diumenge, 26 de novembre de 2017

Estanislao Rico Ariza

Tal día como hoy, un 26 de noviembre de 1936, era fusilado por los rojos el periodista tradicionalista y mártir de la Tradición Estanislao Rico Ariza. Había nacido en Barcelona en 1895 en el seno de una familia humilde originaria de Elda (Alicante). En 1944 el también carlista Antonio Pérez de Olaguer, que lo conoció personalmente, le dedicó en la Enciclopedia Espasa la biografía que reproducimos a continuación:



RICO ARIZA (ESTANISLAO).

Periodista español, n. en Barcelona el 13 de noviembre de 1896 y m. en la misma ciudad, fusilado por los rojos, el 2 de diciembre de 1936. De pluma acerada, combativa y temeraria, Rico Ariza nació y vivió para la campaña periodística valiente, dentro de sus ideales tradicionalistas, que profesaba desde la adolescencia.

Niño aún, en el colegio de los padres Jesuitas destacó ya como escritor. Ya su prosa era atrevida, por lo que mereció alguna reprimenda, la primera sin duda de las muchas que cosechó en su vida por su afán de exponer la verdad con toda su crudeza, siempre dentro de un recto espíritu de justicia.

Su amistad con Pedro Pascual Villamor y su acendrado y sincero carlismo le llevaron a combatir en las páginas de La Trinchera, popularísima hoja volandera de lucha, órgano de los requetés catalanes, en cuyas columnas se forjó su temperamento y su estilo. Estilo y temperamento que pueden resumirse en dos palabras: valor personal. No temía a nadie, ni con la pluma en la mano ni en la calle. Y así, cuando se suceden las etapas anárquicas en Barcelona y se dirimen en la calle los conflictos sociales, Rico Ariza está siempre en la palestra. En La Trinchera, primero; en La Protesta, después.

La Protesta, semanario tradicionalista del cual Rico Ariza era carne y vida, tuvo un positivo destacado influjo en el éxito del golpe de Estado del general Primo de Rivera. Desde sus columnas, Rico Ariza, con su propio nombre o con diversos seudónimos, llegó a todos los sectores de la sociedad barcelonesa, ensangrentada en aquella época por la lucha fratricida de clases, predisponiéndola al golpe de Estado.


«... cuando Barcelona está sumida en las tinieblas del Terror, un clarinazo retumba en el ambiente.»


Es una hoja vibrante, pletórica de valentía y de decisión cuyo título resume claramente su espíritu: La Protesta. Es el banderín de combate de Rico Ariza. Las campañas de aquel semanario tuvieron resonancia nacional y la gente lo consideró como un áncora de salvación.

Más tarde, desaparecida la Dictadura de Primo de Rivera, Rico Ariza, tradicionalista siempre, resurge con igual potencia, resucitando La Protesta. Popularizó su seudónimo de El Capitán Justicia y dió vida a varios intentos periodísticos, entre los cuales uno de los más destacados fue La Tarde.

Hubo en Rico Ariza un gran director de periódico, inédito. A su ímproba labor en La Protesta, alguno de cuyos números había escrito él solo, Rico Ariza añadió su brillante campaña periodística en El Correo Catalán, de cuya Redacción formó parte.

Creó en dicho diario la sección, muy leída y acotada con interesantes comentarios, titulada Revista de prensa. También cuidó con éxito de la sección de Extranjero, y todo ello alternándolo con sus crónicas de toros, donde hizo temida y célebre su firma de Don Erre.

El 24 de noviembre de 1936, en plena revolución en Barcelona, fue detenido por las llamadas patrullas de control, y encarcelado. Descubierta su personalidad, identificada su actuación periodística, pasó a la titulada cheka de San Elías, establecida por los rojos en el convento profanado del mismo nombre.

Parece que mantuvo su fe con singular entereza, y con valentía arengó al pelotón que iba a fusilarle, en términos tales, que llegaron a hacer vacilar a algunos de sus componentes y se trató de perdonarle la vida, prevaleciendo al fin el criterio de quienes conocían sin duda las campañas de su pluma, siendo fusilado.

Estanislao Rico Ariza, además de desempeñar los puestos periodísticos conquistados por su suelta y valiente pluma, fue vocal de la Junta Provincial de Trabajo, perteneció a la Compañía de Tranvías de Barcelona, a la Confederación Nacional de Sindicatos Libres y ostentó la presidencia de la Asociación de Funcionarios Municipales de Barcelona. Ocupó asimismo el cargo de tesorero de la Asociación de Periodistas.


Antonio Pérez de Olaguer (A. P. O.): Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa), suplemento 1936-1939, vol. 1 (1944), pp. 534-535.

dijous, 23 de novembre de 2017

José María de Freixa y de Hansay, segundo marqués de la Palma

Concluimos nuestra serie de entradas sobre la familia Freixa con la transcripción de unos documentos mecanografiados que se hallaban entre la correspondencia de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, en concreto una reseña biográfica de José María de Freixa y de Hansay, II marqués de la Palma, importante dirigente de la Comunión Tradicionalista, que era hijo de Joaquín Freixa y Fuster y nieto del general Cayetano Freixa y Puig, de quienes ya dimos cuenta en nuestras entradas anteriores. Este texto fue escrito en 1932 por F. García Luna. A continuación del mismo incluimos dos cartas que el propio José María de Freixa envió en 1934 al augusto caudillo del tradicionalismo y rey legítimo de España, Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.

Estos papeles se encuentran actualmente en el Archivo Histórico Nacional (fondo del archivo de la Familia Borbón Parma), digitalizados y disponibles en el Portal de Archivos Españoles (código de referencia ES.28079.AHN/4.2.32.1.2, imágenes 288-299).

Para mayor comodidad lectora, hemos corregido las erratas y faltas de ortografía, sin hacer ningún cambio en los textos en cuanto a su contenido.


[Manuscrito:] Apuntes de la familia de Freixa

EL CARLISMO Y SUS HOMBRES

Recuerdos y efemérides

Apuntes biográficos de un carlista


La vida del Carlismo, así como la gloriosa tradición que se cobija bajo la bandera sacrosanta de nuestra muy amada España en sus refulgentes rayos bicolor y al grito redentor del más bello de los lemas concebidos cual es «Dios - Patria y Rey», cuenta en su seno desde los comicios de su historia, hasta nuestros días, una pléyade de hombres, de valor, de mártires e ilustres que es el más bello bouquet de flores siempre vivas que los verdaderos españoles, los enamorados de nuestras grandezas, los amantes de nuestras epopeyas y sobre todo los verdaderos católicos, podemos ofrecer como florón preciado de nuestro pasado y nuestro presente a todos los historiadores del mundo; y dicho sea con hasta pena también, a las inteligencias medicores y semidifusas que ignoran la Historia de España, desconocen a sus Reyes, olvidan a sus leales y héroes y arrancan de las manos de nuestra santa Isabel Reina querida y amada la unidad nacional.

Es tarea árdua y difícil y más que difícil imposible, destacar del carlismo un nombre, un apellido, un hecho, un relato, una acción para ponerla como ejemplar entre aquellos hombres que firmes a sus ideas y arraigados a sus convicciones dieron la vida muchos de ellos en los campos de batalla en holocausto a la tradición y amor a su lema.

No, no es posible; todos fueron uno y en uno se compendiaban a todos. El invocar uno solo de aquellos nombres era una vibración del alma nacional; todos se batían como leales a su Rey y así, y solo así, pudo ser el carlismo la joya inapreciable de valor y el dique de contención contra el cual se estrellaban las vilezas, las calumnias y las hojarescas malsanas y pagadas de sus adversarios.

Un apellido cojo al azar de aquel jardín de bellos nombres y que quisiera recordarlo ahora.

El apellido «FREIXA»

Freixa. Linaje catalán, de Tarragona (según Atienza)
Don Carlos de Borbón (Carlos VII) concedió el título de
Marqués de Palma a su teniente coronel don Joaquín de Freixa.
Sus armas: En campo de plata, un árbol arrancado,
de sinople, y un león de gules empinado al tronco.
Nobiliario Español de don Julio de Atienza
Barón de Cobos de Belchite, pág. 381, Madrid, 1959.
Tomado de Heraldica Sairaf

Entre escudos y cuarteles, armas y blasones se agrupan y entrelazan como en un bello collar muchos de los servidores del carlismo y de la tradición.

En nuestra sociedad vive y brilla un Freixa y un Carlista.

Don José Mª de Freixa y de Hansay, Marqués de la Palma e Ilustre Señor.

La labor de este culto y caballeroso Marqués, dentro del tradicionalismo, es labor subyugante, avasalladora y titánica.

Parece, que al recordar la historia de sus antepasados, vio como el poeta en las almenas de un castillo viejo convertido en un montón de ruinas descarnadas por la mano del tiempo; y observó en su parte superior un escudo destrozado y cubierto por el jaramago. Este escudo —se dijo a sí mismo— no es una lápida funeraria; es, un timbre de mi apellido y una página de la historia para mi vida; y al recuerdo de aquellos que fueron mis ascendentes parece que les oigo decir: Si contemplas estos blasones, no olvides que no los hemos conquistado para ti, con el solo objeto de que los ostentes en las postezuelas de tus automóviles. Y, Don José María de Freixa y de Hansay, haciendo honor a la gloriosa tradición de la cual previene dice ufano:

Yo bien sé, que todos los cristianos tenemos dos escudos; uno el que hemos conquistado la tarde de la crucificación de Cristo en el Gólgota, y el otro el que conquistó Don Juan de Austria para la humanidad, la cual enamorada de su gloria ha estampado sobre ese escudo un nombre: «Sacrificio y Amor».

Esa es su obra en sociedad como caballero; de católico como buen cristiano y de tradicionalista como carlista insuperable.

El árbol genealógico de Don José María de Freixa y de Hansay se pierde en las inmensidades del tiempo pasado; pero encontramos una pista y un hilo de conducción remontándonos allá por el año 1812, época en que nace en Berga Don Cayetano de Freixa, abuelo del biografiado.

El historial militar y carlista de Don Cayetano es como un poema en flor de lis saturado de las más bellas emociones. Leemos en la Biblioteca de la Bandera Regional la obra publicada en el año 1912 por R. de Brea titulada «Príncipe heroico y soldados leales» donde se destaca la hoja de servicios de este valiente en la defensa del carlismo. Llegó a ostentar el honoroso y delicado cargo de vocal del Consejo superior carlista de la guerra en 1875 y 1876.

Ascendió a Brigadier y agregado al Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón que actuaba como General en Jefe carlista, asistió con este a los combates de Caldas de Montbuy, Balsareny, Caserras, Tortellá, Balaguer, Montejurra, Teruel y Cuenca, obteniendo entonces y sucesivamente la Cruz Roja de la Real Orden del Mérito Militar y el ascenso a Mariscal de Campo el día 18 de Abril del año 1874.

Falleció en Barcelona en el año [1897]. Honraba su pecho con las placas de las Reales y Militares Órdenes de San Hermenegildo y del Mérito Militar; con las encomiendas de la Real y distinguida Orden de Carlos III y con la Real y Americana Orden de Isabel la Católica.

Es una hoja de servicios digna del glorioso nombre carlista.

«Dichosa la rama que al tronco sale», dice uno de nuestros antiguos y castizos proverbios castellanos; y de Don Cayetano de Freixa no podía salir otro más que Don Joaquín de Freixa digno sucesor de aquel, el cual supo hacer honor a su glorioso apellido y vínculo —si esto puede decirse— en un más allá de gloria, la gloria que alcanzó su antepasado.

En pocas palabras puede condensarse la vida militar de Don Joaquín de Freixa. Es tan grande y compleja la visión de los hechos heroicos de este carlista, que el detallar con detenimiento actos y acciones en que intervino sería narración prolija y abrumadora y aun así se caería en defectos; baste decir que era la hidalguía personificada, bravo y pundoroso militar, amigo fiel y consejero del Rey. Tantos y tantos tiene anotados a su favor por la causa católico-monárquica que Don Carlos, su Augusto Señor, que de un modo especial le consideraba y distinguía, quisó premiar sus muchos servicios, concediéndole en 6 de enero de 1900 el grado de Brigadier de los ejércitos Carlistas, cuya recompensa se la otorgó en un Real despacho manuscrito y firmado por el mismo monarca, haciéndolo llegar a manos del Sr. Freixa de un modo particular, lo que denota de un modo evidente la delicadeza de S. M. y el afecto que guardaba a su general.

Más tarde, en 2 de Mayo de 1903 quiso el Augusto Monarca testimoniar nuevamente al Brigadier Don Joaquín de Freixa su más distinguida consideración, y le hizo nuevamente objeto de una concesión.

Es de todos sabido que cuando Don Cayetano de Freixa, Coronel de la Guardia Civil, se encontraba mandando su tercio en La Palma [de Cervelló], proclamó en aquel lugar a Don Carlos VII como único Rey de España. Y en recuerdo de este hecho y en la fecha antes indicada, Don Carlos se dirigió en carta particular a Don Joaquín de Freixa concediéndole el título de Marqués de la Palma para él y sus descendientes. Carta también auténtica del Augusto Señor y que revela en su redacción una entrañable consideración a quien se dirige.

Con lo reseñado solamente pudiéramos dar por terminada la vida de Don Joaquín de Freixa y su situación en el carlismo, pero nos resistimos a dejar sin anotación un hecho también altamente significativo que viene a corroborar [que] no es pasión la extensión de este trabajo.

En los primeros días del mes de Diciembre del año 1914, Don José María de Freixa y de Hansay, actual Marqués de la Palma, pasó por el rudo y doloroso trance de ver fallecer a su madre, y en 26 del mismo mes y año se vio sorprendido por una carta autógrafa de S. M. Doña María de las Nieves de Braganza, asociándose a su dolor, pidiéndole resignación y comunicándole que S. M. pedía a Dios por la difunta en sus oraciones y que en todo momento la tenía presente.

Este y muchos documentos afines los conserva el actual Marqués de la Palma como joyas de inapreciable valor que son, puede decirse, páginas del evangelio de la vida de sus antepasados.

Don Joaquín de Freixa se distinguió en numerosos combates del Principado y del centro, figurando en el Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este.

Falleció cristianamente en Barcelona en año [1904], siendo una irreparable pérdida para el carlismo, la cual no se llorará jamás lo suficiente, y habiendo legado al tradicionalismo con su vida y su conducta una de las más bellas páginas de su historia.

Y, de esta rama de caballerosos cristianos, bravos y heroicos militares, fieles y leales carlistas, viene en sucesión directa Don José María de Freixa y de Hansay.

Engendrado con sangre Carlista, nació envuelto en las glorias de la tradición; en cuyo regazo vive, del que jamás desertó, constituyendo este devoción por su ideal uno de los más grandes amores de su vida.

Conducta ejemplar y valerosa llevada hasta el sacrificio es la de esta nueva figura del tradicionalismo. Dentro de la brillantez de su posición social por constituir su apellido un blasón del abolengo conquistado por sus anteriores, lleva su vida en el más profundo de los silencios y sujeta a una modestia que le hacen acreedor por parte de sus muchas y buenas amistades objeto a cada momento de las más grandes pruebas de simpatía y afecto.

En unión de la virtuosa dama Doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala —su amantísima esposa— otra rama ilustre del carlismo, hija del que fue general de estos ejércitos Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany y Barón de Montesquiu, lleva su vida llena de providad, reflejo exacto de los buenos principios recibidos y costumbres cristianas y católicas atesoradas como un Don divino, y han convertido su apacible hogar en una verdadera institución catequística en favor de los principios de su verdadera advocación y en apoyo y defensa de los fueros y de la tradición.

De esta venerable señora que unió su vida a Don José Mª de Freixa y que es una rama de aquellas reliquias antiguas de la estirpe goda, cuyo origen se debe al solar cántabro y astur, nos ocuparemos más adelante; de momento diremos que es digna sucesora de su apellido, digna compañera del que con ella comparte las dulzuras y encantos de su hogar, dignísima madre de sus hijos; mujer española católica y carlista, y es una verdadera margarita en loor de santidad, con cuyo perfume santo y grandes ejemplos, embriaga el alma de aquellas personas de su íntima amistad y de cuantas tienen el honor y la dicha de compartir con ella solo varios momentos de animada conversación.

Don José María de Freixa y d'Hansay «Marqués de la Palma», nació en la ciudad de Barcelona el día 25 de Marzo del año 1888. Tiene por consiguiente en la actualidad 44 años. Tanto por la línea paterna como por la materna pertenece a familia de rancio abolengo, abolengo que como queda dicho no ha sido heredado ni comprado sino conquistado en el recinto español en los campos de batalla en defensa de la trilogía del corazón carlista, Dios—Patria—Rey, traducido por el filósofo en Patria—Fides—Amor.

Sus primeros estudios, así como más tarde el Bachillerato, los cursó en el entonces importante pensionado de San Juan Berchmans. En los años de su adolescencia ya empezó a destacarse por su afición a los estudios, la comprensión de las cosas y por su carácter serio, bondadoso y apacible pero enérgico que hacían presagiar durante el curso de su vida.

Una vez licenciado en Bachiller, cursó las carreras de Comercio y Mercantil adquiriendo los títulos de profesor en ambas materias; pues aunque su vocación eran las armas para seguir las huellas de los suyos, no quería ser defensor de otra corona que la de su ideal encarnada en el muy Augusto Señor Don Carlos VII que representaba las glorias del tradicionalismo.

Por este hecho, y antes que jurar una monarquía que no era la suya, la que él tenía infiltrada en su sangre, monarquía a la cual juraba respeto y obediencia como súbdito, pero no amor como cortesano, prefiriendo nadar en el mundo comercial y cursó los estudios de las dos carreras que antes anotamos.

Y, efectivamente Don José Mª de Freixa hizo su aprendizaje en el Banco Popular de Barcelona, donde por sus aptitudes y condiciones se captó las simpatías de sus Jefes que le distinguían constantemente con pruebas de inequívocos afectos, hasta tal extremo que en una carrera rápida y feliz donde se ponían de manifiesto a cada paso las cualidades de este joven funcionario, llegó en poco tiempo a desempeñar en dicha entidad cargos de delicada misión y de excesiva confianza.

Ya en ruta ascendiente se estableció por sí solo, fundando la importante razón social Ferixa y Cía, Sdad. en Cta. de la que fue su Director Gerente.

La obra realizada por el Sr. Freixa durante el tiempo de su gerencia al frente de esta razón social, queda patente y de manifiesto en los diversos homenajes que a él ofrecieron los obreros de su fábrica y todo el personal a sus órdenes.

Reveses de fortuna, acometidas del personal subalterno, ideas exaltadas en el obrero manual, imposiciones de estos, propagandas absurdas, parsimonia de las autoridades, poca o ninguna garantía para el ejercicio libre de una industria y tantas y tantas cosas como desde hace cinco lustros a esta parte han sucedido en España, hicieron que esta razón social se disolviera; y Don José Mª de Freixa, que desde los primeros años de su juventud empezó a sufrir los rudos latigazos del destino y que estaba acostumbrado a los embates de la vida, puso la vista en la inmensidad de los espacios y con una resignación sin límites siguió navegando por el ancho mar de las ilusiones.

Era difícil que pudiera tenerle miedo al destino; el valor era uno de los patrimonios que recogió como herencia al nacer al pie de cuya cuna depositaron con anterioridad sus padres y abuelos; este era un nuevo encontronazo con la vida. El Dante vio grabadas en las puertas de su infierno esta terrible inscripción: «Lasciate ogui esperanza». Perdida toda esperanza: pero él ante esa terrible visión del porvenir, no quería rendirse, era muy duro perder las esperanzas en plena flor de juventud y recordó que allá en medio de campos de Salamanca hay una cruz ante la cual los viajeros se detienen.

La cruz tiene a sus pies esta otra inscripción: «Viajero: mira atrás, mira adelante, sigue tu largo o corto camino pero reza».

Pero Freixa a pesar de las adversidades no podía dejar de ser quien era; estaba forjado su temple a grandes calorías; era su corazón acero puro sin mezcla de maleabilidad alguna; tenía en sus venas sangre cristiana, católica y carlista, se educó en el tradicionalismo guiado por la luz esplendorosa de aquella santa mujer que lo amamantó y de aquel caballeroso y bravo militar que fue de creador después de Dios; en su cerebro no tenían cabida las bajas pasiones, su inteligencia marchaba siempre hacia el bien y Freixa, que aprendió de sus padres a rezar y que en unión de ellos rezaba a diario el Santo Rosario, siguió rezando, rezó mucho... bendita tradición; ¡qué bella eres! invocó el dulce nombre de Jesús y solo con su ayuda y proyección, se vio libre de maldades; comenzó una nueva vida caminando por senderos indecisos sembrando espinas, que es el camino que recorren los buenos para llegar a la edad que hoy ostenta, querido, respetado y admirado de cuantos le conocen y tratan y comparten con él el dulce nombre de la amistad.

A los 23 años de edad, en 5 de Julio de 1911 se unió con el indisoluble lazo del matrimonio con la muy linda señorita Blanca de Sabater Gaytán de Ayala, hija como antes hemos dicho del que fue general carlista Don Felipe de Sabater y de Prat, Marqués de Campmany; ceremonia que tuvo lugar en el aristocrático templo de Nuestra Señora de las Mercedes y en el propio Camarín de esta imagen.

Apadrinaron esta unión SS. AA. RR. los serenísimos señores Don Alfonso Carlos de Borbón y Doña María de las Nieves de Braganza y de Borbón, dando con ello al señor Freixa la más patente prueba de cuanta consideración le profesan estas augustas y reales personas, en méritos de la inolvidable memoria y recuerdo de sus antepasados.

Los serenísimos infantes estuvieron representados por los Muy Ilustres señores Don Alejandro de Lacour y Moreno de Souza; Don Ramón María de Segarra y de Siscar; y Doña Carmen de raurés vda. de Hansay.

Los dos primeros señores citados actuaron también como testigos del novio; siendo los de la novia el Marqués de Oliver y Don Andrés de rocha.

Huelga decir por consiguiente la amistad que une al Sr. Freixa con SS. MM. Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves, de cuyos honorables señores recibe con frecuencia testimonios de ello, siendo en acto antes mencionado el botón preciado de esta amistad.

Indudablemente el Sr. Freixa, hombre culto e inteligente, de cultura nada común adquirida en sus constantes desvelos por el estudio, y los largos viajes realizados por el extranjero que le han proporcionado grandes conocimientos, es una figura indiscutible y un valor positivo en el tradicionalismo.

La devoción de muchos de los llamados hoy tradicionalistas es devoción de ayer, y más que devoción carlista podíamos llamarlos sin temor a equivocarnos devoción católica; del mismo modo que a muchas de las personas que frecuentan nuestros sagrados templos en vez de llamarles católicos perfectos podríamos designarlos con el nombre de católicos honorarios o clientes de Cristo.

Así sucede en el tradicionalismo; muchos jóvenes de los que integran sus filas y que se llaman monárquicos desconocen en absoluto la vida del Carlismo, su historia, sus hombres y sus hechos; son una juventud dispuesta a la lucha, una juventud emprendedora de grandes reconquistas, una juventud que como dijo el gran Sandoval, ¡con la fe quieren anticipar la aurora y con la ilusión dignificar la vida! Hermosa juventud, ¡Dios te guíe y te bendiga!; pero el caso de Freixa es otro en su origen y en sus efectos; Freixa tiene en su sangre la tercera generación carlista y evita por lo tanto decir servidor de una dinastía, hombre católico, hombre leal y honrado puesto que el solo nombre de carlista es el compendio de todas las bondades y de todas las dulcuras.

Por esto siempre ha sido y sigue siendo muy difícil ser carlista.

Monárquicos hay muchos, católicos hay más, leales ya hay menos; carlistas hay muy pocos.

Don José Mª de Freixa es una de las rocas actuales sobre las cuales se sostiene el tradicionalismo, lo que ocurre es que el Sr. Freixa no puede destacarse. Su figura no puede verse en el ateneo ni en el míting ni en las propagandas públicas, porque Freixa no es independiente.

Vive honrada, modesta y noblemente de un sueldo, de un destino. Es oficial administrativo del Ayuntamiento de Barcelona, con cuyo cargo ha desempeñado la Jefatura de la Policía de Abastos con tal celo y delicadeza que repetidas veces ha sido felicitado por sus Jefes.

Y en esta situación: ante un gobierno laico, un régimen republicano; unas cortes sectarias; una opinión pública extraviada; unos partidos políticos heterodoxos y un ambiente malsano de injusticia e impiedad, Freixa, que no recibió de sus padres y abuelos otro patrimonio que una acrisolada honradez y una limpia ejecutoria, tiene hoy que resignarse, sufrir en silencio, trabajar en la sombra y reducir el círculo de sus propagandas.

Como ya se ha dicho tiene mujer e hijos, obligación moral y terrena que jamás abandona puesto que es un amante esposo y un padre ejemplar.

Si Freixa fuera independiente, si las alas de su pensamiento y los latidos de su corazón pudieran volar libremente a los espacios estelares, otra cosa sería hoy el tradicionalismo y otros muy distintos los resultados que se obtendrían.

¡Qué duda cabe que al frente del tradicionalismo hay figuras eminentes! pero el sillón que debía ocupar Freixa está vacío, porque este sitial es el que ocupa en esos bellos juegos llamados florales el poeta premiado con la flor natural.

A Don José Mª Freixa le conocen muchos, le tratan pocos y lo comprenden menos. Los que le conocemos, tratamos y comprendemos, solo decimos de él una cosa: «Es, un carlista».


A mi querido e ilustre amigo Don José María de Freixa y d'Hansay - Marqués de la Palma. 
En un momento de divagación de mi atormentado cerebro, empecé a pensar el porqué de mis sufrimientos. Como traído de la mano de la Providencia llegó Vd. hasta mi musa y recordé los amargos ratos de su vida. Como lo creo a Vd. digno de mejor suerte, sin saber por qué comencé a escribirle. No sé, si en prosa o en verso —no conozco ese lenguaje, quédese ello para los hombres leídos y escribidos—, solo sé que le escribo en el lenguaje del corazón. 
Acepte Vd. como una sinceridad suprema de mi vida este pequeño trabajo que le envío y sepa que para Vd. y los suyos pide al Eterno Padre dichas sin fin su affmo. y buen amigo. 
firmado — F. García Luna.

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En 1934 el Marqués de la Palma envió a Don Alfonso Carlos las siguiente cartas (imágenes 256-260 del mismo expediente del PARES).

Carta firmada en Barcelona con fecha de 14 de septiembre de 1934 y membrete de la Jefatura Regional Tradicionalista de Cataluña (Secretaría: Rambla Cataluña, 8, pral. teléfono 24929):

Señor:
Con el mayor respeto escribo hoy a V.M. y acuso recibo a la última carta que el Señor se dignó escribirme, la que agradezco como todas, así como las noticias que en la misma se digna comunicarme.
Como consecuencia de los últimos y tristísimos acontecimientos ocurridos en Olesa de Montserrat con ocasión de un Aplech organizado por nuestros valientes requetés, en el que la mayor parte, en número de 95, fueron detenidos ignominiosamente apaleados y maltratados de palabra y de obra, me honro en comunicar a V.M. que entre los muchachos detenidos reina el mayor entusiasmo y a pesar de las grandes penalidades por que han tenido que pasar se encuentran más animosos que nunca y por mi mediación trasmiten a V.M. su más entusiasta adhesión a Vuestra Real Persona y la Causa tres veces Santa de la Tradición Española encarnada en la persona de V.M. Dispuestos siempre a seguir luchando y a los mayores sacrificios por Dios, por la Patria y por el Rey. Todos ellos junto con todos los Carlistas catalanes gritamos en estos momentos con toda la fuerza de nuestros pulmones ¡VIVA EL REY! ¡VIVA ESPAÑA CARLISTA!
Desde el primer momento, Señor, estuve trabajando en favor de los detenidos de acuerdo siempre con nuestro Jefe Sr. Alier, y puedo asegurar a V.M. que todos los elementos del partido sin excepción estuvieron a nuestro lado. Nada les falta y si bien se encuentran privados de libertad, están muy bien atendidos, pues rápidamente se han cubierto las listas con donativos que han sido enormes, para atender todos cuantos gastos ocasionen. Sería faltar a un deber de compañerismo si enumerara nombres de amigos correligionarios que han prestado todo su apoyo; basta decir que todos, absolutamente todos, sin distinción de clases ni de categorías, se están portando admirablemente bien.
Por lo demás, Señor, la reacción experimentada como consecuencia de este hecho es algo admirable, Cataluña entera está a nuestro lado y hasta enemigos nuestros han patentizado su protesta ante un acto tan vandálico y tan poco natural entre gente civilizada.
Prefiero no explicar detalles a V.M. del trato que se les dio por no amargar al Señor; ya pasó, y puede V.M. tener la seguridad absoluta de que ahora se encuentran muy bien y debidamente atendidos.
Creo así mismo que de no sobrevenir ninguna complicación, muy pronto los tendremos a todos en libertad; esta es la impresión que tenemos en estos momentos.
Señor, a la protesta general uno la mía, indignadísimo ante lo que me veo en el caso de calificar de canallada, la más ignominiosa registrada en los anales del Carlismo.
Todos los compañeros de Junta, Abogados defensores, amigos y correligionarios me encargan trasmita a V.M. el sentimiento del dolor que han experimentado ante este hecho incalificable, y al enviar a V.M. su más respetuoso saludo, envían así mismo su inquebrantable adhesión a Vuestra Real Persona, así como a su Majestad la Reina. Y hacen votos, Señor, para que V.M. se persone cuanto antes en tierra Española para salvar a España de tanta ignominia. Así lo deseamos todos los buenos Españoles.
Señor, ruego a V.M. se digne saludar respetuosamente a su Majestad la Reina.
Como siempre, Señor, quedo a las Reales Órdenes de V.M.

A los R.P. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


Carta firmada en Barcelona con fecha de 12 de octubre de 1934:

Señor
A su debido tiempo recibí la carta del día 5 con que se ha dignado honrarme V.M. y dejo cumplimentados los encargos con que V.M. me ha distinguido.
A raíz de mi detención y en vista de la persecución sistemática de que era objeto, salí para S. Sebastián, donde estuve refugiado ocho días, pero regresé a ésta precisamente cuando empezaba el peor peligro que gradias a Dios parece conjurado por el momento, aunque tememos que lenidades y compromisos de la naturaleza de los que por aquí se estilan con la gente que manda vuelvan a darle a no tardar nuevos ánimos y empuje. 
En realidad continúo en el Ayuntamiento, pero como no he de tener secretos para V.M., debo manifestarle que es un cargo muy inferior al que desempeñaba, con emolumentos sobradamente insuficientes y con el peligro constante de un cese por mi significación sobradamente conocida, todo lo cual me obliga a buscar otra situación que me permita vivir en los dos sentidos de la palabra, es decir, con suficiente sueldo para nuestras necesidades y con una mayor aunque relativa seguridad personal, pues hemos descubierto que en el último complot éramos muchos los condenados a muerte y a no haber sido por la gracia de Dios que les dio el fracaso, a buen seguro a estas horas seríamos no pocos los ejecutados.
Esta necesidad hace que con mayor gratitud si cabe mire yo el alto interés que por mí se toma V.M.
Con relación a lo que me dice V.M. relativo a nuestros presos he de hacer constar de una manera especial, por haberlo vivido constantemente, que el éxito se debe en su mayor parte a los incansables trabajos y especial táctica desplegada por el abogado y capitán de Marina Sr. Laplana, devoto súbdito de V.M., que ha consagrado por durante dos meses todas sus actividades sin reparar ni siquiera en horas de descanso a asunto de tanto interés para nuestra causa.
Y lo que digo de Laplana respecto al asunto de los presos debo decirlo también de Torralba respecto a todos los asuntos de nuestra comunión en los que se ha mostrado inteligentísimo, súmamente hábil, de una actividad pasmosa y lealtad jamás superada, culminando en el hecho de formar con las tropas en la lucha contra los separatistas durante los últimos sucesos. En su consecuencia me permito rogar a V.M. se digne honrar estos amigos (Enrique Laplana y Benedicto Torralba) enviándoles unos retratos de VV.MM. que estimarán como especialísimo favor y recompensa para ellos insospechada.
Nuevamente se encuentra Cataluña con crisis de Jefatura y nuevamente vuelven a despertarse ansias de mando en quienes menos lo merecen; pero, en fin, bien sabe V.M. que siempre estoy a sus órdenes para lo que se digne mandar.
Ruego a V.M. se digne presentar mis rendidos saludos a S.M. la Reina y aceptar la reiteración de incondicional lealtad que a V.M. debo.
Señor
A los RR.PP. de V.M.
Vuestro humilde súbdito
[firmado:] El Marqués de la Palma


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Como indica la biografía que hemos reproducido, don José María de Freixa y Hansay se casó con doña Blanca de Sabater y Gaytán de Ayala. Según consta en la revista Cuadernos de Ayala, n. 50, abril-junio 2012, fueron padres de:

A) Doña Mercedes de Freixa y de Sabater, casada con don Pedro González Calvo; padres de doña Blanca y doña Esperanza González Freixa. 
B) Doña Blanca de Freixa y de Sabater, casada con don José de Aguirre y Viladomat; padres de doña Pilar, don José Luis, don Ignacio, doña Blanca, don Pedro y don Carlos de Aguirre y Freixa.

Durante la guerra de Liberación, don José María de Freixa y Hansay no se hallaba en su domicilio cuando fueron a buscarlo, según informó la Gaseta Municipal de Barcelona de junio de 1937. Ignoramos la fecha de su muerte, pero sabemos que vivía aún en 1958, cuando contaba con 70 años de edad, según consta en un número de la Gaceta Municipal de Barcelona de ese año.

El título de marqués de la Palma debió quedar vacante a la muerte de don José María. Al menos en dos ocasiones (en 1993 y 1999) Óscar de Freixas y Sánchez (residente en Miami, según parece) ha solicitado este título al Estado, aunque no tenemos noticia de que el Estado se lo haya otorgado. Ignoramos la relación que pueda tener el Sr. (de) Freixas con el último marqués de la Palma o con el general Cayetano Freixa, aunque no deja de llamarnos la atención la diferencia del apellido (Freixas en lugar de Freixa) así como la ascendencia cubana que parece tener el linaje de este caballero. Pensamos que los descendientes de Cayetano Freixa por cualquier rama tendrían más derechos a este título nobiliario, aunque en honor al General Freixa y a Don Carlos VII —que fue quien creó el título— les recomendaríamos que si tienen interés en el mismo lo solicitasen a la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, antes que a una jefatura del Estado que nada tiene que ver con el carlismo, por mucho que oficialice títulos nobiliarios carlistas (costumbre heredada de la anterior jefatura del General Franco).

dimarts, 21 de novembre de 2017

Joaquín Freixa y Fuster, primer marqués de la Palma

D. Joaquín Freixa y Fuster era hijo del general carlista del que hablamos en nuestra entrada anterior, D. Cayetano Freixa y Puig.

Lucía ya las insignias del grado de Capitán de la benemérita Guardia Civil cuando con su señor padre ingresó el año 1873 en el Ejército carlista de Cataluña, en el que llegó a ser Teniente Coronel.

Figurando en el Estado Mayor de Don Alfonso de Borbón y de Austria-Este se distinguió por su pericia y arrojo en numerosos combates del Principado y del Centro. No es, pues, extraño que los Infantes, que tan de cerca pudieron apreciar las excelentes cualidades de que se hallaba adornado D. Joaquín Freixa, le considerasen y distinguieran siempre de un modo muy especial, así como Don Carlos, cuyo augusto señor quiso premiar los eminentes servicios prestados a la Causa Católico-Monárquica por el hijo y a la vez recompensar los méritos contraídos por el padre, y la lealtad y el sacrificio de ambos, concediendo al primero el título de Marqués de la Palma, en recuerdo del lugar en que el Coronel don Cayetano de Freixa proclamó a Don Carlos al frente de su Tercio de la Guardia Civil.

D. Joaquín de Freixa falleció cristianamente en Barcelona en diciembre de 1904; su entierro, presidido por su hijo D. Joaquín, fué una expléndida manifestación de duelo en la que figuraron la Junta Regional carlista de Cataluña, nutridas representaciones de varios Círculos y periódicos tradicionalistas y centenares de carlistas. *

La Palma de Cervelló, lugar en el que el coronel Cayetano de Freixa
proclamó a Don Carlos al frente de su Tercio de la Guardia Civil,
que da origen al título de Marqués de la Palma.

* Tomado de Argatan, barón de (1912): Príncipe heroico y soldados leales, pp. 194-195; y Roma, Juan María (1935): Álbum histórico del Carlismo, pp. 193-194

diumenge, 19 de novembre de 2017

El general Cayetano Freixa y Puig

En honor de un fiel seguidor de este cuaderno de bitácora que firma como Recared Bergistà, nos hemos propuesto transcribir en esta ocasión la biografía de uno de sus antepasados directos, nada menos que el general don Cayetano Freixa y Puig. El texto reproducido puede hallarse en el segundo tomo del Álbum de personajes carlistas, obra del abnegado propagandista de la Santa Causa —y compañero de armas de Freixa— don Francisco de Paula Oller (a quien Dios mediante hemos de dedicar también una entrada).

El ilustre bergadán que recordamos hoy, a pesar de haber combatido en su juventud al ejército legitimista durante la primera guerra carlista (probablemente engañado por las falacias del bando cristino, que decía defender la religión y el orden) y haber sido después oficial de la Guardia Civil nada más crearse este cuerpo militar en 1844, tras comprobar los desmanes de la Revolución durante el llamado «Sexenio Democrático», optó valientemente por poner su espada al servicio de Don Carlos VII, sacrificando con ello una prestigiosa carrera al servicio del gobierno para comandar las huestes de la Tradición española en la tercera carlistada.

Lamentablemente hoy, tal como nos informa Recared Bergistà, la gran mayoría de los habitantes de Berga desconocen absolutamente la historia de su heroico compatricio. Es preciso recordar que hasta la pasada centuria este pueblo —al igual que Vic y Olot— fue bastión carlista, aunque hoy dominen en él los elementos de izquierda radical y separatistas. Intuimos que este desconocimiento no es fortuito, sino que obedece a un plan de supresión de la historia de la Comarca Leal, a la que después de haberle sido arrebatada su identidad católica e hispánica, se le quiere arrebatar también una memoria histórica que «no interesa». Sirva esta entrada a modo de granito de arena contra tamaña iniquidad, y reciba nuestro simpático seguidor de tan ilustre prosapia nuestro más afectuoso saludo, que hacemos extensivo a su familia y a todos nuestros lectores.



DON CAYETANO FREIXA

Cayetano Freixa y Puig
(Berga, 1812 - Barcelona, 1897)

El señor Freixa nació en la villa de Berga, provincia de Barcelona, el día 12 de Diciembre de 1812. A primeros de 1834 se formó la Milicia Nacional Urbana de la que fué nombrado Sub-teniente, saliendo con parte de la misma en clase de movilizado á las órdenes del Coronel don Antonio Oliver. En 1835 operando en la misma provincia se encontró en las acciones de San Jaime de Frontañá, Castellar de Nuch, San Mauricio de la Cuart: en Mayo del referido año, pasó á la Compañía corregimental de Manresa y en Julio de 1836, previo examen, fué nombrado Sub-teniente del Regimiento de Infantería de Cazadores del Rey 1.º Ligero, que se hallaba de operaciones en la provincia de Lérida.

En la guerra de los siete años luchó en las filas de Isabel II, obteniendo poco antes de terminarse, el empleo de Capitán.

Del 1841 al 1843 se encontró de guarnición con su Regimiento en varios puntos del Principado de Cataluña y Aragón, habiendo obtenido por gracia general el grado de Comandante de Infantería.

En Octubre de 1844 fué nombrado segundo Capitán del 6.º Tercio de la Guardia Civil en su creación y destinado á la provincia de Teruel, en donde continuó hasta fin del año 1845. A mediados del año 1846 fué nombrado Jefe Instructor del Depósito de Contingentes, y disuelto éste, continuó prestando el servicio ordinario del Instituto hasta fin del año 1849 que pasó a Cataluña á prestar el servicio en el 3.er Tercio, y en 1851, á Valladolid á mandar la fuerza de la Capital como Comandante de aquella provincia del 8.º Tercio.

En 1853, por antigüedad fué ascendido á primer Capitán con categoría de Comandante de Infantería siendo destinado á prestar el servicio del Instituto al 2.º Tercio en Barcelona.

En el año 1856 se le dió el Grado de Coronel de Infantería: en 1858 ascendió á primer Comandante de Infantería por antigüedad y en Junio de 1863 á Teniente Coronel efectivo de la Guardia Civil destinado al 8.º Tercio de Granada. El 1869 ascendió á Coronel de la Guardia Civil, y desde esta fecha hasta Julio de 1873, fué destinado á mandar los Tercios de Granada, Valencia, Madrid y Barcelona.

Está condecorado con la Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; con las del Mérito Militar de 2.ª clase roja y blanca; con las de Caballero y Comendador de la Real y Militar Orden Española de Carlos III; con las de Caballero y Comendador de la Orden de Isabel la Católica, etc., etc.

El 22 de Julio del año 1873 salió de Barcelona á la una de la madrugada el Coronel don Cayetano Freixa con la fuerza de doscientos cincuenta infantes y cincuenta caballos, dirigiéndose á San Baudilio del Llobregat y desde allí a San Vicente dels Horts, atravesando la carretera de Valencia entre Vallirana y Molins de Rey en dirección á la Palma, donde llegaron á las cinco de la mañana, y después de un rato de descanso el Coronel mandó formar la fuerza en la plaza y les informó del motivo de la salida y objeto de la misma, que era el de unirse con el Sermo. Sr. Infante Don Alfonso de Borbón. La fuerza manifestó estar conforme, y llamados aparte los jefes y oficiales, asintieron también á la proposición de su superior. Emprendieron todos la marcha en dirección á Corbera dando una hora de descanso á la fuerza, y en aquel punto se presentó al Coronel Freixa un Capitán de su fuerza, dándole parte de que en el trecho que media entre el pueblo de la Palma y el de Corbera se le había desertado el sargento 1.º del Escuadron con un Guardia, pidiendo él y la mayor parte de los Oficiales el pase que anteriormente les había ofrecido y no admitieron. Atendida la especial situación topográfica de Corbera se dirigió á unas casas de campo distantes una hora escasa de la población, desertando en tanto en pequeños grupos casi todos los individuos de la fuerza, lo cual visto por el hijo del Coronel, mandó tocar llamada, y reunidos les afeó su comportamiento, recordándoles que por la mañana se podían haber marchado libremente con un pase del Jefe. Al anochecer emprendió el Sr. Freixa la marcha con unos treinta infantes y diez caballos, única fuerza que le quedaba de la que sacó de Barcelona, en dirección á Gelida, donde pensaba pernoctar, pero por un confidente supo que en dicha población estaba alojada una columna liberal, por cuyo motivo resolvió dirigirse á San Lorenzo de Hortons, atravesando la línea férrea entre San Sadurní y Noya. Al amanecer, rendidos de featiga llegaron al citado pueblo de San Lorenzo y después de quitar las bridas á los caballos se le presentaron dos oficiales á notificarle que acababa de llegar una columna republicana, lo que le obligó á salir precipitadamente de la población.

Por fin, el 29 de Julio tuvo el honor de presentarse en Centellas á SS. AA. RR., los cuales le prodigaron inequívocas muestras de afectuosa simpatía y cariño, así como también á los demás oficiales que le acompañaban, y le invitaron á almorzar, ordenándole que siguiera la marcha unido á su cuartel General con los cinco oficiales aludidos.

S. A. R. con la fuerza que tenía allí reunida se dirigió por Castelltersol á atacar el pueblo de Caldas de Montbuy, a cuyo hecho de armas se dió principio á la una de la madrugada del 30 de Julio de 1873, y continuó el día siguiente la acción contra las fuerzas enemigas republicanas que acudían en auxilio de aquella población, en cuyos hechos de armas tomó ya parte el Coronel Freixa.

El 31 de Julio de 1873 fué agraciado con el empleo de Brigadier.

El 14 de Agosto de 1873 tomó parte en el fuego de Balsareny contra una columna enemiga.

El 16 de Agosto de 1873 se halló en la acción de Caserras contra respetables fuerzas liberales.

El 23 de Agosto de 1873 tomó parte en el ataque y toma de Tortellá.

El 24 del mismo se encontró en el fuego de Argelaguer, acciones todas mandadas por S. A. R. Don Alfonso de Borbón, General en Jefe del Ejército Real de Cataluña.

El 12 de Setiembre de 1873 fué nombrado el Brigadier don Cayetano Freixa Inspector General del arma de Infantería del Principado catalán, Valencia y Murcia

En el mes de Octubre del año 1873 asuntos delicadísimos exigieron que SS. AA. RR. determinasen con aprobación de Don Carlos pasar al Norte á hacerle presente el estado de los asuntos carlistas en Cataluña, y para acompañarlos tuvo el honor de ser nombrado el Brigadier Freixa. En Estella fueron recibidos con los honores que su elevada jerarquía requería, permaneciendo en dicho punto los días 7, 8 y 9 de Noviembre del 73 con S. M., asistiendo todos á la batalla de Montejurra. Pocos días después pasó con SS. AA. RR. á Francia, hasta que en Abril del 74 penetró otra vez en Cataluña por la parte de Puigcerdá.

El 12 de Abril de 1874 el Brigadier don Cayetano Freixa recibió el despacho de Mariscal de Campo del Ejército carlista.

En el pueblo de Ribas, provincia de Gerona, se unió dicho General á SS. AA. RR. y el 21 de Abril del 74 fué nombrado Jefe de la División de Operaciones que seguiría siempre á su Cuartel General.

Habiendo acompañado á los Infantes en su expedición al Centro, en 15 de Junio en Alzaneta por encontrarse herido el General Jefe de E. M. G. del Ejército Real del Centro y Cataluña don Francisco Moya, fué nombrado interinamente General en Jefe del mismo el Sr. Freixa.

El 4 de Julio del 74 se halló en el ataque de la ciudad de Teruel, y en los días 13, 14 y 15 de Julio en el ataque y toma de la ciudad de Cuenca.

Su estado delicado de salud no le permitió continuar en operaciones, y al efecto S. A. R. el Infante á primeros de Setiembre le libró un pase para trasladarse á Francia con objeto de restablecerse.

A primeros de Febrero del 75 se presentó, restablecida ya su salud, en Vergara á Don Carlos.

Por Real Decreto del mes de Mayo del expresado año S. M. se dignó nombrar Vocal del Consejo Supremo de Guerra al Mariscal de Campo don Cayetano Freixa.

A mediados de Febrero de 1876 al concluirse la Campaña entró en Francia el General Freixa en compañía del Excmo. señor Teniente General Viñalet, Presidente del referido Consejo Supremo de la Guerra.

Continuó emigrado hasta mediados de 1879, en que regresó á España, y reside hoy en la capital del Principado catalán, dispuesto á sacrificarse nuevamente en los campos de batalla por la Causa á la que de manera tan cumplida hizo, como se ha visto, holocausto de su posición y carrera en el ejército liberal.

El General Freixa, considerado siempre por el Sr. Duque de Madrid y muy querido de los Infantes por las indudables pruebas de lealtad que de él tienen recibidas, ostenta también en su pecho la honrosísima Medalla de plata de Carlos VII.*

Oller, Francisco de P. (1888): Álbum de Personajes Carlistas, tomo II, pp. 104-112


* El heroico general don Cayetano Freixa y Puig entregó su alma a Dios en Barcelona el 7 de septiembre de 1897. A su muerte, su hijo don Joaquín Freixa recibió del augusto Duque de Madrid, el siguiente telegrama, fechado en Lucerna:

«Sinceramente afligido por muerte de tu buen padre, tomo vivísima parte en tu dolor y os acompaño de corazón en oraciones á ti, tu madre y familia toda.
CARLOS»

dijous, 16 de novembre de 2017

Juan Vidal de Llobatera, el tío tatarabuelo carlista de Xavier Trías

Es poco sabido que el padre del exalcalde de Barcelona Xavier Trías, Juan Trías Bertrán, combatió en el Bando nacional durante nuestra última guerra civil, y que su hermano había asesinado por los revolucionarios de Companys. Menos conocido aún es que, por línea materna, Xavier Trías y Vidal de Llobatera es sobrino tataranieto de Juan Vidal de Llobatera, diputado carlista en Cortes durante el Sexenio Revolucionario, cuya interesante biografía reseñamos a continuación.

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias
(Llagostera, 1840 - Santa Coloma de Farners, 1909)

Juan Vidal de Llobatera e Iglesias nació en Llagostera el 4 de mayo de 1840. Era hijo de Juan de Vidal de Llobatera Reixach y de Antonia Iglesias Matllo. Estudió las carreras de Leyes y de Administración, llegando a ser doctor en la primera y licenciado en la segunda. Se estableció en Barcelona, ​​donde ejerció de abogado.

Tras la Revolución de 1868 hizo propaganda del carlismo en los periódicos y en otros escritos sueltos. Elegido por la junta provincial católico-monárquica de Gerona para dirigir la constitución de la junta local de Llagostera, abandonó sus tareas y su profesión en Barcelona para dedicarse a la política.

En la plaza pública de su ciudad natal, de mayoría republicana, llegó a sostener en una ocasión una polémica durante cuatro horas con un propagandista republicano ante los habitantes de la villa, y fue obsequiado por los concurrentes, incluso por sus enemigos políticos. Donde generalmente exponía sus ideas era en el Ateneo católico-monárquico de Barcelona.

Cuando recibió la investidura de doctor, suprimido el juramento por la legislación del Sexenio Revolucionario, hizo pública protesta de fe católica jurando «por Dios Trino y Uno, por la Santísima Virgen María y los santos evangelios, guardar, defender y observar toda la su vida la religión católica», y esta declaración tan espontánea como solemne fue objeto de entusiastas elogios, que aparecieron en muchos diarios de Madrid y provincias.

El 1871 fue elegido diputado a Cortes por el distrito de Torroella de Montgrí. En el Congreso defendió la monarquía católica tradicional española y los derechos a la misma de Don Carlos de Borbón y Austria-Este.

Tomaremos algunos párrafos del notable manifiesto que dirigió a sus electores.

«Joven, sin experiencia —decía— y con más teoría que práctica, he meditado muchas veces sobre las grandes calamidades y terribles catástrofes de la desventurada España: siempre me ha deslumbrado la santa idea de libertad, y hasta dejeme seducir por un momento por el aparente brillo del falaz doctrinarismo, porque, a la verdad, desconfiaba de los hombres: mas al fin debí convencerme de que más que en los individuos, está el mal en las instituciones; de otro modo, debería creer que son malos todos los hombres que nos han gobernado y nos gobiernan.»

Después de esta declaración, exclamaba examinando el pasado y el presente:

«¿Qué ha sido la España desde que en ella puso la planta el parlamentarismo? ¿Qué es hoy todavía? Nada más que una fea y repugnante mascarada, en la que nadie se entiende: todo es confusión; se malgasta todo; los principios ceden a las personas, las leyes al capricho; la inmoralidad cunde por todas partes; la justicia ha muerto; los delitos no se castigan; la religión se pisotea y escarnece; la honra no se conoce; el decoro no existe; el pueblo se muere de hambre; el principio de autoridad se arrastra por el fango, y en espantosa algarabía todos quieren gobernar, todo son motines, y por asalto se arrebatan unos a otros la sangre del pueblo, que es el botín codiciado; y todo es enredo, y todo embrollo, y no hay orden, ni armonía, mi concierto. ¿Es eso así? Contesten todos los españoles de buena fé... 
¿Está la España, a pesar de todo, en un estado de desesperación? ¿Hay un remedio para los infinitos males que la aquejan? ¿Puede rehabilitarse y llegar a ser la España de antes? Sí: muchas veces la Divina Providencia envía males a las naciones, como a la familia, para probar su fé y acaso para aumentar después su esplendor y grandeza. Vistamos la España con sus ropas, que se hallan en el grandioso ropero de la monarquía tradicional: enarbolemos la bandera española de DIOS, PATRIA Y REY, y la España se salvará: sí, se salvará; y con las luces y progresos del día, acompañados de la buena fé y el patriotismo de antes, su gloria será más radiante y más duradera. 
Es un inconcuso principio de derecho constituyente que el gobierno de una nación debe acomodarse a la índole, a las tendencias, a la naturaleza y a las costumbres del pueblo para quien ha de regir; y la España, para volver a ser España, debe dejar de ser francesa; debe destruir lo obra de los falsos liberales; debe gobernarse por sus antiguas leyes: debe regirse por la monarquía legítimo-católica. 
Compárese si no la opulencia y esplendor de la España antigua, a pesar de haber vivido siempre una vida agitada, entre el fragor de los combates, y a pesar de haber estado siempre sujeta a los vaivenes y caprichos de la veleidosa fortuna, con la degradación y miseria de la España de hoy, a pesar de la era de paz por que ha atravesado durante casi todo el tiempo que llevamos de gabacho liberalismo... 
El partido legitimista no descuida un momento, aunque se llame tradicional y se calque sobre la historia, los adelantos y la corriente del siglo. Nuestra constante aspiración es la de conservar mejorando; y si bien nos extasiamos ante los gloriosos recuerdos del pasado, no dejamos de comprender que son necesarias grandes reformas que, teniendo nuestra vista fija en el porvenir, reconocemos como otras tantas exigencias del providencial progreso moral y material de nuestra edad.»

Por último, el Sr. Llobatera formulaba sus ideas en estos términos:

«Partiendo, pues, de estos principios, condenamos y combatiremos el socialismo antiguo, que es la absorción del individuo y su humillación; como rechazaremos y atacaremos sin tregua el individualismo moderno exagerado, que es la negación del principio de autoridad y la causa generatriz de la anarquía moral y la ruina de las naciones. 
La unidad católica, joya preciosa que nos legaron nuestros padres y ha conservado constantemente la España desde Recaredo; la libertad verdadera, la igualdad ante la ley, la familia, la seguridad individual, la propiedad y la protección a las artes, ciencias e industrias nacionales, son las bases morales de nuestro programa. 
La unidad nacional; la monarquía legítima representada por la augusta persona de D. Carlos de Borbon y Austria de Este; la verdadera representación por procuradores reunidos en Cortes generales que atiendan a los diferentes intereses y clases del Estado; la descentralización administrativa, con los respectivos fueros de cada provincia que, en Cataluña sobre todo, echará por tierra la detestable, funesta y odiada ley de quintas, quedando el pueblo libre y exento de esa contribución forzosa de sangre, y la promulgación de leyes sabias y justas que establezcan un salvador sistema de economías para atender a las imperiosas necesidades de la nación y ponerla a cubierto del descrédito que la oprime y de la bancarota que la amenaza, constituyen las bases políticas que prometemos defender y procuraremos realizar, porque son la letra y el espíritu del sabio y conciliador manifiesto que D. Carlos de Borbón dio a los españoles, dirigido en forma de carta a su augusto hermano D. Alfonso en 30 de Junio de 1869, al cual siempre y en todo caso nos sometemos y acatamos en todo y por todo.»

Poco antes de la Tercera guerra carlista, Juan Vidal de Llobatera dirigió en Barcelona los periódicos carlistas El Honor Catalán y El Estandarte Católico. Participó luego en la contienda como secretario de órdenes del general Francisco Savalls, formando parte de su Estado Mayor. Más adelante actuó como auditor del Ejército Real de Cataluña, y durante este periodo dirigió los periódicos carlistas que se publicaban en Cataluña en la zona de guerra.

Terminada la guerra, se trasladó a Gerona, donde ejerció de abogado durante más de tres décadas, hasta 1907. Durante algunos años fue magistrado suplente de la Audiencia Provincial. En 1888 dirigió en esta ciudad un periódico leal a Don Carlos. Murió en diciembre de 1909 en Santa Coloma de Farners, donde se había establecido después de su jubilación. Su mujer, Merceces Clarella Alibés, recibió el pésame de los infantes Don Alfonso de Borbón y Austria-Este y Doña María de las Nieves.


Información tomada en su mayor parte de La Bandera carlista en 1871 (Vizconde de la Esperanza), pp. 138-144.

divendres, 3 de novembre de 2017

La Cataluña realista: Primer Manifiesto de la Regencia de Urgel (15 de agosto de 1822)

Seo de Urgel, Palacio Episcopal

Españoles: Desde el 9 de Marzo de 1820, vuestro Rey Fernando VII está cautivo, impedido de hacer el bien de vuestro pueblo y regirlo por las antiguas leyes, Constitución, fueros y costumbres de la Península, dictadas por Cortes sabias, libres e imparciales. Esta novedad es obra de algunos que, anteponiendo sus intereses al honor español, se han prestado a ser instrumento para trastornar el altar, los tronos, el orden y la paz de Europa entera. Para haberos hecho con tal mudanza el escándalo del orbe, no tienen otro derecho que la fuerza adquirida por medios criminales, con la que, no contentos con los daños que hasta ahora os han causado, os van conduciendo en letargos, a fines más espantosos. Las reales órdenes que se os comunican a nombre de Su Majestad, son sin su libertad ni consentimiento; su Real persona vive entre insultos y amarguras desde que, sublevada una parte de su ejército y amenazado de mayores males, se vio forzado a jurar una Constitución hecha durante su anterior cautiverio (contra el voto de la España), que despojaba a ésta de su antiguo sistema, y a los llamados a la sucesión del trono, de unos títulos de que S.M. no podía disponer, ni cabía en sus justos sentimientos sujetar esta preciosa parte de la Europa a la cadena de males que hoy arrastra, y del que al fin ha de ser la triste víctima, como lo fue su vecina Francia, por iguales pasos.

D. Bernardo Mozo de Rosales,
marqués de Mataflorida
Habéis experimentado el deseo de innovar en todo con fines siniestros: cotejad las ofertas con las obras y las hallaréis en contradicción; si aquéllos pudieron un momento alucinaros, éstas deben ya teneros desengañados: la religión de vuestros padres, que os ofreció conservar intacta, se halla despojada de sus templos, sus ministros vilipendiados, reducidos a mendicidad, privados de su autoridad y jurisdicción, y tolerados cuantos medios puede abrir la puerta a la desmoralización y al ateísmo; los pueblos en anarquía, sin posibilidad de fomento y sin esperanza de sacar fruto de su sudor e industria; vuestra ruina es cierta si para el remedio no armáis vuestro brazo, en lo que usaréis del derecho que con razón nadie podrá negaros. Sorprendidos del ataque que ha sufrido vuestro orden, paz, costumbres e intereses, mirad insensibles a vuestro Rey arrancado de su trono, a esa porción de novadores apoderados de vuestros caudales, ocupando los destinos públicos, haciendo arbitraria la administración de justicia para que sirva al complemento de sus fines, poblando las cárceles y los cadalsos de víctimas porque se propusieron impugnar esta violencia, cuyos autores, por más que declamen y aparenten, no tienen derecho para haberla causado, primero como tumultos, y después con los electos a virtud de sobornos y amenazas se han apropiado el nombre de Cortes, y suponen la representación nacional con la nulidad más notoria. Os halláis huérfanos, envueltos en partidos, sin libertad y sumergidos en un caos. Las contribuciones que se os exigen, superiores a vuestras fuerzas, no sirven para sostener las cargas del Estado; los préstamos que ya pesan sobre vosotros, han servido sólo para buscar socios y agentes de vuestra ruina; no estáis seguros en vuestras casas, y la paz ha sido arrancada de entre vosotros para despojaros de vuestros bienes.

Excmo. e Ilmo. Sr. D. Jaime Creus y Martí,
arzobispo de Tarragona
Entre los daños que ya habéis sufrido, es la pérdida de unidad de vuestro territorio: las Américas se han hecho independientes, y este mal desde el año 12 en Cádiz ha causado y causará desgracias de trascendentales resultas. Vuestro suelo, amagado de ser teatro de nuevas guerras, presenta aún las ruinas de las pasadas. Todo es consecuencia de haber sacudido el gobierno monárquico que mantuvo la paz de vuestros padres, y al que, como el mejor que han hallado los hombres, han vuelto los pueblos cansados de luchar con ilusiones; las empleadas hasta hoy para seducir son las mismas usadas siempre para tales movimientos, y sólo han producido la destrucción de los Estados.

Vuestras antiguas leyes son fruto de la sabiduría y de la experiencia de los siglos: en reclamar su observancia tenéis razón; las reformas que dicta el tiempo deben ser muy meditadas, y con esta conducta os serán concedidas; ellas curaban vuestros males, ellas proporcionaban vuestra riqueza y felicidad, y con ellas podéis gozar de la libertad que es posible en las sociedades, aun para expresar vuestros pensamientos. Si conjuraciones continuas contra la vida de S.M. desde el año 14, si satélites ocultos de la novedad desde entonces han impedido la ejecución de felices medidas, que el Rey había ofrecido y tenía meditadas, y si una fermentación sorda, enemiga de las antiguas Cortes españolas, todo lo traía en convulsión, esperando el momento en que se convocasen para hacer la explosión que se manifestó el año 20, a pesar de haber mandado S.M. se convocasen antes de que se le obligase a jurar esa Constitución de Cádiz que estableció la soberanía popular, ayudándonos hoy con vuestra fidelidad y energía para que juntas, libres y legítimamente congregadas, sean examinados vuestros deseos, y atendidas las medidas en que creáis descansar vuestra felicidad sobre todo ramo, en las que tendréis un seguro garante de vuestro reposo, según vuestra antigua Constitución, fueros y privilegios. Todo español debe concurrir a parar este torrente de males; la unión es necesaria; mejor es morir con honor, que sucumbir a un martirio que pronto os ha de llevar al mismo término, pero cubiertos de ignominia. La nación tiene aún en su seno militares fieles que, sin haber olvidado sus primeros juramentos, sabrán ayudarnos a poner en su trono al Rey, a restituir la paz a las familias y volverlas al camino que las enseñaron sus mayores, apagando tales novedades, que son quimeras de la ambición; en fin, una resolución firme nos sacará del oprobio; la Iglesia lo reclama, el estado del Rey lo pide, el honor nacional lo dicta, el interés de la patria os invoca a su defensa.

D. Joaquín Ibáñez Cuevas y de Valonga,
barón de Eroles
Conocida, pues, esta verdad por varios pueblos y particulares de todos estados de la península, nos han reiterado las súplicas para que, hasta hallarse el señor don Fernando VII en verdadera libertad, nos pongamos en su Real nombre al frente de las armas de los defensores de objetos tan caros, proporcionando al gobierno la marcha que pide la felicidad de la nación, poniendo término a los males de la anarquía en que se halla sumergida; y convencidos de la razón de su solicitud, deseando corresponder a los votos de los españoles, amantes de su altar, trono y patria, hemos aceptado este encargo, confiando para el acierto en los auxilios de la Divina Providencia, resueltos a emplear cuantos medios estén a nuestro alcance para salvar la nación que pide nuestro socorro en la crisis quizá más peligrosa que ha sufrido desde el primer momento de la fundación de su Monarquía: A su virtud, constituyéndonos en gobierno supremo de este reino, a nombre de S.M. el señor don Fernando VII (durante su cautiverio) y en el de su augusta dinastía (en su respectivo caso), al solo fin de preservar los legítimos derechos y los de la nación española, proporcionándole su seguridad y el bienestar de que carece, removiendo cuantos pretextos han servido a seducirla, mandamos:

1º. Se haga saber a todos los habitantes de España la instalación del presente gobierno para el cumplimiento de las órdenes que de él dimanen, persuadidos de que por su desobediencia serán tenidos por enemigos de su legítimo Rey y de su Patria. A su virtud, las cosas serán restituidas por ahora, bajo la puntual observancia de las órdenes militares y leyes que regían hasta dicho día 9 de Marzo de 1820.

2º. Se declara que desde este día, en que por la fuerza y amenazas fue obligado el señor don Fernando VII a jurar la Constitución que en su ausencia y sin su consentimiento se había hecho en Cádiz en el año 1812, se halla S.M. en un riguroso cautiverio. Por lo mismo, las órdenes comunicadas en su Real nombre serán tenidas por de ningún valor ni efecto, y no se cumplirán hasta que S.M., restituido a verdadera libertad, pueda ratificarlas o expedirlas de nuevo.

3º. Los que han atentado contra la libertad de S.M. y los que continúen manteniéndole en el mismo cautiverio públicamente por la fuerza o con auxilio cooperativo, serán juzgados con arreglo a las leyes, y sufrirán las penas que las mismas imponen a tan atroz delito.

4º. Se declara que las Cortes que en Cádiz dictaron la Constitución, no tuvieron la representación nacional, ni libertad algunos de los congregados en ellas para expresas y mantener sus sentimientos. Que las Cortes sucesivas, compuestas en gran parte de individuos electos por sobornos y amenazas, y marcada la fórmula de sus poderes en un estado de violencia y anarquía, tampoco han podido representar la nación ni acordar sólidamente providencia alguna que pueda obligar a los habitantes de esta Península y sus Américas.

5º. Persuadidos de la fidelidad de gran parte del ejército que servía bajo las banderas de la Religión, del Rey y de la Patria, dicho día 9 de Marzo; que unos han tenido que sucumbir a la fuerza, otros han creído hasta ahora inútil manifestar sus sentimientos, otros no fueron instruidos de la violencia con que S.M. sucumbió a prestar dicho juramento, ni de la falta de libertad y consentimiento en las órdenes comunicadas en su Real nombre; y convencidos de que éstos, para que no se aumenten los males, desean evitar la ocasión (precisa en otro caso) de que las tropas extranjeras pisen la Península, en las que había de echar de menos la benignidad que pueden hallar hoy en S.M. restituido a su trono; invitamos a todos los militares amantes y fieles a los referidos objetos que forman su deber, que se reúnan a estas banderas, las cuales gobernaremos durante el cautiverio de S.M. A su virtud, a todos los soldados que se nos presenten les serán abonados dos años de servicio, un real de plus; se les darán dos duros a los que se presenten con armamento y una onza de oro a los de caballería que se presenten con caballo. A los sargentos y cabos, a más de gratificarlos, se les tendrá presentes para los inmediatos. Y como gran parte del cuerpo de oficiales desea dar testimonio de su verdadera fidelidad sin alternar con criminales, examinada que sea su conducta y colocados en el lugar que a cada uno corresponda, según su mérito y graduación, se les concederá el ascenso al empleo inmediato, y aún mayores gracias si vienen a nuestras banderas con alguna tropa. Se advierte que estas ventajas sólo se concederán a los que se presenten dentro de dos meses.

6º. Para impedir que la distancia a que se hallen algunos militares de los que trata el artículo anterior, de las banderas de S.M. que están a nuestro cargo no les sirva de obstáculo para ser partícipes de las gracias contenidas en el mismo, declaramos que, para gozar de ellas, bastará en la Corte y en cualquier otro sitio donde se encuentren al llegar a su noticia esta resolución, se declaren manifiestamente en defensa de la augusta persona de S.M. y de sus derechos, poniéndose en correspondencia directa con este gobierno supremo o con los comandantes sujetos a nuestras órdenes en los puntos más inmediatos, entendidos de que cualquier servicio con que se distingan en favor de la Real persona será recompensado con la mayor amplitud.

7º. Los fueros y privilegios que algunos pueblos mantenían a la época de esta novedad, confirmados por S.M., serán restituidos a su entera observancia; la que se tendrá presente en las primeras Cortes legítimamente congregadas.

8º. Las contribuciones serán reducidas al mínimo posible, recaudadas por el menor número de empleados y con la mayor prudencia y moderación; lo que rectificará al oír la voz libre de la nación, según su Constitución antigua.

9º. Para lograr que el acierto y la voz sensata de la nación sea la que guíe nuestros pasos, serán convocados, con arreglo a antiguos fueros y costumbres de la Península, representantes de los pueblos y provincias que nos propongan los auxilios que deban ser exigidos, los medios de conseguirlos con igualdad, sin ruina de los vecinos; los males que se sientan afligidos y crean haber padecido en las revoluciones que desgraciadamente se han experimentado, para que a nombre de S.M., y durante su cautiverio, podamos proporcionarles con medidas que les asegure en lo sucesivo su bien y su tranquilidad.

10º. Considerando el mérito que contrae esta Provincia en ser la primera que con heroico esfuerzo repite a su Rey los más vivos sentimientos de su antigua fidelidad, y que gran parte de su subsistencia depende de su industria y comercio, la proporcionaremos, y a sus vecinos en particular, cuantas gracias y privilegios estén a nuestro alcance para su fomento, las que se harán extensivas a otras, según se las hallare acreedoras por igual energía, exceptuando sólo los pueblos que se manifiesten desobedientes a este gobierno.

11º. Deseando este gobierno supremo dar un testimonio a la Europa entera de ser el único deseo que le anima restablecer la paz y el orden, apagando ideas subversivas contra la Religión y los tronos, encargamos a todas las autoridades sujetas a nuestra jurisdicción celen, con la mayor actividad, que en toda la extensión de ella no abrigue ningún sujeto, sea de la clase y jerarquía que fuese, que en público o en secreto, directa o indirectamente, haya intentado o intente trastornar cualquiera de los tronos de la Europa y sus gobiernos legítimos; que si algún reo de esta clase fuese aprehendido, se le asegure a disposición de este gobierno supremo para ulteriores providencias.

12º. Siendo harto notorio el escándalo con que se insulta la respetable persona de S.M. y la repetición de conatos contra su apreciable vida que es el más seguro garante de la felicidad de España, se declara que, de repetirse iguales excesos, a pesar del encargo de este gobierno, que expresa la voluntad de la nación, no omitiremos medida hasta que se realice en sus autores un castigo que sirva de escarmiento a las sucesivas generaciones; por el contrario, serán concedidos premios a los que contribuyan a su defensa.—Dado en Urgel, a 15 de Agosto de 1822.—E1 marqués de Mataflorida.—El arzobispo preconizado de Tarragona.—El barón de Eroles.


FUENTE: Melchor FERRER, Domingo TEJERA y José F. ACEDO: Historia del Tradicionalismo Español, tomo II, pp. 244-247.

dijous, 26 d’octubre de 2017

Del separatismo. Tiempos y tiempos

DEL SEPARATISMO
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Tiempos y tiempos
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La trituración de Azaña.--La campaña masónica en el Ejército


Allá por noviembre de 1905 también había separatismo en Barcelona. No era tan desvergonzado y salvaje como el de la Esquerra. Apelaba al equívoco cuando hablaba. Cada equívoco lo sentía el Ejército como una bofetada en el rostro. Pero cuantas veces se pedían explicaciones, el equívoco se explicaba por los separatistas en la forma más lejana de todo separatismo. No había lugar nunca para vindicta de ningún género.

Pero cierta vez un papelucho catalán publicó unas caricaturas, limpias de equívoco. Y el 25 de noviembre de 1905 unos militares entraron en la redacción de aquel papelucho... Lo que no salió rodando escaleras abajo, salió por la ventana. Algunos otros periódicos padecieron semejante suerte.

Desde entonces más de un separatista indiscreto rodó por tierra, ya de una bofetada de cuello vuelto, ya de un puntapié. Alguno se vio obligado a gritar ¡viva España! con toda la fuerza de sus pulmones. Alguno comió y tragó bandera española...

Caricatura contra el Ejército de la revista ¡Cu-Cut! (1905)

Esta acción directa de los militares no estaba muy de acuerdo con la disciplina; pero España la aplaudía sintiendo la íntima convicción de que había defensores de la integridad de la patria, que se oponían a las lenidades traicioneras de los gobiernos liberales, dispuestas a ahogar aquel separatismo y todos los separatismos. Llegaron a lograr los militares que su acción directa en aquella labor antiseparatista quedara al margen de la represión gubernamental... Por allí vino lo de la ley de jurisdicciones.

¿Se dirá que aquel celo fué causa de que el separatismo, en vez de sofocarse, creciera hasta llegar a lo que es hoy? Se dice, pero no se prueba. El acrecentamiento del separatismo no fué por culpa de aquel celo, sino a pesar suyo. El Ejército de entonces participaba de las ideas de la época, sin darse cuenta de que el separatismo era la consecuencia, la ejecución, la práctica de aquellas ideas de que él participaba y sostenía. Para acabar con el separatismo en Cataluña era menester acabar antes con las causas principales, que estaban en los gobiernos de Madrid y en las entrañas de aquel régimen. Todo este océano de podre en cuyas tempestades separatistas, comunistas, socialistas, se ahoga España, es podre de la peste liberal entonces imperante.

Hubo un instante en que pareció que el Ejército se daba cuenta de esta realidad. Se dijo que el Ejército se disponía a asaltar el Congreso y a barrer toda la basura parlamentaria. Montero Ríos, presidente del Consejo, creyó prudente dimitir. Con aquella dimisión quedaron todos contentos, y la procesión continuó su marcha.

No pasa el tiempo en balde. Azaña ha triturado al Ejército. Tampoco esta trituración fué en balde. Hay órdenes de ver pisotear la bandera como si nada se viese, y órdenes de oír los mueras a España como si no se oyese nada. Hasta la vieja fisiología militar, triturada, se sujeta de mil amores a esta obediencia.

Procazmente se jacta la Internacional de la campaña intensísima que la masonería ha emprendido en el Ejército. Tiene por fin principal la proclamación de la República catalana... La perspicacia de los listos se ríe. También se reía de la pérdida de las colonias la víspera de perderse. No es tan difícil como creen muchos lograr un día en Cataluña lo que se logró en Filipinas, con las mismas armas nacionales y extranjeras.

Para nosotros lo más peligroso está en los gobiernos de Madrid y en sus auxiliares, no obstante la confesión de sus fracasos y sus propósitos de la enmienda.

Fabio

El Siglo Futuro (12/09/1934)

divendres, 20 d’octubre de 2017

La pèrdua del català autèntic

Tots hem sentit a dir als capitostos del nacionalisme català que la nació catalana és mil·lenària, que vam perdre la independència del país l'any 1714, que des de llavors l'hem volgut recuperar i fins i tot que amb la immigració castellanoparlant del segle XX s'ha pretès esborrar la nostra llengua i la nostra identitat.

La realitat, tanmateix, és ben diferent: abans de ser catalans ja erem hispans, el nostre poble mai ha estat deslligat de la resta de la Península (fins i tot quan només hi havia uns comptats autònoms que no rebien el nom de Catalunya i sí de Marca Hispànica), i el que vam perdre van ser uns furs que segellaven la nostra pertinença a la gloriosa Monarquia Catòlica d'Espanya, de la qual formàvem part, units a la resta d'espanyols, per sobre de tot, pel Tron i l'Altar. La malhaurada pèrdua d'aquests furs com a conseqüència d'una guerra civil i dinàstica espanyola no va suposar, tot i així, un menyscabament al nostre sentiment de pertinença a Espanya, i mai va arrelar el separatisme a Catalunya durant el segle XVIII ni el segle XIX, quan es configuraven la majoria dels estats-nació liberals d'Europa i Amèrica. Per contra, vam reafirmar la nostra espanyolitat en guerra sense quarter contra el francès impiu, que ens volia imposar els valors de la Revolució. Fou la guerra més crua i heroica que hem patit mai com a catalans, però d'aquesta contesa el separatisme gairebé mai en parla, perquè qualsevol historiador sap que va ser una guerra lliurada per defensar la Religió catòlica, la independència d'Espanya i el Rei legítim. I aquesta mena de guerres (que en vam tenir més d'una) no serveix per a la mitologia del nacionalisme català.

Pel que fa a la llengua catalana, la realitat és que al començament del segle XX, coincidint amb l'expansió del nacionalisme (d'arrel liberal i burgesa, mai carlina com falsament es diu), ens van robar el català autèntic, el que havien parlat els nostres avantpassats durant segles, i ens van donar gat per llebre amb l'artificial català pompeufabrenc, que és gairebé l'únic que coneixem avui al Principat. Amb l'excusa de "parlar bé", vam deixar de parlar com els nostres pares, com demostren les següents línies d'un article aparegut el 1921 en el butlletí de la Societat Econòmica d'Amics del País de Girona (la negreta és nostra):

«(...) Pod dir-se que'l català feia cents anys que estava invait, dominat pel castellà. En el segle passat que fou en el que s'inicià el desvetllament per a la reivindicació de la nostra llengua, estava aquesta tant corrompuda que no extranya gens que'ls de la ribera contraria de l'Ebre titllessin de dialecte a la nostra parla. Llegeixi's qualsevol periòdic o llibre escrit en català de la centuria passada i es veurà la tristor que causa l'admissió de paraules netament castellanes, com són: hasta, luego, antes, decoro, bueno, medianía, socorro, colmo, pues, etz., etz., paraules totes elles avui proscrites de tota escriptura. Tant sols s'usen avui en el llenguatge més vulgar. I no parlem de la ortografia que s'estilava i que cada escriptor estenia, sense que donés el braç a tòrcer, uns per raons poc poderoses i altres per rebequeria. 
Les h eren posades a dojo sense atenir-se a la etimología; les t eren suprimides en la majoria de les terminacions en que ès obligat posar-les-hi. L'article lo àdhuc en els casos que no era en sentit neutre, era tant comú que no's concebia canviar-lo per el. La ny no es coneixia o al menys no tenía el valor de ñ i aquesta substituía a aquella veient-se escrita la paraula añ, aixís, amb tot i el mal efecte que produeix. Els apòstrofs no cal dir que es posaven al revés. La preposició i era era escrita sempre amb y. Les terminacions en plural amb a. Per x era utilitzada la ch. No més s'usava l'accent agut. Per q s'aplicava la c. En fi, el nostre idioma era tant diferent del d'avui que aquells escritors antics dirien que hem avançat massa.  
Tant corrompuda estava la nostra llengua i plena de barbarismes i de mots forasters, que no era acceptat dir segell ni a reveure sense que totes les mirades deixessin de convergir a la persona que les hagués pronunciades com eixides d'algú titllat de ceva. I per sort aquesta ceva s'ha anat extenent poc a poc i avui ja no fa riure a ningú. (...)»

És a dir, a més de canviar l'article lo/los (que no era dialectal, sinò que l'utilitzava tothom a Catalunya), ens van treure els castellanismes (uns castellanismes que, segons Pompeu Fabra, «infestaven» el català) i ens van imposar gal·licismes foranis. Per fer-nos una idea de com parlaven realment els nostres avantpassats, podem llegir aquest opuscle de 1833: Conversa entre un pagés y lo Sr. Rector sobre indulgencias y butllas.

Joaquim Casas i Carbó, col·laborador de la revista L'Avenç amb Pompeu Fabra, arribaria a descriure en un article anomenat Estudis sobre la llengua parlada (L'Avenç, 31/05/1891) el seu pla de crear una llengua catalana fortament enfrontada al castellà, que hauria de rebre préstecs lingüístics de qualsevol llengua romànica excepte del castellà, tot afirmant (p. 148):

«Que cadahú escrigui en la varietat viva de català que millor sentí y més li agradi, enriquintla, depurantla, completantla, perfeccionantla, amb els elements assimilables de la llengua antiga, amb els elements que siguin assimilables de las llenguas contemporanias germanas, del provençal, del frances, de l'italià, del portugues, de totas ellas menos del castellà, perquè precisament d'aquest últim últim idioma el català n'hà de fer un treball de desassimilació, de desintegració dels pocs elements pertorbadors que d'ell se n'hi han introduit. Penso que seguint aquestas corrents el català potser arribarà a tenir un desenrotllament esclatant, esplèndit, floreixent, qu'el posaràn al nivell de las demés grands llenguas europeas.»

Els tradicionalistes, com a regionalistes i amants de la nostra terra, sempre vam defensar l'ús i coneixement del català, i un dels primers pensadors carlins, el frare Magí Ferrer, ja va fer un diccionari català-castellà l'any 1836 (molt abans que el liberal esquerrà Valentí Almirall inventés l'anomenat catalanisme polític). Un altre exemple n'és el mallorquí mossèn Antoni Maria Alcover, tradicionalista integrista i enemic del separatisme, qui el 1900 va començar el famós diccionari català-valencià-balear. Alcover s'oposà fermament a la gramàtica de Pompeu Fabra i, segons recull Jesús Laínz Fernández en la seva obra Desde Santurce a Bizancio: El poder nacionalizador de las palabras (p. 405), va arribar a dir:

«Fabra es uno de los gramáticos más funestos que haya tenido jamás la lengua catalana. Cuando apareció por primera vez capitaneando la tropa desbocada y repelente de L'Avenç ya rompió escandalosamente la liga que formaban los amantes de la lengua catalana, promoviendo disputas, luchas y odios encarnizadísimos, pretendiendo imponer una ortografía exótica, pedantesca, y toda una ciencia gramatical como si hasta ese momento nadie en el mundo hubiese sabido nada de la lengua catalana (...). Él es la causa de todas las riñas y luchas que las normas ortográficas hicieron estallar en el campo catalanista respecto de la ortografía y la depuración de la lengua, creando un estado de violencia entre los combatientes que Dios sabe el mal que ha hecho a la lengua catalana, pondiéndola en ridículo, haciendo de ella una bandera de separatismo y de odio contra España

Com mostra Laínz Fernández, fora del camp tradicionalista Fabra també va rebre els dicteris d'altres opositors com Miquel i Planas, que el va qualificar de "Gran Mogol Filològich", "dictador en materies lingüístiques a Catalunya" i "malehit reventador de llengües". Moltes altres veus, entre elles figures destacades de la Renaixensa com Francesch Matheu Fornells, Francesc Carreras i Candi, Jaume Collell i Bancells i Josep Pin i Soler, es van alçar contra la reforma de l'Institut d'Estudis Catalans, per considerar-la un atac contra la veritable llengua catalana, atac que van batejar com a «Decret de Nova Planta Lingüística».

Desafortunadament, però, els carlins acabaríem caient també en la trampa "purificadora", com mostra, per exemple, el fet que algunes de les capçaleres més populars de la nostra premsa, com Lo Crit d'Espanya (1889-1892) o Lo Mestre Titas (1897-1900), reapareguessin, anys després, com El Crit d'Espanya (1920-1921) i El Mestre Titas (1910-1911).


Veient com vam deixar que ens canviessin la nostra llengua per una altra suposadament "més pura", però menys nostra, encara ens sorprèn el blaverisme i l'oposició de tants valencians, balears i aragonesos orientals —que lògicament no volen deixar de parlar com parlen— a una artificial unitat de la llengua?

Els puristes podran estar satisfets havent-nos llegat expresions franceses com a reveure, mentre que hem perdut les salutacions genuïnament catalanes com Déu vos guard! Casualitat o part del pla de secularització i descristianització del nostre poble? No en va, els carlins sempre hem considerat els liberals com el que són, successors dels traidors afrancesats, amics dels invasors contra els qui fa dos segles vam lluitar a mort els catalans i tots els espanyols per la nostra Tradició.