dilluns, 15 de maig de 2017

Sindicatos Libres, carlismo y conflictividad social en Barcelona en los años 20

Luis Argemí (1873-1950),
político tradicionalista
El estado de anarquía social en Barcelona se va extendiendo paulatinamente por todos los ámbitos de la Península. Ya no hay confianza en el Estado y los patronos se organizan para defenderse: Primeramente a las huelgas incesantes imponen su lock-out, después buscan hombres que les defiendan como guardaespaldas. Había denunciado este estado de subversión y anarquía el Senador Argemí en la Cámara Alta. Era necesario algo más, y éste algo más era imponerse al Sindicato Único, como se imponía éste en la calle, por el terror. No era propio de una nación civilizada, pero estaba impuesto por la dejación del poder, el ambiente acobardado y debilitación de todos los poderes estatales.

Así fue como en el Círculo central Tradicionalista comenzaron a organizarse los Sindicatos Libres, compuesto de obreros que no admitían la tutela del Sindicato Único. Fueron los obreros jaimistas los primeros que se alistaron en la nueva organización, que durante mucho tiempo tuvo por Sede el Círculo Tradicionalista de la Calle de la Puertaferrisa de Barcelona.

Salvador Anglada (1878-1936)
Fue su principal animador el Concejal de Barcelona don Salvador Anglada (289), a quien prestaron su concurso los jóvenes de la Juventud de Barcelona. Había además otro que auxilio e influyó notablemente en los Sindicatos Libres, pues les aportó el concurso de su pluma, batalladora siempre, Rico Ariza (290), y, así con el concurso de todos, los Sindicatos Libres comenzaron su tarea respondiendo a las pistolas, aplicando la Ley del Talión.

Tengamos en cuenta que los jaimistas de Barcelona habían entrado en el Somatén, y que esto se sabía: el jaimismo, pues, reemprendía su historia de luchas en tales momentos críticos.

Ramón Sales (1893-1936)
Hubo, eso sí, un hombre que supo dirigir a los grupos de acción del Sindicato Libre, con firmeza y con desprecio de la muerte. Era el jaimista Ramón Sales, (291) cuyo nombre fue terror de los pistoleros anarco sindicalistas. Todo Barcelona sabia que los carlistas estaban en el Sindicato Libre, y en aquellos tiempos de congoja, eran la única esperanza de los burgueses y obreros honrados de la ciudad Condal. Se hizo entonces célebre aquella frase común, que se oía, proferida por bocas de no carlistas: "El día menos pensado nos encontraremos con don Jaime en Madrid". Desgraciadamente el partido jaimista no tenía la fuerza suficiente para ello y era muy difícil hallar las asistencias necesarias. Fuera de Barcelona, sólo tuvieron los Libres una realidad eficiente en Bilbao, gracias al entusiasmo y esfuerzo de Hermógenes Rojo. (292)

Más tarde, los Sindicatos Libres atravesaron un mal momento en que volvió a recuperar su preponderancia el Sindicato Único. Fue en 1923. Sin embargo supieron replicar y la consideración que les tenía el general Primo de Rivera, (291) y el general Martínez Anido (292) demuestra que no habían perdido nada de su valor. (...)

Aunque de momento los Sindicatos Libres se habían impuesto por el terror a los anarco-sindicalistas del Único, la situación en España era cada día más grave, cada día se veía mejor que no había solución definitiva a la descomposición de un Estado y a la anarquía en la nación. (...)

Presidentes de los Sindicatos Libres (1922)

La anarquía en España

La situación de España se iba agravando, y no eran las fórmulas políticas, remiendo a un sistema político carcomido e impotente, las que podían volver a enderezar el caos social. Tampoco bastaban las pistolas de los muchachos del Sindicato Libre, que, en realidad, como hemos escrito en otra parte:

«No diriemos que todos los que estuvieron afiliados en los Sindicatos Libres fueron jaimistas, pero sí que su centro de reunión y su recluta se hizo entre obreros jaimistas. Por esto si el carlismo no puede acoger los hechos de los Sindicatos Libres como propios, sí puede y debe recordar que fueron hijos que surgieron de sus centros y que muchos de ellos se mantuvieron fieles» (331).

Pero las luchas eran sangrientas y cuando el subcabo del somatén don José Franquesa fue asesinado, la indignación de los jaimistas auguraba un estallido que sería desesperado. La lenidad de los gobernadores había llegado al extremo que en el entierro de Franquesa el día 8 de junio, los incidentes «dejaron a Barber —que presidia el duelo— en situación verdaderamente insostenible. Grupos de patronos le abuchearon, le gritaron: ¡Fuera el representante del Sindicato Único!, le silbaron; alguno llegó a zarandearle materialmente, en contraste algo expresivo con la entusiasta acogida que mereció a los concurrentes la presencia del General Primo de Rivera» ( 332). Barber no fue zarandeado por los patronos, lo fue por los jaimistas, y si librose bien de la jornada, lo debió a la presencia de Primo de Rivera. Barber ( 333) acabó su vida política en aquel acto.

Era que la situación se había hecho imposible. Era que sólo podía esperarse de una reacción muy fuerte. Oigamos a un enemigo de la dictadura, pero monárquico alfonsino:

Gabriel Maura Gamazo (1879-1963),
autor de «Al servicio de la Historia.
Bosquejo histórico de la Dictadura»

«El terrorismo anarquista o sindicalista venía siendo ya antigua plaga endémica en Barcelona. La anemia cívica española, impidió por allí, a diferencia de lo acaecido en otras naciones europeas reaccionase el cuerpo social con energía suficiente para extirpar los gérmenes morbosos. La defensa orgánica, que es ley de la biología colectiva como de la individual, se operó contraponiendo a los malhechores del sindicalismo rojo, ya que no ciudadanos en armas, individuos de su misma ralea, que, con no mayores escrúpulos mantuvieron los principios contrarios. El animador de estos Sindicatos Libres, restaurador de la paz social barcelonesa, si no absoluta lo bastante sólida para permitir a la ciudad vida normal y próspera, fue, desde el gobierno civil de la provincia, el general Martínez Anido. Rudamente atacado por las Izquierdas, muy bien quiso, en cambio de las clases conservadoras, mantenerlo en su puesto o sustituirlo por funcionarios de significación más civil, no debió haber sido asunto baladí para ningún gobierno, puesto que tantos y tan considerables intereses pendían de la resolución. 
Pues fue cabalmente, el Jefe Conservador, quien, a poco de su advenimiento al poder, a espalda de los ministros (dos de los cuales dimitieron a causa de ello) despidió secamente a Martínez Anido y restableció inoportunamente en Cataluña las suspensas garantías constitucionales. Esta política continuada por el Gobierno Alhucemas, desencadenó nuevas rachas de crímenes, que, sobreensangrentaron casi a diario las calles de Barcelona, trascendió al resto de la Península...
Menudearon también los atracos a mano armada, cada vez más audaces y fructíferos, y la impunidad de los delincuentes llegó a ser tan normal porque los pocos de entre ellos que capturaba la política escapaban después a la justicia, por obra de jurados medrosos o venales.»

Y continúa el mismo autor:

«La vida económica. no estaba menos amenazada que la humana. El miedo, paralizador de los Gobiernos, no les movía a intervenir en los conflictos sociales sino cuando creían poder hacerlo en contra del capital... el separatismo campaba donde quiera a sus anchas» ( 334).

Dejemos en Maura poner en el mismo nivel al pistolero del Sindicato Único, que asesinaba a personas honradas y decentes, con el pistolero del Sindicato Libre que mataba a los pistoleros o a sus dirigentes en defensa social. Pero Maura hablaba como buen dinástico y como buen conservador. Dios no le había llamado por esos caminos y todavía no hemos sabido cual era el camino por el que le había llamado Dios. Pero recojamos un hecho, una confesión. En Barcelona se había restaurado la paz social y la vida normal y próspera se había reanudado gracias al esfuerzo, que buena sangre les costó, de los muchachos del Sindicato Libre, no nacidos de aquellas juventudes mauristas que se entretenían en fundar partidos como el Social Popular, sino de los obreros honrados de los círculos jaimistas. Y también había los ciudadanos armados en defensa de la sociedad, burlada, encarnecida, entregada por los Ministros de la Monarquía de Alfonso XIII a los anarcosindicalistas, y también estaban entre esta gente honrada, que empuñaba el fusil, los jaimistas, que morían a traición como Franquesa.

En aquel desbarajuste, el único partido de España que sabia reaccionar virilmente fue el partido carlista. Y si nos fijamos en aquellos magistrados que al día siguiente de proclamarse la República se quitaron las caretas, diremos que no solamente había jurados cobardes o vendidos, sino que también los había vistiendo toga.
Miguel Arlegui Bayonés (1858-1924)

Un partido que no se amilanaba, que había celebrado, sin miedo, en población tan industrial como Manresa una concentración de jaimistas catalanes en el Aplec dels Tres Roures, que había reunido otra gran masa valenciana en el aplec de Alfara del Patrarca, en agosto y que el 2 de septiembre en la Diada Jaimista de Haro, ocho mil riojanos aclamaban a don Jaime en la persona del Marqués de Villores, era, para muchas gente, una esperanza en el sombrío horizonte de la Patria. Así lo comprendió el coronel Arlegui (335) cuando de acuerdo con Martínez Anido se puso en contacto con don Jaime. Arlegui entendía que no debía darse una solución transitoria al grave problema de España. Y a ello coadyuvaron las autoridades carlistas y muy especialmente el Jefe Regioal de Cataluña don Miguel Junyent. Lo lógico no es lo que se sigue muchas veces en las historia, lo que es lógico es el desarrollo cuando no existe voluntad de rectificación.

Era tal el desconcierto en Cataluña que ya no fiaba el general Primo de Rivera de los resortes oficiales en vísperas del 13 de septiembre. Fiaba más en los jaimistas del Sindicato Libre, que en la policía, no por que en esta no hubiese personal digno, sino porque dependía de gobernadores de la ideología de los Raventós y los Barber. Así su escolta lo formaban los muchachos del Sindicato Libre, unos, jaimistas de siempre, otros entrados en el Sindicato, de otras procedencias como el hijo del anarquista Pallás, el que arrojó la bomba a Martínez Campos en 1893.

El 13 de septiembre de 1923

Se esperaba una Dictadura. Se había pensado en el general Aguilera (336) y el mismo Primo de Rivera estaba dispuesto a secundarle. Una maniobra política deshizo aquella combinación. También pensó en un golpe de Estado don Alfonso XIII, para asumir el poder personal, saltando por encima de la Constitución que había jurado, y que era la razón de ser de su propia dinastía. Consultó el caso a hombres de su contianza, entre ellos a Maura, quien en nota dada en agosto le decía:

«Desenlace funesto se debe pronosticar si el Rey tomase sobre si las funciones del Gobierno para ejercerlas diariamente, asumiendo día por día las responsabilidades personales. Ni la generosidad del móvil, ni los aciertos más constantes, evitarían la consumación del suicidio. Así se ha de llamar la conversión en dictadura, de suyo transitoria, del Instituto en que se encama y vive la unidad perenne de la nación» (337).

Como se ve Maura seguía en su doctrinarismo liberal, de los Reyes constitucionalmente irresponsables, aunque la historia después los haga responsables. Mientras tanto, era necesaria una actuación rápida, pues en aquella anarquía general, los separatismos hubieran llegado a ser salvavidas para los ciudadanos. Y fue Primo de Rivera quien en la noche del 12 al 13 de septiembre rompió el nudo gordiano, con la guarnición de Barcelona y con la seguridad de otras guarniciones, tal como la de Zaragoza, donde estaba entonces de Capitán general, don José Sanjurjo ( 338) todavía unido al partido jaimista y al Rey en el destierro.

Aquella noche, los que velaron las armas en Barcelona fueron los jaimistas, con su Junta Regional reunida en sesión permanente, y fueron los muchachos del Requeté y los muchachos de los Sindicatos Libres los únicos que estuvieron patrullando por las calles de la ciudad; los patronos, los industriales, los regionalistas, las clases conservadoras y los pocos alfonsinos catalanes surgieron al día siguiente para felicitar y aclamar a Primo de Rivera, pero en la noche aquella, los únicos que empuñaban un arma en defensa de la sociedad, fueron los carlistas. Advertido a tiempo don Jaime se había personado en San Juan de Luz para seguir los acontecimientos, y quizás si la opinión de Gotari y otros navarros se hubiera seguido, cuando aconsejaban a los carlistas de Pamplona que acompañaran los piquetes que proclamaban el Estado de Guerra, aclamando al Ejército y a don Jaime, se hubiera cambiado la historia de España.



(289) Salvador Anglada Llongueras. Presidente del Círculo Tradicionalista de Sans; Concejal jaimista de Barcelona. Candidato para diputado al Parlamento catalán en 1932. Murió asesinado por los rojos cerca de Prades, en 1936.
(290) Estanislao Rico Ariza. Nació en Barcelona en 1895. Empleado del Ayuntamiento. Director de "La Protesta", de Barcelona. Durante la Dictadura siguió la orientación del Sindicato Libre, pero reingresó en la actividad de la Comunión en 1931. Dirigió el semanario "Reacción". Murió asesinado por los rojos en Barcelona, en 1936.
(291) Ramón Sales. Murió asesinado por los rojos en 1936, después de horribles torturas.
(292) Hermógenes Rojo Barona. Obrero. Vocal de la Junta Señorial en 1935. Vocal de la Junta del Distrito de Bilbao. Presidente de la Sociedad Tradicionalista de Bilbao. Candidato a diputado a Cortes por la provincia de Vizcaya en 1933.
(293) Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Marqués de Estella. Nació en Cádiz en 1870. Ministro de Estado en 1927 y de Marina en 1929. Dictador de 1923 a 1930. Falleció en París en 1930.
(294) Severiano Martínez Anido. Gobernador de Barcelona Ministro de la Gobernación en 1925 a 1930 y de Orden Público en 1938. Falleció en Madrid.

(331) Ferrer: «Breve historia del Legitimismo Español».
(332) Fernández Almagro: «Historia del reinado de D. Alfonso XIII»
(333) Francisco Barber. Era periodista y diputado a Cortes liberal.
(334) Maura Gamazo: «Al servicio de la Historia. Bosquejo histórico de la Dictadura». Tomo I.
(335) Miguel Arlegui y Bayones. Nació en Navarra en 1868. Fue alférez en el Ejército liberal en la Tercera Guerra, pasando a Cuba e ingresando en la Guardia Civil. General de Brigada en 1919. Jefe Superior de Policía de Barcelona y cuando la Dictadura director general de Orden Público. Falleció en Madrid en 1924.
(336) Francisco Aguilera y Egea. Nació en 1857. Ascendió a teniente general del Ejército nacional. Ministro de la Guerra en 1917. Falleció en Madrid en 1931.
(337) Maura Gamazo: «Al servicio de la Historia. Bosquejo histórico de la Dictadura».
(338) José Sanjurjo y Sacanell. Nació en Pamplona en 1872. Sirvió en Cuba y en Marruecos. Ascendió a teniente general en 1925 y recibió el titulo de marqués del Rif. Director general de la Guardia Civil en 1931. pasó a la Dirección General de Carabineros en 1932. Se sublevó en Sevilla el 10 de agosto de 1932. Condenado a muerte e indultado. pasó al Penal del Dueso, de donde salió en 1934. Emigró a Portugal y dirigió los trabajos para el Alzamiento de 1936. Murió en accidente de aviación al intentar pasar a España en 1936. Fue carlista hasta el comienzo de la Dictadura y, por una cuestión personal con Don Jaime, se separó de la Comunión. Volvió al Carlismo estando ya en Portugal y había aceptado el mando de los carlistas si fracasaba el movimiento militar.

dijous, 27 d’abril de 2017

Mare de Déu de Montserrat


La terra catalana
vos vol per Sobirana,
Espanya us vol per Nord;
preneu-la Vós per filla,
i avui que el món perilla,
traieu lo món a port
 
Mossèn Cinto Verguer

dimecres, 29 de març de 2017

Francisco Cavero y Álvarez de Toledo

Tal dia com avui, un 29 de març de l'any 1905, moria en Francisco de Borja Cavero i Álvarez de Toledo, heroic general carlista que va acabar la tercera campanya amb el cos cobert de trets i la Creu Llorejada de Sant Ferran en el seu pit. Amb justícia va rebre de Don Carles els títols de marquès de Lácar, comte de Carrasquedo i comte de Santa Cruz de Nogueras. Amb motiu de tan gran efemèride, reproduïm la biografia que en 1887 li va dedicar el jove Francesc de Paula Oller en el seu Álbum de personajes carlistas (volum I, pp. 145-150).

Imagen tomada de El Estandarte Real (febrero de 1891)

Jefe distinguido de la comunión tradicionalista es el actual Delegado de Don Carlos en Aragón, Cataluña, Murcia, Valencia y Castilla la Nueva, don Francisco Cavero y Álvarez de Toledo, hijo de los señores Condes de Sobradiel y pariente próximo de la ex-emperatriz Eugenia.

Salió del Colegio militar antes de cumplir los 18 años y fue destinado al regimiento de Caballería del Príncipe, 3.º de Coraceros.

Desde este cuerpo pasó á servir de Ayudante á las órdenes del malogrado general Ortega, por creerlo éste necesario para coadyuvar á sus planes carlista, tomando parte principalísima en la vasta complicación de San Carlos de la Rápita, para lo cual hizo repetidos viajes á la Península y al extranjero.

Con este motivo corrió grandes peligros, mereciendo mención especial los siguientes hechos.

Necesitando el general Ortega comunicar de palabra una orden urgentísima á Valencia, confió esta difícil misión á su joven Ayudante señor Cavero. Había que salir inmediatamente, pero el mar tempestuoso y amenazador parece como que pretendía oponerse al viaje del intrépido Ayudante. Este, sin reparar en los peligros que iba á correr, y sin hacer caso de las observaciones de la gente de mar, se embarcó en una lancha acompañado únicamente de un joven de pocos años que tenía á su servicio en calidad de criado.

A pesar de todo, el joven emisario llegó felizmente á Valencia y después de desempeñar fielmente su cometido, tomó rumbo otra vez para las Baleares á bordo de un vapor.

El segundo hecho culminante consistió en ir á Mahón y embarcar aquella guarnición y conducirla á Palma para con ésta verificar el movimiento militar á que se alude.

Fue hecho prisionero con Ortega, y puesto en libertad en Tortosa en virtud de amnistía general.

Conocido de todos es el modo cómo terminó la sublevación de San Carlos de la Rápita, mas nadie sabe detalles de la misma ni de las personas reales, generales y demás comprometidos, porque el único que hoy los conoce es el general Cavero, y éste no hablará. Estando en la iglesia del Castillo, momentos antes de ser puestos en capilla el general Ortega y nuestro biografiado, el primero díjole:


«Muero por no hablar, y exijo de ti que si me sobrevives, que no lo creo, nunca digas de nadie si estaba ó no comprometido, diciendo siempre que no lo sabes.»


Enigmáticas palabras son éstas que justifican la convicción general de que estaban comprometidos en el hecho de San Carlos de la Rápita elevados personajes que han medrado y algunos de ellos medran tal vez aún hoy en situaciones liberales, gracias á la generosidad heróica del general Ortega y á la plausible aunque rara caballerosidad del general Cavero.

El día 29 de Febrero de 1872 don Francisco Cavero salió nuevamente al campo con el empleo de Coronel á las órdenes del brigadier don Pascual Aznar, conocido por el Cojo de Cariñena, y habiendo caído sobre esta fuerza leal, pero insignificante por el número, una columna enemiga, el Sr. Cavero luchó con un valor rayano á la desesperación recibiendo cinco balazos y cayendo prisionero. En este estado fue conducido á Zaragoza y allí condenado á presidio y llevado á extinguir su condena á Santoña, á pesar del ofrecimiento hecho por el jefe enemigo de considerarle como prisionero de guerra.

Cangeado después de algún tiempo marchó al Norte, en donde asistió en clase de Coronel á las acciones de Somorrostro, siendo herido nuevamente, y alcanzó en premio de su valor la placa del mérito militar.

Por este tiempo se empezó á instruir juicio contradictorio (por no haberse podido hacer mientras el Sr. Cavero estaba en presidio), para concederle la Cruz laureada de San Fernando. Fue fiscal de este juicio el entonces brigadier don León Martínez Fortún, resultando del expediente, que el Sr. Cavero había ganado en la jornada de santa Cruz de Nogueras tres veces la laureada de San Fernando.

Más tarde se encontró en la brillante batalla de Abarzuza, ó Monte Muro, como la llaman los liberales, donde fue otra vez herido y ascendido á brigadier por su bizarro comportamiento.

En la batalla de Lácar mandaba la división castellana, cargando á pié y á caballo sobre el pueblo al frente de sus fuerzas, teniendo la gloria de disputar el mérito de ser el primero que penetró en el citado pueblo al frente de la caballería carlista.

Nombrado Comandante general de Castilla y jefe de la división aragonesa, dio las acciones de la Peña de la Complacera, que duró tres días, siendo por último rechazado el enemigo; las de Carrasquedo y Mediana, en donde, después de un día de cargas consecutivas á la bayoneta, tomó seis puestos fortificados con fuerzas muy inferiores á las del enemigo, haciéndole muchos prisioneros, y cogiendo por su mano el caballo del capitán de artillería y aprehendiendo dos cureñas y varios mulos de la artillería.

Después de esto vino la decadencia del ejército, y el general Cavero resistió brillantemente al enemigo que avanzaba en número considerable en Abadiano y más tarde en el Puente de Mendaro, que fue la última acción librada en la última guerra, emigrando por fin á Francia con los restos del ejército del Norte.

El Sr. Cavero es propietario é inspirador de El Intransigente, importante publicación diaria que ve la luz en Zaragoza, de cuya ciudad es hijo y en ella reside.

Actualmente disfruta el empleo de Mariscal de Campo.

dimarts, 28 de març de 2017

dijous, 16 de març de 2017

José Erasmo de Janer

José Erasmo de Janer y Gironella
(Barcelona, 1833 - 1911)

Tal día como hoy, un 16 de marzo, en 1911, moría el insigne jefe regional tradicionalista de Cataluña don José Erasmo de Janer y de Gironella.

Había cursado con lucimiento la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona, al par que su nombre se popularizaba entre los tradicionalistas, conquistándose justo prestigio. Inició su brillante carrera política con el cargo de concejal del Ayuntamiento de Barcelona, nombrado por el Conde de Cheste, siendo el más joven de los que figuraban en aquel Municipio, último del reinado de doña Isabel, y que fue depuesto por la Junta revolucionaria.

Su lealtad y abnegación por el triunfo de la Causa carlista le obligaron a salir varias veces de España, en una de las cuales fue presentada su candidatura a diputado a Cortes por San Feliu de Llobregat, cuando las Constituyentes de 1869, y en la que obtuvo una nutrida votación. Poco tiempo después desempeñó el cargo de presidente del Círculo Católico-monárquico, cuna por decirlo así del Tradicionalismo de Barcelona.

Al iniciarse la tercera guerra carlista se vio obligado á refugiarse en Francia, estableciéndose, llamado por don Vicente de Manterola y don Tirso de Olazábal, en San Juan de Luz, desde donde contribuyó al esplendor de nuestras armas.

Vuelto a Barcelona terminada la lucha, dedicó sus entusiasmos a la fundación de El Correo Catalán (a cuyo Consejo de Administración pertenecía a su muerte) en unión del inolvidable Luis María de Llauder y de don Manuel María Milá de la Roca.

Posteriormente y a raíz de la muerte de don Luís M.ª de Llauder, ocupó con gran acierto la Jefatura regional de Cataluña, dando desde tan elevado puesto un gran empuje a la vitalidad de nuestra Comunión.

Sostuvo estrecha e íntima amistad con el inolvidable y llorado Carlos VII, quien apreciando sus bellas cualidades y virtudes, y en premio a sus desinteresados sacrificios por la Causa, le otorgó la Cruz y banda de Isabel la Católica, acompañándole un sentido autógrafo.

Accediendo a las reiteradas súplicas del señor de Janer, nuestro augusto Caudillo Don Jaime le aceptó la dimisión del cargo, cesando a primeros de 1910 en el desempeño de la Jefatura. Fue padre político del también célebre tradicionalista don Dalmacio Iglesias.

Según dejó escrito el Barón de Artagan, se puede decir que en Barcelona no existía Asociación benéfica en que el nombre de don José Erasmo de Janer no figurase: era vocal de la Caja de Ahorros, presidente de la Junta de Obra y de la Junta de Beneficiencia de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, y presidente de la Real Archicofradía de la Virgen de los Dolores. Falleció cristianamente en Barcelona el 16 de marzo de 1911 y fue una verdadera manifestación de duelo su entierro, al que asistió inmenso gentío.

Información obtenida en su mayor parte de La Defensa (Gerona, 19 de marzo de 1911)