diumenge, 19 de novembre de 2017

El general Cayetano Freixa y Puig

En honor de un fiel seguidor de este cuaderno de bitácora que firma como Recared Bergistà, nos hemos propuesto transcribir en esta ocasión la biografía de uno de sus antepasados directos, nada menos que el general don Cayetano Freixa y Puig. El texto reproducido puede hallarse en el segundo tomo del Álbum de personajes carlistas, obra del abnegado propagandista de la Santa Causa —y compañero de armas de Freixa— don Francisco de Paula Oller (a quien Dios mediante hemos de dedicar también una entrada).

El ilustre bergadán que recordamos hoy, a pesar de haber combatido en su juventud al ejército legitimista durante la primera guerra carlista (probablemente engañado por las falacias del bando cristino, que decía defender la religión y el orden) y haber sido después oficial de la Guardia Civil nada más crearse este cuerpo militar en 1844, tras comprobar los desmanes de la Revolución durante el llamado «Sexenio Democrático», optó valientemente por poner su espada al servicio de Don Carlos VII, sacrificando con ello una prestigiosa carrera al servicio del gobierno para comandar las huestes de la Tradición española en la tercera carlistada.

Lamentablemente hoy, tal como nos informa Recared Bergistà, la gran mayoría de los habitantes de Berga desconocen absolutamente la historia de su heroico compatricio. Es preciso recordar que hasta la pasada centuria este pueblo —al igual que Vic y Olot— fue bastión carlista, aunque hoy dominen en él los elementos de izquierda radical y separatistas. Intuimos que este desconocimiento no es fortuito, sino que obedece a un plan de supresión de la historia de la Comarca Leal, a la que después de haberle sido arrebatada su identidad católica e hispánica, se le quiere arrebatar también una memoria histórica que «no interesa». Sirva esta entrada a modo de granito de arena contra tamaña iniquidad, y reciba nuestro simpático seguidor de tan ilustre prosapia nuestro más afectuoso saludo, que hacemos extensivo a su familia y a todos nuestros lectores.



DON CAYETANO FREIXA

Cayetano Freixa y Puig
(Berga, 1812 - Barcelona, 1897)

El señor Freixa nació en la villa de Berga, provincia de Barcelona, el día 12 de Diciembre de 1812. A primeros de 1834 se formó la Milicia Nacional Urbana de la que fué nombrado Sub-teniente, saliendo con parte de la misma en clase de movilizado á las órdenes del Coronel don Antonio Oliver. En 1835 operando en la misma provincia se encontró en las acciones de San Jaime de Frontañá, Castellar de Nuch, San Mauricio de la Cuart: en Mayo del referido año, pasó á la Compañía corregimental de Manresa y en Julio de 1836, previo examen, fué nombrado Sub-teniente del Regimiento de Infantería de Cazadores del Rey 1.º Ligero, que se hallaba de operaciones en la provincia de Lérida.

En la guerra de los siete años luchó en las filas de Isabel II, obteniendo poco antes de terminarse, el empleo de Capitán.

Del 1841 al 1843 se encontró de guarnición con su Regimiento en varios puntos del Principado de Cataluña y Aragón, habiendo obtenido por gracia general el grado de Comandante de Infantería.

En Octubre de 1844 fué nombrado segundo Capitán del 6.º Tercio de la Guardia Civil en su creación y destinado á la provincia de Teruel, en donde continuó hasta fin del año 1845. A mediados del año 1846 fué nombrado Jefe Instructor del Depósito de Contingentes, y disuelto éste, continuó prestando el servicio ordinario del Instituto hasta fin del año 1849 que pasó a Cataluña á prestar el servicio en el 3.er Tercio, y en 1851, á Valladolid á mandar la fuerza de la Capital como Comandante de aquella provincia del 8.º Tercio.

En 1853, por antigüedad fué ascendido á primer Capitán con categoría de Comandante de Infantería siendo destinado á prestar el servicio del Instituto al 2.º Tercio en Barcelona.

En el año 1856 se le dió el Grado de Coronel de Infantería: en 1858 ascendió á primer Comandante de Infantería por antigüedad y en Junio de 1863 á Teniente Coronel efectivo de la Guardia Civil destinado al 8.º Tercio de Granada. El 1869 ascendió á Coronel de la Guardia Civil, y desde esta fecha hasta Julio de 1873, fué destinado á mandar los Tercios de Granada, Valencia, Madrid y Barcelona.

Está condecorado con la Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; con las del Mérito Militar de 2.ª clase roja y blanca; con las de Caballero y Comendador de la Real y Militar Orden Española de Carlos III; con las de Caballero y Comendador de la Orden de Isabel la Católica, etc., etc.

El 22 de Julio del año 1873 salió de Barcelona á la una de la madrugada el Coronel don Cayetano Freixa con la fuerza de doscientos cincuenta infantes y cincuenta caballos, dirigiéndose á San Baudilio del Llobregat y desde allí a San Vicente dels Horts, atravesando la carretera de Valencia entre Vallirana y Molins de Rey en dirección á la Palma, donde llegaron á las cinco de la mañana, y después de un rato de descanso el Coronel mandó formar la fuerza en la plaza y les informó del motivo de la salida y objeto de la misma, que era el de unirse con el Sermo. Sr. Infante Don Alfonso de Borbón. La fuerza manifestó estar conforme, y llamados aparte los jefes y oficiales, asintieron también á la proposición de su superior. Emprendieron todos la marcha en dirección á Corbera dando una hora de descanso á la fuerza, y en aquel punto se presentó al Coronel Freixa un Capitán de su fuerza, dándole parte de que en el trecho que media entre el pueblo de la Palma y el de Corbera se le había desertado el sargento 1.º del Escuadron con un Guardia, pidiendo él y la mayor parte de los Oficiales el pase que anteriormente les había ofrecido y no admitieron. Atendida la especial situación topográfica de Corbera se dirigió á unas casas de campo distantes una hora escasa de la población, desertando en tanto en pequeños grupos casi todos los individuos de la fuerza, lo cual visto por el hijo del Coronel, mandó tocar llamada, y reunidos les afeó su comportamiento, recordándoles que por la mañana se podían haber marchado libremente con un pase del Jefe. Al anochecer emprendió el Sr. Freixa la marcha con unos treinta infantes y diez caballos, única fuerza que le quedaba de la que sacó de Barcelona, en dirección á Gelida, donde pensaba pernoctar, pero por un confidente supo que en dicha población estaba alojada una columna liberal, por cuyo motivo resolvió dirigirse á San Lorenzo de Hortons, atravesando la línea férrea entre San Sadurní y Noya. Al amanecer, rendidos de featiga llegaron al citado pueblo de San Lorenzo y después de quitar las bridas á los caballos se le presentaron dos oficiales á notificarle que acababa de llegar una columna republicana, lo que le obligó á salir precipitadamente de la población.

Por fin, el 29 de Julio tuvo el honor de presentarse en Centellas á SS. AA. RR., los cuales le prodigaron inequívocas muestras de afectuosa simpatía y cariño, así como también á los demás oficiales que le acompañaban, y le invitaron á almorzar, ordenándole que siguiera la marcha unido á su cuartel General con los cinco oficiales aludidos.

S. A. R. con la fuerza que tenía allí reunida se dirigió por Castelltersol á atacar el pueblo de Caldas de Montbuy, a cuyo hecho de armas se dió principio á la una de la madrugada del 30 de Julio de 1873, y continuó el día siguiente la acción contra las fuerzas enemigas republicanas que acudían en auxilio de aquella población, en cuyos hechos de armas tomó ya parte el Coronel Freixa.

El 31 de Julio de 1873 fué agraciado con el empleo de Brigadier.

El 14 de Agosto de 1873 tomó parte en el fuego de Balsareny contra una columna enemiga.

El 16 de Agosto de 1873 se halló en la acción de Caserras contra respetables fuerzas liberales.

El 23 de Agosto de 1873 tomó parte en el ataque y toma de Tortellá.

El 24 del mismo se encontró en el fuego de Argelaguer, acciones todas mandadas por S. A. R. Don Alfonso de Borbón, General en Jefe del Ejército Real de Cataluña.

El 12 de Setiembre de 1873 fué nombrado el Brigadier don Cayetano Freixa Inspector General del arma de Infantería del Principado catalán, Valencia y Murcia

En el mes de Octubre del año 1873 asuntos delicadísimos exigieron que SS. AA. RR. determinasen con aprobación de Don Carlos pasar al Norte á hacerle presente el estado de los asuntos carlistas en Cataluña, y para acompañarlos tuvo el honor de ser nombrado el Brigadier Freixa. En Estella fueron recibidos con los honores que su elevada jerarquía requería, permaneciendo en dicho punto los días 7, 8 y 9 de Noviembre del 73 con S. M., asistiendo todos á la batalla de Montejurra. Pocos días después pasó con SS. AA. RR. á Francia, hasta que en Abril del 74 penetró otra vez en Cataluña por la parte de Puigcerdá.

El 12 de Abril de 1874 el Brigadier don Cayetano Freixa recibió el despacho de Mariscal de Campo del Ejército carlista.

En el pueblo de Ribas, provincia de Gerona, se unió dicho General á SS. AA. RR. y el 21 de Abril del 74 fué nombrado Jefe de la División de Operaciones que seguiría siempre á su Cuartel General.

Habiendo acompañado á los Infantes en su expedición al Centro, en 15 de Junio en Alzaneta por encontrarse herido el General Jefe de E. M. G. del Ejército Real del Centro y Cataluña don Francisco Moya, fué nombrado interinamente General en Jefe del mismo el Sr. Freixa.

El 4 de Julio del 74 se halló en el ataque de la ciudad de Teruel, y en los días 13, 14 y 15 de Julio en el ataque y toma de la ciudad de Cuenca.

Su estado delicado de salud no le permitió continuar en operaciones, y al efecto S. A. R. el Infante á primeros de Setiembre le libró un pase para trasladarse á Francia con objeto de restablecerse.

A primeros de Febrero del 75 se presentó, restablecida ya su salud, en Vergara á Don Carlos.

Por Real Decreto del mes de Mayo del expresado año S. M. se dignó nombrar Vocal del Consejo Supremo de Guerra al Mariscal de Campo don Cayetano Freixa.

A mediados de Febrero de 1876 al concluirse la Campaña entró en Francia el General Freixa en compañía del Excmo. señor Teniente General Viñalet, Presidente del referido Consejo Supremo de la Guerra.

Continuó emigrado hasta mediados de 1879, en que regresó á España, y reside hoy en la capital del Principado catalán, dispuesto á sacrificarse nuevamente en los campos de batalla por la Causa á la que de manera tan cumplida hizo, como se ha visto, holocausto de su posición y carrera en el ejército liberal.

El General Freixa, considerado siempre por el Sr. Duque de Madrid y muy querido de los Infantes por las indudables pruebas de lealtad que de él tienen recibidas, ostenta también en su pecho la honrosísima Medalla de plata de Carlos VII.*

Oller, Francisco de P. (1888): Álbum de Personajes Carlistas, tomo II, pp. 104-112


* El heroico general don Cayetano Freixa y Puig entregó su alma a Dios en Barcelona el 7 de septiembre de 1897. A su muerte, su hijo don Joaquín Freixa recibió del augusto Duque de Madrid, el siguiente telegrama, fechado en Lucerna:

«Sinceramente afligido por muerte de tu buen padre, tomo vivísima parte en tu dolor y os acompaño de corazón en oraciones á ti, tu madre y familia toda.
CARLOS»

dijous, 16 de novembre de 2017

Juan Vidal de Llobatera, el tío tatarabuelo carlista de Xavier Trías

Es poco sabido que el padre del exalcalde de Barcelona Xavier Trías, Juan Trías Bertrán, combatió en el Bando nacional durante nuestra última guerra civil, y que su hermano había asesinado por los revolucionarios de Companys. Menos conocido aún es que, por línea materna, Xavier Trías y Vidal de Llobatera es sobrino tataranieto de Juan Vidal de Llobatera, diputado carlista en Cortes durante el Sexenio Revolucionario, cuya interesante biografía reseñamos a continuación.

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias
(Llagostera, 1840 - Santa Coloma de Farners, 1909)

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias nació en Llagostera el 4 de mayo de 1840. Era hijo de Juan de Vidal de Llobatera Reixach y de Antonia Iglesias Matllo. Estudió las carreras de Leyes y de Administración, llegando a ser doctor en la primera y licenciado en la segunda. Se estableció en Barcelona, ​​donde ejerció de abogado.

Tras la Revolución de 1868 hizo propaganda del carlismo en los periódicos y en otros escritos sueltos. Elegido por la junta provincial católico-monárquica de Gerona para dirigir la constitución de la junta local de Llagostera, abandonó sus tareas y su profesión en Barcelona para dedicarse a la política.

En la plaza pública de su ciudad natal, de mayoría republicana, llegó a sostener en una ocasión una polémica durante cuatro horas con un propagandista republicano ante los habitantes de la villa, y fue obsequiado por los concurrentes, incluso por sus enemigos políticos. Donde generalmente exponía sus ideas era en el Ateneo católico-monárquico de Barcelona.

Cuando recibió la investidura de doctor, suprimido el juramento por la legislación del Sexenio Revolucionario, hizo pública protesta de fe católica jurando «por Dios Trino y Uno, por la Santísima Virgen María y los santos evangelios, guardar, defender y observar toda la su vida la religión católica», y esta declaración tan espontánea como solemne fue objeto de entusiastas elogios, que aparecieron en muchos diarios de Madrid y provincias.

El 1871 fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Torroella de Montgrí. En el Congreso defendió la monarquía católica tradicional española y los derechos a la misma de Don Carlos de Borbón y Austria-Este.

Tomaremos algunos párrafos del notable manifiesto que dirigió a sus electores.

«Joven, sin experiencia —decía— y con más teoría que práctica, he meditado muchas veces sobre las grandes calamidades y terribles catástrofes de la desventurada España: siempre me ha deslumbrado la santa idea de libertad, y hasta dejeme seducir por un momento por el aparente brillo del falaz doctrinarismo, porque, a la verdad, desconfiaba de los hombres: mas al fin debí convencerme de que más que en los individuos, está el mal en las instituciones; de otro modo, debería creer que son malos todos los hombres que nos han gobernado y nos gobiernan.»

Después de esta declaración, exclamaba examinando el pasado y el presente:

«¿Qué ha sido la España desde que en ella puso la planta el parlamentarismo? ¿Qué es hoy todavía? Nada más que una fea y repugnante mascarada, en la que nadie se entiende: todo es confusión; se malgasta todo; los principios ceden a las personas, las leyes al capricho; la inmoralidad cunde por todas partes; la justicia ha muerto; los delitos no se castigan; la religión se pisotea y escarnece; la honra no se conoce; el decoro no existe; el pueblo se muere de hambre; el principio de autoridad se arrastra por el fango, y en espantosa algarabía todos quieren gobernar, todo son motines, y por asalto se arrebatan unos a otros la sangre del pueblo, que es el botín codiciado; y todo es enredo, y todo embrollo, y no hay orden, ni armonía, mi concierto. ¿Es eso así? Contesten todos los españoles de buena fé... 
¿Está la España, a pesar de todo, en un estado de desesperación? ¿Hay un remedio para los infinitos males que la aquejan? ¿Puede rehabilitarse y llegar a ser la España de antes? Sí: muchas veces la Divina Providencia envía males a las naciones, como a la familia, para probar su fé y acaso para aumentar después su esplendor y grandeza. Vistamos la España con sus ropas, que se hallan en el grandioso ropero de la monarquía tradicional: enarbolemos la bandera española de DIOS, PATRIA Y REY, y la España se salvará: sí, se salvará; y con las luces y progresos del día, acompañados de la buena fé y el patriotismo de antes, su gloria será más radiante y más duradera. 
Es un inconcuso principio de derecho constituyente que el gobierno de una nación debe acomodarse a la índole, a las tendencias, a la naturaleza y a las costumbres del pueblo para quien ha de regir; y la España, para volver a ser España, debe dejar de ser francesa; debe destruir lo obra de los falsos liberales; debe gobernarse por sus antiguas leyes: debe regirse por la monarquía legítimo-católica. 
Compárese si no la opulencia y esplendor de la España antigua, a pesar de haber vivido siempre una vida agitada, entre el fragor de los combates, y a pesar de haber estado siempre sujeta a los vaivenes y caprichos de la veleidosa fortuna, con la degradación y miseria de la España de hoy, a pesar de la era de paz por que ha atravesado durante casi todo el tiempo que llevamos de gabacho liberalismo... 
El partido legitimista no descuida un momento, aunque se llame tradicional y se calque sobre la historia, los adelantos y la corriente del siglo. Nuestra constante aspiración es la de conservar mejorando; y si bien nos extasiamos ante los gloriosos recuerdos del pasado, no dejamos de comprender que son necesarias grandes reformas que, teniendo nuestra vista fija en el porvenir, reconocemos como otras tantas exigencias del providencial progreso moral y material de nuestra edad.»

Por último, el Sr. Llobatera formulaba sus ideas en estos términos:

«Partiendo, pues, de estos principios, condenamos y combatiremos el socialismo antiguo, que es la absorción del individuo y su humillación; como rechazaremos y atacaremos sin tregua el individualismo moderno exagerado, que es la negación del principio de autoridad y la causa generatriz de la anarquía moral y la ruina de las naciones. 
La unidad católica, joya preciosa que nos legaron nuestros padres y ha conservado constantemente la España desde Recaredo; la libertad verdadera, la igualdad ante la ley, la familia, la seguridad individual, la propiedad y la protección a las artes, ciencias e industrias nacionales, son las bases morales de nuestro programa. 
La unidad nacional; la monarquía legítima representada por la augusta persona de D. Carlos de Borbon y Austria de Este; la verdadera representación por procuradores reunidos en Cortes generales que atiendan a los diferentes intereses y clases del Estado; la descentralización administrativa, con los respectivos fueros de cada provincia que, en Cataluña sobre todo, echará por tierra la detestable, funesta y odiada ley de quintas, quedando el pueblo libre y exento de esa contribución forzosa de sangre, y la promulgación de leyes sabias y justas que establezcan un salvador sistema de economías para atender a las imperiosas necesidades de la nación y ponerla a cubierto del descrédito que la oprime y de la bancarota que la amenaza, constituyen las bases políticas que prometemos defender y procuraremos realizar, porque son la letra y el espíritu del sabio y conciliador manifiesto que D. Carlos de Borbón dio a los españoles, dirigido en forma de carta a su augusto hermano D. Alfonso en 30 de Junio de 1869, al cual siempre y en todo caso nos sometemos y acatamos en todo y por todo.»

Poco antes de la Tercera guerra carlista, Juan Vidal de Llobatera dirigió en Barcelona los periódicos carlistas El Honor Catalán y El Estandarte Católico. Participó luego en la contienda como secretario de órdenes del general Francisco Savalls, formando parte de su Estado Mayor. Más adelante actuó como auditor del Ejército Real de Cataluña, y durante este periodo dirigió los periódicos carlistas que se publicaban en Cataluña en la zona de guerra.

Terminada la guerra, se trasladó a Gerona, donde ejerció de abogado durante más de tres décadas, hasta 1907. Durante algunos años fue magistrado suplente de la Audiencia Provincial. En 1888 dirigió en esta ciudad un periódico leal a Don Carlos. Murió en diciembre de 1909 en Santa Coloma de Farners, donde se había establecido después de su jubilación. Su mujer, Merceces Clarella Alibés, recibió el pésame de los infantes Don Alfonso de Borbón y Austria-Este y Doña María de las Nieves.


Información tomada en su mayor parte de La Bandera carlista en 1871 (Vizconde de la Esperanza), pp. 138-144.

divendres, 3 de novembre de 2017

La Cataluña realista: Primer Manifiesto de la Regencia de Urgel (15 de agosto de 1822)

Seo de Urgel, Palacio Episcopal

Españoles: Desde el 9 de Marzo de 1820, vuestro Rey Fernando VII está cautivo, impedido de hacer el bien de vuestro pueblo y regirlo por las antiguas leyes, Constitución, fueros y costumbres de la Península, dictadas por Cortes sabias, libres e imparciales. Esta novedad es obra de algunos que, anteponiendo sus intereses al honor español, se han prestado a ser instrumento para trastornar el altar, los tronos, el orden y la paz de Europa entera. Para haberos hecho con tal mudanza el escándalo del orbe, no tienen otro derecho que la fuerza adquirida por medios criminales, con la que, no contentos con los daños que hasta ahora os han causado, os van conduciendo en letargos, a fines más espantosos. Las reales órdenes que se os comunican a nombre de Su Majestad, son sin su libertad ni consentimiento; su Real persona vive entre insultos y amarguras desde que, sublevada una parte de su ejército y amenazado de mayores males, se vio forzado a jurar una Constitución hecha durante su anterior cautiverio (contra el voto de la España), que despojaba a ésta de su antiguo sistema, y a los llamados a la sucesión del trono, de unos títulos de que S.M. no podía disponer, ni cabía en sus justos sentimientos sujetar esta preciosa parte de la Europa a la cadena de males que hoy arrastra, y del que al fin ha de ser la triste víctima, como lo fue su vecina Francia, por iguales pasos.

D. Bernardo Mozo de Rosales,
marqués de Mataflorida
Habéis experimentado el deseo de innovar en todo con fines siniestros: cotejad las ofertas con las obras y las hallaréis en contradicción; si aquéllos pudieron un momento alucinaros, éstas deben ya teneros desengañados: la religión de vuestros padres, que os ofreció conservar intacta, se halla despojada de sus templos, sus ministros vilipendiados, reducidos a mendicidad, privados de su autoridad y jurisdicción, y tolerados cuantos medios puede abrir la puerta a la desmoralización y al ateísmo; los pueblos en anarquía, sin posibilidad de fomento y sin esperanza de sacar fruto de su sudor e industria; vuestra ruina es cierta si para el remedio no armáis vuestro brazo, en lo que usaréis del derecho que con razón nadie podrá negaros. Sorprendidos del ataque que ha sufrido vuestro orden, paz, costumbres e intereses, mirad insensibles a vuestro Rey arrancado de su trono, a esa porción de novadores apoderados de vuestros caudales, ocupando los destinos públicos, haciendo arbitraria la administración de justicia para que sirva al complemento de sus fines, poblando las cárceles y los cadalsos de víctimas porque se propusieron impugnar esta violencia, cuyos autores, por más que declamen y aparenten, no tienen derecho para haberla causado, primero como tumultos, y después con los electos a virtud de sobornos y amenazas se han apropiado el nombre de Cortes, y suponen la representación nacional con la nulidad más notoria. Os halláis huérfanos, envueltos en partidos, sin libertad y sumergidos en un caos. Las contribuciones que se os exigen, superiores a vuestras fuerzas, no sirven para sostener las cargas del Estado; los préstamos que ya pesan sobre vosotros, han servido sólo para buscar socios y agentes de vuestra ruina; no estáis seguros en vuestras casas, y la paz ha sido arrancada de entre vosotros para despojaros de vuestros bienes.

Excmo. e Ilmo. Sr. D. Jaime Creus y Martí,
arzobispo de Tarragona
Entre los daños que ya habéis sufrido, es la pérdida de unidad de vuestro territorio: las Américas se han hecho independientes, y este mal desde el año 12 en Cádiz ha causado y causará desgracias de trascendentales resultas. Vuestro suelo, amagado de ser teatro de nuevas guerras, presenta aún las ruinas de las pasadas. Todo es consecuencia de haber sacudido el gobierno monárquico que mantuvo la paz de vuestros padres, y al que, como el mejor que han hallado los hombres, han vuelto los pueblos cansados de luchar con ilusiones; las empleadas hasta hoy para seducir son las mismas usadas siempre para tales movimientos, y sólo han producido la destrucción de los Estados.

Vuestras antiguas leyes son fruto de la sabiduría y de la experiencia de los siglos: en reclamar su observancia tenéis razón; las reformas que dicta el tiempo deben ser muy meditadas, y con esta conducta os serán concedidas; ellas curaban vuestros males, ellas proporcionaban vuestra riqueza y felicidad, y con ellas podéis gozar de la libertad que es posible en las sociedades, aun para expresar vuestros pensamientos. Si conjuraciones continuas contra la vida de S.M. desde el año 14, si satélites ocultos de la novedad desde entonces han impedido la ejecución de felices medidas, que el Rey había ofrecido y tenía meditadas, y si una fermentación sorda, enemiga de las antiguas Cortes españolas, todo lo traía en convulsión, esperando el momento en que se convocasen para hacer la explosión que se manifestó el año 20, a pesar de haber mandado S.M. se convocasen antes de que se le obligase a jurar esa Constitución de Cádiz que estableció la soberanía popular, ayudándonos hoy con vuestra fidelidad y energía para que juntas, libres y legítimamente congregadas, sean examinados vuestros deseos, y atendidas las medidas en que creáis descansar vuestra felicidad sobre todo ramo, en las que tendréis un seguro garante de vuestro reposo, según vuestra antigua Constitución, fueros y privilegios. Todo español debe concurrir a parar este torrente de males; la unión es necesaria; mejor es morir con honor, que sucumbir a un martirio que pronto os ha de llevar al mismo término, pero cubiertos de ignominia. La nación tiene aún en su seno militares fieles que, sin haber olvidado sus primeros juramentos, sabrán ayudarnos a poner en su trono al Rey, a restituir la paz a las familias y volverlas al camino que las enseñaron sus mayores, apagando tales novedades, que son quimeras de la ambición; en fin, una resolución firme nos sacará del oprobio; la Iglesia lo reclama, el estado del Rey lo pide, el honor nacional lo dicta, el interés de la patria os invoca a su defensa.

D. Joaquín Ibáñez Cuevas y de Valonga,
barón de Eroles
Conocida, pues, esta verdad por varios pueblos y particulares de todos estados de la península, nos han reiterado las súplicas para que, hasta hallarse el señor don Fernando VII en verdadera libertad, nos pongamos en su Real nombre al frente de las armas de los defensores de objetos tan caros, proporcionando al gobierno la marcha que pide la felicidad de la nación, poniendo término a los males de la anarquía en que se halla sumergida; y convencidos de la razón de su solicitud, deseando corresponder a los votos de los españoles, amantes de su altar, trono y patria, hemos aceptado este encargo, confiando para el acierto en los auxilios de la Divina Providencia, resueltos a emplear cuantos medios estén a nuestro alcance para salvar la nación que pide nuestro socorro en la crisis quizá más peligrosa que ha sufrido desde el primer momento de la fundación de su Monarquía: A su virtud, constituyéndonos en gobierno supremo de este reino, a nombre de S.M. el señor don Fernando VII (durante su cautiverio) y en el de su augusta dinastía (en su respectivo caso), al solo fin de preservar los legítimos derechos y los de la nación española, proporcionándole su seguridad y el bienestar de que carece, removiendo cuantos pretextos han servido a seducirla, mandamos:

1º. Se haga saber a todos los habitantes de España la instalación del presente gobierno para el cumplimiento de las órdenes que de él dimanen, persuadidos de que por su desobediencia serán tenidos por enemigos de su legítimo Rey y de su Patria. A su virtud, las cosas serán restituidas por ahora, bajo la puntual observancia de las órdenes militares y leyes que regían hasta dicho día 9 de Marzo de 1820.

2º. Se declara que desde este día, en que por la fuerza y amenazas fue obligado el señor don Fernando VII a jurar la Constitución que en su ausencia y sin su consentimiento se había hecho en Cádiz en el año 1812, se halla S.M. en un riguroso cautiverio. Por lo mismo, las órdenes comunicadas en su Real nombre serán tenidas por de ningún valor ni efecto, y no se cumplirán hasta que S.M., restituido a verdadera libertad, pueda ratificarlas o expedirlas de nuevo.

3º. Los que han atentado contra la libertad de S.M. y los que continúen manteniéndole en el mismo cautiverio públicamente por la fuerza o con auxilio cooperativo, serán juzgados con arreglo a las leyes, y sufrirán las penas que las mismas imponen a tan atroz delito.

4º. Se declara que las Cortes que en Cádiz dictaron la Constitución, no tuvieron la representación nacional, ni libertad algunos de los congregados en ellas para expresas y mantener sus sentimientos. Que las Cortes sucesivas, compuestas en gran parte de individuos electos por sobornos y amenazas, y marcada la fórmula de sus poderes en un estado de violencia y anarquía, tampoco han podido representar la nación ni acordar sólidamente providencia alguna que pueda obligar a los habitantes de esta Península y sus Américas.

5º. Persuadidos de la fidelidad de gran parte del ejército que servía bajo las banderas de la Religión, del Rey y de la Patria, dicho día 9 de Marzo; que unos han tenido que sucumbir a la fuerza, otros han creído hasta ahora inútil manifestar sus sentimientos, otros no fueron instruidos de la violencia con que S.M. sucumbió a prestar dicho juramento, ni de la falta de libertad y consentimiento en las órdenes comunicadas en su Real nombre; y convencidos de que éstos, para que no se aumenten los males, desean evitar la ocasión (precisa en otro caso) de que las tropas extranjeras pisen la Península, en las que había de echar de menos la benignidad que pueden hallar hoy en S.M. restituido a su trono; invitamos a todos los militares amantes y fieles a los referidos objetos que forman su deber, que se reúnan a estas banderas, las cuales gobernaremos durante el cautiverio de S.M. A su virtud, a todos los soldados que se nos presenten les serán abonados dos años de servicio, un real de plus; se les darán dos duros a los que se presenten con armamento y una onza de oro a los de caballería que se presenten con caballo. A los sargentos y cabos, a más de gratificarlos, se les tendrá presentes para los inmediatos. Y como gran parte del cuerpo de oficiales desea dar testimonio de su verdadera fidelidad sin alternar con criminales, examinada que sea su conducta y colocados en el lugar que a cada uno corresponda, según su mérito y graduación, se les concederá el ascenso al empleo inmediato, y aún mayores gracias si vienen a nuestras banderas con alguna tropa. Se advierte que estas ventajas sólo se concederán a los que se presenten dentro de dos meses.

6º. Para impedir que la distancia a que se hallen algunos militares de los que trata el artículo anterior, de las banderas de S.M. que están a nuestro cargo no les sirva de obstáculo para ser partícipes de las gracias contenidas en el mismo, declaramos que, para gozar de ellas, bastará en la Corte y en cualquier otro sitio donde se encuentren al llegar a su noticia esta resolución, se declaren manifiestamente en defensa de la augusta persona de S.M. y de sus derechos, poniéndose en correspondencia directa con este gobierno supremo o con los comandantes sujetos a nuestras órdenes en los puntos más inmediatos, entendidos de que cualquier servicio con que se distingan en favor de la Real persona será recompensado con la mayor amplitud.

7º. Los fueros y privilegios que algunos pueblos mantenían a la época de esta novedad, confirmados por S.M., serán restituidos a su entera observancia; la que se tendrá presente en las primeras Cortes legítimamente congregadas.

8º. Las contribuciones serán reducidas al mínimo posible, recaudadas por el menor número de empleados y con la mayor prudencia y moderación; lo que rectificará al oír la voz libre de la nación, según su Constitución antigua.

9º. Para lograr que el acierto y la voz sensata de la nación sea la que guíe nuestros pasos, serán convocados, con arreglo a antiguos fueros y costumbres de la Península, representantes de los pueblos y provincias que nos propongan los auxilios que deban ser exigidos, los medios de conseguirlos con igualdad, sin ruina de los vecinos; los males que se sientan afligidos y crean haber padecido en las revoluciones que desgraciadamente se han experimentado, para que a nombre de S.M., y durante su cautiverio, podamos proporcionarles con medidas que les asegure en lo sucesivo su bien y su tranquilidad.

10º. Considerando el mérito que contrae esta Provincia en ser la primera que con heroico esfuerzo repite a su Rey los más vivos sentimientos de su antigua fidelidad, y que gran parte de su subsistencia depende de su industria y comercio, la proporcionaremos, y a sus vecinos en particular, cuantas gracias y privilegios estén a nuestro alcance para su fomento, las que se harán extensivas a otras, según se las hallare acreedoras por igual energía, exceptuando sólo los pueblos que se manifiesten desobedientes a este gobierno.

11º. Deseando este gobierno supremo dar un testimonio a la Europa entera de ser el único deseo que le anima restablecer la paz y el orden, apagando ideas subversivas contra la Religión y los tronos, encargamos a todas las autoridades sujetas a nuestra jurisdicción celen, con la mayor actividad, que en toda la extensión de ella no abrigue ningún sujeto, sea de la clase y jerarquía que fuese, que en público o en secreto, directa o indirectamente, haya intentado o intente trastornar cualquiera de los tronos de la Europa y sus gobiernos legítimos; que si algún reo de esta clase fuese aprehendido, se le asegure a disposición de este gobierno supremo para ulteriores providencias.

12º. Siendo harto notorio el escándalo con que se insulta la respetable persona de S.M. y la repetición de conatos contra su apreciable vida que es el más seguro garante de la felicidad de España, se declara que, de repetirse iguales excesos, a pesar del encargo de este gobierno, que expresa la voluntad de la nación, no omitiremos medida hasta que se realice en sus autores un castigo que sirva de escarmiento a las sucesivas generaciones; por el contrario, serán concedidos premios a los que contribuyan a su defensa.—Dado en Urgel, a 15 de Agosto de 1822.—E1 marqués de Mataflorida.—El arzobispo preconizado de Tarragona.—El barón de Eroles.


FUENTE: Melchor FERRER, Domingo TEJERA y José F. ACEDO: Historia del Tradicionalismo Español, tomo II, pp. 244-247.