dimecres, 16 de març de 2022

La entrada triunfal de los carlistas en Olot en 1874

por Miguel Juanola Benet

Bullen de carlistas el 12 de marzo de 1874 las proximidades de Castellfullit de la Roca, aprestados todos para una grande empresa. Los ha concentrado allí Savalls, por haber «picado la espía». A la confidencia de que una fuerte columna de infantería, artillería y caballería mandada por el general Nouvilas hállase en Besalú, con el propósito de salir prontamente para levantar el sitio que desde hace algunos meses tienen puesto a Olot los voluntarios de la Legitimidad, el popular caudillo carlino, situado en su Cuartel General de Las Presas, manda reunir todas sus huestes en aquel estratégico pueblo. «Es preciso cerrar él paso al adversario», dícese para sí Savalls, al tiempo que en sus adentros, con los ojos de su innata sagacidad, adivina la llegada del momento que acaricia ambiciosamente desde algún tiempo: conseguir una victoria sonada, que le acredite como General en Jefe de los carlistas catalanes.

En efecto: por la carretera de Gerona avanza la columna de socorro a Olot, con un total de. 3.000 hombres, a la que se agrega en Tortellá una compañía de voluntarios tan republicanos como contrabandistas.

Acción de Castellfullit entre la columna Nouvilas y la facción Savalls
(La Ilustración Española y Americana, 30-3-1874)
Lo mismo que el gato al ratón espera Savalls a Nouvilas en Castellfullit de la Roca, en cuyo acantilado ve su gran bastión y mejor fortaleza. Además, intercepta la carretera en todos los virajes con trincheras y barricadas. No obstante, más impaciente para la caza de la presa que aquel mamífero, Savalls decídese a ir a buscarla donde se encuentre, ante la tardanza del enemigo. Pero entonces —14 de marzo— descúbrele en su avance por la parte de Montagut. Diríase que Nouvilas ha olfateado el acecho carlista en aquel paso obligado de su marcha, pues en lugar de continuarla por la carretera, inclina su columna hacia la derecha, flanqueando la montaña de Santa Bárbara, para soslayar la lucha en condiciones desfavorables.

Inmediatamente descubre Savalls la táctica de Nouvilas, así como su verdadero objetivo. Este quiere penetrar en Olot por el punto más accesible, o sea por la parte de San Juan las Fonts, deslizándose por la cuesta de Torrellas. De aquí que seguido ordena aquél a Galcerán a que le cierre el camino. Mientras, con la rapidez de los soldados aguerridos quedan apostadas las tropas carlistas en el círculo de montañas de Toix. Tan luego se mete la columma de Nouvilas en tal círculo, Savalls, que dirige la operación desde la cima del monte Canadell, exclama en un transporte de gozo y exhalando un profundo suspiro: «Esta noche cena conmigo».

En el lazo tan astuta y diestramente preparado por Savalls en una improvisación genial, cae la columna Nouvilas. Y estrangulada queda ésta al oprimirlo enérgicamenté el caudillo ámpurdanés. Porque tan pronto como suena el cornetín de órdenes de Savalls lanzando al espació el toque de pasar al ataque que repiten innúmeros cornetas, desencadénase la acometida así por la vanguardia como por los flancos arrecia prestamente el ataque desde aquellas cumbres, e incluso por la espalda cortando la retirada. Los liberales defiéndense como pueden en la planicie, pero ya no les es posible deshacer la jugada. Por un lado los Guías de Savalls, por otro los bravos de Auguet, por otro más los fieros muchachos de Miret cuyo denuedo alcanza la lereza al ver a su jefe que después de vendarse con un pañuelo la herida que recibe en una pierna continúa como si tal cosa en la dura refriega, todavía por otro los valientes voluntarios de Galcerán y por otro aún los de Vila de Prat baten con su fuego cruzado a la desventurada columna. El ataque es tan sangriento que llégase a la lucha cuerpo a cuerpo; iniciase luego la desbandada, consiguiendo escapar unos cuantos a Francia por las escabrosidades pirenaicas y otros a Olot, y solamente la batería, del heroico capitán Temprado resiste hasta agotar las granadas. Al pie de sus cañones muere este bravo militar junto con su leal sargento Gámez. Pero son bastantes más los que han mordido el polvo y oliendo a pólvora yacen en el campo de batalla. Cuéntanse hasta 170 muertos, en tanto que 2.300 hombres con su general en jefe caen prisioneros de los voluntarios de Don Carlos. Además, cuatro piezas de artillería y más de cien caballos constituyen el botín de este extraordinario descalabro liberal.

* * *

Por la puerta de Pavía acaba de entrar en Olot una pareja de carabineros, el aspecto de los cuales da lástima. Brillan las estrellas en el cielo azul cuando trasponen el umbral del portal fortificado. Han llegado después de un gran rodeo, jadeantes y sudorosos; los labios resecos, las narices y las cejas cubiertas de polvo y unas profundas ojeras les surcan los párpados. Sus vestidos de uniforme ofrecen un mísero estado por las huellas que han dejado en ellos las malezas de los montes y vienen poco menos que descalzos. Por otro lado, las guerreras en su parte interior descubren un profundo resollar y por el desbroche de sus cuellos escapa la fetidez del sudor que ha empapado la cintura y la pechera de las camisas. Se diría que aquélla, para salir, se encarama por el pelo de aquellos tórax casi al descubierto y pronto semejantes al de los machos cabríos.

Sin embargo, nada se manifiesta tan lamentable en los recién llegados como la impresión dolorosa de que son portadores. De momento, apenas pueden hacer el relato del episodio al que han asistido, bien que como actores cobardes. Y a fe que vehementemente desean narrarlo; para desahogar el espanto y la pesadumbre que llevan a cuestas; para dar a conocer lo que han sufrido para llegar a Olot con vida, escapando del copo descomunal en el que no cayeron los dos «héroes» por la agilidad de sus piernas.

Difícil se les hace dar detalles de la catástrofe bélica acontecida en el Toix. No saben más, en resumen, que han salido ilesos de una lucha encarnizada; que son testigos de la gran derrota de la columna Nouvilas, la cual, seguramente ha quedado aniquilada, y que tal vez este mismo general en jefe debe encontrarse prisionero del general Savalls.

De esta guisa llegan a Olot las primeras noticias de la catástrofe que sembrará prontamente la consternación en todo el campo liberal del Principado. Resístense los anticarlistas y liberaloides locales a darlas crédito, por el momento. En tanto, los olotenses calladamente afectos a la Santa Causa, suspiran de satisfacción y ciertamente emocionados. Presienten éstos que a no tardar han de verse libres de la patulea incivil y desvergonzada constituida por los «cipayos» capitaneados por Juan Deu.

A poco, no obstante, y cual previera Savalls, su aplastante victoria en el Toix acarrea la rendición de Olot, al segundo requerimiento del marqués de Alpens.

Después de hacer pasar éste todos los prisioneros por el monte frente a Olot y hacia Las Presas, intima —día 15— la capitulación de la plaza. Recházala en el acto el comandante jefe del Batallón de Manila, que es la fuerza que la guarnece. Sin embargo, no puede evitar qué le abandonen a la sazón un número bastante crecido de voluntarios y paisanos armados, los que se acogen al indulto que les ofrecen los carlistas. Reiterada la intimación en la mañana del 16, tampoco la acepta aquél; pero más pesan ahora los consejos de olotenses prudentes y seguidamente se entra en negociaciones. Su resultado es la capitulación de Olot. Fírmase el pacto y concluido retíranse los destacamentos liberales del Montsacopa y del Montolivet.

Todo Olot masca ya, desde hace algunas horas, la entrada de los carlistas. Y hasta entre los chiquillos hallan eco los acontecimientos bélicos, con arreglo, claro está, a la ideología de las respectivas familias. Ningún comentario de la chiquillería es tan elocuente, no obstante, como el de una niña de padres harto distinguidos por su recalcitrante liberalismo. Al llegar por la tarde al Colegio de monjas del Inmaculado Corazón de María se encara con Sor X, que tuvo que reprenderla un día por su pretensión en colarse en los departamentos claustrales y le dice con insolente descaro y precoz ironía:

—Hoy sí que deben estar contentas ustedes.

—¿Por qué hija mía?

—Sí, porque van a entrar los carlistas. A éstos no les negarán ustedes pasar al claustro. Como que sudan agua bendita...
Francesch Savalls
(La Pera, 1817-Niza, 1886)

Y así es como al declinar el día 16 el ejército carlista hace su entrada triunfal en Olot. Con la voz metálica alborozada de sus campanas echadas al vuelo la población saluda al vencedor, mientras el sol desde el ocaso escarlata enciende aún más el brillo de las armas victoriosas y aviva con destellos sangrientos el bermejo de la boina legendaria. Los balcones y ventanas de las casas que no han sido deshabitadas lucen colgaduras de los más varios colores y en la villa toda retumban los acordes de las tres charangas y bandas de cornetas que amenizan el desfile de los infantes de Don Carlos. Savalls con su Estado Mayor ocupa el sitio preferente, y atusándose los bigotes con evidente afectación va recogiendo la grande alegría con que reciben los olotenses al ejército de la Tradición española. Jamás, por otro lado, ha visto Olot, como hoy, la marcha marcial de una tropa tan holgadamente orgullosa de su victoria, y no son pocos los que creen a pies juntillas que ha sido ésta un milagro del Cielo.

Los liberales olotinos, sin embargo, hallan buen paliativo a su enorme desengaño atribuyendo a venta infame y asquerosa lo que ha sido derrota irrefutable. Bien les ha dado alguien contundentes pormenores del gran desastre de la columna de socorro a Olot mas hasta a sus criaturas procuran infundir en lo posible el desprestigio de los carlistas contándoles docenas de mentiras. Savalls, empero, pronto las desmiente, con un rasgo estupendo, digno de la caballeresca generosidad de los carlistas. El general carlino autoriza para el día siguiente la salida de las fuerzas rendidas del Batallón de Cazadores de Manila, en número de mil hombres, conservando las armas y diez cartuchos cada soldado, es decir, con todos los honores de la guerra, y acompañándolas hasta Bañolas varios jinetes carlistas.

Lo que aparece realmente incomprensible es que el jefe de estas fuerzas rendidas, entregando a Savalls cinco cañones, quinientos fusiles y grandes depósitos de municiones, sea recibido en Barcelona con muestras de afecto por el Capitán General del Principado.

Pero nada importa eso a Olot. Sí, en cambio, improvisar el adecentamiento urgentísimo de la iglesia parroquial de San Esteban habilitada por Juan Deu para cuartel de «cipayos» y convertida en escenario de sacrilegios y profanaciones horrísonas. Que en ella debe celebrarse, como así acontece, en efecto, el día 18, un soJemne «Te Deum» en acción de gracias, por la victoria conseguida.

Ni que decir tiene que con la capitulación sin pena ni gloria de Olot, disuelto ha quedado su Ayuntamiento. Para sustituirle y regir la vida civil, Savalls nombra la Real Junta de Gobierno. Presídela D. José Saderra Mata y es su Secretario el abogado D. Ramón Torras Tomás. Su labor no ofrecerá nada digno de mención, pues quedará eclipsada por el esplendor del Cuartel general carlista, aunque dará muestras de juicio para no imitar a los republicanos que tantas iniquidades han cometido en la Villa.

Y Olot; será por un año cumplido la estrella de Cataluña, un año en el que se reintegrarán a sus hogares, un día abandonados, los olotenses que se fugaron para esquivar la persecución de los Republicanos o que fueron desterrados por éstos, un año en que la Villa aparecerá cual hervidero de fuerzas y personalidades del Carlismo, con pomposas fiestas y lucidos bailes en el Círculo Olotense y en la mansión de los marqueses de Vallgornera, y solemnísimos actos patrióticos, con todo el atuendo y aparato militar, especialmente proclamando, en el Paseo de los Infantes y desde el balconaje de la casa de los De Sola, tos «suspirados y venerandos fueros de Cataluña». Un Olot que se recobrará asimismo singularmente en las solemnidades religiosas y que espectará su tradicional «Ball Pla» presidido por Savalls del brazo de la Marquesa de Santa Coloma.


Fuente: Los Sitios de Gerona (192122232425 de marzo de 1944)

dimecres, 2 de febrer de 2022

Montserrat 2022: una jornada histórica

El pasado sábado día 29 de enero del año de N. S. Jesucristo 2022 tuvo lugar en Montserrat una peregrinación histórica. Peregrinación de desagravio por los ataques sufridos por la Cripta Mausoleo del Tercio de Requetés Nuestra Señora de Montserrat y por la retirada de la estatua del requeté yacente que estaba junto a la misma (y cuyo emplazamiento original fue modificado hace décadas contraviniendo, ya entonces, las cláusulas sobre el mismo). 

Sin especular sobre los designios de la Providencia, no han sido pocas las veces en la historia en que hechos dolorosos suscitan reacciones gloriosas, en las que el bien acaba ahogando en abundancia los deseos de la iniquidad. Algo de eso pasó en Montserrat este 29 de enero. 

El inteligente diseño de un acto en que se esmeraron los detalles más minuciosos canalizó el dolor de un carlismo catalán, y de los simpatizantes del mismo, excesivamente expectante en estos últimos años, desbordando las expectativas más optimistas. Una cuidada liturgia enraizada en la tradición inmemorial de la Iglesia sublimó la naturaleza penitencial y de desagravio de la peregrinación. Una organización representada por todos los sectores del carlismo activo en Cataluña, que supo animar a un carlismo “durmiente” y que se preocupó por velar por la seriedad y gravedad de la convocatoria, contando en este aspecto con el comportamiento ejemplar de los congregados. La determinación de no modificar la previsión del acto pese a las intimidaciones y presiones iniciales del personal de seguridad, que conforme avanzaba el mismo tuvieron que ir aflojando hasta el tramo final, en que el Abad pidió recibir a algunos representantes del mismo a quienes reconoció que le gustaría que todos los asistentes a Montserrat fuesen con el espíritu de esta peregrinación. 

El acto del día 29 no puede quedarse en la anécdota autorreferencial de las facciones virtuales. La Tradición verdaderamente vivificante fue la que se organizó en Montserrat, desde diversos impulsos y debería perpetuarse, volviendo a tener el carlismo catalán al menos una vez al año un acto significativo, netamente tradicionalista, abierto a los linajes históricos, a los que llegan a la verdad del tradicionalismo por maduración intelectual o por la Gracia y a quienes de buena fe se acercan desde otros espectros. Hay que romper la dinámica de actos íntimos y familiares, de los deleites intelectuales, de trabajar únicamente en actividades pías pero de fondo antipolítico y de disolver la identidad carlista en proyectos más amplios, aunque dignos, pero que en último instancia sirven a estrategias confusas o mixtificadoras. 

Que la Virgen de Montserrat siga iluminando las voluntades de los carlistas catalanes para seguir sacando de aquellos hechos tan inicuos la vitalidad de un carlismo alegre y combativo.







diumenge, 30 de gener de 2022

El precedente remoto del “procés” está en la primera guerra carlista.... pero en el lado liberal

Estamos cansados de oír a algunos periodistas, y a gente poco versada en historia, que los orígenes del separatismo catalán están en el carlismo, afirmación gratuita que jamás ha sido demostrada. Lo que sí está demostrado, en cambio, es que el primer catalanismo político, el que surge de las Bases de Manresa de 1892, era liberal y, por tanto, ajeno al tradicionalismo español (véase nuestro anterior artículo El separatismo catalán: un invento de la masonería de finales del siglo XIX).

Pero incluso algunos carlistas de hoy se han tragado el cuento de que el liberalismo español en el siglo XIX era, en lo tocante a la organización territorial, un bloque monolítico “centralista” y que fue el “constructor del Estado-Nación” en España (en verdad, el Estado-Nación lo habían hecho realidad en nuestra Patria siglos antes los Reyes Católicos, como decían acertadamente Juan Vázquez de Mella y los tradicionalistas de antaño), constructo al que supuestamente, dicen, se habría opuesto el carlismo.

Quienes así piensan se olvidan de que los dos primeros reyes carlistas, Carlos María Isidro de Borbón (Carlos V) y Carlos Luis de Borbón y Braganza (Carlos VI), jamás aludieron a los fueros de Cataluña, a pesar de lo cual hubo numerosas partidas carlistas levantadas en tierras catalanas de 1833 a 1840, de 1841 a 1842, de 1846 a 1849, de 1855 a 1856 y en 1860. De hecho, Cataluña fue la región con mayor presencia carlista tras el convenio de Vergara. Todo ello sin decir una sola palabra de los fueros de Cataluña, que oficialmente seguían suprimidos por el decreto de Nueva Planta de Felipe V. ¿Cómo se explica? Muy sencillo: las motivaciones del carlismo eran fundamentalmente otras.

Con esto no queremos decir que el carlismo fuese centralista, ni negamos que, con posterioridad, Carlos VII restaurase efectivamente los fueros de Cataluña, que llegaron a convertirse en una reivindicación más (no la principal) de la Santa Causa en el Principado. Lo que sí negamos es que ese bloque monolítico liberal español existiese. Nada más lejos de la verdad. El liberalismo más exaltado siempre fue anárquico y centrífugo. Se vio claramente en el cantonalismo de la década de 1870, pero el tema venía de antiguo. No venían a construir el Estado, ni la Nación, sino a destruir con sus principios disolventes esas dos formas en que se presenta España (para conocer mejor la doctrina tradicionalista al respecto, véase el folleto La Nación y el Estado). Por contra, el carlismo siempre tuvo una idea política de España y la voluntad de que el orden reinase en todas sus regiones y provincias.

Como ejemplo de ello traemos hoy un extracto de la Gaceta Oficial (órgano de los carlistas durante la primera guerra publicado en Oñate), que el 9 de mayo de 1837 se hacía eco de un artículo publicado en El Vapor de Barcelona, denunciando el intento de crear una república catalana. ¿Les suena?

El órgano de los carlistas escribía:

El Vapor dice, que en Barcelona se han repartido con profusion folletos incendiarios y proclamas sediciosas, notándose ademas reuniones sospechosas y gritos de alarma: que se han fabricado un gran número de puñales; y en fin, que mil antecedentes demuestran que se trama una conspiracion infernal...

En efecto (prosigue el mismo periódico) aun se insiste en la idea de constituir una república federativa, compuesta de las cuatro provincias del Principado. La sociedad Madre de Madrid, de acuerdo con la de los Derechos del hombre de París y la de los Vengadores de Alibeau, lo ha dispuesto asi y dirije el movimiento. Se procura inflamar à la multitud, hablàndola de las humillaciones que sufrimos, y ha sido seducida una porcion de proletarios, ofreciéndoles honores y riquezas... Se dice que si las elecciones del nuevo ayuntamiento recayeren en los republicanos, como se espera, seràn celebradas con algazara, con música y demas que es consiguiente... 


Por desgracia, mucho nos tememos que seguiremos sin oír nada sobre las bullangas y el liberalismo progresista como el verdadero origen del processisme. Pero los hechos están ahí para quien quiera estudiarlos. Y sí, para el carlismo, al unidad de España es sagrada, innegociable y un fin en sí misma.

dijous, 20 de gener de 2022

La abadía de Montserrat retira el monumento al Requeté caído

El profesor Javier Barraycoa, presidente de Somatemps y dirigente de la Comunión Tradicionalista Carlista, es entrevistado por José Javier Esparza en El Toro TV sobre la retirada el pasado 14 de enero de 2022 de la estatua al Requeté del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat, frente a la cripta en la que yacen cientos de muertos por Dios y por España:


dissabte, 11 de desembre de 2021

Francisco Palau Rabassó y la Peña Ibérica: Españolismo, tradición y deporte en la Cataluña de los años 20 y 30 del siglo XX

Declaración de Francisco Palau Rabassó. Fuente: Documentación privada de José del Castillo Álvarez. Tomada de la obra «Falange, Guerra Civil, franquisme: F.E.T. y de las J.O.N.S. de Barcelona en els primers anys del règim franquista», por Joan Maria Thomàs (págs. 437-449):


Difícil resulta poder precisar cuando la distancia del tiempo ha ido velándolas y tengo que fiarlo todo a mi memoria: único elemento de que dispongo al escribir estas líneas. En este bosquejo, por lo tanto, podré confundir algún nombre y preposterar los hechos de la ilación histórica; más no se me podrá tachar de adulterar la verdad ni menoscabar la rectitud de intención. Citaré nombres de amigos, camaradas y aun de enemigos, que podrán testificar cuanto digo y afirmo. De estos unos han muerto, otros han sido asesinados o han caído en la redentora cruzada; pero dichosamente quedan más que suficientes para avalar mi conducta y mis aserciones. Además pública y notoria han sido siempre mi actuación españolista para que ahora pudiera tergiversarla con adornos superfluos. Vendrell y su comarca, Tarragona, Barcelona. Villanueva y Geltrú. Tarrasa, etc., aun no se ha borrado el recuerdo de mi estancia en ellas, y fácil es indagar cuanto a mi respecta. 

No creo necesario deshilvanar, hebra a hebra, el hilo de mi vida. Supongo bastará que anote los hechos precisos que sirvan de mojón con que estaquillar el camino que he recorrido. Extenderme con minucioso detenimiento sería apartarme del objeto de lo que se pretende demostrar. Ya de por si resultan pesados y fatigosos estos memoriales; pues todo lo pasado pierde interés e intensidad emotiva; sólo el actor, el que lo ha vivido, le concede importancia. 

Tampoco me parece oportuno ni ser yo el indicado para desacatar lo que permanece velado al dominio público. Bien que de algún episodio conocido por su acto de realización externo, apunto algo que haga referencia a mi intervención. 

El orgullo de mi labor patriótica no me ciega con la enfatuada presunción de que sea conocida de cuantos han obrado en este sentido españolista en Cataluña. Por el contrario, soy el primero en reconocer de que es natural que haya muchos de estos que no solo me desconozcan sino que incluso ignoren mi existencia Con este trámite obligado encontrarán datos que les oriente para la revalidación que me justifique, de lo que expongo u de lo que omito, acudiendo a las personas que puedan acreditarlo de manera cierta y positiva, y no porque yo se lo haya referido o porque otros se lo hubiesen contado: y así podrán examinarme de frente, de espaldas, de canto y de través. 

Por lo que me estimo no necesario fantasear mi imaginación, ni la ajena, de lo que soy y de lo que hice. Si hay abrojos en la senda de mi ruta, los he pisado, sabiendo lo que hacía a plena conciencia. Nada me duele ya. El sol, encendido y radiante, que hoy contemplan y alumbra a todos los españoles siempre ha alumbrado para mí.


Francisco Palau Rabassó
(El Vendrell, 1900-1954)


FRANCISCO PALAU RABASSÓ, Ingeniero, de 38 años, soltero natural de VENDRELL, Jura ante Dios y por su honor ser verdad:

Ingresé en la «Juventud de Derechas» en Vendrell en 1910. En 1915 me di de alta en el «Centro Tradicionalista» de la calle Puertaferrisa, del «Requeté» y de la «Agrupación Escolar Tradicionalista» de Barcelona. 

A fines de este año me hallé en el tiroteo que hubo en la calle Hospital y plaza Padró por repartir folletos a favor de la neutralidad, «Lerroux y su obra», a los concurrentes al mitin del «Centro Radical» del distrito V. De nuestra parte resultaron heridos Companys y B. Montagut. También intervino Serres (falangista), Centelles, Mediavilla, Cortés, etc. 

En 1916 a causa del discurso de Cambó en el banquete de los 5000 en el parque Güell, fuimos un domingo a obsequiarle con una pita ante su casa y luego a asaltar el local de la «Lliga» en la plaza Cucurulla. 

Ahondadas las diferencias entre los tradicionalistas partidarios de concertar componendas con la «Lliga» y los adversarios de ella, y a raíz de unas elecciones de Diputados provinciales efectuadas en Manresa, asaltamos un domingo por la tarde el «Centro Tradicionalista» de la c. Puertaferrisa. Se me expulsa del mismo porque se tiró un guardia de seguridad por el balcón; éste me parece se llamaba Carratalá. 

De esta época data mi amistad con M. Masana, F. Farrés, J. Gómez, M. Navarides, Serrés, hermanos Balcells, J. Maristany, M. Fernández, M. Castany, etc., que viven aún, y entre los que murieron o han sido asesinados: J. Aymat, B. Montagut, P. Villamor, E. Rico, P. Mediavilla, N. Costa, etc. 

En el curso de 1917 a 1918 la Escuda Industrial de Villanueva y la Geltrú, tenía acentuado matiz catalanista. En el curso siguiente, a pesar de ser un año de exaltada fermentación autonomista-separatista, me atrevo asegurar que éramos mayoría los estudiantes españolistas. En el curso 1919 a 1920 se fundó el «Ateneo Escolar» del que fui elegido presidente, y en el próximo la votación presidiola el secretario de la E.I. y profesor señor Crusat (catalanista de izquierda) —obtuve casi cinco veces más votos que el catalanista. El resto de la candidatura se votó a parte: ganó también la candidatura españolista. 

Invitado por P. Mestres (ex-consejero de la Generalitat) (en aquel tiempo presidente de la juventud Federal), a una manifestación pro-autonomía, no acepté; pero reuniendo a varios estudiantes y requetés nos pegamos a su cola y contestábamos los iVisca Catalunya Lliure! con ¡Viva España una indivisible!. La manifestación fué decreciendo en número, disolviéndose al pasar frente al «Casal Catalá». Al día siguiente con los amigos del día anterior (E. Sebastián, D. Batet, M. Montes, J. Milá, J. lñigo, etc.) nos estacionamos en la Rambla, dando vivas a España y a Cataluña españolista, y ya no hubo manifestación ni «explosions d'entusiasme». 

Un día que la banda del regimiento de S. Quintín daba un pasacalle, al pasar frente al Casal Catalá, los presuntos Vifredos y Fivallers empezaron a vitorear a Cataluña Lliure, contesté la provocación, acudieron otros en mi ayuda (Gil, Pepito, P. Balada, A. Ferret, etc.) y se armó la consabida zaragata. Hubo de salir la guardia civil y no sé qué caramba pasó que se creyeron obligados —catalanistas y federalistas— a celebrar un acto de desagravio a la bandera catalana, recabando a tal efecto la adhesión de los ayuntamientos de la región. 

Con motivo de que cruzara algunas palabras con el alcalde catalanista (señor Soler), este quería expulsarme de Villanueva. Espontáneamente, sin que yo se lo pidiera ni me lo dijera, intervino el secretario de la E.I., señor Crusat, logrando disuadirle sus propósitos. 

Durante el último curso publicamos un periódico (Juventud) de carácter juvenil y de ataque a los catalanistas. 

Pueden dar fe de mi estancia en Villanueva: J. Grau (Exdiputado provincial), A. Ferret, Alegre (jefe Falange), F. Figueras (profesor de la E.I.), cap. Jover, com. Ramírez, ten. cor. Sobreviela, Foradada, F. Soler y J. Sas (exconcejales), Massó Llorens (exdiputado provincial separatista, desterrado cuando la Dictadura, quien siempre se comportó correctamente conmigo a pesar de entrar a clase con un grueso lazo de la bandera española), A. Sedó y R. Barbat (exconsejeros de la Generalitat), etc. 

En 1920 iba a veranear S. Segui (a) Noy de Sucre, en la playa de Comaruga de Vendrell. El S.U. de esta villa contaba, entre hombres y mujeres, más de mil afiliados. Es entonces cuando reuniéndonos 12 amigos fundamos la «Juventud Jaimista». De estos seis han sido asesinados: Bomsons, Baldris, Ribas, Vidal, Miró, Trayner, y Gibert fué fusilado pero solo lo hirieron y pudo escapar con vida; Barot, murió, y restamos Marqués, Gual, Gálvez y el que esto escribe. 

Con anterioridad se había asesinado a un pequeño propietario-labrador (Nin) y a un albañil (Fasi). En un mitin se instó contra J. Marqués y contra mi. Posteriormente se realizaron dos atentados más; el uno Pablo Padro (últimamente diputado por los rabassaires en el Parlamento de la República) y el otro contra un tal Pitxet (en la actualidad lo busca la policía como autor de numerosos asesinatos). Aun cuando resultaron ilesos, sus trajes fueron agujereados por las balas. No había fiesta mayor en los pueblos colindantes que terminaran sin riña. Ya no vino a veranear el Noy de Sucre en 1922, en que la lucha proseguía firme y enconada: ellos perdieron terreno y crédito; nosotros, afianzándolos. 

De Vendrell huelgan nombres, todos me conocen. 

En la Escuela Industrial de Tarrasa se repitió en 1922 lo que en 1918 había acontecido en la de Villanueva. Así se comprende que el Dr. Martínez Vargas (la Dictadura lo nombró Rector de la Universidad de Barcelona) viniera personalmente a inaugurar el ejercicio de 1923 a 1924, casi al finalizar el curso —recuérdese que en la Apertura de Curso de la Universidad de Barcelona se le silbó, y que los catalanistas amenazaron en repetir la pita si se presentaba nueva ocasión, fuese en la ciudad que fuese. Antes de la inauguración oficial del curso, los estudiantes del último año de ingeniero, fuimos requeridos por el secretario de la E.I., señor Ferré. Para tantear la predisposición de los escolares. A sus primeras preguntas respondile en nombre de los presentes (Calleja, Batet, Contreras, Ors, etc.) que le aseguraba un éxito completo. Y resultó un éxito, no escaseando los vítores ni los aplausos. Tan satisfecho se mostró el Dr. Martínez Vargas que prometió interceder cerca del General Primo de Rivera, para que el próximo año de excursión que realicen los nuevos ingenieros de una E.I. de España a cuenta del Estado, fuera designada la de Tarrasa, pues el de aquel año ya se había dispuesto. La excursión se efectuó. Fué una de las más magnificas que ha realizado Escuela alguna. De ella se aprovecharon varios catalanistas, incluso algún separatista. Yo ya había terminado la carrera, y fui, como todos los años a veranear, al lado de mis padres, en Vendrell. 

En 1922 publiqué en Tarrasa un semanario tradicionalista: «El Pistolero». 

En este mismo año se me encargó la organización de los «Grupos Esportivos Iberia» de Tarrasa y de Vendrell. 

En las elecciones de diputado a Cortes de 1923, los catalanistas pagaron 5000 ptas a los «G.E.I.» para que, a Batet y a mí, se nos ordenase salir de Tarrasa el día de la votación, desde las 7 de la mañana a las 4 de la tarde. Después de cenar salimos a la calle con varios requetés a contrarrestar las manifestaciones en que se daban gritos no gratos hasta hostiles a nuestra Patria. Aquella noche el celebérrimo «escamot» Samper (a) Caratallat, el esporman que llevó la pluma de oro a S. Sebastián para que D. Niceto firmarse el «Estatut» tuvo que quedar a dormir en un bar de la calle de S. Pedro. 

Pueden dar fé: Playa, Canals, Tremps, S. Farré, A. Oliva, G. Querol, Hernández, Pujadas, Dinarés, Fitó, F. Belda, Cadafalch, Parés, Abad, J. Ferrer, Solsona, etc. 

A principios de 1923 en una conferencia de Martí Esteve en el centro de Acció Catalana de la calle Cazadors, y en el cual acudimos unos 20 tradicionalistas (A. Oliveras, Rico, Batet, Costa, Querol, Gómez, etc.), se produjo el gran escándalo al decir el conferenciante: «los catalanes no debemos admirar a los irlandeses, sino imitarlos». Todos los presentes, venidos a buenas razones, gritaron ¡Viva España!; siendo, desde luego, Ventura Gassol, Martí Esteve y Matons, los que mas veces tuvieron ocasión de repetir tan altisonante y hermosa frase. 

Recuerdo palabras exactas, entre otras, que dije en catalán a Ventura Gassol: «Mi educación me priva de que insulte a tu madre, pero si hay otras que te hagan tanto daño te las das por dichas, o si no te las inventas». Al acudir la policía —que ellos fueron a avisar—, todos los émulos del alcalde de Cork, no soltaban una palabra en catalán ni por casualidad. 

En 1923 se funda la «Peña Deportiva Ibérica». 

Al advenimiento de la Dictadura recibí orden de movilizar a los «G.E.I.» para ayudar en lo que fuere necesario a su implantación. 

Fué designado el capitán de artillería López Gatell, Delegado gubernativo de Vendrell. Se hizo amigo del grupito catalanista, so pretexto de que había que atraer a los de la acera de enfrente. No simpatizamos. Más tarde desterró a dos caracterizados españolistas: Serra y Olivé, este último director del semanario derechista «El Vendrellense», único de los tres que aparecían en la localidad, que se publicaba en castellano. También amenazó hacer lo propio conmigo. En 1934 este López Gatell fué condenado a cadena perpetua por los sucesos del 6 de Octubre, como segundo de Pérez Farrás. 

En 1924 publicamos «La Lucha Deportiva». 

En 1925 recibí orden de movilizar a los «G.E.I.». Así lo hice e inmediatamente me trasladé a Barcelona para estar cerca del Junta de Mando. Pero al tener confidencias de que íbamos conchavados con Maciá, Barriovero, la «Lliga», Vidal y Barraquer (confabulaciones en las que Roca Caball, cada dos por tres, durante un tiempo, embrollaba a los tradicionalistas catalanes); al enterarme, pues al instante recabé mi libertad de acción y advertí que los grupos de mis amigos saldríamos, pero que, desde luego, sería para pasar a degüello a los grupos de Maciá» este era, al parecer, quien debía comandar los grupos ajenos a los de «G.E.I.». A los pocos días renuncié a mis cargos y me retiré de la disciplina del partido Tradicionalista. 

En aquel tiempo, y a raíz de los anteriormente manifestado, es cuando induje a varios amigos (López, Batet, Orá, Abad, Correa, Poblador, Sebastián, Valderrama, etc.) a hacernos con la «Peña Deportiva Ibérica» cambiar el nombre en «Peña Ibérica» y extender a más amplios horizontes su actuación. 

Data también de esta época que al Inspector Inestrillas le avisé de que la gente enviada a Francia para espiar y vigilar los manejos de los separatistas, había algún elemento del cual se tenia que desconfiar. Más tarde hecha la misma advertencia a R. Sales, a los pocos días me contestó que el general —Martínez Anido—ya se habla enterado y que habían resultado ciertas las sospechas. 

En 1926 o 1927 un aeroplano francés cayó cerca de Masllorens. El chofer de Vendrell A. Romeu, fué a recoger a los pilotos y llevarlos al campo de aviación de la compaña francesa en Barcelona. Se sorprendió al ver que al quitarse el mono vestían el uniforme de comandante y capitán del ejercito francés, dándose cuenta de que el envoltorio que habían retirado del avión y llevado consigo, era una máquina de fotografiar. Se lo escribí al General Primo de Rivera. A las 48 horas se personaron las autoridades en el lugar del accidente, comprobando la denuncia en todos sus extremos. A los pocos días publicose una disposición sobre los vuelos. No había transcurrido muchas semanas cuando un aparato francés aterrizó en la prov. de Alicante; detenidos sus dos ocupantes, resultaron ser dos militares franceses. 

Tampoco puedo precisar la fecha, puestos de acuerdo varios amigos (Callao, Gual, Botinos, Batet, Gual Guixens, Abad, Melchor, etc.) para derribar la estatua de Casanovas, nos encaminamos la noche que media entre la del uno al dos de Mayo al lugar en donde se erigía. No pudimos realizar nuestro proyecto, pues junto a la estatua había apostados unos veinte guardias de seguridad; también estaban tomadas las bocacalles que daban acceso a la plaza. Nada nos dijeron al vernos pasar con cuerdas, varillas, etc. Alguien (y este «alguien» me reservo su nombre) inconscientemente debió hablar con quien no debía. «La Noche» del día siguiente se ocupó de este intento que, al fin, ha sido realizado al entrar el invicto Ejercito Nacional en Barcelona. 

Cuando lo de Prats de Molló, G. Querol (recién llegado de Paris, Marsella y Toulose) me puso al corriente de los manejos y propósitos de los separatistas, que residían en Francia. Avisamos al inspector Inestrillas, quien tomó nota y fué a comunicarselo a sus superiores sin pérdida de tiempo. A los cuatro días es cuando intentaron realizar sus criminales deseos. Ignoro si las autoridades de entonces dieron crédito a lo que se les advirtió con la debida antelación. 

En 1927 la «Peña Ibérica» decidió publicar «La Verdad Deportiva». En este semanario publiqué una serie de artículos en que ponía al descubierto la labor subrepticia de los separatistas catalanes. En uno de los cuales especificaba los trabajos de Maspons y Anglasell en Ginebra y la conferencia que dió en Moscú. En otro, la relación que existía, por mediación de A. Nin, entre los sucesos de Maciá con los Soviets; en otro, los conventículos que en el chalet que el «Centro Excursionista de Cataluña» posee en la Molina, celebraban Ventura y Gasol con otros caracterizados separatistas, que ni siquiera eran socios del mentado «Centro Excursionista». Recuerdo que este último nos valió una fuerte reprimenda del entonces Gobernador Civil, negando fuera cierta. Ya implantada la República, Ventura Gassol, desde un balcón de la Generalitat, se vanaglorió de ello. Todos estos artículos fueron censurados, a pesar de lo cual algunos se publicaron. 

En un articulo aparecido en la página que intitulamos «Nosotros» de «La Verdad Deportiva», declarábamos que los de «Peña Ibérica» éramos fascistas. 

En el mes de Mayo de 1929 el señor Bau (jefe de U.P. de la prov. de Tarragona) me ofreció la jefatura de Vendrell y su comarca, nombrándome alcalde y que designara a los concejales. No acepté su ofrecimiento. 

Por este tiempo me hice del «Somatén». Si bien no se me dió de alta hasta mucho después; una noche, cuando cenaba, me trajeron el carnet, licencia de arma corta, y no se cuantos papeles más, con la orden de que inmediatamente me personara en el local, pues habíamos de salir para montar un servicio. De cincuenta y tantos que éramos de la Ronda ambulante, solo nos presentamos seis; de estos, otros dos se les había llevado el carnet aquella misma noche. En Agosto de este año vino a visitarme el señor Fuguet (entonces Vicepresidente de la Diputación Provincial de Tarragona) para que aceptase el cargo de Diputado provincial por aquella provincia. Tampoco acepté su amable distinción.

Nos acercamos al año 1930. Caída de la Dictadura. Cambia por completo el panorama político de toda España, pero en particular en Cataluña. Banderas catalanas —por más que no las viera el general Berenguer en su viaje a esta— y banderas separatistas. Las gentes se sitúan o amoldan a la nueva norma política. La censura me tacha un articulo que debía aparecer en «La Protesta», en el cual contestaba y rebatía el libro de Cambó «Per la concordia». Sin embargo, en aquellos días se publicaron otros en «La Batalla», «L'hora», que llamaban ladrón a Cambó y le dirigían otros epítetos parecidos. 

La «Peña Ibérica» traslada su domicilio a la plaza Universidad y su primer acto es izar la bandera española. Despedida al general Barrera. Colisión con los de «F.U.E.» en el teatro Novedades en un festival que tomaban parte los coros de la «F.U.E.» gallegos y Sbert. A toda prisa nos hacemos socios de la «U.P.» del distrito V para evitar que se adhiriese a la «Lliga». Doy una conferencia en el local de la «Peña Ibérica» afirmando nuestra naturaleza de españoles y nuestra voluntad inquebrantable de serlo y que para ello, si era necesario, aceptaríamos la lucha, fuera lo que fuera y aunque tuviéramos que salpicar de lodo. Se me expulsa por indeseable del «Somatén», cuyo jefe de distrito era el conocido librero y caracterizado liguero Puig Alfonso —exconcejal del «Lliga» y volvió a serlo del primer ayuntamiento nombrado por la Dictadura. 

Visita inopinada y reservadamente «Peña Ibérica» al Canciller del Consulado de Italia. Una comisión de «Peña Ibérica» pasa a saludar al cónsul del país amigo, quien los agasaja y los presenta al personal del consulado. 

Viene Albiñana, acudimos a recibirle. En nuestro local pronuncia un discurso de exaltado patriotismo. 

Sublevación de Galán y García Hernandez. En esta ocasión las dos únicas representaciones que acudieron a ofrecerse a Capitanía General, fueron «Peña Ibérica» y «Sindicatos Libres»— pasada la tormenta se cursaron innumerables telegramas pidiendo el sitio de honor

La «Lliga» hace campaña demagógica. Conferencia de Roda Ventura en el local de la «Lliga» de Gracia contra la Dictadura. Terminó a silletazos, siendo detenidos tres ibéricos (Gual, Pastor y Amat). 

«Peña Ibérica» acuerda apoyar todo acto españolista, sea el color político que fuera. 

Campaña electoral. «Peña Ibérica» acuerda dar un Mitin en que la entrada fuese libre (recuérdese que entonces todos eran por invitación), para afirmar pública y categóricamente, nuestra condición de españoles. En todo aquel período, febril y agitado, solo «Peña Ibérica» fué la única que levantó la voz para enaltecer y honrar el nombre de España. Al advenir la República el primer local que asaltaron las pandillas de bigornios fue el de «Peña Ibérica». Era una turbamulta que dirigía el cap. Miranda. El miércoles o el jueves de aquella semana vino a buscarme el coche de la Gerencia a la cantera y me trasladó a las oficinas de Barcelona. En el despacho hallé a D. Pablo Martínez, Julio Milá y a mi hermano Salvador, proponiéndome casi imperativamente, que emprendiese un viaje por el extranjero. Me negué en absoluto, puesto que consideraba entonces más que nunca debía permanecer en Barcelona. 

Envío a Batet a entrevistarse con el señor Pascual —éste era ibérico y había sido secretario político de Morales Pareja— para ofrecer al partido Radical que si nos acompañaban 50 de sus correligionarios, los de «Peña Ibérica», íbamos a asaltar la «Generalitat» (recuérdese que aquellos días regía la república catalana). 

A últimos de Abril, a las diez de la noche, suben a la cantera el teniente, el sargento y cinco números más de la guardia civil (de estos algunos vuelven a estar en el puesto de S. Feliu) para registrar la casa en que vivía, las oficinas, etc. Se marcharon a las cuatro de la madrugada. A últimos de Abril de 1931 nos reunimos en mi domicilio de Barcelona, Ponz, Correa, Belén, Salvado, y Catalá de Besi, constituyéndonos en Comité Revolucionario de «Peña Ibérica» Aconsejamos a los ibéricos se hagan socios de alguna entidad —ya sea política, cultural o de recreo—, al objeto de extender nuestro radio de acción. 

En Mayo con J. Bertrán y Güell y Bosch Labrús, formamos la «Junta Revolucionaria» de Barcelona. 

Considerando conveniente la creación de un instituto obrero, de acuerdo con Bertran y Güell, fundamos la «Federación Obrera Catalana». En representación de «Peña Ibérica», forman parte de la junta, Correa, R. y J. Valderrama, Pastor, Peña y Salvador. Por la actuación equivoca de algunos elementos hacen dimisión de sus cargos al cabo de algún tiempo. 

En Septiembre de 1931, celebramos una reunión en el «Mina», presidida por el Marqué de Esquilache, en la que acudieron el Conde Vallellano [sic] (hermano del Conde Rodezno) y otro tradicionalista —creo se llamaba Borrás y que era valenciano—, J. Bertrán y Güell y Bosch Labrús por los alfonsinos; y Sabadell y yo por «Peña Ibérica». Tres condiciones formulé, que fueron aceptadas por unanimidad: 1.° Que el día del Alzamiento, todos los paisanos tenían que salir a la calle con fusil; 2.° Que a cuantos interviniesen se les daría empleo o colocación, y que se les haría considerar, en donde entrasen a trabajar, como de los más antiguos; y 3.° Que a las familias de los que resultasen muertos o malheridos, se les proporcionaría un medio de vida decoroso. 

Se constituye una nueva «Junta Revolucionaria» presidida por Irahola. Entre otros la integran: J. Bertrán y Güell, Bosch Labrús, Llanas de Niubó, Poblador, Sabadell, Ponz, y yo. A principios de 1932 la representación de «Peña Ibérica» (Ponz y yo) nos declaramos incompatibles con Juan Sabadell y explicamos las razones que nos obligan a tomar tal determinación. 

Fort va a Madrid, y le exponen que es necesario atentar contra una alta personalidad para que el Movimiento se produzca. Bel viene de Madrid acompañado de dos delegados. Nos apremian para que activemos la organización, y de que necesitaran 4 o 5 «hombres bien dispuestos» para que fueran a Madrid. Les aconsejamos que visiten a Irahola y Bertrán y Güell, al Comandante Mandolell y Poblador, y al Conde de Vallellano [sic] y Félix Oliveras. 

Al regresar de uno de sus viajes a Madrid, Fort nos pregunta: «Cuánto necesita «Peña Ibérica». Le respondimos: «Nada, solo órdenes». En alguno de sus viajes se lleva «hombres bien dispuestos». 

Se me llama urgentemente estando en la fábrica. Acudo con Bel a la calle Sepúlveda, en la casa en que residía Baratech. En una habitación estaba la señora este y J. Gascón limpiando de 40 a 50 pistolas oxidadas. En el comedor Fort y Baratech. El primero de los cuales me dijo: Los únicos grupos que se avisan los de «Peña Ibérica» y estos debían estar preparados para obrar en el término de 48 horas. Ante la premura del tiempo y de las pistolas oxidadas (siempre se nos había prometido buen acopio de ellas y de la clase llamadas ametralladoras como asimismo bombas de mano etc.) expuse algunas objeciones. Contestándome Fort «Arréglatelas como puedas, pero hay que asaltar la Generalitat tan pronto salgan las tropas a la calle. Cuando sepas quien me ha encomendado que trasmitiera esta orden no pondrás ningún reparo. Ahora no te digo su nombre porque no tengo su consentimiento, pero esta noche es fácil pueda decírtelo». Por la noche me dijo su nombre: General Barrera, quien se hacía cargo del Movimiento en Cataluña. Lledó nos trajo algunas pistolas más, estas en buen uso y ofreció su concurso y el de sus amigos. Antes de cenar celebramos una reunión (Correa, Maristany, Pastor, Mota, Catalá de Besi, Peña, Valderrama, etc.). Requerido Poblador se mostró desde el primer instante dispuesto a todo lo que fuera menester. El día esperado cada cual estuvo en su sitio. Era el día que Alcalá Zamora llegaba a Madrid de regreso de su excursión a Palma de Mallorca, Sanjurjo aun era Director General de la Guardia Civil. 

¿Por qué no se dió la orden? No lo sé ni he intentado averiguarlo. Creo que los militares retirados por la Ley Azaña también estuvieron movilizados. 

Con motivo del viaje de Herriot a España, escribí la primera hoja clandestina contra el régimen y sus hombres. Se intitulaban «Al Pueblo» y en la página reversa llevaban la poesía de Bernardo Lopéz García «El 2 de Mayo». 

Repásense los legajos de la Comisión de Responsabilidades que vino a Barcelona presidida por Guerra de Rio. A muchos de los comparecientes se les preguntaba si conocían a Francisco Palau Rabassó, presidente de «Peña Ibérica». 

Atentado frustrado contra Azaña. Tres de los detenidos eran de la organización de «Peña Ibérica» (J. Ferrer, Juan de la Manta y Bel). Tres de las cinco pistolas del celebre maletín, eran mías. 

El comandante Jimeno avisa a Catalá de Besi de que «Peña Ibérica» tenga los jefes de grupo concentrados para la noche del 9 al 10 de Agosto. Aquella noche y la siguiente estuvimos en el «Mirza» hasta altas horas, aguardando las órdenes sin que nos llegara una, ni la de que podíamos ir a dormir. 

A principios de 1933 fundamos el «Centro de Cultura Ciudadana». Durante este año se proyecta vengar al teniente de caballería asesinado por Menéndez el día 10 de Agosto. A los comisionados les digo que busquen en otros lugares los «hombres dispuestos». Vuelven a los quince días y celebramos algunas entrevistas, poniendoles en relación con «hombres dispuestos». Estos (Abad y Maristany, este último asesinado) solo piden se les lleve a Madrid y que si mueren que se atienda a su familia.

Por esta época también comparecen otros dos enviados de Madrid. No recuerdo quien les avaló ni como se llamaban (no obstante, me parece que más tarde fueron detenidos en Madrid por prender fuego a una tribuna desde la cual D. Niceto había de presenciar un desfile). Me citan para la noche en el «Patria», más como en la misma hora debo encontrarme con el cap. Despujol, Rato y otro en la «Puñalada» sita en el Paseo de Gracia, encuentro a Poblador y le encargué esta misión. Los planes y proyectos que le propusieron, según me manifestó Poblador, eran cual más desacertado e inaceptables. En Otoño lanzamos a la publicidad el seminario «El Combate», de tendencias netamente fascistas. 

Movilización general para el día de las elecciones —Noviembre 1933— a las 10 de la noche. Se aguarda la orden de ir a posesionarnos de varios centros oficiales. A las tres se comunica con Madrid. A las cuatro se nos manda a ...dormir. 

Se funda «Unión Social Hispánica» y el «Centro de Cultura Ciudadana». Se me requiere para que entre a formar parte del primer Triunviro «Falange Española» en Cataluña. Viene José Antonio a Barcelona y designa: Basas, Santa Marina, Fontes, Claret y a mí. En una reunión del triunviro acordamos cambiar la junta de «Unión Social Hispánica». El día de la asamblea somos elegidos Santa Marina para el cargo de secretario, y yo para el de presidente. El primer acuerdo de la nueva junta es el de adherirse a «Falange Española». En el primer trimestre de 1934 por la fusión de «F.E. y de la J.O.N.S.» entra a formar parte del triunviro, J. M. Poblador y Berenguer. 

Por ciertas discrepancias surgidas en el seno del triunviro, no se imprime a la organización la actividad que es de desear. Se organiza un gimnasio de «F.E.». 

Me retiro del triunviro a causa de las discrepancias. Sigo, no obstante en el cargo de presidente de «U.S.H.». 

Visita «U.S.H.» Gual de Manresa (organizador de la C.E.D.A. en la mentada población) acompañado de Prats (exconsejero de la «Generalitat» después del 6 de Octubre). Nos invitan a que organicemos la C.E.D.A. Desechamos la propuesta. Prats, Tomás, Fernández, y algún otro elemento pide una reunión a la junta de «U.S.H.». Se les concede; en ella también asisten Correa, Rodriguez, Valderrama, cap. Navarro, Ponz, Claret, etc. Prats propone ingresar en la «C.E.D.A.» y que una comisión se traslade a Madrid para entrevistarse con Gil Robles. Después de breve discusión se rechaza la proposición. Se acuerda redacte un manifiesto. 

Repartimos manifiesto de «U.S.H.», en el que nos declaramos: españoles, antidemocráticos, antiparlamentarios, partidarios del régimen nacional-sindicalista, y del estado totalitario corporativo. Recibo confidencia de que el día anterior hablan salido para Madrid, varios sindicalistas, pagados por los socialistas de Madrid, para atentar contra José Antonio. Sin perdida de tiempo se lo comunico a Santa Marina, quien inmediatamente avisó a José Antonio. A los pocos días fué objeto de un atentado el hijo del Luque, confundido con José Antonio. 

Pronuncio conferencia en «U.S.H.» tratando la «Unidad Española» en sus cuatro aspectos: la geográfica, de la raza, la política-social y la espiritual. 

La noche del 6 de Octubre aguardo en casa Benet al cap. Navarro, quien debía pasar a recogerme para ir al cuartel. A las doce de la noche me reintegro a mi casa. A la mañana siguiente me levanté a las seis de la mañana y al salir a la calle me entero de que Companys y demás compiches se habían rendido. 

En marzo o Abril de 1935 entramos en contacto con la «U.M.E.» Designamos al cap. Navarro para enlace de la citada organización. Nos encarecen tengamos grupos preparados para actuar en octubre. Les contestamos que los tenemos para actuar a las cuarenta y ocho horas. Con Segura, Colom, etc. fundamos las «Juventudes Antimarxistas». 

Solicitando por Berenguer y Cebriano, me presentan a Ledesma Ramos. Me expuso los propósitos de la creación de otra organización nacional de carácter fascista, invitándome a cooperar en la misma. Rehusé y de mi parte procuré disuadirle, considerando que era una lamentable equivocación, ya que no era el tiempo el más adecuado para que nos dividiésemos. 

Sale «Presente!». Segura y Giménez me piden que colabore. Así lo hago. 

Durante estos meses hay distintas movilizaciones y aplazamientos. Recogemos fusiles para mandar a Madrid. Doy tres de míos. Elecciones 16 de Febrero de 1936. Todo preparado, previsto y dispuesto. 

Fracaso electoral. Toda la noche en vela aguardando la orden que tampoco llega. Desilusión y amargura. Es entonces cuando escribí las hojas revolucionarias que dirigidas a los «españoles» firmaba «Cruces de Sangre» (con este nombre se encubría el de «Peña Ibérica»). Ya regularmente fueron apareciendo otras. 

Los meses que se sucedieron fueron de intensa actividad. La mayoría de los días de Abril y Mayo, no comparecí a trabajar, Laguasca me dió por tres veces la orden, «esta semana no vaya a trabajar». Inútil que las ordenes de movilización sus correspondientes contraórdenes se repetían cada dos por tres. 

Entrevistas con Mosén Guiu, algunas acompañado de Fort y de Lladó. En una de las cuales me encarece en gran manera a vigilar al «Casino Militar». Las visitas que hacen al citado casino ciertos jefes y oficiales que tienen su destino en Madrid, en especial al ayudante de un general que también está con destino en Madrid. Se encargan de este cometido Ponz, Lemel y el Dr. Bellot. 

Otras entrevistas con el cap. López Varela. En la discusión de un proyecto, me dijo: «no solo es conveniente y necesario que se realice sino imprescindible para que el movimiento sea un hecho». Quedamos acordes. Por nuestra parte nos encargaríamos de uno y otra organización del otro. 

Atentado contra Crespo Moracho. El de Sandino no se realiza. 

Avisé al comandante Mandolell de que había malos informes del camarero que le servía café, en la granja del Paseo de Gracia. También hago llegar aviso a Poblador de que cierto falangista que trabaja en el canódromo de Sarriá, hay quien asegura que es un espía de lo escamots. Siempre que de alguien tuve noticias parecidas, advertí a quien debía hacerlo para que comprobaran su certeza o falsedad. 

El asesinato de Calvo Sotelo colma de exasperación a los buenos españoles. A las cinco de la tarde del sábado, día 18 de Julio de 1936, el cap. Navarro recibe orden de que los encuadrados en «Peña Ibérica», deberán presentarse en los cuarteles de la Vía Icaria y otros al de la Guardia Civil de la calle Consejo de Ciento, entre dos a cinco de la madrugada. Se le advierte que en absoluto, no se ha de decir nada a nadie, hasta que se reciba el santo y seña. 

A las once y media de al noche el teniente Solano viene al «Turia» y me da santo y seña y además 500 ptas para el cap. Navarro por unos anticipos que había hecho. A los 20 minutos comparece Navarro. Viene de «Acción Obrerista» y está cerrado; pasamos por Gracia y un enlace (Juan Guri) nos dice que hacía media hora que se habían marchado, pues el bar se había llenado de «mala gente» y que a Maristany lo encontraríamos en el Kennel de Sarriá. Efectivamente allí está. También encontramos a Paris Gimenez, Dr. Bellot, Correa, Valderrama, etc. Sale el cap. Navarro en coche a transmitir el santo y seña a los demás grupos. Nos encontramos con Poblador, Bosque, Pérez, que tienen que ir al cuartel de Pedralbes. Los guardias de Asalto entran en el Kennel, cachean y detienen alguno. A las cinco me presento en el cuartel de la Guardia Civil, encuentro entre otros al comandante Sobreviela (Hoy ten. coronel), al Ten. Benosa. Subo a una habitación en que hay varios jefes y oficiales. Después el ten. de guardia (ahora detenido con la graduación de ten. coronel de Asalto) nos quería poner de «parapeto» a los paisanos cuando dijeron que la artillería venía atacarnos: luego nos detuvo en el patio, más tarde quería entregarnos a los de la «F.A.I.» cuando vinieron varios coches a buscar municiones, impidiéndolo un cap. de la Guardia Civil. No sé a qué hora era que el comandante Sobreviela nos dió salida a los paisanos. Entre 5 a 6 llegué a casa Benet. Algo mas tarde compareció el cap. Navarro. Me quedé a dormir en casa de Pepito. 

En la noche del 21 al 22, las dos, delatados por F. Delgado, vienen varios coches de la «F.A.I.». Al abrir la puerta ya dispararon hiriendo al cap. Navarro quien rematan abajo en la calle (Aragón, entre Rambla Cataluña y Paseo de Gracia). 

Yo me salvo por verdadero milagro. Me refugio en casa del Sr. Wyrowoy. El 25 de Agosto tengo que escapar nuevamente y me acoge Pepe Montón. Tanto mi familia como los Señores Wyrowoy, procuraron en vano obtener un pasaporte con el cual pudiera intentar pasar al extranjero. 

Me aseguraron que por la provincia de Cuenca era fácil pasar a la España Nacional y con este propósito salgo el 14 de septiembre para Valencia. Todo en vano. He de permanecer en Valencia con la documentación que me prestó José Gumbau Olivar (este es el nombre que usé desde principios de Agosto) hasta el día de liberación, 29 de Marzo de 1939. 

Placa ubicada en la casa que nació Francisco Palau.
En Valencia mi historia es la de tantos perseguidos. 

En el mes de Octubre un tal Martínez me proporciona carnet de la «S.U.R.T.E.F.» por mediación de Don Juan Ros, éste igualmente huido. De este sindicato pasé al de vendedores ambulantes, y de este al de fotógrafos. 

A los pocos días de estar en Valencia llegó a mis oídos de que la Guardia Civil se iba a sublevar. Como en la Pensión Bilbao había un cabo de G.C. aun cuando ignoraba quien era y como pensaba, me ofrecí acompañarle al cuartel y unirme a ellos. Desde entonces nos unió y nos une estrecha amistad. Y hasta que se pasó a los Nacionales estuvimos en constante comunicación. En la actualidad es sargento de Guardia Civil: se llama Bernardo Sanz Colomin. Cuando éste logró pasarse a los Nacionales ingresé en la centuria de Falange del camisa vieja camarada Garnoria. 

No serví en el ejercito rojo, ni trabajé en nada que afectara a industrias de guerra, ni directa ni indirectamente. En Valencia solo trabajé de vendedor ambulante y de fotógrafo, en casa de D. Francisco Costa Salas. 

El día 19 de Febrero de 1939 tuve un ataque de apendicitis en que los médicos me dieron por muerto. Me levanté de la cama el 21 de Marzo. Salí de casa para ir a la peluquería, el 28. El 29 a las ocho y media de al mañana ya estaba en casa de Garnoria (este no me había avisado porque sabía que estaba enfermo pero mi hermano me había dicho que se preparaba «algo»). A las tres de la madrugada me fui a dormir. Al día siguiente entraron las fuerzas del Ejercito de Levante. El día 1 de Abril tuve que meterme otra vez en cama. El día 30 de Abril llegué a esta a las 8 de la mañana. A las 11 me presento al trabajo donde me recibieron con toda cordialidad. 

                                                                                    Barcelona, a 3 de Julio de 1939.
                                                                                        AÑO DE LA VICTORIA. 

¡VIVA ESPAÑA!
        ¡SALUDO A FRANCO!
                ¡ARRIBA ESPAÑA!