diumenge, 13 de desembre del 2020

Homenaje a los caídos de Cuba y Filipinas en Barcelona

Ayer se celebró en el cementerio de Les Corts de Barcelona un homenaje a los muertos en campaña de Cuba y Filipinas organizado por la Comissió Memorial caiguts d’Ultramar, afín al tradicionalismo.

El Rvdo. Sr. D. Javier Utrilla Avellanas (FSSPX) rezó un responso por los patriotas que murieron en defensa de la españolidad de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, terminado el cual, se entonó la Marcha Real y los asistentes cantaron la conocida habanera en catalán El meu avi. Seguidamente bajaron a la cripta a hacer una ofrenda floral, mientras sonaba otra linda habanera que narra aquellos hechos tan trascendentales para nuestra Patria, Adiós mi Península hermosa.

Entre los presentes se hallaban un hijo y un nieto del célebre escritor y periodista carlista Antonio Pérez-Olaguer, de orígenes familiares en Filipinas, de donde tuvieron que marchar tras el desastre de 1898, aunque siguieron manteniendo vínculos con el archipiélago.* También estuvieron Josep Bou, concejal independiente del Ayuntamiento de Barcelona, y Francisco Oya, de Profesores por el Bilingüismo.

Víctor Ibáñez, antiguo Jefe de Juventudes de la Comunión Tradicionalista y autor del libro Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo (2017), se dirigió a los asistentes en catalán y castellano con el siguiente discurso:


Benvolguts amics:

En nom de la comisió organitzadora del memorial als caiguts dUltramar us dono la benvinguda un any mes, en aquest fred matí de tardor, a l’homenatge als voluntaris catalans que van ofrenar la seva vida a Cuba i Filipines per l’integritat d’Espanya. Estem aquí un any més per complir amb l’obra de misericòrdia de pregar pels morts, per uns voluntaris als quals no els movia cap interès material o econòmic, sinó el més pur sentit del deure i del patriotisme.

El patriotismo auténtico ha de estar asentado sobre verdaderos hechos históricos, que son los que objetivizan una concreta Tradición. No volem un futur basat en mites o manipulacions nacionalistes.

La llamada crisis del 98 marca un punto de inflexión crucial sobre la conciencia nacional. Es interesante constatar cómo, ante las campañas bélicas de España fuera de la Península, todo el pueblo español deponía sus legítimas divergencias políticas y respondía con un sentido del patriotismo casi instintivo. Pero a colación de ello resulta también necesario detenerse sobre la verdadera dimensión de esas reacciones y distinguir las imposturas del auténtico patriotismo. Los partidos del régimen de la mal llamada Restauración utilizaron ese patriotismo en un sentido más primigenio, casi etológico, como coartada para disimular sus carencias. La consigna canovista de “por la Patria con razón o sin ella”, que según Ramiro de Maeztu había de ser entendida en sentido polémico y no literal, inundó de soflamas y consignas las calles de toda España. Pero tras la derrota, pronto los héroes del 98 fueron abandonados, y muchos de los que enarbolaban esa consigna en un sentido literal enseguida se vieron persuadidos por el espíritu disolvente de la llamada generación del 98, que nos pintaba una visión deprimente e invertebrada de España, reducida a una idea manipulada de Castilla y que abogaban por renegar de nuestra historia, el laicismo y la europeización. 

Otros sedicentes patriotas lo hacían escondiendo inconfesables intereses espúreos, meramente financieros o económicos. Intereses que estaban en la base de puntuales problemas políticos causados en Cuba. Esos intereses de parte de la burguesía, catalana esencialmente, basados en económicas extractivistas y esclavistas, y que explican en gran parte el desarrollo económico de Cataluña, pronto tornaron su radical patriotismo español primero en un regionalismo ultraproteccionista, para finalmente degenerar en el actual nacionalismo secesionista.

Frente a estas dos posturas se alzaba un patriotismo de raigambre tradicional, que defendía, sin incurrir en el error racionalista, que la Patria sí tenía sus razones. Expuestas en intervenciones parlamentarias de los políticos tradicionalistas, en documentos del más alto nivel como el Acta de Loredan o en importantes periódicos como El Correo Español o El Siglo Futuro. Auspiciado por este último el pbro. Juan Bautista Casas publicó un libro de elocuente título: “La guerra separatista de Cuba”, donde, con exhaustivo acopio de datos, explicaba las razones que asistían a la inapelable españolidad de Cuba, y cómo los argumentos de los separatistas filibusteros no se sostenían, más allá de algún choque de intereses económicos con la burguesía peninsular. Pero junto a la inmensa labor civilizatoria de la que daba cuenta a través de la Universidades, escuelas de enseñanza media y primaria, observatorios astronómicos, escuelas de oficios, etc., demostraba cómo la inmensa mayoría de los cargos políticos, eclesiásticos, administrativos, militares o académicos correspondían a los propios cubanos, que no eran otra cosa que los españoles de Cuba; cómo España aplicó las mejores leyes, franquicias y exenciones a la isla, así como el monopolio de empresas como la tabacalera, con agravio para otras regiones españolas que también lo podrían cultivar. Por todas estas razones, desde un patriotismo de raigambre tradicional se siguió manteniendo la voluntad de crear una comunidad panhispánica y que España siguiese mirando hacia el horizonte americano, pese a la herida de la secesión, la cual sólo pudo realizarse con el concurso de una potencia enemiga, alegando un falso casus belli, y valiéndose de su flota aprovechando las condiciones que le permitían el bloqueo naval; pues la mayoría de los cubanos querían seguir siendo españoles y ni gringos ni filibusteros doblegaron nunca a los españoles por tierra, donde nombres como José Sanjurjo (el posterior general que idearía el Alzamiento Nacional) destacaron sobremanera en sus primeras campañas militares.

Sepamos, pues, cultivar las razones del patriotismo y sigamos fieles a la herencia y tradición hispánica como respuesta al actual momento trágico en el que otra amenaza separatista quiere seguir destruyendo nuestra identidad.


Fotografías del acto:









* En la guerra de 1898 combatió el General José Olaguer Feliú y Ramírez, tío de Antonio Pérez de Olaguer. Tras haber denunciado en obras como El terror rojo en Cataluña (1937) la barbarie marxista por la que tanto sufrió su familia (Luis Pérez Samanillo, padre de Antonio, y uno de sus hermanos, fueron asesinados por los comunistas), este abnegado defensor del carlismo escribió en 1948 El terror amarillo en Filipinas, donde explicó los dramáticos sucesos acaecidos en las islas bajo el dominio imperial japonés, que arrebató a los yankees las islas para imponer una nueva tiranía, aun más atroz que la norteamericana. Luis Pérez de Olaguer, hermano de Antonio, fue asesinado por los nipones.

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