dimarts, 30 de gener de 2018

El brigadier Fernando Vázquez Orcall, patriarca de una familia de tradicionalistas manchegos

Tal día como hoy, 30 de enero, en el año de 1875, moría en el exilio el brigadier manresano D. Fernando Vázquez Orcall, combatiente de las tres guerras carlistas. Se había establecido en Ciudad Real y fue el patriarca de una ilustre familia de tradicionalistas manchegos, cuyas biografías reseñamos a continuación. El más conocido de ellos fue su nieto, el pintor D. Carlos Vázquez Úbeda.


FERNANDO VÁZQUEZ ORCALL

Fernando Vázquez Orcall
(Manresa, 1814 - Oporto, 1875)

Nació nuestro biografiado en Manresa (Cataluña) el 22 de Septiembre del año 1814, siendo sus padres el Teniente coronel don Fernando Vázquez y D.ª María del Carmen Orcall.

Por gracia especial, y en mérito á los servicios prestados por su señor padre, fué nombrado cadete á los seis años de edad.

Al poco tiempo tuvo la desgracia de quedar huérfano de padre y madre; en tan triste situación, y con aficiones desde muy niño á la carrera militar, sentó plaza á los catorce años, y bien pronto, por su aplicación y relevantes dotes, se le concedió el empleo de Sargento primero en el Batallón provincial de Ciudad Real, en donde sirvió hasta la muerte del Rey Don Fernando VII, en que el Sr. Vázquez, obedeciendo á los impulsos de su corazón y tradiciones de familia, apenas se levantaron en armas los partidarios de Don Carlos V, se incorporó á ellos, abandonando para siempre la causa de Doña Isabel II.

En el ejército carlista bien pronto se dió á conocer como un buen organizador, mereciendo de su Coronel entonces, el inolvidable General Arévalo, toda clase de distinciones, pues que supo apreciar en lo mucho que valían las dotes militares del Sr. Vázquez. tanto es así, que cuando por órdenes superiores se le mandó incorporar á las fuerzas de Cabrera, el Coronel Arévalo expidió al Sr. Vázquez una certificación que honrará siempre su memoria.

Con Cabrera hizo una brillante campaña, tomando parte en aquellas arriesgadas empresas que tanto distinguieron al célebre guerrillero entonces, y por su valor y pericia llegó al puesto de primer Comandante, siendo condecorado además con varias cruces, entre ellas la de San Fernando por una herida que le tuvo postrado en cama bastante tiempo en el hospital de Cantavieja.

Al organizarse la expedición de D. Basilio, cuyas fuerzas habían de operar en las provincias de Toledo, Extremadura y la Mancha, el señor Vázquez pidió un puesto en tan arriesgada empresa, bien á disgusto, por cierto, de sus Jefes, y accediendo á sus deseos, se le confió el mando como primer Comandante del 7.º Batallón de Castilla, á cuyo frente estuvo hasta que en la sorpresa de Béjar fué hecho prisionero por las fuerzas que mandaba el General Pardiñas, ingresando como prisionero de guerra en el castillo de Santa Catalina, de Cádiz, donde permaneció hasta un año después del convenio de Vergara, por no haberse querido adherir á él, á pesar de los reiterados ofrecimientos que se le hicieron y ver que muchos de sus compañeros de armas y de prisión salieron para ingresar en el ejército isabelino, donde se les reconocían todos sus grados y condecoraciones.

Puesto en libertad el Sr. Vázquez, se le expidió el pasaporte para la capital de Ciudad Real, residencia de su esposa é hijo, y allí se estableció lleno de privaciones, sabiendo arrostrar con dignidad y entereza su precaria situación, entrando á servir una plaza de escribiente con 6 reales diarios en el escritorio de D. Miguel Trujillo, representante por aquella época de la Casa Barbería; amante del trabajo, se agenció también algunos negocios, con lo que podía atender, aunque con modestia, á sus sagradas obligaciones.

En el año 1848, apenas apareció Cabrera en Cataluña, se puso de acuerdo con el Mariscal de campo Sr. Royo, nombrado por Don Carlos Comandante general de la Mancha, y en unión de éste y del Brigadier D. Mariano Peco, se levantó en armas en esta provincia, desempeñando el cargo de Intendente militar.

Indultados los Sres. Royo y Peco, encontrándose en el mayor abandono el Sr. Vázquez con algunos otros compañeros, y perdida toda esperanza de que aquel alzamiento carlista se generalizara en las demás provincias, regresó otra vez al hogar doméstico; á los pocos meses, y temiéndose que D. Fernando Vázquez pudiera volver á campaña, se le redujo á prisión en la cárcel pública de Ciudad Real, con algunos otros compañeros, en la noche del 1.º de Marzo de 1849, en donde se les tuvo hasta que Cabrera se internó en Francia.

Por aquel entonces se hicieron al Sr. Vázquez proposiciones para ingresar en el ejército de Doña Isabel, donde se le ofrecían reconocer todos sus grados y honores, proposiciones que rechazó siempre indignado, por más que vió también que algunos de sus compañeros de armas aceptaron en aquella época semejantes proposiciones.

Salido nuevamente de la prisión, estableció una agencia general de negocios, con tan buena suerte, que en pocos años adquirió una regular fortuna y un nombre respetabilísimo, por su honradez y laboriosidad, siendo en aquellas épocas concejal del excelentísimo Ayuntamiento de Ciudad Real y diputado provincial por el distrito de Almadén, de dicha provincia.

Al destronamiento de doña Isabel II, D. Fernando Vázquez fué uno de los primeros Jefes carlistas que se ofrecieron á nuestro Augusto Jefe el Señor Duque de Madrid, visitándolo en su palacio de Vevey, donde fué recibido por Don Carlos con el mayor afecto y consideración.

El 15 de Julio de 1871 fué nombrado el señor Vázquez Comandante general de la provincia y condecorado á la vez con la Gran Cruz de San Hermenegildo por su lealtad y consecuencia.

Nuestro querido Brigadier, cumpliendo las órdenes de D. Carlos VII, sin reparar en su avanzada edad, en sus padecimientos crónicos ni en ninguna otra clase de consideraciones, se alzó en armas con un puñado de valientes el 5 de Mayo de 1872 en las inmediaciones de Ciudad Real (acompañándole su señor hijo nuestro querido amigo y compañero director de El Manchego), logrando tener distraídas por algunos meses cinco ó seis columnas que componían un total de 3 ó 4.000 hombres, hasta que, siéndole adversa la fortuna y viéndose enfermo á consecuencia de una campaña tan activa hubo de retirarse á Oporto (Portugal), donde murió el 30 de Enero de 1875.

Durante el tiempo que allí vivió, supo captarse los respetos y simpatías de los legitimistas portugueses por su afable carácter y cariñoso trato.

Su muerte fué la del justo; y el reverendo Padre Cosgaya, su confesor, virtuoso sacerdote, emigrado también, escribió en el periódico legitimista El Direito un artículo necrológico muy sentido, elogiando las virtudes y valores de este veterano, modelo de católicos españoles y carlistas.

«Sus últimos suspiros —dice el Padre Cosgaya,— fueron para Carlos VII, y tan español era, que suplicó á su señora é hijo se diera sepultura á su cadáver en el suelo patrio.»

Acto que realizaron su afligida viuda D.ª Josefa Mergeliza y su querido hijo D. Antonio, después de no pocos gastos y disgustos, depositando el cadáver embalsamado en el cementerio de Ciudad Real, nicho núm. 141, galería segunda, el 10 de Junio de 1875.

Así terminó sus días este leal servidor de Carlos V, de Carlos VI y de Carlos VII.

Tomado de Oller, Francisco de P, «Álbum de personajes carlistas» (1890), tomo III, pp. 155-162.


⚜  ⚜  ⚜


Antonio Z. Vázquez Mergeliza
(Ciudad Real, 1842 - 1913)
Antonio Zoilo Vázquez Mergeliza era hijo de Fernándo Vázquez Orcall y de Josefa Mergeliza Álvarez (1814-1893). Nació en Ciudad Real en 1842 y fue notario de profesión. En enero de 1872 fundó en su ciudad natal el periódico católico monárquico El Legitimista Manchego, que cesó en abril por un proceso. Poco después salió con su padre a operaciones, organizó una partida manchega de dieciséis jinetes y se distinguió en varias acciones de guerra. Emigró con su padre a Portugal, donde permaneció hasta el final de la guerra.

Tras la derrota militar de 1876, continuó defendiendo entusiastamente los ideales tradicionalistas, desempeñando la jefatura del partido en la provincia de Ciudad Real. Dirigió El Manchego (1886-1897) y fue asimismo autor de algunos folletos y discursos de controversia. A su muerte ejercía en Ciudad Real de agente de los ayuntamientos de Manzanares, Almodóvar del Campo y otras localidades.


Tomado en parte de «Vázquez y Mergeliza (Antonio)» en la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Espasa Calpe (1929), p. 390.


⚜  ⚜  ⚜


Carlos Vázquez Úbeda
(Ciudad Real, 1869 - Barcelona, 1844)
Carlos Vázquez Úbeda, hijo de Antonio Vázquez Mergeliza y de Matilde Úbeda, fue un destacado pintor. Nació en Ciudad Real en 1869. Tradicionalista como sus mayores, en 1898 viajó a Venecia y fue nombrado pintor de cámara de Carlos VII, realizando en el palacio Loredan retratos del Duque de Madrid, del príncipe Don Jaime y de Doña Berta. Se estableció después en Barcelona, donde se casó con Matilde Garriga Coronas, de reconocida familia barcelonesa.

Durante la Cruzada de Liberación los rojos saquearon su estudio y rompieron el pergamino carlista por el que Don Jaime le declaraba su pintor de cámara. Logró escapar a Francia y pasar a la zona nacional. Al acabar la guerra regresó a Barcelona, donde falleció en 1944.

Página web monográfica: carlosvazquezubeda.com


Fernado Vázquez Úbeda, hermano del anterior, fue procurador de los tribunales en Ciudad Real. Durante su juventud colaboró en el periódico El Manchego (1886-1897) que dirigía su padre. A principios del siglo XX presidía el Centro Católico Obrero Benéfico de la Sagrada Familia y era concejal del Ayuntamiento de Ciudad Real. Por iniciativa suya en 1911 el Ayuntamiento presidido por Ceferino Saúco Díez convocó un concurso de proyectos que debía erigir en Ciudad Real un monumento al cardenal Monescillo, ilustre prelado y destacado tradicionalista manchego, si bien lamentablemente no llegó a erigirse dicho monumento.

D. Fernando fue jefe jaimista de la provincia de Ciudad Real. En 1919 se adhirió al partido de D. Juan Vázquez de Mella, del cual ejerció también como jefe provincial. Durante la Segunda República presidió en Ciudad Real la junta de la Comunión Tradicionalista reunificada. Murió por Dios y por España —asesinado por los rojos— en el verano de 1936.

Tenía en Ciudad Real una casa de labor, situada en la calle de la Jara n.º 2, que heredaron sus sobrinos Carlos y Matilde Vázquez Garriga (hijos de Carlos Vázquez Úbeda), quienes la vendieron en 1953.


Matilde Vázquez Úbeda, hermana de ambos, se casó con el ingeniero jefe de Obras públicas de la provincia de Ciudad Real, D. Ezequiel Naranjo.


Matilde Vázquez Garriga (1911-2004) fue pintora como su padre. Carlos Vázquez Garriga (1904-1973) se casó con María Dolores Fernández Victorio y Sáenz de Hermua (1911-1997) y tuvieron nutrida descendencia. Sus hijos, nietos y biznietos residen actualmente en Barcelona.

dilluns, 22 de gener de 2018

Rvdo. Teodoro Magriñá

Mosén Teodoro Magriñá (1838-1922)
durante la Tercera Guerra Carlista
Tal día como hoy, 22 de enero de 1922, entregaba su alma a Dios el reverendo cura párroco de Bráfim D. Teodoro Magriñá y Molins, a los 83 años de edad.

El Rvdo. Magriñá, ante los desastres que la República sectaria ocasionaba a la Patria y como entusiasta tradicionalista, luchó denodadamente en las filas carlistas, alcanzando en ellas por su valor y denuedo el grado de comandante.

Terminada la guerra se dedicó a la carrera parroquial, siendo párroco de Bráfim a los 39 años, cargo que desempeñó por espacio de 44 años. Varón de clara inteligencia e indomable energía, acabó con las rencillas locales, logrando con su celo verdaderamente apostólico volver al redil de la Iglesia a la mayoría del pueblo que de ella estaba distanciado.

Por los arzobispos Vallmitjana y Costa y Borrás, que le tenían en gran estima, le ofrecieron sillas en sus Cabildos y cargos cerca de sus personas, que declinó en aras de su cariño a sus feligreses.

En su entierro se patentizaron las simpatías de sus feligreses en que ni un sólo vecino trabajó, para asistir a la inhumación de su cadáver.

El Norte (Gerona, 12 de febrero de 1922)

diumenge, 7 de gener de 2018

Entrevista a Claudi Colomer (1921-2015), l'últim director «carlista» d'El Correo Catalán

Avui fa tres anys de la mort de Claudi Colomer Marqués, últim director «carlista» de l'històric diari de Barcelona El Correo Catalán. Entrecomillem l'adjectiu «carlista» perquè dubtem que sigui adient per a una persona que defenia «els avantatges del pluralisme», que presumia d'haver tingut col·laboradors democristians i de l'antiga Lliga i que va acabar afiliat al partit joancarlista Unión Nacional Española i Alianza Popular.

El Correo s'havia fundat l'any 1876 com a successor de La Convicción —diari carlí de Barcelona durant el Sexenni Revolucionari— per a defensar els ideals de la Comunió Catòlico Monàrquica. Els seus fundadors foren Manuel Milà de la Roca —qui havia participat en la tercera guerra carlina i havia estat secretari personal de Carles VII— i el prevere Fèlix Sardà i Salvany, autor de la cèlebre obra «El liberalisme és pecat». Gràcies sobre tot al treball del seu segon director, l'abnegat publicista tradicionalista Lluís Maria de Llauder —qui abans havia dirigit La ConvicciónEl Correo aconseguiria consolidar-se com una de les principals capçaleres de la premsa barcelonina.

Després de la Croada d'Alliberament Nacional (1936-1939), durant la qual els roigs van tancar El Correo, Diego Ramírez Pastor (àlies «Jorge Claramunt»), carlí «unificat», se'n va fer càrrec de la direcció fins al 1946. La derrota de les potències de l'Eix impulsaren el règim franquista a abandonar el totalitarisme i tractar de modernitzar-se, admetent una certa pluralitat. En aquest context, Claudi Colomer, qui només tenia 25 anys, va accedir a la direcció d'El Correo Catalán. Quan Colomer marxà deu anys després, el 1957, El Correo, segons declaracions del propi Colomer, «es va despolitizar» i va deixar de reivindicar la raó per la qual havia nascut: el carlisme.

En l'entrevista que reproduïm, Colomer destaca com a mèrits propis haver portar com a col·laborador del diari el jesuita José María de Llanos, qui ja començava a destacar-se per la seva heterodòxia i que poc després esdevindria comunista; haver publicat pastorals contràries als ideals tradicionalistes del nefast prelat Tarancón, quan era bisbe de Solsona; o haver permès que els lliguers, que no tenien cap diari, fessin seu El Correo Catalán, la qual cosa no havia passat ni tan sols durant la direcció del pro-catalanista Miquel Junyent. El mateix Colomer, quan encara no havia abandonat el carlisme, s'havia vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, organització de tendència demòcrata-cristiana.

Sota la direcció del seu successor, Andreu Roselló Pàmies —qui havia estat nomenat sots-director per Colomer—, el diari passaria a defensar un catalanisme moderat i la democràcia cristiana, pel que sembla, amb el vist i plau de Fomento de la Prensa Tradicionalista, S.A., societat editora del diari, que va fer traició dels ideals fundadors de l'empresa. El diari esdevindria un dels preferits de l'oposició antifranquista i la societat acabaria sent comprada l'any 1974 per Jordi Pujol, qui li canvià el nom pel de Foment de la Premsa S.A., treient l'adjectiu «tradicionalista». El Correo, que havia perdut la seva raó de ser i ja no interessava ni feia falta a ningú, va quebrar pocs anys després, amb acusacions al posterior president de la Generalitat joancarlista d'actuacions fraudulentes.

Pel seu interès històric, hem volgut reproduir l'entrevista que li van fer a Claudi Colomer l'any 1995.



Claudi Colomer, el director més jove del franquisme

Amb només 25 anys va fer-se càrrec, el 1946, de la direcció d'El Correo Catalán


Claudi Colomer (fotos: Laura Guerrero) 
—Jaume Fabre—

Comencem en aquest número de Capçalera una sèrie d'entrevistes a periodistes veterans que han ocupat, en el passat, càrrecs directius en diaris de Barcelona. Part del material de les entrevistes ja realitzades ha estat utilitzada per al llibre La premsa uniformada, sobre els diaris barcelonins dels primers anys del franquisme, de publicació imminent dins la col·lecció Vaixells de Paper. Aquesta sèrie d'entrevistes, que podria titular-se perfectament "Els ex", és com un primer tast del llibre i una visió més detallista, i a la vegada més humana i lleugera, d'alguns dels temes que s'hi tracten. Comencem amb Claudio Colomer Marqués, únic director sobrevivent dels que ho van ser als anys quaranta.

* * * * *

Diego Ramírez Pastor, director d'El Correo Catalán des de la primera meitat dels anys quaranta, va ser acomiadat el 1946 amb males maneres: un dia es va trobar la porta del seu despatx tancada, amb fustes clavades per la banda de dins. Ramírez, tot i que era d'origen carlí, no havia estat mai un director a gust dels propietaris del diari, però en la primera meitat dels anys quaranta qui manava als mitjans de comunicació no era l'empresa, sinó el ministeri de Governació.

Va ser succeït en la direcció per Claudi Colomer Marqués, que va fer un salt professional espectacular des de la corresponsalía del diari a Madrid. Colomer, nascut el 18 d'abril de 1921 a Granollers, va començar la carrera periodística als setze anys a la seva vila natal, on va fundar i dirigir el setmanari local Estilo, després anomenat Vallés, que encara existeix.

Va fer la carrera d'advocat a Barcelona i, un cop acabada, va haver d'anar a fer el doctorat a Madrid. Aprofitant la seva estada a la capital, va matricular-se, als 22 anys, a l'Instituto de Estudios Políticos, que dirigia Fernando María Castiella, i a l'Escola Oficial de Periodisme, que dirigia Juan Aparicio.

La seva mare pertanyia a una família arreladament carlina, cosa que li va permetre agafar la corresponsalía d'El Correo Catalán a Madrid. La seva amistat amb l'editor Luis de Caralt li va permetre agafar també la corresponsalía de Radio España.

A Madrid, aquell jove que prometia va relacionar-se de seguida, en funció de la seva feina, amb alguns polítics que el van ajudar. Però no es va limitar al món carií que més directament havia de beneficiar amb les seves informacions, sinó que va saber diversificar el cercle de les seves relacions polítiques, que anaven des del tradicionalista ministre de Justícia Antonio Iturmendi fins al d'Afers Estrangers, vinculat a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Alberto Martín Artajo. Precisament l'arribada d'aquest al govern, el juliol de 1945, va ser decisiva per al nomenament de Colomer com a director d'El Correo. Acabada la guerra mundial, calien aires nous, anar arraconant les camises blaves i les boines vermelles i donar pas a gent jove amb ambició. Colomer era la personalitat ideal. El jonsista Juan Aparicio, que l'havia conegut bé a l'Escola de Periodisme, el va apadrinar també, per tenir un xicot de confiança a Barcelona. Així va desembarcar Colomer el 1946 a la direcció d'El Correo, amb només 25 anys, un cas insòlit de joventut en un càrrec de tanta confiança.

—En començar la guerra civil, jo tenia 15 anys i ja havia desfilat vestit de requetè en les concentracions que durant la República havíem fet a Montserrat i Poblet. Per part de la meva mare hi havia una gran vinculació amb el carlisme, però per part del pare més aviat eren gent no política, per bé que conservadora. 

—No el van allistar, ni en la quinta del biberó...

—Jo havia sofert un accident de caça i vaig perdre un peu. Era mutilat. Això va fer que passés la guerra a la reraguarda. Vaig veure desaparèixer els que havien estat els meus caps polítics, i companys meus del requetè, com el mestre de Parets i els seus dos fills, o el germà gran dels Riera Marsà, que tenia 22 anys... Per això, en acabar la guerra, jo tenia una visió molt maniquea de la realitat: havia vist matar companys meus, cremar esglésies, col·lectivitzar les fàbriques. La meva visió era molt elemental: els uns bons i els altres dolents. Després vaig anar veient que tot era molt més complex.

—La guerra li va interrompre els estudis en un moment clau de la seva vida...

—Així i tot vaig poder acabar la carrera de Dret a Barcelona, el 1942. Aleshores el doctorat no es podia fer aquí, calia anar a Madrid, i vaig haver-hi d'anar. Un cop allà, vaig aprofitar per matricularme també a l'Escola Oficial de Periodisme.

—De què li venia, l'afició al periodisme?

—Jo havia fundat, als 18 anys, a Granollers, un setmanari local, que encara existeix amb el nom de Vallés.

—Crear una publicació en la immediata postguerra no devia ser fàcil...

—Ho vaig fer perquè, un cop dins de la política, jo tenia unes limitacions evidents, per la meva invalidesa i perquè no era un gran orador. Així que vaig preferir manifestar-me políticament a través del periodisme... Jo no volia que aparegués com una publicació oficial de la Jefatura Oficial del Movimiento, sinó com una empresa privada, que és el que realment era. Però tampoc podia aparèixer com a publicació carlina, i vaig haver-me de camuflar amb el yugo y las flechas, cosa que va ser molt mal vista pels companys carlins. Però no tenia aleshores una dependència directa de la Jefatura del Movimiento: era veritablement una empresa privada, que fins i tot proporcionava alguns guanys, perquè jo sol m'ho feia tot i no hi havia despeses. Però jo no em volia quedar per sempre a Granollers només per mantenir-la, i els que la van agafar quan vaig marxar ho van fer amb uns altres plantejaments i van haver d'agafar una dependència més gran del Movimiento.

—El carlisme s'havia integrat amb Falange i les JONS en el partit únic....

—Mentre vaig ser a Granollers jo pensava que aquesta integració era bona, però quan vaig sortir de Granollers vaig veure que no hi havia tal integració, sinó un intent d'absorció i eliminació dels grups tradicionalistes, que si l'any 36 eren una minoria, l'any 40 havien crescut molt, perquè s'hi havien integrat gent que no volien tenir uns ideals totalitaris però que no podien expressar-se a través de cap altre partit, com la gent de la Lliga. El carlisme era molt fort com a esperança.

—L'únic jove carlí de Catalunya a l'Escola Oficial de Periodisme de Madrid, el 1943, era un fitxatge inevitable per a El Correo Catalán...

—La meva experiència com a periodista local va ser un argument de pes. Jo ja havia fet de corresponsal del diari a Granollers, i quan vaig marxar em van demanar que els busqués substitut: els vaig proposar en Josep Verde Aldea, l'actual eurodiputat socialista, que és efectivament qui va continuar la corresponsalía d'El Correo a Granollers. La crònica de Madrid la passava cada nit per telèfon, l'agafava el taquígraf a mà, ho passava a màquina i d'allà anava a la linotipia. Les meves cròniques eren evidentment político-tradicionalistes. També havia de parlar de temes de folklore local, però quan hi havia una ocasió —com ara una conferència o la presentació d'un llibre— per exaltar els nostres polítics, com en Joaquim Bau, o la gent més pròxima al tradicionalisme doctrinari, com en Pemán, ho feia, evidentment.

—Va tenir problemes amb la censura?

El Correo Catalán tenia una situació especial, vivien dintre d'una nebulosa. Els mèrits que havien fet tants combatents carlistes morint en la guerra civil li donava una certa patent de cors davant la censura. A més, estava vinculat molt fortament amb els bisbes, als quals feia continus favors publicant-los les cartes pastorals i exaltant la seva labor. La censura tenia la impressió que si ens tocaven a nosaltres, tocaven l'Església. Per això, el diari tenia un censor eclesiàstic propi, el canonge provisor doctor Baucells —que, per cert, era sord—, i la censura política donava per bo el que ell decidia. A més, tots ja sabíem en quin terreny ens movíem, i escrivíem en uns termes tan abstractes, que la censura poca cosa hi tenia a dir. Recordo que en un dels meus primers articles, per criticar la multiplicitat de jurisdiccions especials que va crear el franquisme —de responsabilitats polítiques, de contraban, de delictes monetaris...—, vaig haver de parlar de la feina dels advocats i dels juristes i citar sant Ramon de Penyafort. Un altre cop, per destacar els avantatges del pluralisme, vaig comparar el monoteisme tomista amb la visió del món de sant Agustí, que veia un Déu més plural, que contenia a la vegada Amor, Intel·ligència, Ordre i Legalitat. Va agradar molt als bisbes, que van veure que sabia molta teologia, però no sé si el lector va captar el que volia dir. Sempre podies colar alguna coseta, perquè hi havia censors que, amb tots els respectes personals, eren bastant..., com ho diré?: que no s'adonaven del que deies.

—La caiguda de Ramírez Pastor va ser la seva gran oportunitat...

—El Diego Ramírez Pastor va venir nomenat de Burgos. En els primers temps, amb Serrano Suñer, van voler fer una premsa més homogènia. En Ramírez Pastor procedia del carlisme i era una persona de tota honradesa, però havia vingut amb la prepotència característica dels que arribaven a Barcelona directament des de Burgos. Sempre va estar marcat pel fet que a ell no l'havia nomenat el president del consell d'administració, en Joaquim Gomis. Això va crear una mena d'incompatibilitat personal del director amb el consell de Fomento de la Prensa Tradicionalista. Per això, quan van poder fer-lo fora i nomenar-me a mi, va ser com un alliberament. Jo era amic seu...

—I el director més jove de Barcelona, amb 25 anys...

—Venia amb idees noves. A Madrid havia conegut el padre Llanos, que encara no era el comunista que va ser després, però que començava a despertar interès pel que deia. El vaig portar de col·laborador. També m'havia vinculat, sense deixar el carlisme, a l'Asociación Católica Nacional de Propagandistas, on cabia des de la democràcia cristiana als catòlics autoritaris. Precisament un dels homes més representatius d'aquest grup, el Martín Artajo, quan va arribar a ministre d'Afers Estrangers va ser qui em va donar l'empenta definitiva per ser nomenat director d'El Correo. Ja era amic meu abans de ser nomenat ministre. Curiosament, el que ell va posar com el seu home de confiança a la premsa, el director general Cerro Corrachano, va ser el qui vaig tenir més conflictes com a director, especialment a causa de la publicació de les pastorals del Tarancón, que aleshores era bisbe de Solsona. Feia pastorals sobre el barraquisme o les titulava "Justicia, pan i trabajo" i jo en publicava el text íntegre com a fulletó colleccionable. El Cerro va amenaçar-me diverses vagades de destituir-me. Era una gran persona, però quan va arribar al càrrec va descobrir el poder de l'estat. Quan s'empipava amb mi perquè publicava les pastorals del Tarancón, jo li deia que si aquest havia estat presentat al cap de l'Estat i n'havia rebut el vist-i-plau, jo no podia tenir cap sospita sobre la seva lleialtat ni creure, com deia el Cerro, que les seves pastorals soscavaven els fonaments del règim. "Esto no quiere decir nada, porque también acabamos de nombrarte director de El Correo Catalán y podemos destituirte". "A mi sí", li vaig dir, "pero al obispo de Solsona, no".

—La relació d'un director d'un diari de Barcelona era més forta amb Madrid que amb el governador civil?

—La censura d'aquí tocava petites coses de detall: que si un regidor havia dit això, que si una crítica de teatre contra un dels autors preferits del règim... Però quan tocaves una cosa més de fons, en un editorial, per exemple, els d'aquí ja no sabien gaire com anava. Perquè encara que el règim semblés monolític, no ho era tant. El director general de Premsa podia ser demòcratacristià i el governador civil d'aquí, d'una línia completament diferent. Per això ens enteníem directament amb Madrid. A l'època del Juan Aparicio a la direcció general de Premsa, com que era gran amic meu, aquí els de censura ja podien dir el que volguessin, que jo sabia que tocaven d'oïda. Si m'obrien un expedient, em quedava tan el tranquil. Els falangistes sempre demanaven el meu cap, però jo tractava sempre de fer-los veure a Madrid que aquí de falangistes no n'hi havia hagut mai, i que si no es recolzaven en els quatre carlins que tenien, malament. M'havien e donar la raó.

—Però, de fet, els periodistes en què més es van recolzar van ser els lerrouxistes.

—Al Correo no n'hi havia pas...

—Quan vostè va arribar a la direcció, en ser tan jove, es devia crear una situació curiosa en les relacions amb els redactors del diari, que en general eren gent molt gran.

—És normal, quan arriba un director nou, que es recolzi en uns quants companys de confiança. Jo al principi estava una mica espantat, davant aquells sants barons: monsenyor Lisbona, el Junyent... Cada dia, abans d'anar al diari, passava per la Catedral a encomanar-me a Déu. N'hi havia que em duplicaven l'edat, i en general tots tenien més experiència que jo. Però alguns em van ajudar des del primer moment, com per exemple el Tarin. Vaig portar col·laboradors nous, com en Duran i Ventosa, de la Lliga, que signava "Oldest". Dels fitxatges de redactors que vaig fer, uns van sortir més bé i altres no tant. El primer que vaig portar va ser l'Esteve Molist, que era un escolà de Vic molt amic del Luis Santamarina, que volia imitar. Escrivia com ell una literatura de castellano viejo que no tenia res a veure amb la realitat. El vaig conèixer un cop que vaig anar a Vic a donar una conferència. Em va semblar un noi que prometia i li vaig aconseguir una beca perquè pogués estudiar a Madrid. Quan va acabar la carrera el vaig fer entrar al Correo. Com que també era jove, als vells no els va semblar gens bé. Un altre que vaig fer entrar era el Jaume Pol Girbal, empordanès, de qui es deia que escrivia quasi com en Pla, i també en Josep Pernau, i l'Ibáñez Escofet...

—Però també en van marxar bons periodistes, com Manuel del Arco.

—La seva marxa no va tenir res a veure amb la meva entrada. Va ser perquè al Diari de Barcelona li van oferir més diners que al Correo. En marxar, el vaig substituir pel Soler Serrano, que feia l'entrevista diària, i el Muntañola, que feia la caricatura. I després d'un any i mig fent-ho ells, ho va agafar el Pernau. El Pernau el vaig conèixer a l'Escola de Periodisme, que jo dirigia. Era mestre i parlava amb un accent lleidatà terrible. Li dèiem "Lo Pernau".

—A l'època que vostè va estudiar a l'Escola de Madrid, hi havia algun altre català?

—De català no en vaig conèixer cap. El que sí que hi havia era Horacio Sáenz Guerrero, que era de La Rioja, i quan va acabar el van enviar aquí a La Vanguardia.

—Com va anar la creació de l'Escola de Periodisme de Barcelona?

—Ens trobàvem que aquí hi havia molts bons periodistes que treballaven normalment però no estaven al Registre Oficial ni havien passat per l'Escola de Madrid, i calia regularitzar la seva situació. Acabada la guerra, quan el Serrano Suñer va crear el Registre Oficial de Periodistes, es va dir que podien inscriure-s'hi els que estiguessin treballant en una redacció el 1939 o els que a partir d'aquell moment sortissin titulats de l'Escola Oficial. La majoria van fer la sol·licitud, amb els avals i certificacions necessaris, i si van passar la depuració, van ingressar al ROP, que era requisit indispensable per treballar. Però alguns que havien treballat abans de la guerra no van voler demanar la inscripció, per por, i altres que van començar a treballar després no havien passat per l'Escola Oficial. Gent com l'Angel Zúñiga, el Sempronio, el Néstor Luján, el Llorenç Gomis, el Julio Manegat o el Julià Mir —que després va fundar el Dicen— estaven en fals; alguns perquè havien treballat en premsa catalana o havien estat inscrits en un sindicat i no podien legalitzar la seva situació, i d'altres perquè havien començat a treballar sense passar per l'Escola. Fins i tot alguns Pérez de Rozas estaven en una situació d'intrusisme, que van regularitzar amb aquell curset. Per això vaig convèncer l'Aparicio que, ja que la realitat no s'adaptava a la legislació, calia adaptar la legislació a la realitat. No els podíem enviar pas tres anys a Madrid, a gent que eren mestres del periodisme, i per això vam muntar un curset d'estiu. Primer pensàvem en una trentena, però al final n'hi vaig fer entrar setanta-sis. Alguns dels que vaig colar no tenien tants mèrits per entrar-hi com altres que van quedar-ne fora, en el sentit que feia molt poc temps que eren al periodisme, com l'lbáñez Escofet o el Llorenç Gomis, o bé que només eren nois que prometien, com el Luis Ezcurra. Això em va fer molt mal veure d'alguna gent que feia temps que publicaven coses en premsa i que no els vam deixar entrar al curset, com el Martí Farreras o la Llucieta Canyà. Deien que jo havia afavorit els que treballaven al Correo. Amb el curset d'estiu ja van tenir tots el títol de periodista i van poder-se inscriure al ROP.

—Però aquest curset d'estiu va ser una cosa diferent de l'Escola...

—Sí. Acabat el curset vam crear l'Escola de Periodisme de Barcelona. L'Aparicio va concedir que es poguessin fer dos cursos aquí i que només s'hagués d'anar a fer a Madrid el tercer, amb beca. Es va començar en unes sales de l'Ateneu, gràcies al fet que jo n'era directiu, i també el Gual Villalbí. Per pagar alguna cosa als professors, vam demanar als diaris que ens subvencionessin. La Vanguardia va ajudar força, i per agrair-li l'ajuda l'Aparicio va obtenir per al comte de Godó la gran creu del mèrit civil. A l'hora de fer-l'hi saber, no va voler que ho fes el delegat provincial del ministeri, sinó que em va demanar que ho fes jo. Al final vam haver de marxar de l'Ateneu, perquè protestaven molt, fins i tot a Madrid. El que més ens va perjudicar va ser l'organització dels col·loquis: cada setmana organitzaven uns debats públics, amb diversos ponents, en els quals els alumnes de l'escola feien preguntes, però era obert al públic. Hi havia cues al carrer, fins al punt que alguns debats vam haver-los de traslladar a la sala Mozart, i fins i tot al Price, perquè la gent no cabia a la sala de l'Ateneu. Era com els actuals debats a televisió, però l'any 1953, en una època que al nostre país no es feien coses d'aquestes. Sovint venia el mateix Aparicio a moderar-los, i si no, ho feia jo mateix. Els diaris en publicaven resums. He buscat a la premsa de l'època i n'he trobat, per exemple, un que es deia "¿Cómo conquistó usted la fama?", en el qual hi van participar Joan Miró, Hipólito Lázaro, el Samitier, el Josep Ciará, la Raquel Meller, en Josep Maria de Sagarra... O un altre quan hi va haver el cas Di Stefano, que va ser dels de més èxit. Tanta expectació despertaven, que fins i tot vam arribar a cobrar entrada, i d'aquesta manera obteníem recursos per a l'Escola, que n'anàvem molt mancats. Buscàvem patrocinadors per als viatges de fi de carrera, i per poder-nos finançar, un any fins i tot vam portar el Milà a jugar un partit amistós amb el Barça, que havia quedat campió de Lliga, i vaig aconseguir, després de parlar amb el general Moscardó, responsable polític de l'esport espanyol, que el Madrid ens deixés el Di Stefano per jugar també en aquest partit. El dia de l'aniversari de l'alliberament de Barcelona vam emplenar l'antic estadi del Barcelona i vam treure un milió de benefici. Aleshores vaig cometre un error de joventut, i com que amb quatre-centes cinquanta mil pessetes ja en teníem prou per eixugar els dèficits de l'escola, vaig anar a veure el governador civil, amb qui no mantenia gaire bones relacions, per lliurar-li la resta, i que ho destinés a beneficència. Carai! Quan el governador va veure que havíem obtingut un milió de pessetes, va dir que l'any següent ja l'organitzaria ell, "el partido benéfico". O sigui, que no en vam poder muntar mai més cap. Tot això, l'Ateneu no ho veia amb bons ulls, i el Florentino Pérez Embid, que era director general de Cultura, crec, i els Ateneus depenien d'ell, ell mateix, que m'havia nomenat a mi i el Gual Villabí directius de l'Ateneu, ens en va fer treure l'Escola de Periodisme. Va ser aleshores que vam anar a parar a Santa Mònica.

—On ara hi ha una sala d'exposicions de la Generalitat, al capdavall de la Rambla. Com hi van anar a parar?

—Aquell convent va passar a l'administració civil en les desamortitzacions del segle passat, però no sabien què fer-ne. Encara que estava vinculat a la parròquia del costat, era patrimoni de la Diputació. I ens ho van deixar per a l'Escola, a falta de res millor. I així vam continuar. Però després de l'Aparicio van posar a la direcció general un doctrinari sofista, el Muñoz Alonso, que va tancar l'escola de Barcelona. Era un que publicava llibres titulats José Antonio, un soñador para un pueblo, i coses així. Com que a l'Escola de Periodisme d'aquí ens movíem en un terreny molt tècnic, i no volíem adoctrinar els alumnes, ni políticament ni religiosament, em va sustituir per l'Ezcurra, després de cridar-me un dia per dir-me que hi havia una quantitat de denúncies en contra meu, perquè teníem molts alumnes que no eren de fiar, i que hi havia una llibertat entre nois i noies excessiva.

—N'hi havia gaires, de noies? Perquè a les redaccions no n'hi havia ni una...

—Es va posar de moda, entre les noies de la burgesia, estudiar periodisme. Però, naturalment, quan acabaven els estudis es casaven i no exercien la carrera. Per allà va passar, per exemple, la Bibí Salisachs, la Maria Marquès, filla d'una gran família d'industrials de Vilanova i la Geltrú, i la noia Giró, neboda del Godó, i que aleshores tenien l'empresa de motos Montesa. També hi venia la Carmen Trias de Bes, que va arribar a fer algunes cròniques de futbol per al Correo. També hi venien molts frares i capellans, perquè els ordes religiosos necessitaven gent titulada per dirigir les seves publicacions, molt abundants.

—A la seva època, El Correo fa el trasllat des de Banys Nous a la Rambla, als baixos de l'hotel Montecarlo, després de comprar la rotativa de Las Noticias...

—Vaig muntar una empresa a la qual vaig posar el nom de Gráficas Industriales, i aquesta empresa va comprar als Roldós la rotativa amb què havien fet Las Noticias fins al 1939. Amb ella imprimiríem El Correo i altres coses per a tercers. El primer client que vam tenir va ser el Dicen. Vam tractar amb el Roldós i al final li vam comprar la rotativa per dos milions i mig, quan el preu del mercat era de deu. Vam veure que ens sortia més a compte llogar als Roldós el local on hi havia la rotativa que no traslladar la rotativa a un altre lloc, que hauria costat una fortuna. Així es va traslladar tot el Correo, redacció, administració i tallers. A la inauguració hi van venir dos ministres: el tradicionalista Iturmendi, ministre de Justícia, i el monàrquic comte de Vallellano, ministre d'Obres Públiques.

—Perquè no van deixar publicar Las Noticias als Roldós, després de la guerra?

—El règim va fer un mapa de la premsa de Barcelona, i Las Noticias no hi entrava. Es van concedir només els necessaris per mantenir un equilibri polític: Falange, carlins, monàrquics joanistes, un diari esportiu i dos diguem-ne independents, un de matí, La Vanguardia, i l'altre de tarda, El Noticiero. I ja no en va deixar sortir cap més. L'argument que es donava oficialment és que no hi havia paper, cosa que a la postguerra era certa, però només fins a cert punt. Els cupos de paper era la nostra batalla contínua, perquè els diaris del Movimiento sempre estaven beneficiats pel cupo. Els donaven més paper del que necessitaven i ens el revenien a nosaltres al doble de preu. El sindicat vertical de premsa era el que distribuïa els cupos, i al sindicat hi tenien un fort predomini els falangistes.

—La seva tensa marxa d'El Correo contrasta amb l'entrada triomfal que hi havia fet.

—Amb el nou consell d'administració vam arribar a una situació insostenible, fruit d'un moment de crisi personal que jo travessava i de la prepotència amb què aleshores jo em movia. Vaig seguir una política de mantenir-los massa apartats de les grans decisions. La conseqüència va ser que finalment em vaig decidir a vendre les accions que tenia i a renunciar al contracte, sense cap indemnització. Ara penso que va ser un error.

—Però per què es van produir aquestes tensions amb el consell nou?

—Són coses rares. El consell nou potser trobava aleshores que jo feia massa coses: la direcció de Radio Nacional a Barcelona, la de l'Escola..., i trobaven que em dedicava poc al diari. Però crec que la crisi forta va esclatar per una bajanada, una cosa que no tenia res a veure amb el diari, però que revela molt bé com funcionen les coses a la vida, per camins molt diferents dels que la gent s'imagina. Sovint els problemes sorgeixen per banalitats i no per qüestions de fons. Per a mi va ser una gran lliçó. Ho explicaré: Hi havia al consell d'administració un capellà que a mi m'havia ajudat molt, mossèn Rossell, molt carií. Quan es va produir la vacant de capellà de la capella de Sant Jordi, a la Diputació, ell aspirava a ocupar-la. Però hi havia un altre aspirant, el doctor Roqué, menys tradicionalista que ell. Jo era diputat provincial i vaig haver d'intervenir en la decisió. I en lloc d'agrair a mossèn Rossell tot el que havia fet per mi, em vaig deixar portar per les meves inclinacions intel·lectuals i vaig donar suport a la candidatura del doctor Roqué. Mossèn Rossell no m'ho va perdonar mai, i a partir d'aquell moment va fer tot el possible per perjudicar-me. Ja passa, que de les grans amistats es va als grans odis. I l'odium theologicum ja no es para mai més. Tenir un enemic tan fort al consell d'administració del diari al final em va cansar, i vaig llançar l'esponja. Ja portava dotze anys al diari. Potser va ser un error, per a mi i per al diari, perquè, en seguir uns camins diferents, va començar a fer batzegades, en un moment de forta competència dels altres diaris, quan ja no hi havia manca de paper i podien començar a ser més brillants. En despolititzar-se, el diari va perdre el públic fidel. Jo crec que si no haguessin començat aquelles oscil·lacions encara tindríem Correo.

—Però quan vostè va marxar va ser precisament quan més van pujar les vendes...

—L'Andreu Roselló va ser un gran director. Havia començat fent rebuts a l'administració, i quan va poder passar a la redacció va destacar escrivint cròniques d'internacional, que eren bastant llegides, perquè tenia instint periodístic. És el que feia quan jo hi vaig arribar. El vaig nomenar sots-director. Però em sembla que quan va arribar a la direcció no li van deixar seguir gens la seva línia ideològica, que l'empresa el va arribar a interferir molt, imposant-li textos, sobretot al final.

—Abans ha parlat d'en Duran i Ventosa, de la Lliga, com a col·laborador del diari. Desapareguda La Veu de Catalunya, i sense possibilitat de reeditar-se, pel fet de ser en català, quins vehicles d'expressió en premsa va utilitzar la Lliga, després del 39?

—La gent de la Lliga havia mantingut sempre bones relacions amb els carlins, i en acabar la guerra es van acollir al Correo.

—A part de l'Esteve Molist i en Pernau, quins altres joves periodistes d'aleshores recorda?

—El Cadena, que vaig agafar per a la revista Paseo, que jo editava; en Faulí, que va començar al Correo Catalán. M'agradaria saber quin record conserven de l'Escola...

—Com es va vincular amb la ràdio?

—Per l'amistat amb l'editor Luis de Caralt. Quan era a Madrid vaig començar a fer de corresponsal de Radio España de Barcelona, on hi havia el Luis de Caralt. Sempre em va ajudar molt. Quan ell era diputat provincial de Cultura i jo estudiava a Madrid, em buscava de tant en tant cicles de conferències a les biblioteques populars. Jo venia uns dies i així guanyava uns diners. També em va donar la corresponsalía de Radio España. Després, a Radio Nacional, m'hi va fer entrar l'Aparicio, perquè va veure que era una manera d'intensificar la seva importància a Catalunya. Em va nomenar director de les dues emissores de Radio Nacional. Vaig intensificar els programes populars: "Fantasia", de l'Arandes i el Gallo, la campanya benèfica dels senyors Dalmau i Viñas... Amb ells vaig tenir alguns problemes, perquè jo creia que havíem d'ajudar el Cottolengo i ells eren més partidaris de l'Hospital Clínic. Jo vaig fer emetre per primer cop "La Santa Espina", primer només la música i després també amb la lletra. Vaig tenir una quantitat de denúncies dels de la Jefatura Provincial... Fins i tot em va cridar el ministre! Amb l'Arias Salgado no intimàvem gaire, però em tenia afecte, perquè quan venia a Barcelona i veia aquelles cues a l'Ateneu, als col·loquis de l'Escola, o al carrer Aragó, als programes de la campanya benèfica, que els fèiem a la Mutualitat de la Indústria Tèxtil, doncs allò li agradava molt. L'Arias Salgado era un dogmàtic que feia uns discursos molt llargs i ens els feia publicar a la premsa. Ocupaven dues pàgines! Mossèn Balart, que era confessor d'en Franco i molt amic meu, m'explicava un dia que li havia comentat al Generalísimo la llargada dels discursos de l'Arias Salgado. "¿Usted cree que habrá algún español que se los lea, excelencia?", diu que li va preguntar. "Quizás mejor así, quizás mejor que no lo lean!", li va contestar Franco.

—A la seva època, les relacions amb els altres directors com eren?

—Amb el que millor em vaig entendre va ser amb el de La Prensa, en Sánchez Gómez. Vaig viure amb ell l'aventura de l'IHola! També tenia una relació cordial amb el Castillo, del Diario de Barcelona, i amb el Santamarina, amb qui teníem amics comuns a Madrid. Ell no era periodista, anava per lliure; però era un home honrat. Amb el Manegat també molt bé. Però en Galinsoga es mantenia a part, es considerava més aristòcrata que els altres. Em va començar a fer cas i a tractar de tu a tu quan, a conseqüència d'una sèrie d'esdeveniments que van passar a Madrid i de la influència de l'Iturmendi, em van nomenar procurador en Corts al mateix temps que el Felipe Bertran Güell. Però als altres directors els tractava instal·lat des d'una certa superioritat. 

Mentre va ser director del diari va tenir una participació del 45% en les accions de l'empresa editora. En marxar, es va vendre aquest paquet d'accions, que va passar a engruixir la participació que la família Baygual tenia ja des del 1952 en el consell d'administració del diari. Els Baygual, empresaris tèxtils, van convertir-se a partir d'aquell moment en els homes forts de l'editora del diari. Van ser ells qui van promoure Roselló a la direcció, en substitució de Colomer. Un dels membres de la família Baygual va agafar la gerència. L'època dels Gomis i dels carlins passava a la història; començava la dels empresaris tèxtils, que anaven ocupant també altres llocs clau de la societat civil catalana, com la junta del Barça.

Els últims anys de director d'El Correo, Claudio Colomer va alternar (des del 1954) el càrrec amb la direcció de Radio Nacional de España a Barcelona. Va participar en la fundació de la revista catòlica progressista El Ciervo amb els germans Llorenç i Joan Gomis, Joaquim Xicoy i Paco Condominas. Però també enviava col·laboracions al setmanari ultradretà El Español, col·laboracions que va mantenir pràcticament fins a l'extinció de la revista, als anys setanta.

Va ser diputat provincial a Barcelona i procurador en Corts per designació directa de Franco a Madrid. Més tard va ocupar un temps els càrrecs de governador civil d'Àlaba i Santander i va participar el 1972 en la creació del Club Seny Nou, versió barcelonina del Club Tácito de Madrid. Actualment manté el seu despatx d'advocat a Barcelona i la vinculació amb diverses empreses familiars.

Claudi Colomer, el director més jove del franquisme (Capçalera, Octubre 1995)

Vegeu també: Palabras para la sesión de homenaje al académico Claudio Colomér Marqués