dissabte, 21 de gener de 2023

Así nacieron los Sindicatos Libres en Barcelona (1919)

por Eduardo Comín Colomer

Eduardo Comín Colomer
(1908-1975)

Corría el mes de octubre de 1919, cuando —precisamente el día 19— tuvo lugar una reunión en la calle Tapinería, número 32, principal, de Barcelona. Aquel local era la sede del Ateneo Obrero Legitimista y albergaba en dichos momentos a un centenar de trabajadores. El motivo de la asamblea era muy concreto: «tomar acuerdos relacionados con la lucha social.» 

Ocupaba la presidencia Juan Constant, quien explicó que recibida una petición de lugar de reunión formulada por un grupo de asociados al Ateneo, les había sido concedido aquel salón. Seguidamente, Ramón Sales, miembro de la Sección de Acción político-social del mismo Centro, «Crit de la Patria» («Grito de la Patria») fue autorizado para hablar. Concretas sus primeras frases: se trataba de buscar el contacto entre los obreros socios del Ateneo Obrero Legitimista «para ver si todos convenían en que había llegado la hora de libertarse del salvaje yugo terrorista». 

Se identificó Sales como afecto al Sindicato Único Mercantil (CNT), resaltando que no quería seguir contribuyendo a la obra anárquica llevada por la Organización. Insistió en que el cenetismo era una imitación del caos ruso y ningún obrero consciente podía seguir en sus filas.


EL AGUA ENVENENADA 

El metalúrgico Francisco Farré, adhiriéndose a lo dicho por Sales, refirió que los «Únicos» habían asesinado a varios compañeros suyos, trabajadores de la Casa Girona, al envenenar el agua que bebían en la sección. Para quien quiera comprobar este hecho le remitimos, sencillamente, a los periódicos barceloneses del 20 de agosto de 1919. El resumen de la noticia es: 

«En la fundición Girona, ocho obreros no asociados bebieron agua de un cántaro, que, al parecer, estaba envenenada. Dos de ellos murieron rápidamente y seis pasaron al hospital en grave estado.» 

Completaremos la nota diciendo que el total de los fallecidos fue de cuatro. A continuación surgió el contradictor, en la persona de Miguel Fernández, del Ramo de la Madera y delegado anarcosindicalista en los talleres Ribas y Pradell.

Enumeró las reivindicaciones conseguidas por la acción sindical y justificó su oposición a crear una nueva entidad, señalando que «debilitaría a la existente». 

El resto de los que hablaron fueron los reseñados seguidamente, con sumaria .el indicación de sus opiniones. 

Salvador Framis no creía que llegara a producirse escisión en los obreros, por ser esencialmente obrera la organización que se pretendía, por lo cual, siendo para todos iguales las cuestiones económicas, contarían con el apoyo de todos los sindicatos, sin distinción entre éstos. 

Milian, carpintero de oficio, veía con simpatía la fundación de una entidad sindical, más acorde con el sentir de los obreros, por no estar él conforme con el amor libre y demás prédicas de los Sindicatos Únicos, exteriorizadas en sus periódicos.

Roger de Lluria, dependiente mercantil, era favorable porque los trabajadores tenían que defenderse del egoísmo patronal, sin verse precisados «a pagar bandas de asesinos». 

José Rafa, de la barriada de Sans, manifestó que ya era hora de dar el pecho y la cara por la libertad de los hombres de ideal. 

Pedro Mediavilla se manifestó contrario al nuevo organismo, pero afirmó que no iría nunca en contra de lo que se acordara. Desempeñaba el cargo de Delegado del Sindicato Único en la Hispano-Suiza. 

Ruperto Lladó, dependiente mercantil, tronó contra los excesos del Sindicato Único, estando conforme con actuar en su contra. 

Vives, de la barriada de San Andrés, aclaró que hacía tiempo que trataba de salirse del Único por ser inhumano y contrario a sus ideales; pero no se había atrevido a dar el paso solo. Aseguró que en aquel momento eran muchos los obreros dispuestos a dejar las filas de los sindicatos dirigidos por el anarquismo. 

A juicio del cotizante del Ramo del Agua, Rivera, había que seguir en el Único y depurarlo si era posible. 

El dependiente mercantil Gaya, se adhirió a la creación del nuevo Sindicato.

Para el reunido Aizcorbe era necesaria la creación de una entidad similar a los Sindicatos del Norte (4). 

Esta orientación fue inmediatamente combatida por Ramón Sales, diciendo que en Barcelona no podía hablarse de Sindicatos católicos, considerados siempre «amrillos».

De forma muy distinta se expresó el trabajador apellidado Jaca, que consideró que el Único aplastaría inmediatamente a quienes se les opusieran. 

Garriga estaba conforme con nuevo Sindicato, siempre y cuando hubiera «mejor administración que en el Único». 

Otros hombres de filas continuaron expresando opiniones; unos en pro y otro en contra de nueva entidad sindical. Cuando se habló de someter la propuesta a votación hubo protestas por ambas tendencias, estimando que si alguien quería formar un Sindicato podía hacerlo sin arrastrar a nadie.


DOS SINDICATOS FRENTE A FRENTE Y CON LA PISTOLA EN LA MANO

Ramón Sales Amenós
(1893-1936)

Y, naturalmente, no tardó en producirse el alboroto, acusándose a quienes no querían votación de temer a los pistoleros del Único. Pero quedaron deslindados los campos, formándose dos grupos en la misma sala del Ateneo Obrero Legitimista en que se verificaba la reunión. Los partidarios del Sindicato Libre comenzaron a discutir las líneas generales de orientación de la nueva entidad. Salvador Framis entendía adecuada la organización regional, de momento, con secciones de cada población. De entrada, Ramón Sales defendió como denominación la de «Sindicato Libre Regional», convencido de que serían muchos los del Único que pasarían a sus filas, cansados de la tiranía del acratismo. Luego se irían creando secciones o sindicatos de Ramo, conforme ingresaran nuevos asociados. 

Mediante votación secreta, quedó designada la siguiente Junta directiva.

Presidente: Ramón Sales; Secretario, José Baró; Tesorero, Salvador Framis. Vocales, Antonio Cavestany, Ruperto Lladó y José Gaya. 

Los Delegados nombrados por el mismo procedimiento eran: 

De San Andrés, Tomás Vives y Ruperto Lladó; de Sans, José Rafa y Pedro Porta; de San Martín, Francisco Farré y Pedro Mediavilla; de Hospitalet, Cipriano Casas y Ginés Mirete, y de Badalona, José Arqués Montaña y Pedro Torrens. 

Poco tiempo después, más de la mitad de los mencionados habían caído bajo el pistolerismo anarquista. Tenemos a mano, en el momento de escribir estas líneas, referencia de Tomás Vives, asesinado el 3 de abril de 1920; de Pedro Torrens, el 12 de mayo del mismo año, y de las heridas originadas por disparos hechos contra Cipriano Casas, el 9 de junio de igual año. 

Voy a citar a Pestaña. Ángel Pestaña Núñez, a quien habrá de mencionar en otras ocasiones, publicó un libro, «Lo que aprendí en la vida» (5) al que, indudablemente, se dio mucho importancia, aceptándose sus puntos de vista y no sólo en lo relativo a pistolerismo y atracos obra de elementos anarcosindicalistas, sino a todo género de cuestiones sociales. La fecha de aparición de la obra no podía ser más favorable a lo que tal «líder» era y representaba (1934) y, sobre los Sindicatos Libres establecía tajantemente: 

«Los Sindicatos Libres, ficción que sirvió para engañar a la opinión pública española, haciendo creer que para acabar con el terrorismo del Sindicato Único los mismos obreros, pero que no pensaban como los que orientaban a aquél, habían organizado otros Sindicatos, y a los actos de fuerza y terror respondían con otros actos de terror y fuerza, no eran sino grupos dispersos de la banda organizada por la patronal y encuadrados en unos minúsculos Sindicatos católicos que existían en Barcelona, de cuya dirección se apartó a los que la ostentaban hasta entonces, se colocó a los miembros de los Requetés a que hemos hecho referencia y se les cambió de denominación. Esta es la verdad pura y desnuda»

Pero esa no era la verdad, ni pura, ni desnuda y eso le constaba positivamente a Pestaña, como le constaba su campaña desde «Solidaridad Obrera» contra don Manuel Brabo Portillo, apoyada en cartas falsas. Y menos mal que reconocía la existencia del «terrorismo del Sindicato Único». Por la transcripción de la sesión constitutiva del sindicalismo «libreño» habrá podido apreciar el lector cual fue el objetivo de aquel y la asistencia a la reunión dé trabajadores de diversas tendencias, así como el rechazo de la idea de dar a la entidad un tinte católico.

Las organizaciones de este tipo que existían en Barcelona, continuaron funcionando como tales y algunos de sus afiliados cayeron también frente a los grupos de acción anarquistas.


MARTÍNEZ ANIDO, GOBERNADOR DE BARCELONA 

Volviendo al tema principal, referiremos que la Junta procedió a la redacción del Reglamento que fue presentado en el Gobierno civil. Bastante trabajo costó la inscripción de la entidad, pues las cosas iban demorándose inexplicablemente. Los «libreños» como expone Baratech (6), ante las dilaciones en devolvérseles el duplicado de los estatutos, decidieron comenzar su actuación, aunque reuniéndose cada vez en lugar distinto de la ciudad, para evitar las represalias de los «únicos» que no tardarían en producirse. 

El Rvdo. P. Juan N. García Nieto (7) —y queremos que el lector recuerde previamente las fechas en que fueron agredidos algunos «libreños», conforme hicimos constar— escribió:

«La C. N. T., con todo su ardor anarquista, se preparó para la lucha. El mismo día 8 de noviembre de 1920, cuando Martínez Anido era nombrado gobernador civil de Barcelona, se constituyeron las «Juventudes Sindicalistas de la C. N. T., para «responder» a los atentados cometidos por el Sindicato Libre.» 

La afirmación la estimamos gratuita, como la que a continuación transcribimos:

«De hecho, el Sindicato Libre no se cuidó de formar instituciones obreras y en su seno aparecieron grupos armados, similares a los del anarcosindicalismo, aunque de signo contrario.» 

Nos extraña mucho, además, esa rotunda afirmación del Rvdo. P. García Nieto, por cuanto en la relación de obras que ofrece como consultadas hace figurar «Los Sindicatos Libres de España», aunque apreciemos algunos errores en la referencia, como dar 1937 de fecha de edición, siendo realmente 1927, y citar «Baratech, Alfaro», como autor, siendo Feliciano Baratech Alfaro. Si la obra se consultó, el examen hecho debió ser muy somero, no obstante ser libro imprescindible para tratar de los Sindicatos Libres españoles. Entre otras razones, contiene la descripción de reuniones y congresos, así como de entidades dependientes de la organización. Insisto en que resulta raro pasar por alto el funcionamiento de entidades «libreñas» como los Sindicatos de Empleados de Banca, de la Catalana de Gas y Electricidad, para toda la región; de Peleteros, de Obreros vaqueros, del Mercantil, de Panaderos, de Carreteros, de Ferroviarios, de Peluqueros y barberos, de tabernas, bares y análogos; de cocineros, de doradores, de Albañiles y peones, de chocolateros, de espectáculos, de camareros y ramos de la piel, de Artes Gráficas, de curtidores y charoleros, de teléfonos, de profesiones varias; de cerveceros, de vidrieros, textil, del agua de Carpinteros y otros muchos más. De donde resulta que el Sindicato Libre se cuidó de encuadrar a sus afiliados en las consiguientes entidades profesionales, no obstante, el criterio de referencia.


"SOLIDARIDAD OBRERA" AL SERVICIO DEL ESPIONAJE ALEMÁN

Pero hemos de volver a Gerald Brenan para puntualizar ciertas cuestiones por él afirmadas.

Pestaña (8), al referirse al periódico «Solidaridad Obrera», dijo: 

«...Cuando los individuos que desempeñaban los cargos de administrador y director vieron que la organización abandonaba sus deberes y peligraba el diario por falta de medios económicos, en vez de confesarlo dignamente y llegar a la suspensión del diario si era preciso, optaron por el camino tortuoso de aceptar dinero del servicio de espionaje alemán...»

«El procedimiento seguido para aceptar aquellas cantidades que el espionaje daba fue la publicación de artículos muy bien documentados acerca de la emigración de obreros españoles a Francia. Quien quiera enterarse puede consultar la colección de «Solidaridad Obrera» de aquella época y lo verá. Se hizo una intensa campaña contra la emigración. Pues bien: las notas para documentarse y alguna vez los artículos ya escritos eran entregados al director de «Solidaridad Obrera» por un agente del espionaje alemán en determinados lugares de cita que se daban. Frecuentemente era un cafe. Y con los artículos y las notas, el precio correspondiente y estipulado.»

También quedó constancia de que los Sindicatos Libres fueron constituidos el 19 de octubre de 1919 y de que el general don Severiano Martínez Anido toma posesión del Gobierno civil de Barcelona el 8 de noviembre de 1920. Además de demostrar que aquél no intervino para nada en la fundación, pues se los encontró en marcha, cae por su base la afirmación de haber sido los «libreños» quienes tomaron la iniciativa en las represalias. Recomendamos el repaso de esas bajas sufridas por los «libreños», ya mencionadas, anteriores al nombramiento del general para gobernador civil de la Ciudad Condal. 

Brenan menciona la creación de un Sindicato de Banca, a despecho de la fuerte oposición de los banqueros. Esto podía hacer reflexionar a cualquiera, llevándole a pensar que los sindicatos libres no eran instrumentos de la Patronal, pero Brenan no lo entiende así. Además, podemos aclarar que en Barcelonia existía una sociedad de empleados de Banca y Bolsa, fundada precisamente por los propios banqueros. Y a principios de 1920 quedó establecido el Sindicato de Empleados de Banca y Bolsa, que obtuvo el reconocimiento patronal —tras muchas dudas— el 6 de noviembre del mismo año. Hasta el 17 de julio del siguiente no ingresó en bloque dicho Sindicato en la Organización «libreña». Comprendemos la contrariedad de banqueros que propala Brenan; pero los elementos de la Confederación Nacional de Sindicatos Libres fueron ajenos a la fundación que luego habría de engrosar sus filas.


Tomado de Comín Colomer, Eduardo: A pistoletazo limpio en las calles de Barcelona, Aragón Exprés (28/2/1973), págs. 18-19 

dissabte, 17 de desembre de 2022

Historia del mellismo en Cataluña

 TRADICIÓN, CATOLICISMO, PATRIA, MONARQUÍA: LOS MELLISTAS

Unos doscientos comensales llenan el 7 de junio de 1921 el salón de actos del Hotel Majestic para escuchar a Juan Vázquez de Mella. Este concluye su intervención así: «Gracias a todos desde el fondo de mi corazón, y, para expresaros mi sincera gratitud, dos vivas que resumen mi pensamiento: ¡Viva la Religión! ¡Viva Cataluña!». Los asistentes aplauden y le contestan con más vivas a la religión, Cataluña y España. Desde la mesa presidencial el político saluda. Detrás de él una enorme bandera española. Está acompañado de la Junta Regional Tradicionalista de Cataluña, sus correligionarios en su nueva aventura política. Juan Vázquez de Mella lleva ya tres días en Barcelona. 

Ha pronunciado un mitin en el Teatro Goya y tiene otro programado en el Centro del Ejército y la Armada. Ha venido de gira propagandística para defender su programa político. Su proyecto ha dividido a los carlistas. Ha roto con el pretendiente don Jaime y los jaimistas no se lo perdonan. En su llegada al apeadero de Gracia se dieron los primeros incidentes; las fuerzas del orden tuvieron que recurrir a mangueras de riego para separar a mellistas y jaimistas. Al día siguiente, durante el mitin, nuevas trifulcas entre jaimistas que habían entrado a reventarlo y mellistas que tratan de expulsarlos a patadas. El carlismo barcelonés muestra, una vez más, su perfil más bronco. 

Juan Vázquez de Mella había destacado como diputado tradicionalista en las Cortes, en las que ocupó escaño desde 1893 a 1916. Tanto como parlamentario, como en los innumerables mítines en los que participó, destacó por su oratoria, acompañada de un tono de voz áspero y duro. Director de prensa y teórico del tradicionalismo, rompió en 1919 con el pretendiente don Jaime. Las primeras desavenencias habían estado motivadas por la postura ante el conflicto europeo. Vázquez de Mella, admirador de los imperios centrales, se mostró como un decidido germanófilo, frente a la defensa de los aliados que hada el pretendiente. Esta fue una de las causas de la escisión, pero no la única. 

En 1919 Vázquez de Mella presenta su nueva organización, un partido católico tradicionalista. Su programa político trata de dar una salida posibilista al carlismo, dotarlo de más realismo para conseguir su desarrollo político. Habla de monarquía tradicional, voto imperativo, representación por clases y regionalismo federativo. Se pone el énfasis en la unidad de la patria, pero respetando el foralismo y, en el tema social, se muestra partidario del corporativismo. A pesar de participar en las elecciones, aboga por una dictadura militar que acabe con el parlamentarismo liberal. La cuestión dinástica, fundamental para los jaimistas ortodoxos, se convirtió en algo secundario. El mellismo aspiraba a superar el enfrentamiento entre ortodoxia carlista y alfonsismo liberal. Añadían a su credo una defensa cerrada del catolicismo, una postura integrista respecto al tema religioso. Su lema era «Tradición, Catolicismo, Patria, Monarquía». Aspiraban así a liderar un gran proyecto contrarrevolucionario, una federación de extremas derechas, pues según su fundador la lucha había de ser con las extremas izquierdas, ya que los partidos moderados estaban condenados a desaparecer. 

Es un proyecto político antiliberal y contrarrevolucionario con semejanzas a otros que surgieron en Europa tras la Primera Guerra Mundial. En suma, una derecha autoritaria que veía con buenos ojos el golpe de Primo de Rivera, convirtiéndose en firmes defensores de la Dictadura. Esto lo acercó a un reconocimiento de facto de la rama alfonsina. 


Número de El Pensamiento Español
que daba cuenta de uno de los mítines
de Mella en Barcelona en 1921.


En Cataluña, las ideas de Vázquez de Mella, ya antes de la escisión, habían seducido al sector más españolista del carlismo, opuesto a los acuerdos y las alianzas con la Lliga Regionalista. Además, este sector era el más clerical y ultraderechista del tradicionalismo catalán. Francisco de P. González Palou, fundador del Círculo Obrero Tradicionalista La Margarita y del Requeté en Barcelona, explicaba las razones que le llevaron a separarse del jaimismo y abrazar el mellismo: «la estrecha alianza con el catalanismo, la negativa de don Jaime a contraer matrimonio, la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles en mayo de 1914 por el rey don Alfonso XIII [...] y el manifiesto de Don Jaime [...] desautorizando a los que durante la guerra mundial de 1914 se pusieron de parte de los imperios centrales». Españolismo, integrismo y germanofilia. 

Los mellistas catalanes convocaron una asamblea regional en mayo de 1920 en el Círculo Tradicionalista El Loredán de Badalona para organizarse. Asistieron más de un centenar de delegados. Allí estaba su jefe regional, el abogado Teodoro de Mas, el también abogado Pedro Vives, el canónigo José Montagut o Ildefonso Cebriano, director de Monarquía Cristiana. Mella puso especial interés propagandístico en Cataluña, donde pensaba que sus ideas autoritarias y tradicionalistas podían encontrar eco en unos momentos de grave enfrentamiento social y político, donde ya existía un «partido militar» y una derecha que pedía mano dura. En junio de 1921 Vázquez de Mella se embarcó en la gira propagandística por Cataluña que hemos visto y que, además de a Barcelona, lo llevó a Badalona, Vic, Girona, Olot y Tarragona. 

En Barcelona, los mellistas se habían agrupado en 1920 en el Círculo Católico Tradicionalista. En agosto abren la que será su primera sede, en Alta San Pedro, hasta entonces local de sindicatos católicos. En el momento de su inauguración no llegaban a la cincuentena de socios. Crecerán. Su presidente es el abogado Pedro Vives Garriga, un veterano carlista, ferviente germanófilo, sospechoso de espiar para los alemanes. Vives es, además, hombre de acción. Había estado implicado en peleas callejeras en sus años mozos, en 1909 fue detenido por atropellar a Santiago Gubern, diputado del Centre Nacionalista Republicá, y era acusado por los cenetistas de haber pagado a pistoleros del Sindicato Libre y de servirles de enlace y coordinador desde el Círculo. Durante el mitin de Vázquez de Mella en Barcelona, Vives no dudó en ir a buscar a los alborotadores jaimistas que habían silbado y pataleado al inicio del acto. De resultas de la trifulca resultó mordido en un dedo. 

En Badalona, la escisión mellista se hizo durante unos años con la dirección del Círculo Tradicionalista El Loredán, la principal entidad carlista de la ciudad. De sus filas saldrán algunos de los fundadores de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS). Pero eso es una historia que conoceremos más adelante. 

Los mellistas del Círculo Católico Tradicionalista dieron un apoyo entusiasta a la Dictadura de Primo de Rivera. En noviembre de 1923 celebraron una asamblea para reorganizarse tras el golpe militar. Se nombró una nueva directiva y se aprobó «exteriorizar un aplauso fervoroso y una felicitación efusiva a la gestión purificadora realizada por el Directorio». Como premio por su apoyo, Pedro Vives será nombrado concejal del Ayuntamiento de Barcelona en 1924. En ese cargo se mantendrá hasta 1930. Disuelto el mellismo como organización política tras la muerte de su fundador en 1928, sus antiguos partidarios barceloneses se convirtieron en un grupo de apoyo a la Dictadura. Sus características, más ultraderechistas que tradicionalistas, las vieron reflejadas en el nuevo régimen. Vives siempre defenderá que «en el terreno político» debían cooperar con la labor de Primo de Rivera «ya que después de haber barrido a los partidos políticos que empobrecieron a España, nos libró de la anarquía, que amenazaba hundirnos en el caos, y ha resuelto el problema de Marruecos merced a su clarividencia y energía». A pesar de ello nunca se disolvieron dentro de la Unión Patriótica, como sí hicieron sus correligionarios de Badalona o Manresa. 

El Círculo tiene juventudes, sección dramática y de Excursiones y Tácticas, que encubre actividades paramilitares. Pronto llegarían a ser dos centenares de socios. Además de por su españolismo, la entidad destaca por su integrismo católico. En 1925 son los principales promotores de un peregrinaje a Roma con motivo del Año Santo. Esos días, por las salas de la entidad atruena la voz del canónigo José Montagut, organizador de la expedición. Montagut, proveniente de la corriente integrista del tradicionalismo, se había convertido en un firme defensor del programa de Vázquez de Mella. Sus ortodoxos principios católicos y el decidido españolismo del mellismo casan a la perfección con el integrismo religioso y feroz anticatalanismo del padre Montagut. Para el canónigo está claro el objetivo de la peregrinación: «una manifestación de españolismo en la capital del cristianismo». Además, como sabemos, se convirtió en un fanático primorriverista y publicista de la Dictadura. 

En octubre de 1926, el Círculo Católico Tradicionalista lanza su propia publicación, Plus Ultra. Su objetivo es «elevar en cada corazón español un altar de veneración perpetua a la SANTA MADRE ESPAÑA». El españolismo, el antiseparatismo y la defensa de la religión llenarán sus páginas, sin descuidar las loas al Directorio y al dictador. A pesar de salir con pretensiones de «semanario de batalla», solo publicaron seis números en su año y medio de existencia. 

El mellismo barcelonés no estuvo exento de tensiones internas. En marzo de 1924 se organizó, al margen del Círculo Católico Tradicionalista, la Juventud de Acción Tradicionalista. La presidía Francisco de P. González Palou, al que ya conocemos. Duró poco, ya que un año después se disolvió cuando un sector cuestionó su colaboración con la Dictadura. El secretario era José M. Thió Rodés, que en 1920 había participado en la Unión Española de Estudiantes de Cataluña, y como bibliotecario figuraba Ildefonso Cebriano, al que conoceremos mejor. 

Otros disidentes del Círculo Católico Tradicionalista crearon en febrero de 1927 el Círculo Social Tradicionalista de Barcelona. Estaba presidido por el médico Ramon M. Condomines. Tenían su sede en el local del Centro de Defensa Social de la calle Cucurella. Más que una organización política, se trataba de una entidad cultural dedicada a conmemorar la onomástica del rey, el aniversario del golpe de Estado y a organizar actos musicales y de exaltación católica.


Tomado de Mota Muñoz, José Fernando (2020) «¡Viva Cataluña española!: Historia de la extrema derecha en la Barcelona republicana (1931-1936)», págs. 47-50

dimecres, 16 de març de 2022

La entrada triunfal de los carlistas en Olot en 1874

por Miguel Juanola Benet

Bullen de carlistas el 12 de marzo de 1874 las proximidades de Castellfullit de la Roca, aprestados todos para una grande empresa. Los ha concentrado allí Savalls, por haber «picado la espía». A la confidencia de que una fuerte columna de infantería, artillería y caballería mandada por el general Nouvilas hállase en Besalú, con el propósito de salir prontamente para levantar el sitio que desde hace algunos meses tienen puesto a Olot los voluntarios de la Legitimidad, el popular caudillo carlino, situado en su Cuartel General de Las Presas, manda reunir todas sus huestes en aquel estratégico pueblo. «Es preciso cerrar él paso al adversario», dícese para sí Savalls, al tiempo que en sus adentros, con los ojos de su innata sagacidad, adivina la llegada del momento que acaricia ambiciosamente desde algún tiempo: conseguir una victoria sonada, que le acredite como General en Jefe de los carlistas catalanes.

En efecto: por la carretera de Gerona avanza la columna de socorro a Olot, con un total de. 3.000 hombres, a la que se agrega en Tortellá una compañía de voluntarios tan republicanos como contrabandistas.

Acción de Castellfullit entre la columna Nouvilas y la facción Savalls
(La Ilustración Española y Americana, 30-3-1874)
Lo mismo que el gato al ratón espera Savalls a Nouvilas en Castellfullit de la Roca, en cuyo acantilado ve su gran bastión y mejor fortaleza. Además, intercepta la carretera en todos los virajes con trincheras y barricadas. No obstante, más impaciente para la caza de la presa que aquel mamífero, Savalls decídese a ir a buscarla donde se encuentre, ante la tardanza del enemigo. Pero entonces —14 de marzo— descúbrele en su avance por la parte de Montagut. Diríase que Nouvilas ha olfateado el acecho carlista en aquel paso obligado de su marcha, pues en lugar de continuarla por la carretera, inclina su columna hacia la derecha, flanqueando la montaña de Santa Bárbara, para soslayar la lucha en condiciones desfavorables.

Inmediatamente descubre Savalls la táctica de Nouvilas, así como su verdadero objetivo. Este quiere penetrar en Olot por el punto más accesible, o sea por la parte de San Juan las Fonts, deslizándose por la cuesta de Torrellas. De aquí que seguido ordena aquél a Galcerán a que le cierre el camino. Mientras, con la rapidez de los soldados aguerridos quedan apostadas las tropas carlistas en el círculo de montañas de Toix. Tan luego se mete la columma de Nouvilas en tal círculo, Savalls, que dirige la operación desde la cima del monte Canadell, exclama en un transporte de gozo y exhalando un profundo suspiro: «Esta noche cena conmigo».

En el lazo tan astuta y diestramente preparado por Savalls en una improvisación genial, cae la columna Nouvilas. Y estrangulada queda ésta al oprimirlo enérgicamenté el caudillo ámpurdanés. Porque tan pronto como suena el cornetín de órdenes de Savalls lanzando al espació el toque de pasar al ataque que repiten innúmeros cornetas, desencadénase la acometida así por la vanguardia como por los flancos arrecia prestamente el ataque desde aquellas cumbres, e incluso por la espalda cortando la retirada. Los liberales defiéndense como pueden en la planicie, pero ya no les es posible deshacer la jugada. Por un lado los Guías de Savalls, por otro los bravos de Auguet, por otro más los fieros muchachos de Miret cuyo denuedo alcanza la lereza al ver a su jefe que después de vendarse con un pañuelo la herida que recibe en una pierna continúa como si tal cosa en la dura refriega, todavía por otro los valientes voluntarios de Galcerán y por otro aún los de Vila de Prat baten con su fuego cruzado a la desventurada columna. El ataque es tan sangriento que llégase a la lucha cuerpo a cuerpo; iniciase luego la desbandada, consiguiendo escapar unos cuantos a Francia por las escabrosidades pirenaicas y otros a Olot, y solamente la batería, del heroico capitán Temprado resiste hasta agotar las granadas. Al pie de sus cañones muere este bravo militar junto con su leal sargento Gámez. Pero son bastantes más los que han mordido el polvo y oliendo a pólvora yacen en el campo de batalla. Cuéntanse hasta 170 muertos, en tanto que 2.300 hombres con su general en jefe caen prisioneros de los voluntarios de Don Carlos. Además, cuatro piezas de artillería y más de cien caballos constituyen el botín de este extraordinario descalabro liberal.

* * *

Por la puerta de Pavía acaba de entrar en Olot una pareja de carabineros, el aspecto de los cuales da lástima. Brillan las estrellas en el cielo azul cuando trasponen el umbral del portal fortificado. Han llegado después de un gran rodeo, jadeantes y sudorosos; los labios resecos, las narices y las cejas cubiertas de polvo y unas profundas ojeras les surcan los párpados. Sus vestidos de uniforme ofrecen un mísero estado por las huellas que han dejado en ellos las malezas de los montes y vienen poco menos que descalzos. Por otro lado, las guerreras en su parte interior descubren un profundo resollar y por el desbroche de sus cuellos escapa la fetidez del sudor que ha empapado la cintura y la pechera de las camisas. Se diría que aquélla, para salir, se encarama por el pelo de aquellos tórax casi al descubierto y pronto semejantes al de los machos cabríos.

Sin embargo, nada se manifiesta tan lamentable en los recién llegados como la impresión dolorosa de que son portadores. De momento, apenas pueden hacer el relato del episodio al que han asistido, bien que como actores cobardes. Y a fe que vehementemente desean narrarlo; para desahogar el espanto y la pesadumbre que llevan a cuestas; para dar a conocer lo que han sufrido para llegar a Olot con vida, escapando del copo descomunal en el que no cayeron los dos «héroes» por la agilidad de sus piernas.

Difícil se les hace dar detalles de la catástrofe bélica acontecida en el Toix. No saben más, en resumen, que han salido ilesos de una lucha encarnizada; que son testigos de la gran derrota de la columna Nouvilas, la cual, seguramente ha quedado aniquilada, y que tal vez este mismo general en jefe debe encontrarse prisionero del general Savalls.

De esta guisa llegan a Olot las primeras noticias de la catástrofe que sembrará prontamente la consternación en todo el campo liberal del Principado. Resístense los anticarlistas y liberaloides locales a darlas crédito, por el momento. En tanto, los olotenses calladamente afectos a la Santa Causa, suspiran de satisfacción y ciertamente emocionados. Presienten éstos que a no tardar han de verse libres de la patulea incivil y desvergonzada constituida por los «cipayos» capitaneados por Juan Deu.

A poco, no obstante, y cual previera Savalls, su aplastante victoria en el Toix acarrea la rendición de Olot, al segundo requerimiento del marqués de Alpens.

Después de hacer pasar éste todos los prisioneros por el monte frente a Olot y hacia Las Presas, intima —día 15— la capitulación de la plaza. Recházala en el acto el comandante jefe del Batallón de Manila, que es la fuerza que la guarnece. Sin embargo, no puede evitar qué le abandonen a la sazón un número bastante crecido de voluntarios y paisanos armados, los que se acogen al indulto que les ofrecen los carlistas. Reiterada la intimación en la mañana del 16, tampoco la acepta aquél; pero más pesan ahora los consejos de olotenses prudentes y seguidamente se entra en negociaciones. Su resultado es la capitulación de Olot. Fírmase el pacto y concluido retíranse los destacamentos liberales del Montsacopa y del Montolivet.

Todo Olot masca ya, desde hace algunas horas, la entrada de los carlistas. Y hasta entre los chiquillos hallan eco los acontecimientos bélicos, con arreglo, claro está, a la ideología de las respectivas familias. Ningún comentario de la chiquillería es tan elocuente, no obstante, como el de una niña de padres harto distinguidos por su recalcitrante liberalismo. Al llegar por la tarde al Colegio de monjas del Inmaculado Corazón de María se encara con Sor X, que tuvo que reprenderla un día por su pretensión en colarse en los departamentos claustrales y le dice con insolente descaro y precoz ironía:

—Hoy sí que deben estar contentas ustedes.

—¿Por qué hija mía?

—Sí, porque van a entrar los carlistas. A éstos no les negarán ustedes pasar al claustro. Como que sudan agua bendita...
Francesch Savalls
(La Pera, 1817-Niza, 1886)

Y así es como al declinar el día 16 el ejército carlista hace su entrada triunfal en Olot. Con la voz metálica alborozada de sus campanas echadas al vuelo la población saluda al vencedor, mientras el sol desde el ocaso escarlata enciende aún más el brillo de las armas victoriosas y aviva con destellos sangrientos el bermejo de la boina legendaria. Los balcones y ventanas de las casas que no han sido deshabitadas lucen colgaduras de los más varios colores y en la villa toda retumban los acordes de las tres charangas y bandas de cornetas que amenizan el desfile de los infantes de Don Carlos. Savalls con su Estado Mayor ocupa el sitio preferente, y atusándose los bigotes con evidente afectación va recogiendo la grande alegría con que reciben los olotenses al ejército de la Tradición española. Jamás, por otro lado, ha visto Olot, como hoy, la marcha marcial de una tropa tan holgadamente orgullosa de su victoria, y no son pocos los que creen a pies juntillas que ha sido ésta un milagro del Cielo.

Los liberales olotinos, sin embargo, hallan buen paliativo a su enorme desengaño atribuyendo a venta infame y asquerosa lo que ha sido derrota irrefutable. Bien les ha dado alguien contundentes pormenores del gran desastre de la columna de socorro a Olot mas hasta a sus criaturas procuran infundir en lo posible el desprestigio de los carlistas contándoles docenas de mentiras. Savalls, empero, pronto las desmiente, con un rasgo estupendo, digno de la caballeresca generosidad de los carlistas. El general carlino autoriza para el día siguiente la salida de las fuerzas rendidas del Batallón de Cazadores de Manila, en número de mil hombres, conservando las armas y diez cartuchos cada soldado, es decir, con todos los honores de la guerra, y acompañándolas hasta Bañolas varios jinetes carlistas.

Lo que aparece realmente incomprensible es que el jefe de estas fuerzas rendidas, entregando a Savalls cinco cañones, quinientos fusiles y grandes depósitos de municiones, sea recibido en Barcelona con muestras de afecto por el Capitán General del Principado.

Pero nada importa eso a Olot. Sí, en cambio, improvisar el adecentamiento urgentísimo de la iglesia parroquial de San Esteban habilitada por Juan Deu para cuartel de «cipayos» y convertida en escenario de sacrilegios y profanaciones horrísonas. Que en ella debe celebrarse, como así acontece, en efecto, el día 18, un soJemne «Te Deum» en acción de gracias, por la victoria conseguida.

Ni que decir tiene que con la capitulación sin pena ni gloria de Olot, disuelto ha quedado su Ayuntamiento. Para sustituirle y regir la vida civil, Savalls nombra la Real Junta de Gobierno. Presídela D. José Saderra Mata y es su Secretario el abogado D. Ramón Torras Tomás. Su labor no ofrecerá nada digno de mención, pues quedará eclipsada por el esplendor del Cuartel general carlista, aunque dará muestras de juicio para no imitar a los republicanos que tantas iniquidades han cometido en la Villa.

Y Olot; será por un año cumplido la estrella de Cataluña, un año en el que se reintegrarán a sus hogares, un día abandonados, los olotenses que se fugaron para esquivar la persecución de los Republicanos o que fueron desterrados por éstos, un año en que la Villa aparecerá cual hervidero de fuerzas y personalidades del Carlismo, con pomposas fiestas y lucidos bailes en el Círculo Olotense y en la mansión de los marqueses de Vallgornera, y solemnísimos actos patrióticos, con todo el atuendo y aparato militar, especialmente proclamando, en el Paseo de los Infantes y desde el balconaje de la casa de los De Sola, tos «suspirados y venerandos fueros de Cataluña». Un Olot que se recobrará asimismo singularmente en las solemnidades religiosas y que espectará su tradicional «Ball Pla» presidido por Savalls del brazo de la Marquesa de Santa Coloma.


Fuente: Los Sitios de Gerona (192122232425 de marzo de 1944)

dimecres, 2 de febrer de 2022

Montserrat 2022: una jornada histórica

El pasado sábado día 29 de enero del año de N. S. Jesucristo 2022 tuvo lugar en Montserrat una peregrinación histórica. Peregrinación de desagravio por los ataques sufridos por la Cripta Mausoleo del Tercio de Requetés Nuestra Señora de Montserrat y por la retirada de la estatua del requeté yacente que estaba junto a la misma (y cuyo emplazamiento original fue modificado hace décadas contraviniendo, ya entonces, las cláusulas sobre el mismo). 

Sin especular sobre los designios de la Providencia, no han sido pocas las veces en la historia en que hechos dolorosos suscitan reacciones gloriosas, en las que el bien acaba ahogando en abundancia los deseos de la iniquidad. Algo de eso pasó en Montserrat este 29 de enero. 

El inteligente diseño de un acto en que se esmeraron los detalles más minuciosos canalizó el dolor de un carlismo catalán, y de los simpatizantes del mismo, excesivamente expectante en estos últimos años, desbordando las expectativas más optimistas. Una cuidada liturgia enraizada en la tradición inmemorial de la Iglesia sublimó la naturaleza penitencial y de desagravio de la peregrinación. Una organización representada por todos los sectores del carlismo activo en Cataluña, que supo animar a un carlismo “durmiente” y que se preocupó por velar por la seriedad y gravedad de la convocatoria, contando en este aspecto con el comportamiento ejemplar de los congregados. La determinación de no modificar la previsión del acto pese a las intimidaciones y presiones iniciales del personal de seguridad, que conforme avanzaba el mismo tuvieron que ir aflojando hasta el tramo final, en que el Abad pidió recibir a algunos representantes del mismo a quienes reconoció que le gustaría que todos los asistentes a Montserrat fuesen con el espíritu de esta peregrinación. 

El acto del día 29 no puede quedarse en la anécdota autorreferencial de las facciones virtuales. La Tradición verdaderamente vivificante fue la que se organizó en Montserrat, desde diversos impulsos y debería perpetuarse, volviendo a tener el carlismo catalán al menos una vez al año un acto significativo, netamente tradicionalista, abierto a los linajes históricos, a los que llegan a la verdad del tradicionalismo por maduración intelectual o por la Gracia y a quienes de buena fe se acercan desde otros espectros. Hay que romper la dinámica de actos íntimos y familiares, de los deleites intelectuales, de trabajar únicamente en actividades pías pero de fondo antipolítico y de disolver la identidad carlista en proyectos más amplios, aunque dignos, pero que en último instancia sirven a estrategias confusas o mixtificadoras. 

Que la Virgen de Montserrat siga iluminando las voluntades de los carlistas catalanes para seguir sacando de aquellos hechos tan inicuos la vitalidad de un carlismo alegre y combativo.







diumenge, 30 de gener de 2022

El precedente remoto del “procés” está en la primera guerra carlista.... pero en el lado liberal

Estamos cansados de oír a algunos periodistas, y a gente poco versada en historia, que los orígenes del separatismo catalán están en el carlismo, afirmación gratuita que jamás ha sido demostrada. Lo que sí está demostrado, en cambio, es que el primer catalanismo político, el que surge de las Bases de Manresa de 1892, era liberal y, por tanto, ajeno al tradicionalismo español (véase nuestro anterior artículo El separatismo catalán: un invento de la masonería de finales del siglo XIX).

Pero incluso algunos carlistas de hoy se han tragado el cuento de que el liberalismo español en el siglo XIX era, en lo tocante a la organización territorial, un bloque monolítico “centralista” y que fue el “constructor del Estado-Nación” en España (en verdad, el Estado-Nación lo habían hecho realidad en nuestra Patria siglos antes los Reyes Católicos, como decían acertadamente Juan Vázquez de Mella y los tradicionalistas de antaño), constructo al que supuestamente, dicen, se habría opuesto el carlismo.

Quienes así piensan se olvidan de que los dos primeros reyes carlistas, Carlos María Isidro de Borbón (Carlos V) y Carlos Luis de Borbón y Braganza (Carlos VI), jamás aludieron a los fueros de Cataluña, a pesar de lo cual hubo numerosas partidas carlistas levantadas en tierras catalanas de 1833 a 1840, de 1841 a 1842, de 1846 a 1849, de 1855 a 1856 y en 1860. De hecho, Cataluña fue la región con mayor presencia carlista tras el convenio de Vergara. Todo ello sin decir una sola palabra de los fueros de Cataluña, que oficialmente seguían suprimidos por el decreto de Nueva Planta de Felipe V. ¿Cómo se explica? Muy sencillo: las motivaciones del carlismo eran fundamentalmente otras.

Con esto no queremos decir que el carlismo fuese centralista, ni negamos que, con posterioridad, Carlos VII restaurase efectivamente los fueros de Cataluña, que llegaron a convertirse en una reivindicación más (no la principal) de la Santa Causa en el Principado. Lo que sí negamos es que ese bloque monolítico liberal español existiese. Nada más lejos de la verdad. El liberalismo más exaltado siempre fue anárquico y centrífugo. Se vio claramente en el cantonalismo de la década de 1870, pero el tema venía de antiguo. No venían a construir el Estado, ni la Nación, sino a destruir con sus principios disolventes esas dos formas en que se presenta España (para conocer mejor la doctrina tradicionalista al respecto, véase el folleto La Nación y el Estado). Por contra, el carlismo siempre tuvo una idea política de España y la voluntad de que el orden reinase en todas sus regiones y provincias.

Como ejemplo de ello traemos hoy un extracto de la Gaceta Oficial (órgano de los carlistas durante la primera guerra publicado en Oñate), que el 9 de mayo de 1837 se hacía eco de un artículo publicado en El Vapor de Barcelona, denunciando el intento de crear una república catalana. ¿Les suena?

El órgano de los carlistas escribía:

El Vapor dice, que en Barcelona se han repartido con profusion folletos incendiarios y proclamas sediciosas, notándose ademas reuniones sospechosas y gritos de alarma: que se han fabricado un gran número de puñales; y en fin, que mil antecedentes demuestran que se trama una conspiracion infernal...

En efecto (prosigue el mismo periódico) aun se insiste en la idea de constituir una república federativa, compuesta de las cuatro provincias del Principado. La sociedad Madre de Madrid, de acuerdo con la de los Derechos del hombre de París y la de los Vengadores de Alibeau, lo ha dispuesto asi y dirije el movimiento. Se procura inflamar à la multitud, hablàndola de las humillaciones que sufrimos, y ha sido seducida una porcion de proletarios, ofreciéndoles honores y riquezas... Se dice que si las elecciones del nuevo ayuntamiento recayeren en los republicanos, como se espera, seràn celebradas con algazara, con música y demas que es consiguiente... 


Por desgracia, mucho nos tememos que seguiremos sin oír nada sobre las bullangas y el liberalismo progresista como el verdadero origen del processisme. Pero los hechos están ahí para quien quiera estudiarlos. Y sí, para el carlismo, al unidad de España es sagrada, innegociable y un fin en sí misma.