Tal dia com avui, un 8 de setembre de l'any 1934, es va produïr a Can Tobella, Olesa de Montserrat, l'arrest, escarni i empresonament arbitrari de 94 carlins per ordre del Comissari General d'Ordre Públic de la Generalitat Miquel Badia.
Així ho recordava l'any següent a les columnes del diari tradicionalista El Siglo Futuro en Josep Tobella Galceran, qui un any després seria assassinat pels roigs al començament de la guerra civil:
Aniversario del atropello y detención de los tradicionalistas de Olesa de Montserrat
En el Círculo de Olesa de Montserrat, el día 8 se celebrará el aniversario del atropello de sus socios por los «escamots» de Dencás y Badia.
La escena tuvo lugar en la antiquísima casa de Can Tobella del Cairat, situada al pie mismo de Montserrat, de cuya montaña sólo la separa la corriente del Llobregat.
El origen de la casa data del siglo XI; desde aquel tiempo inmemorial sus moradores, practicando aquel «ora et labora» benedictino, han prosperado al calor de la fe bajo la mirada de la Patrona de Cataluña, la Virgen de Montserrat, al amor de las nativas tradiciones. Su aceite en el siglo XIII servía de alimento a la lámpara del Santuario de Montserrat, y los monjes y escolanía, al devastar en 1811 el general Suchet el Monasterio, se acogieron a sus puertas.
Las continuadas molestias que los liberales infligieron a sus moradores fueron causa de que en la guerra de los siete años la casa estuviera cerrada. No así en la última guerra, en la que a la sombra de sus pinos descansaron muchas veces los carlistas; también los liberales, mientras la oficialidad era obsequiada en la mesa, sentándose los jefes en el sillón frailuno que ocupó un día el Beato P. Claret, y desde el que prometió a los familiares de la casa, hasta la quinta generación, la liberación de las penas del purgatorio.
Cabrinety, pocos días antes de morir, descansó en Can Tobella con los suyos.
Jamás pobre ni peregrino, tal como lo significan los cipreses plantados a su puerta, ha marchado con las manos vacías.
Desde hace un regular número de años los tradicionalistas de Olesa celebraban un «aplec», reuniéndose allí miles de personas, muchas ajenas a nuestro idearlo.
Se cantaba la Misa en la capilla de la casa por el orfeón del Círculo de Olesa y, terminada ésta, los concurrentes, de cara a la cueva de la Virgen de Montserrat, entonaban la Salve gregoriana.
El día se pasaba en juegos diversos: recitación de poesías, etc., y por la tarde se bailaban sardanas en las eras de la casa.
Así, pues, fueron sorprendidos, maniatados y conducidos a Barcelona, donde les esperaba una turba de «sans culottes», que les agredieron a pedradas, puñetazos, salivazos, etcétera, mientras sus bocas de infierno vomitaban los más brutales insultos y las más horribles blasfemias.
El venerable sacerdote M. J. Fartuny, un verdadero padre de los pobres, era objeto de las más soeces burlas.
Desde los tiempos en que Jesús, cargado con la pesada Cruz, andaba vacilante entre la gritería de los judíos por las tortuosas calles de Jerusalén, no se había visto nada semejante.
A medianoche el dueño de la finca de Can Tobella, apreciado primo nuestro, fué obligado a levantarse a la llamada de la Policía de la Generalitat, que venía a registrarle la casa para buscar armas.
Por suerte, el jefe, persona de corrección, le trató con todo miramiento. Naturalmente, que nada encontraron.
Después del atropello, la cárcel.
El maestro «Fabio» escribió un precioso artículo, «Per crucem ad lucem»; es verdad, no hay gloria sin cruz.
La Virgen de Montserrat, la Providencia Divina, que lo veía todo, no podía menos de ampararles.
Personas de toda clase social, España toda, estuvo a nuestro lado; la Prensa de todos los matices combatió la salvajada, y el edificio que era todo fachada, todo apariencia, y en realidad un castillo de naipes, cayó pocos días más tarde al leve empuje del Ejército español. Otro aniversario, 6 de octubre.
Y aquel «mozo crúo» que dictaba órdenes a los ejércitos de escamots, compuestos de lo «mejor» de «cada casa», tenía que escapar con su a látere Badía, cubierto de heces pestilentes de cloaca, único camino de la gente de su ralea.
A todos los que se interesaron y nos ayudaron con la oración o con la limosna, gracias y que Dios se lo pague; que Él nos ayude para el trabajo que queda por hacer y que no terminará hasta ver el triunfo del reinado de Jesús en España. Al león español, no como un manso cordero, sino atemorizando a la anti-España con su rugido para que un día vuelva a ser realidad espiritual aquella leyenda que campea en nuestro escudo: «A solis ortu usque ad occasum».
JOSÉ TOBELLA GALCERÁN
Olesa de Montserrat.
El Siglo Futuro (04/09/1935)
Blog carlí català lleial a l'august cabdill de la Comunió Tradicionalista Don Sixt Enric de Borbó
divendres, 8 de setembre de 2017
La detenció dels tradicionalistes d'Olesa de Montserrat a Can Tobella l'any 1934
dijous, 24 d’agost de 2017
LXXX aniversario de la batalla de Codo: Gloria y honor al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat
Ardía en España la lucha entre los grandes principios del Mal y del Bien. Polarizadas en dos grandes grupos se reunían las fuerzas políticas principales del país, dispuestas a quemar hasta el último cartucho por el triunfo de sus respectivos ideales y aspiraciones.
Poco antes, en un 18 de julio magnífico y valiente había estallado toda la decisión y esfuerzo de unos hombres dispuestos a luchar y a morir por España. Cataluña, desgraciadamente, pese a actitudes laudables, a esfuerzos heroicos, a lealtades abnegadas, había visto fracasar en principio la batalla que, en pro de la santa Cruzada nacional, se libró en esta región. Pero, unos hombres valientes, herederos auténticos del espíritu bélico manifestado por los catalanes en anteriores y heroicas ocasiones, sacrificados, renunciando a todo, con la vista puesta en los sublimen ideales de Dios y de Patria, con firmeza de héroes y con lealtad de soldados y de caballeros del ideal, trasponían la frontera pirenaica, pasaban a Francia, y, desde allí, volaban gozosos y alegres hacia la zona nacional, prestos a empuñar las armas que, tintas en su sangre generosa, lavaba las manchas de deshonor e ignominia que otros, como malos hijos, hicieron caer sobre esta desdichada región. Y así nació el heroico y laureado Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat. Como unión de buenos catalanes, que, por serlo, se sentían auténticamente españoles y tanto como los que más, demostrando su amor a España con el lenguaje de las armas, siempre superior al de las promesas y al de las palabras...
Y así, como decimos, se formó el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat. Padres que no habían de saber más de sus hijos; hijos que no supieron de las emociones de un último adiós paterno; españoles, en fin, que lloraban la ausencia de los suyos y que sabían sacrificarlo todo por un futuro mejor de la Patria, fieles a la hermosa consigna de su Ordenanza: «Dar la vida por la causa es el acto más fecundo y el servicio más útil».
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| Combatientes del Tercio de Requetés Ntra. Sra. de Montserrat (foto tomada de http://www.requetes.com/monserrat.html) |
De este modo se llegó a la jamada heroica y luctuosísima de Codo. Y de este modo, Codo (simple geografía) pasaba con todos los honores a la Historia de España. El enemigo pugnaba por romper el frente nacional. Los caballos argelinos, en las hordas de la anti España, abrevarían pronto, según ellos, en las aguas españolísimas del Ebro, y las fuerzas rojas entrarían triunfantes en Zaragoza, en la ciudad bienamada de la Virgen del Pilar. Pero, había en frente la resistencia de unos hombres de cuerpo entero, habría que pasar antes por encima de los cadáveres de unos cuantos requetés. Eran jóvenes y viejos, hombres de edad militar y hombres que estaban fuera de ella, pero hombres todos animados por la fe en el ideal y dispuestos a morir en un último acto de servicio. La cuestión no estaba en la edad militar. Se ventilaba la salvación de España y con ella el honor de Cataluña, depositado en los pechos de aquellos hombres. ¡Españoles! ¡No temáis; La salvación de España está en buenas manos y el honor de Cataluña se salvará, aunque para ello una y otro hayan de comprarse con el precio costoso de la sangre de los mártires!
Amanece el día 24 de agosto de 1937. Un ejército rojo, de diez a quince mil hombres, inicia el ataque contra las posiciones mantenidas por los requetés. Y empieza a lucharse con saña, con coraje y con ardor. Y resiste Monte-Calvario. Y se mantienen firmes las posiciones de Camino de Quinto. Y aguantan también la embestida roja las del «Pajar» y del «Granero». Y en espartana resistencia se detiene al enemigo por espacio de tres días, al cabo de los cuales las fuerzas que guarnecen dichas posiciones se repliegan al cuartel número 20, al edificio del Ayuntamiento, al estanco, a las trincheras números 1, 2 y 3 y al Paredón. Destrozadas, ya estas últimas posiciones por la artillería enemiga, nuestros hombres, agotadas ya todas sus municiones (que para proseguir el combate debieron arrebatar muchas veces de las cartucheras de los cadáveres enemigos), valientemente abren con sus bayonetas el apretado cerco enemigo, y, con un ¡Viva Cristo Rey! y un ¡Viva España!, rubrican, en gesta de sacrificio y de martirio, su último esfuerzo de soldados que no conocen el miedo y para los que la palabra rendición no existe. Y así, de los 190 requetés que integraban el Tercio en formación, 146 hallan gloriosa, españolísima y cristiana muerte en el campo de batalla, mientras 44, más afortunados, consiguen llegar a las filas nacionales.
En total, 190 hombres, con dos máquinas ametralladoras, dos fusiles ametralladores «Hotchkiess», seis fusiles ametralladores «Lebel» y 205 fusiles, mantuvieron en jaque al ejército rojo, al que causaron numerosísimas y multiplicadas bajas, permitiendo con su resistencia de tres días y al precio de su sangre, que el Mando militar pudiera asegurar el éxito total de la batalla.
Al concluir estas líneas queremos tener un recuerdo especial para nuestros muertos. Pero pocas palabras bastan. Ellos deben gozar de la Gloria de Dios, porque, cierto, certísimo: «Ante Dios no existen héroes anónimos».
A nosotros nos queda, simplemente, imitar su ejemplo y hacer fructífera su sangre.
Por los supervivientes de Codo, y Laureados del Tercio de Requetés de Ntra. Sra. de Montserrat.
L. RENART y G. SERBA
dimarts, 15 d’agost de 2017
L'Assumpció de la Verge
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| Fresc de Vila Arrufat a l'església de Nostra Senyora de la Salut de Sabadell |
Com lliri immaculat de Palestina
sou, Verge, l'escollida del Senyor,
sou Rosa sense màcula ni espina,
albada de l'eterna resplandor.
D'aquell Nadal diví que ens il·lumina
fins el sagnant Calvari de dolor,
la vostra intercessió ¡Mare divina!
és l'àncora de Fe del pecador.
Mare dels Set Dolors, santa i magnánima,
prenguéreu de la terra la volada
com pur encens d'amor, curull d'anhel.
I per designi sant, en cos i ànima,
com lliri de puresa immaculada,
els angels us portaren cap al Cel.
JAUME BOSCH
ALBA (Sant Feliu de Llobregat, novembre 1950)
diumenge, 16 de juliol de 2017
Mensaje de la Diputación carlista de Cataluña con motivo de la entronización de Alfonso (XII)
CATALANES.
Un acontecimiento, tiempo ha previsto, ha cambiado la faz de la impia revolucion española iniciada el 29 de Setiembre de 1868.
Sin principios fijos ni conciencia de su destino, aclama hoy lo que entonces destruyó con el mayor ludibrio y escarnio. Ha restaurado en la persona del Príncipe D. Alfonso la dinastía de la augusta Hija de Fernando VII. Reina entonces, á la cual arrojó del suelo patrio, llenándola de baldones é improperios.
Y una insurreccion militar es el escalon para subir al Trono al nuevo Rey.
Amargos han sido siempre los frutos de los motines militares, y nuestra historia contemporánea lo acredita tristemente.
Desde 1820 en que estalló la insurreccion del ejército de Ultramar en las Cabezas de San Juan hasta la del puente de Alcoléa, han ido sucediéndose las insurrecciones militares, y la España cada dia haciéndose mas menguada ante la Europa, y peor administrada en su interior. Sin la misericordia de Dios y el amparo de su Madre Santísima, especial patrona de España, no quedaría de esta desgraciada Nacion piedra sobre piedra que no estuviese derribada. Pero hay fé en el suelo Español y tiene hijos que, ostentando en sus pechos los adorables corazones de Jesús y de María, regeneran á costa de sus vidas y de los objetos mas queridos el decaido carácter nacional, inoculando con su bravura en las venas de los Españoles, antes tan pundonorosos, el perdido sentimiento del amor tradicional de Dios, de la Patria y del Rey.
Tan grandes sacrificios no han de quedar sin recompensa.
El Cielo se apiadará de la España y sacará triunfante la combatida bandera católica, que con tantos bríos sostiene enhiesta nuestro joven y generoso Cárlos VII.
Impotente la revolucion para abatirla, despues de demandar ausilio á los Gobiernos anti-católicos de Europa, intenta atrincherarse hoy al recurso supremo de restaurar en la persona del hijo el solio de la madre que á carcajadas derribó. Vano esfuerzo. Porque aun cuando de momento lo ha conseguido, pronto destruirá su propia obra, porque un motín no puede crear nada sólido ni estable, porque le falta la base del sacrificio sin el cual nacen siempre pigmeas y de poca vida las creaciones del hombre.
CATALANES: Son de prueba los momentos presentes. Recordad que bienes os han dado los gobiernos que han querido gobernaros por las doctrinas del liberalismo. Atended si os han devuelto ninguno de vuestros codiciados privilegios y venerados Fueros.
No: antes bien guiados por un ciego orgullo, os han arrebatado cada año vuestros hijos con las quintas, y hasta tratado de mudar vuestra constitucion civil, intentando imponeros el código de Castilla, que hubiera cambiado el modo de ser de vuestras familias, á cuyo cambio pronto hubieran desaparecido vuestras casas solares, honra de nuestras montañas y testimonio perenne de la sabiduría de los códigos catalanes.
Hoy mas que nunca, Cataluña ha de abrir los ojos y cerrar los oidos para no dejarse embaucar de las fementidas promesas de esos restauradores del Trono liberal de España, para el que aclaman un Rey que reine y no gobierne.
Asi no podrá devolvernos la ansiada unidad católica y tendrá que bajar su cabeza ante el juego de las instituciones y turno de los partidos; y todo con el fin de asaltar los sitiales vacios del presupuesto, gozar en sus cinicas orgías y completar la ruina de la empobrecida España, conduciéndola otra vez al borde del saqueo, asesinato é incéndio de cuyos estragos, despues de Dios, la libertára el pendon carlista en 1873 en que dominó primero la república roja, y despues la conservadora que, careciendo de vida própia, hubo de sucumbir el 3 de Enero de 1874.
FIELES CATALANES: La Providencia que hasta ahora nos ha protegido vela por nosotros. Confiemos en las virtudes y energía de nuestro gran Monarca D. Cárlos VII (q. D. g.) Confiemos en el valor y la pericia de nuestros bravos Gefes, Oficiales y voluntarios, y ni por un momento dudemos que, el cambio politico que las bayonetas pretenden imponer á España, es la mas firme garantía del próximo triunfo de nuestra Santa Causa.
San Juan de las Abadesas 4 de Enero de 1875 — El Vice-Presidente, JUAN MESTRE Y TUDELA. — José de Solá Morales. — Francisco Javier de Subirá Iglesias. — Francisco Javier Sitjar. — José de Maciá. — Joaquin de Rocafiguera. — José Coronas y Campás. — Luis R. de Cuenca, Secretario General.
BOLETIN OFICIAL DEL PRINCIPADO DE CATALUÑA (6 Enero de 1875)
dissabte, 24 de juny de 2017
El Teniente Coronel D. Luis de Mas
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| D. Luis de Mas (Igualada, 1824 - Vich, 1895) |
«Aunque viejo por mis sesenta y cinco años de edad, pero gozando salud perfectísima, gracias a la misericordia del Cielo, arde en mi pecho el fuego sagrado del amor más entusiasta y de la más incondicional lealtad a la causa de DIOS, PATRIA Y REY, nombres santos que tengo grabados en mi corazón, y a cuyo solo recuerdo bulle aún en mis venas la sangre de mis belicosos abuelos y me hacen esperar animoso el momento de verterla por mi Rey y mi amadísimo Señor Don Carlos de Borbón, pues que a Él y a su familia augusta pertenece hasta su última gota.»
Las palabras que van transcritas pertenecen a nuestro biografiado.
Retratan un carácter y dan fe de que su vida y la de sus ascendientes lo fue de sacrificio continuado por la bandera católico-monárquica.
Y patentizan que cuando la fe alienta con toda su pureza en almas esforzadas, no son parte los años transcurridos, ni las decepciones sufridas, ni las esperanzas frustradas, a amortiguar el entusiasmo de aquellos que vivieron consagrados a la causa de la Verdad y ansían morir defendiéndola.
No podrá jamás llamarse viejo quien así se expresa.
Llámese viejo, porque en efecto lo es, aquel que a pesar de sus pocos años ve transcurrir los días contemplando con criminal indiferencia los males de su patria, sin que el corazón le dicte el esfuerzo más mínimo por curarlos; viejo es y caduco, y más que viejo y caduco, inerme e inútil, aquel que no emplea el vigor y las fuerzas de que el Cielo le dotó en remediar las desdichas de su madre; pero quien ve pasar los años, y siempre y sin dejar momento al descanso se esfuerza por lograr, tras sacrificios sin cuento, el logro de las purísimas aspiraciones que absorbieran la florida época de su juventud, éste no envejece. El espíritu es siempre joven, cuando anima naturalezas esforzadas y de buen temple; y los que tal don recibieron de lo Alto, y a fuerza de sufrir y de penar supieron cultivarlo, bien merecen ser propuestos por modelos a esa naciente generación que espera anhelante poder demostrar a la faz de Europa que no todo es positivismo y frialdad en este siglo egoísta y metalizado, pues en la Comunión carlista, y sólo en ella, porque fuera de su alcance todo es cálculo y estudiada ambición, hay hombres por millares dispuestos a no cejar en su empeño o a perecer en la noble demanda de reconstruir el reinado de la Justicia y del Derecho.
Uno de tantos, uno de entre los innumerables con que este partido se honra, es don Luis de Mas.
Ni un solo lapso de su vida deja de serlo de sacrificio por la causa de Dios y del Rey. ¿Qué decimos de su vida? Sus abuelos y sus padres trabajaron con esfuerzo incansable por la bandera de la Legitimidad, y sus hijos, dignos vástagos cual él de familia tan esforzada, supieron ya emular, aunque jóvenes, las glorias de sus ascendientes, y allí donde el Rey mandó, allí se vio a nuestro biografiado, que supo ofrecer prácticamente y en la hora del mayor peligro el porvenir de su familia y sus propios intereses a su Señor y Rey.
Conocimos a D. Luis de Mas en la guerra, pues nos cupo en suerte el tenerlo por jefe, que más que esto fue para nosotros padre solícito y cariñoso, y nos honramos hoy con su amistad y hemos tenido ocasión de apreciar por nosotros mismos cuán grande es su celo y cuán entusiasta su amor a la Causa, y responder podemos, y con nosotros cuantos le conocen y le tratan, de que no han sido parte los años para hacer decaer el espíritu del esforzado Jefe carlista, soldado valeroso ayer en los campos de batalla, e infatigable campeón de la buena propaganda en los presentes días de lucha con el enemigo de siempre y con el que se nos fingió amigo y ha correspondido a nuestra confianza con la más repugnante de las traiciones.
Los merecimientos contraídos por nuestro biografiado en los días de la lucha armada, los verán fielmente reseñados a continuación nuestros lectores; los trabajos constantes a que nuestra Causa le es hoy deudora, quedan consignados con sólo decir que a su iniciativa se debe la creación en la alta montaña de Cataluña del Círculo Tradicionalista de Vich, legión de soldados en que no se sabe qué admirar más, si la disciplina y subordinación de éstos, o el espíritu organizador de sus Jefes, que han sabido agrupar fuerzas numerosas y aguerridas que vagaban dispersas, anhelantes de hallar ocasión de alardear su amor jamás desmentido a nuestros ideales.
Merecedores son todos de la gratitud más viva por parte de los carlistas españoles, y el último de éstos, pero no el menos entusiasta, se complace en presentar a sus correligionarios al distinguido Jefe cuya biografía motiva las siguientes líneas.
Igualada, cuna de tantos valientes que han engrosado las filas de los Reales Ejércitos en cuantas ocasiones ha pedido nuestra desventurada Patria brazos varoniles y corazones esforzados para oponerlos a los furiosos embates de la triunfante Revolución, vio nacer a D. Luis de Mas en 24 de Junio de 1824.
Su padre, D. José Joaquín de Mas, que llegó a Intendente del Ejército carlista en la titánica lucha de los siete años, se esmeró en infiltrar en su juvenil corazón los mismos principios que a la muerte de Fernando VII volaron ambos a defender con mano armada.
En los dos primeros años sirvió nuestro biografiado sin cargo especial, pero sufrió siempre con constancia las penalidades de aquella ruda campaña, batiéndose con un valor poco común en varios hechos de armas. En 1837 fue nombrado oficial auxiliar de su señor padre, entonces Comisario de guerra de primera clase. En 1839 fue habilitado general de las numerosas viudas de las víctimas de la guerra. En el año 1840 emigró con toda la familia de su padre, incluso su madre, ocupándose en el Extranjero en el estudio del dibujo litográfico, de la topografía y en los de operaciones geodésicas y trazados, llegando a adquirir en Marsella, punto de su residencia durante los cinco últimos años de los doce que duró su expatriación, extraordinario renombre por las admirables obras topográficas que llevó a cabo y que sólo abandonó en 1848 para defender a Carlos VI.
Ya Teniente desde 1840, por el Real decreto de Carlos V, que concedía el empleo inmediato a todos los que le permanecieron fieles después de la traición de Maroto, se incorporó a las filas de los leales defensores de la Legitimidad, y deseando pasar a Caballería, fue nombrado por orden general del 8 de Agosto de 1848 Alférez de dicha arma y agregado al Estado Mayor del General Brujó.
Emigró por segunda vez a Francia, una vez concluida esta campaña, permaneciendo en la nación vecina hasta 1863, que con especial permiso de Don Carlos VI pudo volver a su Patria sin menoscabo de su honra política. En 1865 trabajó con el mayor celo por el buen éxito de la campaña que se intentaba llevar a cabo, haciendo con aquel objeto varios viajes al Extranjero y sacrificando muchos de sus intereses.
En 1868 fue nombrado por Don Carlos el primer Subcomisario Regio de Cataluña para iniciar el movimiento: comenzó los trabajos de organización del partido en Barcelona; hizo repetidos viajes a París y a Alemania para gestionar asuntos de nuestra Causa, y gastó cuantiosos intereses de su patrimonio socorriendo y pagando a varios oficiales e individuos que esperaban el momento de entrar en campaña.
Deseoso Don Carlos de pisar el suelo español, se trazó un itinerario para poderlo hacer sin peligro y burlando la gran vigilancia de la policía francesa; pero tuvo ésta noticia de dicho proyecto, y sabiéndolo D. Luis de Mas, salió de Perpiñán para París a proponer otro itinerario al Sr. Duque de Madrid, que fue aceptado por Don Carlos y que dio el más satisfactorio resultado.
En 1873 convaleciente de una grave y cruel enfermedad reumática y de una ceguera de tres meses, adquirida a causa de las intemperies a que se halló expuesto en la frontera de Francia, incorporóse a las fuerzas del entonces Coronel Vila del Prat.
Su Alteza Real el Infante Capitán General de Cataluña le encargó la organización del Real Cuerpo de Ingenieros, y desempeñando el cargo de Jefe superior, fue de los primeros que entraron en la villa fortificada de Ripoll, dirigiendo con admirable tino el ataque del fuerte de San Eudaldo, que tuvo que rendirse a discreción, contribuyendo con su valor a la toma de dicha villa.
Por este brillante hecho de armas, y previas las diligencias de reglamento, S.A.R. premió a nuestro biografiado con el diploma de Caballero de la Real y militar Orden de San Fernando.
Asistió a la acción de Campdevánol; con la sección de Ingenieros y las fuerzas del Comandante Camps inició el ataque de la plaza fuerte de Berga, y cooperó a todas las operaciones del sitio de la misma hasta que fue tomada por asalto y hecha prisionera su guarnición.
En 10 de Mayo de 1874 fue nombrado Teniente coronel de Infantería, y pasó en Septiembre del mismo año a las Provincias Vascongadas a presentar a Don Carlos un Tratado de fortificaciones de campaña, que sirvió para uso e instrucción del Cuerpo de su mando, cuya obra mereció la aprobación del Rey previo el favorable informe que dio de ella el General en jefe de Ingeniros del Norte, D. Francisco de Alemany.
Por disposición del Capitán general del Principado, y a instancias del General Savalls, pasó a la 1.ª División con el fin de organizar un cuerpo de obreros militares, que más adelante prestó importantísimos servicios.
Largos serían de enumerar los brillantes hechos que adornan a nuestro biografiado.
Su acrisolada lealtad no ha sido nunca por nadie puesta en tela de juicio, porque son muy notorios para todos sus sacrificios en aras de la Causa Católico-monárquica, por la Causa misma por la que sus antepasados ganaron, por defenderla heroicamente, los blasones de nobleza que marcan en la familia de D. Luis de Mas un abolengo glorioso y esencialmente monárquico.
Ostenta la Cruz de Fidelidad Militar, la de la Real y distinguida Orden de Carlos III, que le concedió D.ª Isabel por haber compuesto y publicado un tratado completo de dibujo topográfico, que es obra de texto por decreto de dicha Señora, y aprobada por la Academia de San Fernando. Dicha obra es la primera importante de esta clase que se ha publicado en España, y la dedicó a Don Carlos, el cual le confirmó de palabra la referida condecoración. Posee además la Cruz y Placa de San Hermenegildo, la Medalla de la toma de Berga, la Encomienda de la Real Orden americana de Isabel la Católica, libre de gastos, por servicios prestados a la augusta Persona del Rey la Cruz Roja del Mérito Militar de segunda clase, y la Real y distinguida Medalla de plata de Carlos VII.
Hasta hace poco ha residido en la poética y hermosa finca Manso Escorial, de Vich, habiendo fijado después su domicilio en Barcelona, y a pesar de su avanzada edad, arde aún en su vigoroso pecho el fuego sagrado de su amor y adhesión a la bandera de Dios, Patria y Rey, defendiéndola con la misma inteligente actividad de siempre, al desempeñar a gusto de todos los carlistas de Vich la Presidencia del Círculo Tradicionalista de la Alta Montaña, y en disposición de empuñar las armas cuando sea más conveniente para la Patria luchar como ausetano que pensar como vicense.
Album de personajes carlistas, tomo III, 1890 (pp. 14-25)
Véase también la necrológica de El Correo Español (31/12/1895)
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