepcional situación en que España ha quedado a consecuencia de la neutralidad durante la guerra, para plantear una base sólida de la futura política internacional, que, por el momento, no puede ser de alianzas ni de manifestación de inclinaciones comprometedoras, sino de cordialidad con todos los demás países, de juiciosa expectativa, mientras el horizonte universal de la política extranjera no se aclare y defina.

I. — Estudiará, propagará, defenderá y promoverá las obras públicas que España para su prosperidad necesita, y que en la palabrería de la política de los partidos jamás requieren seriamente inolvidable la atención nacional, ni llegan a realizarse, y, asimismo, prestará la consideración debida a la agricultura y a la industria; facilitándoles todos los elementos económicos para su completo desenvolvimiento y asegurándoles, con una absoluta estabilidad social, la consolidación de su desarrollo.

J. — Expondrá con claridad, en la propaganda, la armonía entre el sano pensamiento moderno y nuestra significación doctrinal, y hará ver que la situación crítica de España, insoluble con todos los procedimientos liberales, tiene forma sencilla de resolverse en la paz espiritual, en la organización tradicional foral y corporativa y en el principio de autoridad que expresa el lema de nuestra Bandera: DIOS, PATRIA, REY.

***

Después de tan importante asamblea, Don Jaime recibió a los grupos regionales, firmó nombramientos, y luego quiso obsequiar a sus leales con un banquete íntimo que sirviera de despedida a las representaciones del Legitimismo en el solemne acto celebrado y fuera, a la par, testimonio de su amor y de su gratitud hacia todos por haber tan diligentemente respondido a su convocatoria y cooperado con tanto entusiasmo a los fines de la asamblea descrita.

Por último, concedió audiencia privada a los Delegados de las diversas regiones a fin de tener exacto conocimiento de cada una de ellas.


Extraído del Álbum Histórico del Carlismo: 1833-1933-35 (pp. 284-288)
Reseña en El Correo Español, órgano oficial de la Comunión Tradicionalista (3 de diciembre de 1919)

divendres, 7 d’octubre de 2016

Carlos Javier de Borbó Parma no és el rei legítim

NI D'EXERCICI NI D'ORIGEN



Davant l'anunciada visita d’en Carles Xavier de Borbó-Parma a Barcelona, i per a advertir el poble català i la resta d'espanyols de les més que possibles confusions i heterodòxies de les seves paraules i actes públics, els carlins catalans declaren que:

1- No hi ha constància de la voluntat d'en Carles Xavier a acceptar els cinc fonaments de la Legitimitat espanyola que va establir el rei Don Alfons Carles com a condició indispensable per al seu futur successor: (1) la Unitat Catòlica, (2) la constitució natural i orgànica dels Estats i Cossos de la societat tradicional, (3) la federació històrica de les diferents regions de la Pàtria espanyola, (4) l'autèntica Monarquia tradicional i (5) els principis, esperit i mateix estat de dret i legislatiu anterior a l’anomenat dret nou.

2- Cap de les declaracions publiques d’en Carles Xavier de Borbó-Parma i els manifestos apareguts en el seu nom estan en la línia doctrinal del pensament polític carlista; és a dir, no tenen gens a veure amb el pensament tradicional català. Per contra, tots ells s'inscriuen en corrents de les ideologies de la modernitat, amb un apropament al nacionalisme que repugna als carlistes catalans.

3- El seu fill no te cap dret al Tron d'Espanya. El legítim Estat de dret i legislatiu de la Monarquia espanyola establia una successió semisàlica agnada a la Corona, que és la tradicional de la Corona d'Aragó. Una pragmàtica contra aquesta norma no podia establir-se sense el concurs de Corts convocades expressament a aquest efecte. Contra aquest abús despòtic de Ferran VII es van alçar els carlins. El mateix abús despòtic suposa considerar els descendents d'un matrimoni desigual, no dinàstic, com a successors al Tron. Aquest és el cas del fill d'en Carles Xavier de Borbó-Parma.

Alguns carlistes catalans hem tingut ocasió de saludar a Barcelona en altres ocasions en Carles Xavier de Borbó-Parma. I hem desitjat que acceptés els principis intangibles de la legitimitat espanyola. Lamentem que no hagi donat aquest pas.

Carlistes del Principat de Catalunya, 7 d'octubre de 2016.
Festivitat de la Mare de Déu del Roser.

diumenge, 11 de setembre de 2016

Testimonio del requeté Juan Riera Bartra (1913-2013)

Nací en 1913, en el barrio de San Andrés de Palomar, en Barcelona. Fuimos diez hermanos, pero dos murieron de niños y otro hermano más siendo muy joven, así que solo quedamos siete. Éramos una familia era muy religiosa: mi hermano Ramón padecía una enfermedad rara que se llama atrofia muscular progresiva, y que en aquel momento no tenía curación. Todos los años iba de peregrinación a Lourdes acompañado de mis padres y de una hermana para pedir su curación, y el tercer año que iba, con 16 años, murió por el camino. Unos días antes, mi madre le dijo: «mira Ramón, me parece que este año no podrás ir porque tienes fiebre y no te encuentras bien», pero él le contestó: «no mamá, tengo que ir que este año seguramente la Virgen me curará». Montó en el tren, y durante el camino, entre Narbona y Carcasona, murió mientras le auxiliaba un jesuita que viajaba en el mismo vagón, y quedó enterrado allí, en Lourdes.

La familia nos habíamos dedicado de siempre a los curtidos; mi abuelo ha había montado a principios de siglo una fábrica de curtidos en San Andrés, que luego tuvo que vender mi padre por una crisis. Sin embargo, al cabo de un tiempo tuvo una oportunidad y alquiló otra fábrica de curtidos con la que continuamos en la misma actividad.

Mi padre en principio no era de ningún partido político, pero tenía un pariente que era muy carlista y después de acompañarle varias veces a mítines, aquello le gustó y se hizo carlista. Era un hombre muy conocido en el barrio, Presidente del Carlismo allí, en San Andrés, y durante varios años fue concejal carlista en Barcelona. En aquellos años los carlistas íbamos juntos con la Lliga Regionalista de Cambó, y en la lista del grupo dejaban dos puestos para concejales carlistas.

Ramón Riera Guardiola (San Andrés de Palomar, 1876 - 1955)
Jefe de la Comunión Tradicionalista en la ciudad de Barcelona en 1936.
Necrología del padre publicada en La Vanguardia Española

Luego, durante la República, el ambiente se fue caldeando, y aunque en el barrio no hubo una persecución religiosa abierta, sí había dificultades. Recuerdo que en una de las elecciones acompañé a mi padre a votar y en el colegio encontramos a un grupo de monjas a los que unos señores de izquierdas no les dejaban votar: «las monjas pues no tienen derecho a votar», decían, y mi padre se les enfrentó: «¿no son mujeres?, pues entonces pueden votar como el resto». No sé cómo acabó la cosa, pero había tensión en la calle.

Como carlistas, estábamos comprometidos con el Requeté de Barcelona, así que el 18 de julio, a la madrugada, nos dieron la orden de que los jóvenes nos concentráramos cerca de la plaza Universidad y los adultos acudieran a los cuarteles de San Andrés. Sin embargo, como yo iba con mi padre y un tío, y vivíamos allí, fuimos los tres al cuartel de San Andrés. Allí nos juntamos gente de Renovación Española y bastantes carlistas. Pasamos muchas horas allí en espera de noticias, sin hacer nada, hasta que pasó un avión y tiró una bomba contra el cuartel, aunque cayó fuera.

Entonces se decidió ya salir, y el capitán que debía conducirnos al interior de Barcelona, al arengarnos justo antes de salir, para contentar a la tropa, tuvo la idea de gritar “viva la República”, con lo que uno de nuestro grupo de requetés gritó al revés, “muera la República”. Los carlistas quedamos descontentos, dejaron los fusiles en el suelo y dijeron: «por eso nosotros no salimos. No hemos venido aquí a salvar la República». Vino entonces el coronel a intentar arreglar la situación, porque lo hicieron mal; sin hubieran empleado para arengarnos algo que nos contentara a todos, como “viva España”, se podía haber evitado.

A última hora de la tarde, el coronel nos comunicó la situación: «miren, el movimiento de momento está perdido, así que vayan de regreso a sus casas». Mi padre y yo fuimos andando a casa, mientras mi tío cogió andando la carretera porque tenía a la familia veraneando cerca de Barcelona.

Nosotros llegamos a casa, pero a mi tío, que por lo visto le debieron ver salir de los cuarteles, lo detuvieron a por la carretera y lo llevaron al ayuntamiento de Moncada, donde se juntó con otros detenidos, entre ellos al jefe del Requeté de Barcelona. Al día siguiente, a la madrugada, se los llevaron en un coche a las afueras del pueblo, entre Moncada y Mollet, muy cerca de Barcelona, les dijeron bajar y les fusilaron junto a la carretera. A mi tío le pegaron un tiro en la cabeza y cayó muerto, pero el Jefe del Requeté de Barcelona tuvo más suerte: una bala le rozó, se tiró al suelo y lo dejaron por muerto. Luego él llegó andando hasta Tarrasa, su pueblo, y después de que le curaran pudo preparar el paso por los Pirineos a la España nacional.

La persecución a los carlistas en Cataluña fue implacable: los que no fueron asesinados acabaron encarcelados o tuvieron que pasar a Francia para salvar el cuello. El caso de Tomás Caylá, el jefe de los carlistas de Cataluña, fue especialmente cruel: lo asesinaron en la plaza de Valls, su pueblo, dejaron el cadáver allí expuesto y avisaron a su madre «para que fuera a buscar a su hijo».

Cuando mi padre y yo llegamos a casa, unos vecinos pasaron a avisarnos de que los milicianos iban a venir a por nosotros, para que nos marcháramos si no queríamos que nos llevaran detenidos. Salimos para Barcelona, a casa de una hermana donde pasamos varios días, hasta que nos dimos cuenta de que tampoco aquél era un lugar seguro. Pasamos entonces a la casa del contable de la fábrica, que tenía doble nacionalidad, francesa y española, con la idea de que quizá por eso estaríamos allí más protegidos.

Aprovechando que mi cuñado era médico y tenía un pase para poder entrar y salir de Barcelona, nos fue sacando de la ciudad de uno a uno, como si fuéramos sus ayudantes, para llevarnos a Moncada, el pueblo donde solíamos pasar el verano. Una vez allí, le salió un trabajo como médico en Santa Pau, cerca de Olot, así que nos trasladamos toda la familia allí. Era un pueblo tranquilo, pacífico y había algún carlista que nos ayudó. Además, para no levantar sospechas nos distribuimos en diferentes casas del pueblo.

Después de estar un mes escondidos en el pueblo, tanto yo como mis dos hermanos, decidimos cruzar a Francia para a zona nacional y poder combatir por nuestras ideas. Buscamos un guía de confianza, cogimos un coche de línea y nos bajamos cerca de la frontera; luego descendimos por una pendiente que conocía el guía ya en dirección a Francia. Por el camino encontramos a unos payeses que, extrañados, nos preguntaron: «¿dónde vais por aquí?», a lo que respondimos: «a cazar». Anduvimos hasta pasar la frontera, y el guía regresó. Una vez allí, nos hicieron un pase para poder ir a Perpinyà, donde nos habían informado que un carlista había montado un punto de ayuda para los que nos pasábamos. Nos proporcionó billetes de tren a Irún y nos dio instrucciones.

Una vez que cruzamos a España por Irún los tres hermanos nos presentamos inmediatamente en la oficina de alistamiento de San Sebastián. Pedimos incorporarnos al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, como la mayoría de catalanes, pero no fue posible: «lo sentimos, pero ya está cubierto», dijeron. Entonces, mi hermano Ignacio y yo, como teníamos carné de conducir, pedimos ir en tanques de combate, mientras que Luis, al ser estudiante de Medicina, entró como sanitario en un batallón.

Requetés en un blindado, en 1938 en el frente de Cataluña.
Archivo Gastañazatorre Urizar.

En cada compañía de nuestra unidad íbamos tres tanques Krupp y otro Maybach, en el que solía ir el capitán, y cada carro tenía una dotación de dos personas: el conductor y el tirador. Cada tanque estaba armado con un cañón o dos ametralladoras en la torreta giratoria, y nuestra función era ir siempre delante del batallón, hacer rutas antes de los ataques para descubrir si había mucha resistencia y a veces proteger a la infantería en los avances. En alguna ocasión oficiales alemanes nos dieron clases sobre cómo manejar los carros y nociones básicas sobre táctica de la guerra con tanques, pero como realmente se aprendía era andándolos.

El blindaje soportaba las balas, pero no las granadas de artillería. Recuerdo que en una ocasión impactó una granada encima de uno de los tanques de nuestra compañía, y la torreta saltó por los aires matando al tirador, un chico joven de Barcelona. Estalló la munición y el conductor también murió carbonizado; mi hermano y yo sacamos los cuerpos y los cubrimos con mantas. Luego los cargamos en una furgoneta camino de Zaragoza, donde debían tener parientes.

Sin embargo, lo más duro para nosotros era el calor. Allí dentro metidos, con el calor que desprendía el motor y el sol sobre la chapa, el ambiente se hacía insoportable.

Nos tocó operar en los frentes de Madrid, Toledo, Teruel y la parte del Ebro. En Teruel recuerdo que no lo pasamos tan mal como otros, porque el motor nos hacía de calefacción y con ese frío iba bien. Luego, a la noche, nos retirábamos a alguna casa y dormíamos entre la paja. A las afueras de Teruel tuvimos acciones fuertes; recuerdo un avance hacia las líneas rojas: crucé con el tanque la zanja de la trinchera de los rojos y entonces levantaron los brazos en señal de rendición.

La única vez que fui herido fue en Villalba de los Arcos, cerca de Gandesa. Aquellos días nos ordenaron apoyar al tercio de Montserrat, que sufrió cantidad de bajas, y como no había tanques operativos para todas las dotaciones nos turnábamos: un día salía yo con el tanque y al día siguiente mi hermano, y yo me quedaba en el pueblo de descanso. Estando en la entrada de una casa, cayó un obús de artillería, y me entró metralla en el pié. Una cosa de poca importancia, pero no me dejaba caminar. Me evacuaron a Zaragoza hasta que la metralla se movió de sitio y no me dio más molestias, tanto es así que todavía llevo aquella metralla en el pie.

También mis hermanos tuvieron suerte y terminaron bien la guerra, únicamente con pequeños sustos. A Ignacio, durante una ruta de inspección, le estalló cerca una bomba y le hizo una herida de poca importancia en la espalda.

Ignacio Riera Bartra, concejal de Barcelona entre 1961 y 1966
(revista de las fiestas de San Andrés de 1965)

Luis tuvo aún más suerte: una noche, mientras dormía con otros tres compañeros debajo de un árbol, comenzó de madrugada un ataque de la artillería roja; cayó una bomba matando a los otros tres, y el único que salvó la vida fue mi hermano.

De aquellos años tengo muchos recuerdos, incluso hice un pequeño librito de memorias sobre mi paso por los tanques. Todavía procuro asistir a todos los actos que organiza la Hermandad del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, la unidad que mejor simboliza el espíritu y los motivos por los que combatimos muchos catalanes en aquella guerra, aunque la historia no se acuerde casi de nosotros.


Tomado de Juan Riera Bartra, Fundación Ignacio Larramendi

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Uno de los hermanos, Luis Riera Bartra, fue doctor en ginecología. Lamentablemente la clínica médica de Barcelona que en su honor lleva el nombre de Institut Riera Bartra, dirigida por su sobrino, el Dr. Ramón Riera Rovira (hijo de Ignacio Riera Bartra), realiza todo tipo de prácticas inmorales, indignas del buen nombre de esta antigua familia carlista.